domingo, 14 de octubre de 2018

Miedo


El relato de la política española parece haber cambiado de género: de la crónica negra ha pasado a convertirse en una historia de terror. Ese género que, según Stephen King, es comparable al gusto morboso de algunas personas por aminorar la marcha para contemplar un accidente de tráfico en la carretera. En España, los partidos políticos escenifican una colisión continua para polarizar a la opinión pública, incluso cuando llegan a acuerdos, como esta semana han alcanzado el PSOE y Podemos para presentar unos nuevos presupuestos del Estado. Pero no por ello (como el resto de los partidos) dejan de utilizar el lenguaje del miedo: a la derecha y a la izquierda, a la extrema derecha y la extrema izquierda, al populismo, al paro, a la pérdida de las pensiones, a la subida de los impuestos, a la fragmentación del Estado e incluso a la desintegración de España, al terrorismo o a una nueva crisis económica. Y, por eso mismo, lo que verdaderamente les da miedo a los ciudadanos son los propios partidos políticos y sus dirigentes, que si falsean sus títulos académicos y sus currículos –el debate nacional- lo mismo falsean también la realidad y las cuentas públicas. Sin embargo, la diferencia entre la política y la literatura es que quien sabe escribir puede hacerlo en cualquier género y sobre cualquier cosa, pero los políticos no suelen saber medir cuándo el relato del miedo puede convertirse en realidad. Porque si no creemos en la política tampoco creemos en la democracia, y ese es el verdadero peligro al que nos enfrentamos, pues los ciudadanos necesitan soluciones pragmáticas. A alguien que les diga que va a solventar los problemas sociales y que no se pierda en discursos vacíos, sino que adopte medidas concretas. Y eso explica el auge de todos los “ismos” que ascienden en las sociedades democráticas, personajes como Trump en Estados Unidos, Matteo Salvini en Italia, o que, en España, un partido como VOX sea tomado en serio por el resto de las fuerzas políticas, que se sienten amenazadas porque, en el fondo, son conscientes de que la ética y la profesionalidad en sus propias formaciones han decaído de una forma insostenible. Y ése es el problema, pues la política sigue siendo necesaria para que sobreviva la democracia como forma de gobierno y para asegurar el futuro. Los votantes apoyarán a quienes les convenzan de ello. La vida está llena de miedos pequeños y grandes, pero son los pequeños los que entendemos mejor. Es lo que debería preocupar a los partidos democráticos.
IDEAL (La Cerradura), 14/10/2018

domingo, 7 de octubre de 2018

Humo


En una sociedad que persigue ya abiertamente a los fumadores y cuya obsesión por la vida sana raya en un delirio sobre la vida eterna, llama la atención la permisividad que existe con la contaminación de nuestras ciudades, cuyo aire, en según qué calles, es irrespirable. Granada, como otras metrópolis, se levanta algunos días con un sombrero de polución semejante al hongo provocado por una bomba. Dióxido de carbono (NO2) y partículas (PM10) que inhalan todos los que caminan por la calle, deportistas o no. De hecho, la mala calidad del aire granadino sólo es comparable a la de ciudades industriales como Madrid o Bilbao. Pero con la industria automovilística hemos topado, y con una concepción urbanística que parece hecha por viciosos del Scalextric. En una ciudad tan pequeña como la nuestra hay quien no renuncia a coger el coche para hacer la compra, y la gente prefiere acudir al Nevada o a cualquiera de los centros comerciales que asolan la Vega que darse una vuelta por el barrio o por el centro histórico. Porque la ciudad debería ser peatonal, desde el Albaicín al Camino de Ronda, y reservar las calles para el transporte público. Que haya familias con tres o cuatro coches resulta ridículo y, más que subir los impuestos especiales sobre los combustibles o los tributos medioambientales, habría que gravar los artículos de lujo, que son los innecesarios. Este Gobierno, como han solido hacer los gobiernos anteriores, anuncia un “Plan Renove” de la flota automovilística para el año 2020, con el objetivo de sustituir los vehículos más antiguos por otros más modernos y menos contaminantes. Se estudian ayudas para las personas con menos recursos para que se compren un nuevo coche e incluso “vehículos alternativos”. ¿Y no deberían darles la misma ayuda a quienes renuncian a poseer cualquier vehículo? Incluso podría subvencionarse el transporte público para que sea gratuito. La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ha dicho esta semana que se ha animado a la industria automovilística a trabajar en innovación para sacar al mercado coches híbridos y eléctricos menos contaminantes y asequibles para los ciudadanos. Y ya me imagino las sonrisas de los dueños de las grandes marcas de coches alemanas investigadas por falsear los informes sobre la contaminación de los vehículos, mientras se fuman un puro. Y recuerdo un poema de Justo Navarro, titulado “Sobre las causas del hundimiento del III Reich”, que termina así: “Novias de blanco un cigarrillo/ encendían: el placer sumo./ Y entonces se volvió amarillo/ Berlín, ahogado por el humo”.
IDEAL (La Cerradura), 7/10/2018

