domingo, 22 de diciembre de 2019

Sonríe a la cámara


La vida se ha convertido en un selfi, y hay quienes no viven sin el refrendo de su cámara. Sonríen, posan, comprueban que siguen siendo ellos mismos y envían con un clic esa foto que los identifica efectivamente, pues los rasgos anatómicos de la cara son tan fiables como una huella dactilar. El problema está en el destinatario. ¿Una amiga, el Estado, la compañía telefónica? El gobierno chino cuenta con doscientos millones de cámaras para identificar a la población, y utiliza el control facial como medida de seguridad, que es la menos segura de las medidas en lo que a la intimidad se refiere. Pero basta un móvil de última generación para comunicar vía satélite qué haces o dónde vives. Y ya nos fotografiamos nosotros mismos alegremente para necesitar cualquier control externo adicional. Uno no puede estar seguro de que no lo estén grabando cuando pasea, se divierte o trabaja, pues la mayoría de la gente por desconocimiento o mala fe no respeta los datos de carácter personal. Es más importante grabarse debajo de un bemol gigante o fotografiar la rueda de la fortuna en luz municipal que dejar que camine la gente que no soporta el furor de la marabunta. Las propias ciudades están cambiando su fisonomía, y los centros de Granada, Málaga o Sevilla pronto se verán vaciados de vecinos, sustituidos por turistas de tránsito que no sabrán cómo vivían los aborígenes, exiliados en los barrios periféricos. ¿Se identifican también las ciudades por reconocimiento facial? ¿No por las costumbres de sus habitantes o por su cultura? Los alcaldes se parecen más hoy a vendedores de eventos, convencidos de que las ciudades deben ser parques temáticos. Y las fiestas navideñas se convierten en la excusa perfecta para ilustrar el despropósito. Cara, careta, caradura, ¿dónde ha quedado la sabiduría popular? La jueza del caso Nazarí ha encontrado indicios de hasta seis delitos: asociación ilícita u organización criminal, prevaricación común y prevaricación urbanística, tráfico de influencias, malversación de caudales públicos y contra la ordenación del territorio, que resultan ilustrativos de cómo entendían algunos la política y la gestión pública en Granada. Música y luces. ¿Entrarán también las cámaras en los plenos del Ayuntamiento? Según el Tribunal Supremo, los ciudadanos pueden grabar las sesiones, pues ayudan a crear una opinión pública libre, aunque sólo sea sobre aquellos que sonríen al objetivo después de llamar soplapollas al personal. Las cosas que se lleva la gente a la boca. El mundo ya no es como lo vemos. Necesitamos el filtro de una cámara.
IDEAL (La Cerradura), 22/12/2019

lunes, 16 de diciembre de 2019

Cluedo


Si el proceso de investidura fuera como el Cluedo, tendríamos muchos candidatos para el politicidio, aunque en este juego se utiliza más la mentira que otras armas convencionales, como el puñal, el candelabro o la pistola. ¿Quién será el coronel Rubio, la señorita Celeste o el profesor Mora? La ventaja es que el tablero se limita al Congreso de los Diputados y al Palacio de la Moncloa. Las acusaciones son variadas, aunque hay quien las reduce a pactos secretos con secesionistas y terroristas, por simplificar los problemas de España. Pero ¿y si los problemas se encontraran en el propio juego, o quizá en las reglas? Porque los políticos españoles parecen preocupados únicamente por ganar la partida. Y quizá no haya partida, ni siquiera juego. El candidato Pedro Sánchez negocia con ERC la solución del conflicto catalán cuando lo que se está jugando es la investidura. ¿Cómo va a negociar un solo partido catalán un problema de todos los catalanes? ¿Cómo van a negociar un presidente en funciones y un único partido nacional los problemas territoriales de España? Quizá Pedro Sánchez sea la señora Blanco y Pablo Iglesias el padre Prado, pero no creo que averigüen que fue la señora Celeste la que asesinó a la señora Amapola con una tubería de plomo en la biblioteca. Tiran los dados y acusan a quienes les parece, sin tener en cuenta que la suerte que se juegan es la de todos los españoles. No sabemos lo que negocian, sólo que el presidente se reunirá con todos los presidentes autonómicos, con todos los representantes de los partidos, y lo dice como quien lanza un señuelo o una cortina de humo. ¿Nos impedirá la niebla ver el escenario del crimen? Si esto fuera una novela de Agatha Christie, quizá pudiéramos seguir los indicios y fiarnos de las pequeñas células grises, pero hay demasiadas pistas falsas. ¿Quién habla claro en España? Hay una confusión de gestos y de lenguas, y me temo que Pedro Sánchez no es que hable en la intimidad en catalán, como José María Aznar, es que simplemente no habla, o tal vez le lance alguna pregunta al espejo de pie que imagino en su dormitorio. “¿Hay alguien más bello que yo en todo el reino?” Santiago Abascal está tan mazas que apenas cabe en el traje, aunque para bello el Rey, al que quizá le estén tomando el pelo. ¿Tiene Pedro Sánchez la mayoría de la investidura asegurada? Sigue moviendo tu peón por el tablero y haz deducciones, pero no descubras tus cartas.
IDEAL (La Cerradura), 15/12/2019

