domingo, 13 de enero de 2019

Ilegales


Se ve que uno de los puntos de acuerdo entre el PP y Vox que va a propiciar la investidura de Juanma Moreno como presidente de la Junta de Andalucía es frenar la inmigración. O, quizá, utilizando el lenguaje voxista, proceder a la expulsión de los 52.000 “ilegales” que según este partido tiene “fichados” la administración autonómica, y a la repatriación de los menores, que propugna el PP. Resulta asombroso que parte de la clase política siga anclada en un imaginario mítico que ignora una realidad social multicultural y multiétnica. Y el desconocimiento de la legalidad de su propio país, claro, desde la Constitución española a la normativa de desarrollo que obliga a los servicios sociales a acoger a los MENA (Menores Extranjeros no Acompañados). De hecho, a pesar de las intenciones del PP y de VOX, proclamadas por Pablo Casado y compañía, la repatriación de los menores es excepcional, pues de acuerdo con el principio del interés superior del menor, esta sólo se producirá si se dan las condiciones para la efectiva reagrupación familiar del menor o para la adecuada tutela de este por parte de los servicios de protección del país de origen. Algo bastante difícil, entre otras cosas porque estos servicios, en aquellos países, brillan por su ausencia. De hecho, transcurridos nueve meses, las autoridades tienen la obligación de otorgarles a los menores la autorización de residencia, por lo que el PP, Ciudadanos y Vox harían bien en preocuparse por desarrollar medidas para integrar a estos inmigrantes en la sociedad de una manera efectiva. Empezando por la educación, esa competencia que por lo visto quieren devolver al Estado central. Y quizá fuera lo mejor, si son retrógrados los que van a gestionar la Comunidad Autónoma de Andalucía, algo por lo que trabajaron muchos andaluces y que culminó en el referéndum del 28 de febrero de 1980, una fecha de celebración democrática, muy distinta del 2 de enero de 1492, que sin embargo sigue inflamando el espíritu nacional de una parte de la población. Pero a mí me llama la atención el uso erróneo y a propósito de los términos. Porque migrar alude a cambiar de residencia, un derecho humano sin otras consideraciones políticas, económicas y jurídicas. Y si se trata de un derecho humano no puede haber inmigrantes “ilegales”, salvo en la mente de quienes los califica de tal modo. En todo caso serán extranjeros, que sí es un término jurídico, que alude a no tener la nacionalidad española. Una condición que suelen valorar mucho más aquellos a quienes queremos expulsar.
IDEAL (La Cerradura), 13/01/2019

domingo, 6 de enero de 2019

Reyes


En Granada parece no haber transcurrido el tiempo. Algunas personas siguen viviendo en la Transición democrática, o en la guerra civil, otras quedaron ancladas incluso varios siglos atrás, en 1492, entre cardenales y Reyes Católicos que querían construir un nuevo mundo. Esta semana, en la plaza del Carmen, se intercambiaban vivas a la República y saludos fascistas y se repartían banderas de España, a la que de nuevo le profesamos amor fanático.  La misma semana en que el prior del Valle de los Caídos ha negado el acceso al Gobierno para exhumar a Franco. La España del año 2019 no se diferencia tanto de la de 1936. Vuelven a existir bandos que se insultan en la calle y muestran el mismo desprecio por los valores democráticos. Pero uno puede cerrar los ojos ante el fango de la actualidad y volver a abrirlos mientras da un paseo por la costa, plena de luz, y sentir la bendición del calor de este sol de enero. Ver cómo ese músico monta el amplificador de su guitarra eléctrica y canta “Sacrifice”, de Elton John, y algo empieza a removérsete por dentro. Disfrutar con la alegría del niño que estrena su bicicleta en el paseo marítimo y que podrías ser tú, porque es muy fácil retrotraerse a los momentos más felices de la vida y revivirlos como si ocurrieran hoy. Preguntarte cuándo perdiste esa manera de aprehender la existencia sin que nada importase. Porque nada importa en realidad y tú puedes seguir siendo ese niño que sólo se preocupa de vivir el momento presente y que hoy se ha levantado con la ilusión de abrir por fin su regalo de Reyes. Frente al azul de este mar la felicidad resulta inevitable. Y puedes ser como ese turista despreocupado que sólo piensa dónde comerá hoy, si tomará un par de currucos y tal vez un pescado al horno regados con un vino blanco en un restaurante. Quizá serías capaz de bañarte o de tirarte desde el peñón, como cuando tenías catorce años, o caminar hasta esa cala que te gustaba tanto, tumbarte al sol como a esa mujer a la que no le importa mostrar las arrugas de los años. Escribir, como Miguel de Unamuno, “Agranda la puerta, padre,/ porque no puedo pasar;/ la hiciste para los niños,/ yo he crecido a mi pesar./ Si no me agrandas la puerta,/ achícame, por piedad;/ vuélveme a la edad bendita/en que vivir es soñar”. Pero no estas pesadillas que se repiten en las calles de Granada cada mes de enero.
IDEAL (La Cerradura), 6/01/2019