domingo, 13 de octubre de 2019

El bucle electoral


Si las divinidades del siglo XIX fueron la Minería, la Industria, el Transporte, el Comercio y el Capital, hoy lo son Google, Facebook, Twitter e Instagram. La gente se adora a sí misma a través de estos altares virtuales, y resulta curioso seguir las evoluciones de los candidatos a las elecciones en sus perfiles sociales, gestionados por asesores de imagen que hablan de levantar muros, desenterrar a muertos, quemar iglesias y todos los disparates por los que murieron sus predecesores. Un tiempo de mentalidad débil que no mira al futuro, sino al pasado. Nuestros políticos sólo aspiran a formar gobierno, porque carecen de proyectos y de credibilidad. El tiempo cronológico parece detenerse mientras el tiempo atmosférico se precipita hacia un verano perpetuo, con estaciones propias de los países ecuatoriales, donde los veranos se confunden con los inviernos, salpicados de lluvias torrenciales. Los días y los meses pasan, pero nada sucede en un país que se detuvo hace cuatro años. ¿Y si los gurús electorales vaticinaron una victoria imposible? Aunque esperan los mismos resultados que en las últimas elecciones, los candidatos prometen ahora las alianzas que entonces despreciaron, los pactos que antes les resultaban inasumibles con unos rivales odiosos, sólo porque los sondeos no les son ya favorables. Papeletas para sostener a veletas políticas, sin una idea personal, de partido o de país. ¿Hasta cuándo estaremos dispuestos a votar? Al sistema le sobran elecciones y le falta democracia. ¿Cuántas decisiones responden a una necesidad social y no a una expectativa electoral? Pedro Sánchez promete vincular la subida de las pensiones al IPC, pero la realidad es que ha sido incapaz de aprobar unos presupuestos, y sólo ha logrado prorrogar los de Mariano Rajoy, a quien desalojó de la Moncloa con una moción de censura. Y ahora el PP y Ciudadanos hablan de pactos nacionales, aunque antes hayan impedido formar gobierno. ¿Cómo escapar de esta maldición reiterativa que nos entontece? Pues quizá yendo a votar, aunque el tiempo político no coincida con el tiempo social. Vivimos enredados entre perfiles y cálculos fantásticos. ¿Aguantará el planeta tantas indecisiones? En un futuro catastrófico, veo con el ojo de Tezanos a un viejecito encorvado y sin dientes, gritando: “¡Hicieron falta veinte elecciones!” Y después el abuelo cuenta una historia repetida cientos de veces, con guerras y dictaduras, transiciones y democracias. “Lo hicimos porque no sabíamos que era imposible”, consigue decir por fin antes de que un golpe de viento disipe las cenizas de su elegante figura. Lo que no sé es si se llamaba Pedro Sánchez.
IDEAL, 13/10/2019

lunes, 7 de octubre de 2019

Granaínos en Nueva York


Da bastante grima comprobar cómo la ficción de los chascarrillos de cafetería es superada por la realidad política. O quizá sea que la política es efectivamente como se cuenta en las cafeterías. Y lo que se cuenta es que el alcalde del Ayuntamiento de Granada, el presidente de la Diputación, otros políticos, empresarios y hasta casi 80 personas se han ido de excursión a Nueva York. Parece el argumento de una película de José Luis López Vázquez y Alfredo Landa en el franquismo, “Préstame unas vacaciones”, o “Viaje a lo granaíno”; aunque en pleno siglo XXI, en la misma semana en que Trump se dedica a poner aranceles que perjudicarán las exportaciones de los agricultores de la provincia. Pero es que claro, el 30% del viaje lo financia la Cámara de Comercio y el 70% los fondos europeos, que deben de estar para el desarrollo local, regional y turístico de la pandilla. ¿Cuántos millones de euros en contratos con empresarios norteamericanos se van a traer de vuelta? Me imagino que alguno pensó que iba a cruzarse por la calle con Donald Trump y que iba a lanzarlo al estrellato, aunque terminara cantando la canción de Los Rebeldes: “Maldita sea la hora en la que se me ocurrió abandonar mi casa por una ilusión… Hace más de un año que busco la ocasión y aquí soy tan solo un español en Nueva York”. Y los coros: “Un granaíno en Nueva York… Oh, oh, oh”. Y la canción termina: “Me echaron a patadas del Harlem español”. Y todo con unas nuevas elecciones y una crisis económica de fondo. En una sociedad felizmente amnésica y que puede irse al garete, nuestros responsables públicos parecen más preocupados por aprovechar sus prebendas antes de que por pacto o resultados electorales puedan perderlas. “¡Aprovecha, que ya se las apañarán los que vengan!” Por eso van engordando las deudas municipales, adelgazando la Seguridad Social, o esquilmando el planeta. Si tus caprichos tienen que pagarlos los ciudadanos o tus hijos es secundario, porque hay que ir a Nueva York, oh, oh, oh. “En Nueva York, oh, oh, oh, en Nueva York, un granaíno en Nueva York”. Quizá aprendan algo de la ciudad del pecado, que según Ambrose Bierce debería reprobar todo diablo. También decía que Wall Street es una guarida de ladrones que sirve de consuelo a los ladrones fracasados. Pero esto era un chascarrillo que el bueno de Ambrose contaba mientras se tomaba un café. Y los chascarrillos, ya se sabe, nada tienen que ver con la realidad.
IDEAL, 6/10/2019