domingo, 30 de septiembre de 2018

Cloacas


España es un lodazal en el que cada día nos levantamos con una noticia sobre los miembros del Gobierno. Debe de haber mucha gente dedicando tiempo y recursos a investigar el pasado de ministros y ministras, a los que también escrutarán el presente y de los que incluso adivinarán el futuro. Quieren su hundimiento, su dimisión, lo que me recuerda una novela de James Ellroy, “Los Ángeles Confidencial”, en la que políticos y autoridades son fotografiados con prostitutas, que previamente han sido operadas para que se parezcan a estrellas de cine. Y así tenemos a Pedro Sánchez, fotografiándose tan sonriente con Donald Trump, al que supuestamente despreciaba, en la cumbre del poder postizo. ¿Quién elegiría el vestido de las primeras Damas? Podría ser el excomisario Villarejo, que al parecer tiene vídeos comprometedores de media España. Menudo trabajo, el de bucear en las cloacas. Sólo falta publicar las grabaciones, para que la película pueda titularse “Sexo, mentiras y cintas de vídeo”, un éxito de los ochenta. Pero hay informaciones que resultan ridículas, como la que afecta a Pedro Duque, sin duda uno de los ministros más siderales que ha tenido la España democrática. A Duque se le acusa de poner una segunda vivienda a nombre de una sociedad, algo legal dentro del ordenamiento jurídico, aunque choca que el objeto de la sociedad sea la gestión y la promoción inmobiliaria. ¿Gestión y promoción de la propia casa? Quizá, cuando firmó los estatutos, el señor ministro estaba en la luna, pero debería haberse asesorado mejor. Total, lo que va a ahorrarse por el IRPF es una cantidad ridícula (una imputación de renta del 2% sobre el valor catastral de la vivienda), y teniendo su residencia en Madrid, poco va a pagar por el Impuesto sobre el Patrimonio. Otra cosa es la situación de Dolores Delgado, que inexplicablemente continúa siendo ministra de Justicia. Y lo único que se le ocurre al Gobierno es culpar a los medios de comunicación y amagar con regular la libertad de expresión. Pero es que hay políticos y políticos. Y ahí tenemos a un constitucionalista brillante, Baldomero Oliver, lidiando con el Miura de la hacienda municipal, en quiebra técnica. El Ayuntamiento tendrá que pagar 16,4 millones de euros a la promotora Vargas e Hijos por otro “pufo urbanístico” del PP, como lo ha definido Francisco Puentedura. Pero, para saldar esa deuda, ¿era necesario entregar el piso donde se encuentra el Centro Artístico? Se trata de un inmueble histórico, y un símbolo de la cultura en Granada. Otra pérdida lamentable.
IDEAL (La Cerradura), 30/09/2018

