jueves, 14 de diciembre de 2017

Desigualdad autonómica y reforma constitucional


La Constitución española no consagra la desigualdad ni los privilegios fiscales en la financiación autonómica. Si actualmente existen desigualdades y privilegios se debe solamente a la negociación (y a una mala gestión) política,  no  a cuestiones de técnica jurídica. De hecho, la evolución del sistema de financiación autonómica ha dado al traste con el Estado de las Autonomías tal y como estaba concebido en la Constitución de 1978, y los responsables de ello han sido, en última instancia, los sucesivos presidentes del Gobierno central desde la Transición hasta ahora. Y los presidentes autonómicos, claro, que han pecado de un egoísmo digno de estudio, empezando por el País Vasco, siguiendo por Cataluña y terminando en Andalucía, comunidades que han enarbolado siempre el “yo más”, el “yo también” o, simplemente, el socorrido “¿y yo qué?” Porque el Estado autonómico estaba previsto para las nacionalidades históricas –País Vasco, Cataluña y Galicia-, pero no para todas las regiones españolas, empeñadas desde entonces en convertirse en nacionalidades o naciones a secas, lo que han recogido en sus estatutos (Andalucía, Comunidad Valenciana, Aragón, Canarias, Islas Baleares), por eso del “y yo también”.

Y con ese punto de partida, necesariamente limitado en sus posibilidades, y esa deriva, el Estado autonómico es inestable, pues no estaba pensado para un Estado de diecisiete Comunidades Autónomas (más dos ciudades autónomas) que, en la práctica, funciona ya como un Estado federal. En ese sentido, no está de más recordar que la autonomía política que se ejerce normalmente en estos parlamentos es esencialmente un “poder de autodeterminación”, tal como lo definía Entrena Cuesta.

 Sin embargo, la Constitución española no recoge de manera concreta los recursos de las Comunidades Autónomas, y la remisión que hace el artículo 157 a una ley orgánica (la actual Ley Orgánica de Financiación de las Comunidades Autónomas) para establecer su sistema de financiación sólo ha propiciado negociaciones y tensiones políticas en el Consejo de Política Fiscal y Financiera, un organismo que no es el más adecuado para tomar decisiones que afectan a la financiación de las Administraciones públicas y a la postre a la propia organización territorial del Estado; y donde, dado su régimen jurídico, el Gobierno central suele imponer sus criterios. El lugar para definir el sistema de financiación de las Comunidades Autónomas es el Senado, que debe convertirse primero en una verdadera cámara de representación territorial.  

Pero ¿tan difícil es hacer un sistema de financiación estable? Pues sí, si tenemos en cuenta que los partidos políticos y sus líderes suelen preferir la demagogia a la pedagogía con la población y a la sincera negociación política. ¿Y qué hacer? Pues dejar las ambiciones políticas y las cuestiones identitarias al margen y afrontar una reforma serena de la Constitución de 1978, que, más que una reforma de calado, quizá necesite tan sólo unos cuantos remiendos.

Así, en lo que a la financiación autonómica se refiere, el propio texto constitucional debería efectuar un reparto adecuado de las fuentes de financiación disponibles entre todos los entes territoriales, garantizando no sólo la autonomía financiera de las Comunidades Autónomas, sino también la suficiencia financiera de la Hacienda local, tal como apuntó en su día Zorzona Pérez. Esto es, atendiendo a los niveles de competencias, proceder a un adecuado reparto de las fuentes de riqueza sobre las que recaen los diferentes tributos, de modo que quede garantizada su capacidad de obtención de recursos suficientes en todo tipo de coyunturas económicas y evitando dobles imposiciones.

Porque, en puridad, hoy no podemos hablar de titularidad de las Comunidades Autónomas (al menos las de régimen común) sobre los recursos tributarios recaudados en su territorio o de sus residentes, pues, fundamentalmente, estos recursos provienen de los impuestos estatales cedidos y, en menor medida, de los tributos propios. Sí podemos decirlo respecto al País Vasco y Navarra, por los regímenes del concierto y el convenio económico con el Estado, que es una de las primeras fuentes de inestabilidad del actual sistema, al generar malestar en aquellas comunidades que, con similares niveles de renta que las citadas, no tienen la misma capacidad de decisión respecto a sus políticas fiscales. Sin embargo, pienso que también sería posible decirlo de todas las Comunidades Autónomas si estos recursos están establecidos de una manera más concreta en la propia Constitución, especificando los tributos y las competencias en materia tributaria de cada administración territorial.

Más que a la conversión de España en un Estado federal, que no es más que una cuestión terminológica en relación con el Estado autonómico (lo apuntaban hace poco en su propuesta una decena de catedráticos de Derecho Constitucional coordinados por Santiago Muñoz Machado, entre los que se encuentra el catedrático de la UGR José Antonio Montilla Martos), a ese fin pienso que debería ir encaminada una futura reforma constitucional.

IDEAL, 14/12/2017

domingo, 10 de diciembre de 2017

Medir las palabras

Los buenos libros están llenos de hallazgos que te hacen levantar la vista del papel, meditar, subrayar esa frase o apuntarla en una libreta. Y en ese espacio de reflexión el pensamiento se ha transformado un poco, porque se trata de una revelación que da sentido a tu vida, el milagro cotidiano de que un escritor te cuente exactamente lo que tú querías decir. Con esas frases que seleccionamos de los libros y autores especiales escribimos nuestra propia biografía. Es lo que ha hecho Carmen Canet en el libro “Él mide las palabras y me tiende la mano” (Valparaíso Ediciones, 2017) que, desde el propio título, recoge aforismos en la obra de Luis García Montero. Y hay en ese trabajo una especie de reescritura, pues Carmen Canet, que escribe aforismos, escoge versos y frases que, aunque estaban contenidos en poemas y novelas, renacen en un nuevo género al individualizarse en el papel. Y es que “hay versos, imágenes, palabras que se deciden a poner patas arriba el mundo”. En eso consiste escribir aforismos, aunque Luis García Montero no lo haya hecho quizá conscientemente, y haya recibido como un regalo esta relectura de su obra. La mirada de Carmen Canet mide también las palabras para ofrecernos el pensamiento esencial del poeta y construir un breviario, una buena compañía. Parafraseando uno de los aforismos de la propia Carmen Canet (de “Malabarismos”, Valparaíso Ediciones, 2016), ella ha sabido transformar el fragmento en totalidad, y llevar a este libro el resultado de la íntima conversación que ha mantenido con uno de sus autores predilectos durante años. “Las palabras prestadas de otros escritores son el bagaje que la lectura nos deja”, escribe Carmen. En este sentido, los libros que fundamentan esta selección son todos los libros de poesía publicados por Luis García Montero desde 1980 hasta la actualidad, así como sus novelas, por lo que esta lectura define a un autor cuyas reflexiones, como la propia Canet explica, “conforman un ámbito de lucidez donde la identidad y la voz propia de su implicación moral, honesta y militante rebasa lo puramente literario”. Y de la lectura de este libro eso resulta incuestionable, aunque vivamos en una ciudad que presta mucha más atención a las máscaras y al personalismo, y donde la envidia se cobra precios que la inteligencia no siempre puede pagar. Aunque yo prefiero las obras a los personalismos, y a veces incluso a las personas. “Él mide las palabras y me tiende la mano”; eso es lo que solemos pensar los lectores de Luis García Montero.

IDEAL (La Cerradura), 10/12/2017

domingo, 3 de diciembre de 2017

Cicuta

La dignidad sigue a veces extraños caminos, y la ha mostrado al suicidarse el exgeneral bosniocroata Slobodan Praljak, que bebió el pasado miércoles un veneno después de escuchar la sentencia condenatoria del Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia. El hombre lo hizo además ante las cámaras, por lo que el acto tuvo un punto de teatralidad que rápidamente han explotado los medios de comunicación, comparándolo con otros suicidas-genocidas como Hermann Göring, que apareció muerto en su celda el 15 de octubre de 1946, pocas horas antes de ser ejecutado tras la condena del tribunal de Núremberg. Pero Slobodan Praljak negaba ser un genocida y un criminal de guerra; más bien se consideraba un patriota, alguien que, siendo ingeniero, licenciado en Filosofía y Sociología, escritor y director de cine y teatro en Croacia, sufrió la fiebre nacionalista para ser despojado de su derecho a decidir y a no matar durante la guerra, pero que años después ha elegido libremente acabar con su propia vida. Un hombre cuya trayectoria provoca rechazo y vergüenza, pero que no es muy diferente a la de otros líderes en tiempos de paz. Consejeros delegados de grandes empresas que consienten también la exclusión y la muerte de sus semejantes en otras partes del mundo, niños que trabajan para sus filiales en condiciones paupérrimas, o la pobreza de los trabajadores de la sede nacional, que cobran un sueldo mínimo 207 veces inferior al de sus jefes, como ocurre en las compañías del IBEX 35, según denunciaba esta semana la ONG Oxfam Intermón. Pero aquí se trata de una guerra silenciosa, con muertos silenciosos, y donde nadie ingerirá un veneno si no hay una condena. ¿Alguien se acuerda ya del suicidio del expresidente de Caja Madrid, Miguel Blesa? Sin duda se trató de un hecho excepcional, pues lo normal en España es sacar pecho después de hacer un estropicio, “defendella, y no enmendalla”, aunque como Puigdemont tengas que huir a Bruselas. De hecho, la mayoría no se va a ningún lado, sino que sigue ocupando un cargo en el partido, o manteniendo el acta de concejal en el Ayuntamiento, o disfrutando de un retiro dorado en una fundación o cualquier otra institución de supuesto interés público. Cuenta Tácito que Séneca, condenado por Nerón, trató de matarse por tres medios: cortándose las venas, bebiendo cicuta y, finalmente –no funcionaron los dos primeros métodos-, por asfixia en un baño de agua caliente, pues tenía asma. Hay muertes y vidas poco ejemplares, pero el bien y el mal dependen de cada uno.

