lunes, 20 de mayo de 2024

Comunidades

España es como una vieja comunidad de vecinos donde colisionan los antiguos propietarios y los nuevos inquilinos, aunque ni unos ni otros se atrevan a cuestionar o indagar sobre los títulos de propiedad, que suenan a nacionalismo. Mientras tanto, tratan de aprovecharse los pillos: administradores, constructores e inmobiliarias deseosos de cobrar honorarios inexistentes o vender y alquilar los pisos al mejor postor. También algunos presidentes se aprovechan de la situación para prolongar su mandato, pues lo que más les interesa es dirigir la comunidad como les da la gana, sin tener en cuenta los límites de la ley de propiedad horizontal. Se creerán ustedes que estoy hablando del Gobierno de España, de las mayorías en el Congreso de los Diputados y de los resultados de las elecciones en Cataluña, y podría ser verdad. Pero no todas las cosas son como parecen, y quizá usted viva en un edificio construido en los años sesenta que no tiene ni estatutos -¡ay, la Constitución!- y es gobernado aún por empresarios que ya mandaban en la dictadura y la Transición, acostumbrados a celebrar el Corpus en la casetas del ferial agasajando con gambas al poder político, que hay cosas que no cambian. Aunque en las distancias cortas y el trato popular son más expeditivos. Creen siempre tener la razón, lo que digan las normas no les interesa, o sí, aunque como han mentido tantas veces sobre el contenido se creen que su palabra es la ley, como dice la canción. Y van en pareja, como los polis buenos y malos de las películas, solo que uno hace de Vito Corleone y el otro de Luca Brasi. Lo peor son las votaciones en la Junta de propietarios. Porque aunque el presidente gane las elecciones, a veces se impone el independentismo. ¿Tomamos decisiones según el interés general o según lo que quieran uno o dos vecinos? Aprobar unas normas de régimen interno es recomendable en estos casos, o renovar los estatutos ya obsoletos, pero hay a quienes no les interesa tenerlos en cuenta. Hasta aquí hemos llegado, suelen decir. Y amenazan con una dimisión que no se produce, pues se está a gusto al mando, amnésico o amnistiado. Ahora que se acercan las elecciones de esa otra comunidad que es la Unión Europea, ¿pensaremos en convocar además una junta extraordinaria de propietarios? Lo malo es dejar locales y pisos vacíos y no poder contar con los okupas y los abstencionistas, que van camino de superar el 50% del electorado. Las comunidades de vecinos son como el sistema democrático.

IDEAL (La Cerradura), 19/05/2024

lunes, 13 de mayo de 2024

Turismo insostenible

Pese a los problemas de sequía y las restricciones, en la provincia de Málaga van a seguir llenándose las piscinas. La Junta de Andalucía lo ha justificado por el turismo, que aumentará el consumo de agua. Desde luego, pero quizá nuestras administraciones deberían cuantificar el coste en servicios públicos que supone para nuestras ciudades convertirlas en parques temáticos. El debate sobre las necesidades de los vecinos y la transformación de las urbes parece perdido, pero alguien tendrá que pagar el aumento de los servicios de limpieza o seguridad, por no hablar de la sanidad pública, pues sigue existiendo el turismo sanitario. Que haya un impuesto sobre los establecimientos turísticos resulta inevitable, pero deberían limitarse también las licencias a la hostelería y regular el alquiler de los apartamentos. En ciudades como Granada, los estudiantes no encuentran alojamiento, y ya se escuchan demandas para permitir el alquiler de locales como viviendas, porque en algún sitio habrá que meterlos. Dentro de poco se alquilarán zulos. Porque la vivienda digna es para los turistas, aunque se trate de un derecho constitucional. Y es bastante equívoca la imagen que de nuestras ciudades se llevan los turistas, que piensan que estamos todo el día en la calle porque hay cien bares y restaurantes por kilómetro cuadrado. Quizá no se den cuenta de que los bares se han abierto para ellos y que no hay clientes indígenas, que ya no pisan el centro sino es para trabajar. Los fines de semana la ciudad se deja a las hordas bárbaras, que la ocupan sin escrúpulos para admirase a sí mismos. El patrimonio, la arquitectura y la historia son una excusa para hacerse un selfi. Y no es que eso esté mal, salvo porque las ciudades dejan de ser un lugar agradable para vivir y, como en una alegre distopía, los antiguos habitantes, que las habían mantenido con sus tributos, van huyendo o escondiéndose bajo la superficie, para no encontrase con tanto carpanta. En España, donde ya hay casi dos millones de plazas hoteleras, se abre un nuevo hotel cada tres días, pero al mismo tiempo se habla de crisis inmobiliaria. Un país donde algunos políticos alertan contra la inmigración, pero adonde sólo entre los meses de marzo y abril llegaron dieciséis millones de visitantes extranjeros. Pues si esto es turismo sostenible que venga otro turista y lo vea. A fin de cuentas, son los que mandan. Lo peor es que se margine a los ciudadanos y que haya un doble rasero en la limitación del consumo de agua.

