domingo, 17 de junio de 2018

Orgullo


Por los bemoles de Luis Rubiales que España no va a ganar el mundial. O sí. Porque este tipo es granadino, y ya se sabe que tiene un orgullo al que no alcanza ni el Ave. Como a él no le habían dicho nada sobre el fichaje de Lopetegui por el Real Madrid, pues liamos la Spanish Civil War, como ha titulado el lío de la Selección Española de Fútbol la prensa inglesa. Total, si se trata de un hombre que ha sobrevivido a los moros y a los Reyes Católicos y hasta al nacionalismo motrileño. ¡Florentinos a mí! Que yo destituyo al seleccionador para que los españoles se dediquen a otra cosa. A escribir, como el exministro de Cultura, Maxim Huerta, que al menos se ha librado de la fiebre futbolística. Y todo porque ha sido condenado por utilizar una sociedad para no tributar por el IRPF a Hacienda. A eso se le llamaba fraude fiscal antes y después de Cristóbal Montoro, aunque es verdad que es una práctica habitual entre los escritores y periodistas españoles que facturan lo suficiente para preferir pagar un tipo fijo y proporcional en el Impuesto sobre Sociedades en vez de una escala progresiva en el IRPF. Por eso de la solidaridad y tal. Porque, además de progresistas, son capitalistas orgullosos, que son los que montan una sociedad con un administrador único. Como Luis Rubiales, que no tendrá que pagar de su bolsillo los dos millones de euros que ha dejado de cobrar la Federación Española de Fútbol del Real Madrid ni tampoco el finiquito de Lopetegui. ¡Son los principios! Y los tienen en común mucha gente de la cultura y del deporte. Se ve que en España son la misma cosa, y por eso requieren un mismo ministerio, que al menos, a partir de ahora, será dirigido por un gestor cultural de prestigio como José Guirao, granadino de adopción, y que quizá apadrine la llegada del legado Lorca a Granada, mientras la Junta se pone de nuevo a buscar los restos del poeta. ¡Que le den el premio Nobel!, claman otros. Aquí cada uno va a lo suyo, como ocurre en algunos países y en algunos equipos de fútbol. Para el caso, este mundial se celebra para mayor orgullo de Putin, al que le da lo mismo invadir la península de Crimea o que su equipo le meta cinco cero a Arabia Saudí, otro país ejemplar al que Occidente hace la vista gorda. Y esa es la cuestión. Con un par de balones de fútbol.
IDEAL (La Cerradura), 17/06/2018

domingo, 10 de junio de 2018

Legitimidad


Lo que más me gusta del nuevo gobierno de Pedro Sánchez es la defensa que la mayoría de las ministras y ministros han hecho de la Constitución española, aunque haya que cambiarla. Porque, para reformarla, hay que seguir el procedimiento contemplado en el propio texto constitucional, algo tan natural desde el punto de vista jurídico como olvidado en el plano político. Demasiados diputados confunden la soberanía popular con sus propios deseos, y piensan que ganar unas elecciones les da derecho a hacer lo que les dé la gana. Pero, en España, la soberanía popular reside en el parlamento ya constituido, no en la voluntad de los votantes. La voluntad popular se convierte en órgano del ordenamiento jurídico cuando es poder constituido, y no antes. El matiz es importante, pues implica que lo primero que debe respetar el representante público es el ordenamiento jurídico. Esto vale para el presidente de la comunidad autónoma de Cataluña, Quim Torra, como para el exalcalde de Granada, Torres Hurtado, un político que gobernaba el Ayuntamiento como un cortijo porque creía estar legitimado por el voto ciego de una mayoría de ciudadanos. De hecho, aún lo cree, y esta semana ha presentado en el juzgado una póliza de seguro pagada por el Ayuntamiento en vez aportar de su bolsillo dos millones de euros. Un seguro contratado “para cubrir fianzas judiciales en procesos criminales”. ¡Y es que los hay previsores! En la nueva política-pose, dirigentes como Pablo Iglesias justifican su inconsecuencia con la inconsecuencia de las bases de su partido, como si la decisión de una mayoría convirtiese en ético lo que no lo es, aunque se trate de cuestiones tan domésticas como la compra de una casa. Hitler llegó al poder con el apoyo de la mayoría de los ciudadanos alemanes, pero el pueblo no puede legitimar las opciones políticas que atentan contra la legalidad. Porque no son los votos de los ciudadanos los que otorgan la legitimidad, sino una votación en el Congreso de los Diputados. Por eso sonroja escuchar que la elección de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno es “un golpe de Estado”. La gracia de los parlamentos es precisamente el poder evitar los golpes de Estado, como pudimos comprobar en España no hace tanto tiempo. España parece un país de otro planeta, y quizá por eso haya venido un astronauta al ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Debe tenerse otra perspectiva de las cosas cuando se ha contemplado la tierra desde el espacio. Aunque una cosa es estar en órbita y otra ser desorbitado.
IDEAL (La Cerradura), 10/06/2018

domingo, 3 de junio de 2018

Renovación


El cuento podría tratar sobre un hombre que sobrevivió a un asesinato, hizo una conversión pública para ser el redentor de la patria y que, después de alcanzar su objetivo, que no era otro que el Palacio de la Moncloa, terminó suicidándose políticamente. O tal vez no. ¿Cuántas vidas tiene Pedro Sánchez? Si ha sido capaz de sobrevivir al PSOE, puede que sobreviva a España. Había que echar a Rajoy, sí, que no ha reconocido la evidencia de la corrupción en el PP; pero por lo visto esta semana en el Congreso de los Diputados, la regeneración pasaría por descabezar las cúpulas de todos los partidos políticos y convocar elecciones generales para renovar a todos los diputados y senadores, que no deberían repetir en el hemiciclo. Que sus escaños sean ocupados por personas que no estén maleadas por la práctica parlamentaria. Que si sí, que si no, que si tal vez. Y la repetición de los mismos argumentos, incluidos los del miedo, esgrimidos hasta última hora por los portavoces del PP, un partido que ya genera verdadero pánico. Lo único que parece cierto en la política española es que todo empieza de nuevo para terminar como estábamos antes. Demostrar que no es así es el reto de Pedro Sánchez. Porque lo único que cambian son los actores, como en un juego de máscaras. Y de este modo ven los ciudadanos a los políticos: como fantasmas que viven en un mundo esotérico, completamente alejados de los problemas sociales. Y habría que preguntarse por qué los partidos suelen apartar a las personas independientes y con talento. Quizá habría que prescindir también de estas organizaciones, si no son capaces de cumplir con sus fines públicos. Ni siquiera las nuevas, que parecen ya viejas. ¿Alguien tiene un proyecto para el país? Lo que importa es el apoyo parlamentario, y sonroja escuchar los reproches al PSOE por recabar los apoyos de los nacionalistas vascos o catalanes, seducidos o repudiados según  sopla el viento político, pues lo único que interesa es si votan a favor de los Presupuestos Generales del Estado o de una moción de censura. ¿Y qué es lo que le importa a la sociedad? Curiosamente, los medios de comunicación le han dado más importancia al adiós de Zidane como entrenador del Real Madrid que al adiós de Rajoy como presidente del Gobierno. Y la verdad es que el primero ha mostrado más dignidad que el segundo. Pero se ve que la dignidad española sólo se demuestra en los campos de fútbol.
IDEAL (La Cerradura), 3/06/2018

