lunes, 6 de abril de 2020

Teletrabajo


Mi hijo trabaja más que nunca. Desde que dejó de ir al instituto, se pasa todo el día haciendo deberes. Menos gimnasia –se ve que el profesor se ha tomado en serio lo de no moverse de y en casa-, está mañana y tarde estudiando historia, latín, literatura, filosofía... Dice que no tiene tiempo para nada. Cuando me levanto temprano ya me lo encuentro sentado delante del ordenador, hojeando los libros de la biblioteca, revisando la agenda. Lástima que no pague las facturas, aunque no pierdo la esperanza de que acabe haciéndolo. ¿Tomará el Gobierno más medidas para influir en los roles familiares? Los autónomos que se han quedado en casa y no pueden cobrar se tiran de los pelos, y aunque la salud sea lo primero quizá habría que pensar en no parar la actividad económica del país y dejarnos salir a correr un rato. Ir levantando el confinamiento por sectores después de Semana Santa. Puestos a tomar medidas, además de facilitar la liquidez con subvenciones –y no con líneas de crédito-, deberían prolongarse los plazos para realizar las declaraciones trimestrales y anuales de los principales impuestos, o al menos de aquellos que afectan más a la actividad económica: IRPF, IS, IVA e IAE; establecer una deducción general del 50% en las cuotas, permitir sin ningún límite la compensación de pérdidas en los ejercicios impositivos y suspender las cotizaciones sociales. ¿Se puede permitir el país esto? Yo creo que sí. A las administraciones les sobra grasa –por no hablar de altos cargos- y podrían tomar nota de qué servicios públicos no se han visto afectados por el confinamiento, desde la gestión administrativa a la enseñanza. Efectivamente, muchas personas pueden trabajar desde casa, lo que ahorraría recursos económicos, y también en la empresa privada. Las principales entidades bancarias inundan estos días los medios de mensajes positivos a los clientes, y ojalá podamos contar de verdad con ellas. ¿Sería un buen momento para plantear si pueden justificarse las ganancias desmedidas de los intermediarios financieros? ¿El sueldo disparatado de algunos deportistas? ¿El despilfarro de los principales clubes de fútbol? ¿La tolerancia con especuladores y mafiosos? Algunas funerarias –la muerte nos llega siempre antes de tiempo- han aprovechado la situación para subir sus tarifas, lo que nos da una idea de lo insensibilizadas que pueden estar al dolor ajeno. Pero, mientras nos llega la hora, trabajaremos, aunque sea desde casa. Tendré que negociar con mi hijo el uso del capital económico y humano familiar y el horario de oficina.
IDEAL (La Cerradura), 5/04/2020

lunes, 30 de marzo de 2020

Excursiones domésticas


Hoy hemos decidido hacer una excursión al baño. Nos hemos puesto camisas de franela, pantalones vaqueros, botas y anorak. Hemos llenado la mochila de bocadillos, una cantimplora de agua y la bota de vino para el abuelo. Papá y mamá han discutido sobre si llevar también picos y cuerdas, de lo que era partidario papá, aunque mamá –no sé por qué- le ha dicho que si no estaba exagerando. “Soy previsor”, ha afirmado papá. “¿Has cogido el botiquín?” A lo que mamá ha contestado con una carcajada. Mientras, mi hermana y yo hemos ayudado a vestir al abuelo, que ha cogido su bastón y la escopeta de caza. “Por si viéramos un ciervo. No abunda la carne en esta casa”. Marta y yo nos hemos echado una mirada significativa, porque mamá, de un tiempo a esta parte, se ha decantado por la comida vegetariana, y no hemos dicho nada de los temblores de las manos del abuelo, que quizá le impidan acertar en el blanco. “¡Vamos!”, nos ha apremiado mi padre. “Siempre llegamos tarde”. A lo que mamá ha contestado con otra carcajada. La excursión ha comenzado en el comedor, donde todos nos hemos puesto en fila. Delante, el abuelo, al que hay que ayudar un poco; con él, mi padre, cargando la mochila, y mi madre, cuidando de que no se caiga ninguno de los dos; y detrás, mi hermana y yo, que hemos tenido que acarrear finalmente con las cuerdas y un pico. La verdad es que hemos tardado más de una hora en recorrer el pasillo. Papá y el abuelo se trastabillaban. Al principio, porque el abuelo se cansaba mucho; después, porque cada tres pasos se paraban a echar un trago de vino. He contado doce pasos hasta llegar a la puerta del baño, que alguien se había dejado abierta. Esto no le ha gustado nada a mamá, que nos ha recordado la importancia del orden y la disciplina. Para qué habrá dicho nada. En ese momento, el abuelo se ha apostado en el marco de la puerta, apuntando con su arma, mientras que papá ha saltado hacia delante con el pico que me ha arrebatado de las manos, como si hubiera un enemigo cerca. A duras penas nos ha dado tiempo a asomarnos y ver cómo se pegaba un cabezazo contra la bañera. ¡Boom! Entonces se han puesto a gritar los vecinos que iban a llamar a la policía. Y así se ha acabado nuestra excursión. Eso sí. Papá nos ha prometido que mañana iremos a la cocina.
IDEAL (La Cerradura), 29/03/2020

