domingo, 14 de julio de 2019

El mono cibernético


A las puertas de la cuarta revolución industrial, el ser humano se ha convertido en un mono cibernético, plano como una pantalla e incapaz de realizar las tareas creativas de sus ancestros primates. Lo único que nos emparenta con nuestros primos es la postura, pues caminamos por la calle cabizbajos, absortos en el móvil. Hasta en la playa hemos cambiado nuestras costumbres: ya no nos bañamos, sino que navegamos por Internet, aunque sudemos a chorros. Como mucho hay quien se da un rápido chapuzón para poder continuar chateando con otros monos cibernéticos. ¿Cómo serán? Se observa un nuevo comportamiento: la agresividad digital. No somos capaces de mantener una conversación si no se ve refrendada por la tendencia mayoritaria en una red social. Algunas personas, cuando hablan, se presionan repetidamente en las sienes –derecha o izquierda, dependiendo de la etiqueta política-, pensando “me gusta, me gusta”, e imaginando la aprobación virtual, aunque perdiendo la atención del interlocutor físico. O bien dibujan una mueca en su cara, transformada de pronto en un emoticono reconocible por todos, aunque les duelan la boca y la mandíbula, las cuencas de los ojos desorbitados o cerrados fuertemente para que algunas lágrimas salgan despedidas de las comisuras. También hay a quien, sin contacto con el móvil, se le agarrotan los dedos y aprieta los dientes, preguntándose cuántos comentarios se habrá perdido, cuántas veces habrán pinchado en su última foto, recién salido de la peluquería animal. Pero mis preferidos son los que hablan solos. Bueno, hablan con alguien, aunque si tú los miras, hablan solos. No porque tú los mires, sino porque efectivamente no van con nadie mientras pasean, corren o hacen la compra. Eso sí, el mono cibernético lleva unos auriculares puestos que lo aíslan del mundo, aunque todo el mundo oiga que lleva sin mojar tres semanas, que su marido se pasea en verano por la casa en pelotas, que su hija ha perdido la cabeza por un imbécil, o que ese imbécil jamás aprobará las oposiciones y que de los nervios le ha salido un sarpullido dolorosísimo en la ingle. Al mono cibernético no le importa que le oigamos, porque está convencido de que en ese momento no existe nadie más que otro mono cibernético, aunque seamos unos cien homínidos los que hacemos cola en el supermercado. Y a esto le llaman la revolución digital. Ver sin ver, oír sin oír, tocar sin tocar. El mono cibernético sólo se despierta cuando le quitas su sitio en la playa. Entonces se cabrea como un ser humano.
IDEAL (La Cerradura), 14/07/2019

domingo, 7 de julio de 2019

Fichajes


Mientras los partidos políticos intercambian candidatos y sillones, los equipos de fútbol intercambian jugadores. ¿Tributarán del mismo modo a Hacienda? Teniendo en cuenta que en este país se equiparan las transmisiones patrimoniales a las ideológicas, deberían pagar lo mismo. Porque si nos inventásemos un impuesto cuyo hecho imponible fueran las mentiras de los candidatos, y pagadero solidariamente por los partidos a los que representan, tendríamos superávit en las arcas públicas. Sin embargo, el nivel de exigencia a políticos y jugadores no es el mismo, aunque tanto política como fútbol sean juegos de errores. A los primeros les pedimos que muestren su patrimonio y estén al día con Hacienda, pero ¿y a los futbolistas? No deberían jugar con la selección española los que tengan deudas tributarias. Porque los deportistas que representan al país en las competiciones internacionales también deben ser ejemplares, o al menos parecerlo, y más si reciben un salario público. Y esto vale para entrenadores, directivos y cualquier cargo institucional. Países como Italia han bonificado las rentas de los futbolistas extranjeros, y allá se ha ido corriendo Cristiano Ronaldo, cuyo mayor reto futbolístico es ganar más dinero. ¿Estarían dispuestos los deportistas de élite a pagar más impuestos? ¿Lo estarían las grandes fortunas españolas? A pesar de Trump, algunos multimillonarios norteamericanos como Liesel Pritzker Simmons, George Soros, Chris Hughes –cofundador de Facebook– y Abigail Disney, quieren pagar más impuestos. “Es tiempo de que nosotros, que hemos sido bendecidos con un inusual éxito financiero o simplemente hemos tenido suerte, contribuyamos a un bien común y un futuro común”, ha dicho Simmons. Eso es tener cultura democrática. Y pronunciamientos parecidos se han escuchado en países como Francia y Alemania. ¿Y en España? Aquí, por desconocimiento, se confunden los impuestos con el pago de una multa, y los mal llamados liberales suelen despotricar de las medidas económicas que supongan una mayor contribución de los ciudadanos al sostenimiento de los gastos públicos. Pero tiene toda la lógica si se aplica el principio de capacidad económica, recogido en la constitución, de la que nos sabemos al dedillo los derechos, pero no los deberes: quien más gana, que contribuya más. Sin embargo, la práctica habitual de los ricos españoles es sacar del país su patrimonio para llevárselo a Andorra o a Portugal. Menudos fichajes. A Cristiano Ronaldo se le atribuye esta frase: “¡Tu amor me hace fuerte, tu odio me hace imparable!” No sé si la dijo después de declararse culpable de cuatro delitos fiscales y pagar 19 millones de euros de multa a Hacienda.
IDEAL (La Cerradura, 7/07/2019)

domingo, 30 de junio de 2019

El chiringuito


Entendida la política como un chiringuito, en el Ayuntamiento de Granada tendremos un alcalde, un vicealcalde y seis tenientes de alcalde de un total de once concejales que apuntalan el establecimiento. Pero, entre tantos jefes de cocina, ¿dónde están los cocineros y los camareros? ¿Quién hace los espetos de sardinas? Total, si sólo son unos cuantos miles de euros más en el presupuesto municipal por razón de cargos para que cada uno pueda estar a gusto consigo mismo. Y a esto hay quien lo llama regeneración política, que termina pareciéndose a la nueva cocina: menos comida y más superficialidad. Lo saben bien la mitad de los andaluces, que no podrán irse de veraneo. De hecho, en esta comunidad el 38,2% de la población se encuentra en riesgo de pobreza, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE); y en Granada, lo está el 40,2% de la población infantil. ¿Formarán parte de la “Gran Granada” y de la “Ciudad Elegida”? Me temo que no, ya que hay una gran diferencia entre el concepto de ciudad inteligente y cultural que tienen nuestros políticos y el que tienen los ciudadanos (que no el partido). Para los ciudadanos, empieza por la dignidad personal. Y respecto a nuestros políticos, la percepción más amable es de bochorno general. “A los políticos se les está yendo la pinza”, dice el juez Emilio Calatayud. “Abundan las reuniones secretas, los pactos secretos, los documentos secretos. ¿Qué fue de la luz y los taquígrafos? Vamos a ver, que ya no somos niños: la democracia no puede ser secreta”. Y añade: “Ahora que creíamos que teníamos una democracia adulta, resulta que está sufriendo una regresión a la adolescencia. Al final vamos a tener que juzgar a los políticos los jueces de Menores”. Todo se andará. ¿Será por dinero? Entre la cultura española no está la contribución al sostenimiento de los gastos públicos, sino gastar a costa del erario. Y ni siquiera la publicación de la lista de morosos por la Agencia Tributaria reduce el número de defraudadores a la Hacienda Pública. Total, acostumbrados a desnudarnos en las redes sociales, ¿quién siente vergüenza? Onofre Miralles, portavoz de Vox en el Ayuntamiento, ha definido el acuerdo entre Cs y PP como “el pacto de Cantarriján, donde tanto al PP como a Ciudadanos se les han visto las vergüenzas”. ¿Se habrá convertido también el consistorio en una playa nudista? Pues va a ser un poco incómodo trabajar en ese chiringuito, a pesar del nuevo acuerdo salarial. A ver si con una moción de censura nos refrescamos un poco.
IDEAL (La Cerradura), 30/06/2019

