domingo, 15 de abril de 2018

Juegos


A medida que la sociedad se empobrece, proliferan en las ciudades españolas las casas de apuestas, los casinos y los locales destinados al juego. En Granada, seis meses después de que la Junta de Andalucía aprobara el Reglamento de Apuestas Deportivas, hay 37 salones de juego y 8 nuevas licencias en tramitación, según informaba Jorge Pastor en IDEAL. Y también esperamos un casino en esta ciudad, que aspira a convertirse en un paraíso de ludópatas. Pero si ya tenemos a los políticos locales, que acostumbran a jugarse el patrimonio municipal… ¿Hacemos una porra sobre la posible intervención del Ayuntamiento por Cristóbal Montoro? El ministro de Hacienda ha tejido pacientemente la tela de las cuentas públicas, y su figura de araña responsable y monstruosa se va acercando poco a poco a la figura de polilla del alcalde Francisco Cuenca, enredado en un capullo por los hilos que fabricaron en la pasada legislatura Torres Hurtado y su equipo económico, experto en tequemanejes. Los que están hundidos en la miseria se lo juegan todo a la suerte, y hay quien dedica el día entero a pensar en la quiniela o en la combinación ganadora –ojalá- de la Lotería Primitiva, ese impuesto encubierto que la gente paga con esperanza y alegría. He aquí un círculo vicioso: los pensionistas soñando con engordar su pensión y pagándola con los boletos de la bonoloto, y los jóvenes confiando su futuro a las apuestas deportivas. La Sociedad Estatal Loterías y Apuestas del Estado S.A. (que opera nueve juegos de azar, entre ellos la Lotería Nacional, la Quiniela o Euromillones) está adscrita al Ministerio de Hacienda, lo que convierte al ministro Montoro en una especie de Señor de la Suerte, que eliminó la exención que hasta 2013 había en el IRPF por estas ganancias patrimoniales para que tributen con un gravamen especial de loterías. Porque aquí no se desperdicia nada. Pero es que la fiscalidad sobre el juego es un tema interesante, y por eso los tributos que lo gravan se cedieron a las comunidades autónomas. ¿Financiarán mejor así la sanidad o la educación? En Granada, los jefes de Urgencias del PTS y de Traumatología han dimitido al parecer por falta de personal. Y según informaba Ángeles Peñalver esta semana, la USAE (sindicato de técnicos de enfermería) denuncia que la desfusión hospitalaria ha sido un ERE encubierto. Así que acudir a urgencias se ha convertido asimismo en una lotería, pues con suerte te atenderá uno de los seis médicos que hacen guardia durante 24 horas en el PTS. ¿Admiten apuestas?
IDEAL (La Cerradura), 15/04/2018

domingo, 8 de abril de 2018

Másteres del universo


Mientras los profesores o los estudiantes universitarios se las ven (y se las desean) con la ANECA o el mercado de trabajo para justificar cada uno de los méritos de su currículo, toda una presidenta de la Comunidad de Madrid destruye su carrera política por añadir torticeramente un título al suyo. Pero es que en España siempre ha habido mucha “titulitis”, y demasiados políticos se empeñan en mostrarnos una y otra vez su complejo de idiotas. Y hay quien no tiene complejos y cree que debe recibir los títulos por la cara, aunque eso te inhabilite –antes que la justicia, a la todavía presidenta de la Comunidad de Madrid debería inhabilitarla su propio partido- para dirigir siquiera la república de tu casa. Nada extraño, sin embargo, en un país en el que abundan los grandes de España, y en el que otorgar noblezas ha sido algo tan común como esquilmar el erario, como todavía podrían explicarnos los nietos de Franco o todos los empresarios que viven igual de bien ahora en la democracia como lo hacían antes en la dictadura. Parece ser la esencia de la cultura española obtener cargos y premios no por el propio mérito, sino por la falta de dignidad personal. Luego están los que de verdad estudian, esos graduados universitarios que terminan trabajando en países que no tienen un sistema educativo –a pesar de universidades como la Rey Juan Carlos y el PP madrileño- comparable al español, pero sí mayor demanda de empleo en el mercado de trabajo. Porque el mercado laboral español se ha flexibilizado tanto que sólo hay empleos basura, y los derechos de los trabajadores han retrocedido hasta la época industrial. Pero esta semana hemos visto al artífice de esta reforma, Mariano Rajoy, reuniéndose con las representantes de “las Kellys” (así las llama la prensa sin sonrojarse), como denominan a las limpiadoras que trabajan en los hoteles por un salario medio de dos euros la hora. ¿Será el presidente del Gobierno máster en hipocresía? ¿Lo serán también los empresarios hosteleros que en ciudades como Granada subcontratan a estas esclavas actuales a través de empresas de trabajo temporal? Y es sólo un ejemplo de cómo se ha afrontando en España la crisis económica. Se explota laboralmente a los trabajadores, pero se presume del turismo como de la gran industria nacional. Hay otros ejemplos, como la venta de Endesa a fondos de inversión de Goldman Sachs. Pero bienvenidos sean los inversores extranjeros. Aquí regalamos títulos, recursos y hasta personas por la cara.
IDEAL (La Cerradura), 8/04/2018

