domingo, 9 de diciembre de 2018

María de la Constitución

El desacuerdo de los partidos para reformar la Constitución española ilustra su inoperancia, pues nada debería resultar más natural en un Estado democrático. Porque la Constitución no es esa grave señora algo artrítica que nos presentan a veces, sino una ley de leyes que va adquiriendo su madurez, pero todavía lozana e inexperta en algunos aspectos de su personalidad. Así, consolidar las pensiones y los derechos sociales y llevar a su máxima expresión el Estado autonómico con un nuevo sistema de financiación son tareas ineludibles, aunque la propia democracia parezca viciada por sus organizaciones políticas, que han perdido su razón de ser. No conectan con los ciudadanos porque están más preocupadas por mantener el poder, algo que resulta más evidente en aquellos candidatos que no tienen otra profesión que la política y que saben poco en realidad de la sociedad que pretenden dirigir y de los trabajadores y profesionales que dicen representar. Por eso no es de extrañar que un partido como VOX haya obtenido doce escaños en Andalucía con mensajes meridianamente claros –algunos bien lamentables- que han conectado con miles de personas hartas de programas grandilocuentes y una realidad cruda, como la que revela las estadísticas de la Agencia Tributaria, que señala que la mitad de los asalariados de Granada no ganan más de 825 euros. Una miseria. Parte de la clase política hace un discurso tan vacío de contenido que aparenta carecer incluso de ideología, como si cambiase de forma de pensar según las tendencias de las redes sociales o la evolución del cambio climático. En Podemos, por ejemplo, se ve que a pesar de tener títulos universitarios algunos carecen de una mínima educación cívica que les permita mostrar respeto en el Parlamento al Rey y a la propia Constitución, que les guste o no son las instituciones que permiten su subsistencia. Porque si no hay acuerdo en lo más básico, que son las normas de convivencia, no vamos a ninguna parte. Lo primero que debería presidir cualquier programa político son los derechos humanos, en España o en cualquier país, pero hay dictadorzuelos que creen que sólo tienen derechos los que piensan de una determinada manera, y esto vale para Gabriel Rufián, Santiago Abascal o Pablo Iglesias. Incluso vale para Albert Rivera, Pablo Casado y Pedro Sánchez, el presidente español que más recursos públicos utiliza para viajar y paradójicamente el de menor influencia internacional y doméstica. Por cierto, ¿no hay en España una candidata sensata a la que podamos votar? Una María de la Constitución, por ejemplo.
IDEAL (La Cerradura, 9/12/2018)

lunes, 3 de diciembre de 2018

Venezuela


La ceguera más lamentable es la que provoca la propia ideología, cuando te impide apreciar la realidad. Y más cuando se trata de una realidad lacerante, la de un país donde no existen los derechos humanos y se aboca a la miseria a millones de personas. Tenía muchas ganas de conocer la realidad de Venezuela, de la que sólo sabía por las informaciones contradictorias de los medios de comunicación y por las declaraciones de algunos políticos españoles, que hablan desde el desconocimiento o desde el más puro cinismo. Y ahí tenemos a José Luis Rodríguez Zapatero y a Íñigo Errejón, que deben de haber visitado una Venezuela que no es de este mundo. Porque en la Venezuela de hoy no existe ninguna noción de normalidad, algo que es palpable desde que uno aterriza en el aeropuerto de Caracas, donde ya se respira la dictadura, con una hiperinflación que impide a la mayoría de las personas cubrir las necesidades básicas, y donde el sueldo mensual de un profesor universitario, por ejemplo, no te da para completar una cesta de la compra diaria. Un país donde sólo hay ya dos clases: los que han decidido quedarse aun malviviendo para levantar el país y los que se mueren de hambre. Porque había otras personas, que ya se han ido a buscarse la vida a otra parte. Y no se trata de jóvenes, sino de padres y madres de familia que no tienen quien les acoja. Pero hay una tercera clase, sí, la de un régimen que continúa esquilmando uno de los países con mayores recursos naturales del mundo. Porque las democracias son más frágiles de lo que creemos, y los derechos hay que ejercerlos y defenderlos, pues cuando uno empieza entregando la dignidad puede terminar perdiendo la vida. Y eso vale tanto para Venezuela como para España. Aquí todavía podemos caminar tranquilos por la calle, eso sí. En Caracas, las calles están desiertas a partir de las seis de la tarde. Un toque de queda que ni siquiera tiene que declarar el régimen chavista, porque ya está dictado por el miedo, la inseguridad y la pobreza. Pero aún quedan algunos oasis, como la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), donde esta semana se ha celebrado la III Feria del Libro del Oeste, que tenía como país invitado a España. Una España que, sin embargo, hoy mira para otra parte, y donde no existe unanimidad para condenar una dictadura que está acabando con la vida de muchos venezolanos y españoles. Ayudarlos es también nuestra responsabilidad.
 IDEAL (La Cerradura), 2/12/2018

