lunes, 21 de enero de 2019

Iraníes


El dinero es un pasaporte que carece de nacionalidad, y quienes exigen que los inmigrantes acepten los valores españoles y a los españoles que sean nacionalistas, no se avergüenzan sin embargo de recibir fondos de los Muyahidines del Pueblo de Irán, todo sea por asegurar la pureza de los hispanos. Porque se puede creer en Dios y reservarse el derecho de adorar al diablo, y el dinero musulmán resulta igual de útil que el cristiano. Así que aunque sea vox populi que nos financian los fanáticos de Oriente no nos damos por enterados. Vivimos en Occidente, y ya casi rozamos el poder. De hecho, hemos puesto a un sultán en la Junta de Andalucía y dentro de poco haremos lo mismo en el gobierno de España. Te lo juro por Snoopy y por Mohamed. Que todos los demás partidos no tienen las cosas claras, pero nosotros sí, que para eso contamos con el apoyo del capital financiero y de una secta. Que somos los hijos de los franquistas que ganaron la Guerra Civil y bebemos de la fuerza de nuestro santo, que duerme en el Valle de los Caídos. Porque algún día resucitará. Por eso vamos a cerrar las mezquitas y nuestras fronteras y, aunque recibamos dinero de Irán, no aceptaremos ninguna influencia externa. Que nosotros no somos Podemos, coño, que está implosionando por la financiación de Venezuela, y allí ya sabemos cómo ha acabado la cosa. Nosotros vamos a recuperar nuestro peso en Europa y en el mundo y, como cantaban los Nikis, seremos de nuevo un imperio. Con los Austrias y con los Borbones perdimos nuestras posesiones, pero esto tiene que cambiar. Nuestros nietos se merecen que la historia se repita varias veces. Lolololo… Seremos de nuevo un imperio… Lolololo... Y vamos a acabar con el despilfarro. ¡Fuera las comunidades autónomas! Aquí va a haber una única sanidad y un único sistema educativo. Por Mohamed. Que lo más importante es defender la vida, nuestras familias y nuestros valores. ¿Qué vida? ¡Coño, la nuestra! ¿Qué valores? Pues los nuestros. Se acabaron las subvenciones a partidos políticos, sindicatos y organizaciones empresariales. Y el Senado, cerrado. Por mis bemoles. Que no estamos locos y sabemos lo que queremos. Bajar el IRPF y que no haya impuestos. Procesar a todos los sublevados. Vivir la vida, igual que si fuera un sueño… que se pierde en el tiempo. Que no estamos locos y sabemos lo que queremos. Aunque eso sí. Puede que, en el fondo, tengamos un poco de iraníes. Dinero, claro.
IDEAL (La Cerradura), 20/01/2019

domingo, 13 de enero de 2019

Ilegales


Se ve que uno de los puntos de acuerdo entre el PP y Vox que va a propiciar la investidura de Juanma Moreno como presidente de la Junta de Andalucía es frenar la inmigración. O, quizá, utilizando el lenguaje voxista, proceder a la expulsión de los 52.000 “ilegales” que según este partido tiene “fichados” la administración autonómica, y a la repatriación de los menores, que propugna el PP. Resulta asombroso que parte de la clase política siga anclada en un imaginario mítico que ignora una realidad social multicultural y multiétnica. Y el desconocimiento de la legalidad de su propio país, claro, desde la Constitución española a la normativa de desarrollo que obliga a los servicios sociales a acoger a los MENA (Menores Extranjeros no Acompañados). De hecho, a pesar de las intenciones del PP y de VOX, proclamadas por Pablo Casado y compañía, la repatriación de los menores es excepcional, pues de acuerdo con el principio del interés superior del menor, esta sólo se producirá si se dan las condiciones para la efectiva reagrupación familiar del menor o para la adecuada tutela de este por parte de los servicios de protección del país de origen. Algo bastante difícil, entre otras cosas porque estos servicios, en aquellos países, brillan por su ausencia. De hecho, transcurridos nueve meses, las autoridades tienen la obligación de otorgarles a los menores la autorización de residencia, por lo que el PP, Ciudadanos y Vox harían bien en preocuparse por desarrollar medidas para integrar a estos inmigrantes en la sociedad de una manera efectiva. Empezando por la educación, esa competencia que por lo visto quieren devolver al Estado central. Y quizá fuera lo mejor, si son retrógrados los que van a gestionar la Comunidad Autónoma de Andalucía, algo por lo que trabajaron muchos andaluces y que culminó en el referéndum del 28 de febrero de 1980, una fecha de celebración democrática, muy distinta del 2 de enero de 1492, que sin embargo sigue inflamando el espíritu nacional de una parte de la población. Pero a mí me llama la atención el uso erróneo y a propósito de los términos. Porque migrar alude a cambiar de residencia, un derecho humano sin otras consideraciones políticas, económicas y jurídicas. Y si se trata de un derecho humano no puede haber inmigrantes “ilegales”, salvo en la mente de quienes los califica de tal modo. En todo caso serán extranjeros, que sí es un término jurídico, que alude a no tener la nacionalidad española. Una condición que suelen valorar mucho más aquellos a quienes queremos expulsar.
IDEAL (La Cerradura), 13/01/2019

