jueves, 14 de diciembre de 2017

Desigualdad autonómica y reforma constitucional


La Constitución española no consagra la desigualdad ni los privilegios fiscales en la financiación autonómica. Si actualmente existen desigualdades y privilegios se debe solamente a la negociación (y a una mala gestión) política,  no  a cuestiones de técnica jurídica. De hecho, la evolución del sistema de financiación autonómica ha dado al traste con el Estado de las Autonomías tal y como estaba concebido en la Constitución de 1978, y los responsables de ello han sido, en última instancia, los sucesivos presidentes del Gobierno central desde la Transición hasta ahora. Y los presidentes autonómicos, claro, que han pecado de un egoísmo digno de estudio, empezando por el País Vasco, siguiendo por Cataluña y terminando en Andalucía, comunidades que han enarbolado siempre el “yo más”, el “yo también” o, simplemente, el socorrido “¿y yo qué?” Porque el Estado autonómico estaba previsto para las nacionalidades históricas –País Vasco, Cataluña y Galicia-, pero no para todas las regiones españolas, empeñadas desde entonces en convertirse en nacionalidades o naciones a secas, lo que han recogido en sus estatutos (Andalucía, Comunidad Valenciana, Aragón, Canarias, Islas Baleares), por eso del “y yo también”.

Y con ese punto de partida, necesariamente limitado en sus posibilidades, y esa deriva, el Estado autonómico es inestable, pues no estaba pensado para un Estado de diecisiete Comunidades Autónomas (más dos ciudades autónomas) que, en la práctica, funciona ya como un Estado federal. En ese sentido, no está de más recordar que la autonomía política que se ejerce normalmente en estos parlamentos es esencialmente un “poder de autodeterminación”, tal como lo definía Entrena Cuesta.

 Sin embargo, la Constitución española no recoge de manera concreta los recursos de las Comunidades Autónomas, y la remisión que hace el artículo 157 a una ley orgánica (la actual Ley Orgánica de Financiación de las Comunidades Autónomas) para establecer su sistema de financiación sólo ha propiciado negociaciones y tensiones políticas en el Consejo de Política Fiscal y Financiera, un organismo que no es el más adecuado para tomar decisiones que afectan a la financiación de las Administraciones públicas y a la postre a la propia organización territorial del Estado; y donde, dado su régimen jurídico, el Gobierno central suele imponer sus criterios. El lugar para definir el sistema de financiación de las Comunidades Autónomas es el Senado, que debe convertirse primero en una verdadera cámara de representación territorial.  

Pero ¿tan difícil es hacer un sistema de financiación estable? Pues sí, si tenemos en cuenta que los partidos políticos y sus líderes suelen preferir la demagogia a la pedagogía con la población y a la sincera negociación política. ¿Y qué hacer? Pues dejar las ambiciones políticas y las cuestiones identitarias al margen y afrontar una reforma serena de la Constitución de 1978, que, más que una reforma de calado, quizá necesite tan sólo unos cuantos remiendos.

Así, en lo que a la financiación autonómica se refiere, el propio texto constitucional debería efectuar un reparto adecuado de las fuentes de financiación disponibles entre todos los entes territoriales, garantizando no sólo la autonomía financiera de las Comunidades Autónomas, sino también la suficiencia financiera de la Hacienda local, tal como apuntó en su día Zorzona Pérez. Esto es, atendiendo a los niveles de competencias, proceder a un adecuado reparto de las fuentes de riqueza sobre las que recaen los diferentes tributos, de modo que quede garantizada su capacidad de obtención de recursos suficientes en todo tipo de coyunturas económicas y evitando dobles imposiciones.