domingo, 27 de mayo de 2018

Jolgorio


España es un jolgorio. En la misma semana en la que se aprueban los Presupuestos Generales del Estado, el partido que lleva gobernando en España en los últimos años es condenado por el caso Gürtel. Una trama de corrupción de la que han negado saber nada todos los secretarios del PP desde la Transición, incluido Mariano Rajoy, que pasmosamente sigue siendo presidente del Gobierno. Pero es que vivimos en España, un país donde la clase política está desconectada de la sociedad y cuyos líderes hacen gala de carecer de dignidad personal y del más mínimo principio ético; y lo peor es que ésta parece ser la regla general. Sólo así se entiende que haya todavía una parte de la sociedad dispuesta a defender y apoyar la gestión de este partido político. ¿Carece también de cualquier tipo de escrúpulo? Mariano Rajoy ha compartido despachos y trabajo con todas las personas de mayor responsabilidad del PP que ya han sido procesadas. Pero él no sabía nada. Su propio partido, del que él es presidente, no sabía nada. Si esto fuera así, tamaña negligencia le incapacitaría para dirigir no ya un país, sino cualquier empresa. Y cómo rechina el principal argumento para declinar la responsabilidad: “Ha pasado mucho tiempo”. Sí, de Franco también. Pero no el tiempo suficiente. Sin embargo, lo que ocurre entre bambalinas es lo mismo que ocurre en el escenario. El proceder es el mismo. ¿Cómo se han aprobado los Presupuestos Generales del Estado y asegurado que Rajoy termine la legislatura? Pues comprando la voluntad del PNV con transferencias millonarias al País Vasco, una comunidad cuyas cuentas son opacas, con un sistema de financiación privilegiado e insolidario con el resto de las comunidades autónomas españolas. Y comprando la voluntad de un partido, el PNV, que al mismo tiempo está pactando con Bildu (ETA) el nuevo estatuto de autonomía vasco, cuyo objetivo último es la autodeterminación. Es decir, lo mismo que ha ocurrido en Cataluña, cuya deriva independentista se ha permitido e incluso alentado desde el Gobierno central por la sencilla razón de que los votos del nacionalismo catalán eran necesarios para mantenerse en el poder como ahora lo son los del nacionalismo vasco. Y todo ello con el beneplácito de Ciudadanos –el socio del Gobierno-, por mucho que lloren con la letra que Marta Sánchez le ha puesto al himno nacional. El verdadero himno nacional es “Vamos a saquear España”. Y no pasa nada. Porque se hace con el consentimiento (y el dinero) de la mayoría de los españoles.
IDEAL (La Cerradura), 27/05/2018

domingo, 20 de mayo de 2018

Educación europea


La imagen se repite en las calles de Granada y en las de otras ciudades españolas: grupos de jóvenes bebiendo hasta caerse redondos al suelo, después de destrozar el mobiliario urbano, cantar serenatas, desgañitarse con cantos regionales y jorobar el descanso de los vecinos. La policía apenas puede hacer nada; apercibir verbalmente, poner una multa y aguantar el recochineo de los asistentes. Los hosteleros se debaten entre contribuir al embrutecimiento general –la estupidez hace más caja en cualquier ámbito que la inteligencia- o, renunciando a unos ingresos fáciles, poner un cartel que diga: “No se admiten despedidas de solteros”. Pero si fueran sólo las despedidas… Granada va camino de convertirse en otro de los destinos turísticos infernales como Magaluf o El Arenal en Mallorca, con los que hace unos días compartía protagonismo en el programa Comando Actualidad de TVE. El turismo de borrachera nacional y extranjero desplaza al turismo tradicional, y a unos vecinos que renuncian a vivir en sus casas, bloques donde empiezan a ser mayoría los apartamentos turísticos, que redundan en las subidas de los alquileres, pero donde se pueden meter catorce personas en un fin de semana. Total, si como mucho pararán por allí para ducharse y utilizar el baño en situaciones de emergencia para las que no valga la socorrida calle. Pero no es un fenómeno sólo de España. Europa, esa vieja diosa seducida y secuestrada, vive en un círculo vicioso de trabajo y jolgorio en el que van ahogándose los valores políticos y sociales. Ya ni siquiera le vale su zalamería en las relaciones internacionales. Sucumbe ante EE. UU., Rusia o China, presididas por dirigentes que pasan de la diplomacia, pues gobiernan poniendo únicamente sus atributos comerciales encima de la mesa. Mientras, los partidos políticos tradicionales, igualmente avejentados y avergonzados de sí mismos, inseguros ante las nuevas formaciones, han perdido su sentido, por lo que seremos países ingobernables como Italia, donde, como ocurre también en España, las únicas organizaciones que parecen tener el poder para aglutinar voluntades son la liga y la selección nacional de fútbol. Así, el estadio es el lugar propicio para encontrar la identidad individual y colectiva. Hemos vuelto al tribalismo social, nacional y político. Y esto sólo se arregla con una política educativa común que ahonde en los derechos y libertades que puedan identificarse como valores europeos. No sólo en cada país, independientemente de la región o de la comunidad autónoma, sino en todo el continente. La integración social y política europea pasa por una misma educación.
IDEAL (La Cerradura), 20/05/2018

domingo, 13 de mayo de 2018

Gran Granada


Pues se ve que el alcalde ha salvado a Granada. ¿No habrá por ahí algún político sensato que diga y haga cosas sencillas y concretas? Porque según dónde miremos, Granada puede ser una entelequia, un cajón de sastre o la tierra prometida, por qué no. Un Ayuntamiento gobernado en minoría y que ni siquiera puede aprobar sus presupuestos. Un monumento universal, la Alhambra, que según la Unidad de Delitos Económicos de la Policía ha sido gestionada por un grupo criminal que creó una administración paralela. Un barrio histórico, el del Albaicín, del que se van sus vecinos, acosados por el turismo, que ya apenas permite pasear por el centro. Una ciudad de la que los jóvenes tienen que irse también para poder trabajar, pero a la que el alcalde presume de “haber cambiado el modelo productivo”. ¿Es una broma? Está bien que nos riamos antes de que Cristóbal Montoro intervenga el Ayuntamiento. Es el miembro que falta a la terna formada por Sebastián Pérez, Luis Salvador y el propio Cuenca, que viajan en el camarote de los Hermanos Marx no sabemos adónde, mientras la gente huye al área metropolitana, donde los modelos productivos son los de siempre, pero se vive más tranquilamente, con alcaldes y concejales menos grandilocuentes. Lo mismo sería una buena idea fundir todos los ayuntamientos para crear una Gran Granada, título que tomo prestado de la excelente novela de Justo Navarro. Así tendría más sentido el metro. Y se podrían unir realmente todas las líneas de autobús. Y la gente utilizaría la Vega, que se convertiría en un gran parque, con instalaciones deportivas y huertos ecológicos conectados por un largo corredor verde. E incluso podríamos retomar proyectos megalíticos como el teleférico hasta Sierra Nevada. Si a la ciudad se le sumaran los treinta y tres municipios colindantes, desde Albolote a la Zubia, pasando por Alfacar, Chauchina o Atarfe, tendríamos un único municipio con una superficie de casi mil kilómetros cuadrados y una población de quinientos treinta mil habitantes, suficientes para traer el AVE a rastras o declarar la independencia. Cada pueblo sería un distrito gobernado por asociaciones de vecinos, y nos ahorraríamos cientos de cargos públicos. El aeropuerto tendría conexiones con todo el mundo, y habría cientos de empresas tecnológicas y biotecnológicas donde trabajarían nuestros estudiantes universitarios. Estoy soñando, lo sé. Pero quizá así lográramos ser una ciudad digna de las declaraciones de nuestros políticos, que parecen gobernar reinos que no son de este mundo, aunque estén pagados con algo tan material como los tributos de los ciudadanos.
IDEAL (La Cerradura), 13/05/2018