domingo, 6 de enero de 2019

Reyes


En Granada parece no haber transcurrido el tiempo. Algunas personas siguen viviendo en la Transición democrática, o en la guerra civil, otras quedaron ancladas incluso varios siglos atrás, en 1492, entre cardenales y Reyes Católicos que querían construir un nuevo mundo. Esta semana, en la plaza del Carmen, se intercambiaban vivas a la República y saludos fascistas y se repartían banderas de España, a la que de nuevo le profesamos amor fanático.  La misma semana en que el prior del Valle de los Caídos ha negado el acceso al Gobierno para exhumar a Franco. La España del año 2019 no se diferencia tanto de la de 1936. Vuelven a existir bandos que se insultan en la calle y muestran el mismo desprecio por los valores democráticos. Pero uno puede cerrar los ojos ante el fango de la actualidad y volver a abrirlos mientras da un paseo por la costa, plena de luz, y sentir la bendición del calor de este sol de enero. Ver cómo ese músico monta el amplificador de su guitarra eléctrica y canta “Sacrifice”, de Elton John, y algo empieza a removérsete por dentro. Disfrutar con la alegría del niño que estrena su bicicleta en el paseo marítimo y que podrías ser tú, porque es muy fácil retrotraerse a los momentos más felices de la vida y revivirlos como si ocurrieran hoy. Preguntarte cuándo perdiste esa manera de aprehender la existencia sin que nada importase. Porque nada importa en realidad y tú puedes seguir siendo ese niño que sólo se preocupa de vivir el momento presente y que hoy se ha levantado con la ilusión de abrir por fin su regalo de Reyes. Frente al azul de este mar la felicidad resulta inevitable. Y puedes ser como ese turista despreocupado que sólo piensa dónde comerá hoy, si tomará un par de currucos y tal vez un pescado al horno regados con un vino blanco en un restaurante. Quizá serías capaz de bañarte o de tirarte desde el peñón, como cuando tenías catorce años, o caminar hasta esa cala que te gustaba tanto, tumbarte al sol como a esa mujer a la que no le importa mostrar las arrugas de los años. Escribir, como Miguel de Unamuno, “Agranda la puerta, padre,/ porque no puedo pasar;/ la hiciste para los niños,/ yo he crecido a mi pesar./ Si no me agrandas la puerta,/ achícame, por piedad;/ vuélveme a la edad bendita/en que vivir es soñar”. Pero no estas pesadillas que se repiten en las calles de Granada cada mes de enero.
IDEAL (La Cerradura), 6/01/2019

