domingo, 11 de noviembre de 2018

Partidos políticos


No es de extrañar que los ciudadanos prefieran el fútbol a la política, que se ha convertido sin embargo en un deporte nacional. Hay quien pasa de lo uno y lo otro, pero tienen cosas en común: victorias, derrotas, árbitro, goles, bochornos y ridículos absolutos. El último esperpento político lo hemos vivido esta semana a cuenta del Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados, un tributo cedido a las comunidades autónomas, como la práctica totalidad de los impuestos estatales más importantes, salvo el de sociedades. Y el esperpento no lo ha protagonizado el Tribunal Supremo, sino todos los partidos políticos y el Gobierno. Si ya estaban convencidos de que no debían pagarlo los ciudadanos, ¿no han tenido tiempo de modificarlo o incluso eliminarlo desde el año 1993, que fue cuando se impuso en España? Después de la decisión del Tribunal Supremo de que debían seguir pagándolo los ciudadanos, ¿era necesario un Decreto-ley para modificarlo? ¿Cuáles son las causas “de extraordinaria y urgente necesidad” (lo que exige la Constitución) que justifican esta norma? La realidad es que, tratándose de un impuesto cedido a las comunidades autónomas, éstas tenían y tienen la capacidad para establecer deducciones y bonificaciones en la cuota, y las han aplicado para colectivos como los jóvenes o las personas discapacitadas. Pero dictar un Decreto-ley a raíz de la decisión de un tribunal, es cuestionar al poder judicial y a los jueces que, se equivoquen no, están garantizando la existencia del Estado de Derecho. Los mismos que han metido en la cárcel a Rodrigo Rato, Iñaki Urdangarin y a otros personajes que han personificado la connivencia del poder político y el económico. Porque la connivencia es ésa, y no la de los jueces. ¿Ya sólo se gobierna a golpe de decreto, de encuesta o de tuit y según la opinión de los ciudadanos? ¿Alguien se ha tomado la molestia de explicarles el impuesto en cuestión –que no es ninguna tasa, no son sinónimos- y el sistema de financiación del Estado y las comunidades autónomas? La extraña unanimidad entre los partidos políticos para cuestionar las decisiones acertadas o no del Tribunal Supremo sólo revela ignorancia. Desde luego lo que habría que promover es un sistema tributario más justo, algo que le corresponde al poder político. En un sistema ideal habría quizá un único impuesto sobre la renta, modulado según la capacidad económica y las circunstancias personales de los ciudadanos. Pero para ello quizá deberían desaparecer antes la mitad de las Administraciones públicas españolas, que están sobrefinanciadas. Que ruede la pelota.
IDEAL (La Cerradura), 11/11/2018

lunes, 5 de noviembre de 2018

Sopor mágico


En este largo fin de semana, esquivando vampiros y brujas, santos y difuntos, uno podía acudir al Centro Lorca y leer: “¿Qué hacer, Dios mío, para sacudir a Granada del sopor mágico en que vive?” Nada parece haber cambiado. En esta primera exposición desde la llegada de los fondos de la Fundación García Lorca al Centro, se habla de la relación de Federico con la ciudad, que sigue ensimismada entre la Sierra y la Vega. El poeta huye para convertirse en un hombre del mundo, pero Granada sigue atrayéndole fatalmente, hasta terminar con él. Una ciudad que, sin embargo, le está agradecida, y que sigue rindiendo homenaje a su hijo predilecto. En otra obra memorable, de Lawrence Durrell, leemos también: “Veo al fin que ninguno de nosotros puede ser juzgado por lo que ocurrió entonces. La ciudad es la que debe ser juzgada, aunque seamos sus hijos quienes paguemos el precio. En resumen, ¿qué es esa ciudad, la nuestra?” Durrell se refería a Alejandría, pero respecto a Granada, no creo que ni toda la obra de Lorca pueda contestar a esa pregunta. Aunque a mí me evoca el “Romance de la pena negra” y a Soledad Montoya. “-Soledad: ¿por quién preguntas/ sin compaña y a estas horas?/ -Pregunte por quien pregunte,/ dime: ¿a ti qué se te importa?/ Vengo a buscar lo que busco,/ mi alegría y mi persona./ -Soledad de mis pesares,/ caballo que se desboca,/ al fin encuentra la mar/ y se lo tragan las olas”. Una ciudad que parece tener el corazón roto y que sigue recordando una madrugada remota. En ese sentido, toda España es un bucle que vuelve una y otra vez al pasado, pero que nunca aprende de él. Con una clase política incapaz de asumir ni explicar la dictadura ni la transición, anclada en el enfrentamiento y el revanchismo, y que por eso revela muy poca cultura democrática. De hecho, los actuales dirigentes, con sus tesis y sus másteres espurios, cada vez que hablan demuestran desconocer la historia de su país, y el vídeo de Halloween que ha difundido esta semana el PP es otra prueba de la profunda incultura y la mentalidad infantiloide de una clase política que, si existiera una buena educación en España, no debería volver a las aulas de la universidad, sino a las del colegio. Y es que hay sopores de muchos tipos. Puestos a elegir, me quedo con Lorca: “-Soledad: lava tu cuerpo/ con agua de las alondras,/ y deja tu corazón/ en paz…”
IDEAL (La Cerradura, 4/11/2018)