Porque, en puridad, hoy no podemos hablar de titularidad de las Comunidades Autónomas (al menos las de régimen común) sobre los recursos tributarios recaudados en su territorio o de sus residentes, pues, fundamentalmente, estos recursos provienen de los impuestos estatales cedidos y, en menor medida, de los tributos propios. Sí podemos decirlo respecto al País Vasco y Navarra, por los regímenes del concierto y el convenio económico con el Estado, que es una de las primeras fuentes de inestabilidad del actual sistema, al generar malestar en aquellas comunidades que, con similares niveles de renta que las citadas, no tienen la misma capacidad de decisión respecto a sus políticas fiscales. Sin embargo, pienso que también sería posible decirlo de todas las Comunidades Autónomas si estos recursos están establecidos de una manera más concreta en la propia Constitución, especificando los tributos y las competencias en materia tributaria de cada administración territorial.

Más que a la conversión de España en un Estado federal, que no es más que una cuestión terminológica en relación con el Estado autonómico (lo apuntaban hace poco en su propuesta una decena de catedráticos de Derecho Constitucional coordinados por Santiago Muñoz Machado, entre los que se encuentra el catedrático de la UGR José Antonio Montilla Martos), a ese fin pienso que debería ir encaminada una futura reforma constitucional.

IDEAL, 14/12/2017

domingo, 10 de diciembre de 2017

Medir las palabras

Los buenos libros están llenos de hallazgos que te hacen levantar la vista del papel, meditar, subrayar esa frase o apuntarla en una libreta. Y en ese espacio de reflexión el pensamiento se ha transformado un poco, porque se trata de una revelación que da sentido a tu vida, el milagro cotidiano de que un escritor te cuente exactamente lo que tú querías decir. Con esas frases que seleccionamos de los libros y autores especiales escribimos nuestra propia biografía. Es lo que ha hecho Carmen Canet en el libro “Él mide las palabras y me tiende la mano” (Valparaíso Ediciones, 2017) que, desde el propio título, recoge aforismos en la obra de Luis García Montero. Y hay en ese trabajo una especie de reescritura, pues Carmen Canet, que escribe aforismos, escoge versos y frases que, aunque estaban contenidos en poemas y novelas, renacen en un nuevo género al individualizarse en el papel. Y es que “hay versos, imágenes, palabras que se deciden a poner patas arriba el mundo”. En eso consiste escribir aforismos, aunque Luis García Montero no lo haya hecho quizá conscientemente, y haya recibido como un regalo esta relectura de su obra. La mirada de Carmen Canet mide también las palabras para ofrecernos el pensamiento esencial del poeta y construir un breviario, una buena compañía. Parafraseando uno de los aforismos de la propia Carmen Canet (de “Malabarismos”, Valparaíso Ediciones, 2016), ella ha sabido transformar el fragmento en totalidad, y llevar a este libro el resultado de la íntima conversación que ha mantenido con uno de sus autores predilectos durante años. “Las palabras prestadas de otros escritores son el bagaje que la lectura nos deja”, escribe Carmen. En este sentido, los libros que fundamentan esta selección son todos los libros de poesía publicados por Luis García Montero desde 1980 hasta la actualidad, así como sus novelas, por lo que esta lectura define a un autor cuyas reflexiones, como la propia Canet explica, “conforman un ámbito de lucidez donde la identidad y la voz propia de su implicación moral, honesta y militante rebasa lo puramente literario”. Y de la lectura de este libro eso resulta incuestionable, aunque vivamos en una ciudad que presta mucha más atención a las máscaras y al personalismo, y donde la envidia se cobra precios que la inteligencia no siempre puede pagar. Aunque yo prefiero las obras a los personalismos, y a veces incluso a las personas. “Él mide las palabras y me tiende la mano”; eso es lo que solemos pensar los lectores de Luis García Montero.

