domingo, 16 de septiembre de 2018

Dedos


Si no estuviéramos acostumbrados a que a nuestros políticos falseen su currículo o a que simplemente no se les exija, no habría ningún problema con los másteres, trabajos o tesis de ministros y ministrables, de presidentes de partido o de gobierno. De hecho, tampoco lo habría si la mayoría de nuestros políticos fueran personas de talento, que son, por definición, las que no necesitan justificar ningún currículo. Porque no hace falta un buen currículo para ser diputado ni presidente del Gobierno, sino sólo haber sido elegido democráticamente. Otra cosa son los cargos de las instituciones públicas que no han sido elegidos por un procedimiento democrático, sino por el dedo de un partido. Y si España quiere ser un país democrático, debería eliminar de las Administraciones públicas a todos los cargos de libre designación. Porque cualquier organismo público o participado por la Administración debe ser dirigido por personas que hayan ganado un concurso de libre acceso, con los baremos publicados previamente y con los resultados y los méritos de los aspirantes publicados también en el boletín oficial correspondiente. De este modo libraríamos a los partidos de la tentación de señalar a los cargos entre los afiliados y a éstos del bochorno de sentirse ungidos o dependientes del poder. Sólo así tendrán algo de credibilidad la política o la cultura en un país donde lo primero que suele enseñarse a políticos y artistas es a prostituirse. Y eso abarca las convicciones, el ego y la propia obra. Partidos y administraciones están recorridos por redes clientelares, y hasta el Padrino sentiría compasión por tanta gente que sólo vive de hacer, recibir y devolver favores, una palabra que, en esos ámbitos, resulta equívoca. Y un descrédito para aquellos profesionales que trabajan en las Administraciones públicas y en los partidos, que también los hay. Personas que efectivamente tienen muchos años de experiencia en la gestión pública, y que de pronto quedan bajo sospecha al ser tocados o fulminados por el dedo del partido. ¿Por qué tienen que proponer cargos políticos al nuevo gerente de la Orquesta Ciudad de Granada? ¿Por qué debe nombrar el presidente del Gobierno a ministros, secretarios y directores varios? ¿Para hacer política? Sería interesante que, en las elecciones, los ciudadanos, más que listas elaboradas por los partidos, pudiéramos elegir a equipos de gobierno. Quizá así nos libraríamos de tantos fichajes estrella, tantas espantadas y tantas fantasmadas. Incluso ahorraríamos en el gasto público. Y es que los diletantes también pueden escribir una tesis doctoral titulada “El mamoneo en la historia de España”.
IDEAL (La Cerradura), 16/09/2018

domingo, 9 de septiembre de 2018

El reparto


Además de sobre los recursos tributarios, las comunidades autónomas deben discutir ahora sobre el reparto de los menores no acompañados o MENA (menudo acrónimo) que saturan los centros de acogida de Andalucía, Ceuta y Melilla. ¿A cuánto toca la solidaridad por habitante? ¿Puede medirse como la capacidad fiscal? La llamada frontera sur de Europa –aunque cruce el estrecho y se adentre en África- está colapsada, y la firmeza de los principios democráticos de las Administraciones públicas y de la sociedad en general se está poniendo a prueba. ¿Cuántos menores acogerá España? ¿Se pueden devolver a los países de origen con sus familias? Es lo que ha pedido Andalucía para el 70% de los menores, de nacionalidad marroquí. Pide más: que los que se acojan sean repartidos entre todas las Comunidades Autónomas (sólo Andalucía tutela al 36% de los MENA que han llegado a España). Algo que parece lógico en un país que, además de reconocer la autonomía de las regiones, establece el principio de solidaridad entre todas ellas, un principio que transciende la materia tributaria. O quizá no: en el fondo se trata de prestar servicios públicos a quienes se encuentren en el territorio nacional, vengan de donde vengan. Y la ley orgánica de protección jurídica del menor establece que “los menores extranjeros que se encuentren en España tienen derecho a la educación, asistencia sanitaria, y servicios y prestaciones sociales básicas, en las mismas condiciones que los menores españoles”. Por eso el Gobierno ha decidido destinar 40 millones de euros a las comunidades autónomas para que se repartan a los MENA, porque, siendo una cuestión social y de salvaguarda de los derechos humanos, se trata de una cuestión económica. Y, al parecer, también de una subasta. Andalucía, Cataluña, Ceuta y Melilla tutelan al 67% de estos menores, pero el resto de las comunidades se desentiende del problema. Y el problema tal vez sea que las competencias en materia de menores corresponden a las propias comunidades autónomas, que para su cumplimiento pueden tener procedimientos y estructuras administrativas diferentes. ¿No debería ser una competencia del Gobierno central? La descentralización no tiene razón de ser cuando se refiere a políticas que requieren una visión nacional, cuando no europea. Sobre todo, si en España los gobiernos central y autonómicos son incapaces de coordinar políticas comunes para que se apliquen en todo el Estado, sin que existan recelos o suspicacias. Y, en este sentido, España parece también un país adolescente, con las comunidades autónomas pidiendo, cada dos por tres, que les suban la paga.
IDEAL (La Cerradura), 9/09/2018

domingo, 2 de septiembre de 2018

Verano perpetuo


Mientras la mayoría de las personas ha contado las semanas del mes de agosto que ya se fue, hay algunas que continúan viviendo cada día como si fuera el último. Las encuentras rara vez en la ciudad, pero si decides dar un paseo hasta la fuente del Avellano, por ejemplo, y te adentras en la foresta, puedes hallar algún rastro de ellas: una manta, una botella o un bañador puesto a secar en una rama cerca del río. Incluso puedes toparte con esa persona que hace yoga en un claro del bosque, desnuda de felicidad. Y el caso es que el joven –de unos treinta años, alto y fibroso, pelo largo, rubio y rizado y una barba como la de Robinson Crusoe- tiene pinta de inglés huido del Brexit, pero su “buenos días” suena más castizo que el tuyo, y tú te sientes más desnudo que él, pues has interrumpido sus meditaciones. Y es que todo es una cuestión de actitud, y así, mientras te acercas a la orilla del río a refrescarte la cara dudando de si quizá termines despertándote en la cama, el joven saca un cepillo del interior de un árbol seco y empieza a barrer el suelo. “Vale”, te dices, “es simplemente un tipo en pelotas limpiando un roal del campo, que es como su salón. Tú échate más agua”. Tampoco debes preocuparte. No te llamas Viernes y Robinson sigue barriendo su casa, e incluso el recuerdo de que tú hayas pasado por allí, como un fantasma. Él vive en perfecta armonía con el entorno y eres tú quien tiene que deshacer el recorrido y regresar a la ciudad y a la bendita realidad. Eres el que debe mentalizarse durante el trayecto de que, aunque siga haciendo calor, el verano se ha acabado para ti, porque mañana tendrás que volver a la oficina. Eres el que tiene que sobreponerse al nudo que se te hace en el estómago de tan sólo pensarlo y a las ganas de gritar que odias el mes de septiembre y los domingos en que se acaban las vacaciones, esos días que llegan siempre demasiado pronto o demasiado tarde. Y esta noche, cuando inevitablemente te vayas a dormir y planees agónicamente la agenda de la jornada siguiente, te acordarás del cabroncete que te encontraste por la mañana en mitad del campo, un loco, sí, un tipo ridículo quizá, despojado de dinero y de ropa y que ha hecho suyo un trozo de la naturaleza; pero que vive tan libre como despreocupado un verano perpetuo.
IDEAL (La Cerradura), 2/09/2018