lunes, 23 de marzo de 2020

El mundo de mañana


Las calamidades sacan lo mejor y lo peor del ser humano, y mientras parte de la población da todo lo que tiene –incluyendo la vida- por los demás, otros se dedican a sacar partido de la desgracia ajena, cuando no a poner de manifiesto en las redes sociales su estupidez congénita. Lo peor sobre el coronavirus ha sido escuchar las frases de quienes le quitan importancia diciendo: “Sólo mata a los viejos”, como si ellos no lo fueran, incluso esa pseudo modelo que afirmó (sic) que “estaba harta de encontrarse momias por la calle”. Ella sí que es una momia de solemnidad, como demuestran todas sus poses de descerebrada en Instagram. Un ser inhumano. Ante el Covid-19 todos somos viejos, pues no distingue entre edades, credos, ideas políticas o países. Quizá se trate de una protesta de la madre naturaleza, aliviada con que esta pausa obligada haya bajado los niveles de contaminación. Y acaso sirva también esta pandemia para que nuestros políticos se pongan de acuerdo en lo básico, y para que el BCE y las instituciones monetarias tomen medidas pensando por fin en los ciudadanos. ¿Hacía falta un coronavirus para eso? ¿Sólo prestamos atención a lo importante cuando está en riesgo nuestra vida? ¿No lo estaba antes? Cada día nos jugamos nuestra supervivencia, aunque sólo seamos conscientes de ello cuando sentimos el peligro cerca. Entonces aparece el santo o el diablo interior. En USA, además de las tonterías olímpicas de Donald Trump, el miedo al contagio ha llevado a la gente no sólo a acabar con el papel higiénico en los supermercados, sino a hacer largas colas en las armerías. “Ya tengo comida y papel higiénico, ahora toca armas y municiones. Hay que estar preparado”, dicen; porque ya imaginan a sus vecinos tratando de asaltar sus casas para robarles la comida o comérselos vivos. La incultura es la peor distopía. Los expertos afirman que después del virus el mundo no será igual. Habrá menos consumo y menos trabajo, aunque la riqueza seguirá en las manos de siempre. Según Santiago Niño Becerra, el trienio social será la renta básica, la marihuana legalizada y el ocio gratis. Es decir, la gente alimentada, drogada y entretenida, para que no se queje. Más o menos como estábamos antes. Y qué curioso que el virus haya llegado cuando se anunciaba el colapso económico. Los cambios serán ahora más rápidos. Y nosotros, con tal de llegar a viejos, entregaremos gustosamente nuestra libertad. Si es que no lo habíamos hecho ya.
IDEAL (La Cerradura), 22/03/2020