IDEAL (La Cerradura), 3/12/2017

domingo, 26 de noviembre de 2017

Único sentido

Resulta sintomático que los ayuntamientos de las ciudades más importantes de España, Madrid y Barcelona, sean también los más intransigentes. O mejor dicho, lo son sus alcaldesas, Manuela Carmena y Ada Colau, que llegaron con aire de renovación y ahora parecen dos madres superioras del ecologismo y el independentismo, respectivamente. Y mal entendidos, claro. La primera, después de cerrar el centro al tráfico, ha pensado en regular calles de sentido único también para los peatones, que serán vigilados por la policía desde los tejados de los edificios. No creo que ni a Franco se le hubiera podido ocurrir la peregrina idea de trazar en un plano de Madrid el trayecto que deben seguir sus ciudadanos, aunque sea para evitar aglomeraciones en los aledaños de la Puerta del Sol, a la que se accederá por la calle del Carmen y de la que se saldrá por la calle Preciados hacia Callao, con lo que se marca también la ruta comercial desde el Black Friday hasta Navidad. Pero ¿y si alguien cambia de opinión y quiere darse la vuelta? No se la ha dado Ada Colau, que después de emprenderla con el turismo ha pensado que lo mejor es convertir en turistas a los propios barceloneses, sin salir de casa, con su ayuntamiento erigido en símbolo de la independencia. Y es que son dos alcaldesas tan progresistas que parecen haber perdido la cabeza. Curiosamente, Granada, siendo una ciudad mucho más pequeña, comparte con estas capitales los mismos problemas: la contaminación, el tráfico, las aglomeraciones, el déficit de las cuentas públicas y hasta los deseos de independencia. Según el informe que ha publicado la Cámara de Cuentas, el Ayuntamiento incumplió los planes de ajuste desde el año 2012, y según explicaba el actual concejal de Economía, Baldomero Oliver, la deuda municipal ascendió en los tres años que el PP tenía mayoría absoluta de 6,8 millones en 2013 a 60 millones en 2016. Algo que su antecesor en el cargo, Francisco Ledesma, achaca ¡a la poca colaboración del PSOE! Y es que, para algunos, el pensamiento tiene también un único sentido. Sin embargo, la ciencia nos dice que dirección es la línea recta en la que se mueve un objeto; y sentido, cada una de las dos posibilidades que podemos tomar en una dirección. Me ha gustado que este año el Premio García Lorca haga un viaje de ida y vuelta de Granada a Barcelona en las manos de Pere Gimferrer. En España se trazan demasiadas direcciones de un único sentido.

IDEAL (La Cerradura, 26/11/2017)

domingo, 19 de noviembre de 2017

Rufianes

Resulta sorprendente que algunas personas tengan un escaño en el Congreso de los Diputados, expresión (a veces) de la soberanía popular. Porque, si los diputados son elegidos por el pueblo, ¿tenemos que creer que una parte significativa de los ciudadanos es como Gabriel Rufián? Teniendo en cuenta que hay quien se ha educado con TV3 o con el resto de cadenas de televisión españolas públicas y privadas que, con la salvedad de La 2, exhiben un nivel cultural paupérrimo, la respuesta debe ser: sí, estamos creando una sociedad de rufianes. Y a lo mejor hay quien se acuerda ahora del desmantelamiento del sistema educativo. O de la cesión de la competencia en educación a las Comunidades Autónomas, empeñadas en tener su propia televisión pública, sus propios libros de texto y su propia idea de España, cuando no de los propios ciudadanos. Porque Rufián no es muy distinto a otros jóvenes españoles que sólo son tolerantes consigo mismos. La diferencia es que Rufián hace botellón en el Congreso, y no en algunos pisos del barrio de los Pajaritos, en Granada, que puede volverse infernal por la noche, con ¿estudiantes? cantando o vomitando por los balcones, como el diputado de ERC desde su escaño. No me parece tampoco una casualidad que las películas españolas más taquilleras de los últimos años lleven títulos como “Ocho apellidos vascos”, “Ocho apellidos catalanes” o “Torrente 2: misión en Marbella”; ni que representen una España retrógrada, con personajes folclóricos y arquetípicos de lo peor del Estado autonómico, que sin embargo vemos también en el Congreso, donde esta semana ha empezado a trabajar la comisión que estudiará una posible reforma de la organización territorial del Estado y de la  Constitución española. Según el CIS, el 40% de la población quiere que el Estado de las Autonomías siga como está, el 14% que éstas tengan mayor nivel de autogobierno, y el 11% volver a un Estado central; el resto, pasa del tema. ¿Nuestra clase política está en la realidad?  La realidad, como la política, se ha convertido en nuestro país en un espectáculo del que apenas nos saca la constatación de que se ha suspendido la autonomía de Cataluña y que la Constitución y las leyes se aplican, aunque haya quien no lo entienda. Del estupor provocado por el procés hemos pasado al hartazgo y al postprocés, que para algunos es una especie de postverdad en la que únicamente importa lo que ellos cuentan. ¡Un poco de silencio, por favor! Aunque sólo sea para no tener que escuchar a tantos rufianes.

IDEAL (La Cerradura), 19/11/2017

domingo, 12 de noviembre de 2017

Fantasía

Vivimos en una sociedad tan infantil en algunos aspectos que a veces uno se asombra de su mera existencia. Según el día de la semana, lo mismo el mundo se acaba que cruza una nueva frontera. Es como si el ser humano evolucionara e involucionara a la vez, por lo que puedes desayunar con la amenaza del cambio climático –vista desde un satélite, la mitad de España es un desierto, y no sólo a nivel político- que cenar en la era de Ultrón. Ya ni siquiera nos extraña que Puigdemont despotrique en Bruselas en el intento de quebrar también la UE, ni que, después de un año, Donald Trump sea capaz de ganar unas nuevas elecciones en USA, según las encuestas. Pero es que hay tanta gente convencida de vivir en su propio mundo que cualquier cosa es posible, la peor y la mejor. Hasta la empresa Disney, reina de la industria del entretenimiento, se ha dado cuenta, y se dedica a hacer remakes de sus películas de dibujos animados, por lo que trabaja con actores reales para “dar vida” a lo que sólo eran personajes de animación. Como metáfora de lo que ocurre en el mundo de las ideas no está nada mal. Por lo visto, Beyoncé va a interpretar el personaje de Nala, la novia de Simba en “El rey León”, película que algunos periodistas tildan de “clásico” sin sonrojarse. Quizá sí lo sea la película que da título a esta columna, “Fantasía”, que reinterpreta desde la animación obras de Bach, Tchaikovski, Dukas, Stravinski o Beethoven, pero tanto remake suena a chiste. Acaso tenga algo que ver que “El rey león” haya sido una de las películas más taquilleras de la historia, y sin desmerecer la participación de Elton John, Tim Rice o Hans Zimmer, resulta asombroso que se hayan vendido catorce millones de copias de la banda sonora. Ya no recuerdo si me quedé dormido con esta película –probablemente sí y por eso no me acuerdo-, pero el empeño de Disney por resucitar meros dibujos con personajes reales, como ha ocurrido con “Alicia en el país de las maravillas”, “La Cenicienta”, “El libro de la selva” o “La bella y la bestia”, revela la intención de fidelizar a un público que creció con estas películas: un público que sigue siendo esencialmente infantil treinta años después. Y es que si la realidad gusta de las simetrías y los leves anacronismos, como escribiera Borges, y éstos son cada vez más vergonzosos, hay quien prefiere continuar abrazando la fantasía.

IDEAL (La Cerradura,12/11/2017)

domingo, 5 de noviembre de 2017

Prófugos

Se ve que ni el propio expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, se ha creído lo de la república catalana, pues ha salido corriendo a Bélgica para ver si lo acoge algún flamenco entre sus alas. Si al final este hombre nos va a dar pena, aunque antes de irse haya quebrado a toda una comunidad autónoma y a buena parte de las personas que siguen viviendo en ella. Menudo fill de la chingada, que es como se llaman unos a otros algunos políticos en esta Cataluña sin cabeza. Por lo menos, no se ha ido corriendo con el botín como el clan Pujol, que ni siquiera se ha molestado en exiliarse. “Total”, pensaban, “si este país soy yo”. Y todavía lo piensa demasiada gente, que no entiende de otras leyes que las propias, a pesar de que no puedan denominarse así, al no ser aprobadas por un procedimiento democrático. Oriol Junqueras y ocho exconsejeros del expresidente fantasma han ingresado esta semana en la cárcel, y hay quien se sorprende, quizá porque en España estamos acostumbrados a que la legalidad se cuestione por parte del poder político. De hecho, los argumentos con los que se ha criticado el auto de la magistrada de la Audiencia Nacional Carmen Lamela han sido políticos y no jurídicos. Que si no ha sido la decisión más prudente. Que si ha sido demasiado severa. Que si se le están dando más razones al independentismo. Que si se van a judicializar las elecciones. Pablo Iglesias y Ada Colau hablan de presos políticos y piden la amnistía, cuando la realidad es que todavía no se ha condenado a nadie y sólo se está aplicando una medida cautelar, dado que existe un riesgo real de fuga, como ha ilustrado el presidente Puigdemont, que está sin embargo dispuesto a entregarse a la justicia belga, acaso para ser inmortalizado como un revolucionario y no como un caganer. Pero si uno lee el auto de la magistrada Lamela, lo que le sorprende es que estos señores y señoras no hayan entrado en la cárcel antes, porque sólo el relato de los hechos es una crónica criminal que evidencia un plan perfectamente meditado para fracturar un país por encima de cualquier otra consideración política, jurídica, económica o personal. En un mitin celebrado el 8 de septiembre, Puigdemont les pedía a los ciudadanos que se enfrentaran a los alcaldes para que los dejasen votar: “Vosotros les pagáis y ellos os tienen que rendir cuentas”. Pero los ciudadanos no pueden huir. Ésa es la diferencia.