domingo, 6 de mayo de 2018

Vengadores


La actualidad se ha convertido en una película de superhéroes, “Vengadores: Infinity War”, el estreno cinematográfico más taquillero de la historia. Los medios de comunicación hablan de una guerra entre jueces y políticos, que se mueven según las demandas de los ciudadanos, protagonistas de “La jauría humana”, otro título cinematográfico. Y está también la Patrulla X, formada por psiquiatras y psicólogos, que no han querido mantenerse al margen, porque “El mundo está loco, loco, loco”, una buena comedia. De pronto, la sociedad ha perdido el respeto por la ley, que es la base de la democracia. Y los ciudadanos –hombres, mujeres y demás superhéroes- han empezado a luchar entre sí en una mediática “Civil War”, el cómic más valorado de Marvel y preludio de la batalla final contra el malvado Thanos. Y Thanos es la sinrazón, las decisiones poco meditadas y las iniciativas legislativas que se ponen en marcha a golpe de tuit, de las manifestaciones o de las descalificaciones e insultos. Todos los partidos políticos se han vuelto populistas. E incluso los medios de comunicación han renunciado a ofrecer una información rigurosa y se han abandonado al sensacionalismo. El juicio y la sentencia a “La Manada” es un síntoma. Primero por la autodenominación que se dan sin sonrojo a sí mismos cinco individuos descerebrados, que carecen de cualquier principio ético. Después, por su puesto, por su comportamiento en unas fiestas, las de San Fermín, que no se diferencian sin embargo de otras muchas celebraciones en España, donde se fomenta la borrachera pública y el destrozo del mobiliario urbano, las manadas de toda índole por las calles haciendo sus necesidades en cualquier sitio, en la calle o en los portales, donde también se viola. Luego está la sentencia, claro, discutible y recurrible, pero que ha condenado a esos energúmenos a nueve años de prisión. Y está el ministro de Justicia, que se permite descalificar a un juez que emite un lamentable voto particular, sí, pero para el que ya piden la misma pena que para los condenados. Quizá haya que reformar el Código Penal. No lo sé. Pero resulta también preocupante esta caza de brujas auspiciada por lo políticamente correcto, y que los medios se lancen a escarbar en los fallos judiciales y a generar alarma social –otro ejemplo- porque se ha puesto en libertad a Gregorio Cano, conocido como “el violador de la Verneda”, después de cumplir veinte años de cárcel. Es preferible ponerse en manos de un juez que de otra manada de vengadores.
IDEAL (La Cerradura), 6/05/2018

domingo, 29 de abril de 2018

Crónica negra


Dentro de la crónica de sucesos que tan bien sabe relatar José Ramón Villalba en las páginas de IDEAL, me ha llamado la atención la historia del joven Adrián, cuyo cadáver apareció entre cartones en una planta de reciclaje del camino de Purchil. Inmigrante de origen rumano, del pueblo de Nufaru, no se sabe si se metió a pasar la noche en un contenedor de cartones o su cuerpo fue arrojado allí. En la foto que acompañaba a la noticia podemos ver a un chaval con una sonrisa y una mirada esperanzada, de buena gente, que confía en un futuro mejor. Ese mismo día IDEAL publicaba también que bandas de croatas han vuelto a la ciudad y que la policía les atribuye numerosos robos en viviendas, algo que crea alarma social y miedo al bárbaro. Las opiniones sobre la inmigración están cargadas de prejuicios, pero la actualidad española nos da ejemplos todos los días de que cada persona guarda un ángel y un demonio en su interior. ¿Quién iba a suponer que la expresidenta de la Comunidad de Madrid fuera una cleptómana? Y el caso es que ha tenido que dimitir no por meter la mano en las arcas públicas, como algunos compañeros de su partido, sino en la estantería de un supermercado. Las informaciones periodísticas hablan de tramas conspiratorias dentro del PP madrileño, y ya parece haber pasado a un segundo plano que la expresidenta sufriera también titulitis aguda. ¿Qué es peor, que te den un título por la cara o hurtar cremas de veinte euros para la cara? A algunos les cuestan lo mismo, aunque por suerte no tienen que llegar al extremo de envolverse en cartones para pasar la noche, como el joven Adrián. Los medios de comunicación españoles actúan a veces como trituradoras de la imagen pública, y hay perfiles en Twitter que parecen necrófagos. A menudo la información nos confunde, pero resulta lamentable que lo hagan las instituciones universitarias. Por eso ha hecho muy bien el decanato de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Granada en cancelar la conferencia que llevaba por título “En defensa de Stalin”. ¿De un dictador genocida? Lo más lamentable es que pueda verse una pancarta con la efigie de Stalin en los patios de la facultad, sin que a nadie se le caiga la cara de vergüenza, como da vergüenza que estudiantes de ciencias políticas no entiendan que Stalin representa lo mismo que el fascismo. Qué bueno sería vivir entre gente culta y bienintencionada. Venga de donde venga.
IDEAL (La Cerradura), 29/04/2018

domingo, 22 de abril de 2018

Educación y economía


En una época en la que existe en la sociedad una patente desafección política, la colaboración entre las Administraciones públicas y los ciudadanos para la prestación de los servicios púbicos debería ser algo prioritario. Una prueba de que puede construirse un futuro común, más allá de los intereses personales o de partido. En el sector de la educación, la labor de las AMPAS en colegios e institutos es fundamental para ello, pues si los padres y las madres colaboran con el profesorado y la administración, nuestros hijos –que serán los artífices de ese futuro- resultarán los primeros beneficiados. Colaboración en la organización de actividades escolares y extraescolares, pero también en la prestación de los servicios públicos asociados a la educación, como son los comedores escolares. La AMPA “Amigos de una escuela mejor” del CEIP Gómez Moreno, en el Albaicín, constituye un buen ejemplo, pues ha recibido un premio de la Junta de Andalucía por la gestión del comedor escolar, en el que se utilizaban productos locales y ecológicos. Sin embargo, después del concurso público puesto en marcha por la propia Junta en unas condiciones inasumibles para una AMPA, el comedor será gestionado por una empresa de catering, continuando así con la lamentable política de privatización de los servicios públicos fundamentales que no sólo se sigue en Andalucía, sino en toda España. ¿Qué diferencia hay entonces entre un gobierno del PP en el Estado y otro del PSOE en la comunidad autónoma? ¿Qué justifica que se cedan las competencias a las administraciones territoriales en los servicios fundamentales si las decisiones no obedecen al parecer a cuestiones ideológicas sino de mera financiación? ¿Para qué queremos duplicidad de Administraciones públicas si las segundas están empobrecidas? ¿De qué sirve que se tramite en el parlamento andaluz actualmente una ley para “promover una vida saludable y una alimentación equilibrada” si luego la gestión los servicios públicos que deben promoverlas se entrega a grandes empresas? La Junta de Andalucía ha llevado a cabo valiosas iniciativas como la educación universitaria gratuita, pero no lo es la privatización del comedor de este colegio granadino, aunque se cumplan todos los requisitos legales. Susana Díaz reclamaba esta semana que se apruebe de una vez el nuevo sistema de financiación autonómica. Pero lo primero que necesitan las comunidades autónomas es ser mucho más eficientes en la gestión de los recursos públicos, y eso no tiene nada que ver con la privatización de los servicios fundamentales. Lo mismo les vendría bien escuchar a los padres. Somos expertos en economía doméstica.
IDEAL (La Cerradura), 22/04/2018