domingo, 23 de junio de 2019

Camaleones


Si la gestión del alcalde de Granada es tan opaca en los próximos cuatro años como las negociaciones que han llevado a su designación, más le valdría terminar su mandato (¿de quién?) antes de que alguien más salga perjudicado, además de los ciudadanos que no le votaron. Onofre Miralles no soporta a Sebastián Pérez; Sebastián Pérez no soporta a Luis Salvador; a Luis Salvador no lo soporta la mayoría de los votantes, que prefiere a Paco Cuenca; Antonio Cambril ve a medio alcalde, si es que alguna vez hemos tenido uno entero… La política de esta ciudad ha pasado de ser bochornosa a manifiestamente lesiva para el interés público. Y si tuviéramos una ley electoral menos permisiva, podríamos estar hablando de un delito de prevaricación, que castiga las resoluciones arbitrarias e injustas. ¿Qué interés público hay en las negociaciones entre los partidos que han perdido las elecciones? ¿Qué intereses de los granadinos representan los negociadores de estos partidos en Sevilla o en Madrid? Ni los propios candidatos locales lo saben, pues aquí se habla un dialecto que no se entiende fuera del reino nazarí, y sólo había que fijarse en las caras de póker que tenían los concejales electos en el pleno del Ayuntamiento. ¿Nos han ganado de farol?, se preguntaban. En el PP, de hecho, todavía no se han repuesto de la jugada, y va a resultar interesante (es un decir) cómo se fragua y luego evoluciona el nuevo equipo de gobierno. Teniendo en cuenta los eslóganes de la campaña del PP y Cs, la “Gran Granada”, y la “Granada elegida”, quizá la ciudad termine convirtiéndose en un holograma, tipo Matrix, con Morfeo y Trinity buscando a un elegido, especie de Neoalcalde en extinción. La cosa tendría su gracia si no fuera lamentable. Porque, ¿qué podemos esperar de unos ediles que sólo hacen lo que les mandan sus jefes de partido, independientemente de lo que sea bueno para Granada y los ciudadanos que representan? ¿Qué podemos hacer? Pues dejar que gobierne el candidato más insustancial y el partido más veleta que ha existido nunca en la historia de España, donde la misma falta de madurez política de Albert Rivera, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias quizá nos lleve a otras elecciones generales. Pero no creo siquiera que vivamos en España ni en Granada, sino en un extraño planeta cada vez más desértico y gobernado, como en la serie V, por reptiles disfrazados. Sí, han resultado ser camaleones. Y tal vez necesitemos verdaderamente acudir a estudios morfopsicológicos para convencernos de que son seres humanos.
IDEAL (La Cerradura), 23/06/2019

domingo, 16 de junio de 2019

La ventana


Acabadas las negociaciones por la alcaldía, el hombre miraba por la ventana de su casa. De hecho, ahora sólo miraba por la ventana. Porque llevaba demasiado tiempo sin prestar atención a las cosas. Era casi un reto. Asomarse y fijarse en lo que hacía la gente. Españoles. Cristianos. Musulmanes. Judíos. Conductores que paseaban en todoterrenos por una ciudad pequeña. “Menas” (Menores Extranjeros No Acompañados) que hacían su ronda habitual por los contenedores de basura. Nadie sabía a ciencia cierta de dónde salían tantos “menas”. O bien sus padres los dejaban en la frontera o bien ellos dejaban a sus padres para cruzar una, dos, tres, cuatro, quién sabe cuántas fronteras. Para el caso, él podía verlos sentados ante la puerta de los supermercados durante el día y, por la noche, durmiendo sobre cartones tirados en mitad de la calle; a veces, en el portal de su propia casa. Eso era lo que él veía, y lo demás –la campaña electoral, las traiciones de sus compañeros de partido, todas las mentiras- podía muy bien olvidarlo. La vista no cambiaba al menos hasta las nueve o las diez de la noche, cuando todo el mundo se encerraba en su casa. Menos los “mena”, claro, y los vagabundos que vivían junto a los contenedores. Durante la jornada –también ellos cumplían su horario-, metían palos largos para sacar las botellas de plástico una a una, las ataban por el asa con cuerdas hasta formar lo que parecía sobre sus espaldas la casa transparente de un caracol, pero la verdad es que su casa estaba en los propios contenedores, a su abrigo o incluso en el interior. El hombre lo sabía porque una noche le había sido devuelta una bolsa de basura junto a una maldición. Como una cámara oculta que graba cómo alguien se esconde en un contenedor y que en realidad no tiene ninguna gracia. Pero los ojos del hombre asomado a la ventana eran su propia cámara. Creía haber visto muchas cosas en su vida, y haber memorizado unas pocas. Pero tenía que reconocer que ahora veía muchas más cosas. “Dichoso tú que puedes cambiar la vista de tu ventana”, le había dicho una compañera para consolarle cuando dejó el consistorio. Bueno, según. Algunas vistas no eran agradables, esos niños y hombres ya mayores rebuscando alimentos entre la basura. No había que irse muy lejos para ver ese otro mundo. Bastaba con quedarse en casa, asomado a la ventana y suspirando de tristeza, autocompasión y un profundo alivio. A una prudente distancia.
IDEAL (La Cerradura), 16/06/2019

domingo, 9 de junio de 2019

Ascensos


El ascenso del Granada a la primera división del fútbol español hace más interesante conocer al próximo inquilino de la alcaldía, pues le dota de atributos redondos como un balón. ¡Pero qué bien va a quedar en el palco con Florentino Pérez! Me consta que esto ha hecho cambiar la estrategia de los partidos y la actitud de los candidatos. Ahora tienen unas energías renovadas para negociar, casi tantas como las de los hinchas del equipo nazarí, que todavía andan celebrando la gesta del presidente John Jiang y de unos jugadores que no nos importa de dónde sean, porque ahora son más granaínos que Chorrojumo. Chorrojumo, rey de los gitanos y señor de los bosques de la Alhambra, murió fulminado por un rayo cuando subía por la cuesta de los palacios. El hombre era un buscavidas, y lo mismo que posaba para Mario Fortuny, vendía a los turistas postales con su retrato. Todo, para no ejercer de herrador. Algo parecido a lo que hacen nuestros políticos actualmente, que suelen dejar la política para las redes sociales, aunque luego demasiados proyectos se queden vacíos de contenido. John Jiang también sería un buen candidato a la alcaldía, pues ha conseguido que la euforia de los hinchas granadinos haya durado casi una semana. Y qué decir de Diego Martínez Penas. Si nos tomásemos la política tan en serio como el fútbol, Granada, como ciudad, ascendería también de categoría. En este mes de junio, marcaremos el día 5 y el día 26 para la historia, pues los hinchas podrán subirse en el AVE para tomar las capitales europeas antes de que el equipo gane la Champions League, que todo se andará. Visto, lo visto, lo mejor será llorar un poco, para compensar. Y para ello, lo mejor es dirigir la imaginación hacia uno mismo, como diría Cortázar, y si esto nos resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mudo exterior, pensemos en Sebastián Pérez, a quien probablemente Onofre Miralles aparte de la alcaldía. Porque no creo que el concejal electo de VOX apoye a quien acaba de denunciar por revelar datos de carácter personal. Y es que el resultado de un partido no se sabe hasta que el árbitro pita el final. ¿Dónde es más arriesgado convertirse en árbitro, en el fútbol o en la política? En los dos ámbitos siempre hay jugadores traicioneros, dispuestos a amañar un resultado. Ante la duda, mejor creer en el Granada. Como diría Diego Martínez, lo hicimos porque no sabíamos que era imposible.
IDEAL (La Cerradura), 9/6/2019

domingo, 2 de junio de 2019

Bicéfalos


Ciudadanos es un partido de derechas, y quizá lo comprendan ahora algunos pseudoprogresistas granadinos al ver que en realidad le han dado su voto a Sebastián Pérez. Porque Luis Salvador aspira a que en el Ayuntamiento haya dos cabezas dignas de estudios morfopsicológicos o un águila bicéfala. “¡Si cabeza tienen!”, dirán. Porque después del paripé de la negociación con el PSOE, ciudadanos pactará con el PP y con VOX para darle la alcaldía a Sebastianico, haciendo caso omiso de las reflexiones de un tipo tan sensato como Manuel Valls, exministro francés y concejal ahora en Barcelona, que ha dicho que al igual que Pedro Sánchez y Albert Rivera han pactado para que socialistas y liberales aíslen a la extrema derecha en Europa y que no accedan a las instituciones, lo mismo habría que hacer en España. Pero es que en España no hay liberales, y tampoco en Granada. Aquí hay una clase política que aspira a prolongar su vida profesional, porque demasiados políticos, si no tuvieran a su partido, no tendrían trabajo. Por eso tienen que tomar partido, aunque sea algo que no tenga nada que ver con los intereses de los ciudadanos –los de verdad- que ingenuamente los han votado. ¿Van a pactar sobre programas? Si fuera así, nos darían igual los nombres y las siglas, pero no es eso lo que se discute, sino el papel que van a asumir uno y otro como cabezas visibles del Ayuntamiento. Porque lo que les importa es figurar, ser cabezas o cabezones, cabezudos en la cabalgata del Corpus siguiendo a doña Fortuna y don Dinero. Que el cuento ya nos lo sabemos, con permiso de Cecilia Bölh de Faber (Fernán Caballero): “Pues señor, vengamos al caso; era este que vivían enamorados doña Fortuna y don Dinero, de manera que no se veía el uno sin el otro. Tras de la soga anda el caldero, tras doña Fortuna andaba don Dinero; así sucedió que dio la gente en murmurar, por lo que determinaron casarse...” Aunque el cuento podría ser otro, si pactasen PP, PSOE y Cs para realizar el proyecto de Granada que prometieron en la campaña electoral. A fin de cuentas, como analizaba Javier Morales esta semana en IDEAL, los programas de los tres partidos coinciden en 15 propuestas, y Cs coincide en 18 tanto con el PSOE como con el PP. ¿Dónde está entonces el problema? Ni Pérez, ni Salvador, ni Cuenca. Que pacten un programa y que con sus votos le den la alcaldía a Antonio Cambril. ¡La Gran Granada real!
IDEAL (La Cerradura), 2/06/2019