IDEAL (La Cerradura), 10/12/2017

domingo, 3 de diciembre de 2017

Cicuta

La dignidad sigue a veces extraños caminos, y la ha mostrado al suicidarse el exgeneral bosniocroata Slobodan Praljak, que bebió el pasado miércoles un veneno después de escuchar la sentencia condenatoria del Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia. El hombre lo hizo además ante las cámaras, por lo que el acto tuvo un punto de teatralidad que rápidamente han explotado los medios de comunicación, comparándolo con otros suicidas-genocidas como Hermann Göring, que apareció muerto en su celda el 15 de octubre de 1946, pocas horas antes de ser ejecutado tras la condena del tribunal de Núremberg. Pero Slobodan Praljak negaba ser un genocida y un criminal de guerra; más bien se consideraba un patriota, alguien que, siendo ingeniero, licenciado en Filosofía y Sociología, escritor y director de cine y teatro en Croacia, sufrió la fiebre nacionalista para ser despojado de su derecho a decidir y a no matar durante la guerra, pero que años después ha elegido libremente acabar con su propia vida. Un hombre cuya trayectoria provoca rechazo y vergüenza, pero que no es muy diferente a la de otros líderes en tiempos de paz. Consejeros delegados de grandes empresas que consienten también la exclusión y la muerte de sus semejantes en otras partes del mundo, niños que trabajan para sus filiales en condiciones paupérrimas, o la pobreza de los trabajadores de la sede nacional, que cobran un sueldo mínimo 207 veces inferior al de sus jefes, como ocurre en las compañías del IBEX 35, según denunciaba esta semana la ONG Oxfam Intermón. Pero aquí se trata de una guerra silenciosa, con muertos silenciosos, y donde nadie ingerirá un veneno si no hay una condena. ¿Alguien se acuerda ya del suicidio del expresidente de Caja Madrid, Miguel Blesa? Sin duda se trató de un hecho excepcional, pues lo normal en España es sacar pecho después de hacer un estropicio, “defendella, y no enmendalla”, aunque como Puigdemont tengas que huir a Bruselas. De hecho, la mayoría no se va a ningún lado, sino que sigue ocupando un cargo en el partido, o manteniendo el acta de concejal en el Ayuntamiento, o disfrutando de un retiro dorado en una fundación o cualquier otra institución de supuesto interés público. Cuenta Tácito que Séneca, condenado por Nerón, trató de matarse por tres medios: cortándose las venas, bebiendo cicuta y, finalmente –no funcionaron los dos primeros métodos-, por asfixia en un baño de agua caliente, pues tenía asma. Hay muertes y vidas poco ejemplares, pero el bien y el mal dependen de cada uno.

IDEAL (La Cerradura), 3/12/2017

domingo, 26 de noviembre de 2017

Único sentido

Resulta sintomático que los ayuntamientos de las ciudades más importantes de España, Madrid y Barcelona, sean también los más intransigentes. O mejor dicho, lo son sus alcaldesas, Manuela Carmena y Ada Colau, que llegaron con aire de renovación y ahora parecen dos madres superioras del ecologismo y el independentismo, respectivamente. Y mal entendidos, claro. La primera, después de cerrar el centro al tráfico, ha pensado en regular calles de sentido único también para los peatones, que serán vigilados por la policía desde los tejados de los edificios. No creo que ni a Franco se le hubiera podido ocurrir la peregrina idea de trazar en un plano de Madrid el trayecto que deben seguir sus ciudadanos, aunque sea para evitar aglomeraciones en los aledaños de la Puerta del Sol, a la que se accederá por la calle del Carmen y de la que se saldrá por la calle Preciados hacia Callao, con lo que se marca también la ruta comercial desde el Black Friday hasta Navidad. Pero ¿y si alguien cambia de opinión y quiere darse la vuelta? No se la ha dado Ada Colau, que después de emprenderla con el turismo ha pensado que lo mejor es convertir en turistas a los propios barceloneses, sin salir de casa, con su ayuntamiento erigido en símbolo de la independencia. Y es que son dos alcaldesas tan progresistas que parecen haber perdido la cabeza. Curiosamente, Granada, siendo una ciudad mucho más pequeña, comparte con estas capitales los mismos problemas: la contaminación, el tráfico, las aglomeraciones, el déficit de las cuentas públicas y hasta los deseos de independencia. Según el informe que ha publicado la Cámara de Cuentas, el Ayuntamiento incumplió los planes de ajuste desde el año 2012, y según explicaba el actual concejal de Economía, Baldomero Oliver, la deuda municipal ascendió en los tres años que el PP tenía mayoría absoluta de 6,8 millones en 2013 a 60 millones en 2016. Algo que su antecesor en el cargo, Francisco Ledesma, achaca ¡a la poca colaboración del PSOE! Y es que, para algunos, el pensamiento tiene también un único sentido. Sin embargo, la ciencia nos dice que dirección es la línea recta en la que se mueve un objeto; y sentido, cada una de las dos posibilidades que podemos tomar en una dirección. Me ha gustado que este año el Premio García Lorca haga un viaje de ida y vuelta de Granada a Barcelona en las manos de Pere Gimferrer. En España se trazan demasiadas direcciones de un único sentido.