domingo, 30 de diciembre de 2018

Inmóviles


Si como escribiera Borges, el milagro del tiempo es que perdure algo en nosotros a pesar de las gotas del río de Heráclito, que son estos años que se van, lo más sorprendente es que la novedad nos dure tan poco, hasta el martes que viene quizá, cuando al firmar una carta o un recibo pongamos 2019. Y este es un año emblemático, si acudimos a la historia del cine, pues Ridley Scott imaginó en “Blade Runner” ciudades con altísimos rascacielos iluminados con neones y cielos nublados de contaminación recorridos por coches voladores conducidos por blade runners, cazadores de replicantes más perfectos que los seres humanos, pero que sólo tienen cuatro años de vida. En las calles se hablaría un lenguaje mestizo de todas las razas de la tierra y todas las tribus urbanas, pero no sabríamos distinguir a los seres humanos de los androides, ni siquiera con un test Voight-Kampff que nos descubra la dilatación del iris, la fluctuación de la pupila cuando preguntemos por el sufrimiento de un animal del que ya sólo existen copias elaboradas genéticamente, como imaginó Philip K. Dick en “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”, la novela en que se basa esta película. Replicantes que son en ese mundo los únicos que se resisten a la opresión, se rebelan contra las circunstancias y sienten compasión por el enemigo. O “Akira”, otra película ambientada en una ciudad reconstruida después de la hecatombe nuclear y asolada por el desempleo, la droga, la violencia y el terrorismo. Frente a las distopías, nuestra realidad resulta mucho más amable, aunque al final y al principio de año sigamos escuchando los mismos mensajes esperanzadores y absolutamente contradictorios de nuestra clase política: en Madrid, donde gobierna el partido derrotado en las últimas elecciones (PSOE); o en Andalucía, donde –después de casi cuarenta años- va a gobernar también el partido derrotado en las últimas elecciones (PP), apoyados en ambos casos por los partidos que dicen aborrecer, nacionalistas y extremistas que podrían protagonizar alguna distopía, pues niegan sin sonrojo que haya habido una dictadura en España, la igualdad sexual o el derecho de asilo que pedirán muchos de los 300 inmigrantes del buque “Open Arms” que han desembarcado en la bahía de Algeciras. Para ellos empieza sin duda una nueva vida. Pero entre este lapso que muere y otro que surge esperaremos las doce irreparables campanadas que, volviendo a Borges, tienen como causa verdadera la sospecha general y borrosa del enigma del tiempo. Así que, humanos o replicantes, feliz año nuevo.
IDEAL (La Cerradura), 30/12/2018

domingo, 23 de diciembre de 2018

Agenda


En Navidades, la agenda del españolito medio no se diferencia tanto de la de Pedro Sánchez o Quim Torra: una comida con el enemigo, un ayuno para compensar los excesos, una reunión de gobierno en tierra inhóspita, incluso alguna visita a la cárcel para consolar a un compañero o un familiar que quiere independizarse y al que ya no creo que se le puedan llevar cigarrillos. Ahora preferimos morirnos de otras cosas, como un empacho de pavo o de presupuestos o de cuestión catalana. Y es que en España hay que medir muy bien con quién comes o con quién hablas, pues esta es la tierra del chascarrillo, y el verdadero máster de políticos o profesionales es dar puñaladas por la espalda. “¡Venid a mí!”, les ha dicho con los brazos abiertos Torra al presidente Sánchez y a sus ministros, mientras por el otro móvil convocaba a la manada independentista. Y allí se ha ido Pedro Sánchez, que está convencido de que lo mejor es que hablen siempre de uno, aunque sea mal, y den la vuelta al mundo las imágenes de Barcelona y la lucha callejera. “Spain is different”, fue también el eslogan del entonces ministro de Turismo, Manuel Fraga. “No, excuse me”, es que hay quien se empeña en ser diferente. Y en algunas casas, el mayor problema que se plantea en Navidad es que el pavo no termine saltando por los aires. Total, si tienes un cuñado catalán y otro andaluz, aquí cualquiera te monta un bodrio del tipo “Ocho apellidos vascos” y la secuela “Ocho apellidos catalanes”, que no por casualidad han sido junto a la saga Torrente las películas más taquilleras del cine español, lo cual te da una medida de cómo anda el patio. Pero hay facturas que el ego no puede pagar, y supongo que nadie les dará explicaciones a los miles de personas que el viernes pasado sufrieron atascos y no pudieron cumplir con sus compromisos laborales o familiares en Barcelona. Pedro Sánchez y Quim Torra no tuvieron mayor problema, porque ellos juegan a otra cosa. Esta apuesta decidida por el sensacionalismo político se parece demasiado a la nadería, que es la manera que tienen de gobernar los que desprecian a los votantes. Allá por 1959, Azorín escribía en “Agenda” (Biblioteca Nueva, Madrid): “El tiempo obra lo que la premura; años, los muchos años, van borrando lo adherente y dejando lo esencial. ¿Dónde están los pormenores geográficos, topográficos? Pasó todo; se trastocó todo. Permanece la presencia profunda e inefable”. Feliz Navidad.
IDEAL (La Cerradura), 23/12/2018

