domingo, 19 de mayo de 2019

Ciudad


La ciudad es algo más que nuevos corredores verdes, otro anillo para la circunvalación, una tasa turística o un lavado de cara de los barrios. La ciudad son las personas y, sobre todo, los jóvenes, que estudiando en Granada y en una de las mejores universidades de España, tendrán que hacer las maletas para emigrar, mientras su lugar en la sociedad local será ocupado por inmigrantes menos cualificados, pero dispuestos a alimentarse de las migajas-desechos de esta ciudad. Así, nuestros jóvenes estudian en un paraíso universitario que, sin embargo, no puede garantizarles una vida digna. Son dignos mientas hacen su carrera, pero luego son mano de obra tan barata que no podrán pagar un alquiler, ser independientes, desarrollarse en un mundo hecho para adultos egoístas. ¿Quién habla de los jóvenes en esta campaña? Al parecer, el perfil del votante decisivo en una ciudad tan conservadora como la nuestra ronda los 60 años, y quizá por eso a ellos dirijan sus mensajes los partidos que miran más al pasado que al futuro, como el PP, Cs y Vox que, juntos, sumaron más votos que el resto de los partidos en las pasadas elecciones generales. Sin embargo, muchos jóvenes no se molestarán en votar. “No creo en las propuestas de los partidos”, “la política no me interesa”, suelen contestar. Pero hay una gran mayoría que sí va a votar. Lo hicieron en las pasadas elecciones generales, y yo los vi haciendo cola durante horas en las oficinas para el voto por correo. Espero que también lo hagan en las municipales. Porque Granada es una ciudad de la que uno siempre se quiere ir y a la que siempre se quiere volver. Como en el poema de Kavafis. “Dices: Iré a otra tierra, hacia otro mar/, y una ciudad mejor con certeza hallaré./ Pues cada esfuerzo mío es aquí un fracaso/ y sepultado está mi corazón”. Y luego: “No hallarás otra tierra ni otro mar./ La ciudad ha de ir siempre en pos de ti. En las mismas callejas/ errarás. En los mismos suburbios llegará tu vejez./(…) Pues la ciudad te espera siempre. Otra no busques”. Ojalá pueda seguir siendo la ciudad de nuestros jóvenes. Para ello, los programas de los partidos deben llenarse de proyectos que tengan más que ver con las personas y menos con las obras públicas. Y para que nuestros políticos no tengan que decir también los dos últimos versos del poema de Kavafis: “En todo el universo destruiste cuanto has destruido/ en esta angosta esquina de la tierra”.
IDEAL (La Cerradura), 19/05/2019

domingo, 12 de mayo de 2019

Cabezas


Pues resulta que el candidato a la alcaldía de Granada más conocido en España lo es por haber perdido la cabeza; pero ahí sigue, tan contento, aunque continúe convencido, como Cesare Lombroso –criminólogo y médico del siglo XIX-, de que en la fisonomía podemos encontrar las virtudes del político y tal vez –como aseguraba el italiano- del delincuente. Mientras, dada la confusión programática, entre una ciudad “grande” o “elegida” o, tal vez, francamente jodida, hay quien busca al mejor alcalde granadino del siglo XX. ¿Se habrá sentado en el banquillo de los investigados? ¿Habrá concedido licencias a cambio de pisos? ¿Se habrá construido un piso a base de conceder licencias? ¿Dispondrá de 522.000 euros para afrontar la multa que pueda pedirle la fiscalía por prevaricación y tráfico de influencias? ¿Tendría asimetrías craneales, orejas puntiagudas, pronunciados arcos superciliares? Como terapia del delito, Cesare Lombroso prescribía: “En realidad, para los criminales natos adultos no hay muchos remedios: es necesario o bien secuestrarlos para siempre, en los casos de los incorregibles, o suprimirlos, cuando su incorregibilidad los torna demasiado peligrosos”. No sé yo. ¿Cómo impedir que se presenten a las elecciones municipales? Atendiendo a su pasado inmediato, algunos deberían recorrer para atrás el paso de peatones hacia el consistorio, pero se ve que no tienen vergüenza. ¿Quién la necesita para gobernar? Al menos, tres de los candidatos y candidata a la alcaldía de Granada tienen entre sus propósitos acabar con la corrupción en el Ayuntamiento. ¿Alguien puede negarla? Únicamente quien haya podido beneficiarse de ella, aunque sólo sea para convertirse en candidato, mientras sus compañeros de bancada van desfilando hacia el juzgado. Esta semana la campaña ha comenzado con la pegada de carteles de los partidos, que ya resulta bastante ridícula desde el punto de vista ecológico y mediático, salvo para Vox, que ha tenido que optar por el boca a boca, como explicaba Onofre Miralles –lo mejor que tiene este partido- después de la decisión de la Junta Electoral. ¿Podríamos hacer un intercambio de cromos en las candidaturas? Si Cesare Lombroso levantase la cabeza, lo mismo no le duraba mucho sobre los hombros. ¿Qué se pierde primero, la cartera o esa parte del cuerpo humano que se cree responsable de todas las demás partes? Tratándose de Granada, y sin necesidad de ningún estudio pseudocientífico, tenemos bastantes papeletas para que nos la roben. Y si no es de primeras, ya quedarán un par de candidatos en algún asador para ofrecerle la suya el uno al otro en bandeja. Pero ¡qué gran cabeza!