IDEAL (La Cerradura), 5/11/2017

domingo, 29 de octubre de 2017

Repúblicas

Si nuestra sociedad es un reflejo de las personas que vivimos en ella, lo de España podría definirse como una esquizofrenia territorial, que abarca desde los nacionalistas catalanes a los granadinos melancólicos que pretenden proclamar la comunidad autónoma de Andalucía Oriental, pasando por los estudiantes del segundo, que han decidido plantar marihuana en el balcón en vez de una bandera, pensando que quizá coloquen lo mismo. Y es que estábamos acostumbrados a que los partidos hicieran de las Administraciones públicas su cortijo –qué bien lo cuenta Bárcenas-, pero viendo que la justicia a veces funciona, hay quien prefiere un territorio exclusivo donde no haga falta cobrar en negro y las leyes sean también a la carta. Menuda revolución. Más simpatías me produce la protagonizada por doscientos jornaleros de los invernaderos de Albuñol, según informaba Mercedes Navarrete en IDEAL esta semana. Trabajadores marroquíes, senegaleses y rumanos que, ganando 3,75 euros la hora y sin cotizar a la Seguridad Social, no creo que les dé para declarar una república. El Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) denuncia las lamentables condiciones laborales, pero la Unión de Agricultores y Ganaderos de Andalucía (COAG) lo niega. A mí me gusta uno de los lemas de esta rebelión: “Si te explotan, no explotes. ¡Cumple con el convenio!” ¿No sería extrapolable desde la Costa Oriental de Granada a la Costa Brava? Como las declaraciones de la alcaldesa de Albuñol, María José Sánchez: “No voy a permitir que rompan la paz social”. Y es que la paz se ha convertido en un lujo, como la idea de Estado que Platón expresaba en “La República”, donde los más sabios han de ser los gobernantes y cada uno debe cumplir su función. ¿Saben nuestros gobernantes las funciones que tienen? No parecen saberlo Carles Puigdemont ni Mariano Rajoy; ni siquiera Francisco Cuenca, reprobado en el pleno del Ayuntamiento. Pero ¿para qué lo reprueban, si va a continuar siendo alcalde? Algunos políticos disfrutan generando noticias y convocando ruedas de prensa para estresar a los periodistas, ya que su amor propio –salvo el de la digna dimisión- no tiene medida, aunque algunas informaciones en comparación resulten ridículas. A Platón le hubiese gustado que coincidiesen la filosofía y el poder político en el gobierno de las ciudades, pero actualmente lo más parecido a esta filosofía es el eslogan de una conocida marca de muebles que proclama “la república de tu casa”. Y hay quien se lo toma en sentido literal. Sin embargo, a veces vale más reconocer nuestra dependencia que declarar la independencia.

IDEAL (La Cerradura), 29/10/2017

domingo, 22 de octubre de 2017

Granada Noir

La crónica negra sobre la gestión del PP en el Ayuntamiento de Granada parece no tener fin. En vísperas de las elecciones municipales de 2015, alguien en el consistorio dio la orden de que se paralizasen las notificaciones de multas, con lo que prescribieron 10.000 sanciones, según informaban María Victoria Cobo y Quico Chirino en IDEAL esta semana. Total, qué son 500.000 euros en las arcas municipales frente a unos cuantos votos. Si no se han tramitado 40.000 expedientes sancionadores tocan a unos 12,5 euros, menos de lo que cuesta un menú en el Asador de Castilla para pactar un nuevo gobierno. El nepotismo en el poder se termina convirtiendo en una cadena de favores para asegurar una red clientelar que te mantenga en el cargo. A través del no cobro de una multa, la consecución de un contrato, un puesto de trabajo para un vecino o un familiar. Lo que el PP denuncia en la Junta de Andalucía es lo mismo que ha practicado en el Ayuntamiento de Granada o en la Comunidad de Madrid, porque, independientemente de las siglas, lo que hay que limitar por ley es la duración de los mandatos, como también comentaba Jesús Lens en estas mismas páginas. Y parafraseando a Petros Márkaris, con el que Jesús conversó en el Centro Lorca el pasado viernes para clausurar brillantemente la tercera edición del Festival Granada Noir: “No es el policía el que sirve para explicar la realidad, es el género negro, que se ha convertido en el mejor método para abordar los problemas de la sociedad”. En la serie de novelas que le han llevado al gran público, protagonizadas por el comisario Kostas Jaritos, Márkaris retrata una sociedad al borde del colapso. Y lo que ocurre en Grecia es extrapolable a España o a cualquier país de Europa. Emmanuel Macron ha alertado esta semana de que los grandes peligros a los que se enfrenta la UE son los movimientos secesionistas y el populismo. ¡Ay! Cuando pienso en nuestros políticos, siempre me acuerdo de la definición de policía que hace Ambrose Bierce en “El diccionario del Diablo”: “Fuerza armada que participa de los mismos actos de los que nos protege”. Pero claro, también definía al político como “anguila que mora en el lodo sobre el que se erige la estructura de la sociedad organizada”. Y de los escritores decía que “dedican su imaginación a darles vueltas a las actividades de los fantasmas”. Policías, políticos y escritores se mezclan en esta Granada Noir. Lo mismo aprendemos mucho unos de otros.

IDEAL (La Cerradura), 22/10/2017

domingo, 15 de octubre de 2017

Fronteras y derechos

Las aguas del Mediterráneo, vistas desde un barco, no son distintas a las de otro mar: de un azul brillante al medio día, cuando están en calma, como si fuesen acumulando toda su fuerza; oscuras al atardecer, con la marejada, con penachos blancos sobre las olas que ululan y se quejan antes de chocar con el casco. Pero sí son distintas para quien tiene que cruzarlas necesariamente, pues de ello depende su vida, y entonces cobra mucha más importancia el tiempo, más allá de las licencias poéticas, por si la marejada se transforma en un temporal. Quien quizá haya atravesado cuatro o cinco fronteras soportando vejaciones de todo tipo, debe enfrentarse a una más, y en esta última son más importantes las leyes atmosféricas que las de una Europa convertida en una fortaleza. Pero qué difícil es alcanzar el mar. En estos días en que nos preocupan tanto las resoluciones judiciales a propósito de Cataluña, España ha sido condenada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo a indemnizar con 5.000 euros a dos personas que cruzaron de manera irregular la valla de Melilla y fueron devueltas a Marruecos en contra de su voluntad. Lo que se denomina “devoluciones en caliente”, pues ni siquiera se comprueba la identidad de los migrantes, que no reciben asistencia legal o médica. Supongo que para N.D. y N.T., ciudadanos de Mali y Costa de Marfil, el cobro de esa indemnización será como si les tocase la lotería, y el Gobierno español hará bien en pagarla cumplidamente, aunque ya dedique muchos recursos al equipo de Salvamento Marítimo, que tiene como principal objetivo salvaguardar la vida humana en el mar, algo que no hacen otros países europeos. Son las dos caras de España, que se muestran en muchos aspectos de la vida social y política, donde lo mismo asistimos a actuaciones solidarias que a otras que revelan más bien el racismo y la xenofobia. Al parecer, ya nadie se acuerda del drama de los refugiados y del compromiso de acogida de los países europeos, como España, que apenas ha recibido al 12% de la cifra pactada. Estamos demasiado preocupados en salvar la integridad del país y porque parte de la burguesía catalana aliada con sus enemigos naturales no hagan saltar nuestras fronteras por los aires. Parece increíble. Unos tienen tanto que necesitan habitar un país exclusivo. Otros tienen tan poco que les vale cualquier lugar para vivir. Y es que, según desde dónde mires, fronteras y derechos pueden ser sólo algo imaginario.

IDEAL (La Cerradura), 15/10/2017

domingo, 8 de octubre de 2017

Reyes y bufones

 Pues ha tenido que ser el Rey de España quien diga por fin algo sensato sobre la insurrección en Cataluña, resumiendo perfectamente la situación y reclamando la aplicación de la ley y el restablecimiento del Estado de Derecho. Por preparación, saber estar y sentido común sería el mejor político de España; si no fuera rey, claro, porque no podemos votarle en unas elecciones. ¿Podrían intercambiar Felipe VI y Mariano Rajoy sus papeles? Hace mucho, mucho tiempo, un rey le dijo a su holgazán bufón: “Si yo fuera tú y tú fueras yo mis horas volarían alegremente, sin preocupaciones ni pesares que las importunaran”. ¿Cuántas cabezas coronadas hay en nuestro país? Iluminadas hay muchas, y se han dado perfecta cuenta los líderes de la extrema derecha europea, que son los únicos políticos que apoyan a Puigdemont y compañía: Nigel Farage (del UKIP británico), Geert Wilders (líder del PVV holandés) y Heinz-Christian (presidente del FPÖ austríaco). Menudos compañeros de viaje, pero tienen en común defender un nacionalismo obtuso, racista y excluyente. Y no los quieren tampoco los dueños de las principales empresas catalanas, que están cambiando de domicilio, algo que quizá sea más efectivo para parar el procés que la suspensión de la autonomía. ¿En qué piensa Mariano Rajoy? “¡Un euro por tus pensamientos!”, exclaman los bancos catalanes, que requieren un decreto exprés para trasladar sus sedes. ¿Y por qué no una alfombra roja? Los independentistas han llevado a la bancarrota a una de las regiones más prósperas de Europa. Aunque es algo más fácil de lo que parece. Sólo hay que empeñarse en ello. Y en este contexto, resulta bochornoso escuchar en Granada a Luis Salvador pedir la dimisión del alcalde y al PP plantear una moción de censura. ¿Va a volver a gobernar el partido que ha quebrado el Ayuntamiento? El afán de protagonismo de algunos políticos termina convirtiéndolos en bufones, esos funcionarios del servicio doméstico de los reyes cuyo trabajo consistía en entretener a la corte con actos y palabras ridículas. ¿A quién entretiene este nuevo bufón, a Sebastián Pérez? Qué desperdicio de dinero gastado en pagar las dietas de estos personajes, diputados en el Congreso, que a veces también se parece a un circo, como la política una industria más del entretenimiento. Al bufón se le solía llamar tonto, pero hay quien lo presenta como una persona especialmente sabia e ingeniosa. La cosa es tener público, o un espejo. Esta semana el rey de España se ha puesto serio, pero hay quien sigue riéndose a carcajadas. Qué pandilla de bufones.