domingo, 28 de octubre de 2018

El cadáver


La familia de José Ignacio Soto Roldán, un joven de la Malahá fallecido en Islandia, espera que los amigos puedan traer a España sus cenizas. Traer el cuerpo es demasiado caro, y esperan la autorización de las autoridades para poder incinerarlo. Somos poca cosa, y luego cabemos en una urna hermética que puede transportarse en cualquier mochila. José Ignacio había viajado hace unas semanas a ese país a buscar trabajo, y sufrió un infarto cuando se encontraba allí, curiosamente el país que vivió en el año 2008 la mayor crisis económica que se recuerda en el seno de la Unión Europea, con el colapso de sus tres principales bancos. José Ignacio debía de ser uno de esos jóvenes que se dedicaban a “la movilidad exterior”, como dijo una exministra de Trabajo de cuyo nombre no quiero acordarme. Pero la realidad es que él tuvo que viajar tres mil kilómetros para morir en una tierra prometida que no le dio la tranquilidad que esperaba. El periplo de su cadáver sería digno de una película de Frank Oz, salvo porque si no fuera por sus amigos, el ataúd de plástico todavía seguiría en el puerto de Reikiavik, entre cajas de verduras. Por suerte, José Ignacio no se ha enterado de nada. Quienes sufren son sus familiares y amigos, que no entienden tanto absurdo. Pero la odisea de su cadáver es una metáfora del mercado de trabajo español, aunque haya quien se niegue a aceptar las evidencias. Autónomos y trabajadores en precario ven cómo los partidos políticos disputan por los euros de sus cotizaciones a la Seguridad Social, una institución que podemos mantener a duras penas, y cuya caja se ha saqueado sistemáticamente en los últimos años para sufragar unas pensiones que cada vez son más ridículas. “Ahorre usted”, nos dicen, “hágase un plan de pensiones”. Pero ¿con qué? Si nos dijeran “hágase la luz”, tendría el mismo efecto, aunque para eso ya tenemos a Endesa y los impuestos sobre la energía, tributos indirectos que afectan por igual a ricos y a pobres, por eso de cumplir con los principios de justicia tributaria de la Constitución Española. Otro cadáver, que no tiene nada que ver con la desintegración territorial del Estado, sino con el reconocimiento de unos derechos sociales que no se garantizan por ley. Y son los partidos políticos que más dicen defender la Constitución los que han desmantelado el Estado Social y Democrático de Derecho. Los mismos que ahora se dedican a dar espectáculos lamentables en el Congreso. ¿Halloween?
IDEAL (La Cerradura),28/10/2018