domingo, 25 de noviembre de 2018

PlayStation


Pues no va a ser 1984 la distopía que ya protagonizan nuestros partidos políticos, sino 1941, esa comedia en la que un submarino japonés interrumpía el tranquilo baño de una nadadora en la costa de California, u “Horizon Zero Dawn”, el juego apocalíptico para consolas en el que nuestros adolescentes investigan las causas del fin de la civilización. Lo mismo están en los propios políticos, dispuestos a convertirse en una pesadilla que salte de las instituciones y los mítines a las pantallas de tu teléfono móvil. Ya no se trata de fabricar noticias según las tendencias de las redes sociales, sino programas políticos al gusto del consumidor. Si por lo menos pudiéramos elegir el perfil de los candidatos y educar, por ejemplo, a personajes como Gabriel Rufián, para dotarlos a golpe de clic de inteligencia, no estaría tan mal convertir la política en un videojuego, que es a lo que actualmente se parece, sobre todo las sesiones del Congreso. Pero no. Lo que va a permitir la ley que paradójicamente lleva como título la Protección de Datos y Garantía de Derechos Digitales, es que los partidos políticos, coaliciones y agrupaciones electorales puedan utilizar datos personales obtenidos en páginas web y otras fuentes de acceso público para la realización de actividades políticas durante el período electoral. Es decir, que como usted lleva años proporcionando datos personales en las redes sociales sin sonrojarse, los partidos van a contactarle según su perfil digital sin mostrar por ello tampoco ningún pudor. ¡Y qué sorpresa se van a llevar algunos cuando sea un partido y no otro el que llame a su WhatsApp! Porque usted puede creerse progresista y de izquierdas, pero quizá sus opiniones y exabruptos le conviertan en un votante ideal para la extrema derecha. Los mismos políticos son inclasificables, y si algunos se analizasen con el dichoso algoritmo, saldrían con un perfil del tipo “Autómata”, otro juego que causa furor entre los adictos a la Play. Porque debía llegar un momento en que los videojuegos persiguieran a los jugadores cuando salieran de casa. Los partidos quieren convencernos de que saben mucho mejor que nosotros lo que pensamos, y por tanto lo que necesitamos. Y hablo de partidos políticos, esos extraños engendros que nacieron para hacer posibles las libertades y que hoy se han convertido en los adalides del Big Data. Porque no quieren ciudadanos, sino avatares que sean fácilmente manipulables. Así que apaguen la tele, el móvil y enciérrense en casa: vamos a jugar a la Play. Eso que llamábamos democracia.
IDEAL (La Cerradura), 25/11/2018

domingo, 18 de noviembre de 2018

Nuevos tiempos


Si tenemos que hacer caso a los eslóganes de los partidos y a las afirmaciones de los candidatos, el próximo 2 de diciembre viviremos en Andalucía una especie de resurrección para que al día siguiente –me temo- todo continúe exactamente igual. “Un tiempo que amanece”, “un tiempo nuevo”, “más Andalucía que nunca”, “ha llegado nuestro tiempo”, “Andalucía adelante”, “ahora sí…” La realidad es que en Andalucía el reloj se detuvo hace casi cuatro décadas, y por eso continúa siendo la comunidad autónoma con mayor desempleo y menor número de empresas. Sin embargo, Susana Díaz ha presentado al PSOE-A en Granada como modelo de gestión, comparándola con la del alcalde Francisco Cuenca, que quizá se tragó un par de sapos económicos cuando la escuchó, aunque no se le agriara por eso su permanente sonrisa. Y es que el optimismo de nuestros políticos parece una enfermedad congénita, aunque luego la verdad estadística te aclare que 7 de cada 10 empresas granadinas declaran pérdidas, y el 73% en Andalucía. Y también parece ser una enfermedad el cinismo, pues Susana Díaz presumió de que el AVE ha llegado ha Granada gracias a la gestión del alcalde con el Gobierno del PSOE, cuando nadie ha visto aún a ese fantasma mecánico por ninguna parte. (“Que viene el AVE”, le dicen las abuelas ahora a los niños que no quieren dormirse. Y se duermen de aburrimiento, claro.) De hecho, Granada sigue siendo una ciudad prácticamente incomunicada con el resto de Andalucía y España, y uno no puede coger, por ejemplo, un autobús para viajar por la noche de Málaga a Granada. No hay. ¿Y un tren? No hay. Si uno llega de un vuelo internacional a Málaga (porque no puede viajar desde Granada) a las diez y media, tendrá que esperar hasta el día siguiente, a no ser que pague 150 euros a un taxista o utilice el vehículo particular. Y será por eso por lo que el Gobierno central ha decidido eliminar los vehículos diésel y de gasolina para el año 2040. Como tenemos unas Administraciones públicas tan previsoras y que invierten tanto en infraestructuras, dejaremos de viajar, simplemente, porque la otra opción será ir andando. ¡Qué gran medida para frenar el cambio climático! Por eso también el Ayuntamiento de Granada, que es práctico y previsor, ha decidido que las bicicletas vayan por la calzada y no por las aceras. En Granada, ¡serán los únicos vehículos en circulación! Y los ciudadanos seremos sanos y felices, eso sí. Pues, para ser nuevos tiempos, parecen bastante viejos.
IDEAL (La Cerradura), 18/11/2018