domingo, 1 de abril de 2018

Mitologías


Mientras las calles de nuestras ciudades se llenaban esta semana de procesiones e imágenes de santos, las pantallas de los cines lo hacían de personajes de videojuegos con la última película de Steven Spielberg, “Reader Player One”, que para el imaginario friki es una prueba también de que hay otros mundos posibles y se encuentran en éste. ¿Podrían llenarse las calles de gigantes, naves espaciales y guerreros ninja? Podrían, porque la gente se pone las gafas de realidad virtual que prefiere, y hay quien, incluso, prefiere no ver. En Granada, después de años de vacíos y silencios e informaciones contradictorias, empezamos a ver el legado de Federico García Lorca, envuelto asimismo en un halo mítico en el que al parecer confían nuestros políticos para que nos olvidemos de preguntar por las cuentas del Centro. “El Centro Lorca comienza a llenarse de Federico”, ha dicho el alcalde Francisco Cuenca, supongo que convencido de lo que dice. Pero ¿por qué en esta ciudad tiene que ser todo tan opaco? Si uno piensa que para la cesión del legado había que poner de acuerdo al Ministerio de Cultura, a la Junta de Andalucía, a la Diputación y al Ayuntamiento de Granada y a la propia Fundación García Lorca, quizá hasta parezca una hazaña. Porque la actualidad granadina está llena de noticias míticas como la llegada del Ave y del legado de Lorca que, cuando de verdad ocurren, están ya tan desdibujadas de tan repetidas y desmentidas –quince años han pasado desde que se firmó en la Huerta de San Vicente el protocolo para la construcción del Centro- que parecen fruto de un cómic o un videojuego. Y no es que no haya que alegrarse por la inauguración de la exposición “Una habitación propia”, pero menuda penitencia. Frente a esa realidad, uno lee esta misma semana que en el IES Navarro Villoslada, de Pamplona (Navarra), se estrenaba “Generación Lorca”, la obra con la que el Taller de Teatro Escolar de este centro educativo celebra su cuadragésima temporada, un montaje realizado por los propios alumnos sobre “Bodas de Sangre”. Ana Artajo y Ion Martinkorena, autores del texto, explican que eligieron a Federico García Lorca “porque es el poeta más representativo de las letras españolas de cualquier siglo”. Y respecto a la experiencia de los alumnos, añaden: “El universo lorquiano se entrecruzará desde ahora con sus historias personales, y la palabra de Lorca inundará sus vidas para cambiarlas para siempre”. Casi nada. Pero quizá ahí radique la diferencia entre invertir en mitologías o en educación.
IDEAL (La Cerradura), 01/04/2018

domingo, 25 de marzo de 2018

Sátiros


Nuestra sociedad es mucho más frágil de lo que nos creemos. Si la esperanza de vida de un ser humano roza ya los cien años, quizá sea capaz de recordar la guerra de Marruecos, la guerra civil, el régimen de Franco, el bodrio catalán e incluso la dictadura de Facebook. El nacionalismo español siempre ha sido indulgente consigo mismo, pero no con el nacionalismo catalán, al que observa entre el miedo y el estupor. A eso contribuyen sin duda los independentistas catalanes, que son incapaces de encontrar un presidente-títere que no lea su discurso en el parlamento como si fuera una sentencia condenatoria, como ha hecho esta semana Jordi Turull, o que no huya como Marta Rovira. En España, ya no se distingue entre la mentira y la verdad, y la historia ya no la cuenta Galdós en los “Episodios nacionales”, sino revistas como “El Jueves” o “Mongolia”, que aún deben luchar por la libertad de expresión. Pero cuando la crónica política se ha convertido en sí misma en una sátira o un chascarrillo –según Cristina Cifuentes- hasta los jueces parecen tener dudas para interpretarla, pues todo tiene un tufillo mongoloide, maldita la gracia. Pero ¿qué es lo que ha pasado en España? Pues, por lo visto, sólo lo sabe Ciudadanos, que es el único partido que sube en las encuestas, aunque a Albert Rivera se le caracterice como la personificación del IBEX-35. Y quizá sea así. Las grandes multinacionales quieren países manejables, con ciudadanos que te digan lo que desean en Facebook. Los internautas compran, se quejan, votan lo que les gusta o lo que no, y luego se encuentran con Donald Trump en la Casa Blanca y a saber con quién en el Palacio de la Moncloa. Porque en las calles sólo se manifiestan los mayores de 65 años, que no han tenido tiempo de ser poseídos por las redes sociales. Ellos aún saben diferenciar entre lo privado y lo público, y por eso no contribuyen voluntariamente a ser controlados. ¿Quiere usted saber cuáles son sus gustos literarios? Pregúnteselo a Amazon. La sabiduría occidental se ha reducido a diez algoritmos que uno cumple cada vez que hace un clic en el ratón del ordenador. “Identifíquese”, nos piden tiendas y plataformas de todo tipo, y vamos construyendo con nuestros datos un avatar más real que nosotros mismos, pero menos responsable. ¿Tendrá la cara de Marc Zuckerberg? Nadie podrá decir que no le hemos entregado nuestros sueños gozosamente, para que su empresa los venda al mejor postor. Menudos sátiros.
IDEAL (La Cerradura), 25/03/2018