IDEAL (La Cerradura), 8/10/2017

domingo, 1 de octubre de 2017

Egos y resacas

Probablemente, si la responsabilidad patrimonial de las Administraciones públicas afectase a quienes las gobiernan, no tendríamos al Ayuntamiento de Granada en quiebra técnica, ni el Gobierno de la Generalitat hubiera despilfarrado tantos recursos de todos los ciudadanos catalanes para celebrar hoy domingo un referéndum sí o sí. Los políticos españoles suelen tener una idea muy vaga de lo público, y otra prueba de ello la tenemos en los alcaldes de la Costa Tropical, que se han alegrado esta semana de que el TSJA suspenda por un defecto de forma el decreto de la Junta de Andalucía que prohibía construir a menos de 500 metros de la costa. Los ediles afirman que van a construir 1.600 viviendas entre Albuñol y La Herradura, hoteles en Torrenueva en primera línea de playa y más invernaderos en la franja litoral de Carchuna-Calahonda, según informaba Laura Gautier en IDEAL. Si se trata de entornos naturales protegidos, al parecer no importa, como tampoco que la Junta prosiga con la prohibición y la vía judicial y más adelante tengan que derribarse las nuevas construcciones, como ocurrirá en breve con el Hotel Algarrobico en Almería. ¿Y quién pagará esas obras? La misma responsabilidad, incluso penal, que se exige a los administradores por la comisión de infracciones o negligencia en el cumplimiento de las obligaciones de las sociedades mercantiles, debería exigírseles a los responsables públicos. Porque si tuvieran que pagar las facturas que extiende su ego, presidentes, consejeros y alcaldes se pensarían dos veces ponerse la ley por tricornio (y que viva la Guardia Civil). Pero el mayor patrimonio español es el ego, que no entiende de nacionalidades ni regiones, y así, llevamos demasiado tiempo ya asistiendo a conflictos más personales que políticos, que han contagiado a tertulianos, periodistas y hasta jugadores de fútbol, que pasan muchas horas ante el espejo arreglándose el tupé. ¿Quién tiene el tupé más largo, Gerard Piqué o Cristiano Ronaldo? Lamentablemente, no creo que sea hoy el tipo de disyuntiva que se plantee en las calles de Barcelona, donde han llegado radicales de toda Europa para montar una gran jarana. La ciudad que ha sido símbolo durante años de lo mejor de la cultura española, hoy no lo será de la libertad, sino de la incultura y el populismo. Y a partir de mañana, todo habrá cambiado para que sigamos exactamente igual. Eso sí, habrá que decidir quién paga las facturas de tanta juerga. ¡Con menuda resaca se van a levantar algunos el lunes tanto en Cataluña como en Madrid!

IDEAL (La Cerradura), 1/10/2017

domingo, 24 de septiembre de 2017

Lecciones

Como en esas ocasiones en que encendemos el ordenador y el sistema operativo se reinicia de improviso, quizá deberíamos reiniciar el sistema democrático, colapsado por el virus del proceso kafkiano de Cataluña. Aunque al menos nos ha servido para que se retraten los políticos españoles, desde Mariano Rajoy y Carles Puigdemont a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Y lo peor es quizá lo de este último, que habla de presos políticos cuando se aplica la ley en el Estado de Derecho, y que insulta así la memoria de tantos represaliados en la dictadura franquista, demostrando una vez más que es un trilero de la política e incapacitado para gobernar un país, al menos democrático. Pero tampoco ha estado a la altura de las circunstancias Mariano Rajoy, a quien quizá terminen por hacerle una estatua los independentistas en la rambla de Canaletas, ya que probablemente haya sido de las personas que más han contribuido a la causa por su falta de sensibilidad política, que en su caso es mero hieratismo. Y qué decir de Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y Carme Forcadell, que han logrado llevar el odio y la violencia a las calles, mintiendo y manipulando a una población que ya vuelca su impotencia contra las fuerzas de orden público y las instituciones del Estado. Detrás de algunos lloricas se esconden verdaderos psicópatas, y viendo el respeto que estos en concreto tienen por la ley, ojalá sirva al menos el proceso para que los catalanes se libren para siempre de esta clase política. Y a buenas horas hemos escuchado a Luis de Guindos hablar de la reforma del sistema de financiación autonómica y a Íñigo Méndez de Vigo de la reforma de la Constitución, que algunos han enarbolado como si fuera una vaca sagrada, igual que otros enarbolaron el Estatut como si fuera el vellocino de oro. Lo que más debería preocuparnos es la inflexibilidad de quienes deben solucionar el problema, salvando quizá a Albert Rivera, que al menos tiene las ideas claras y hace propuestas concretas, pues de Pedro Sánchez ni en su partido saben lo que piensa. El nacionalismo ha perdido los papeles, y lo lamentable es que no es la primera vez que en España se acosa a las personas y que algunas agrupaciones políticas se comportan como organizaciones mafiosas o sectas religiosas radicales. En el País Vasco se ha matado durante años defendiendo ideas no muy distintas a las de los independentistas catalanes. Pero, lamentablemente, en toda España sigue habiendo demasiada gente que confunde la política con el terrorismo.
IDEAL (La Cerradura), 24/09/2017

domingo, 17 de septiembre de 2017

Independencia

En estos días en que tanto se habla de “choque de trenes”, “conflictos”, “procesos”, “golpes de Estado” y demás clichés para referirse a la secesión de Cataluña y la desintegración del imperio, según la conocida canción de los Nikis, yo me fijo en la destrucción individual, que algunos se empeñan en ejecutar también a conciencia.  Observo a la gente que duerme en la calle, cada vez más, y que convierte el portal de tu vecino en una casa improvisada. Sólo que no se trata de una casa, y si pasas por allí temprano verás al menos a dos personas durmiendo, que quizá a las siete o las ocho, cuando lleguen los camiones de reparto con el ruido característico, se levanten y doblen sus mantas, como si hicieran la cama. Pero no hay cama. Sólo hilos de excrementos que llegan hasta la acera, porque tampoco hay baño. No sé dónde (si pueden) desayunarán, pero pronto se incorporan a su puesto de trabajo, que es un cartón (el mismo colchón que utilizan para dormir) doblado en la puerta del supermercado. Como un vecino más, este hombre en concreto saluda a la clientela, pero conforme pasan las horas y va trasegando los litros de cerveza que consigue comprar, su comportamiento cambia. Los saludos amables se convierten en quejas o insultos, y al atardecer en gritos. “¡Vosotros!”, dice. “¡Estoy así por vosotros!” Si no fuera un indigente, uno incluso pensaría en Carles Puigdemont o Gabriel Rufián, esas personas que viven gracias al sueldo y al odio que al parecer les procura el Estado. Pero a mí este hombre me despierta mayor solidaridad, aunque su vida se haya convertido en otro disparate. Uno pierde su trabajo, su casa y su familia y se encuentra en la calle. Uno inventa otro mundo en el que poder vivir sin normas, haciendo simplemente lo que le da la gana, embriagándose de una libertad tan vacía que sólo te permite agarrarte a una bandera o a una litrona. Hasta que el vecino se harta. Porque también tiene que levantarse e ir al trabajo, porque tiene –vaya por Dios- que cumplir las normas. Y la historia acaba con la policía en la puerta del supermercado. Y con el indigente, que en ese momento no sólo grita, sino que además insulta y agrede a quien le lleva la contraria, detenido. Podría ser el DIA del barrio. Podría ser, incluso, una ciudad o un país. ¿La independencia? Parafraseando a Bierce, es la condición política de la que cada nación y cada persona creen tener el monopolio.

IDEAL (La Cerradura), 17/09/2017

domingo, 10 de septiembre de 2017

Ciudadanos

Me asombra que entre tantas opiniones sobre el proceso independentista de Cataluña haya tan pocas que se preocupen por los ciudadanos. Por las personas que asisten atónitas al tira y afloja entre la Generalitat y el Estado central y que, sin embargo, no saben cómo será a partir del uno de octubre su vida, o las represalias que desde el Gobierno catalán –para el que el chantaje es algo ya habitual- pueden tomar según cuál sea su comportamiento. La sensación generalizada es que nuestros políticos viven en la Ínsula de Barataria, y lo único que cambia es la bandera que ondea en ese país idílico, que cada cual reviste de unos atributos mayúsculos. Porque demasiados políticos sólo respetan la ley si a ellos les conviene y, en ese sentido, hay poca diferencia entre la corrupción que ha socavado la credibilidad de los partidos y del propio sistema democrático y el proceso independentista de Cataluña, donde la prevaricación es práctica institucionalizada, pero cuyo poder político –desde el clan Pujol- ha sido cimentado por el Gobierno central en sucesivos pactos de legislatura. Y es que al PP y al PSOE les ha faltado sentido de Estado, por su incapacidad para ponerse de acuerdo en cuestiones fundamentales como es la organización territorial. Y no está de más recordar que, aunque resulta indudable la ilegalidad de las leyes aprobadas por el parlamento catalán esta semana, también fue indudable la legalidad en la aprobación del Estatut por el mismo parlamento autonómico y por el parlamento español –como cualquier ley orgánica- y que luego tumbó parcialmente el Tribunal Constitucional previo recurso discutible y electoralista del PP, actualmente en el Gobierno. Sin duda, si hubiera existido mayor voluntad política, no estaríamos hablando hoy de la independencia de Cataluña. Y en este contexto, la única tranquilidad nos la proporcionan los funcionarios, los letrados que advierten de la irregularidad de los procedimientos a la presidenta del parlamento de Cataluña, Carme Forcadell, los secretarios de los ayuntamientos catalanes que paran los pies a los alcaldes y los miembros de las fuerzas de orden público que han recibido –por fin- instrucciones concretas de la Fiscalía sobre el referéndum. Funcionarios que sí suelen respetar las leyes, entre otras cosas porque han tenido que estudiárselas antes, cosa que no podemos decir de todos nuestros políticos. Mientras tanto, a la costa de Motril siguen llegando pateras cargadas de subsaharianos. Personas a las que sólo les importa tener una oportunidad para trabajar y vivir en paz. Como a la mayoría de los ciudadanos.

IDEAL (La Cerradura), 10/09/2017

domingo, 3 de septiembre de 2017

Tesoros

En las vacaciones creemos recuperar un tesoro que perdimos en la infancia, la posibilidad de disponer del tiempo como queramos, que es como vivir en un mundo a nuestra medida. Luego llega septiembre y, como el poeta, uno se dice que nunca ha sido tuya esa infancia, olvidada en la rutina. Pero debe de estar allí, en lo más profundo, esperando una nueva oportunidad. Nos lo ha recordado esta semana la expedición que ha rescatado los cañones de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes, hundida en un punto no precisado al sur del Cabo Santa María, cerca del Estrecho, después de la batalla que fue precedente de la Batalla de Trafalgar. Este pecio fue expoliado por la compañía Odyssey Marine Exploration, y sólo después de un largo proceso judicial el tesoro de 595.00 monedas de oro y plata fue devuelto a España. Sin embargo, hoy día las aguas del Estrecho siguen infectadas de piratas. Han sustituido los cañones por el sónar y los mosquetes y las espadas por bufetes de abogados. Navegan bajo el pabellón de paraísos fiscales como Togo o de empresas como la citada, y siguen contado con el apoyo inestimable de la Royal Navy, que desde Gibraltar radiografía el fondo marino español para apropiarse de las toneladas de metales y piedras preciosas procedentes de la América colonial. Se calcula que hay unos setecientos pecios hundidos en nuestras costas. Si España fuese capaz de recuperar los cargamentos de todos esos barcos hundidos, acabaría para siempre con su deuda pública, y lo mismo le sobraba para crear un nuevo sistema de financiación que contentara a todas las Comunidades Autónomas, incluida Cataluña. Y resulta esperanzador ver a las instituciones hacer algo útil, en este caso el Ministerio de Cultura y Deporte, que ha comandado la expedición junto al CSIC, el Instituto Español de Oceanografía y la Armada Española. Una buena manera de recuperar cierto orgullo patrio y comenzar el mes de septiembre, si no tatareando el himno español, al menos volviendo a cantar una canción de piratas: Delante, el horizonte brumoso sobre el mar, como la realidad emergiendo entre las brumas del sueño. Junto a nosotros sólo está el tiempo, estimulando nuestro cansancio, atento los vaivenes del timón. Unas veces toma la forma de un niño, que nos susurra cosas; otras la de un viejo que nos mira y sonríe irónicamente, con su rostro ajado de derrotas. Entonces también nos reímos un rato de nosotros mismos y ansiamos un puerto donde poder echar un trago de ron.