IDEAL (La Cerradura), 12/05/2019

domingo, 5 de mayo de 2019

Sevillanas


Para bailar bien unas sevillanas hay que enfrentar el envite como algunos políticos la campaña electoral: ligeramente entonados. Con las manos en la cintura o alzadas sobre la cabeza uno da un pasito a la derecha, otro a la izquierda, mira retadoramente a su pareja y da el primer cruce. Increíblemente, hemos pasado sólo la primera prueba y aún nos quedan otras elecciones, así que vamos con la segunda. Un ligero taconeo y una vuelta sobre sí mismo. Luego otra miradita a la pareja, tres pasos para delante y tres pasos atrás, y otra vuelta, que ahora vienen las municipales y autonómicas. Quizá, a estas alturas del baile, andemos algo mareados. Pero no importa. Si uno mantiene el equilibrio, eso se arregla con otro paso, y una vuelta lenta, cogiendo a nuestra pareja por la cintura y prometiéndole nuestro amor para los próximos cuatro años. Así que vamos con la tercera. Taconeamos de perfil, primero a la derecha y luego a la izquierda, que ya no hay partidos de centro, y nos cruzamos. Otra vuelta sobre nosotros mismos y afrontamos otros cuatro cruces, taconeando alternativamente con nuestra pareja. Ya vamos con la cuarta, que es la que uno siempre se olvida, pero, llegados a este punto, los pasos son lo de menos. Lo fundamental es seguir mirando a la pareja mientras improvisamos. Y cuidando las maneras. Porque hay quien se pone tan flamenco que parece Falete. Así que, para evitar tentaciones y excesivos amaneramientos, basta con imaginarse a los candidatos con un clavel en la oreja. Desde Pedro Sánchez a Santiago Abascal, o de Paco Cuenca a Sebastián Pérez. Lo mismo hasta se ponen la flor en la boca. Pero nosotros a lo nuestro, que ya vienen los cuatro cruces con los que culminaremos el baile. Y aquí hay que ser torero. Si el equilibrio y el fino nos lo permiten, hincaremos la rodilla en el suelo al rebasar a nuestra pareja antes de girar sobre nosotros mismos e hincar la rodilla de nuevo para girar sobre nosotros mismos e hincar la rodilla de nuevo para girar sobre nosotros mismos y… ¡Catapún! Ya hemos chocado con nuestra pareja, salidos despedidos y derribado la barra con las bebidas o la mesa electoral, que después de tantas semanas de dimes y diretes nos parecen lo mismo. Pero es que estamos en el mes de mayo, que en Granada y España ha empezado con las fiestas del Trabajo, de la Cruz y de la Democracia. Y hay mezclas que matan. ¡A bailar!
IDEAL (La Cerradura), 5/05/2019