domingo, 18 de marzo de 2018

Demanda social


Resulta preocupante que los partidos políticos tomen decisiones o hagan propuestas según los resultados de las encuestas o los sondeos. El pueblo es soberano, pero ¿tiene siempre razón? La visceralidad parece haber contaminado no sólo las redes sociales y los medios de comunicación, sino la propia vida política, donde brillan actualmente por su ausencia las opiniones meditadas. Nuestros líderes políticos repiten machaconamente las mismas ideas como si fueran eslóganes electorales, aunque no se sostengan en datos y ni siquiera en convicciones políticas. Lo hemos comprobado esta semana con el debate en el Congreso sobre las pensiones, que no ha aportado nada nuevo al margen de la constatación del que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, vive en el País de Nunca Jamás mientras los jubilados españoles lo hacen en la pobreza. Pero también lo hemos visto después del asesinato del niño Gabriel, que ha despertado los instintos más bajos de la audiencia, de los periodistas y de los políticos, claro, que han debatido sobre la derogación de la prisión permanente revisable, que probablemente atenta contra los valores constitucionales, como han defendido un centenar de profesores universitarios de toda España, y entre ellos ocho del Departamento de Derecho Penal y del Instituto de Criminología de la UGR, que  algo sabrán sobre el tema. Pero en la web de IDEAL los internautas los acusaban de “buenistas”, y había quien recordaba casos sangrantes y muy dolorosos, sí, ocurridos en la ciudad de Granada, como la violación y el asesinato en 1987 de la niña Aixa. "El asesino, José Fernández Pareja, fue condenado por la Audiencia Provincial de Granada a 85 años de prisión, pero apenas pasó 16 tras las rejas”, clamaba un internauta. Y la verdad es que es un hecho que provoca indignación, pero la Constitución Española reconoce la reinserción social y prohíbe las penas de duración indeterminada. ¿A qué debemos renunciar para asegurar el mantenimiento de una sociedad democrática? No queremos que este tipo de delincuentes estén en la calle, y la razón de esta ley, como señalaba la Comisión de Justicia del Congreso de los Diputados, era “la demanda social”. Pero esto no debe justificar su aprobación ni su permanencia. La democracia no es sólo asegurar la voluntad de la mayoría, sino la existencia de un marco jurídico que proteja la dignidad de la persona, incluso la de los pederastas y asesinos. Patricia Ramírez, la madre de Gabriel, pedía después de la muerte de su hijo que no se extendiera la rabia. Eso es una lección de democracia.
IDEAL (La Cerradura), 18/03/2018

domingo, 11 de marzo de 2018

Pelo


Si uno se fija en los peinados de Donald Trump y Kim Jong Un, se da cuenta que llevan como una aureola belicosa. Es como si el humillo que les sale de la cabeza hubiera contaminado su pelo, que tiende a alzarse hacia arriba. Medio planeta preocupándose por los prontos de los presidentes de USA y Corea del Norte cuando lo único que necesitan es un buen peluquero, que les peine bien las ideas sobre el cuero cabelludo. Quizá tengan demasiado pelo, cuya caída está relacionada en los hombres con los niveles de testosterona. Por eso andan Donald y Kim permanentemente enfurruñados. No como nuestro ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, que, calvo y feliz por la recuperación económica, está dispuesto a equiparar el sueldo de los funcionarios públicos del Estado con los de las Comunidades Autónomas. Ha comenzado con los policías, pero a la cola se han puesto jueces y fiscales, médicos, enfermeros, profesores... La equiparación salarial entre todos los funcionarios del Estado –del que también forman parte las Comunidades Autónomas y las Corporaciones Locales-, parece algo lógico. Se lo preguntas a nuestros políticos –con pelo y sin pelo- y te dicen que sí, que es lo sensato para reducir las desigualdades, que hay que legislar sobre el tema. Y, sin embargo, esta semana hemos visto a miles de mujeres manifestándose por la equiparación salarial con los hombres. ¿Aquí no es tan fácil legislar? Porque hay empresarios y políticos a los que les salen sarpullidos cuando escuchan hablar de la obligación de equiparar salarios entre los trabajadores, independientemente del sexo que tengan. Equiparar el sueldo entre los funcionarios de las Administraciones públicas les parece lógico, pero entre los hombres y las mujeres –que suelen cobrar de media un 13% menos- de la empresa privada no tanto, porque a fin de cuentas se trata de regular las condiciones del sacrosanto mercado. Y con el capitalismo hemos topado, que no se preocupa precisamente de preservar la igualdad. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, que todavía peina algo de pelo, a la pregunta sobre si habría que obligar a las empresas a equiparar el sueldo de hombres y mujeres, ha contestado: “No nos metamos en eso”. ¿En la Administración pública sí, pero en las empresas no? ¿Nos está tomando el pelo? A veces, nuestros políticos parecen también funcionarios que, sin embargo, no se caracterizan por su eficacia ni por el cumplimiento escrupuloso de la legalidad, sino sólo por su obediencia a las leyes de la oferta y la demanda. Pierden el pelo y la cabeza.
IDEAL (La Cerradura), 11/03/2018

