lunes, 18 de octubre de 2021

Diversidad

En un contexto europeo, en el que uno de los lemas de la UE es la unidad desde la diversidad, el tratamiento de los problemas nacionales como el de la financiación autonómica debería afrontarse desde una óptica diferente a la que nos tienen acostumbrados los barones y baronesas autonómicos. Primero, por los condicionantes de la propia política presupuestaria europea derivados del pacto de estabilidad; segundo, porque no pasa nada por reconocer las diferencias geográficas, sociales y políticas de las distintas regiones españolas. Pues no es lo mismo vivir en Castilla la Mancha que en Canarias, en Madrid que en Cataluña, en Andalucía que en Melilla. La dispersión territorial y la insularidad, la renta per cápita y la coexistencia de las lenguas oficiales, la población o la presión migratoria, por ejemplo, todos son criterios válidos dentro del sistema de financiación autonómica. A los ciudadanos, independientemente de dónde vivan, les preocupa lo mismo: que los servicios públicos esenciales, sanidad, educación y servicios sociales sean iguales en cualquier parte del territorio español. A partir de ahí, pueden reconocerse los hechos diferenciales, como ya preveía la Constitución, que distingue entre comunidades de régimen común, y las singularidades de los territorios forales, País Vasco y Navarra (donde podría incluirse a Cataluña), de las Islas Canarias y las Baleares y de las tan olvidadas ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, y a las que pueden sumarse el resto de las comunidades autónomas españolas, que aspiran legítimamente a recibir un tratamiento singular pero igualitario. Algo posible si hubiera más pedagogía y menos demagogia, que es precisamente lo que ocurre en el ámbito de la Unión Europea, a cuyas instituciones nuestros políticos suelen acudir sin embargo más tranquilos y civilizados, más solidarios e incluso más políticos, si es que puede decirse esto, por las cuentas que les trae. Porque se trata de eso, de hacer cuentas, de repartir los recursos europeos y nacionales de la manera más eficiente y atendiendo a las necesidades de los ciudadanos, no de las baronías de determinados partidos, acostumbrados a jugar al Monopoly español, también llamado Reinos de Taifas. Si cuando se habla de Europa, nadie duda de las ventajas de una integración económica, fiscal, presupuestaria, jurídica, civil, ciudadana y democrática, que es lo que convierte a la UE en una potencia mundial y en un oasis social, resulta ridículo que ese mismo planteamiento no sea también la directriz de España. Un país autonómico, federal o plurinacional en sentido material, porque la denominación es lo menos importante. Lo importante es adónde va.

IDEAL (La Cerradura), 17/10/2021

lunes, 11 de octubre de 2021

400 euros

Mi hijo se ha llevado un chasco al saber que el Gobierno no le va a dar a él 400 euros cuando cumpla 18 años. “Es una medida que va en la ley de presupuestos de 2022”, le digo con el tono grave de la cruda realidad, “por lo que se los darán a los que los cumplan el año que viene. Pero lo mismo sí te puedes beneficiar de la ayuda de 250 de alquiler para los que quieren independizarse”, le dejo caer. “Ja, ja”, se ríe irónicamente, por lo que deduzco que a él le hacía ilusión tener pasta para libros y pelis, pero no tanto irse de casa. Está bien que, a falta de tradición cultural y democrática, Pedro Sánchez quiera volvernos europeos a golpe de talón. O quizá vikingos, pues en los países nórdicos te dan ayudas y un piso cuando alcanzas la mayoría de edad. ¡E incluso te dan trabajo!, que es un detalle importante para poder ganarse la vida. Porque entre la renta básica y ayudas varias, hay quien cree que ya no va a tener que dar nunca un palo al agua. ¡Qué suerte tienen los que cumplan 18 años en el 2022! De la generación Ni-ni (ni estudia ni trabaja) vamos a pasar a la generación Pa-pa (paga papá Estado). Todo lo que sea ayudar a los jóvenes es positivo, pero quizá también habría que preocuparse por desarrollar proyectos a largo plazo, como transformar un mercado que ahora sólo les ofrece trabajos eventuales, sueldos irrisorios y muy pocas perspectivas en un país que sigue sin invertir lo suficiente en ciencia y conocimiento, desarrollo industrial y tecnológico, y cuyo mayor incentivo para el capital extranjero siguen siendo la especulación inmobiliaria y el turismo. De los 458.970 millones de euros de gasto público presupuestados para el año 2022, el 53% irá para las pensiones, las prestaciones por desempleo, el sueldo de los funcionarios y los pagos en intereses de la deuda. ¿Y el futuro? Políticos y partidos deberían trabajar por un modelo de país, independientemente de quién gane las elecciones. En cuestiones básicas como sanidad, educación y derechos sociales, y también sobre la organización territorial y economía, debería haber un pacto de Estado. No es ninguna quimera, pues este país ya hizo ese pacto en la transición democrática, que hay que renovar. Lamentablemente, en España no solemos poner en valor lo que hacemos bien, algo de lo que sí están deseosos esos jóvenes. Mientras no se haga, esos 400 euros serán como los 400 golpes.

