domingo, 14 de abril de 2019

Viajes


Mientras muchos españoles hacen las maletas para las vacaciones de Semana Santa, miles de africanos cogen su mochila para venir a vivir a España. Según Stephen Smith, antropólogo y analista de la ONU, en los próximos veinte años llegarán a la península 9 millones de subsaharianos. Nada que pueda sorprendernos, si pensamos que la población europea envejece y que, sin embargo, en África el 40% es menor de 15 años. En ese sentido, quizá tendríamos que repensar el concepto de frontera. Porque en las ciudades españolas africanas que representan esa frontera, Ceuta y Melilla, más del 50 % de la población es musulmana y africana, lo que quizá pueda darnos una pista sobre la España del futuro. Ciudadanos que no dejan de ser españoles, por mucho que les incomode a Vox o al PP. La política de concertinas es un fracaso, y los que no logren cruzar a la península por una frontera, lo harán por otra. La frontera natural es el Estrecho, y es preferible que sea un lugar de paso que un cementerio. De hecho, los narcotraficantes la cruzan a diario y se les recibe mucho mejor, aunque más que buscarse la vida, sean personas que comercian con la vida y la muerte de sus semejantes. Sin embargo, contra el tópico de que son los africanos más pobres los que viajan a Europa, Smith señala que es la clase media y mejor educada la que puede reunir los 2.500 euros que cuesta el viaje. Lo cuenta en el libro “Huida hacia Europa” (Arpa), que quizá debería leer el primo español Smith (Ortega) con su jefe Santiago Abascal, que en otro libro escrito por Sánchez Dragó y titulado “La España vertebrada” (Planeta), proponía la construcción de un muro en Ceuta y Melilla financiado por Marruecos, imitando una vez más a Donald Trump. Pero esos muros ya existen. Tal vez habría que invertir más en educación para que la sociedad española crezca y se desarrolle en paz y libertad, aunque sea una sociedad multirracial y multiétnica. A fin de cuentas, y como nos recuerda una vez más la DGT, nuestro viaje puede terminar en un hospital o en una cárcel, y a buen seguro en un cementerio. Que no nos lo amarguen. El viaje de esta Semana Santa termina en elecciones generales. “Hago vacaciones de las sensaciones”, escribía Fernando Pessoa en “El libro del desasosiego”. Vivimos en la superficie de las cosas, y queremos que se extienda el tiempo. Que el lunes 29 España siga viviendo sin condiciones.
IDEAL (La Cerradura), 14/04/2019

domingo, 7 de abril de 2019

Palabras


Si como señala el psiquiatra Luis Rojas Marcos, hablar alarga la vida, algunos de nuestros políticos alcanzarán la vida eterna, aunque no se les recordará precisamente por sus grandes obras. Sino por frases como ésta: “Yo soy partidario de la discriminación”, de Santiago Abascal; o “reivindico el derecho de todos a tener un cumpleaños”, de Pedro Sánchez; o “nuestra seña de identidad es la corrupción”, de Pablo Casado; o “estoy dispuesto a no tener credibilidad por el bien de España”, de Albert Rivera; o “mi generación prefiere follar”, de Pablo Iglesias. Ejem. No cabe duda de que vivirán mucho. Hay otra de Otto Von Bismarck que resume bien lo que ha pasado en el Congreso esta semana: “Con las leyes pasa como con las salchichas, es mejor no ver cómo se hacen”. Porque a Pedro Sánchez no le importa contar con el apoyo de Bildu o ERC para convalidar sus decretos-leyes. “Todo sea por el bien de los españoles”, nos dice. Que curiosamente coincide con el bien personal. La estructura del ordenamiento jurídico y la estructura política se asemejan. Sin embargo, lo que en un caso es una ordenación jerárquica de las normas, en los partidos políticos y en las instituciones suele ser una jerarquía de la ambición y la vanidad, cuando no de una estupidez congénita. Así, los conflictos normativos se convierten en la vida pública en una colisión de egos, que conllevan una hipocresía y una mezquindad absolutas. Nada que no sea humano, aunque lo dudemos cuando suben a una tribuna políticos como Gabriel Rufián, que no hablan, sino que insultan. Una persona que se define como: “Yo soy hijo y nieto de andaluces llegados hace 55 años de Jaén y Granada a Cataluña. Soy lo que ustedes llaman charnego e independentista”. Menuda mezcla. Granadino y jienense tenía que ser. Eso explica lo de la malafollá y que siempre tenga la palabra “polla” en la boca. Vayamos a… Los políticos más profesionales (que no tienen que dedicarse necesariamente a la política) se contentan con decirle a cada uno lo que quiere oír, por lo que uno nunca sabe lo que piensan, si es que piensan. ¿Cómo saberlo, si lo único que les interesa es mantenerse en el poder? Tienen una piel dura y viscosa que les sirve para acoplarse en cualquier hueco y deslizarse por cualquier superficie. Y poco a poco van haciendo también más viscosa esa institución o el propio sistema democrático. En tiempo de elecciones tenemos que tener especial cuidado. Podríamos terminar engullidos por un discurso político serpentino.

IDEAL (La Cerradura), 7/04/2019