domingo, 21 de octubre de 2018

Emprendedores


Los planes del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de subir el sueldo mínimo a 900 miserables euros, han chocado con los profesionales autónomos, que temen ver incrementado el coste de las cotizaciones sociales de sus trabajadores. Hasta tal punto ha llegado la precariedad laboral, que el millón de empleadores autónomos que hay en España amenazaba con salir “a la economía sumergida”. Hace tiempo que perdimos la dignidad en la ordenación del mercado de trabajo, que va camino de convertirse en una ignominia. Una ignominia que se gesta en foros públicos, empresariales y universitarios donde se anima a nuestros jóvenes a convertirse en “emprendedores”, es decir a autoemplearse, porque, por lo visto, el mercado laboral ya no les puede ofrecer un trabajo ni un salario dignos. Así, se les anima a convertirse en buscavidas, que es otra manera de llamar a los pobres, que no pueden permitirse emplear a nadie con un sueldo de 900 euros, con el que hoy en día apenas se puede vivir. Qué sociedad más mezquina estamos haciendo. Absolutamente insolidaria. Y el peor ejemplo lo dan las Administraciones públicas. Las comunidades autónomas han sido incapaces de ponerse de acuerdo para acoger a los MENA que ya no caben en los centros de Andalucía, Ceuta y Melilla. Menores Extranjeros No Acompañados que son tan buscavidas como tendrán que serlo todos los jóvenes (hayan nacido aquí o no), pero que desde luego están mucho más curtidos en eso de buscarse las habichuelas e incluso jugarse la vida para saltar una valla o cruzar el Estrecho y que darían un brazo por la mitad del sueldo mínimo. Es como un circo romano donde hay que pelearse por las migajas de una sociedad dirigida por unas élites que encima insultan la inteligencia de esos jóvenes que tendrán (si pueden) que mantenerlas a ellas en el futuro. Emprendedor o MENA son términos tan vacíos de contenido como los bolsillos de la gente que tiene que llevarlos puestos como estigmas de una sociedad fracasada. ¿Adónde va la riqueza generada por trabajadores, autónomos y PYMES? “La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas”, escribió Karl Marx. Y su primo Groucho, más jocoso, añadió: “Fíjate en mí. Me he esforzado para llegar de la nada a la pobreza extrema”. Una frase que, lamentablemente, pueden suscribir demasiados emprendedores. Pero los responsables de esta política también prefieren a Groucho: “Estos son mis principios, y si no le gustan, tengo otros”. Nos conformaríamos con que sólo aplicasen los principios generales del derecho.
IDEAL (La Cerradura), 21/10/2018

domingo, 14 de octubre de 2018

Miedo


El relato de la política española parece haber cambiado de género: de la crónica negra ha pasado a convertirse en una historia de terror. Ese género que, según Stephen King, es comparable al gusto morboso de algunas personas por aminorar la marcha para contemplar un accidente de tráfico en la carretera. En España, los partidos políticos escenifican una colisión continua para polarizar a la opinión pública, incluso cuando llegan a acuerdos, como esta semana han alcanzado el PSOE y Podemos para presentar unos nuevos presupuestos del Estado. Pero no por ello (como el resto de los partidos) dejan de utilizar el lenguaje del miedo: a la derecha y a la izquierda, a la extrema derecha y la extrema izquierda, al populismo, al paro, a la pérdida de las pensiones, a la subida de los impuestos, a la fragmentación del Estado e incluso a la desintegración de España, al terrorismo o a una nueva crisis económica. Y, por eso mismo, lo que verdaderamente les da miedo a los ciudadanos son los propios partidos políticos y sus dirigentes, que si falsean sus títulos académicos y sus currículos –el debate nacional- lo mismo falsean también la realidad y las cuentas públicas. Sin embargo, la diferencia entre la política y la literatura es que quien sabe escribir puede hacerlo en cualquier género y sobre cualquier cosa, pero los políticos no suelen saber medir cuándo el relato del miedo puede convertirse en realidad. Porque si no creemos en la política tampoco creemos en la democracia, y ese es el verdadero peligro al que nos enfrentamos, pues los ciudadanos necesitan soluciones pragmáticas. A alguien que les diga que va a solventar los problemas sociales y que no se pierda en discursos vacíos, sino que adopte medidas concretas. Y eso explica el auge de todos los “ismos” que ascienden en las sociedades democráticas, personajes como Trump en Estados Unidos, Matteo Salvini en Italia, o que, en España, un partido como VOX sea tomado en serio por el resto de las fuerzas políticas, que se sienten amenazadas porque, en el fondo, son conscientes de que la ética y la profesionalidad en sus propias formaciones han decaído de una forma insostenible. Y ése es el problema, pues la política sigue siendo necesaria para que sobreviva la democracia como forma de gobierno y para asegurar el futuro. Los votantes apoyarán a quienes les convenzan de ello. La vida está llena de miedos pequeños y grandes, pero son los pequeños los que entendemos mejor. Es lo que debería preocupar a los partidos democráticos.
IDEAL (La Cerradura), 14/10/2018