domingo, 26 de mayo de 2019

Seguridad


Mientras en el parlamento español algunos diputados patalean y abuchean en la sesión de inicio de la legislatura porque otros han prometido el cargo como “presos políticos” (¡si estaban en el Congreso!), las compañías baten récords en las ventas de alarmas dando a entender que la seguridad de nuestras casas es puro milagro. Quizá habría que demandar a estas empresas por publicidad engañosa y exigir a nuestros diputados un examen de educación básica. Vivimos en un país en el que se abusa de alertar de catástrofes imaginarias, y por eso pueden convertirse en algo real. Lo es que las Cortes españolas sean un gallinero, aunque parte del hemiciclo presuma de valentía. Pero lo valiente sería lograr que la nuestra sea una democracia firme, sensible a todas las tendencias políticas. ¿Dónde deben expresarse todas las opiniones, gusten o no, si no es en el parlamento? Falta educación y nos sobran alarmas, compañías de seguridad y partidos de extrema derecha y de extrema izquierda, en España y en Europa. En nuestras ciudades se nota menos, y uno puede sorprenderse por las coincidencias de los programas de Unidas Podemos y Vox en sus propuestas para Granada, con candidatos que viven, sin embargo, en universos paralelos que discurren por una y otra orilla del río Darro. Quizá por eso haya quien quiera crear pasarelas que vayan de una a otra realidad. Pero la gente, independientemente de su ideología, suele coincidir en lo básico, que es vivir tranquila, y estaría bien que políticos y partidos tuvieran esa actitud, en el ayuntamiento y en los parlamentos español y europeo. Porque, en el fondo, un continente no se diferencia tanto de una ciudad, ni los países de los barrios. Aunque me imagino que si redescubriéramos el Darro no podríamos navegar por él hacia otra parte. Sin embargo, todos los europeos bebemos la misma cultura y agua, y quizá podamos profundizar más en la vida que tenemos que cambiarla, disfrutar también de la profundidad y de las corrientes de nuestra existencia cotidiana. Las encuestas pronostican que hoy las urnas no darán en Granada una mayoría clara a ningún partido, y que será necesario pactar. Y cómo me gustaría ver a partir de mañana a los candidatos trabajando juntos por la ciudad, la gobierne quien la gobierne. Incluso me gustaría ver al menos a siete partidos gobernándola, rescatando las mejores propuestas de cada uno, y convirtiéndolas en realidad. Qué bueno sería poder vivir así en Granada, en España y en Europa. Entre gente tranquila, responsable y civilizada.
IDEAL (La Cerradura), 26/05/2019

domingo, 19 de mayo de 2019

Ciudad


La ciudad es algo más que nuevos corredores verdes, otro anillo para la circunvalación, una tasa turística o un lavado de cara de los barrios. La ciudad son las personas y, sobre todo, los jóvenes, que estudiando en Granada y en una de las mejores universidades de España, tendrán que hacer las maletas para emigrar, mientras su lugar en la sociedad local será ocupado por inmigrantes menos cualificados, pero dispuestos a alimentarse de las migajas-desechos de esta ciudad. Así, nuestros jóvenes estudian en un paraíso universitario que, sin embargo, no puede garantizarles una vida digna. Son dignos mientas hacen su carrera, pero luego son mano de obra tan barata que no podrán pagar un alquiler, ser independientes, desarrollarse en un mundo hecho para adultos egoístas. ¿Quién habla de los jóvenes en esta campaña? Al parecer, el perfil del votante decisivo en una ciudad tan conservadora como la nuestra ronda los 60 años, y quizá por eso a ellos dirijan sus mensajes los partidos que miran más al pasado que al futuro, como el PP, Cs y Vox que, juntos, sumaron más votos que el resto de los partidos en las pasadas elecciones generales. Sin embargo, muchos jóvenes no se molestarán en votar. “No creo en las propuestas de los partidos”, “la política no me interesa”, suelen contestar. Pero hay una gran mayoría que sí va a votar. Lo hicieron en las pasadas elecciones generales, y yo los vi haciendo cola durante horas en las oficinas para el voto por correo. Espero que también lo hagan en las municipales. Porque Granada es una ciudad de la que uno siempre se quiere ir y a la que siempre se quiere volver. Como en el poema de Kavafis. “Dices: Iré a otra tierra, hacia otro mar/, y una ciudad mejor con certeza hallaré./ Pues cada esfuerzo mío es aquí un fracaso/ y sepultado está mi corazón”. Y luego: “No hallarás otra tierra ni otro mar./ La ciudad ha de ir siempre en pos de ti. En las mismas callejas/ errarás. En los mismos suburbios llegará tu vejez./(…) Pues la ciudad te espera siempre. Otra no busques”. Ojalá pueda seguir siendo la ciudad de nuestros jóvenes. Para ello, los programas de los partidos deben llenarse de proyectos que tengan más que ver con las personas y menos con las obras públicas. Y para que nuestros políticos no tengan que decir también los dos últimos versos del poema de Kavafis: “En todo el universo destruiste cuanto has destruido/ en esta angosta esquina de la tierra”.
IDEAL (La Cerradura), 19/05/2019

domingo, 12 de mayo de 2019

Cabezas


Pues resulta que el candidato a la alcaldía de Granada más conocido en España lo es por haber perdido la cabeza; pero ahí sigue, tan contento, aunque continúe convencido, como Cesare Lombroso –criminólogo y médico del siglo XIX-, de que en la fisonomía podemos encontrar las virtudes del político y tal vez –como aseguraba el italiano- del delincuente. Mientras, dada la confusión programática, entre una ciudad “grande” o “elegida” o, tal vez, francamente jodida, hay quien busca al mejor alcalde granadino del siglo XX. ¿Se habrá sentado en el banquillo de los investigados? ¿Habrá concedido licencias a cambio de pisos? ¿Se habrá construido un piso a base de conceder licencias? ¿Dispondrá de 522.000 euros para afrontar la multa que pueda pedirle la fiscalía por prevaricación y tráfico de influencias? ¿Tendría asimetrías craneales, orejas puntiagudas, pronunciados arcos superciliares? Como terapia del delito, Cesare Lombroso prescribía: “En realidad, para los criminales natos adultos no hay muchos remedios: es necesario o bien secuestrarlos para siempre, en los casos de los incorregibles, o suprimirlos, cuando su incorregibilidad los torna demasiado peligrosos”. No sé yo. ¿Cómo impedir que se presenten a las elecciones municipales? Atendiendo a su pasado inmediato, algunos deberían recorrer para atrás el paso de peatones hacia el consistorio, pero se ve que no tienen vergüenza. ¿Quién la necesita para gobernar? Al menos, tres de los candidatos y candidata a la alcaldía de Granada tienen entre sus propósitos acabar con la corrupción en el Ayuntamiento. ¿Alguien puede negarla? Únicamente quien haya podido beneficiarse de ella, aunque sólo sea para convertirse en candidato, mientras sus compañeros de bancada van desfilando hacia el juzgado. Esta semana la campaña ha comenzado con la pegada de carteles de los partidos, que ya resulta bastante ridícula desde el punto de vista ecológico y mediático, salvo para Vox, que ha tenido que optar por el boca a boca, como explicaba Onofre Miralles –lo mejor que tiene este partido- después de la decisión de la Junta Electoral. ¿Podríamos hacer un intercambio de cromos en las candidaturas? Si Cesare Lombroso levantase la cabeza, lo mismo no le duraba mucho sobre los hombros. ¿Qué se pierde primero, la cartera o esa parte del cuerpo humano que se cree responsable de todas las demás partes? Tratándose de Granada, y sin necesidad de ningún estudio pseudocientífico, tenemos bastantes papeletas para que nos la roben. Y si no es de primeras, ya quedarán un par de candidatos en algún asador para ofrecerle la suya el uno al otro en bandeja. Pero ¡qué gran cabeza!