domingo, 23 de septiembre de 2018

Barrio Sésamo


La infantilización mundial ha alcanzado a Barrio Sésamo. O quizá a las personas educadas por este programa de televisión, que discuten ahora sobre la sexualidad de Epi y Blas. ¿No eran marionetas? Lo mismo también se enamoran y se casan o se hacen la cirugía estética. A mí lo que me preocupa es que estas noticias salgan en el telediario. Uno nunca sabe si es porque de verdad le interesan a la audiencia o porque los productores quieren que la audiencia se convierta en marionetas, como Epi y Blas. Quizá por eso nuestros políticos pasan asimismo la mayoría del tiempo discutiendo si están dentro o fuera del parlamento. En uno de los episodios más conocidos de la pareja, Blas aparece sentado en un sillón, leyendo tranquilamente un libro titulado “Dentro y fuera”, y no para de reírse. Epi, que es más caótico y desordenado que su amigo, empieza a ilustrar la diferencia entre los dos conceptos entrando y saliendo repetidamente de la casa, desesperando a Blas. Pero, una de las veces, Epi no vuelve a entrar. Descentrado de la lectura e intrigado por el comportamiento de su amigo, Blas sale a buscarlo. Mientras, Epi ha vuelto a entrar por la puerta trasera y, al ver el asiento vacío, ocupa el lugar de Blas y empieza a leer el libro y a reírse. La última imagen muestra a Blas, atónito, mirando a Epi por la ventana desde el exterior de la casa. Si el libro en cuestión hubiera sido la tesis del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no sé si las dos marionetas se hubieran reído tanto, pero esta semana, políticos y periodistas no han hablado en el hemiciclo de otra cosa, como si ahora fueran investigadores y no políticos, y todos hubieran descubierto de pronto su vocación científica. “Copiar 300 o 500 palabras no puede llamarse plagio”, ha dicho la portavoz del PSOE, Adriana Lastra. Pero cualquier estudiante universitario sabe que sí lo es, y que equivale a un suspenso. Sin embargo, ¿tiene algo que ver esto con la acción de gobierno? Más que los títulos, lo que debería preocuparnos son las medidas concretas que proponen Pablo Casado o Pedro Sánchez sobre la inmigración o la subida de impuestos. Que vaya a modificarse el IRPF para gravar a las rentas altas, por ejemplo, aunque la medida implique una recaudación irrisoria dentro de los presupuestos. “Es una medida simbólica”, nos dicen. ¿Son un símbolo los impuestos? O estamos dentro o fuera de la realidad. Que nos lo expliquen de nuevo Epi y Blas.
IDEAL (La Cerradura), 23/09/2018

domingo, 16 de septiembre de 2018

Dedos


Si no estuviéramos acostumbrados a que a nuestros políticos falseen su currículo o a que simplemente no se les exija, no habría ningún problema con los másteres, trabajos o tesis de ministros y ministrables, de presidentes de partido o de gobierno. De hecho, tampoco lo habría si la mayoría de nuestros políticos fueran personas de talento, que son, por definición, las que no necesitan justificar ningún currículo. Porque no hace falta un buen currículo para ser diputado ni presidente del Gobierno, sino sólo haber sido elegido democráticamente. Otra cosa son los cargos de las instituciones públicas que no han sido elegidos por un procedimiento democrático, sino por el dedo de un partido. Y si España quiere ser un país democrático, debería eliminar de las Administraciones públicas a todos los cargos de libre designación. Porque cualquier organismo público o participado por la Administración debe ser dirigido por personas que hayan ganado un concurso de libre acceso, con los baremos publicados previamente y con los resultados y los méritos de los aspirantes publicados también en el boletín oficial correspondiente. De este modo libraríamos a los partidos de la tentación de señalar a los cargos entre los afiliados y a éstos del bochorno de sentirse ungidos o dependientes del poder. Sólo así tendrán algo de credibilidad la política o la cultura en un país donde lo primero que suele enseñarse a políticos y artistas es a prostituirse. Y eso abarca las convicciones, el ego y la propia obra. Partidos y administraciones están recorridos por redes clientelares, y hasta el Padrino sentiría compasión por tanta gente que sólo vive de hacer, recibir y devolver favores, una palabra que, en esos ámbitos, resulta equívoca. Y un descrédito para aquellos profesionales que trabajan en las Administraciones públicas y en los partidos, que también los hay. Personas que efectivamente tienen muchos años de experiencia en la gestión pública, y que de pronto quedan bajo sospecha al ser tocados o fulminados por el dedo del partido. ¿Por qué tienen que proponer cargos políticos al nuevo gerente de la Orquesta Ciudad de Granada? ¿Por qué debe nombrar el presidente del Gobierno a ministros, secretarios y directores varios? ¿Para hacer política? Sería interesante que, en las elecciones, los ciudadanos, más que listas elaboradas por los partidos, pudiéramos elegir a equipos de gobierno. Quizá así nos libraríamos de tantos fichajes estrella, tantas espantadas y tantas fantasmadas. Incluso ahorraríamos en el gasto público. Y es que los diletantes también pueden escribir una tesis doctoral titulada “El mamoneo en la historia de España”.
IDEAL (La Cerradura), 16/09/2018