domingo, 15 de abril de 2018

Juegos


A medida que la sociedad se empobrece, proliferan en las ciudades españolas las casas de apuestas, los casinos y los locales destinados al juego. En Granada, seis meses después de que la Junta de Andalucía aprobara el Reglamento de Apuestas Deportivas, hay 37 salones de juego y 8 nuevas licencias en tramitación, según informaba Jorge Pastor en IDEAL. Y también esperamos un casino en esta ciudad, que aspira a convertirse en un paraíso de ludópatas. Pero si ya tenemos a los políticos locales, que acostumbran a jugarse el patrimonio municipal… ¿Hacemos una porra sobre la posible intervención del Ayuntamiento por Cristóbal Montoro? El ministro de Hacienda ha tejido pacientemente la tela de las cuentas públicas, y su figura de araña responsable y monstruosa se va acercando poco a poco a la figura de polilla del alcalde Francisco Cuenca, enredado en un capullo por los hilos que fabricaron en la pasada legislatura Torres Hurtado y su equipo económico, experto en tequemanejes. Los que están hundidos en la miseria se lo juegan todo a la suerte, y hay quien dedica el día entero a pensar en la quiniela o en la combinación ganadora –ojalá- de la Lotería Primitiva, ese impuesto encubierto que la gente paga con esperanza y alegría. He aquí un círculo vicioso: los pensionistas soñando con engordar su pensión y pagándola con los boletos de la bonoloto, y los jóvenes confiando su futuro a las apuestas deportivas. La Sociedad Estatal Loterías y Apuestas del Estado S.A. (que opera nueve juegos de azar, entre ellos la Lotería Nacional, la Quiniela o Euromillones) está adscrita al Ministerio de Hacienda, lo que convierte al ministro Montoro en una especie de Señor de la Suerte, que eliminó la exención que hasta 2013 había en el IRPF por estas ganancias patrimoniales para que tributen con un gravamen especial de loterías. Porque aquí no se desperdicia nada. Pero es que la fiscalidad sobre el juego es un tema interesante, y por eso los tributos que lo gravan se cedieron a las comunidades autónomas. ¿Financiarán mejor así la sanidad o la educación? En Granada, los jefes de Urgencias del PTS y de Traumatología han dimitido al parecer por falta de personal. Y según informaba Ángeles Peñalver esta semana, la USAE (sindicato de técnicos de enfermería) denuncia que la desfusión hospitalaria ha sido un ERE encubierto. Así que acudir a urgencias se ha convertido asimismo en una lotería, pues con suerte te atenderá uno de los seis médicos que hacen guardia durante 24 horas en el PTS. ¿Admiten apuestas?
IDEAL (La Cerradura), 15/04/2018

domingo, 8 de abril de 2018

Másteres del universo


Mientras los profesores o los estudiantes universitarios se las ven (y se las desean) con la ANECA o el mercado de trabajo para justificar cada uno de los méritos de su currículo, toda una presidenta de la Comunidad de Madrid destruye su carrera política por añadir torticeramente un título al suyo. Pero es que en España siempre ha habido mucha “titulitis”, y demasiados políticos se empeñan en mostrarnos una y otra vez su complejo de idiotas. Y hay quien no tiene complejos y cree que debe recibir los títulos por la cara, aunque eso te inhabilite –antes que la justicia, a la todavía presidenta de la Comunidad de Madrid debería inhabilitarla su propio partido- para dirigir siquiera la república de tu casa. Nada extraño, sin embargo, en un país en el que abundan los grandes de España, y en el que otorgar noblezas ha sido algo tan común como esquilmar el erario, como todavía podrían explicarnos los nietos de Franco o todos los empresarios que viven igual de bien ahora en la democracia como lo hacían antes en la dictadura. Parece ser la esencia de la cultura española obtener cargos y premios no por el propio mérito, sino por la falta de dignidad personal. Luego están los que de verdad estudian, esos graduados universitarios que terminan trabajando en países que no tienen un sistema educativo –a pesar de universidades como la Rey Juan Carlos y el PP madrileño- comparable al español, pero sí mayor demanda de empleo en el mercado de trabajo. Porque el mercado laboral español se ha flexibilizado tanto que sólo hay empleos basura, y los derechos de los trabajadores han retrocedido hasta la época industrial. Pero esta semana hemos visto al artífice de esta reforma, Mariano Rajoy, reuniéndose con las representantes de “las Kellys” (así las llama la prensa sin sonrojarse), como denominan a las limpiadoras que trabajan en los hoteles por un salario medio de dos euros la hora. ¿Será el presidente del Gobierno máster en hipocresía? ¿Lo serán también los empresarios hosteleros que en ciudades como Granada subcontratan a estas esclavas actuales a través de empresas de trabajo temporal? Y es sólo un ejemplo de cómo se ha afrontando en España la crisis económica. Se explota laboralmente a los trabajadores, pero se presume del turismo como de la gran industria nacional. Hay otros ejemplos, como la venta de Endesa a fondos de inversión de Goldman Sachs. Pero bienvenidos sean los inversores extranjeros. Aquí regalamos títulos, recursos y hasta personas por la cara.
IDEAL (La Cerradura), 8/04/2018

domingo, 1 de abril de 2018

Mitologías


Mientras las calles de nuestras ciudades se llenaban esta semana de procesiones e imágenes de santos, las pantallas de los cines lo hacían de personajes de videojuegos con la última película de Steven Spielberg, “Reader Player One”, que para el imaginario friki es una prueba también de que hay otros mundos posibles y se encuentran en éste. ¿Podrían llenarse las calles de gigantes, naves espaciales y guerreros ninja? Podrían, porque la gente se pone las gafas de realidad virtual que prefiere, y hay quien, incluso, prefiere no ver. En Granada, después de años de vacíos y silencios e informaciones contradictorias, empezamos a ver el legado de Federico García Lorca, envuelto asimismo en un halo mítico en el que al parecer confían nuestros políticos para que nos olvidemos de preguntar por las cuentas del Centro. “El Centro Lorca comienza a llenarse de Federico”, ha dicho el alcalde Francisco Cuenca, supongo que convencido de lo que dice. Pero ¿por qué en esta ciudad tiene que ser todo tan opaco? Si uno piensa que para la cesión del legado había que poner de acuerdo al Ministerio de Cultura, a la Junta de Andalucía, a la Diputación y al Ayuntamiento de Granada y a la propia Fundación García Lorca, quizá hasta parezca una hazaña. Porque la actualidad granadina está llena de noticias míticas como la llegada del Ave y del legado de Lorca que, cuando de verdad ocurren, están ya tan desdibujadas de tan repetidas y desmentidas –quince años han pasado desde que se firmó en la Huerta de San Vicente el protocolo para la construcción del Centro- que parecen fruto de un cómic o un videojuego. Y no es que no haya que alegrarse por la inauguración de la exposición “Una habitación propia”, pero menuda penitencia. Frente a esa realidad, uno lee esta misma semana que en el IES Navarro Villoslada, de Pamplona (Navarra), se estrenaba “Generación Lorca”, la obra con la que el Taller de Teatro Escolar de este centro educativo celebra su cuadragésima temporada, un montaje realizado por los propios alumnos sobre “Bodas de Sangre”. Ana Artajo y Ion Martinkorena, autores del texto, explican que eligieron a Federico García Lorca “porque es el poeta más representativo de las letras españolas de cualquier siglo”. Y respecto a la experiencia de los alumnos, añaden: “El universo lorquiano se entrecruzará desde ahora con sus historias personales, y la palabra de Lorca inundará sus vidas para cambiarlas para siempre”. Casi nada. Pero quizá ahí radique la diferencia entre invertir en mitologías o en educación.
IDEAL (La Cerradura), 01/04/2018