lunes, 9 de diciembre de 2019

Constitución


El miedo que existe hoy a la reforma de la Constitución de 1978 tiene más que ver con el miedo a Vox y a los partidos nacionalistas en un parlamento fragmentado que a una reflexión serena sobre las reformas políticas y económicas que requiere la sociedad española. Porque la propia Constitución prevé los mecanismos de reforma, y no es un artefacto jurídico hermético ni hierático presto a estallar si se pulsa la clave errónea, como tampoco lo es la sociedad. Con 41 años recién cumplidos, la Constitución ya contempla la edad madura, e incluso tiene que lidiar con los nuevos partidos que reniegan de ella, como adolescentes descarriados que han olvidado demasiado pronto a quien les dio la vida. Afrontar la cuestión territorial se plantea como una tarea ineludible para afianzar el Estado autonómico frente a las corrientes recentralizadoras, y también blindar el Estado social, que en España pende de un hilo cuando se acerca una nueva crisis económica. En ese sentido, ante las alertas conservadoras sobre un gobierno del PSOE y Podemos, representaría una normalidad democrática tener a un vicepresidente o un ministro de Administraciones públicas catalán, y empezar a integrar de una vez desde la acción de gobierno las distintas visiones de España. Nada terrible en una democracia que recoge en la propia Constitución los hechos diferenciales –¿se acuerda alguien de que ya hay una relación de bilateralidad con País Vasco y Navarra, plasmada en materia tan sensible como la tributaria en el Concierto y el Convenio, respectivamente?-, y donde se puede hablar de responsabilidades compartidas, algo más importante que compartir la soberanía. Como comentaba Miguel Herrero de Miñón, uno de los siete “padres” de la Constitución y militante de partidos como UCD, AP y PP, “la plurinacionalidad no constituye amenaza alguna para la integridad de España, porque es parte esencial de su ser profundo. Pero sí es un grave riesgo para dicha integridad el desconocimiento de este rasgo constitutivo de su propia estructura”. Y es que, como también diría Herrero de Miñón, la realidad suele vengarse de quien la ignora, y los problemas no se solucionan ignorándolos, sino afrontándolos. Si se piensa un poco, Estado autonómico, federal o plurinacional no son más que conceptos, pues la realidad es que las comunidades autónomas constituyen ya la mayor de las Administraciones públicas españolas, y que tenemos dieciocho parlamentos donde se ejerce normalmente la autonomía política, que es esencialmente un “poder de autodeterminación”, tal como la definía Entrena Cuesta. Los que temen la diversidad política le hacen un flaco favor a la España constitucional.
IDEAL (La Cerradura), 8/12/2019

lunes, 2 de diciembre de 2019

La noria


Después de bolas y caballos, escaleras mecánicas, ascensores y teleféricos, Granada ha encontrado por fin su símbolo: una noria. Por cinco euros, puedes contemplar en su esplendor la Alhambra y Sierra Nevada, divagar, girar sobre ti mismo, marearte y bajarte en el paseo del Salón, plataforma de una ciudad turística, siempre en feria. ¿Servirá la subida del IBI para pagar ese chirimbolo o el globo luminoso bajo el que la gente pasea en Puerta Real? Casi 300 millones de deuda municipal no son nada si convertimos la ciudad en el destino preferido en las Navidades y los ciudadanos pueden soñar un poco entre el cielo y el suelo. “Es el vuelo el mal de Granada”, le decía Federico García Lorca a Manuel de Falla o Manuel de Falla a Federico García Lorca. Con la factura de luz y columpios se podrían pagar muchos menús navideños, servicios sociales, los recibos aplazados de los proveedores, las deudas financieras, incluso terminar con los apagones de los barrios de la zona Norte, demasiado alejados del parque temático navideño. Porque si no tuviéramos la sierra, quizá hubiéramos hecho que nevara artificialmente. “Que tiemblen Málaga, Vigo y Madrid porque Granada va a estar en el mapa de las ciudades más potentes en alumbrado de Navidad”, nos cuentan desde el Ayuntamiento; pero más temblarán los vecinos de Almanjáyar cuando en la oscuridad de sus casas no puedan verse las caras. Lo curioso es que los dos partidos del gobierno municipal van cada uno por su cuenta, gestionando cada área como les parece, sin ningún proyecto de ciudad, salvo luces y norias. Y lo peor es que la política estatal va por el mismo camino, aunque no sé si erigirán un artefacto semejante en el Palacio de la Moncloa para mayor gloria de su inquilino, al que le gusta volar. Porque se teme que haya también dos gobiernos en uno con Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, y que en el tira y afloja entre estos dos gallos políticos se fragmente la parte catalana de España, que tal vez se hunda en el mar de la independencia. De chico, me subí una vez en una noria. Me pareció admirable el paisaje que contemplé desde el punto más alto del recorrido, cuando el aparato se inmovilizó durante unos minutos. Me gustó esa nueva perspectiva del mundo, que no había cambiado sin embargo al bajar. La política también es una noria, aunque, lamentablemente, los que se suben en ella no suelen volver nunca a poner los pies en la tierra. Menudo imán.
IDEAL (La Cerradura), 2/12/2019