domingo, 4 de marzo de 2018

Ahorro


A veces se nos olvida que las decisiones políticas tienen consecuencias concretas. Sin embargo, en España es relativamente normal escuchar a políticos sorprendidos (o quizá no tanto) cuando son procesados o juzgados por la opinión pública. Lo hemos visto en Cataluña, donde algunos independentistas han descubierto ahora que el Estado aplica las leyes, pero también en otras comunidades como Madrid, Valencia o Andalucía y en ciudades como Granada, donde hay políticos que no sabían que la policía cuenta con una Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF), creada para combatir la corrupción. “¿Qué coño es eso de la UDEF?”, dicen entonces. Pero es que algunos de nuestros políticos no parecen saber ni quiénes son, porque cuando les preguntas por algo en concreto sufren una amnesia repentina o te dicen sin sonrojarse que no saben nada de cuentas, aunque sean consejeros o incluso presidan una entidad financiera. Así, Narcís Serra, expresidente de Caixa Cataluña, ha defendido esta semana en el Congreso su gestión de esta entidad financiera que tuvo que ser rescatada con 12.600 millones de euros. Un tipo que, además de economista, ha sido alcalde, ministro y vicepresidente del Gobierno. Y que también ha explicado que los miembros del consejo de administración, elegidos por sorteo, empezaron a asistir a cursos de formación financiera que se impartían antes de la reunión de cada mes y donde se les explicaba las partidas claves del balance y de la cuenta de resultados. Si la misma gestión la hubiera realizado en Inglaterra, tendría que haberse exiliado, como Puigdemont. Y, si hubiera sido en Japón, para limpiar su honor se tendría que haber cortado unos cuantos dedos o practicado el harakiri. Pero, como vive en España, ha culpado del desastre a la anterior dirección de la caja, al Banco de España y al Gobierno actual, por malvenderla a Bankia. Lo peor es que así piensa buena parte de nuestra clase política, aunque malgaste el dinero público. Pero es que las cosas sólo nos preocupan cuando nos afectan personalmente. Y los políticos deberían responder de su gestión con su propio patrimonio. Lamentablemente, no es así, y la única contrapartida para los ciudadanos es el desmantelamiento de los servicios públicos (que es lo que representaban al principio las cajas de ahorro). Mientras, en Granada, el Ayuntamiento va a remodelar las líneas de autobús, y va a suprimir la LAC. La alternancia en la alcaldía se reduce a hacer y deshacer, pero ¿quién va a pagar todo esto? Lo mismo habría que ahorrarse a la clase política.
IDEAL (La Cerradura), 4/03/2018

domingo, 25 de febrero de 2018

Himnos


Pues ha tenido que venir Marta Sánchez a rescatar el orgullo español, poniéndole la letra al himno nacional, que es una marcha algo descafeinada, pero que puede convertirse en una declaración patriótica y al menos servirle a Sergio Ramos para pensar en algo concreto cuando se toca el corazón antes del comienzo de los partidos de la selección de fútbol. En Marta Sánchez, por ejemplo. Y es que la patria anda un poco desanimada con esto de no tener presupuestos, que quizá se aprueben en el mes de junio. ¿Serán unos presupuestos para seis meses? Lo mismo es un nuevo método para ajustar las cuentas públicas. Rajoy espera a que haya presidente en Cataluña, aunque allí no parecen tener mucha prisa. Siguiendo el ejemplo de Puigdemont, que ya no oculta a nadie su deseo de vivir del cuento de la independencia, la comunidad se ha tomado unas vacaciones de sí misma. Y es que los deseos de emancipación cansan, como saben la mitad de los adolescentes españoles, que no se levantan del sofá ni para ver actuar a Marta Sánchez. ¿Será prima de Pedro? A ese Sánchez no me lo imagino cantando esta marcha granadera: “Te amo España, a Dios le doy gracias por nacer aquí… amarte hasta el fin”. A Pedro le gusta demasiado guardar las apariencias. Cosa que no le importa a Marta Sánchez, que como toda la gente que ha vivido fuera de España no siente ninguna vergüenza por proclamar el amor a su país. Pero ya la han llamado oportunista esos españolitos que acostumbran a mirarse el ombligo y a los que les molesta todo lo que hacen los demás. Porque ellos no hacen nada. Y lamentablemente nuestras instituciones y partidos están llenas de parásitos que se dedican a poner zancadillas al contrario, aunque por ello paralicen la aprobación de los presupuestos del Estado o del presupuesto municipal, que como su nombre indica es el primer paso para poder gestionar una administración pública. A eso le llaman hacer política. En Granada no se aprueba un presupuesto desde el año 2015, pero los concejales no han dejado de cobrar su sueldo. ¿Le duele a alguien el dinero público? Parece que sólo le duele a Marta Sánchez: “Crece mi amor cada vez que me voy, pero no olvides que sin ti no sé vivir”. Y así viven nuestros políticos: se van, pero en realidad nunca terminan de irse. “Rojo, amarillo, colores que brillan en mi corazón y no pido perdón…” Pero es que en España nadie pide perdón.
IDEAL (La Cerradura), 25/02/2018