IDEAL (La Cerradura, 26/11/2017)

domingo, 19 de noviembre de 2017

Rufianes

Resulta sorprendente que algunas personas tengan un escaño en el Congreso de los Diputados, expresión (a veces) de la soberanía popular. Porque, si los diputados son elegidos por el pueblo, ¿tenemos que creer que una parte significativa de los ciudadanos es como Gabriel Rufián? Teniendo en cuenta que hay quien se ha educado con TV3 o con el resto de cadenas de televisión españolas públicas y privadas que, con la salvedad de La 2, exhiben un nivel cultural paupérrimo, la respuesta debe ser: sí, estamos creando una sociedad de rufianes. Y a lo mejor hay quien se acuerda ahora del desmantelamiento del sistema educativo. O de la cesión de la competencia en educación a las Comunidades Autónomas, empeñadas en tener su propia televisión pública, sus propios libros de texto y su propia idea de España, cuando no de los propios ciudadanos. Porque Rufián no es muy distinto a otros jóvenes españoles que sólo son tolerantes consigo mismos. La diferencia es que Rufián hace botellón en el Congreso, y no en algunos pisos del barrio de los Pajaritos, en Granada, que puede volverse infernal por la noche, con ¿estudiantes? cantando o vomitando por los balcones, como el diputado de ERC desde su escaño. No me parece tampoco una casualidad que las películas españolas más taquilleras de los últimos años lleven títulos como “Ocho apellidos vascos”, “Ocho apellidos catalanes” o “Torrente 2: misión en Marbella”; ni que representen una España retrógrada, con personajes folclóricos y arquetípicos de lo peor del Estado autonómico, que sin embargo vemos también en el Congreso, donde esta semana ha empezado a trabajar la comisión que estudiará una posible reforma de la organización territorial del Estado y de la  Constitución española. Según el CIS, el 40% de la población quiere que el Estado de las Autonomías siga como está, el 14% que éstas tengan mayor nivel de autogobierno, y el 11% volver a un Estado central; el resto, pasa del tema. ¿Nuestra clase política está en la realidad?  La realidad, como la política, se ha convertido en nuestro país en un espectáculo del que apenas nos saca la constatación de que se ha suspendido la autonomía de Cataluña y que la Constitución y las leyes se aplican, aunque haya quien no lo entienda. Del estupor provocado por el procés hemos pasado al hartazgo y al postprocés, que para algunos es una especie de postverdad en la que únicamente importa lo que ellos cuentan. ¡Un poco de silencio, por favor! Aunque sólo sea para no tener que escuchar a tantos rufianes.