IDEAL (La Cerradura), 12/05/2019

domingo, 5 de mayo de 2019

Sevillanas


Para bailar bien unas sevillanas hay que enfrentar el envite como algunos políticos la campaña electoral: ligeramente entonados. Con las manos en la cintura o alzadas sobre la cabeza uno da un pasito a la derecha, otro a la izquierda, mira retadoramente a su pareja y da el primer cruce. Increíblemente, hemos pasado sólo la primera prueba y aún nos quedan otras elecciones, así que vamos con la segunda. Un ligero taconeo y una vuelta sobre sí mismo. Luego otra miradita a la pareja, tres pasos para delante y tres pasos atrás, y otra vuelta, que ahora vienen las municipales y autonómicas. Quizá, a estas alturas del baile, andemos algo mareados. Pero no importa. Si uno mantiene el equilibrio, eso se arregla con otro paso, y una vuelta lenta, cogiendo a nuestra pareja por la cintura y prometiéndole nuestro amor para los próximos cuatro años. Así que vamos con la tercera. Taconeamos de perfil, primero a la derecha y luego a la izquierda, que ya no hay partidos de centro, y nos cruzamos. Otra vuelta sobre nosotros mismos y afrontamos otros cuatro cruces, taconeando alternativamente con nuestra pareja. Ya vamos con la cuarta, que es la que uno siempre se olvida, pero, llegados a este punto, los pasos son lo de menos. Lo fundamental es seguir mirando a la pareja mientras improvisamos. Y cuidando las maneras. Porque hay quien se pone tan flamenco que parece Falete. Así que, para evitar tentaciones y excesivos amaneramientos, basta con imaginarse a los candidatos con un clavel en la oreja. Desde Pedro Sánchez a Santiago Abascal, o de Paco Cuenca a Sebastián Pérez. Lo mismo hasta se ponen la flor en la boca. Pero nosotros a lo nuestro, que ya vienen los cuatro cruces con los que culminaremos el baile. Y aquí hay que ser torero. Si el equilibrio y el fino nos lo permiten, hincaremos la rodilla en el suelo al rebasar a nuestra pareja antes de girar sobre nosotros mismos e hincar la rodilla de nuevo para girar sobre nosotros mismos e hincar la rodilla de nuevo para girar sobre nosotros mismos y… ¡Catapún! Ya hemos chocado con nuestra pareja, salidos despedidos y derribado la barra con las bebidas o la mesa electoral, que después de tantas semanas de dimes y diretes nos parecen lo mismo. Pero es que estamos en el mes de mayo, que en Granada y España ha empezado con las fiestas del Trabajo, de la Cruz y de la Democracia. Y hay mezclas que matan. ¡A bailar!
IDEAL (La Cerradura), 5/05/2019

domingo, 28 de abril de 2019

Este país


Toda escritura es efímera, y más la que está apegada a la actualidad, aunque paradójicamente, también sostiene el mundo, como ocurre con los poemas o las columnas periodísticas. Y he aquí que Javier Bozalongo escribe un libro de poemas-columnas que interpretan la realidad pero nos rearman contra ella, pues después de obligarnos a prestar atención a lo que nos rodea, ponen el foco en nosotros mismos. Los poemas reunidos en “Este país” (Juancaballos de Poesía, 2019) podrían ser muy bien columnas, ya que están inspirados en noticias de prensa concretas, y de hecho, yo, mientras los leía, no podía evitar ponerles títulos, como si fueran titulares: “Adicción al trabajo”, “Especulación inmobiliaria”, “Mario Conde”, “Tantos por ciento”, “Bankia”, “Estrecho”, “Paro”, “Villarejo”, “Campaña”, “Lazos amarillos”, “15-M”, “11-M”, “La Manada”, “Salario mínimo” o “Fake news”. Es casi una revista de prensa. Como destaca Antonio Jiménez Millán en el prólogo, el autor refleja en estos poemas las experiencias del ciudadano ante las crisis de los últimos años, que no es una crisis económica, como se ha dicho, sino una crisis de la propia democracia: “Quienes tienen la llave/ abren su corazón a intervalos variables/ y muestran su sonrisa en los carteles/ por darle utilidad a esas peceras/ donde otros se zambullen con toda su ilusión./ Quienes saben nadar guardan la ropa/ y los demás navegan entre tiburones/. ¿Qué esconderán las urnas/ que introduces tu pobre sobre en ellas/ y otro corre a tapar bien la ranura/ para que no te asomes, incauto, al interior?” Pero no es un discurso desesperanzado. Más adelante Javier nos interpela, para que nos manifestemos cuando tengamos la oportunidad, este domingo, por ejemplo, que hay elecciones generales: “Acuérdate de hoy cuando te llamen/ a cumplir con el rito y las celebraciones/ que cada cuatro años/ prometen paraísos. Acuérdate de hoy,/ sal a la calle,/ tal vez por fin se enteren/ de que el grito que escuchan/ no es el grito del miedo/ sino una sola voz que dice no,/ que dice basta”. Porque como también nos dice Bozalongo en la coda final, podemos seguir luchando, apartar la mirada de nosotros mismos y fijarnos en las cosas que importan. Respecto a esa mirada, mención aparte merecen las ilustraciones de Juan Vida. Sus autorretratos con los labios sellados, con los ojos tapados, los collages de corazones llevados en patera nos sobrecogen y hacen de la lectura de este libro una experiencia única, pues está concebido como una obra de arte.  “Este país” es un breviario político de la imagen y de la palabra.
IDEAL (La Cerradura), 28/04/2019

domingo, 21 de abril de 2019

Símbolos


En la misma semana en que la gente sale a la calle para perseguir las efigies de la pasión, arde la catedral de Notre Dame, y hay quien alerta del fin de una época y de una concepción del mundo. Pero la hoguera no la han provocado una guerra ni un cataclismo, sino un error, un cortocircuito, quizá una colilla mal apagada. La vida de los seres humanos se construye con pequeñas anécdotas, con olvidos y recuerdos de lo que fuimos y las proyecciones de lo que nos gustaría ser, y después de una llamarada –el presente- todo se desvanece. Detrás de los mantos santificados hay tallas de madera desnuda, debajo de los pasos hay articulaciones y músculos que se resienten, de la catedral de Notre Dame ha quedado una estructura de piedra sobre la que los parisinos volverán a levantar un nuevo símbolo tan religioso como laico, en un país que presume de su historia y que ama igualmente la Revolución Francesa y la Edad Media, la luz de la razón y la de la fe. Así, para la restauración del monumento ya se han recaudado mil millones de euros, lo que demuestra que a la gente le importan más los símbolos que los problemas materiales de otras personas, por ejemplo. ¿Se conseguirán en siete días tantos recursos para acabar con el hambre o para salvar el planeta? Una semana para crear el mundo y otra para destruirlo, o para morir por los seres humanos. Una semana de creencias o supersticiones que actualmente sólo se mantienen y justifican por el turismo, la verdadera fe de nuestras ciudades, convertidas en procesiones de la tapa, eso que hoy llamamos manifestaciones culturales. Pero la cultura es otra cosa, tan efímera y lúcida como cada columna que escribía Manuel Alcántara, símbolo de una manera de entender el mundo, sostenido tan solo con el tecleo de una máquina de escribir. Porque las costumbres dan sentido a nuestra vida, como abrir el periódico y encontrar las palabras de ese alter ego que nos dice exactamente lo que estábamos pensando, lo que no acertábamos a decir, que es la magia de escribir y leer. Las palabras también sostienen el mundo, y las columnas de prensa siguen afirmando el periodismo y la opinión pública libre, lo que equivale a decir el pluralismo político y al propio sistema democrático, aunque no sean tan sabias y desprejuiciadas como las del maestro Manuel Alcántara. Lo efímero nos aflige y nos redime. En el Domingo de Resurrección, todo es superficie o símbolo.
IDEAL (La Cerradura), 21/04/2019

domingo, 14 de abril de 2019

Viajes


Mientras muchos españoles hacen las maletas para las vacaciones de Semana Santa, miles de africanos cogen su mochila para venir a vivir a España. Según Stephen Smith, antropólogo y analista de la ONU, en los próximos veinte años llegarán a la península 9 millones de subsaharianos. Nada que pueda sorprendernos, si pensamos que la población europea envejece y que, sin embargo, en África el 40% es menor de 15 años. En ese sentido, quizá tendríamos que repensar el concepto de frontera. Porque en las ciudades españolas africanas que representan esa frontera, Ceuta y Melilla, más del 50 % de la población es musulmana y africana, lo que quizá pueda darnos una pista sobre la España del futuro. Ciudadanos que no dejan de ser españoles, por mucho que les incomode a Vox o al PP. La política de concertinas es un fracaso, y los que no logren cruzar a la península por una frontera, lo harán por otra. La frontera natural es el Estrecho, y es preferible que sea un lugar de paso que un cementerio. De hecho, los narcotraficantes la cruzan a diario y se les recibe mucho mejor, aunque más que buscarse la vida, sean personas que comercian con la vida y la muerte de sus semejantes. Sin embargo, contra el tópico de que son los africanos más pobres los que viajan a Europa, Smith señala que es la clase media y mejor educada la que puede reunir los 2.500 euros que cuesta el viaje. Lo cuenta en el libro “Huida hacia Europa” (Arpa), que quizá debería leer el primo español Smith (Ortega) con su jefe Santiago Abascal, que en otro libro escrito por Sánchez Dragó y titulado “La España vertebrada” (Planeta), proponía la construcción de un muro en Ceuta y Melilla financiado por Marruecos, imitando una vez más a Donald Trump. Pero esos muros ya existen. Tal vez habría que invertir más en educación para que la sociedad española crezca y se desarrolle en paz y libertad, aunque sea una sociedad multirracial y multiétnica. A fin de cuentas, y como nos recuerda una vez más la DGT, nuestro viaje puede terminar en un hospital o en una cárcel, y a buen seguro en un cementerio. Que no nos lo amarguen. El viaje de esta Semana Santa termina en elecciones generales. “Hago vacaciones de las sensaciones”, escribía Fernando Pessoa en “El libro del desasosiego”. Vivimos en la superficie de las cosas, y queremos que se extienda el tiempo. Que el lunes 29 España siga viviendo sin condiciones.
IDEAL (La Cerradura), 14/04/2019