IDEAL (La Cerradura), 10/10/2021

lunes, 4 de octubre de 2021

Carne

La preocupación por la salud y el cambio climático genera debates dialécticos. “Bicicleta, esto es una acera”, leo en el camino de las Vacas. “Vete a la carretera”, concluye el mensaje, escrito en el suelo con pintura negra. “¿Esto no es un carril bici?”, ha escrito otro justo después con pintura roja, a quien imagino pedaleando furiosamente. Al menos se resisten al chuletón al punto. No como el presidente Sánchez que, para mediar entre el ministro de Consumo, Alberto Garzón, y el de Agricultura, Luis Planas, no se ha decantado por uno ni otro, sino por la carne. Es comprensible, aunque Garzón haya pedido reducir su consumo para frenar el cambio climático. ¿No habría que reducir también la producción masiva de corporaciones y países, las emisiones de dióxido de carbono, los mensajes tóxicos que emiten algunos políticos como si fueran volcanes? La lava del de la Palma va a ampliar el territorio español, que seguramente esté presto a defender Santiago Abascal, quien tiene pinta de comer muchas proteínas. Y es que en esto no se ponen de acuerdo científicos y médicos. Los huevos son excelentes. O no. Una copa de vino al día es muy buena para la salud. O no. Las grasas son malas para el organismo. O no. Porque la mayor parte del cerebro humano está formado por materia grasa, por lo que habría que comer jamón con su tocino. ¿Quién puede renunciar en España al jamón serrano? Este podría ser un buen lema para unir a los partidos. Incluso a las comunidades autónomas, si lo comemos con “pan tumaca” y un poco de butifarra, como hacía Jordi Pujol. También el deporte puede ser bueno o malo para la salud según como se practique, y fuera de las guerras entre ciclistas y andarines en la Vega de Granada hay un espacio personal que se encuentra entre el placer y el esfuerzo, aunque haya quien altere el orden y corre diez kilómetros para luego tomarse unas cervezas con sus tapas variadas sin cargo de conciencia. La carne y el ejercicio siempre han formado un círculo vicioso. Cuanto más ejercicio, más hambre y, dependiendo del ejercicio, más bocas que alimentar. Yo no lo tengo claro, salvo porque cada uno es hijo de su tiempo y es muy difícil cambiar los hábitos con los que te has educado. Pero, para cambios, los climáticos. Dicen que los volcanes acabaron con los dinosaurios, para los que los seres humanos no seríamos más que un aperitivo. ¿Nuestro mundo se acaba? Carpe diem.

IDEAL (La Cerradura), 4/10/2021

lunes, 27 de septiembre de 2021

Pajaritos

La fiesta empezó a las cinco de la tarde, aunque la policía no llegó hasta las cinco de la mañana. Mientras tanto habíamos tocado la batería, bailado reguetón y cantado por las ventanas, aunque el momento álgido fue cuando Manolo se enfrentó con un vecino y, al inclinarse sobre la barandilla para gritarle a gusto, se cayó por el balcón, menos mal que vivimos en un segundo. Esto tiene otras ventajas, pues cuando se nos acaba la bebida no tenemos que acudir a “Glovo” si no queremos salir de casa, sino que nos basta con echarle una cuerda y un cubo al chino de la tienda de abajo. Total, si era jueves y al día siguiente no teníamos clase en la universidad. Que nosotros trabajamos mucho a pesar de lo que dicen, pero no durante los fines de semana, aunque es verdad que en esta época son cada vez más largos, pues las fiestas en el piso duran ya la mitad de la semana. ¿Se acortarán cuando se acerquen los exámenes? Depende. Mario está dispuesto a dejarse unas cuantas asignaturas, pues no quiere terminar la carrera. “¿Qué voy a hacer cuando no sea estudiante?”, suele decir. “Si no hay trabajo. Prefiero seguir estudiando hasta que mejoren las cosas”. Y Natalia ha decidido tomarse directamente un año sabático, y eso que tampoco ha terminado Psicología, que ya lleva matriculada cinco años. Cómo le gusta psicoanalizarnos cuando se lía esos petardos que parecen puros. “Esta hierba tiene usos terapéuticos”, dice convencida. Y qué bien se entendió con la policía, menudo palique, aunque quizá ellos no entendieran nada, porque cuando Natalia fuma emite una especie de balbuceo que sube y baja. Yo, por mi parte, soy mucho más metódico, y sólo estudio una semana en los períodos de exámenes, en enero y febrero, junio y julio, entre los que me reparto aritméticamente las asignaturas obligatorias y optativas; es decir, un mes entre los dos semestres, lo que puede no parecer mucho, pero exige concentración entre tanta fiesta. Lo peor ha sido la denuncia y quizá la multa que nos pongan, aunque si la pagamos a pachas tampoco será para tanto. Hoy es domingo. Manolo tiene el pie escayolado y no se puede mover del sofá. Natalia no se ha levantado de la cama y Mario lleva cuarenta y ocho horas desaparecido. Yo, no sé, creo que voy a poner un poco de música y a echarle el cubo al chino. Y mañana ya veremos. Qué alegría nos da que las clases vuelvan a ser presenciales.