IDEAL (La Cerradura), 19/11/2017

domingo, 12 de noviembre de 2017

Fantasía

Vivimos en una sociedad tan infantil en algunos aspectos que a veces uno se asombra de su mera existencia. Según el día de la semana, lo mismo el mundo se acaba que cruza una nueva frontera. Es como si el ser humano evolucionara e involucionara a la vez, por lo que puedes desayunar con la amenaza del cambio climático –vista desde un satélite, la mitad de España es un desierto, y no sólo a nivel político- que cenar en la era de Ultrón. Ya ni siquiera nos extraña que Puigdemont despotrique en Bruselas en el intento de quebrar también la UE, ni que, después de un año, Donald Trump sea capaz de ganar unas nuevas elecciones en USA, según las encuestas. Pero es que hay tanta gente convencida de vivir en su propio mundo que cualquier cosa es posible, la peor y la mejor. Hasta la empresa Disney, reina de la industria del entretenimiento, se ha dado cuenta, y se dedica a hacer remakes de sus películas de dibujos animados, por lo que trabaja con actores reales para “dar vida” a lo que sólo eran personajes de animación. Como metáfora de lo que ocurre en el mundo de las ideas no está nada mal. Por lo visto, Beyoncé va a interpretar el personaje de Nala, la novia de Simba en “El rey León”, película que algunos periodistas tildan de “clásico” sin sonrojarse. Quizá sí lo sea la película que da título a esta columna, “Fantasía”, que reinterpreta desde la animación obras de Bach, Tchaikovski, Dukas, Stravinski o Beethoven, pero tanto remake suena a chiste. Acaso tenga algo que ver que “El rey león” haya sido una de las películas más taquilleras de la historia, y sin desmerecer la participación de Elton John, Tim Rice o Hans Zimmer, resulta asombroso que se hayan vendido catorce millones de copias de la banda sonora. Ya no recuerdo si me quedé dormido con esta película –probablemente sí y por eso no me acuerdo-, pero el empeño de Disney por resucitar meros dibujos con personajes reales, como ha ocurrido con “Alicia en el país de las maravillas”, “La Cenicienta”, “El libro de la selva” o “La bella y la bestia”, revela la intención de fidelizar a un público que creció con estas películas: un público que sigue siendo esencialmente infantil treinta años después. Y es que si la realidad gusta de las simetrías y los leves anacronismos, como escribiera Borges, y éstos son cada vez más vergonzosos, hay quien prefiere continuar abrazando la fantasía.

IDEAL (La Cerradura,12/11/2017)

domingo, 5 de noviembre de 2017

Prófugos

Se ve que ni el propio expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, se ha creído lo de la república catalana, pues ha salido corriendo a Bélgica para ver si lo acoge algún flamenco entre sus alas. Si al final este hombre nos va a dar pena, aunque antes de irse haya quebrado a toda una comunidad autónoma y a buena parte de las personas que siguen viviendo en ella. Menudo fill de la chingada, que es como se llaman unos a otros algunos políticos en esta Cataluña sin cabeza. Por lo menos, no se ha ido corriendo con el botín como el clan Pujol, que ni siquiera se ha molestado en exiliarse. “Total”, pensaban, “si este país soy yo”. Y todavía lo piensa demasiada gente, que no entiende de otras leyes que las propias, a pesar de que no puedan denominarse así, al no ser aprobadas por un procedimiento democrático. Oriol Junqueras y ocho exconsejeros del expresidente fantasma han ingresado esta semana en la cárcel, y hay quien se sorprende, quizá porque en España estamos acostumbrados a que la legalidad se cuestione por parte del poder político. De hecho, los argumentos con los que se ha criticado el auto de la magistrada de la Audiencia Nacional Carmen Lamela han sido políticos y no jurídicos. Que si no ha sido la decisión más prudente. Que si ha sido demasiado severa. Que si se le están dando más razones al independentismo. Que si se van a judicializar las elecciones. Pablo Iglesias y Ada Colau hablan de presos políticos y piden la amnistía, cuando la realidad es que todavía no se ha condenado a nadie y sólo se está aplicando una medida cautelar, dado que existe un riesgo real de fuga, como ha ilustrado el presidente Puigdemont, que está sin embargo dispuesto a entregarse a la justicia belga, acaso para ser inmortalizado como un revolucionario y no como un caganer. Pero si uno lee el auto de la magistrada Lamela, lo que le sorprende es que estos señores y señoras no hayan entrado en la cárcel antes, porque sólo el relato de los hechos es una crónica criminal que evidencia un plan perfectamente meditado para fracturar un país por encima de cualquier otra consideración política, jurídica, económica o personal. En un mitin celebrado el 8 de septiembre, Puigdemont les pedía a los ciudadanos que se enfrentaran a los alcaldes para que los dejasen votar: “Vosotros les pagáis y ellos os tienen que rendir cuentas”. Pero los ciudadanos no pueden huir. Ésa es la diferencia.

IDEAL (La Cerradura), 5/11/2017