domingo, 7 de abril de 2019

Palabras


Si como señala el psiquiatra Luis Rojas Marcos, hablar alarga la vida, algunos de nuestros políticos alcanzarán la vida eterna, aunque no se les recordará precisamente por sus grandes obras. Sino por frases como ésta: “Yo soy partidario de la discriminación”, de Santiago Abascal; o “reivindico el derecho de todos a tener un cumpleaños”, de Pedro Sánchez; o “nuestra seña de identidad es la corrupción”, de Pablo Casado; o “estoy dispuesto a no tener credibilidad por el bien de España”, de Albert Rivera; o “mi generación prefiere follar”, de Pablo Iglesias. Ejem. No cabe duda de que vivirán mucho. Hay otra de Otto Von Bismarck que resume bien lo que ha pasado en el Congreso esta semana: “Con las leyes pasa como con las salchichas, es mejor no ver cómo se hacen”. Porque a Pedro Sánchez no le importa contar con el apoyo de Bildu o ERC para convalidar sus decretos-leyes. “Todo sea por el bien de los españoles”, nos dice. Que curiosamente coincide con el bien personal. La estructura del ordenamiento jurídico y la estructura política se asemejan. Sin embargo, lo que en un caso es una ordenación jerárquica de las normas, en los partidos políticos y en las instituciones suele ser una jerarquía de la ambición y la vanidad, cuando no de una estupidez congénita. Así, los conflictos normativos se convierten en la vida pública en una colisión de egos, que conllevan una hipocresía y una mezquindad absolutas. Nada que no sea humano, aunque lo dudemos cuando suben a una tribuna políticos como Gabriel Rufián, que no hablan, sino que insultan. Una persona que se define como: “Yo soy hijo y nieto de andaluces llegados hace 55 años de Jaén y Granada a Cataluña. Soy lo que ustedes llaman charnego e independentista”. Menuda mezcla. Granadino y jienense tenía que ser. Eso explica lo de la malafollá y que siempre tenga la palabra “polla” en la boca. Vayamos a… Los políticos más profesionales (que no tienen que dedicarse necesariamente a la política) se contentan con decirle a cada uno lo que quiere oír, por lo que uno nunca sabe lo que piensan, si es que piensan. ¿Cómo saberlo, si lo único que les interesa es mantenerse en el poder? Tienen una piel dura y viscosa que les sirve para acoplarse en cualquier hueco y deslizarse por cualquier superficie. Y poco a poco van haciendo también más viscosa esa institución o el propio sistema democrático. En tiempo de elecciones tenemos que tener especial cuidado. Podríamos terminar engullidos por un discurso político serpentino.

IDEAL (La Cerradura), 7/04/2019

domingo, 31 de marzo de 2019

Historias


Esta mañana he estado en el Salón Estudiantil de la UGR. Las Facultades y el profesorado informan sobre sus carreras, dan charlas, intentan que los adolescentes tengan todos los datos necesarios para tomar una decisión sobre su futuro. Es un empeño loable, aunque no se trata de un evento ni de una decisión que determinen nada, pues la vida está hecha de empeños y casualidades; y el idioma del azar, parafraseando a Paul Auster y a Justo Navarro, que lo prologaba y lo traducía en “El cuaderno rojo”, es el idioma de la fragilidad: hay coincidencias y casualidades con las que te mueres de risa y hay coincidencias y casualidades con las que te mueres. El futuro de estos jóvenes viene determinado más bien por esta sociedad que vamos construyendo, y nadie puede reprocharles su cara de escepticismo cuando les hablan de tal o cual carrera, pues enganchados como están a esa pantalla rutilante que les vomita todo lo que pueden o deben hacer a cada paso, es natural que desconfíen de cualquier ser humano. Además, gran parte de esos seres humanos están dedicados a vomitar o tragar improperios de la misma pantalla, por lo que la sociedad aparece como algo caótico e inextricable, donde puede sucederte cualquier cosa. Y hay elecciones a la vista, lo que baja aún más el nivel. Así, todo el mundo parece obligado a opinar sobre las tonterías que diga cualquiera, ya sea en España, en México o en Argentina, donde esta semana se ha inaugurado el VIII Congreso Internacional de la Lengua Española. Y allí estaba Mario Vargas Llosa, premio Nobel de literatura, teniendo que responder a las declaraciones del presidente mexicano, que reclama a los españoles que pidamos perdón, como si esto fuera una novela de fantasmas. No sé cuántos de los estudiantes que acudieron a dicho salón sabían quién fue Hernán Cortés, pero al hilo de las informaciones poco meditadas o contrastadas que han circulado por las redes sociales, ya sí deben saber que están poseídos por su espíritu sanguinario y hambriento de indígenas, aunque fueran los tatarabuelos de estos indígenas los que se aliaron con Cortés para rebelarse contra Moctezuma y el Imperio Azteca. Los mismos indígenas que, como recordaba Vargas Llosa, han sido marginados en la mayoría de los países hispanoamericanos, incluido México. Si al menos esto sirviera para que lo peor de la historia no se repita, tendría su gracia. Pero es que, como nos recuerdan constantemente a un lado y otro del charco nuestros políticos, también hay historias que matan.
IDEAL (La Cerradura), 31/03/2019

domingo, 24 de marzo de 2019

Autodefensa


La medida de lo que representa Vox en la política española nos la da Santiago Abascal, que ha pedido la legalización de las armas para la “autodefensa” de los españoles y ha conseguido que todos los partidos y sus cabezas de lista den su opinión sobre un tema que en principio no tenía ningún interés. ¿Cómo nos defendemos de los políticos que copian lo peor de otros países como Estados Unidos para llamar la atención? Como Trump, Abascal se dedica a tronar en las redes sociales para convertirse en vox populi, y aunque defienda que su formación es la del sentido común, más bien parece la cara de ese monstruo reprimido que todavía habita en el inconsciente de demasiados ciudadanos, soldados y generales recuperados para la causa y que no se sonrojan al defender el régimen franquista, aunque ellos vivan gracias a la democracia. Y aunque existan políticos que parezcan caricaturas de Rambo o Harry el Sucio, no es algo de lo que podamos reírnos, primero porque el propio Abascal suele llevar encima una Smith & Wesson, y quizá pueda dispararnos al confundirnos con algún intruso; y luego porque el auge de la extrema derecha en países como España, Francia, Italia, Holanda o Alemania es un síntoma de la debilidad de nuestras democracias. Aunque puede tratarse de una debilidad ficticia, creada a punta de pistola. Porque España es uno de los países más seguros del mundo y con uno de los índices de criminalidad más bajos, y cualquiera que haya viajado un poco sabe que lo primero que se echa de menos de nuestro país es la tranquilidad con la que uno puede caminar por la calle, algo que no pueden decir en muchas ciudades americanas y europeas. Sin embargo, se nos insta a proteger nuestras casas con alarmas y cámaras de seguridad de manera machacona, y hay calles donde el que se siente amenazado es el transeúnte, grabado por objetivos públicos y privados. El mero hecho de encender el ordenador o el teléfono nos localiza de manera inmediata, y lo raro es que haya alguien tan analógico y anacrónico que renuncie a estar hiperconectado. El imaginario colectivo ha sido colonizado por superhumanos con la musculatura hipertrofiada en el gimnasio, armados como pistoleros y portadores de una tecnología digna de un espía, porque se ve que hemos confundido la ficción con la realidad y creemos que puede pasarnos cualquier cosa. Estamos tan preparados para todo y tan sobreinformados que parecemos analfabetos. Esta sociedad no necesita armas, sino educación.
IDEAL (La Cerradura), 24/03/2019