domingo, 28 de abril de 2019

Este país


Toda escritura es efímera, y más la que está apegada a la actualidad, aunque paradójicamente, también sostiene el mundo, como ocurre con los poemas o las columnas periodísticas. Y he aquí que Javier Bozalongo escribe un libro de poemas-columnas que interpretan la realidad pero nos rearman contra ella, pues después de obligarnos a prestar atención a lo que nos rodea, ponen el foco en nosotros mismos. Los poemas reunidos en “Este país” (Juancaballos de Poesía, 2019) podrían ser muy bien columnas, ya que están inspirados en noticias de prensa concretas, y de hecho, yo, mientras los leía, no podía evitar ponerles títulos, como si fueran titulares: “Adicción al trabajo”, “Especulación inmobiliaria”, “Mario Conde”, “Tantos por ciento”, “Bankia”, “Estrecho”, “Paro”, “Villarejo”, “Campaña”, “Lazos amarillos”, “15-M”, “11-M”, “La Manada”, “Salario mínimo” o “Fake news”. Es casi una revista de prensa. Como destaca Antonio Jiménez Millán en el prólogo, el autor refleja en estos poemas las experiencias del ciudadano ante las crisis de los últimos años, que no es una crisis económica, como se ha dicho, sino una crisis de la propia democracia: “Quienes tienen la llave/ abren su corazón a intervalos variables/ y muestran su sonrisa en los carteles/ por darle utilidad a esas peceras/ donde otros se zambullen con toda su ilusión./ Quienes saben nadar guardan la ropa/ y los demás navegan entre tiburones/. ¿Qué esconderán las urnas/ que introduces tu pobre sobre en ellas/ y otro corre a tapar bien la ranura/ para que no te asomes, incauto, al interior?” Pero no es un discurso desesperanzado. Más adelante Javier nos interpela, para que nos manifestemos cuando tengamos la oportunidad, este domingo, por ejemplo, que hay elecciones generales: “Acuérdate de hoy cuando te llamen/ a cumplir con el rito y las celebraciones/ que cada cuatro años/ prometen paraísos. Acuérdate de hoy,/ sal a la calle,/ tal vez por fin se enteren/ de que el grito que escuchan/ no es el grito del miedo/ sino una sola voz que dice no,/ que dice basta”. Porque como también nos dice Bozalongo en la coda final, podemos seguir luchando, apartar la mirada de nosotros mismos y fijarnos en las cosas que importan. Respecto a esa mirada, mención aparte merecen las ilustraciones de Juan Vida. Sus autorretratos con los labios sellados, con los ojos tapados, los collages de corazones llevados en patera nos sobrecogen y hacen de la lectura de este libro una experiencia única, pues está concebido como una obra de arte.  “Este país” es un breviario político de la imagen y de la palabra.
IDEAL (La Cerradura), 28/04/2019

domingo, 21 de abril de 2019

Símbolos


En la misma semana en que la gente sale a la calle para perseguir las efigies de la pasión, arde la catedral de Notre Dame, y hay quien alerta del fin de una época y de una concepción del mundo. Pero la hoguera no la han provocado una guerra ni un cataclismo, sino un error, un cortocircuito, quizá una colilla mal apagada. La vida de los seres humanos se construye con pequeñas anécdotas, con olvidos y recuerdos de lo que fuimos y las proyecciones de lo que nos gustaría ser, y después de una llamarada –el presente- todo se desvanece. Detrás de los mantos santificados hay tallas de madera desnuda, debajo de los pasos hay articulaciones y músculos que se resienten, de la catedral de Notre Dame ha quedado una estructura de piedra sobre la que los parisinos volverán a levantar un nuevo símbolo tan religioso como laico, en un país que presume de su historia y que ama igualmente la Revolución Francesa y la Edad Media, la luz de la razón y la de la fe. Así, para la restauración del monumento ya se han recaudado mil millones de euros, lo que demuestra que a la gente le importan más los símbolos que los problemas materiales de otras personas, por ejemplo. ¿Se conseguirán en siete días tantos recursos para acabar con el hambre o para salvar el planeta? Una semana para crear el mundo y otra para destruirlo, o para morir por los seres humanos. Una semana de creencias o supersticiones que actualmente sólo se mantienen y justifican por el turismo, la verdadera fe de nuestras ciudades, convertidas en procesiones de la tapa, eso que hoy llamamos manifestaciones culturales. Pero la cultura es otra cosa, tan efímera y lúcida como cada columna que escribía Manuel Alcántara, símbolo de una manera de entender el mundo, sostenido tan solo con el tecleo de una máquina de escribir. Porque las costumbres dan sentido a nuestra vida, como abrir el periódico y encontrar las palabras de ese alter ego que nos dice exactamente lo que estábamos pensando, lo que no acertábamos a decir, que es la magia de escribir y leer. Las palabras también sostienen el mundo, y las columnas de prensa siguen afirmando el periodismo y la opinión pública libre, lo que equivale a decir el pluralismo político y al propio sistema democrático, aunque no sean tan sabias y desprejuiciadas como las del maestro Manuel Alcántara. Lo efímero nos aflige y nos redime. En el Domingo de Resurrección, todo es superficie o símbolo.
IDEAL (La Cerradura), 21/04/2019