lunes, 16 de marzo de 2020

Papel higiénico


La crisis por el coronavirus está revelando aspectos insospechados de las costumbres humanas. El uso excesivo de papel higiénico, por ejemplo, lo primero que se ha agotado en los supermercados españoles, y no porque la gente esté cagada de miedo. Por lo visto, la gente lo utiliza para sonarse los mocos, como servilleta (no creo que para escribir historias), hay quien tiene siempre un rollo encima de la mesa del comedor o de la oficina, y quien lleva uno en el bolso. “Este hotel es de categoría”, le oí decir una vez a un abuelo, “tiene dos rollos de papel en el cuarto de baño”. ¡Dos rollos! Hoy es casi imposible tener uno solo, ni siquiera en el cuarto de baño de casa. Para qué servirá el bidé. Se ha llevado todos los rollos la vecina del quinto, que el otro día subió al ascensor con medio supermercado, que ya tenía las estanterías vacías cuando yo llegué. ¿Se estará exagerando un poco? El vecino del primero se está construyendo en el garaje una especie de refugio antivirus. Ha cerrado la plaza con una puerta hermética, ha puesto estanterías para la comida y el agua, un inodoro químico y ventiladores, aunque no sé si le compensará inhalar mientras termina su obra tanto anhídrido carbónico. El hombre no hace más que toser y le cuesta trabajo respirar,  como si tuviera el Covid-19. Lo peor es si hace calor y sudas un poco. Qué miradas de espanto. Qué manera de rociarse con alcohol las manos, ya con la piel irritada y estropajosa. ¡No te acerques, por favor! Y es que la salud es un estado provisional que no presagia nada bueno. Mejor cultivar el espíritu. La sociedad puede aprovechar la cuarentena para meditar un poco, recordar lo que era leer, perder el tiempo, estar con la familia. Lo mismo el mundo se vuelve más sostenible y se ralentiza el cambio climático. Podemos aprender a no tener tanta prisa. Preservar la salud mediante un riguroso régimen puede ser la peor de las enfermedades. Y qué decir de los remedios políticos. Algo bueno tendrá que la población se quede en casa, si logra estar a gusto consigo misma. Escribió Quevedo que la enfermedad más peligrosa, después del doctor, es el testamento: más han muerto porque hicieron testamento que porque enfermaron. ¿Crecerá exponencialmente el número de divorcios? Si también se suspende la justicia, nos dará tiempo para arrepentirnos. Mejor hacer el amor que la guerra. Pero sin tocar. Eso sí que tiene mérito.
IDEAL (La Cerradura), 15/03/2020

martes, 10 de marzo de 2020

Alucinaciones

Las contradicciones en la sobreinformación del coronavirus preocupan a la población, que ya se ve encerrada en su casa, aislada y en cuarentena, con la cara tapada con una mascarilla. Quizá tenga algo que ver el cómputo exacto y en tiempo real del número de contagiados, fallecidos y recuperados. ¿Sensacionalismo? ¿Morbo? ¿Información de interés público? La única persona sensata en España en estos momentos parece Fernando Simón, de quien resultan admirables la inteligencia, la responsabilidad y la calma con las que informa diariamente de la evolución de la epidemia en España y de las medidas que están tomando las autoridades sanitarias. Es la prueba de que en la Administración hay técnicos excelentes que mantienen el funcionamiento de las instituciones a pesar del Gobierno y de los partidos. Ojalá estuvieran al frente del poder ejecutivo. Porque las iniciativas que toman los políticos son siempre discutibles. En Italia han cerrado universidades y centros educativos, pero esos mismos niños juegan y quizá se contagien en los parques infantiles, adonde los llevan los padres a falta de patios de colegio. La diferencia entre percepciones erróneas, alucinaciones y pesadillas no siempre está clara, y teniendo en cuenta que probablemente gran parte de la población acabe contagiada, no sé hasta qué punto serán eficaces las prevenciones excesivas. La gente compra mascarillas para no caer enfermos, cuando son los enfermos quienes tendrían que ponérselas; deja de estrecharse las manos y lleva en el bolsillo un bote de alcohol desinfectante como Sheldon Lee Cooper, el joven científico que nos hacía reír con sus manías y paranoias en The Big Bang Theory. Lo que hace ver el telediario. No hay otra noticia para abrir los informativos. Pero dentro de poco será sustituida por un símbolo hipnótico que haga desaparecer la conciencia colectiva. ¿Se piensa en otra cosa? Las personas pasamos la mayor parte del tiempo analizando peligros reales e imaginarios mientras se nos escapa nuestra vida. Y quizá no seamos más que un punto de vista, una mirada individual sobre el mundo en un momento concreto. Antes, habría que apartar todos los resplandores que nos ciegan. Políticos, médicos y periodistas parecen estos días los administradores del Más Allá, convirtiendo casas, oficinas y hospitales en puertas giratorias. ¿Hacia dónde se decantará la moneda? El Granada CF estuvo durante muchos minutos el pasado jueves clasificado para la final de la Copa del Rey, que disputarán el Athletic de Bilbao y la Real Sociedad. ¡Otra vez será! Como escribía Julio Ramón Ribeyro, todo tiene importancia, nada tiene importancia, aquí, ahora.
IDEAL (La Cerradura), 8/03/2020