domingo, 16 de diciembre de 2018

Santos


Sólo en un país donde no se ha condenado abiertamente la dictadura franquista y aún se discute torpemente sobre dónde debería estar enterrado el dictador, a alguien podía ocurrírsele proponer la beatificación de Francisco Franco. Algo que hubiera provocado una carcajada antes de que VOX lograse doce escaños en el Parlamento de Andalucía y 46.952 votos en la provincia de Granada, lo que ha transformado esas sonrisas en una mueca en la cara de tiempo congelado. Pero es que el nacionalcatolicismo ha sido la ideología imperante en España durante cuatro décadas, y ése sí que fue un invento español, y no el autogiro de Juan de la Cierva. Mientras en los países de nuestro entorno se desarrollaban las democracias aconfesionales, aquí volvíamos a la Edad Media. Y allí sigue anclada parte de la sociedad española, aunque las efigies de los santos de hoy se erijan más en las redes sociales que en las iglesias. Los que desean el advenimiento de otro iluminado que coja al toro ibérico por los cuernos y vuelva a llevarlo al redil. Y el redil debería seguir siendo el Valle de los Caídos, que ilustra hasta donde puede llegar la megalomanía de un maníaco y la ignominia de un país. Pero hay otra parte de la población que simplemente está harta de partidos y políticos que lo más parecido a una idea de España que tienen es una veleta, pues cambian de propuestas según sople el viento electoral, por lo que demuestran que no tenían ninguna idea previa. En Europa, la cosa no pinta mejor, incluso en países como Francia o Alemania, donde sí se ha fomentado una política de reconocimiento de los errores, pero que tampoco escapan a una crisis económica que ha provocado una regresión de derechos políticos y sociales. O en Italia, donde fascismo y populismo se han confundido y unido para condenar al extranjero. Frente a esa tendencia, sólo cabe oponer el progreso social. La aplicación efectiva de los derechos y libertades recogidos en el Título I de la Constitución debería ser el punto de partida de cualquier programa político en España, y los partidos y el  propio sistema democrático sólo resultarán creíbles si trabajan para promover políticas sociales y el pleno empleo. En Europa, ésa es una labor de los Estados y del Parlamento, no de la Comisión, que sólo cree en el sacrosanto mercado, de cuyas leyes las élites económicas se siguen aprovechando. Más que santos o políticos narcisistas, necesitamos buenos gestores de los recursos públicos y comprometidos con los derechos humanos.
IDEAL (La Cerradura), 16/12/2018

domingo, 9 de diciembre de 2018

María de la Constitución

El desacuerdo de los partidos para reformar la Constitución española ilustra su inoperancia, pues nada debería resultar más natural en un Estado democrático. Porque la Constitución no es esa grave señora algo artrítica que nos presentan a veces, sino una ley de leyes que va adquiriendo su madurez, pero todavía lozana e inexperta en algunos aspectos de su personalidad. Así, consolidar las pensiones y los derechos sociales y llevar a su máxima expresión el Estado autonómico con un nuevo sistema de financiación son tareas ineludibles, aunque la propia democracia parezca viciada por sus organizaciones políticas, que han perdido su razón de ser. No conectan con los ciudadanos porque están más preocupadas por mantener el poder, algo que resulta más evidente en aquellos candidatos que no tienen otra profesión que la política y que saben poco en realidad de la sociedad que pretenden dirigir y de los trabajadores y profesionales que dicen representar. Por eso no es de extrañar que un partido como VOX haya obtenido doce escaños en Andalucía con mensajes meridianamente claros –algunos bien lamentables- que han conectado con miles de personas hartas de programas grandilocuentes y una realidad cruda, como la que revela las estadísticas de la Agencia Tributaria, que señala que la mitad de los asalariados de Granada no ganan más de 825 euros. Una miseria. Parte de la clase política hace un discurso tan vacío de contenido que aparenta carecer incluso de ideología, como si cambiase de forma de pensar según las tendencias de las redes sociales o la evolución del cambio climático. En Podemos, por ejemplo, se ve que a pesar de tener títulos universitarios algunos carecen de una mínima educación cívica que les permita mostrar respeto en el Parlamento al Rey y a la propia Constitución, que les guste o no son las instituciones que permiten su subsistencia. Porque si no hay acuerdo en lo más básico, que son las normas de convivencia, no vamos a ninguna parte. Lo primero que debería presidir cualquier programa político son los derechos humanos, en España o en cualquier país, pero hay dictadorzuelos que creen que sólo tienen derechos los que piensan de una determinada manera, y esto vale para Gabriel Rufián, Santiago Abascal o Pablo Iglesias. Incluso vale para Albert Rivera, Pablo Casado y Pedro Sánchez, el presidente español que más recursos públicos utiliza para viajar y paradójicamente el de menor influencia internacional y doméstica. Por cierto, ¿no hay en España una candidata sensata a la que podamos votar? Una María de la Constitución, por ejemplo.
IDEAL (La Cerradura, 9/12/2018)