domingo, 25 de marzo de 2018

Sátiros


Nuestra sociedad es mucho más frágil de lo que nos creemos. Si la esperanza de vida de un ser humano roza ya los cien años, quizá sea capaz de recordar la guerra de Marruecos, la guerra civil, el régimen de Franco, el bodrio catalán e incluso la dictadura de Facebook. El nacionalismo español siempre ha sido indulgente consigo mismo, pero no con el nacionalismo catalán, al que observa entre el miedo y el estupor. A eso contribuyen sin duda los independentistas catalanes, que son incapaces de encontrar un presidente-títere que no lea su discurso en el parlamento como si fuera una sentencia condenatoria, como ha hecho esta semana Jordi Turull, o que no huya como Marta Rovira. En España, ya no se distingue entre la mentira y la verdad, y la historia ya no la cuenta Galdós en los “Episodios nacionales”, sino revistas como “El Jueves” o “Mongolia”, que aún deben luchar por la libertad de expresión. Pero cuando la crónica política se ha convertido en sí misma en una sátira o un chascarrillo –según Cristina Cifuentes- hasta los jueces parecen tener dudas para interpretarla, pues todo tiene un tufillo mongoloide, maldita la gracia. Pero ¿qué es lo que ha pasado en España? Pues, por lo visto, sólo lo sabe Ciudadanos, que es el único partido que sube en las encuestas, aunque a Albert Rivera se le caracterice como la personificación del IBEX-35. Y quizá sea así. Las grandes multinacionales quieren países manejables, con ciudadanos que te digan lo que desean en Facebook. Los internautas compran, se quejan, votan lo que les gusta o lo que no, y luego se encuentran con Donald Trump en la Casa Blanca y a saber con quién en el Palacio de la Moncloa. Porque en las calles sólo se manifiestan los mayores de 65 años, que no han tenido tiempo de ser poseídos por las redes sociales. Ellos aún saben diferenciar entre lo privado y lo público, y por eso no contribuyen voluntariamente a ser controlados. ¿Quiere usted saber cuáles son sus gustos literarios? Pregúnteselo a Amazon. La sabiduría occidental se ha reducido a diez algoritmos que uno cumple cada vez que hace un clic en el ratón del ordenador. “Identifíquese”, nos piden tiendas y plataformas de todo tipo, y vamos construyendo con nuestros datos un avatar más real que nosotros mismos, pero menos responsable. ¿Tendrá la cara de Marc Zuckerberg? Nadie podrá decir que no le hemos entregado nuestros sueños gozosamente, para que su empresa los venda al mejor postor. Menudos sátiros.
IDEAL (La Cerradura), 25/03/2018

domingo, 18 de marzo de 2018

Demanda social


Resulta preocupante que los partidos políticos tomen decisiones o hagan propuestas según los resultados de las encuestas o los sondeos. El pueblo es soberano, pero ¿tiene siempre razón? La visceralidad parece haber contaminado no sólo las redes sociales y los medios de comunicación, sino la propia vida política, donde brillan actualmente por su ausencia las opiniones meditadas. Nuestros líderes políticos repiten machaconamente las mismas ideas como si fueran eslóganes electorales, aunque no se sostengan en datos y ni siquiera en convicciones políticas. Lo hemos comprobado esta semana con el debate en el Congreso sobre las pensiones, que no ha aportado nada nuevo al margen de la constatación del que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, vive en el País de Nunca Jamás mientras los jubilados españoles lo hacen en la pobreza. Pero también lo hemos visto después del asesinato del niño Gabriel, que ha despertado los instintos más bajos de la audiencia, de los periodistas y de los políticos, claro, que han debatido sobre la derogación de la prisión permanente revisable, que probablemente atenta contra los valores constitucionales, como han defendido un centenar de profesores universitarios de toda España, y entre ellos ocho del Departamento de Derecho Penal y del Instituto de Criminología de la UGR, que  algo sabrán sobre el tema. Pero en la web de IDEAL los internautas los acusaban de “buenistas”, y había quien recordaba casos sangrantes y muy dolorosos, sí, ocurridos en la ciudad de Granada, como la violación y el asesinato en 1987 de la niña Aixa. "El asesino, José Fernández Pareja, fue condenado por la Audiencia Provincial de Granada a 85 años de prisión, pero apenas pasó 16 tras las rejas”, clamaba un internauta. Y la verdad es que es un hecho que provoca indignación, pero la Constitución Española reconoce la reinserción social y prohíbe las penas de duración indeterminada. ¿A qué debemos renunciar para asegurar el mantenimiento de una sociedad democrática? No queremos que este tipo de delincuentes estén en la calle, y la razón de esta ley, como señalaba la Comisión de Justicia del Congreso de los Diputados, era “la demanda social”. Pero esto no debe justificar su aprobación ni su permanencia. La democracia no es sólo asegurar la voluntad de la mayoría, sino la existencia de un marco jurídico que proteja la dignidad de la persona, incluso la de los pederastas y asesinos. Patricia Ramírez, la madre de Gabriel, pedía después de la muerte de su hijo que no se extendiera la rabia. Eso es una lección de democracia.
IDEAL (La Cerradura), 18/03/2018

domingo, 11 de marzo de 2018

Pelo


Si uno se fija en los peinados de Donald Trump y Kim Jong Un, se da cuenta que llevan como una aureola belicosa. Es como si el humillo que les sale de la cabeza hubiera contaminado su pelo, que tiende a alzarse hacia arriba. Medio planeta preocupándose por los prontos de los presidentes de USA y Corea del Norte cuando lo único que necesitan es un buen peluquero, que les peine bien las ideas sobre el cuero cabelludo. Quizá tengan demasiado pelo, cuya caída está relacionada en los hombres con los niveles de testosterona. Por eso andan Donald y Kim permanentemente enfurruñados. No como nuestro ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, que, calvo y feliz por la recuperación económica, está dispuesto a equiparar el sueldo de los funcionarios públicos del Estado con los de las Comunidades Autónomas. Ha comenzado con los policías, pero a la cola se han puesto jueces y fiscales, médicos, enfermeros, profesores... La equiparación salarial entre todos los funcionarios del Estado –del que también forman parte las Comunidades Autónomas y las Corporaciones Locales-, parece algo lógico. Se lo preguntas a nuestros políticos –con pelo y sin pelo- y te dicen que sí, que es lo sensato para reducir las desigualdades, que hay que legislar sobre el tema. Y, sin embargo, esta semana hemos visto a miles de mujeres manifestándose por la equiparación salarial con los hombres. ¿Aquí no es tan fácil legislar? Porque hay empresarios y políticos a los que les salen sarpullidos cuando escuchan hablar de la obligación de equiparar salarios entre los trabajadores, independientemente del sexo que tengan. Equiparar el sueldo entre los funcionarios de las Administraciones públicas les parece lógico, pero entre los hombres y las mujeres –que suelen cobrar de media un 13% menos- de la empresa privada no tanto, porque a fin de cuentas se trata de regular las condiciones del sacrosanto mercado. Y con el capitalismo hemos topado, que no se preocupa precisamente de preservar la igualdad. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, que todavía peina algo de pelo, a la pregunta sobre si habría que obligar a las empresas a equiparar el sueldo de hombres y mujeres, ha contestado: “No nos metamos en eso”. ¿En la Administración pública sí, pero en las empresas no? ¿Nos está tomando el pelo? A veces, nuestros políticos parecen también funcionarios que, sin embargo, no se caracterizan por su eficacia ni por el cumplimiento escrupuloso de la legalidad, sino sólo por su obediencia a las leyes de la oferta y la demanda. Pierden el pelo y la cabeza.
IDEAL (La Cerradura), 11/03/2018