IDEAL (La Cerradura), 3/09/2017

domingo, 27 de agosto de 2017

Virales

En las redes sociales no pueden ponerse bolardos, y suelen estar tomadas por una horda de bárbaros que dicen no ser fascistas ni racistas, pero que muestran valores semejantes a los de los asesinos a quienes condenan. No existen filtros, y por eso pueden enviar las fotografías de los cadáveres en las Ramblas y después la del terrorista abatido Younes Abouyaaqoub, con la cara ensangrentada, como si se tratase de un trofeo de caza. Y como virus se comportan algunas personas, que alertan de ataques terroristas en calles céntricas o supermercados, atribuyendo la información a la Guardia Civil. Es gente que se alegra de la muerte del enemigo y que, de hecho, no puede vivir sin enemigos, pues su mundo es tan pobre como maniqueo. Pero si nos dejamos llevar por el miedo, las ciudades dejarán de ser un espacio de convivencia, y como las redes sociales, que son su reflejo, a los coches de policía atravesados en la calle Ganivet o a los maceteros de los paseos marítimos de Salobreña o Almuñécar, sumaremos la violencia de algunos ciudadanos. Y quizá debería preocuparnos también cómo se convierte en un asesino alguien a quien sus vecinos describían como un muchacho agradable. Porque hablamos de terroristas que han nacido y se han educado en España, como el niñato de Pedro Abad, el Cordobés, que amenaza con reconquistar Al-Ándalus, aunque no sepa lo que es. ¿Habremos hecho algo mal? En un país aconfesional como España, muchos se rasgan las vestiduras porque haya quien solicite estudiar en los colegios públicos la religión islámica, del mismo modo que puede estudiarse la religión católica. ¿Y no es preferible que existan estudios reglados de teología islámica para los imanes y un registro de las 1.500 mezquitas que hay en España para controlar las actividades religiosas? La Comisión Islámica debería tener la misma financiación pública que la Iglesia católica, pues el mismo daño puede hacer un imán fanático en Gerona que un cura en Madrid pidiendo la muerte para los de Podemos. La educación es competencia del Estado y de las Comunidades Autónomas, que deben asegurarse de que en los contenidos figure el conocimiento y respeto del ordenamiento jurídico y de los derechos y deberes constitucionales. Actualmente, es Arabia Saudí la que financia la construcción de mezquitas en España y coloca a imanes afines a su interpretación radical del islam, y esto tiene que cambiar. La libertad de culto es un derecho fundamental, pero debe ejercerse con responsabilidad. Aunque también podríamos sacar por fin la religión de las escuelas públicas, claro.

IDEAL (La Cerradura), 27/08/2017

domingo, 20 de agosto de 2017

El lenguaje de la ley

Actualmente, el lenguaje universal es la tecnología. Los inmigrantes africanos llegan a España sin ropa y sin nombre, pero con móvil, para conectarse entre sí y con sus familiares. Si es en wolof o en mandinga no importa, vivimos en un mundo tan cínico que es más importante poder chatear que morirse de hambre. Por eso hay oenegés que se preocupan de que existan Apps accesibles con información básica sobre nuestro idioma, normativa y costumbres, aunque las Administraciones sigan en la inopia, discutiendo si hay que poner o no una tasa al turismo. Que en el casco urbano haya cada vez más casas ocupadas o gente durmiendo en las calles, parece ser algo secundario, como que un alto porcentaje de la población –cada vez más alto- sean personas que han nacido en otros países, y que si no entienden el idioma mucho menos entenderán las veleidades políticas. En una semana en la que tanto se hablaba de la turismofobia y cuando algunos descerebrados identificaban a turistas con terroristas, el yihadismo nos ha recordado en Cataluña quién es el verdadero enemigo de nuestras sociedades y cuáles son los problemas que deben afrontar nuestras Administraciones públicas. La política de prevención debe combinar una política social y una política de seguridad. Pero da la sensación de que las instituciones siguen pensado que la inmigración es un mero problema coyuntural, mientras que, en lo que se refiere a la seguridad, ha resultado penoso escuchar cómo se reclamaban competencias internacionales para los Mossos de Esquadra en vez de una mayor coordinación con la Policía Nacional y con la Guardia Civil, que es algo que exige el más mínimo sentido común. El mundo ha cambiado, pero se ve que aún no nos hemos dado cuenta. Nos preocupan los números y las estadísticas, pero no entramos en el fondo del asunto. Ante las imágenes de los cadáveres en las Ramblas de Barcelona, las redes sociales se han llenado de insultos y gritos de quienes piden la expulsión de todos los árabes de nuestras ciudades. Sin embargo, basta darse una vuelta por las tiendas de las grandes firmas comerciales para comprender que estas piensan en un tipo de cliente multirracial y multicultural, pues así son ya nuestras sociedades. Y lo que hay que defender no es la democracia, que en sí misma no es nada, sino la aplicación de la ley, que es la expresión de la democracia. Ésa es la única fuerza de las sociedades democráticas.

IDEAL (La Cerradura), 20/08/2017

domingo, 13 de agosto de 2017

Película de terror

En los paseíllos universitarios hay un nuevo habitante: silencioso y largo como una serpiente blanca, roja y verde, de ojos amarillos y extraños gnomos visibles en el interior de la cabeza. Cuando menos te lo esperas, aparece, reptante, mientras hace sonar las campanas de la muerte. Es lo que piensan los corredores y las parejas de ancianos que llevan décadas dando la vuelta de honor por esos jardines: “No, si al final me va a atropellar el puto metro”. Porque el metro ha llegado, sí, aunque sólo sea para interrumpir el ejercicio matinal y el deambular de perros y gatos. Al parecer, no había otro lugar para que pasaran las vías del destino, y puestos a cargarse uno de los pocos espacios verdes que existen en la ciudad, ya hay quien piensa en levantar en el campo de rugby otra muralla de edificios. ¿Cómo se convierten los espacios públicos en el decorado de una película de terror? Cualquier ciudad histórica que se precie tiene un plan urbanístico a la medida de su patrimonio, pero Granada se mueve a golpe de iluminados que aceptan pisos en el Paseo del Salón a cambio de licencias, recalificaciones por áticos en el centro, o tan sólo una foto con los vecinos del barrio por el título de marqués del Ave Soterrado. Total, si luego te premian con la presidencia de una Caja o te renuevan la confianza en el partido hasta que te la quiten los tribunales. Quizá tenga algo que ver con la condición de Reino de Granada que tanto nos gusta recordar el que nuestros alcaldes tiendan a comportarse como reyezuelos que hubieran recibido una maldición de la madre de Boabdil y otra de los Reyes Católicos. Esa cosa esotérica que se llama efectivamente como usted está pensando y que es la piedra angular del ser granadino, una especie de súcubo creado por la confluencia de las tres culturas milenarias y la ausencia de una cultura contemporánea, de andar por casa. Así aparecen esos otros extraños seres que recorren las calles para darte sustos de muerte, aunque no estén inaugurados oficialmente. Es como una pesadilla de Alex de la Iglesia, que lo mismo podría solucionarse con un nuevo Plan de Ordenación Urbana elaborado por expertos y pactado por todas las fuerzas políticas. ¿Es mucho pedir? Si no es posible, acaso habría que llevarse al arzobispo al próximo pleno municipal para practicar un exorcismo. Y a lo que salga –¿el demonio Malafollá?- le hacemos una estatua en la plaza del Carmen. Para atraer más turistas, claro.

IDEAL (La Cerradura, 13/08/2017)

domingo, 6 de agosto de 2017

Turista accidental

Lo mejor del verano es que la ciudad se vacía y de pronto llegas a tiempo a cualquier sitio. El tráfico de despeja, los autobuses pasan puntuales y, si te atreves a coger el coche, incluso encuentras aparcamiento. Como tus vecinos se han ido, puedes relajarte un poco con la música, comprar tranquilamente en el supermercado y preparar una buena cena para los amigos, aunque sean imaginarios. Por las mañanas puedes además adoptar el modo turista, y vestido con camiseta y bermudas y calzado con unas chanclas, visitar como si fuera la primera vez el Centro José Guerrero y la Capilla Real, comer en la plaza de la Pescadería, tomarte un té en la cuesta de San Gregorio. Incluso subir al Albaicín, huyendo de los grupos de japoneses que hacen fotos a cualquier hora del día en lugares insospechados, a las cuatro y media de la madrugada en la Gran Vía, y a las cinco en los bosques de la Alhambra. Es lo que tiene creer que tienes la ciudad para ti solo. ¿Quién necesita la playa en este paraíso urbanita? Menos bañarte en el mar, puedes hacer cualquier cosa. Hasta la malafollá parece dormitar en las aceras, aunque siempre hay algún camarero dispuesto a desmentirlo, de esos que te perdonan la vida al ponerte una cerveza con alguna tapa grasienta. ¡Será por calor! Pero al menos te libras de los cuerpos orondos y sudorosos embadurnados de crema, orgullo español por la dieta mediterránea, y a los que afortunadamente en la urbe sólo ves en las películas de Torrente. Porque chicas en bikini sí que hay. Y tiene gracia. Será por la globalización, pero hay gente que se viste igual para salir a la calle que para ir a la playa. Aunque a la playa van antes, para lucir en la acera el moreno trabajado en la arena. Que sí, que sí, que el moreno también se trabaja. ¿Cómo soportar si no la radiación solar y el futuro cáncer de piel? Más nos vale un buen color efímero, con el que disfrutar de las noches de fiesta. Y así te encuentras a ellos y a ellas, como si fueran a darse un baño, comprando un helado en Puerta Real, que siempre ha sido un buen paseo, que no marítimo. Todo sea por las vacaciones, aunque algunos políticos quieran eliminarlas para cuadrar las cuentas públicas.  Entre Hawái, Cancún o Palma de Mallorca, hay quien prefiere quedar en la Fuente de las Batallas.