domingo, 11 de noviembre de 2018

Partidos políticos


No es de extrañar que los ciudadanos prefieran el fútbol a la política, que se ha convertido sin embargo en un deporte nacional. Hay quien pasa de lo uno y lo otro, pero tienen cosas en común: victorias, derrotas, árbitro, goles, bochornos y ridículos absolutos. El último esperpento político lo hemos vivido esta semana a cuenta del Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados, un tributo cedido a las comunidades autónomas, como la práctica totalidad de los impuestos estatales más importantes, salvo el de sociedades. Y el esperpento no lo ha protagonizado el Tribunal Supremo, sino todos los partidos políticos y el Gobierno. Si ya estaban convencidos de que no debían pagarlo los ciudadanos, ¿no han tenido tiempo de modificarlo o incluso eliminarlo desde el año 1993, que fue cuando se impuso en España? Después de la decisión del Tribunal Supremo de que debían seguir pagándolo los ciudadanos, ¿era necesario un Decreto-ley para modificarlo? ¿Cuáles son las causas “de extraordinaria y urgente necesidad” (lo que exige la Constitución) que justifican esta norma? La realidad es que, tratándose de un impuesto cedido a las comunidades autónomas, éstas tenían y tienen la capacidad para establecer deducciones y bonificaciones en la cuota, y las han aplicado para colectivos como los jóvenes o las personas discapacitadas. Pero dictar un Decreto-ley a raíz de la decisión de un tribunal, es cuestionar al poder judicial y a los jueces que, se equivoquen no, están garantizando la existencia del Estado de Derecho. Los mismos que han metido en la cárcel a Rodrigo Rato, Iñaki Urdangarin y a otros personajes que han personificado la connivencia del poder político y el económico. Porque la connivencia es ésa, y no la de los jueces. ¿Ya sólo se gobierna a golpe de decreto, de encuesta o de tuit y según la opinión de los ciudadanos? ¿Alguien se ha tomado la molestia de explicarles el impuesto en cuestión –que no es ninguna tasa, no son sinónimos- y el sistema de financiación del Estado y las comunidades autónomas? La extraña unanimidad entre los partidos políticos para cuestionar las decisiones acertadas o no del Tribunal Supremo sólo revela ignorancia. Desde luego lo que habría que promover es un sistema tributario más justo, algo que le corresponde al poder político. En un sistema ideal habría quizá un único impuesto sobre la renta, modulado según la capacidad económica y las circunstancias personales de los ciudadanos. Pero para ello quizá deberían desaparecer antes la mitad de las Administraciones públicas españolas, que están sobrefinanciadas. Que ruede la pelota.
IDEAL (La Cerradura), 11/11/2018