IDEAL (La Cerradura), 12/05/2024

lunes, 6 de mayo de 2024

Meditaciones

No creo que haya una noticia más simbólica sobre la historia de España que la profanación en Víznar de una fosa de la Guerra Civil. Según informaba Jorge Pastor en IDEAL esta semana, el motivo fue el robo de una prótesis con dientes de oro de un ejecutado. Hemos removido tanto la memoria histórica que no hay ningún respeto por los muertos. A la calavera le han tenido que arrancar la mandíbula para llevarse unos pedazos de oro, por lo que no se podrá identificar el cadáver. “No solo acabaron con la vida de otros seres humanos de la manera más despiadada, sino que ahora, además, nos impiden saber quiénes son”, denunciaba amargamente la antropóloga Laura Gutiérrez. Eso en una fosa con otras personas asesinadas con las manos atadas a la espalda, entre ellas un niño, al que encontraron un lápiz y una goma de borrar. Es un buen tema para que medite nuestra clase política, empeñada en reescribir el pasado e incluso revivirlo de una manera pueril. En un país donde todavía hay que desenterrar e identificar a las víctimas de una guerra y una dictadura recientes, que los partidos –todos participan- se dediquen a enfangar la vida pública debería ser también un delito de lesa humanidad. O que se ponga en duda la libertad de expresión cuando nuestros políticos abusan de ella insultando nuestra inteligencia. Precisamente, lo que necesitamos es más política y menos comedia. Porque el Palacio de la Moncloa y el Congreso de los Diputados se parecen ya más a una guardería donde se requiere la atención a base de gritos y pataletas. “¡Me voy!”, “¡me quedo!”, clama el presidente de la comunidad de vecinos de “Aquí no hay quien viva”, una de las series más populares de la televisión española. No se puede sembrar discordia en un país donde la policía tiene que investigar la profanación de tumbas de la Guerra Civil y el robo de la dentadura de un esqueleto. Cinco días dan para leer las “Meditaciones” de Marco Aurelio: “Eres un alma que sostiene un cadáver”, o “todo es efímero, lo que recuerda y lo recordado”. Entre tantos asesores, debería de haber al menos uno que les recordara a nuestros presidentes lo que a los emperadores romanos: “Memento mori”. ¿Acaso te impiden ser justo, magnánimo, moderado, prudente, libre de juicios repentinos, leal, reservado, libre? Qué bueno sería tener siempre a un Marco Aurelio cerca. Aprovechemos el tiempo antes de que nos encontremos en una tumba y algún cabrón nos robe los dientes.

IDEAL (La Cerradura), 5/05/2024

Lecturas

La inteligencia artificial se ha introducido en academias y escuelas para que los candidatos a cualquier oposición almacenen datos como si no tuvieran cerebro, sino un disco duro. No se aprecia el conocimiento, sino superar un examen tipo test. No se aspira a aprender, sino a aprobar, algo que les ocurre también a muchos estudiantes universitarios, que no están acostumbrados a la lectura, la reflexión y el lenguaje abstracto. Resulta normal si de los planes de estudios van desapareciendo las humanidades y asignaturas como historia y filosofía parecen ya de un pasado remoto. Sobre estimulados por móviles y pantallas a los niños les cuesta fijar la atención durante cinco minutos, exactamente igual que a sus padres, incapaces de no atender los mensajes de WhatsApp aunque estén cenando con su pareja. Las redes sociales están alterando hasta las costumbres sexuales, y raro es el cavernícola digital que no se graba para luego encontrarse con su palmito circulando por Internet. En las casas donde los padres no leen los hijos no leen, aunque por la celebración del Día del Libro políticos y deportistas manden mensajes como “Leer es poder”. Pues no se les nota, la verdad. Si leyeran, otro gallo nos cantaría. No se cuántos discursos se hacen con inteligencia artificial, pero sí que suenan artificiales, como si mezclásemos en el software encuestas y estadísticas para conseguir una receta política. La creación y el pensamiento huyen del ruido y la prisa, pero hay demasiado ruido en nuestras aulas y en los medios de comunicación, en el mercado, que no descansa y demanda perfiles profesionales más técnicos, versados en informática y tecnología. Inventamos nuevos dispositivos con mayor memoria y que nos permitan navegar más rápido, pero dudo que haya un invento más perfecto que un libro, que puede contener un mundo completo y todos los que pueda añadirle el lector. Leer, leer de verdad, puede convertirse en un acto de disidencia. Porque sin lectura no hay pensamiento, opinión pública libre ni democracia. Y da alegría y esperanza darse un paseo por la Feria del Libro, si hay tanta gente que lee o que puede leer. Porque me imagino que esos artefactos de papel llegarán a las casas para ser algo más que un objeto decorativo, y que se enarbolarán sin vergüenza en el autobús o en el metro para identificarse como miembros de la secta de la letra impresa. Quién sabe si será verdad y la imaginación llegará al poder. Una sociedad inteligente podría ser el conjunto de lo que se lee.