domingo, 17 de marzo de 2019

Género


En el viaje de estudios del instituto están prohibidas las habitaciones mixtas. Al parecer, son normas de la agencia de viajes y de la institución académica. Una norma absurda, según me comenta G con una lógica aplastante: “Total, en mi curso la mitad de las chicas son lesbianas y la mitad de la otra mitad bisexuales, por lo que con esta segregación (sic) es más fácil que se enrollen”. Yo hace tiempo que mantengo la prudencia cuando converso con un adolescente, e intento cambiar de tema. “¿Fuiste a la manifestación del 8-M?” Pero G continúa inflexible: “Es una norma del siglo XIX. No tiene sentido en el XXI. A está liada con B y con C. D, con Z y con X. Y X hace poco salía con A y con B”. Entonces G pone una cara filosófica, y yo me acuerdo de cierto profesor de física que nos obligaba a contestar las preguntas de los exámenes por líneas ideas. Así que trato de cambiar nuevamente de tema: “Pues creo que hoy hay convocada también una manifestación por el cambio climático”, digo. Pero G prosigue con su razonamiento: “Porque claro, seguro que estarían más tranquilos si todos fuéramos XX o XY, pero ¿y si no es así? Lo mismo no nos importa quién tiene cromosomas homogaméticos o heterogaméticos”. En ese momento, yo intento acordarme de las clases de educación sexual que nadie me dio. ¿XY era para los hombres? ¿XX para las mujeres? G parece leer mis pensamientos: “Es que ya está bien. “Es como el autobús del cartel ‘Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva’, que es de la época de las cavernas. ¡Que sólo somos seres humanos!” Yo rememoro entonces una explicación leída en algún lugar, probablemente en la Wikipedia, acerca de que los seres humanos pueden presentar una disposición cromosómica contraria a su sexo fenotípico. Así, puede haber machos XX o mujeres XY. Y puede darse un número anormal de cromosomas en el que sólo un cromosoma X está presente, y otro en que se juntan dos cromosomas X y un cromosoma Y, conocidos como el síndrome del XYY y el síndrome del XXYY. Y hay otras disposiciones menos frecuentes como el síndrome de triple X, y los síndromes XXXX y XXXXX. Pero G interrumpe por fin (y se lo agradezco) mi digresión cromosómica: “¿Me estás escuchando?”. “Claro que sí”, le contesto. “Yo lo que le propondría al instituto es que os pusieran en las habitaciones por orden alfabético”. Y me quedo tan pancho.
IDEAL (La Cerradura), 17/03/2019

domingo, 10 de marzo de 2019

Pelotas


La víspera de elecciones es también una época de regresos y renacimientos. Aunque la gente hable más de la debacle del Real Madrid, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se empeña en cambiar la realidad y hacer campaña electoral a golpe de decretos-leyes (no “reales decretos”). Y es que se ve que los casos de extraordinaria y urgente necesidad a los que se refiere la Constitución para legislar desde el ejecutivo son subjetivos (los “reales decretos” emanan de la potestad reglamentaria). Así, mientras una parte del madridismo suspira por la vuelta de la elegancia y la mano izquierda de Zinedine Zidane, otros piden el regreso de la mano dura de José Mourinho, el “number one”, el gran homo interruptus. Ah, no, me confundo, el verdadero homo interruptus es Pablo Iglesias, que anunció su regreso a la escena política (como si se hubiera ido) con una campaña digna de la colonia masculina “Jacqs”: Vuelve el hombre. ¿Qué hombre? Él. Pablo. El destructor de mundos políticos (dicho con voz grave). O quizá se trataba de una campaña de la última película de Marvel. No sé. Quién puede saber algo con tanto jaleo, sobre todo si está rodeado de gente que, amparándose en el Estado de Derecho, hace lo que le sale de las pelotas. Al fútbol me refiero, claro. Porque, ¿quién hace en España lo que le sale de las pelotas? A ver. Carles Puigdemont, aunque viva en Bélgica. Quim Torra, que continúa viviendo en España a su pesar. Santiago Abascal, claro. Y Pablo Casado. Y quizá Albert Rivera. Sebastián Pérez seguro. Y Luis Salvador. ¿Paco Cuenca? No sé, este hombre sonríe demasiado como para hacer lo que quiera. Pero usted, sí. “¿Yo?” “Sí”. “¿No serás tú?” “Sí”. “Y tú también, claro”. “¿Yo?” “No. Tú”. “Y a mucha honra”, me contestará usted. O al menos lo intento. Vale. ¿Y no hay mujeres que hagan lo que quieren? Menos, pero las hay. Del perfil anterior, Susana Díaz o Carmen Calvo. De otros perfiles más edificantes, Marta Gutiérrez y Mayte Olalla, que encabezan la lista de Vamos Granada para las elecciones municipales. Y es una verdadera desgracia para la política municipal y española que no sean más las candidatas. Así no hablaríamos tanto de pronombres o de prohombres y de pelotas. Pero es que se ve que en España casi todo es una cuestión de pelotas, que según la RAE puede ser “juego que se hace con la pelota” o “persona aduladora, que hace la rosca”. Lo mismo termina siendo José Mourinho el presidente del Gobierno.
IDEAL (La Cerradura), 10/03/2019

domingo, 3 de marzo de 2019

Televisión


La televisión se mete en nuestra casa como si fuera una ventana para asomarte al mundo. Pero, a veces, parece un espía, alguien que nos mira con la cara de presentadores o actrices para inmiscuirse en las conversaciones familiares en el comedor, la habitación que, después de la cocina, es el verdadero templo de la casa. Pero también se deslizan en nuestras habitaciones desde la pantalla personajes entrañables que nos acompañan durante la cena y se convierten en una suerte de álter ego que habla por nosotros y se sabe todas las respuestas a las preguntas que le formulemos. Es lo que ocurría con José Pinto, concursante del programa “¡Boom!”, que junto a sus compañeros de Los Lobos llevaba meses batiendo récords en Antena 3. José era de esos tipos con los que tienes que llevarte bien, pues era sencillo, campechano y sabio. Un amigo, un suegro o un cuñado ejemplar, aunque no tuvieras el gusto de conocerlo personalmente. Pero sí lo conocíamos de alguna manera, y por eso la noticia de su muerte ha afectado a miles de españoles. Me lo cuenta Encarna, una mujer de sesenta años, experta en concursos y telenovelas de sobremesa, porque su mayor y única compañía son esos programas y esas personas de las que habla como si fueran de su familia. Y quizá deberían tomar nota de ello nuestros políticos, pues lo único que sabía Encarna, como otros seguidores en toda España, es que José Pinto era buena gente. Que tendría sus miserias y sus problemas, como nosotros, pero verlo acertar una pregunta del presentador Juanra Bonet equivalía a decir: “El mundo, a pesar de todo, está bien. Sigue en su sitio. Y aunque no podamos responder a todas, al menos nos sabemos algunas respuestas”. Así, Los Lobos podían concursar en un nuevo programa y los espectadores continuar con la rutina de siempre. Pienso en Encarna y en José Pinto, y en las relaciones que se forman entre personas conocidas y desconocidas, reales e irreales, seres humanos de carne y hueso y personajes de ficción, que sin embargo nos parecen a veces mucho más reales y humanos que aquellos que los crearon. En unos días en que abundan las sobreactuaciones y los personajes de campaña, los grandes discursos y la demagogia política, la gente prefiere a las personas directas y sencillas, esas que contestan a las preguntas que se saben con una sonrisa, la misma que ponen si se manchan de pintura al fallar una respuesta. Como si fueran de la familia.
IDEAL (La Cerradura), 3/03/2019

domingo, 24 de febrero de 2019

Violencia


Observo cómo se saludan dos adolescentes a la puerta de un instituto: se dan patadas y puñetazos en los hombros; se ríen, aunque se ve que a uno el dolor le impide reír la gracia. Luego se suman otros conocidos y aumentan las patadas y puñetazos, las risas y los gritos de dolor. “¡Oye, no te pases!”, dice una chica, que ha pegado y recibido como los demás, pues se trata de una violencia mixta y consentida, para relajar las hormonas antes de entrar a clase. Porque eso sí, el afecto –debe de serlo- físico y exagerado cesa cuando atraviesan el umbral de la puerta del edificio, donde no entran los puñetazos y los insultos. Y no sé por qué, pienso en el parlamento español y en la campaña electoral que se avecina, en el discurso del odio que destilan entre sonrisas Pablo Casado o Santiago Abascal, el que apadrina el presidente de la Generalitat Quim Torra en Barcelona, convertida en una ciudad desagradable e inhóspita, donde ya no se pueden ejercer el derecho a trabajar o la libertad de expresión sin que te agredan o escupan. Uno se admira del cambio de esta ciudad cosmopolita como del de nuestra clase política, que ni a sí misma se respeta, dentro o fuera del Congreso de los Diputados. Y eso en una semana que recordamos la muerte de Antonio Machado en el exilio, en Colliure, esa localidad francesa que también reclama el soberanismo catalán, además de la cordura. Y se recordaban los últimos versos que escribió el poeta en un papel arrugado: “Estos días azules y este sol de la infancia”. En un país que, sin embargo, no parece recordar ya nada, y que se empeña en desenterrar viejos odios sin explicar ni explicarse lo que le pasa. Lo ilustró perfectamente el todavía presidente del Gobierno Pedro Sánchez al presentar su manual de autoayuda acompañado de un presentador de televisión y una periodista –no sé si puede llamarse así a Mercedes Milá- que se dedicó a hacer crónica rosa de los adversarios políticos, entre las risas del consejo de ministros en pleno. Otro insulto a la inteligencia y una desgracia, pues nos da el nivel de quienes toman las decisiones que afectan a cuarenta y seis millones de ciudadanos españoles. Antonio Machado también escribió: “Castilla (leamos España) miserable, ayer dominadora, envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora. ¿Espera, duerme o sueña? ¿La sangre derramada recuerda, cuanto tuvo la fiebre de la espada?” No traerá nada bueno tanta violencia gratuita. Ni en las urnas.
IDEAL (La Cerradura, 24/02/2019)