IDEAL (La Cerradura), 6/08/2017

domingo, 30 de julio de 2017

Huida hacia delante

Mientras media España escapa estos días de vacaciones para volver a encontrarse consigo misma en la costa o en la montaña, la granadina Juana Rivas ha tenido que huir de la justicia para no entregar la custodia de sus hijos, de once y tres años. Juana denunció en el año 2009 por violencia de género a su marido, que fue condenado por un delito de lesiones a tres años de cárcel, que no tuvo que cumplir. Sin embargo, la pareja volvió a convivir en Italia, donde tuvo su segundo hijo, hasta que, en 2016, Juana abandonó este país con sus dos hijos y, al llegar a España, volvió a denunciar al padre por violencia machista, una denuncia que está pendiente de tramitarse entre España e Italia. Pero un juzgado de Granada sí ha actuado con celeridad para atender la reclamación del padre, aplicando un convenio internacional contra el traslado ilícito de menores, ya que éste se produjo sin su consentimiento. Es un caso que ha provocado alarma social, la solidaridad con Juana de todo el pueblo de Maracena e incluso la actuación del Defensor del Menor Andaluz y de la propia Junta de Andalucía, dispuesta a personarse en la causa. Pero Juana Rivas se ha equivocado al incumplir una orden judicial, por muy injusta que ésta sea. Porque si uno pretende que se le reconozca un derecho, lo primero que debe hacer es cumplir escrupulosamente la ley. Con más razón si se trata de una sentencia que no es firme y que va a ser recurrida, según explicaba su abogada, Marta Castillo. Sin duda la propia justicia puede causar injusticias, pero, viendo las cosas desde fuera y sin conocer realmente los hechos, todo se convierte en una cuestión de perspectiva, que puede resultar fácilmente errónea. De hecho, en los medios italianos es el padre quien es retratado como una víctima, y probablemente allí la opinión popular –que no decide en este caso- esté de acuerdo con la custodia paterna. Es lo que a su vez cuestiona su abogado, Adolfo Alonso, que habla de “agitación social” y de “presiones”, y que probablemente denunciará a Juana por secuestro para obligarla a cumplir la orden judicial. Alonso destaca que el padre, Francesco Arcuri –cuyo nombre no se cita en muchos medios y al que, por tanto, se deshumaniza-, aceptó la condena de 2009 para poder seguir viendo al mayor de sus hijos. ¿Quién tiene razón? Es precisamente lo que tienen que resolver los tribunales, cuya actuación deben respetar los ciudadanos y las Administraciones públicas.

IDEAL (La Cerradura), 30/07/2017

domingo, 23 de julio de 2017

España chirona

Como si fuera una metáfora del país, la liga española de fútbol se desintegra: Cristiano Ronaldo está triste, Neymar se va al PSG, detienen al presidente de la Federación, Ángel María Villar, después de veintinueve años en el cargo. ¿A alguien puede extrañarle? El mundo del fútbol tiene su espejo en la política: nepotismo, tráfico de influencias, millonarios derechos de televisión, defraudación, compra de votos, comisiones ocultas en los fichajes, todo consentido por una población que acude a los estadios como a las urnas, alienados, medio autistas, drogados por las noticias del mercado, un bombardeo de balones opiáceos. ¿Y cómo limitar los mandatos en la Federación Española de Fútbol, una asociación privada pero de utilidad pública, si se permite lo contrario en los ayuntamientos, en las comunidades autónomas y en el gobierno de la nación? ¿Por qué iba a ser esta entidad deportiva un cortijo diferente? Si uno acude a los estatutos de la Federación, se encuentra con que es una asociación sin ánimo de lucro, lo cual te hace soltar una carcajada, si tenemos en cuenta el sueldo de su presidente, diez veces más alto que el de Mariano Rajoy. Porque Ángel María Villar gana más de 750.000 euros anuales, contando sólo lo que cobra de la propia Federación, la FIFA y la UEFA; más las dietas, claro, aunque según al UCO ha cobrado también comisiones por la celebración de encuentros amistosos de la Selección Española de Fútbol. Pero la presidencia de una asociación sin ánimo de lucro debería ser un cargo sin ninguna remuneración, como ocurre en la mayoría de las entidades que adoptan estas formas jurídicas, y cuyos fines suelen ser políticos, sociales y culturales. También deportivos, pero cuando lo que pretenden fomentar verdaderamente son valores como el esfuerzo, la superación y el compañerismo, sobre todo entre los más jóvenes. Pero ¿es esto lo que fomenta un deporte como el fútbol hoy día? Cuando un niño te dice que de mayor quiere ser Messi o Cristiano Ronaldo, probablemente esté pensando ya en los números de la cuenta corriente, además de en alguna pose estúpida o un nuevo corte de pelo. ¿Qué ocurrirá en el resto de federaciones regionales y en los demás deportes? ¿Podemos presumir que será lo mismo que en los partidos políticos, también entidades privadas que cumplen fines públicos? ¿Y lo mismo que en las Administraciones públicas, donde tantas personas demuestran el mismo apego al cargo que Villar? ¡Cuántas vocaciones de servicio público existen en esta España santa y chirona!

IDEAL (La Cerradura), 23/07/2017

domingo, 16 de julio de 2017

Iceberg

Como ese iceberg diez veces más grande que la ciudad de Madrid que acaba de desgajarse de la Antártida, también la política granadina marcha a la deriva, aunque lamentablemente no creo que ésta se derrita, ni que alcance las Islas Malvinas. La política y los políticos granadinos funcionan por inercia, y si el PP había convertido el Ayuntamiento en un cortijo para especuladores durante años, ahora es incapaz de reconocer sus errores, como hace el propio partido en Madrid, por lo que no podrán desligarse del soniquete de la corrupción, que parece asimismo un problema continental. Pero el problema del Ayuntamiento de Granada es de desgobierno, porque aquí cada partido va a lo suyo pase lo que pase, y son incapaces de adaptarse a las circunstancias. Con ocho concejales, Paco Cuenca puede hacerse poco más que fotos aquí y allá, y si no hay un pacto entre los grupos municipales Granada se irá a la quiebra, aunque hace tiempo que quebró en el plano moral. Pero si uno atiende a las declaraciones de los portavoces de los otros partidos, más bien lo que esperan es que Cuenca se haga un harakiri, como se lo han practicado entre todos al Centro Lorca. ¿Cómo se explica la inoperancia de un consorcio donde están representadas todas las Administraciones públicas españolas? Una salida fácil sería decir que es un ejemplo más del esperpento de nuestra organización territorial, pero es que la actualidad informativa granadina pasa por un permanente día de la marmota. Como un mantra que hubiera que repetir, corrupción urbanística, cuentas municipales, AVE, metro y las facturas del Centro cambian de orden en los titulares informativos, aunque el resultado sea siempre el mismo: cero absoluto, como decía en el colegio un profesor de cuyo nombre no quiero acordarme. ¿Nadie es capaz de cambiar esta inercia alienante? ¿No pueden los partidos políticos de la capital llegar a un gran pacto por la ciudad? En este sentido, es de aplaudir la iniciativa del alcalde para consensuar con el resto de las fuerzas políticas “las propuestas que definirán el futuro de la ciudad”. ¿Y cuáles son esas propuestas? Significaría un punto de inflexión para Granada ver a los portavoces de los grupos municipales explicando juntos esos proyectos y comprometiéndose a ejecutarlos. En los últimos meses, los granadinos han demostrado en las manifestaciones contra la fusión hospitalaria o el desmantelamiento del TSJA que son capaces de cambiar las cosas. Y es hora de que también nuestros concejales rompan con la inercia de esta política iceberg.

IDEAL (La Cerradura, 16/07/2017)

domingo, 9 de julio de 2017

Indígenas

Cuando se celebran veinticinco años de la aparición del fantasma del Ave en Granada, uno puede sin embargo subirse en un avión y soñar con una ciudad diferente de la discutida una vez más en el salón de plenos del Ayuntamiento. Hasta que vuelves a aterrizar en el aeropuerto Federico García Lorca, claro, y sufres de nuevo el puñetazo de la malafollá. Empezando por el control de entrada. Si en un aeropuerto diez veces mayor de una ciudad veinte veces mayor uno apenas tarda diez minutos en mostrar su pasaporte, aquí puede pasarse media hora haciendo cola en un recinto minúsculo, pues sólo hay un policía en el puesto, que además habla únicamente en español a los viajeros, sean estos españoles, ingleses o polacos. “Sólo spanish”, afirma simpático cuando a una estupefacta viajera se le ocurre hacerle una pregunta. Y como si algún hado maléfico quisiera que te olvidaras de lo que era la civilización, la posesión por el espíritu de la malafollá se produce cuando entras en uno de los taxis que opera de manera monopolística en el aeropuerto. Un vehículo sin taxímetro conducido por una especie de indígena granadensis que te explica entre gruñidos que sólo hay dos tarifas: la uno, que cuesta 28 euros, si te lleva a Granada capital; y la dos, que cuesta 30 euros, y que se aplica “de noche” (sic). Y como hasta para el indígena el argumento resulta algo rocambolesco, añade a continuación que lo mismo ocurre en ciudades como Madrid, Barcelona o Málaga, donde “aunque los taxis lleven taxímetro en realidad te aplican una tarifa única” (sic). En ese momento ya estás gritando interiormente: “¿Por qué? ¿Por qué has tenido que volver? ¡¿Por qué?!” Pero tampoco tienes tiempo de exteriorizarlo, pues ahora el indígena atiende alegremente una llamada telefónica, con el manos libres, eso sí, para que los pasajeros podamos participar del entretenimiento local. Y aquí empiezan los gritos y exabruptos reales. Porque se ve que el cuñado del indígena –que es el interlocutor- no ha podido hacer una gestión relacionada con ¡la licencia del taxi! “¡Si es que en el ayuntamiento de Santa Fe son unos inútiles!”, grita el indígena. Y después se caga en todo el santoral. En ese punto, los pasajeros –y quizá el cuñado- estamos al borde del infarto del que nos habíamos librado al aterrizar. Pero el taxista sigue a los suyo, gritando, hasta que al final llegamos a nuestro destino y concluye: “¡Lo que hay allí metío!”, que es precisamente lo que tú piensas. En dónde nos habremos metido.