domingo, 7 de octubre de 2018

Humo


En una sociedad que persigue ya abiertamente a los fumadores y cuya obsesión por la vida sana raya en un delirio sobre la vida eterna, llama la atención la permisividad que existe con la contaminación de nuestras ciudades, cuyo aire, en según qué calles, es irrespirable. Granada, como otras metrópolis, se levanta algunos días con un sombrero de polución semejante al hongo provocado por una bomba. Dióxido de carbono (NO2) y partículas (PM10) que inhalan todos los que caminan por la calle, deportistas o no. De hecho, la mala calidad del aire granadino sólo es comparable a la de ciudades industriales como Madrid o Bilbao. Pero con la industria automovilística hemos topado, y con una concepción urbanística que parece hecha por viciosos del Scalextric. En una ciudad tan pequeña como la nuestra hay quien no renuncia a coger el coche para hacer la compra, y la gente prefiere acudir al Nevada o a cualquiera de los centros comerciales que asolan la Vega que darse una vuelta por el barrio o por el centro histórico. Porque la ciudad debería ser peatonal, desde el Albaicín al Camino de Ronda, y reservar las calles para el transporte público. Que haya familias con tres o cuatro coches resulta ridículo y, más que subir los impuestos especiales sobre los combustibles o los tributos medioambientales, habría que gravar los artículos de lujo, que son los innecesarios. Este Gobierno, como han solido hacer los gobiernos anteriores, anuncia un “Plan Renove” de la flota automovilística para el año 2020, con el objetivo de sustituir los vehículos más antiguos por otros más modernos y menos contaminantes. Se estudian ayudas para las personas con menos recursos para que se compren un nuevo coche e incluso “vehículos alternativos”. ¿Y no deberían darles la misma ayuda a quienes renuncian a poseer cualquier vehículo? Incluso podría subvencionarse el transporte público para que sea gratuito. La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ha dicho esta semana que se ha animado a la industria automovilística a trabajar en innovación para sacar al mercado coches híbridos y eléctricos menos contaminantes y asequibles para los ciudadanos. Y ya me imagino las sonrisas de los dueños de las grandes marcas de coches alemanas investigadas por falsear los informes sobre la contaminación de los vehículos, mientras se fuman un puro. Y recuerdo un poema de Justo Navarro, titulado “Sobre las causas del hundimiento del III Reich”, que termina así: “Novias de blanco un cigarrillo/ encendían: el placer sumo./ Y entonces se volvió amarillo/ Berlín, ahogado por el humo”.
IDEAL (La Cerradura), 7/10/2018

domingo, 30 de septiembre de 2018

Cloacas


España es un lodazal en el que cada día nos levantamos con una noticia sobre los miembros del Gobierno. Debe de haber mucha gente dedicando tiempo y recursos a investigar el pasado de ministros y ministras, a los que también escrutarán el presente y de los que incluso adivinarán el futuro. Quieren su hundimiento, su dimisión, lo que me recuerda una novela de James Ellroy, “Los Ángeles Confidencial”, en la que políticos y autoridades son fotografiados con prostitutas, que previamente han sido operadas para que se parezcan a estrellas de cine. Y así tenemos a Pedro Sánchez, fotografiándose tan sonriente con Donald Trump, al que supuestamente despreciaba, en la cumbre del poder postizo. ¿Quién elegiría el vestido de las primeras Damas? Podría ser el excomisario Villarejo, que al parecer tiene vídeos comprometedores de media España. Menudo trabajo, el de bucear en las cloacas. Sólo falta publicar las grabaciones, para que la película pueda titularse “Sexo, mentiras y cintas de vídeo”, un éxito de los ochenta. Pero hay informaciones que resultan ridículas, como la que afecta a Pedro Duque, sin duda uno de los ministros más siderales que ha tenido la España democrática. A Duque se le acusa de poner una segunda vivienda a nombre de una sociedad, algo legal dentro del ordenamiento jurídico, aunque choca que el objeto de la sociedad sea la gestión y la promoción inmobiliaria. ¿Gestión y promoción de la propia casa? Quizá, cuando firmó los estatutos, el señor ministro estaba en la luna, pero debería haberse asesorado mejor. Total, lo que va a ahorrarse por el IRPF es una cantidad ridícula (una imputación de renta del 2% sobre el valor catastral de la vivienda), y teniendo su residencia en Madrid, poco va a pagar por el Impuesto sobre el Patrimonio. Otra cosa es la situación de Dolores Delgado, que inexplicablemente continúa siendo ministra de Justicia. Y lo único que se le ocurre al Gobierno es culpar a los medios de comunicación y amagar con regular la libertad de expresión. Pero es que hay políticos y políticos. Y ahí tenemos a un constitucionalista brillante, Baldomero Oliver, lidiando con el Miura de la hacienda municipal, en quiebra técnica. El Ayuntamiento tendrá que pagar 16,4 millones de euros a la promotora Vargas e Hijos por otro “pufo urbanístico” del PP, como lo ha definido Francisco Puentedura. Pero, para saldar esa deuda, ¿era necesario entregar el piso donde se encuentra el Centro Artístico? Se trata de un inmueble histórico, y un símbolo de la cultura en Granada. Otra pérdida lamentable.
IDEAL (La Cerradura), 30/09/2018