lunes, 2 de marzo de 2020

Yo tengo el coronavirus


En las farmacias de Granada se han agotado las mascarillas, y hay listas de espera para comprar geles desinfectantes hidroalcohólicos para las manos. ¿Tendrá algo que ver la adicción de los espectadores a las distopías de Netflix, HBO o Amazon? Los escritores y guionistas llevan años fabulando con el fin de la humanidad por diversas causas víricas, hasta los vampiros y los zombis han encontrado aquí una nueva manera de perpetuarse en nuestras pantallas. Al parecer, la dopamina que genera en el cerebro un atracón de una serie en “streaming” sólo es comparable a otro atracón. Y el miedo al Covid-19 parece nacido de una de estas ficciones, aunque su perjuicio a la salud humana sea inferior al de una gripe. Pero en los centros educativos se dan indicaciones para frenar el contagio, en los centros de salud se refuerzan las plantillas y la tontería colectiva propaga el miedo a los chinos y a los apretones de manos. La gente quiere ponerse en cuarentena, encerrarse en casa para ver quizá su serie de televisión favorita. ¿Será otra distopía? El miedo es una amenaza real que ya está provocando una crisis económica. Se cancelan eventos comerciales y deportivos, la gente deja de viajar, y en un mundo globalizado se detiene la rueda del dinero, que hoy tiene dependencia de China, que representa el 17% del producto interior bruto mundial. Si se detiene China, se detiene el planeta, y en el país asiático se ha parado ya el 80% de la industria y el 90% de las exportaciones. “China no puede luchar contra el coronavirus y al mismo tiempo evitar una crisis económica”, declara Ambrose Evans-Pritchard, editor de economía internacional del diario “The Telegraph”. Y, mientras los expertos se preocupan de analizar los síntomas económicos, los ciudadanos nos centramos en vigilar nuestro cuerpo. ¿Nos ha subido la fiebre? ¿Tenemos problemas respiratorios? ¿Moqueamos? Yo mismo llevo una semana encerrado en casa, sosteniendo el mando a distancia y viendo películas y series como “Pánico en las calles”, “Contagio”, “Estallido”, “Infectados”, “Pandemia”, “Guerra mundial Z”, “The Walking Dead”, “The Rain” o “The Last Man On Earth”. Menudo dolor de cabeza. Quizá por eso mi mujer y mi hijo se hayan ido de casa y prácticamente nadie me dirija ya la palabra. Acaso tenga algún vecino que quiera traerme una caja de paracetamol. En fin, tampoco debe de ser para tanto. Pero, por mera prudencia informativa, y para evitar contagios, voy a tener que terminar este artículo. Ahora vaya a lavarse inmediatamente las manos.
IDEAL (La Cerradura), 2/03/2020