domingo, 4 de marzo de 2018

Ahorro


A veces se nos olvida que las decisiones políticas tienen consecuencias concretas. Sin embargo, en España es relativamente normal escuchar a políticos sorprendidos (o quizá no tanto) cuando son procesados o juzgados por la opinión pública. Lo hemos visto en Cataluña, donde algunos independentistas han descubierto ahora que el Estado aplica las leyes, pero también en otras comunidades como Madrid, Valencia o Andalucía y en ciudades como Granada, donde hay políticos que no sabían que la policía cuenta con una Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF), creada para combatir la corrupción. “¿Qué coño es eso de la UDEF?”, dicen entonces. Pero es que algunos de nuestros políticos no parecen saber ni quiénes son, porque cuando les preguntas por algo en concreto sufren una amnesia repentina o te dicen sin sonrojarse que no saben nada de cuentas, aunque sean consejeros o incluso presidan una entidad financiera. Así, Narcís Serra, expresidente de Caixa Cataluña, ha defendido esta semana en el Congreso su gestión de esta entidad financiera que tuvo que ser rescatada con 12.600 millones de euros. Un tipo que, además de economista, ha sido alcalde, ministro y vicepresidente del Gobierno. Y que también ha explicado que los miembros del consejo de administración, elegidos por sorteo, empezaron a asistir a cursos de formación financiera que se impartían antes de la reunión de cada mes y donde se les explicaba las partidas claves del balance y de la cuenta de resultados. Si la misma gestión la hubiera realizado en Inglaterra, tendría que haberse exiliado, como Puigdemont. Y, si hubiera sido en Japón, para limpiar su honor se tendría que haber cortado unos cuantos dedos o practicado el harakiri. Pero, como vive en España, ha culpado del desastre a la anterior dirección de la caja, al Banco de España y al Gobierno actual, por malvenderla a Bankia. Lo peor es que así piensa buena parte de nuestra clase política, aunque malgaste el dinero público. Pero es que las cosas sólo nos preocupan cuando nos afectan personalmente. Y los políticos deberían responder de su gestión con su propio patrimonio. Lamentablemente, no es así, y la única contrapartida para los ciudadanos es el desmantelamiento de los servicios públicos (que es lo que representaban al principio las cajas de ahorro). Mientras, en Granada, el Ayuntamiento va a remodelar las líneas de autobús, y va a suprimir la LAC. La alternancia en la alcaldía se reduce a hacer y deshacer, pero ¿quién va a pagar todo esto? Lo mismo habría que ahorrarse a la clase política.
IDEAL (La Cerradura), 4/03/2018

domingo, 25 de febrero de 2018

Himnos


Pues ha tenido que venir Marta Sánchez a rescatar el orgullo español, poniéndole la letra al himno nacional, que es una marcha algo descafeinada, pero que puede convertirse en una declaración patriótica y al menos servirle a Sergio Ramos para pensar en algo concreto cuando se toca el corazón antes del comienzo de los partidos de la selección de fútbol. En Marta Sánchez, por ejemplo. Y es que la patria anda un poco desanimada con esto de no tener presupuestos, que quizá se aprueben en el mes de junio. ¿Serán unos presupuestos para seis meses? Lo mismo es un nuevo método para ajustar las cuentas públicas. Rajoy espera a que haya presidente en Cataluña, aunque allí no parecen tener mucha prisa. Siguiendo el ejemplo de Puigdemont, que ya no oculta a nadie su deseo de vivir del cuento de la independencia, la comunidad se ha tomado unas vacaciones de sí misma. Y es que los deseos de emancipación cansan, como saben la mitad de los adolescentes españoles, que no se levantan del sofá ni para ver actuar a Marta Sánchez. ¿Será prima de Pedro? A ese Sánchez no me lo imagino cantando esta marcha granadera: “Te amo España, a Dios le doy gracias por nacer aquí… amarte hasta el fin”. A Pedro le gusta demasiado guardar las apariencias. Cosa que no le importa a Marta Sánchez, que como toda la gente que ha vivido fuera de España no siente ninguna vergüenza por proclamar el amor a su país. Pero ya la han llamado oportunista esos españolitos que acostumbran a mirarse el ombligo y a los que les molesta todo lo que hacen los demás. Porque ellos no hacen nada. Y lamentablemente nuestras instituciones y partidos están llenas de parásitos que se dedican a poner zancadillas al contrario, aunque por ello paralicen la aprobación de los presupuestos del Estado o del presupuesto municipal, que como su nombre indica es el primer paso para poder gestionar una administración pública. A eso le llaman hacer política. En Granada no se aprueba un presupuesto desde el año 2015, pero los concejales no han dejado de cobrar su sueldo. ¿Le duele a alguien el dinero público? Parece que sólo le duele a Marta Sánchez: “Crece mi amor cada vez que me voy, pero no olvides que sin ti no sé vivir”. Y así viven nuestros políticos: se van, pero en realidad nunca terminan de irse. “Rojo, amarillo, colores que brillan en mi corazón y no pido perdón…” Pero es que en España nadie pide perdón.
IDEAL (La Cerradura), 25/02/2018

domingo, 18 de febrero de 2018

Lenguajes


Mientras a Almería y Motril llegan nuevas pateras con los inmigrantes que han sobrevivido a la travesía, el Gobierno quiere que la Unión Europea pague a Marruecos para que controle mejor sus fronteras. La UE ya paga a Turquía con la misma finalidad, y España hace lo propio con Mauritania y Senegal, países a los que ha destinado 135 millones de euros de los fondos de seguridad del Estado. Además, España gasta anualmente muchos recursos para devolver a los inmigrantes a sus países de origen, que es uno de los principales elementos disuasorios que utilizan los gobiernos: frustrar una aventura que ha podido durar años, jugándote la vida. Pero cualquiera que conozca a un emigrante sabe que lo volverá a intentar, pues se trata de una cuestión de supervivencia. Éste es un problema real y tangible, en el que también están implicadas muchas ONG, cuya reputación ha caído en picado al conocerse las orgías organizadas en Puerto Príncipe (Haití) por cooperantes de Oxfam Gran Bretaña. Pero que la desgracia ajena sea un negocio no es nada nuevo, y sólo hay que pensar en la prostitución, tolerada en casi todos los países presuntamente civilizados. ¿No se sabe dónde están los puticlubs donde se explota sexualmente a muchas mujeres? ¿No se hace publicidad de esos locales? ¿Cuántos políticos o empresarios a los que se les llena la boca con la igualdad y el progreso habrán alternado en Don José? Sería curioso conocer a la pandilla de hipócritas que habrá pasado por ese local tan conocido en Granada, y que no por casualidad está junto a otros centros comerciales donde todo se compra y se vende, como a las mujeres. Tal vez habría que hablar más claro y decir la verdad, sin tener que recurrir a las simplezas de Irene Montero o Adriana Lastra. Lo que termina con la desigualdad es la cultura y la educación, lo que incluye las normas de las RAE, que no es una institución retrógrada, sino la que logra que nos entendamos. Un lenguaje común, comprensible por todos, los oriundos y los que llegan, que pueden acudir a un diccionario –el de la RAE sin ir más lejos- en caso de duda. ¿Podrá explicarle algún filólogo a un estudiante de español el lenguaje que utilizan nuestros políticos? ¿Tendrán que buscar a un traductor de esa pseudolengua poniendo de ejemplo los boletines oficiales de algunas Comunidades Autónomas? La política de verdad no entiende de géneros, ni siquiera de ideologías. Inclusión, sí. E igualdad, sí. Pero sin tanta palabrería.
IDEAL (La Cerradura), 18/02/2018