IDEAL (La Cerradura), 26/09/2021

Megavatios

La realidad es cambiante y extraña. Si pudiéramos verla con cristales de aumento, descubriríamos que todas las cosas no son más que fuentes de energía, protones y electrones oponiéndose entre sí. Incluso su jefe, ese ser del que parece depender su vida y, sobre todo, su cuenta corriente, no es más que una bombilla andante, que fluctúa como la factura de la luz, que también no debe de ser más que energía, aunque mensualmente mentemos a su madre, es decir, a las compañías eléctricas y los mercados que las parió. ¿Hay una pandemia? ¿La hubo? ¿Estuvo usted encerrado sin poder salir de casa? Si atendemos a las diferentes administraciones públicas, deseosas de planificar y celebrar sus diferentes fiestas, podríamos pensar que no. A la gente le falta ahora tiempo para casarse, salir de viaje, quedar con la familia y los amigos y llenar los locales de hostelería que abren las puertas como brazos abiertos para reencontrarse con la clientela. Menos mal que tenemos al Tribunal Constitucional para recordarnos que, entre tanto megavatio, las leyes siguen aplicándose, empezando por la Constitución. Porque sí, ya sabíamos que la declaración del estado de alarma era inconstitucional y que el parlamento había hecho dejadez de sus funciones, aunque sus señorías hayan seguido cobrando sin salir de casa. Pero se ve que en España nos gusta llevar las cosas al límite, ya se trate de combatir una pandemia o de elegir a los miembros del Consejo del Poder Judicial. Cuestionamos la separación de poderes, suspendemos los derechos y libertades fundamentales de los ciudadanos, hipotecamos el futuro del país con la emisión desaforada de deuda pública, lo que haga falta. Políticos y ciudadanos parecen vivir en el presente, y si uno atiende a la actualidad informativa razones no les faltan. No hay pasado y no hay mañana. En 2025 el planeta empezará la cuesta abajo inevitable debido al cambio climático y en 2050 quien todavía viva lo hará bajo las aguas, kilovatios de energía que nadarán entre delfines y sirenas. No está mal. Podría ser peor, si creemos a Pedro Sánchez. Si no fuera por él, este país se hubiera ido al garete. Nos ha salvado ya cientos de veces. Del coronavirus, del paro, del IVA, de nosotros mismos. Cada anuncio mesiánico nos ha supuesto una liberación y una verdadera explosión de energía. Y así estamos, con la factura de la luz por las nubes. Pero ¡calma! Si siente que se enerva, haga como el Tribunal Constitucional. Frente al exceso de iluminación, sólo hay que apagar los interruptores.