domingo, 23 de febrero de 2020

Ventajas del comunismo


A pesar del Gobierno bicéfalo, no creo que en España se hubiera obedecido una orden de cuarentena que afecte a millones de personas, como ha ocurrido en China. Me imagino las protestas del vecino: “No me pierdo la semifinal de la copa del Granada ni aunque me pique un millón de Coronavirus”. Y es que las dictaduras pueden tener sus ventajas, y aquí importa poco el color político. “Con Franco vivíamos mejor”, se exclama todavía en algunos asilos. Pero hay a quien no le afectan los cambios políticos ni de régimen, como puede atestiguar la banca española, igualmente protegida en el franquismo que en la democracia. No así sus trabajadores, despedidos o prejubilados en la última recesión, mientas las arcas de sus patronos recibían una inyección económica a cargo de los presupuestos del Estado y los tributos de los ciudadanos. Igual que en China, claro, aunque allí no se andan con disimulos. ¿Elecciones? ¿Democracia? Las autoridades chinas tienen tan bien vigilados a sus ciudadanos que saben dónde se encuentran en cada momento, y les basta pulsar un botón para inmovilizarlos. En España y en el resto de Europa también, pero para controlar a la población los gobiernos se valen de los móviles, las compañías del sector tecnológico, el consumo y ese deseo irrefrenable que parece tener hoy día el ser humano de decir en las redes sociales dónde está, qué hace, qué opina o qué (ejem) piensa. Y a pesar de todo, gran parte de los medios españoles están empeñados en propagar el miedo al Gobierno y sus socios, que al parecer “son comunistas”. ¿Comunistas? Si lo fueran no serían ministros ni vivirían en chalés (quizá en mansiones, como los jerarcas chinos), ni tampoco ayudarían a una ministra venezolana a pasar a su embajada de contrabando veinte maletas con ¿leche en polvo? El discurso de la derecha española empieza a dar más pena que risa, a costa de la deriva ideológica y la desintegración del Estado. Lo saben bien en el País Vasco, que recibe más recursos y competencias en cada nueva legislatura gobierne quien gobierne, con apenas media docena de diputados. Ay, la bilateralidad, plasmada hace décadas a través del convenio navarro y el concierto vasco. Y ahí siguen, explotando con ahínco sus ganas de independencia. Pero el problema no es la supervivencia de la Seguridad Social, ni la educación ni la sanidad ni el resto de los servicios sociales. El problema es el comunismo. Menos mal que no vivimos en China. Entre rojos, todo son ventajas.
IDEAL (La Cerradura), 23/02/2020

lunes, 17 de febrero de 2020

Dobles y políticos


La política saca lo mejor y lo peor del ser humano. Vista desde fuera, parece un laboratorio en el que un demiurgo –las grandes corporaciones, un consejo de expresidentes mundiales, alguna inteligencia cósmica- moviese los hilos, porque en cuanto las personas se enredan en ella pierden la voluntad, olvidan su origen y la forma de pensar y la capacidad de tomar sus propias decisiones. Los matrimonios se deshacen, se alternan las parejas de hecho y las alianzas, pero hay algo que no cambia: la lógica del poder. Es la única regla válida para explicar lo que pasa. Que en Granada siga Luis Salvador como alcalde con el apoyo del PP, aunque su candidato a las últimas elecciones municipales, Sebastián Pérez, haya dejado la presidencia del partido y la aspiración a alternarse en la alcaldía, pero no su acta de concejal. O en el Gobierno de España, la deriva errática de Pedro Sánchez respecto a Podemos y al PP, a cuyo presidente, Pablo Casado, ha invitado al Palacio de la Moncloa, aunque hubiera dicho antes que con él no iba ni a tomar un café. Pero claro, lo mismo había dicho de Pablo Iglesias, y ahí lo tenemos como vicepresidente del Gobierno, estratega imprescindible para las negociaciones nacionales e internacionales, ya sea con los sindicatos, ERC o la dictadura de Nicolás Maduro en Venezuela. ¿Cómo dormirán las parejas de Pedro Sánchez o de cualquiera de estos políticos veletas? Me las imagino aterrorizadas por las mañanas, pensando: “¿Cómo se levantará hoy?”; o “¿quién será hoy?” Y es que ya escribió Stevenson que el ser humano no era uno ni dos –con Jekyll y Hyde todavía nos apañábamos-, sino una multiplicidad de seres heterogéneos, por lo que resulta admirable que nuestras sociedades existan, que los diputados y senadores sigan acudiendo al Parlamento, que nos levantemos todos los días para trabajar como si nada. ¿Dedicar todas las fuerzas a la causa propia es lo mismo que hacerlo para el progreso de la comunidad? Escribía Robert Musil que en una colectividad todo camino conduce a un buen fin, si no se reflexiona y titubea demasiado. La meta está puesta a breve distancia, pero asimismo la vida es breve y la felicidad no depende tanto de lo que se desea, sino de lo que se alcanza. También decía que de un conjunto de individuos limitados puede resultar una especie genial. Así que, a pesar de los trastornos multipolares, quizá podamos mantener la esperanza de que la mejor de las personalidades políticas se imponga a las demás.
IDEAL (La Cerradura), 16/02/2020