domingo, 11 de febrero de 2018

Incompetencias


La Administración pública española es como una hidra de tres cabezas que no paran de pelear entre sí. El Estado, las Comunidades Autónomas y las Corporaciones Locales consumen una cantidad inaudita de recursos económicos cuya conversión en servicios públicos no siempre ve el ciudadano. Muy al contrario, los ciudadanos comprueban cómo pagan tributos a tres entes territoriales (en una clara doble e incluso triple imposición en algunos casos) que no se caracterizan precisamente por su eficiencia. Si tenemos en cuenta además que dichas administraciones están gobernadas por partidos políticos distintos, no es difícil comprender que cualquier desacuerdo entre ellas termine convirtiéndose en un lío mayúsculo. Con ese frágil equilibrio de fuerzas yuxtapuestas, ¿cómo aprobar unos simples presupuestos del Estado? Cuando el Gobierno central ya creía haber aplacado la rebelión catalana, el Partido Nacionalista Vasco –el principal apoyo a dichos presupuestos- sale con que quiere incluir el derecho de autodeterminación en el nuevo Estatuto. ¿No tienen suficiente con un régimen fiscal privilegiado y un cupo de difícil justificación? A España hace tiempo que el problema territorial se le ha ido de las manos, y es urgente reformar no sólo la Ley Electoral, como pretenden Ciudadanos y Podemos, sino también que volvamos a un Estado más centralizado en lo que se refiere a los servicios públicos fundamentales, que son la educación y la sanidad, que se han convertido en un foco de conflictos permanente entre las Comunidades Autónomas y el Estado, dando lugar a la creación de sucesivos fondos dentro de un sistema de financiación excesivamente complejo y opaco para la mayoría de los ciudadanos. Porque la pregunta importante es: ¿son mejores la educación y la sanidad que hace veinte años? Deberían serlo, si uno atiende al progreso económico de un país que presume de ser uno de los motores de la Unión Europea. Pero no lo son. Respecto a la educación, las Comunidades Autónomas se han preocupado más de adoctrinar a los ciudadanos en las cuestiones identitarias y nacionalistas –ya hemos visto el resultado en Cataluña- que de que tengan una formación básica, de la que se han eliminado el conocimiento, los cánones y la cultura clásica. Por eso ahora tenemos un montón de neoanalfabetos. Y qué decir de la sanidad, privatizada en mayor o menor medida según la comunidad en la que nos fijemos. ¿Alguien se acuerda ya de las manifestaciones en Granada? Más que un modelo federalista, haría falta que un partido político valiente planteara que dichas competencias volvieran al Estado. Lo mismo hasta ganaría las próximas elecciones.
IDEAL (La Cerradura), 11/02/2018

domingo, 4 de febrero de 2018

Distopía

Dos de los símbolos de la Granada económica, social y cultural, el Cubo y el Centro García Lorca, van a llevar las marcas comerciales de dos entidades financieras, Bankia y la Caixa. ¿Cómo hemos llegado a esto? Es relativamente sencillo. Aunque a buena parte de nuestros políticos se les llene la boca con lo granadino, en realidad no sienten ningún respeto por la cultura y la historia de la ciudad, y no les importaría desmontar la Alhambra piedra a piedra si con ello satisfacen un interés personal o de su partido. Y qué decir de los trabajadores de la extinguida Caja y de la propia Bankia, zarandeados y utilizados como moneda de cambio, meros números de otra siniestra estadística. Queda la Fundación Caja Granada, llamada a sostener la obra social, y el Centro García Lorca, que quizá logre sobreponerse a la nefasta gestión de la Fundación que lleva su nombre y a un gigantesco ridículo, sólo matizado por el esfuerzo encomiable de las personas que trabajan para que el Centro tenga una programación cultural digna, como Jesús Ortega. Lo que seguro que quedarán son los logos de Bankia y la Caixa, que planearán sobre los actos sociales, culturales y políticos de la ciudad (más políticos que culturales), como si nos recordaran quiénes mandan en la realidad, convertida en unas grandes cuentas anuales. ¿Dónde está el dinero de Caja Granada? ¿Dónde fue a parar el dinero malgastado en la Fundación García Lorca, embargada porque no puede o no quiere pagar los salarios atrasados a tres extrabajadoras? Granada, esa ciudad súpercomunicada entre sus barrios pero aislada por tren de otras ciudades de España, está perdiendo hasta el nombre de sus instituciones, por lo que dentro de poco no quedará ni ese orgullo obstinado por el pasado que la caracteriza y regado con generosos tragos de malafollá. ¿Habrá que ponerle también un patrocinador al Ayuntamiento en quiebra? ¿Querrán privatizar todos los servicios que presta nuestra empresa más rentable, que es la Universidad? El empeño por desmontar el patrimonio histórico, social, cultural y económico de Granada parece una maldición bíblica, plagas que azotan las instituciones en forma de gestores egoístas e incapaces, que sin embargo pretenden que sea la capital cultural de Europa en 2031. Y quizá, cuando ya sólo quede un páramo de lo que era una ciudad milenaria construida sobre siete colinas y en la confluencia de tres ríos, lo único que se verá en un cielo vacío serán los logotipos de Bankia y la Caixa, como hologramas fantasmagóricos de esta terrible distopía.

IDEAL (La Cerradura), 4/02/2018

domingo, 28 de enero de 2018

Basura

Mientras el Gobierno presume de haber creado dos millones de puestos de trabajo en cuatro años de recuperación económica, la realidad es tozuda y miserable en las calles de nuestras ciudades. No hay mucha diferencia entre los rumanos que hurgan entre los contenedores de Granada y los MENA (acrónimo cínico y simplista de Menores Extranjeros No Acompañados) que lo hacen en los de Melilla, lo que, en ambos casos, uno puede observar en cuanto se aleja un poco del centro, más limpio y mejor vigilado por la policía. Los pobres se han convertido en recicladores forzosos, obligados a aprovechar lo que los demás no quieren para tratar de sobrevivir: cobre, enseres, botellas de plástico, incluso alguna fruta podrida que echarse a la boca, mientras sujetan con la cabeza la tapa pringosa del cubo, inmunes ya a la suciedad y al mal olor. Son dos ciudades que tienen problemas similares, aunque se encuentren en continentes distintos. Cambia la nacionalidad de los recicladores forzosos, las estratagemas para atravesar fronteras, ya sea una valla o el mar para llegar al puerto de Motril. La sociedad es ya así, aunque miremos para otro lado, y cada vez se parecerán más las ciudades de una orilla y otra del Mediterráneo. No hacemos demasiado tampoco para remediarlo, por lo que nuestras sociedades (Europa, España, Granada) van perdiendo poco a poco ese halo del Estado de Bienestar, aunque sigamos encabezando rankings sobre la calidad de vida. El bienestar es cada vez de menos personas, y una parte de la población se encuentra en tierra de nadie, en las chabolas que empiezan a aparecer cerca del Hipercor, en el Camino de las Vacas, o en la Zona Norte, donde hay calles que ni la policía se atreve a pisar. Lo saben los ciudadanos que esperan hasta setenta y dos horas para ser atendidos en urgencias, o quien se ponga en lista de espera para una operación que quizá se te practique ya en el Paraíso. Si es que vas. ¿Cuadramos las cuentas desmontando los servicios públicos? ¿Cuando nos salgan los números quedará algún servicio público que prestar? Si nos ponemos a hurgar en los contenedores de las Administraciones públicas, quizá no encontremos demasiado material reciclable, acaso un roedor tipo Puigdemont o un exceso de asesores fichados tanto por el PP como por el PSOE en el Ayuntamiento. Y es que producimos mucha más basura de la que somos capaces de reciclar. Pero, claro, no es lo mismo hablar de política que del hambre de otros seres humanos.