domingo, 17 de febrero de 2019

Elecciones


Si en España hubiera algún respeto hacia lo público, no se convocarían elecciones en dos meses consecutivos. Ni siquiera dentro de un plazo de cuatro años, que es el tiempo que marca la ley para las legislaturas, período en el que vamos a acudir tres veces a las urnas para elegir al presidente del Gobierno. Primero, por el despilfarro económico que suponen; y segundo, por respeto a los ciudadanos. Pero en este país se habla con naturalidad de los intereses electorales de los partidos y de las cábalas sobre los resultados según cuál sea la fecha elegida, como si todos fuésemos pitonisos además de políticos. Sin embargo, la mayoría no los somos, y aunque podamos presentarnos a unas elecciones, estamos bastante hartos de aquellos que hacen de la política una profesión, y no tenemos ganas de oírlos no sólo en una campaña, sino en dos campañas electorales consecutivas. ¿Que los ámbitos son distintos? Tiene todo el sentido votar de una vez a nuestros representantes municipales, autonómicos, nacionales y europeos. De hecho, lo que no lo tiene es que haya tantos representantes en todos los ámbitos, y estaría bien que fueran sustituidos por gestores. ¿Que el voto nacional puede condicionar el municipal, el autonómico el europeo o viceversa? Eso tendrán que decidirlo los votantes, que todavía son seres racionales, a pesar de sus gobernantes. La campaña electoral empezó con el debate sobre los presupuestos en el parlamento, y continuó en la rueda de prensa del presidente del Gobierno en que anunció la fecha de la convocatoria de las elecciones después de agotar la paciencia de los periodistas que lo escuchaban desgranando los supuestos logros conseguidos en sus efímeros ocho meses de gobierno. Si no fuera todo tan lamentable, daría risa. Porque con los 175 millones de euros que costarán estas nuevas elecciones (130 se gastarán en organización y 45 en subvenciones a los partidos) se pueden construir centros de salud, dar recursos a los colegios públicos y pagar algunas pensiones. Pero, en fin, como la prórroga de los presupuestos del Estado va a suponer una pérdida de miles de millones de euros en los recursos públicos, lo demás es calderilla. Porque el ombligo de nuestros políticos y nuestros partidos es más profundo que un agujero negro. Menos mal que en Granada, al menos, podremos votar como alcalde a Antonio Cambril. Conque tenga la mitad de talento político que periodístico, la ciudad cambiará a mejor. En este caso concreto, me alegro por la política, aunque lo siento por el periodismo.
IDEAL (La Cerradura), 17/02/2019

domingo, 10 de febrero de 2019

Presidente bluff


Pedro Sánchez se ha convertido en una caricatura de presidente. Quizá, su modelo sea Barack Obama, pero ni las gafas de sol le quedan igual, ni el avión es el mismo, ni tiene los mismos motivos para escribir un libro. De hecho, es un presidente que, por mantenerse en el poder, es capaz de pactar con el diablo, que en este caso es el nacionalismo catalán, que aunque representa apenas un diez por ciento del electorado español, pretende desmantelar las instituciones democráticas. Y con el entusiasmo de este presidente bluff, que sin representar a la fuerza política más votada ni en España ni en Cataluña, se salta los mecanismos parlamentarios a base de decretos leyes o de negociaciones políticas paralelas. Pero es que la política española se convirtió hace tiempo en Operación Triunfo, y por eso en vez de estadistas tenemos en la primera fila política a personajillos obsesionados con su imagen y su presencia públicas, y que no demuestran más principios políticos o personales que los que dictan Twitter o Instagram. Y helos ahí, presumiendo de fachada. Algo que, por otra parte, ocurre en casi todos los ámbitos de la sociedad española, desde la empresa a la cultura. A los partidos, a las editoriales o a los medios de comunicación (por citar tres ámbitos presuntamente intelectuales), lo que les interesa es el número de seguidores que puedan tener políticos, escritores o periodistas, que necesitados de admiradores dedican gran parte de su tiempo (se ve que aquí nadie trabaja) a pronunciar con gran solemnidad absolutas naderías. ¿A alguien le extraña que nuestros adolescentes que pueblan las redes muestren a su vez un nivel cultural pésimo? ¿Que consideren al otro o la otra como una mera efigie o un objeto? Lo grave es que no se trata de culto a la personalidad, que suele estar vacía, sino de culto al avatar. De la adoración al doble del que fue un ser humano responsable; pero que ahora, por encima de cualquier otra consideración, debe estar presente en plataformas reales o virtuales, aunque sea diciendo twitterías. Lo lamentable es que nos tomemos en serio a estos avatares, sobre todo en la política. Porque de tener un presidente bluff a una democracia bluff hay poca distancia. Quién iba a decírselo a Juan Marsé, cuando utilizó este término para referirse a una escritora de cuyo nombre no voy a acordarme y que resultó ganadora del premio Planeta. Los bluff son ya mayoría en la cultura, la política o el deporte. Candidatos para elecciones varias o presidentes del Gobierno.
IDEAL (La Cerradura), 10/02/2019

domingo, 3 de febrero de 2019

Gran Granada


Resulta llamativo que el PP y Sebastián Pérez se hayan apropiado del título de una magnífica novela de Justo Navarro, “Gran Granada” (Anagrama, 2015), para presentar su campaña electoral. Un término que el autor utilizaba para denominar al círculo de poderosos en la ciudad de 1963, es decir, en plena dictadura franquista. Lo mismo ese es el modelo de Sebastián Pérez, lo que tampoco es de extrañar, teniendo en cuenta los antecedentes del equipo de gobierno en el que él participaba, donde según las crónicas judiciales el nepotismo y las irregularidades urbanísticas eran la práctica habitual. En la Gran Granada de Justo Navarro hacíamos un verdadero viaje en el tiempo, y casi nos aliviaba no vivir ya en esa ciudad ruin donde el comisario Polo habría detenido también y encerrado quizá a unas cuantas autoridades. Un personaje al que el autor le ha dado continuidad en la nueva novela “Petit Paris”, que acaba de publicar la editorial Anagrama. Y aquí Polo tiene que viajar a la Francia ocupada para buscar cuatro lingotes de oro robados en Granada, hilo argumental que acaso también le sirva al PP para montar su campaña. “¡Seremos un pequeño París!”, podría decir Sebastián Pérez, que quizá sea mejor que una Gran Granada. ¿Será ahora París la ciudad más deseada por sus vecinos? ¿La que despierte más interés para generar empleo y riqueza? Por lo pronto, debería generar mayores derechos de autor para Justo Navarro, que se ha visto despojado del título de su novela y que tal vez deba encomendar al comisario Polo que vaya a rescatar dentro de la clase política más reaccionaria el oro robado a su creación literaria. Porque resulta increíble escuchar a algunas personas hablar de que la ciudad recupere “la fortaleza y la grandeza que ha atesorado durante siglos” y que “ha perdido en poco tiempo”. ¿Se refieren a la fortaleza y la grandeza de Granada en 1492? ¿En 1963? ¿La que perdió en la nefasta gestión económica del PP durante trece años? ¿La que ahora se va dilucidando en los tribunales? Más que admiración, este ambicioso plan lo que da es miedo. Porque la Gran Granada ha brillado por su ausencia durante años, y lo que siempre ha habido es una clase política y empresarial que cree que la ciudad es suya y no de los ciudadanos, el círculo de poderosos que tan magistralmente retrataba Justo Navarro en su novela y que al parecer sigue en el mismo sitio donde estaba hace cincuenta y seis años. ¡La Gran Granada!
IDEAL (La Cerradura), 3/02/2019