IDEAL (La Cerradura), 19/09/2021

lunes, 13 de septiembre de 2021

Reguetón

Hay una canción que me persigue desde hace semanas, un reguetón con poca letra que repite machaconamente los mismos ritmos y que se oye en los pisos de estudiantes (¡han vuelto!), en las fiestas de pueblo (hemos tenido que huir) y en las terrazas de los pubs (vade retro). Las canciones o maldiciones del verano se ponen todavía en los chiringuitos y, según las crónicas periodísticas, podríamos oírlas también en el Ayuntamiento de Granada, pues según denuncian el PP y Ciudadanos al exalcalde Luis Salvador le han montado uno con el nombre de “Estrategia 2031, Anillo verde, Internacionalización de la marca Granada y GRX cardiosaludable”. ¿Logrará que nos expulsen de España? ¿Nos dará un infarto colectivo? Deprime ver lo que tienen que hacer alcaldes y exalcaldes para asegurarse el futuro político, aunque sea a costa de traicionar la confianza de los ciudadanos o del partido. Así que la gente prefiere bailar el reguetón, ya convertido en un discurso político: “No me importa lo que de mí se diga. Viva usted su vida, que yo vivo la mía. Que solo es una, disfruta el momento. Que el tiempo se acaba y pa' atrás no vira”. Y el coro de estudiantes, desde las ventanas: “Bebiendo, fumando y jodiendo. Sigo vacilando, de party to' los días. Síguelo (¡Farru!). Síguelo (la rola y pepa)”. Y en el pub: “Pepa y agua pa' la seca. To' el mundo en pastilla en la discoteca (desacata'o). Pepa y agua pa' la seca. To' el mundo en pastilla en la discoteca (empastilla'o)”. Y en la plaza del pueblo o en la plaza del Carmen: “¿Y qué me van a hacer?, Uah. Toy borracho de poder, uah. Dicen: ¿Quién este se cree?”. Y es que algunos reguetones son galimatías indescifrables, como este de un tal Farruco. “Pepas”, creo que se llama. Menos mal que no son “Pepes”. Pero quién sabe, salvo el cambiante Salvador, lo que nos deparará el futuro. Veo, veo, de aquí a diez años que… Si no hemos cambiado mucho en cinco siglos, no creo que lo vayamos a hacer ahora. A algunos granadinos, como a algunos políticos, no los sacas del sillón y de sus costumbres ni con agua caliente. Hipnotizados seguimos contemplando la Alhambra y Sierra Nevada, pero el futuro quizá pase por un sintetizador y una caja de ritmos. Me lo imagino perfectamente. En bañador y con un micrófono en la mano, cantando: “El chiringuito, el chiringuito…” Y es que el rey del verano (a pesar del emérito) siempre ha sido Georgie Dann.

IDEAL (La Cerradura), 12/09/2021

lunes, 6 de septiembre de 2021

Vuelta al cole

A principios del mes de septiembre, seguimos haciéndonos las mismas preguntas que en junio: si abrirá el ocio nocturno, si alcanzaremos la inmunidad de rebaño, si las autoridades levantarán las restricciones de una población que parece más cansada ahora que en el inicio de las vacaciones. “¡Cero absoluto!”, exclamaría un profesor de cuyo nombre no quiero acordarme. No le bastaba al hombre el cero, como había alumnos a los que no les bastaba un suspenso y volvían a catear en septiembre. Benditos tiempos. Ahora no se suspende, sino que se va aprobando a golpe de estadística, y por eso te encuentras en las aulas universitarias a alumnos que no saben leer ni escribir correctamente. Aunque siguen abundando los ninis, esos chavales que ni estudian ni trabajan. Se quedan en casa jugando a la consola ante el pasotismo del padre o de la madre, hartos de discusiones con un engendro convertido en una especie de mueble con manos que teclean frenéticamente mandos a distancia, pantallas de móviles, tabletas, teclados y ratones, demostrando más energía que todo el Gobierno de Pedro Sánchez. ¿A nadie se le ha ocurrido cómo almacenar tamaño dispendio eléctrico? Con el esfuerzo que despliega cualquiera de nuestros ninis en alcanzar la última fase del Armagedón virtual podrían iluminarse varias ciudades. Pero se nos escapa el ímpetu antes de que comience el curso, en el que las mascarillas seguirán cubriendo los rostros fantasmales. Se llama protección, como un cuento de Primo Levi. Y hay quien no quiere quitarse la mascarilla, como esta chica. “Me siento protegida como en una fortaleza y por las noches, cuando me acuesto, me la quito de mala gana”. “¿Protegida contra qué?” “No sé, contra todo. Contra los hombres, el viento, el sol y la lluvia. Contra la polución, el aire contaminado y las escorias radiactivas. Contra el destino y contra todas las cosas que no se ven ni se prevén. Contra los malos pensamientos, contra las enfermedades, contra el porvenir y contra mí misma”. “Impresionante. ¿Y contra el suspenso que te van a poner?” “Contra eso no, ¿ves? Es que no he estudiado mucho”. Pues así hemos llegado a septiembre, con un verano que ha pasado como un espejismo y esa protección en la que nos refugiamos. Su uso y la estrategia de vacunación es “una lección del mejor de los patriotismos”, según Pedro Sánchez, que suele sacar sobresaliente en optimismo. “Volveremos a disfrutar de una vida sin mascarilla”, anunció en el mes de junio. Y seguimos tan felices, con la mascarilla puesta.

IDEAL (La Cerradura), 5/09/2021