IDEAL (La Cerradura), 28/04/2024

martes, 23 de abril de 2024

Series

Hay personas que no entienden el mundo actual si no encuentran una serie que se lo cuente. La gente cita “The Crown”, “La casa de papel” o “Stranger things”, e incluso hay quien ha aprendido gracias a Netflix lo que era la España de Franco. Porque hay series y documentales que están muy bien, pero las creaciones audiovisuales no tienen la profundidad de la letra impresa, que invita a la reflexión y no a la abducción, como suele ocurrir con las pantallas. En un contexto bélico y donde parte de la población ha optado por vivir en la irrealidad, quizá haya quien espere que un superhéroe o una superheroína nacidos del universo Marvel nos libren de Vladímir Putin. A mí me gustaría, desde luego, y que de paso se llevaran a otro planeta a Donald Trump, que amenaza con una guerra civil en USA, precisamente uno de los estrenos de cine de este fin de semana. ¿Nos avisa el cine de lo que va a pasar? ¿Provoca el cine lo que va a pasar? El imaginario colectivo está poblado de guerras y distopías, por lo que vivimos con una sensación de “déjà vu” permanente en que confundimos la ficción con la no ficción, la fantasía con la realidad y solemos casar la imaginación con el deseo, como diría Baltasar Gracián. En algo debíamos de parecernos a nuestros políticos, pues la esperanza es la gran falsificadora de la verdad. ¿La corregiremos con cordura? Adictos también a las series, me imagino a los directores de campaña inventando al Capitán PSOE o al Capitán PP o a la Capitana Marvel-Sumar. Ya inventaron una serie sobre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, aunque dudo que el personaje de la ficción televisiva pueda competir con el real, que ha mostrado tantas caras que resulta irreconocible. ¿Será Clark Kent el verdadero Supermán? Nos gustaría ver a un presidente con capa y capaz de volar por el mundo, aunque fuera para ahorrar con el Falcon, que no estamos para acelerar aún más el cambio climático. ¿Quién recorrerá el planeta para evitar el deshielo, desviar los misiles al espacio y traernos la paz mundial? Quizá podamos contentarnos con encontrar a la Mujer Maravilla que arregle un poco la sanidad pública, por bajar a la tierra. 850.000 personas esperan en España una intervención quirúrgica, y la segunda comunidad donde más se espera es Andalucía, con 174 días de media. ¿Y esto quién lo arregla? En España, la serie podría llamarse “Hospital Central”. Y el libro, “País de resistencia”.