lunes, 10 de febrero de 2020

Aeropuerto


En los aeropuertos todo es más grande: las cervezas, las facturas, los ingleses… Pero, en líneas generales, se está bien. Uno cree vivir en un mundo donde todo encaja, la gente que viene y va, los aviones que despegan y aterrizan, como si el destino fuera los paneles de horarios y puertas que jalonan el espacio. Sin embargo, en un aeropuerto la vida está suspendida, y las personas en tránsito. ¿Adónde van en realidad? ¿A Barcelona, a Madrid, a Granada? La única que lo sabe a ciencia cierta es una niña de nueve o diez años que va vestida de astronauta: zapatillas de plataforma, pantalones plateados, un anorak blanco, gafas oscuras como una escafandra y una gorra dorada. Se pasea como si estuviera en una pasarela, que es lo que a veces parece un aeropuerto, aunque no sepamos adónde nos lleva. También lo sabe Pedro Sánchez, que le ha ofrecido a Quim Torra un documento con cuarenta y cuatro medidas que suenan más a financiación autonómica que a independencia. ¿Quién de los dos es el que le está tomando el pelo al otro? ¿O son los dos? Como si me leyeran el pensamiento, los altavoces recomiendan prestar atención a los objetos personales y llaman a los despistados, que se quedaron atrapados entre dos puertas. ¿Estará por aquí el ministro Ábalos? ¿Seguirá hablando con la canciller venezolana? ¿Se habrá quedado a vivir esta mujer en el aeropuerto de Barajas? Me la imagino escondiéndose en los baños, comiendo en los bares, comprando ropa, tabaco y souvenirs que nunca podrá llevarse a Venezuela. “¡Que no, que no vuelvo!”, le gritará por teléfono a Nicolás Maduro, tentado también de quedar en un avión con un ministro español para escaparse luego y vivir en la zona internacional del aeropuerto, huyendo de dictaduras, bulos, versiones y malas noticias. ¿Son las personas como las mercancías? ¿Están sólo en tránsito hasta que atraviesan la aduana? Lo está esa familia que corre entre las mesas, tirando vasos y sillas y molestando al personal. ¿Cogerán por fin el avión? ¿Serán capaces de despertar de este sueño? Quizá no, y se queden entonces varados para siempre en este paraíso artificial creado para gastar dinero y matar el tiempo. Pero luego, lamentablemente, habrá un momento en que nos repongamos de tanta felicidad amnésica, cuando carecíamos de rumbo y de cuerpo, y debamos subirnos a un avión y viajar a nuestro destino para maldecir, una vez más, el día en que decidimos tener una sola vida y vivir en un solo lugar.
IDEAL (La Cerradura), 9/02/2020