IDEAL (La Cerradura), 9/07/2017

domingo, 2 de julio de 2017

Plurinacional

Resulta inquietante la ignorancia olímpica de algunos de nuestros políticos, que utilizan conceptos sin saber lo que significan, proponiéndolos incluso como modelo constitucional. Ocurre con el término que da título a esta columna, del que se sigue hablando esta semana. Porque se trata de un concepto acuñado en España, aunque la vicesecretaria general del PSOE, Adriana Lastra, haya ido a buscarlo a América Latina, donde países como Bolivia, Ecuador o Perú lo importaron con un sentido muy diferente, pues allí sí puede hablarse con propiedad de procesos de emancipación de los pueblos indígenas, que aún deben superar los resabios coloniales. Pueblos aborígenes que han sufrido la segregación racial y económica, la exclusión y la marginación, algo que no puede decirse de “las nacionalidades y regiones” que integran la nación española, por utilizar los términos de la Constitución, y que se han desarrollado democráticamente. De hecho, aunque las propias constituciones de Ecuador o Bolivia utilicen el término plurinacional para referirse a la organización territorial del Estado, en estos países no existe una verdadera parcelación del poder político, porque los gobiernos autónomos descentralizados ecuatorianos o los departamentos bolivianos carecen de parlamentos, y se parecen mucho más a nuestras corporaciones locales, que tienen una autonomía administrativa, pero no política. Algo que saben bien nuestros ayuntamientos, que no crean leyes, sino que aplican las estatales, como también ocurre en estos países de América Latina. Sí es verdad que en Bolivia y Ecuador se ha dotado de personalidad jurídica y por tanto de derechos a los pueblos indígenas y hasta a la propia naturaleza (algo que sí merecería la pena copiar aquí para la protección efectiva del medioambiente), pero, fuera de algunos políticos, no veo yo en España a los indígenas por ninguna parte. De hecho, quizá habría que recordarle al PSOE que fue un político conservador, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, el que allá por la denostada Transición, habló de una “nación de naciones”. Y fue Gregorio Peces Barba quien, en el mismo proceso constituyente, destacó tres aspectos del artículo dos de la Constitución española: “Primer aspecto: España-Nación, cuya unidad se afirma vigorosamente; segundo aspecto: España compuesta por comunidades que se califican como nacionalidades y regiones y respecto de las cuales se predica y se garantiza el derecho a la autonomía; tercer aspecto: la necesaria solidaridad entre todas estas nacionalidades y regiones”. Y afirmó que “la nación de naciones puede ser un solo Estado”. Quizá les resultara ilustrativo a nuestros actuales políticos leerse los diarios de aquellas modélicas sesiones.

IDEAL (La Cerradura), 2/07/2017

domingo, 25 de junio de 2017

Calor

Mientras en USA cierran aeropuertos por la ola de calor, en Andalucía autorizan a los padres a no mandar a sus hijos al colegio, vayamos a que les dé un soponcio. ¿Se habrá convencido Donald Trump del cambio climático? ¿Lo explicarán en esos colegios públicos andaluces que tienen aulas prefabricadas y techos de uralita? Pedro Sánchez nombra a la nueva ejecutiva del PSOE y Susana Díaz exclama: “¡Ozú, qué caloor!” Que es lo que dicen también los granadinos cuando vuelven a oír que dentro de poco vendrá al Centro Lorca el legado del poeta. Y que pronto tendremos el metro. “¡Ozú, qué caloor!” Y que las obras del Ave progresan adecuadamente. Y que lo mismo hasta arreglan las cuentas municipales. “¡Ozú, qué caloor!” Como los colegios andaluces, que en estas fechas parecen más bien invernaderos construidos con la finalidad de producir mano de obra barata y sobradamente preparada menos para las inclemencias meteorológicas, la actualidad política es un bochorno capaz de licuar cualquier tipo de vida inteligente. Y quizá tenga algo que ver el informe de Cáritas y la Fundación FOESSA, publicado esta semana, que habla de un país donde muere más gente de la que nace y los que viven son más pobres de lo que eran cinco años antes. Un país donde seis de cada diez hogares no llegan a fin de mes; o donde nos hemos acostumbrado a que existan pobres y donde el 71% de la población cree que votar no sirve para nada, hartos quizá de abochornarse por la actuación –ya hablan más en las redes sociales que en el Parlamento- de nuestros representantes públicos. Un país donde el 47,1% de los encuestados cree que dentro de cinco años estará igual que hoy, y otro 26,4% cree que empeorará, lo que tampoco habla bien de nuestra clase política. Pero es que no es lo mismo crecimiento económico que progreso social, como destaca el secretario de Cáritas, Sebastián Mora, quien señala que las personas excluidas no están en el debate público ni son una prioridad. No, en España seguimos aprendiendo a hacer la o con un canuto, reescribiendo la Transición y redescubriendo conceptos como el de plurinacionalidad, que copiamos a países como Bolivia, que nos lo había copiado previamente, donde se aplica a las comunidades indígenas, aunque allí no exista propiamente como aquí una parcelación del poder político y las llamadas plurinacionalidades tengan muchas menos competencias que las Comunidades Autónomas españolas. “¡Ozú, qué caloor!” Necesitamos partidos y políticos que trabajen para solucionar los problemas reales de los ciudadanos.

IDEAL (La Cerradura), 25/06/2017

domingo, 18 de junio de 2017

Tolerancia

Resulta muy ilustrativa sobre la ciudad en que vivimos la polémica creada en torno a la celebración del Ramadán en los jardines del Triunfo de Granada, una plaza pública con una dilatada historia, pues acogió una basílica visigoda en el siglo XI, un cementerio musulmán el en siglo XIII, el Hospital Real en el siglo XVI y la instalación de la estatua de la Inmaculada en el XVII, que vio el fusilamiento de Mariana Pineda en el XVIII así como la edificación de la plaza de toros del Triunfo que le da nombre, después de la expulsión de los franceses. ¿Qué más podría haber pasado en este recinto? Pues que algunas personas se creen que es de su propiedad, y que en un Estado aconfesional las administraciones necesitan su permiso para autorizar un acto social, ya sea de contenido político, cultural, deportivo o religioso. ¿Hubiera sido más adecuado que, en vez del Ramadán, los hinchas del Granada CF hubieran celebrado un hipotético campeonato de liga –y tan hipotético- donde algún orangután se hubiera encaramado a la estatua para ponerle una bufanda rojiblanca? Que alguien se tome a mal la celebración de un acto pacífico de convivencia sólo revela nuestra falta de cultura democrática. ¿Hubiera generado alguna polémica la celebración de un acto budista con Richard Gere a la cabeza? En unos momentos de temor al yihadismo fundamentalista, todo se magnifica e instrumentaliza. Y resulta lamentable que lo hagan algunos partidos políticos, a los que debería interesarles más la perfecta integración de aquellos musulmanes que, como el imán de la Mezquita mayor de Granada, Sheij Ahmed Bermejo, están convencidos de que el islam es “convivencia y generosidad”. Particularmente, son los vecinos que a mí me gustaría tener, independientemente de sus creencias religiosas, porque, más bien, lo que estoy acostumbrado a ver es a personas con un nivel cultural paupérrimo. Personas que siempre se sienten agraviadas por lo que hacen o piensan los demás, simplemente porque no coincide con sus costumbres ni con su propio pensamiento. Esas personas que han llenado las redes sociales de insultos a la propia inteligencia, pero que rezan el rosario en el mismo lugar “en desagravio, defendiendo las costumbres, valores y cultura heredadas”. ¿Sabe esta gente cuál es su cultura heredada? ¿Se refieren a la Alhambra o al Albaicín quizá? Porque se parece más bien al racismo y a la xenofobia. Y nadie debería ignorar ya que vivimos en una sociedad multicultural. Una sociedad que sólo sobrevivirá si ejerce los valores del respeto y la tolerancia.

IDEAL (La Cerradura), 18/06/2017

domingo, 11 de junio de 2017

Enseñanza pública

Me parece una medida excelente que la Junta bonifique el 99% de la matrícula de los estudiantes que aprueben el curso en las universidades andaluzas; siempre, claro está, que este coste no sea repercutido a las propias universidades. De hecho, la enseñanza pública debería ser gratuita en todos los niveles independientemente de la renta de los alumnos, y resulta alentador que sea Andalucía, una de las comunidades con los índices de paro y pobreza más altos de España, quien lidere esta iniciativa, que espero que imiten otras comunidades autónomas. Porque, sin duda, la inversión en educación debe ser prioritaria para cambiar la matriz productiva de la región, tradicionalmente apegada a la agricultura y el turismo, para sustituirla por una matriz del conocimiento. Pero se trata de algo más que del crecimiento económico y de las demandas del mercado de trabajo. Se trata de formar a universitarios, es decir, a personas que conocen las reglas del mundo y están preparadas para encontrar su lugar en él. Y para eso es necesario que la educación sea exigente, pero también desarrollada en unas instituciones flexibles y conectadas a la realidad, y ejercida por profesionales comprometidos con su trabajo y con la sociedad en que viven. Un gran ejemplo del poder y la función de la educación pública lo tenemos en Mohammad, refugiado sirio de once años y granadino de adopción, a quien nos presentaban Ángeles Peñalver y Ramón L. Pérez en IDEAL esta semana. Hace dos años Mohammad no sabía español, y hoy, sin embargo, es uno de los mejores alumnos de su colegio. Como explicaba su padre, Rabie Zahran, doctor en Historia, esto no hubiera sido posible sin el apoyo de los profesores y el director del CEIP Vicente Aleixandre. Y ahí tenemos a un padre que hace equipo con el colegio de su hijo para mostrarnos un modelo de integración social en unos tiempos en los que hay quien pone en duda las garantías del Estado de Derecho. Pues la mayor fortaleza de la democracia para enfrentarse al fundamentalismo es la educación, dándoles las herramientas a los jóvenes para que crean en nuestra sociedad y sean capaces de trabajar y desarrollarse en ella. Pero no es ése el camino que ha tomado España, que destina menos del 4% del PIB a educación, y donde casi el 23% de los jóvenes entre quince y veintitrés años ni estudia ni trabaja. Son cifras vergonzosas, que nos colocan a la cola de los países de la OCDE. Como sabe Mohammad, aprender es vivir dos veces.

