domingo, 21 de octubre de 2018

Emprendedores


Los planes del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de subir el sueldo mínimo a 900 miserables euros, han chocado con los profesionales autónomos, que temen ver incrementado el coste de las cotizaciones sociales de sus trabajadores. Hasta tal punto ha llegado la precariedad laboral, que el millón de empleadores autónomos que hay en España amenazaba con salir “a la economía sumergida”. Hace tiempo que perdimos la dignidad en la ordenación del mercado de trabajo, que va camino de convertirse en una ignominia. Una ignominia que se gesta en foros públicos, empresariales y universitarios donde se anima a nuestros jóvenes a convertirse en “emprendedores”, es decir a autoemplearse, porque, por lo visto, el mercado laboral ya no les puede ofrecer un trabajo ni un salario dignos. Así, se les anima a convertirse en buscavidas, que es otra manera de llamar a los pobres, que no pueden permitirse emplear a nadie con un sueldo de 900 euros, con el que hoy en día apenas se puede vivir. Qué sociedad más mezquina estamos haciendo. Absolutamente insolidaria. Y el peor ejemplo lo dan las Administraciones públicas. Las comunidades autónomas han sido incapaces de ponerse de acuerdo para acoger a los MENA que ya no caben en los centros de Andalucía, Ceuta y Melilla. Menores Extranjeros No Acompañados que son tan buscavidas como tendrán que serlo todos los jóvenes (hayan nacido aquí o no), pero que desde luego están mucho más curtidos en eso de buscarse las habichuelas e incluso jugarse la vida para saltar una valla o cruzar el Estrecho y que darían un brazo por la mitad del sueldo mínimo. Es como un circo romano donde hay que pelearse por las migajas de una sociedad dirigida por unas élites que encima insultan la inteligencia de esos jóvenes que tendrán (si pueden) que mantenerlas a ellas en el futuro. Emprendedor o MENA son términos tan vacíos de contenido como los bolsillos de la gente que tiene que llevarlos puestos como estigmas de una sociedad fracasada. ¿Adónde va la riqueza generada por trabajadores, autónomos y PYMES? “La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas”, escribió Karl Marx. Y su primo Groucho, más jocoso, añadió: “Fíjate en mí. Me he esforzado para llegar de la nada a la pobreza extrema”. Una frase que, lamentablemente, pueden suscribir demasiados emprendedores. Pero los responsables de esta política también prefieren a Groucho: “Estos son mis principios, y si no le gustan, tengo otros”. Nos conformaríamos con que sólo aplicasen los principios generales del derecho.
IDEAL (La Cerradura), 21/10/2018

domingo, 14 de octubre de 2018

Miedo


El relato de la política española parece haber cambiado de género: de la crónica negra ha pasado a convertirse en una historia de terror. Ese género que, según Stephen King, es comparable al gusto morboso de algunas personas por aminorar la marcha para contemplar un accidente de tráfico en la carretera. En España, los partidos políticos escenifican una colisión continua para polarizar a la opinión pública, incluso cuando llegan a acuerdos, como esta semana han alcanzado el PSOE y Podemos para presentar unos nuevos presupuestos del Estado. Pero no por ello (como el resto de los partidos) dejan de utilizar el lenguaje del miedo: a la derecha y a la izquierda, a la extrema derecha y la extrema izquierda, al populismo, al paro, a la pérdida de las pensiones, a la subida de los impuestos, a la fragmentación del Estado e incluso a la desintegración de España, al terrorismo o a una nueva crisis económica. Y, por eso mismo, lo que verdaderamente les da miedo a los ciudadanos son los propios partidos políticos y sus dirigentes, que si falsean sus títulos académicos y sus currículos –el debate nacional- lo mismo falsean también la realidad y las cuentas públicas. Sin embargo, la diferencia entre la política y la literatura es que quien sabe escribir puede hacerlo en cualquier género y sobre cualquier cosa, pero los políticos no suelen saber medir cuándo el relato del miedo puede convertirse en realidad. Porque si no creemos en la política tampoco creemos en la democracia, y ese es el verdadero peligro al que nos enfrentamos, pues los ciudadanos necesitan soluciones pragmáticas. A alguien que les diga que va a solventar los problemas sociales y que no se pierda en discursos vacíos, sino que adopte medidas concretas. Y eso explica el auge de todos los “ismos” que ascienden en las sociedades democráticas, personajes como Trump en Estados Unidos, Matteo Salvini en Italia, o que, en España, un partido como VOX sea tomado en serio por el resto de las fuerzas políticas, que se sienten amenazadas porque, en el fondo, son conscientes de que la ética y la profesionalidad en sus propias formaciones han decaído de una forma insostenible. Y ése es el problema, pues la política sigue siendo necesaria para que sobreviva la democracia como forma de gobierno y para asegurar el futuro. Los votantes apoyarán a quienes les convenzan de ello. La vida está llena de miedos pequeños y grandes, pero son los pequeños los que entendemos mejor. Es lo que debería preocupar a los partidos democráticos.
IDEAL (La Cerradura), 14/10/2018

domingo, 7 de octubre de 2018

Humo


En una sociedad que persigue ya abiertamente a los fumadores y cuya obsesión por la vida sana raya en un delirio sobre la vida eterna, llama la atención la permisividad que existe con la contaminación de nuestras ciudades, cuyo aire, en según qué calles, es irrespirable. Granada, como otras metrópolis, se levanta algunos días con un sombrero de polución semejante al hongo provocado por una bomba. Dióxido de carbono (NO2) y partículas (PM10) que inhalan todos los que caminan por la calle, deportistas o no. De hecho, la mala calidad del aire granadino sólo es comparable a la de ciudades industriales como Madrid o Bilbao. Pero con la industria automovilística hemos topado, y con una concepción urbanística que parece hecha por viciosos del Scalextric. En una ciudad tan pequeña como la nuestra hay quien no renuncia a coger el coche para hacer la compra, y la gente prefiere acudir al Nevada o a cualquiera de los centros comerciales que asolan la Vega que darse una vuelta por el barrio o por el centro histórico. Porque la ciudad debería ser peatonal, desde el Albaicín al Camino de Ronda, y reservar las calles para el transporte público. Que haya familias con tres o cuatro coches resulta ridículo y, más que subir los impuestos especiales sobre los combustibles o los tributos medioambientales, habría que gravar los artículos de lujo, que son los innecesarios. Este Gobierno, como han solido hacer los gobiernos anteriores, anuncia un “Plan Renove” de la flota automovilística para el año 2020, con el objetivo de sustituir los vehículos más antiguos por otros más modernos y menos contaminantes. Se estudian ayudas para las personas con menos recursos para que se compren un nuevo coche e incluso “vehículos alternativos”. ¿Y no deberían darles la misma ayuda a quienes renuncian a poseer cualquier vehículo? Incluso podría subvencionarse el transporte público para que sea gratuito. La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ha dicho esta semana que se ha animado a la industria automovilística a trabajar en innovación para sacar al mercado coches híbridos y eléctricos menos contaminantes y asequibles para los ciudadanos. Y ya me imagino las sonrisas de los dueños de las grandes marcas de coches alemanas investigadas por falsear los informes sobre la contaminación de los vehículos, mientras se fuman un puro. Y recuerdo un poema de Justo Navarro, titulado “Sobre las causas del hundimiento del III Reich”, que termina así: “Novias de blanco un cigarrillo/ encendían: el placer sumo./ Y entonces se volvió amarillo/ Berlín, ahogado por el humo”.
IDEAL (La Cerradura), 7/10/2018