IDEAL (La Cerradura), 28/01/2018

domingo, 21 de enero de 2018

Conciencia

Resulta bastante hipócrita la repentina solidaridad que ha despertado el acoso sexual sufrido por algunas actrices de Hollywood por el baboso productor Harvey Weinstein, que ha causado una caza de brujas (y brujos) en todo el mundo. Y no es que me parezca mal denunciar públicamente a los acosadores sexuales, al contrario, pero ¿por qué precisamente ahora? ¿Sólo porque lo hacen personajes públicos? Es en la vida familiar y profesional donde nos jugamos el tipo, y donde se silencian este tipo de actuaciones, que lamentablemente siguen siendo comunes en la casa, en la empresa o en el colegio. ¿Se denuncian a todos los acosadores, violadores o pederastas? ¿Se denuncia al profesor, al jefe o al vecino? La gente parece haber descubierto de pronto su conciencia, cuando la realidad es que ha sido práctica habitual en España silenciar cualquier escándalo sexual, sobre todo si se producía en la Administración pública, en un colegio privado o en una institución religiosa, incluso cuando se trataba de un delito cometido por personas que han traumatizado a generaciones enteras. Lo mismo ha ocurrido en el mundo del deporte que en el de la política. A Gloria Viseras y a las otras gimnastas que denunciaron al exseleccionador Jesús Carballo, las llamaban “marranas y mentirosas”, y en el Congreso de los Diputados hemos visto a Rafael Hernando cachondearse de la relación sentimental entre Irene Montero y Pablo Iglesias, a falta de un argumento mejor. Es como si lo lleváramos en la sangre, pero efectivamente los prejuicios los llevamos en la educación, que sigue siendo esencialmente machista –la publicidad, el cine y los videojuegos son los grandes educadores de hoy-, a pesar de las iniciativas de algunas comunidades autónomas como la andaluza, que a veces rozan el ridículo. Y lo es amenazar a FACUA con retirarle las subvenciones por utilizar el masculino neutro para referirse a los consumidores, según prescribe la Real Academia Española. ¿Para ser políticamente correcto hay que usar términos como “personas consumidoras”, “personas usuarias” o “estructuras no excluyentes”? ¿No estamos excluyendo simplemente un uso racional del cerebro? La pretendida corrección lingüística se está convirtiendo en censura, y la administración está destinando demasiados recursos para fabricar analfabetos. Lo parecen nuestros políticos cuando se esfuerzan en utilizar un lenguaje no sexista, que no es lenguaje, sino tontería. Eso es educar en el machismo. Y un aviso a los machomanes del mundo, ya que estamos con el sexo: si abusáis de la finasterida para que os crezca el pelo, podéis convertiros en Donald Trump. Menuda pandilla de pelotudos.

IDEAL (La Cerradura), 21/01/2018

domingo, 14 de enero de 2018

El efecto Puigdemont

España bate récords hasta el esperpento. Convertida la política en un show, Cataluña parece ser un payaso personificado por Puigdemont, que propone una investidura telemática, vía Skype. Junts per Catalunya y ERC le siguen el juego, llevados en volandas por 900.000 votos de ciudadanos hipnotizados por un personaje mitad pirómano mitad enterrador. Y dice poco de nuestra clase política el que los jueces se hayan convertido en los únicos valedores del Estado de Derecho. Más preocupados por la repercusión mediática que por hacer propuestas viables, los partidos lanzan globos sonda, pidiendo un poco de atención. Lo es la propuesta del PSOE para poner un impuesto a la banca. El mismo día en que Rato presumía en el Congreso de su gestión al frente de Bankia, equiparando la política a la economía, la gestión pública al interés personal, y aprovechaba para vengarse de Luis de Guindos y Mariano Rajoy. Como ilustración de los mecanismos del poder, no estuvo mal. “Durante mis conversaciones con Guindos sobre la entidad en marzo, abril y mayo de 2012, este se apoyó en los principales competidores, a los que llegó a encargar realizar cuáles eran las necesarias provisiones para Bankia. “Esos competidores (Santander, BBVA y CaixaBank) fueron, sin duda, los grandes receptores de depósitos que salieron de Bankia tras su nacionalización en el verano de 2012”. Pues ya sabemos quién se quedó los 22.424 millones de euros con los que rescataron a Bankia los ciudadanos. La misma entidad que se ha fusionado con BMN, la antigua Caja Granada. ¿Revertirá una parte de ese dinero a los granadinos? Cuentan las crónicas que esta fusión llevará aparejada la pérdida de 2.500 puestos de trabajo, sobre todo en los servicios centrales. Y las malas lenguas hablan del peligro de desaparición de la Fundación Caja Granada. Menuda herencia política. Nada a lo que no estemos acostumbrados en esta ciudad en la que los partidos son incapaces de ponerse de acuerdo para sacar adelante el presupuesto municipal. Que el PP haya votado en contra no le extraña a nadie, pues después de provocar la quiebra del Ayuntamiento parece desear su intervención por el ministerio de Hacienda. ¿Se habrá confundido con el ministerio del Tiempo, pensado que no existen las hemerotecas? Lo que no se entiende es lo de Ciudadanos, que ha permitido gobernar a Cuenca para luego hundirlo en la miseria. Pero es que estaba por medio un tal Luis “Salvador”. El papel que quizá ansíe Sebastián Pérez. Y entre que nos salvan o nos hunden, todos sufrimos el efecto Puigdemont.

IDEAL (La Cerradura), 14/01/2018

domingo, 7 de enero de 2018

Aporofobia

Cincuenta y siete mil niños granadinos no se levantaron ayer con regalos de Reyes, según informaba Ángeles Peñalver en IDEAL esta semana, quien ponía el ejemplo de Khadija, vecina de La Chana con un sueldo de 400 euros y dos hijos de siete y diez años. Pero lo que más me ha llamado la atención son los comentarios de algunos lectores en la web del periódico. A una chica le extraña lo de Khadija, “porque los musulmanes no celebran los Reyes”. Otro niega la mayor, pues afirma que en Granada “no hay tantos niños”. Hay quien se queja de que entidades españolas ayuden “a los árabes”, y quien asegura que la mujer “miente más que habla”. No caen en la cuenta de que Khadija es granadina a todos los efectos (lleva viviendo aquí diecisiete años), más allá de la religión que tenga, algo a lo que no se hacía referencia en el artículo, al margen de su origen marroquí. Pero en la imagen aparecía con velo, claro. Quizá les caiga mejor a los internautas el indigente sevillano al que la policía ha requisado 18.650 euros en la Glorieta de Arabial, la placeta donde solía pernoctar, según informaba Yenalia Huertas. Concretamente, 33 billetes de 500 euros, 42 de 50, 4 de 10 y 2 de 5, cuya procedencia no ha podido justificar el hombre de 32 años e iniciales J. J. B, quien por lo visto tiene antecedentes por delitos de robo con fuerza. ¿Será también una cuestión de religión o nacionalidad? Al miedo al pobre le ha puesto nombre la filósofa Adela Cortina, que publicó en 2017 un ensayo titulado “Aporofobia” (Paidós), la palabra del año según la Fundación del Español Vigente y acuñada a partir de los términos griegos “áporos” (sin recursos) y “fobia” (terror, pánico). Adela Cortina ha destacado que a los inmigrantes y refugiados no se les rechaza por ser extranjeros, sino por pobres, un miedo (a la pobreza) que ha calado entre la población en tiempos de crisis económica. Porque a nadie le molesta que los ricos se gasten su dinero en España, un país cuya mayor industria es el turismo, pero donde hay verdadero pavor a que los pobres del mundo vengan “a quitarnos” el pan de nuestra mesa. Una visión fomentada interesadamente desde posiciones políticas reaccionarias y que se propaga por el páramo cultural en que se ha convertido Internet. Esto también merece un nombre: “egofobia”. Porque, en el fondo, se trata de miedo a lo peor de nosotros mismos. Y de una gran pobreza cultural.  

IDEAL (La Cerradura), 7/01/2018