lunes, 3 de febrero de 2020

Congestión


Granada es la vigésima ciudad española por número de habitantes, pero es la segunda más congestionada y la tercera más contaminada, sólo superada por Madrid y Barcelona, incomparables con la capital nazarí en población, extensión y riqueza. ¿Será que tenemos más coches que los que necesitamos o que nos sale humillo de la cabeza cada vez que el concejal del ramo niega la evidencia? A cierta hora, meterse en la circunvalación equivale a hacerlo en una ratonera, y si por cualquier motivo vírico la ciudad tuviera que ser evacuada no se salvaría ni el apuntador. Pero claro, Granada suele mirar hacia sí misma, y hay quien piensa que así estamos mucho mejor, aunque literalmente nos estemos asfixiando, y no sólo a nivel económico o político. Como si viviéramos en una saga mítica, nuestros políticos confían en que el cierre del anillo resuelva todos nuestros problemas, y ya me imagino a los Nazgul circulando alrededor de la ciudad, protegiendo al Señor Oscuro de Mordor. ¿O perseguían al portador del anillo? ¿Quién lo arrojará a las fraguas de la colina roja, donde fue forjado? ¡Ay, estos hobbits! Criaturas admirables que sólo piensan en llenar el estómago. Resistentes y animosas, aunque nos tengan hastiados de precuelas y secuelas. Que si la Junta y el Ayuntamiento. Que si el Gobierno y la oposición, que si el PP y el PSOE. Parece que se intercambian el discurso, según se encuentren a un lado u otro de la barrera. Mientras, los ciudadanos van ahogándose, respirando contaminación mientras dan vueltas por el laberinto de carreteras que rodean la ciudad para salir y para entrar, por lo que buena parte hace lo posible por no moverse del sitio o del sillón. ¿Por dónde andará Frodo? ¿Lo acompañará Sam? Entre los frikis del Señor de los Anillos se discute si los Nazgul tienen o no un cuerpo físico, a fin de cuentas eran reyes de los hombres captados por el mal y convertidos en espectros. Si es que te dan un anillo y mira lo que pasa, o te transformas en Gollum o en uno de los conductores negros (de los servidores de Mordor, ya se entiende) por el tráfico o la contaminación. A no ser que, según las cifras del Gobierno o del Ayuntamiento, te hayas convertido en algo peor: un modelo social gruñón y amargado antes de subirse a un coche o engrosar una estadística. Por si las moscas, tendremos que quedarnos en casa y hacernos unos cuantos lavados nasales. Dicen que eliminan todas las secreciones. Incluso las políticas.
IDEAL (La Cerradura), 2/02/2020

lunes, 27 de enero de 2020

950


Si uno empieza a echar cuentas, con el importe del salario mínimo se pueden hacer pocas cosas. O muchas, si fuera lo que te sobra después de pagar un alquiler o una hipoteca –¡ay!-, suministros, ropa, comida e impuestos, y sin tener hijos, claro, pues no nos da para educarlos y alimentarlos, ni siquiera con pin parental, que se ve que es una cosa mágica que robotiza a los niños y los convierte en militantes de Vox. ¡Firmes! Con 950 euros uno puede vivir bien en algunos países de América Latina, en Marruecos y los países subsaharianos, o si eres estudiante y compartes piso con otros cuatro y vas a comer a los comedores universitarios. Quizá también si tienes una casa en propiedad que heredaste en uno de los pueblos de la España vaciada, donde estás dispuesto a vivir y compaginar el salario exiguo con cultivar la tierra, la ganadería o hacer de guía turístico de los chinos que huyen del coronavirus. Lo que discute el Gobierno con la patronal y los sindicatos es miseria, porque en una sociedad construida sobre el poder financiero y el neuromarketing cualquier mileurista vive en la pobreza, apartado de un mundo donde la gente compra coches, consolas, smartphones, artículos de moda y otros caprichos. Al menos podrían hablar claro y decirles a los trabajadores: “Mira, no vives en un país rico y europeo como te crees, sino en una ficción, una realidad virtual al alcance tan sólo de Pedro Sánchez. El empresario que te paga apenas llega tampoco a fin de mes y, como te suba 50 euros a ti y a tus compañeros, quiebra”. Aunque claro, depende de quién te cuente el cuento. Hay padres que prefieren que sus hijos no tengan educación sexual, vayamos a que mantengan relaciones responsablemente, en vez de creer que el sexo es lo que ven en las páginas porno. Porque al móvil no pueden renunciar hijos ni padres, pero a la educación sí, para seguir siendo un país tercermundista donde el sueldo mínimo no te permite vivir con dignidad. ¿Y cómo hablar de la educación sexual en un Estado donde hay partidos políticos con una importante representación en el Congreso que defienden todavía abiertamente la discriminación, la segregación y la violencia, independientemente del género? España retrocedió cuarenta años en las últimas elecciones. Y que la educación y el sueldo mínimo sigan siendo objeto de debate público resulta sintomático. ¿950 euros? ¿950 violaciones? ¿950 desahucios? ¿950 víctimas de la violencia machista? Son las cifras de la ignominia.
IDEAL (La Cerradura), 27/01/2020