domingo, 18 de febrero de 2018

Lenguajes


Mientras a Almería y Motril llegan nuevas pateras con los inmigrantes que han sobrevivido a la travesía, el Gobierno quiere que la Unión Europea pague a Marruecos para que controle mejor sus fronteras. La UE ya paga a Turquía con la misma finalidad, y España hace lo propio con Mauritania y Senegal, países a los que ha destinado 135 millones de euros de los fondos de seguridad del Estado. Además, España gasta anualmente muchos recursos para devolver a los inmigrantes a sus países de origen, que es uno de los principales elementos disuasorios que utilizan los gobiernos: frustrar una aventura que ha podido durar años, jugándote la vida. Pero cualquiera que conozca a un emigrante sabe que lo volverá a intentar, pues se trata de una cuestión de supervivencia. Éste es un problema real y tangible, en el que también están implicadas muchas ONG, cuya reputación ha caído en picado al conocerse las orgías organizadas en Puerto Príncipe (Haití) por cooperantes de Oxfam Gran Bretaña. Pero que la desgracia ajena sea un negocio no es nada nuevo, y sólo hay que pensar en la prostitución, tolerada en casi todos los países presuntamente civilizados. ¿No se sabe dónde están los puticlubs donde se explota sexualmente a muchas mujeres? ¿No se hace publicidad de esos locales? ¿Cuántos políticos o empresarios a los que se les llena la boca con la igualdad y el progreso habrán alternado en Don José? Sería curioso conocer a la pandilla de hipócritas que habrá pasado por ese local tan conocido en Granada, y que no por casualidad está junto a otros centros comerciales donde todo se compra y se vende, como a las mujeres. Tal vez habría que hablar más claro y decir la verdad, sin tener que recurrir a las simplezas de Irene Montero o Adriana Lastra. Lo que termina con la desigualdad es la cultura y la educación, lo que incluye las normas de las RAE, que no es una institución retrógrada, sino la que logra que nos entendamos. Un lenguaje común, comprensible por todos, los oriundos y los que llegan, que pueden acudir a un diccionario –el de la RAE sin ir más lejos- en caso de duda. ¿Podrá explicarle algún filólogo a un estudiante de español el lenguaje que utilizan nuestros políticos? ¿Tendrán que buscar a un traductor de esa pseudolengua poniendo de ejemplo los boletines oficiales de algunas Comunidades Autónomas? La política de verdad no entiende de géneros, ni siquiera de ideologías. Inclusión, sí. E igualdad, sí. Pero sin tanta palabrería.
IDEAL (La Cerradura), 18/02/2018