domingo, 14 de abril de 2019

Viajes


Mientras muchos españoles hacen las maletas para las vacaciones de Semana Santa, miles de africanos cogen su mochila para venir a vivir a España. Según Stephen Smith, antropólogo y analista de la ONU, en los próximos veinte años llegarán a la península 9 millones de subsaharianos. Nada que pueda sorprendernos, si pensamos que la población europea envejece y que, sin embargo, en África el 40% es menor de 15 años. En ese sentido, quizá tendríamos que repensar el concepto de frontera. Porque en las ciudades españolas africanas que representan esa frontera, Ceuta y Melilla, más del 50 % de la población es musulmana y africana, lo que quizá pueda darnos una pista sobre la España del futuro. Ciudadanos que no dejan de ser españoles, por mucho que les incomode a Vox o al PP. La política de concertinas es un fracaso, y los que no logren cruzar a la península por una frontera, lo harán por otra. La frontera natural es el Estrecho, y es preferible que sea un lugar de paso que un cementerio. De hecho, los narcotraficantes la cruzan a diario y se les recibe mucho mejor, aunque más que buscarse la vida, sean personas que comercian con la vida y la muerte de sus semejantes. Sin embargo, contra el tópico de que son los africanos más pobres los que viajan a Europa, Smith señala que es la clase media y mejor educada la que puede reunir los 2.500 euros que cuesta el viaje. Lo cuenta en el libro “Huida hacia Europa” (Arpa), que quizá debería leer el primo español Smith (Ortega) con su jefe Santiago Abascal, que en otro libro escrito por Sánchez Dragó y titulado “La España vertebrada” (Planeta), proponía la construcción de un muro en Ceuta y Melilla financiado por Marruecos, imitando una vez más a Donald Trump. Pero esos muros ya existen. Tal vez habría que invertir más en educación para que la sociedad española crezca y se desarrolle en paz y libertad, aunque sea una sociedad multirracial y multiétnica. A fin de cuentas, y como nos recuerda una vez más la DGT, nuestro viaje puede terminar en un hospital o en una cárcel, y a buen seguro en un cementerio. Que no nos lo amarguen. El viaje de esta Semana Santa termina en elecciones generales. “Hago vacaciones de las sensaciones”, escribía Fernando Pessoa en “El libro del desasosiego”. Vivimos en la superficie de las cosas, y queremos que se extienda el tiempo. Que el lunes 29 España siga viviendo sin condiciones.
IDEAL (La Cerradura), 14/04/2019

domingo, 7 de abril de 2019

Palabras


Si como señala el psiquiatra Luis Rojas Marcos, hablar alarga la vida, algunos de nuestros políticos alcanzarán la vida eterna, aunque no se les recordará precisamente por sus grandes obras. Sino por frases como ésta: “Yo soy partidario de la discriminación”, de Santiago Abascal; o “reivindico el derecho de todos a tener un cumpleaños”, de Pedro Sánchez; o “nuestra seña de identidad es la corrupción”, de Pablo Casado; o “estoy dispuesto a no tener credibilidad por el bien de España”, de Albert Rivera; o “mi generación prefiere follar”, de Pablo Iglesias. Ejem. No cabe duda de que vivirán mucho. Hay otra de Otto Von Bismarck que resume bien lo que ha pasado en el Congreso esta semana: “Con las leyes pasa como con las salchichas, es mejor no ver cómo se hacen”. Porque a Pedro Sánchez no le importa contar con el apoyo de Bildu o ERC para convalidar sus decretos-leyes. “Todo sea por el bien de los españoles”, nos dice. Que curiosamente coincide con el bien personal. La estructura del ordenamiento jurídico y la estructura política se asemejan. Sin embargo, lo que en un caso es una ordenación jerárquica de las normas, en los partidos políticos y en las instituciones suele ser una jerarquía de la ambición y la vanidad, cuando no de una estupidez congénita. Así, los conflictos normativos se convierten en la vida pública en una colisión de egos, que conllevan una hipocresía y una mezquindad absolutas. Nada que no sea humano, aunque lo dudemos cuando suben a una tribuna políticos como Gabriel Rufián, que no hablan, sino que insultan. Una persona que se define como: “Yo soy hijo y nieto de andaluces llegados hace 55 años de Jaén y Granada a Cataluña. Soy lo que ustedes llaman charnego e independentista”. Menuda mezcla. Granadino y jienense tenía que ser. Eso explica lo de la malafollá y que siempre tenga la palabra “polla” en la boca. Vayamos a… Los políticos más profesionales (que no tienen que dedicarse necesariamente a la política) se contentan con decirle a cada uno lo que quiere oír, por lo que uno nunca sabe lo que piensan, si es que piensan. ¿Cómo saberlo, si lo único que les interesa es mantenerse en el poder? Tienen una piel dura y viscosa que les sirve para acoplarse en cualquier hueco y deslizarse por cualquier superficie. Y poco a poco van haciendo también más viscosa esa institución o el propio sistema democrático. En tiempo de elecciones tenemos que tener especial cuidado. Podríamos terminar engullidos por un discurso político serpentino.

IDEAL (La Cerradura), 7/04/2019