domingo, 9 de septiembre de 2018

El reparto


Además de sobre los recursos tributarios, las comunidades autónomas deben discutir ahora sobre el reparto de los menores no acompañados o MENA (menudo acrónimo) que saturan los centros de acogida de Andalucía, Ceuta y Melilla. ¿A cuánto toca la solidaridad por habitante? ¿Puede medirse como la capacidad fiscal? La llamada frontera sur de Europa –aunque cruce el estrecho y se adentre en África- está colapsada, y la firmeza de los principios democráticos de las Administraciones públicas y de la sociedad en general se está poniendo a prueba. ¿Cuántos menores acogerá España? ¿Se pueden devolver a los países de origen con sus familias? Es lo que ha pedido Andalucía para el 70% de los menores, de nacionalidad marroquí. Pide más: que los que se acojan sean repartidos entre todas las Comunidades Autónomas (sólo Andalucía tutela al 36% de los MENA que han llegado a España). Algo que parece lógico en un país que, además de reconocer la autonomía de las regiones, establece el principio de solidaridad entre todas ellas, un principio que transciende la materia tributaria. O quizá no: en el fondo se trata de prestar servicios públicos a quienes se encuentren en el territorio nacional, vengan de donde vengan. Y la ley orgánica de protección jurídica del menor establece que “los menores extranjeros que se encuentren en España tienen derecho a la educación, asistencia sanitaria, y servicios y prestaciones sociales básicas, en las mismas condiciones que los menores españoles”. Por eso el Gobierno ha decidido destinar 40 millones de euros a las comunidades autónomas para que se repartan a los MENA, porque, siendo una cuestión social y de salvaguarda de los derechos humanos, se trata de una cuestión económica. Y, al parecer, también de una subasta. Andalucía, Cataluña, Ceuta y Melilla tutelan al 67% de estos menores, pero el resto de las comunidades se desentiende del problema. Y el problema tal vez sea que las competencias en materia de menores corresponden a las propias comunidades autónomas, que para su cumplimiento pueden tener procedimientos y estructuras administrativas diferentes. ¿No debería ser una competencia del Gobierno central? La descentralización no tiene razón de ser cuando se refiere a políticas que requieren una visión nacional, cuando no europea. Sobre todo, si en España los gobiernos central y autonómicos son incapaces de coordinar políticas comunes para que se apliquen en todo el Estado, sin que existan recelos o suspicacias. Y, en este sentido, España parece también un país adolescente, con las comunidades autónomas pidiendo, cada dos por tres, que les suban la paga.
IDEAL (La Cerradura), 9/09/2018

domingo, 2 de septiembre de 2018

Verano perpetuo


Mientras la mayoría de las personas ha contado las semanas del mes de agosto que ya se fue, hay algunas que continúan viviendo cada día como si fuera el último. Las encuentras rara vez en la ciudad, pero si decides dar un paseo hasta la fuente del Avellano, por ejemplo, y te adentras en la foresta, puedes hallar algún rastro de ellas: una manta, una botella o un bañador puesto a secar en una rama cerca del río. Incluso puedes toparte con esa persona que hace yoga en un claro del bosque, desnuda de felicidad. Y el caso es que el joven –de unos treinta años, alto y fibroso, pelo largo, rubio y rizado y una barba como la de Robinson Crusoe- tiene pinta de inglés huido del Brexit, pero su “buenos días” suena más castizo que el tuyo, y tú te sientes más desnudo que él, pues has interrumpido sus meditaciones. Y es que todo es una cuestión de actitud, y así, mientras te acercas a la orilla del río a refrescarte la cara dudando de si quizá termines despertándote en la cama, el joven saca un cepillo del interior de un árbol seco y empieza a barrer el suelo. “Vale”, te dices, “es simplemente un tipo en pelotas limpiando un roal del campo, que es como su salón. Tú échate más agua”. Tampoco debes preocuparte. No te llamas Viernes y Robinson sigue barriendo su casa, e incluso el recuerdo de que tú hayas pasado por allí, como un fantasma. Él vive en perfecta armonía con el entorno y eres tú quien tiene que deshacer el recorrido y regresar a la ciudad y a la bendita realidad. Eres el que debe mentalizarse durante el trayecto de que, aunque siga haciendo calor, el verano se ha acabado para ti, porque mañana tendrás que volver a la oficina. Eres el que tiene que sobreponerse al nudo que se te hace en el estómago de tan sólo pensarlo y a las ganas de gritar que odias el mes de septiembre y los domingos en que se acaban las vacaciones, esos días que llegan siempre demasiado pronto o demasiado tarde. Y esta noche, cuando inevitablemente te vayas a dormir y planees agónicamente la agenda de la jornada siguiente, te acordarás del cabroncete que te encontraste por la mañana en mitad del campo, un loco, sí, un tipo ridículo quizá, despojado de dinero y de ropa y que ha hecho suyo un trozo de la naturaleza; pero que vive tan libre como despreocupado un verano perpetuo.
IDEAL (La Cerradura), 2/09/2018