domingo, 11 de febrero de 2018

Incompetencias


La Administración pública española es como una hidra de tres cabezas que no paran de pelear entre sí. El Estado, las Comunidades Autónomas y las Corporaciones Locales consumen una cantidad inaudita de recursos económicos cuya conversión en servicios públicos no siempre ve el ciudadano. Muy al contrario, los ciudadanos comprueban cómo pagan tributos a tres entes territoriales (en una clara doble e incluso triple imposición en algunos casos) que no se caracterizan precisamente por su eficiencia. Si tenemos en cuenta además que dichas administraciones están gobernadas por partidos políticos distintos, no es difícil comprender que cualquier desacuerdo entre ellas termine convirtiéndose en un lío mayúsculo. Con ese frágil equilibrio de fuerzas yuxtapuestas, ¿cómo aprobar unos simples presupuestos del Estado? Cuando el Gobierno central ya creía haber aplacado la rebelión catalana, el Partido Nacionalista Vasco –el principal apoyo a dichos presupuestos- sale con que quiere incluir el derecho de autodeterminación en el nuevo Estatuto. ¿No tienen suficiente con un régimen fiscal privilegiado y un cupo de difícil justificación? A España hace tiempo que el problema territorial se le ha ido de las manos, y es urgente reformar no sólo la Ley Electoral, como pretenden Ciudadanos y Podemos, sino también que volvamos a un Estado más centralizado en lo que se refiere a los servicios públicos fundamentales, que son la educación y la sanidad, que se han convertido en un foco de conflictos permanente entre las Comunidades Autónomas y el Estado, dando lugar a la creación de sucesivos fondos dentro de un sistema de financiación excesivamente complejo y opaco para la mayoría de los ciudadanos. Porque la pregunta importante es: ¿son mejores la educación y la sanidad que hace veinte años? Deberían serlo, si uno atiende al progreso económico de un país que presume de ser uno de los motores de la Unión Europea. Pero no lo son. Respecto a la educación, las Comunidades Autónomas se han preocupado más de adoctrinar a los ciudadanos en las cuestiones identitarias y nacionalistas –ya hemos visto el resultado en Cataluña- que de que tengan una formación básica, de la que se han eliminado el conocimiento, los cánones y la cultura clásica. Por eso ahora tenemos un montón de neoanalfabetos. Y qué decir de la sanidad, privatizada en mayor o menor medida según la comunidad en la que nos fijemos. ¿Alguien se acuerda ya de las manifestaciones en Granada? Más que un modelo federalista, haría falta que un partido político valiente planteara que dichas competencias volvieran al Estado. Lo mismo hasta ganaría las próximas elecciones.
IDEAL (La Cerradura), 11/02/2018

domingo, 4 de febrero de 2018

Distopía

Dos de los símbolos de la Granada económica, social y cultural, el Cubo y el Centro García Lorca, van a llevar las marcas comerciales de dos entidades financieras, Bankia y la Caixa. ¿Cómo hemos llegado a esto? Es relativamente sencillo. Aunque a buena parte de nuestros políticos se les llene la boca con lo granadino, en realidad no sienten ningún respeto por la cultura y la historia de la ciudad, y no les importaría desmontar la Alhambra piedra a piedra si con ello satisfacen un interés personal o de su partido. Y qué decir de los trabajadores de la extinguida Caja y de la propia Bankia, zarandeados y utilizados como moneda de cambio, meros números de otra siniestra estadística. Queda la Fundación Caja Granada, llamada a sostener la obra social, y el Centro García Lorca, que quizá logre sobreponerse a la nefasta gestión de la Fundación que lleva su nombre y a un gigantesco ridículo, sólo matizado por el esfuerzo encomiable de las personas que trabajan para que el Centro tenga una programación cultural digna, como Jesús Ortega. Lo que seguro que quedarán son los logos de Bankia y la Caixa, que planearán sobre los actos sociales, culturales y políticos de la ciudad (más políticos que culturales), como si nos recordaran quiénes mandan en la realidad, convertida en unas grandes cuentas anuales. ¿Dónde está el dinero de Caja Granada? ¿Dónde fue a parar el dinero malgastado en la Fundación García Lorca, embargada porque no puede o no quiere pagar los salarios atrasados a tres extrabajadoras? Granada, esa ciudad súpercomunicada entre sus barrios pero aislada por tren de otras ciudades de España, está perdiendo hasta el nombre de sus instituciones, por lo que dentro de poco no quedará ni ese orgullo obstinado por el pasado que la caracteriza y regado con generosos tragos de malafollá. ¿Habrá que ponerle también un patrocinador al Ayuntamiento en quiebra? ¿Querrán privatizar todos los servicios que presta nuestra empresa más rentable, que es la Universidad? El empeño por desmontar el patrimonio histórico, social, cultural y económico de Granada parece una maldición bíblica, plagas que azotan las instituciones en forma de gestores egoístas e incapaces, que sin embargo pretenden que sea la capital cultural de Europa en 2031. Y quizá, cuando ya sólo quede un páramo de lo que era una ciudad milenaria construida sobre siete colinas y en la confluencia de tres ríos, lo único que se verá en un cielo vacío serán los logotipos de Bankia y la Caixa, como hologramas fantasmagóricos de esta terrible distopía.