IDEAL (La Cerradura), 11/06/2017

domingo, 4 de junio de 2017

El hombre de la multitud

Resulta sospechosa la aparente unanimidad en la opinión pública sobre la actualidad política. Esa tendencia a relacionar la elección de Donald Trump en Estados Unidos con el Brexit en el Reino Unido o el ascenso de la extrema derecha en Europa y de otros partidos que tildamos de populistas, aunque no sepamos muy bien qué queremos decir con eso, pues si atendemos al diccionario de la RAE, nos referimos a un partido perteneciente al pueblo, lo que significaría el mayor de los elogios, ya que el principio que fundamenta una democracia es la soberanía popular. Muy al contrario, lo que revelan estos análisis es el miedo a una sociedad incontrolada, a ciudadanos que expresan con su voto su impotencia o su radicalidad. ¿Se trata de una sociedad incontrolable? Lo que más me asombra de los análisis políticos es que no suelan entrar en las razones que originan estos cambios, y que tampoco se señale a los responsables. Hemos deseducado a los ciudadanos para que dejen de pensar por sí mismos, y ahora nos inquieta que lo hagan, y además que no opinen como nos gustaría. Como en el cuento de Edgar Allan Poe que da título a esta columna, estamos creando ciudadanos que tienen miedo a la individualidad y a pensar por sí mismos. A quedarse aislados de la multitud, de las redes sociales, del pensamiento único. Que tienen miedo a enfrentarse con su responsabilidad, por lo que necesitan la compañía de esa masa vociferante que ya no es una sociedad ni un conjunto de individuos, sino el monstruo de la multitud, que está representado en toda Europa por partidos como el Partido de los Daneses (Dinamarca), Amanecer Dorado (Grecia), Partido Nacional-Demócrata (Alemania), Movimiento Resistencia Nórdica (Suecia), Lealtad y Acción (Italia), Reclutas Eslovacos (Eslovaquia), el Partido del Progreso (Noruega), Jobbik (Hungría) o el Frente Nacional en Francia, cuya derrota en las pasadas elecciones han celebrado muchos europeos. ¿Y España? ¿Años de dictadura nos vacunaron contra el extremismo? En ciudades ultraconservadoras como Granada sabemos que no, y sólo hay que acordarse de los actos de la Toma. Pero hay más. Porque grupos ultras como Núcleo Joven tienen miles de seguidores en Twitter, entre ellos a demasiados estudiantes universitarios que periódicamente protagonizan incidentes en la ciudad. Y es que a veces, como escribiera Poe, la densidad de la muchedumbre te hace sentir solo. En la soledad creamos monstruos, como el miedo en las tinieblas. Pero qué lejos del ser humano se encuentra el hombre de la multitud.

IDEAL (La Cerradura), 4/06/2017

lunes, 29 de mayo de 2017

Renta básica

En una sociedad donde abunda la miseria siempre hay quien se aprovecha para sacar ventaja. Prestamistas, especuladores, estraperlistas que, amparados en la ley de la oferta y la demanda, aceptan a precio de saldo las herencias familiares. Las calles se han llenado de casas de empeño, de marchantes que compran plata y oro al peso, o cualquier objeto valorable económicamente y al que se le pueda sacar un beneficio. Es algo legal, desde luego, desde la Edad Media, y ya no son los tiempos en los que, con la excusa de la religión, se expulsaba a los prestamistas a los que se les debía dinero, como ocurrió en España con los judíos. Actualmente, el país es de los prestamistas, de los bancos que a través de las instituciones europeas nos obligan a ajustar las cuentas públicas. Y se ve que es algo necesario, si atendemos a la gestión torticera que algunos políticos y empresarios hacen de los recursos y de las subvenciones europeas, de la obsesión de parte de la sociedad de aprovecharse del sistema, de este Estado social y democrático de derecho, como lo define la Constitución española, y que sin embargo ha marginado a buena parte de los ciudadanos. Según datos del INE, el 35,4% de la población andaluza se encuentra en riesgo de pobreza, y el 27,9% en el ámbito nacional. Y eso en un país que presume de batir récords de crecimiento económico, pero donde el sueldo medio ya no alcanza siquiera los mil euros. ¿Mileuristas? Este es ya un término para referirse a una clase privilegiada dentro de la generación de jóvenes que todavía viven en España. Pero ¿habría alguna manera de terminar con tanta desigualad? Yo creo que sí: instaurando el derecho a recibir una renta básica del Estado, que debería estar recogido en las constituciones en el mismo capítulo que establece el principio de capacidad económica como criterio rector del deber de los ciudadanos de contribuir al sostenimiento de los gastos públicos. Y que deberían explicarle también a Cristiano Ronaldo. Para el caso, según vienen avisando los medios, en un futuro próximo la mayoría de los trabajos serán desempeñados por robots. Y si, por otra parte, según Credit Suisse, el 1% de la población mundial dispone del 75% de los recursos económicos del planeta, ¿dónde está entonces el problema? ¡Que repartan un poco! A ese 1% le dará igual que trabajen personas o robots. Lo que no sé es si los prestamistas consentirían que una máquina sustituyese a Cristiano Ronaldo. Para pagar impuestos, claro.

IDEAL (La Cerradura), 28/05/2017

domingo, 21 de mayo de 2017

Marcianos

Los políticos españoles están desorientados, y ven fantasmas por todas partes: ucos, udefs, ufos (unidentified flying object), ovnis, que es como se traduce en castellano a los objetos voladores no identificados. No identificados por los partidos o por los políticos mismos, que cuando los detienen exclaman: “¿Qué es eso de la UDEF?” Pues cualquier ciudadano sabe que se trata de la policía, la pasma, la bofia o los picoletos, aunque, en este caso concreto, sean la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal de la Policía Nacional y la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil. A las que, por lo visto, y a pesar de los apelativos, se les tiene mucho más respeto en la calle que en los parlamentos (contando los autonómicos, tenemos dieciocho en España, aunque a menudo nos preguntemos para qué). Y por eso ahora quieren controlar a la policía, como ya se hace con los fiscales y se intenta hacer con los jueces, pues a nuestros políticos no les gusta que les investiguen, ya que creen vivir en un cortijo que llamamos democracia. Así, los que están acostumbrados a meter la mano en las arcas públicas, cuando se les acusa por ello hablan de manos negras, mientras señorías y periodistas hacen cábalas sobre quién sustituirá al juez Velasco y enjuiciará los casos de corrupción “Púnica” y “Lezo”. En un país donde la justicia funcionase de manera independiente, ¿le importarían a alguien las ideas políticas de los magistrados de la Audiencia Nacional? Probablemente sólo a los imputados. Pero aquí le importan a todo el mundo, y todo el mundo cuestiona la actuación policial y judicial, lo que evidencia –además de una ausencia alarmante no ya de formación jurídica, sino de ética- que lo único que nos preocupa de la justicia es poder influir en ella. Algo normal, por otra parte, en quien está acostumbrado a mandar y a ponerse el mundo por montera, que no un tricornio o una gorra con la enseña nacional. Esta semana hemos escuchado a Cristina Cifuentes cuestionar la objetividad de la policía, y también a Isabel Nieto y a José Torres Hurtado, que curiosamente tienen en común ser investigados por los delitos de prevaricación y cohecho por parte de dos cuerpos policiales distintos, tutelados por la fiscalía y la judicatura. Pero a nuestros políticos les preocupa que los cuerpos de seguridad fomenten “el populismo mediático”. Y así todos los días. Quizá tengan en común participar en las mismas cosas de las que nos protegen. ¡Nos atacan los marcianos!

IDEAL (La Cerradura), 21/05/2017

domingo, 14 de mayo de 2017

Pelos

Tengo por costumbre preguntarle a la gente sobre qué escribiría un artículo si tuviera oportunidad, por lo que muchas veces no soy yo quien escoge el tema de las columnas, sino que prefiero seguir el mejor criterio de los demás. En ese sentido, confieso que me decanto por lo tradicional, porque no acudo a Facebook ni a Twitter, sino a las peluquerías del barrio, que suelen ser los lugares donde se habla más abiertamente, quizá porque ya te están cortando –que no tomando- el pelo-. El que está acostumbrado a cortarlo y a tomarlo es el peluquero y, si como es el caso, se trata de un hombre mayor, no tiene pelos en la lengua, que ya te apura los del cogote. Y el repaso que hace de la actualidad es preocupante, tanto por la actualidad en sí como por su visión de lo que ocurre. “Habría muchas cosas que denunciar”, afirma, poniéndose delante de mí y enarbolando las tijeras de un modo amenazador. “Verás como me habla del Valle de los Caídos”, pienso. Y efectivamente. “¿No tiene nada más que hacer la izquierda que exhumar a Franco?” El peluquero deja la pregunta en el aire y vuelve a mi cogote, por lo que me abstengo de contestar, pues el riesgo me parece demasiado grande. La última vez que le llevé la contraria, me hizo una rapada. “Y a ver”, continúa. “¿A quién se le ocurrió que hubiera un metro en Granada? ¿Nadie estudió el trazado? ¿Ahora se han dado cuenta de que hay veinticinco puntos conflictivos?” Carraspeo un poco y hago ademán de contestar, pero, como siento la punta de las tijeras cerca de mi oreja, opto por seguir callado. “Y luego está lo del Granada, claro”, continúa. “¡Que el equipo ya no es de Granada, coña! ¡Que es chino!”, exclama con un cabreo creciente. Por fortuna, el peluquero abre los brazos en ese momento, por lo que mantiene el filo lejos de mi cuello, así que me atrevo a decir: “Lamentable”. Pero el hombre no se calma. “¡La culpa la tenemos los ciudadanos, que lo permitimos!” Y quizá sea el sentimiento de culpa lo que le haga guardar silencio y continuar cortándome el pelo durante un largo minuto. “Esto es muy grande”, concluye, mientras abre la navaja para repasarme las patillas. “¿Se referirá a mi cabeza?”, pienso, y me acuerdo de un refrán que dice: “La habilidad del barbero consiste en dejar patilla donde no hay pelo”. Algún día intentaré contestar a alguna de sus preguntas. O cambiar de peluquero.

IDEAL (La Cerradura), 14/05/2017