domingo, 27 de enero de 2019

Normalidad


Resulta difícil valorar lo que uno tiene. El ser humano imagina mucho más de lo que hace, cuando lo que hace efectivamente de una manera sencilla constituye la parte fundamental de su vida. Es lo bueno de la democracia, poder hacer cosas cotidianas como salir a comprar el pan o el periódico y disfrutarlas. Pero, para ello, quizá debas haber ido a algún país donde las estanterías de los supermercados estén vacías y el gobierno haya prohibido las imprentas y hackee a los medios que pretenden ejercer la libertad de prensa. Lo saben los venezolanos que se han manifestado esta semana en la plaza del Carmen y en otras muchas plazas españolas para pedir al Gobierno que reconozca a Juan Guaidó como nuevo presidente de Venezuela. Algo que, por el momento, no ha tenido la dignidad de hacer Pedro Sánchez, que era uno cuando estaba en la oposición y es otro cuando ha alcanzado el poder y depende de la UE. Incluso es otro más cuando acude al foro de Davos y pronuncia un discurso en inglés, pues se ve que hablar en otra lengua te transforma en un extranjero que propone hacer lo que no hace en su país. Comprendo que no quiera la compañía de Donald Trump, Jair Bolsonaro o Mauricio Macri, que se han apresurado a reconocer al nuevo presidente venezolano, aunque no representen precisamente la normalidad democrática. En España, una parte de nuestros políticos se dedican a crisparla sistemáticamente, y quizá sea ese ahora nuestro mayor problema. Ambrose Bierce definía la política como una lucha de intereses disfrazada de un debate de principios. Y lo estamos viendo en Andalucía, donde PP y Ciudadanos, que iban a traer la regeneración y la transparencia, se han repartido las consejerías de la Junta como si jugasen al Monopoly. Sólo hay que fijarse en la congruencia del flamante vicepresidente, Juan Marín, que además asume las consejerías de Regeneración Democrática, Turismo, Justicia y Administración Local. Pegan tanto como Economía, Conocimiento, Empresas y Universidad, o Educación y Deportes, una confusión tradicional en la Administración del Estado, como confundir con un deportista a Cristiano Ronaldo. Y quizá siguiendo el ejemplo del vicepresidente Marín, buena parte de los políticos granadinos estén en Fitur, porque el turismo debe de ser sinónimo de justicia y democracia y nuestro único patrimonio, aunque todavía no hayamos encontrado a alguien capaz de lograr que Granada tenga unas infraestructuras de transporte dignas. Pero es que nuestra normalidad democrática suele consistir en confundir la gestión privada y la gestión pública.
IDEAL (La Cerradura), 27/01/2019

lunes, 21 de enero de 2019

Iraníes


El dinero es un pasaporte que carece de nacionalidad, y quienes exigen que los inmigrantes acepten los valores españoles y a los españoles que sean nacionalistas, no se avergüenzan sin embargo de recibir fondos de los Muyahidines del Pueblo de Irán, todo sea por asegurar la pureza de los hispanos. Porque se puede creer en Dios y reservarse el derecho de adorar al diablo, y el dinero musulmán resulta igual de útil que el cristiano. Así que aunque sea vox populi que nos financian los fanáticos de Oriente no nos damos por enterados. Vivimos en Occidente, y ya casi rozamos el poder. De hecho, hemos puesto a un sultán en la Junta de Andalucía y dentro de poco haremos lo mismo en el gobierno de España. Te lo juro por Snoopy y por Mohamed. Que todos los demás partidos no tienen las cosas claras, pero nosotros sí, que para eso contamos con el apoyo del capital financiero y de una secta. Que somos los hijos de los franquistas que ganaron la Guerra Civil y bebemos de la fuerza de nuestro santo, que duerme en el Valle de los Caídos. Porque algún día resucitará. Por eso vamos a cerrar las mezquitas y nuestras fronteras y, aunque recibamos dinero de Irán, no aceptaremos ninguna influencia externa. Que nosotros no somos Podemos, coño, que está implosionando por la financiación de Venezuela, y allí ya sabemos cómo ha acabado la cosa. Nosotros vamos a recuperar nuestro peso en Europa y en el mundo y, como cantaban los Nikis, seremos de nuevo un imperio. Con los Austrias y con los Borbones perdimos nuestras posesiones, pero esto tiene que cambiar. Nuestros nietos se merecen que la historia se repita varias veces. Lolololo… Seremos de nuevo un imperio… Lolololo... Y vamos a acabar con el despilfarro. ¡Fuera las comunidades autónomas! Aquí va a haber una única sanidad y un único sistema educativo. Por Mohamed. Que lo más importante es defender la vida, nuestras familias y nuestros valores. ¿Qué vida? ¡Coño, la nuestra! ¿Qué valores? Pues los nuestros. Se acabaron las subvenciones a partidos políticos, sindicatos y organizaciones empresariales. Y el Senado, cerrado. Por mis bemoles. Que no estamos locos y sabemos lo que queremos. Bajar el IRPF y que no haya impuestos. Procesar a todos los sublevados. Vivir la vida, igual que si fuera un sueño… que se pierde en el tiempo. Que no estamos locos y sabemos lo que queremos. Aunque eso sí. Puede que, en el fondo, tengamos un poco de iraníes. Dinero, claro.
IDEAL (La Cerradura), 20/01/2019

domingo, 13 de enero de 2019

Ilegales


Se ve que uno de los puntos de acuerdo entre el PP y Vox que va a propiciar la investidura de Juanma Moreno como presidente de la Junta de Andalucía es frenar la inmigración. O, quizá, utilizando el lenguaje voxista, proceder a la expulsión de los 52.000 “ilegales” que según este partido tiene “fichados” la administración autonómica, y a la repatriación de los menores, que propugna el PP. Resulta asombroso que parte de la clase política siga anclada en un imaginario mítico que ignora una realidad social multicultural y multiétnica. Y el desconocimiento de la legalidad de su propio país, claro, desde la Constitución española a la normativa de desarrollo que obliga a los servicios sociales a acoger a los MENA (Menores Extranjeros no Acompañados). De hecho, a pesar de las intenciones del PP y de VOX, proclamadas por Pablo Casado y compañía, la repatriación de los menores es excepcional, pues de acuerdo con el principio del interés superior del menor, esta sólo se producirá si se dan las condiciones para la efectiva reagrupación familiar del menor o para la adecuada tutela de este por parte de los servicios de protección del país de origen. Algo bastante difícil, entre otras cosas porque estos servicios, en aquellos países, brillan por su ausencia. De hecho, transcurridos nueve meses, las autoridades tienen la obligación de otorgarles a los menores la autorización de residencia, por lo que el PP, Ciudadanos y Vox harían bien en preocuparse por desarrollar medidas para integrar a estos inmigrantes en la sociedad de una manera efectiva. Empezando por la educación, esa competencia que por lo visto quieren devolver al Estado central. Y quizá fuera lo mejor, si son retrógrados los que van a gestionar la Comunidad Autónoma de Andalucía, algo por lo que trabajaron muchos andaluces y que culminó en el referéndum del 28 de febrero de 1980, una fecha de celebración democrática, muy distinta del 2 de enero de 1492, que sin embargo sigue inflamando el espíritu nacional de una parte de la población. Pero a mí me llama la atención el uso erróneo y a propósito de los términos. Porque migrar alude a cambiar de residencia, un derecho humano sin otras consideraciones políticas, económicas y jurídicas. Y si se trata de un derecho humano no puede haber inmigrantes “ilegales”, salvo en la mente de quienes los califica de tal modo. En todo caso serán extranjeros, que sí es un término jurídico, que alude a no tener la nacionalidad española. Una condición que suelen valorar mucho más aquellos a quienes queremos expulsar.
IDEAL (La Cerradura), 13/01/2019

domingo, 6 de enero de 2019

Reyes


En Granada parece no haber transcurrido el tiempo. Algunas personas siguen viviendo en la Transición democrática, o en la guerra civil, otras quedaron ancladas incluso varios siglos atrás, en 1492, entre cardenales y Reyes Católicos que querían construir un nuevo mundo. Esta semana, en la plaza del Carmen, se intercambiaban vivas a la República y saludos fascistas y se repartían banderas de España, a la que de nuevo le profesamos amor fanático.  La misma semana en que el prior del Valle de los Caídos ha negado el acceso al Gobierno para exhumar a Franco. La España del año 2019 no se diferencia tanto de la de 1936. Vuelven a existir bandos que se insultan en la calle y muestran el mismo desprecio por los valores democráticos. Pero uno puede cerrar los ojos ante el fango de la actualidad y volver a abrirlos mientras da un paseo por la costa, plena de luz, y sentir la bendición del calor de este sol de enero. Ver cómo ese músico monta el amplificador de su guitarra eléctrica y canta “Sacrifice”, de Elton John, y algo empieza a removérsete por dentro. Disfrutar con la alegría del niño que estrena su bicicleta en el paseo marítimo y que podrías ser tú, porque es muy fácil retrotraerse a los momentos más felices de la vida y revivirlos como si ocurrieran hoy. Preguntarte cuándo perdiste esa manera de aprehender la existencia sin que nada importase. Porque nada importa en realidad y tú puedes seguir siendo ese niño que sólo se preocupa de vivir el momento presente y que hoy se ha levantado con la ilusión de abrir por fin su regalo de Reyes. Frente al azul de este mar la felicidad resulta inevitable. Y puedes ser como ese turista despreocupado que sólo piensa dónde comerá hoy, si tomará un par de currucos y tal vez un pescado al horno regados con un vino blanco en un restaurante. Quizá serías capaz de bañarte o de tirarte desde el peñón, como cuando tenías catorce años, o caminar hasta esa cala que te gustaba tanto, tumbarte al sol como a esa mujer a la que no le importa mostrar las arrugas de los años. Escribir, como Miguel de Unamuno, “Agranda la puerta, padre,/ porque no puedo pasar;/ la hiciste para los niños,/ yo he crecido a mi pesar./ Si no me agrandas la puerta,/ achícame, por piedad;/ vuélveme a la edad bendita/en que vivir es soñar”. Pero no estas pesadillas que se repiten en las calles de Granada cada mes de enero.
IDEAL (La Cerradura), 6/01/2019