IDEAL (La Cerradura), 4/02/2018

domingo, 28 de enero de 2018

Basura

Mientras el Gobierno presume de haber creado dos millones de puestos de trabajo en cuatro años de recuperación económica, la realidad es tozuda y miserable en las calles de nuestras ciudades. No hay mucha diferencia entre los rumanos que hurgan entre los contenedores de Granada y los MENA (acrónimo cínico y simplista de Menores Extranjeros No Acompañados) que lo hacen en los de Melilla, lo que, en ambos casos, uno puede observar en cuanto se aleja un poco del centro, más limpio y mejor vigilado por la policía. Los pobres se han convertido en recicladores forzosos, obligados a aprovechar lo que los demás no quieren para tratar de sobrevivir: cobre, enseres, botellas de plástico, incluso alguna fruta podrida que echarse a la boca, mientras sujetan con la cabeza la tapa pringosa del cubo, inmunes ya a la suciedad y al mal olor. Son dos ciudades que tienen problemas similares, aunque se encuentren en continentes distintos. Cambia la nacionalidad de los recicladores forzosos, las estratagemas para atravesar fronteras, ya sea una valla o el mar para llegar al puerto de Motril. La sociedad es ya así, aunque miremos para otro lado, y cada vez se parecerán más las ciudades de una orilla y otra del Mediterráneo. No hacemos demasiado tampoco para remediarlo, por lo que nuestras sociedades (Europa, España, Granada) van perdiendo poco a poco ese halo del Estado de Bienestar, aunque sigamos encabezando rankings sobre la calidad de vida. El bienestar es cada vez de menos personas, y una parte de la población se encuentra en tierra de nadie, en las chabolas que empiezan a aparecer cerca del Hipercor, en el Camino de las Vacas, o en la Zona Norte, donde hay calles que ni la policía se atreve a pisar. Lo saben los ciudadanos que esperan hasta setenta y dos horas para ser atendidos en urgencias, o quien se ponga en lista de espera para una operación que quizá se te practique ya en el Paraíso. Si es que vas. ¿Cuadramos las cuentas desmontando los servicios públicos? ¿Cuando nos salgan los números quedará algún servicio público que prestar? Si nos ponemos a hurgar en los contenedores de las Administraciones públicas, quizá no encontremos demasiado material reciclable, acaso un roedor tipo Puigdemont o un exceso de asesores fichados tanto por el PP como por el PSOE en el Ayuntamiento. Y es que producimos mucha más basura de la que somos capaces de reciclar. Pero, claro, no es lo mismo hablar de política que del hambre de otros seres humanos.

IDEAL (La Cerradura), 28/01/2018

domingo, 21 de enero de 2018

Conciencia

Resulta bastante hipócrita la repentina solidaridad que ha despertado el acoso sexual sufrido por algunas actrices de Hollywood por el baboso productor Harvey Weinstein, que ha causado una caza de brujas (y brujos) en todo el mundo. Y no es que me parezca mal denunciar públicamente a los acosadores sexuales, al contrario, pero ¿por qué precisamente ahora? ¿Sólo porque lo hacen personajes públicos? Es en la vida familiar y profesional donde nos jugamos el tipo, y donde se silencian este tipo de actuaciones, que lamentablemente siguen siendo comunes en la casa, en la empresa o en el colegio. ¿Se denuncian a todos los acosadores, violadores o pederastas? ¿Se denuncia al profesor, al jefe o al vecino? La gente parece haber descubierto de pronto su conciencia, cuando la realidad es que ha sido práctica habitual en España silenciar cualquier escándalo sexual, sobre todo si se producía en la Administración pública, en un colegio privado o en una institución religiosa, incluso cuando se trataba de un delito cometido por personas que han traumatizado a generaciones enteras. Lo mismo ha ocurrido en el mundo del deporte que en el de la política. A Gloria Viseras y a las otras gimnastas que denunciaron al exseleccionador Jesús Carballo, las llamaban “marranas y mentirosas”, y en el Congreso de los Diputados hemos visto a Rafael Hernando cachondearse de la relación sentimental entre Irene Montero y Pablo Iglesias, a falta de un argumento mejor. Es como si lo lleváramos en la sangre, pero efectivamente los prejuicios los llevamos en la educación, que sigue siendo esencialmente machista –la publicidad, el cine y los videojuegos son los grandes educadores de hoy-, a pesar de las iniciativas de algunas comunidades autónomas como la andaluza, que a veces rozan el ridículo. Y lo es amenazar a FACUA con retirarle las subvenciones por utilizar el masculino neutro para referirse a los consumidores, según prescribe la Real Academia Española. ¿Para ser políticamente correcto hay que usar términos como “personas consumidoras”, “personas usuarias” o “estructuras no excluyentes”? ¿No estamos excluyendo simplemente un uso racional del cerebro? La pretendida corrección lingüística se está convirtiendo en censura, y la administración está destinando demasiados recursos para fabricar analfabetos. Lo parecen nuestros políticos cuando se esfuerzan en utilizar un lenguaje no sexista, que no es lenguaje, sino tontería. Eso es educar en el machismo. Y un aviso a los machomanes del mundo, ya que estamos con el sexo: si abusáis de la finasterida para que os crezca el pelo, podéis convertiros en Donald Trump. Menuda pandilla de pelotudos.

