domingo, 1 de julio de 2018

Pensamiento pantalla


Vivimos en una sociedad que se traga todo con los ojos cerrados. Salvo excepciones, apenas existe una reflexión sobre los sucesos que, por el mero hecho de ser noticiosos –y por muy condenables que sean- hay a quien le parecen dignos de emulación. Después de las manifestaciones en las calles por la puesta en libertad de los miembros de La Manada, la policía ha detenido por violación de una menor en Gran Canaria a otros cinco animales que no han dudado en llamarse La Nueva Manada, término que gritaban eufóricos en la misma comisaría donde eran interrogados. ¿Qué sociedad estamos creando? Para algunos la realidad es un videojuego donde no hay noción del bien y del mal, y quizá contribuya a esta confusión general el tratamiento sensacionalista que las televisiones públicas y privadas les dan a estos delitos. ¿Le importan a la opinión pública las declaraciones de un violador? ¿Tienen los periodistas que esperar o perseguir a los criminales a la puerta de su casa o del juzgado? ¿Son estrellas de cine? ¿Tienen algo que aportar? De los condenados o puestos en libertad por decisiones judiciales los medios de comunicación deberían decir poco, y no contarnos su vida y sus costumbres, que no nos interesan. Pero al parecer hay a quien sí le interesan, y entonces da igual si se trata de personas condenadas por la sociedad o por el poder judicial, sino de si salen en los medios de comunicación o en las redes sociales, y que según el pensamiento débil se han convertido en famosos cuyo comportamiento hay que imitar. Porque lo que importa es aparecer en una pantalla a cualquier precio, y por eso las jaurías han grabado las violaciones y las vejaciones y las han compartido, como hacen muchos adolescentes españoles, que graban los abusos que comenten en el colegio o en el instituto, porque es un comportamiento que han aprendido bien, como otros adolescentes norteamericanos convertidos en asesinos y deseosos de inmortalizarse después de asesinar a sus compañeros. ¿Exagero? Cuando uno camina por la calle, lo raro ya es encontrarse con alguien que mire por dónde va. Porque la mayoría va mirando la pantalla del móvil, leyendo, supongo, el mensaje que no puede esperar, la imagen asombrosa y el vídeo divertidísimo, el selfi que te diga quién eres. El comportamiento social, como el pensamiento, se ha vuelto plano y digital. Estamos sustituyendo la razón y los sentimientos por simples emoticonos. Pero hasta los emoticonos pueden convertirse en meras muecas, cuando no en calaveras.
IDEAL (La Cerradura), 1/07/2018