lunes, 5 de noviembre de 2018

Sopor mágico


En este largo fin de semana, esquivando vampiros y brujas, santos y difuntos, uno podía acudir al Centro Lorca y leer: “¿Qué hacer, Dios mío, para sacudir a Granada del sopor mágico en que vive?” Nada parece haber cambiado. En esta primera exposición desde la llegada de los fondos de la Fundación García Lorca al Centro, se habla de la relación de Federico con la ciudad, que sigue ensimismada entre la Sierra y la Vega. El poeta huye para convertirse en un hombre del mundo, pero Granada sigue atrayéndole fatalmente, hasta terminar con él. Una ciudad que, sin embargo, le está agradecida, y que sigue rindiendo homenaje a su hijo predilecto. En otra obra memorable, de Lawrence Durrell, leemos también: “Veo al fin que ninguno de nosotros puede ser juzgado por lo que ocurrió entonces. La ciudad es la que debe ser juzgada, aunque seamos sus hijos quienes paguemos el precio. En resumen, ¿qué es esa ciudad, la nuestra?” Durrell se refería a Alejandría, pero respecto a Granada, no creo que ni toda la obra de Lorca pueda contestar a esa pregunta. Aunque a mí me evoca el “Romance de la pena negra” y a Soledad Montoya. “-Soledad: ¿por quién preguntas/ sin compaña y a estas horas?/ -Pregunte por quien pregunte,/ dime: ¿a ti qué se te importa?/ Vengo a buscar lo que busco,/ mi alegría y mi persona./ -Soledad de mis pesares,/ caballo que se desboca,/ al fin encuentra la mar/ y se lo tragan las olas”. Una ciudad que parece tener el corazón roto y que sigue recordando una madrugada remota. En ese sentido, toda España es un bucle que vuelve una y otra vez al pasado, pero que nunca aprende de él. Con una clase política incapaz de asumir ni explicar la dictadura ni la transición, anclada en el enfrentamiento y el revanchismo, y que por eso revela muy poca cultura democrática. De hecho, los actuales dirigentes, con sus tesis y sus másteres espurios, cada vez que hablan demuestran desconocer la historia de su país, y el vídeo de Halloween que ha difundido esta semana el PP es otra prueba de la profunda incultura y la mentalidad infantiloide de una clase política que, si existiera una buena educación en España, no debería volver a las aulas de la universidad, sino a las del colegio. Y es que hay sopores de muchos tipos. Puestos a elegir, me quedo con Lorca: “-Soledad: lava tu cuerpo/ con agua de las alondras,/ y deja tu corazón/ en paz…”
IDEAL (La Cerradura, 4/11/2018)

domingo, 28 de octubre de 2018

El cadáver


La familia de José Ignacio Soto Roldán, un joven de la Malahá fallecido en Islandia, espera que los amigos puedan traer a España sus cenizas. Traer el cuerpo es demasiado caro, y esperan la autorización de las autoridades para poder incinerarlo. Somos poca cosa, y luego cabemos en una urna hermética que puede transportarse en cualquier mochila. José Ignacio había viajado hace unas semanas a ese país a buscar trabajo, y sufrió un infarto cuando se encontraba allí, curiosamente el país que vivió en el año 2008 la mayor crisis económica que se recuerda en el seno de la Unión Europea, con el colapso de sus tres principales bancos. José Ignacio debía de ser uno de esos jóvenes que se dedicaban a “la movilidad exterior”, como dijo una exministra de Trabajo de cuyo nombre no quiero acordarme. Pero la realidad es que él tuvo que viajar tres mil kilómetros para morir en una tierra prometida que no le dio la tranquilidad que esperaba. El periplo de su cadáver sería digno de una película de Frank Oz, salvo porque si no fuera por sus amigos, el ataúd de plástico todavía seguiría en el puerto de Reikiavik, entre cajas de verduras. Por suerte, José Ignacio no se ha enterado de nada. Quienes sufren son sus familiares y amigos, que no entienden tanto absurdo. Pero la odisea de su cadáver es una metáfora del mercado de trabajo español, aunque haya quien se niegue a aceptar las evidencias. Autónomos y trabajadores en precario ven cómo los partidos políticos disputan por los euros de sus cotizaciones a la Seguridad Social, una institución que podemos mantener a duras penas, y cuya caja se ha saqueado sistemáticamente en los últimos años para sufragar unas pensiones que cada vez son más ridículas. “Ahorre usted”, nos dicen, “hágase un plan de pensiones”. Pero ¿con qué? Si nos dijeran “hágase la luz”, tendría el mismo efecto, aunque para eso ya tenemos a Endesa y los impuestos sobre la energía, tributos indirectos que afectan por igual a ricos y a pobres, por eso de cumplir con los principios de justicia tributaria de la Constitución Española. Otro cadáver, que no tiene nada que ver con la desintegración territorial del Estado, sino con el reconocimiento de unos derechos sociales que no se garantizan por ley. Y son los partidos políticos que más dicen defender la Constitución los que han desmantelado el Estado Social y Democrático de Derecho. Los mismos que ahora se dedican a dar espectáculos lamentables en el Congreso. ¿Halloween?
IDEAL (La Cerradura),28/10/2018