IDEAL (La Cerradura), 21/01/2018

domingo, 14 de enero de 2018

El efecto Puigdemont

España bate récords hasta el esperpento. Convertida la política en un show, Cataluña parece ser un payaso personificado por Puigdemont, que propone una investidura telemática, vía Skype. Junts per Catalunya y ERC le siguen el juego, llevados en volandas por 900.000 votos de ciudadanos hipnotizados por un personaje mitad pirómano mitad enterrador. Y dice poco de nuestra clase política el que los jueces se hayan convertido en los únicos valedores del Estado de Derecho. Más preocupados por la repercusión mediática que por hacer propuestas viables, los partidos lanzan globos sonda, pidiendo un poco de atención. Lo es la propuesta del PSOE para poner un impuesto a la banca. El mismo día en que Rato presumía en el Congreso de su gestión al frente de Bankia, equiparando la política a la economía, la gestión pública al interés personal, y aprovechaba para vengarse de Luis de Guindos y Mariano Rajoy. Como ilustración de los mecanismos del poder, no estuvo mal. “Durante mis conversaciones con Guindos sobre la entidad en marzo, abril y mayo de 2012, este se apoyó en los principales competidores, a los que llegó a encargar realizar cuáles eran las necesarias provisiones para Bankia. “Esos competidores (Santander, BBVA y CaixaBank) fueron, sin duda, los grandes receptores de depósitos que salieron de Bankia tras su nacionalización en el verano de 2012”. Pues ya sabemos quién se quedó los 22.424 millones de euros con los que rescataron a Bankia los ciudadanos. La misma entidad que se ha fusionado con BMN, la antigua Caja Granada. ¿Revertirá una parte de ese dinero a los granadinos? Cuentan las crónicas que esta fusión llevará aparejada la pérdida de 2.500 puestos de trabajo, sobre todo en los servicios centrales. Y las malas lenguas hablan del peligro de desaparición de la Fundación Caja Granada. Menuda herencia política. Nada a lo que no estemos acostumbrados en esta ciudad en la que los partidos son incapaces de ponerse de acuerdo para sacar adelante el presupuesto municipal. Que el PP haya votado en contra no le extraña a nadie, pues después de provocar la quiebra del Ayuntamiento parece desear su intervención por el ministerio de Hacienda. ¿Se habrá confundido con el ministerio del Tiempo, pensado que no existen las hemerotecas? Lo que no se entiende es lo de Ciudadanos, que ha permitido gobernar a Cuenca para luego hundirlo en la miseria. Pero es que estaba por medio un tal Luis “Salvador”. El papel que quizá ansíe Sebastián Pérez. Y entre que nos salvan o nos hunden, todos sufrimos el efecto Puigdemont.

IDEAL (La Cerradura), 14/01/2018

domingo, 7 de enero de 2018

Aporofobia

Cincuenta y siete mil niños granadinos no se levantaron ayer con regalos de Reyes, según informaba Ángeles Peñalver en IDEAL esta semana, quien ponía el ejemplo de Khadija, vecina de La Chana con un sueldo de 400 euros y dos hijos de siete y diez años. Pero lo que más me ha llamado la atención son los comentarios de algunos lectores en la web del periódico. A una chica le extraña lo de Khadija, “porque los musulmanes no celebran los Reyes”. Otro niega la mayor, pues afirma que en Granada “no hay tantos niños”. Hay quien se queja de que entidades españolas ayuden “a los árabes”, y quien asegura que la mujer “miente más que habla”. No caen en la cuenta de que Khadija es granadina a todos los efectos (lleva viviendo aquí diecisiete años), más allá de la religión que tenga, algo a lo que no se hacía referencia en el artículo, al margen de su origen marroquí. Pero en la imagen aparecía con velo, claro. Quizá les caiga mejor a los internautas el indigente sevillano al que la policía ha requisado 18.650 euros en la Glorieta de Arabial, la placeta donde solía pernoctar, según informaba Yenalia Huertas. Concretamente, 33 billetes de 500 euros, 42 de 50, 4 de 10 y 2 de 5, cuya procedencia no ha podido justificar el hombre de 32 años e iniciales J. J. B, quien por lo visto tiene antecedentes por delitos de robo con fuerza. ¿Será también una cuestión de religión o nacionalidad? Al miedo al pobre le ha puesto nombre la filósofa Adela Cortina, que publicó en 2017 un ensayo titulado “Aporofobia” (Paidós), la palabra del año según la Fundación del Español Vigente y acuñada a partir de los términos griegos “áporos” (sin recursos) y “fobia” (terror, pánico). Adela Cortina ha destacado que a los inmigrantes y refugiados no se les rechaza por ser extranjeros, sino por pobres, un miedo (a la pobreza) que ha calado entre la población en tiempos de crisis económica. Porque a nadie le molesta que los ricos se gasten su dinero en España, un país cuya mayor industria es el turismo, pero donde hay verdadero pavor a que los pobres del mundo vengan “a quitarnos” el pan de nuestra mesa. Una visión fomentada interesadamente desde posiciones políticas reaccionarias y que se propaga por el páramo cultural en que se ha convertido Internet. Esto también merece un nombre: “egofobia”. Porque, en el fondo, se trata de miedo a lo peor de nosotros mismos. Y de una gran pobreza cultural.  

IDEAL (La Cerradura), 7/01/2018