IDEAL (La Cerradura), 21/04/2024

lunes, 15 de abril de 2024

Derechos

La unanimidad con la que los ayuntamientos granadinos afectados han decidido oponerse a la instalación del campamento de inmigrantes en la base aérea de Armilla choca con la práctica de los gobiernos españoles de los últimos diez años, que han otorgado la nacionalidad española a cualquiera que dispusiera de quinientos mil euros para invertir en activos. Millonarios rusos, chinos o saudíes que han comprado bienes inmuebles en el Mediterráneo, desde la Costa del Sol a Cataluña, aprovechando quizá para blanquear capitales o, como dice el Gobierno actual, subir el precio de la vivienda para los demás mortales. Y que, cantaban, quizá, con los Rebeldes: “Nos veremos en Ibiza, en Mallorca, San Luís y Mahón, bailaremos en Valencia, en Alicante, en Gandía y Benidorm, desde L'Escala hasta Playa San Juan, en Cadaqués, en Sitges, playa Libertad, seremos los elegidos en el templo del Dios del Mar…” Lo del eterno verano al sol podrían cantarlo también los miles de inmigrantes acinados en las Islas Canarias, pero no creo que tengan ganas. ¿Por qué no se ha eliminado la llamada “golden visa” antes? ¿Lo que se suponía bueno para el negocio inmobiliario ya no lo es? A raíz de la guerra con Ucrania, no es tan fácil que ciudadanos rusos o iraníes abran una cuenta en España. El dinero, sin embargo, no tiene nacionalidad. La hipocresía que mostramos cuando hablamos de racismo e inmigración no sé si clama al cielo, pero sí al Tribunal de Derechos Humanos, que tiene su sede en ese edificio galáctico de Estrasburgo, y que efectivamente no parece de este mundo. Porque se ve que ni todos tenemos los mismos derechos ni somos igual de humanos, si dependemos de las decisiones de unas administraciones mucho más preocupadas por el interés político que por el interés público. En ciudades como Granada, que celebra la llegada del buen tiempo y de miles de turistas, la vivienda es un bien inalcanzable para demasiadas personas, sobre todo jóvenes que emigran a otros países para poder trabajar, igual que tantos subsaharianos que ansían vivir en éste. La vida ya no es vida en la ciudad, cantaban también Los Rebeldes. ¿Salimos realmente alguna vez de la ciudad? A pesar de la democracia, en el mercado global los derechos no emanan de declaraciones ni de constituciones, sino del bolsillo. Esa potestad legítima para ser, hacer o tener suelen ejercerla sólo quienes más tienen. Parafraseando el título del poemario de José Carlos Rosales, algunos los llevan como piedras escondidas en la ropa, pero otros van desnudos.

IDEAL (La Cerradura), 14/04/2024

lunes, 8 de abril de 2024

Insultos

Lo último que le faltaba al Gobierno es señalar a los medios de comunicación y los periodistas críticos con el presidente o sus ministros, como Óscar Puente. La publicación de listas negras nos recuerda otras prácticas siniestras que han sido comunes en el País Vasco, donde medios afines a ETA señalaban los objetivos a la banda terrorista. No es lo mismo, pero se parece. Quizá ahora baste con el acoso o un escrache. Resulta deprimente comprobar cómo la nueva política se torna bastante vieja, hasta el punto de que haya quien diga que no le extrañaría que en España hubiera otra guerra civil. Vade retro. Los límites de la libertad de expresión están en el delito de injuria, dice el Tribunal Constitucional, y la libertad de crítica es más amplia cuando se trata de responsables públicos. El problema de restar credibilidad al poder judicial es que luego no se confía en la justicia para restaurar el honor o la dignidad personal, si es que nos queda. Pero, puestos a otorgar confianza, mejor depositarla en los profesionales del derecho, que conocen las libertades fundamentales. Algo que no ocurre en el Parlamento, al parecer, pues lo habitual es un cruce de acusaciones, reproches e insultos que a sus señorías les molesta ver en los medios de comunicación, pero no en el hemiciclo, donde amparados por la inviolabilidad se sienten legitimados para dar rienda suelta a los instintos más primarios. En ese contexto, no sorprende que el insulto sea también la práctica habitual en los campos de fútbol, que ya se parecen bastante al Congreso. España no es un país racista, nos dicen, pero a Vinicius le llaman “mono”, como al jugador argentino Marcos Acuña, y “gitano” a su entrenador, Quique Sánchez Flores, y “negro de mierda” al portero Cheikh Sarr, sancionado por encararse con el espectador que lo insultó. Y si se publica en IDEAL que la base de Armilla podría acoger un campamento para mil inmigrantes, la noticia se convierte en la más comentada. “¿No éramos ya muchos?”, dicen. “¿Mil personas deambulando por Armilla, las Gabias y Alhendín?” Por si acaso, el Ayuntamiento de Alhendín se ha apresurado a paralizar las obras. Y en los plenos de otro Ayuntamiento, el de Maracena, eran comunes los insultos y las declaraciones homófobas del concejal de Vox, lo que ha propiciado entre otros motivos una moción de censura. Quizá también deambulemos, como hacen el Gobierno y parte de nuestros políticos. En España, el insulto suele ser el objetivo de cualquier debate. Prediquen con el ejemplo.

IDEAL (La Cerradura), 7/04/2024