lunes, 20 de enero de 2020

Apocalipsis


No sé si tendrá que ver la designación por Pedro Sánchez de un gobierno con veintidós ministras y ministros con la aparición de pintadas bíblicas en las paredes del barrio del Albaicín, en la base aérea de Armilla o en la plaza de este ayuntamiento. Son citas de Timoteo 1:17, Salmos 20:7, Efesios 6:17 o Deuteronomio 20:4, según informaba en IDEAL Sergio González Hueso. “Estos confían en carros y estos en caballos”; “tomad el yelmo de la salvación y la espada del espíritu”; “para pelear vosotros contra vuestros enemigos”. Parecen frases de Santiago Abascal contra los demonios del sanchismo; o quizá del señor Lobo en “Pulp Fiction”, el título de la película de Quentin Tarantino que nos podría valer también ahora para la política española. Pero no, parece que el autor de las frases está mal de la cabeza, aunque mucha gente esté de acuerdo con él, lo que nos da una idea de la locura reinante. A mí lo que me preocupa es cómo van a sentarse tantas ministras y ministros juntos en el Congreso, o que las reuniones del Consejo de Ídem en la Moncloa parezcan el camarote de los Hermanos Marx. Porque Marx tiene por fin cabida en el Gobierno, y esta vez no es Groucho, sino Karl. Entonces, ¿ya no vamos a poder reírnos? Pues según. Si usted es el presidente de la Confederación Española de Empresarios, no, porque según él las medidas sociales anunciadas por Sánchez e Iglesias van a llevar a España al infierno económico (Pulp Fiction); pero si usted es representante de los sindicatos, estará dando saltos de alegría. Lo mismo que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, que ahora están felices por lo que antes estaban tristes; que ahora se relajan con lo que antes se estresaban; que ahora les parece natural lo que antes era intolerable para los españoles, como proponer a la exministra Dolores Delgado como Fiscal General, por eso del perfil profesional y la independencia política, aunque según Pablo Iglesias tenga amigos hasta en las cloacas del Estado (el infierno). Así que Groucho no se ha ido totalmente del Consejo de Ministros, porque aquí la gente se saca del bolsillo nuevos principios en cuanto se les echan a perder los otros. ¿Prometen por Snoopy o por la Constitución? Los padres del constitucionalismo económico consideraban a los políticos incapaces, tanto en términos cognitivos como informativos, de gestionar la economía en beneficio de todos. No sé yo. A ver si va a resultar que los jinetes del Apocalipsis eran veintidós.
IDEAL (La Cerradura), 19/01/2020

domingo, 12 de enero de 2020

Histeria plurinacional


No me sorprende excesivamente la histeria demostrada por políticos y periodistas de algunos medios de comunicación por la investidura de Pedro Sánchez y su gobierno de coalición con Unidas Podemos. Venimos de donde venimos, y el miedo a los monstruos rojos se inculcaba no hace tanto tiempo en los cuadernos de urbanidad en los colegios. Es un miedo, sin embargo, que ya no cala en la juventud española, que es la que probablemente ha hecho posible este cambio en el ejecutivo, y quizá sea un dato para tener en cuenta. Vox es un espejismo, y el PP va camino de convertirse en una fuerza política poco representativa si sus portavoces en el Congreso, con Pablo Casado a la cabeza, parecen caricaturas del pasado. Por otra parte, agitar el fantasma de Cataluña no es nada bueno, y tampoco para el resto de las comunidades autónomas españolas. Aparte de la opacidad con que han llevado las negociaciones de investidura, lo que sí puede reprocharse a Pedro Sánchez y a sus socios en el Gobierno es que pacten con la ignorancia. El empeño en negar la importancia del Estado autonómico y cambiar el adjetivo que pretenda volver a apellidarlo aun vaciándolo de contenido será un lastre difícil de arrastrar. Porque los estatutos son verdaderas normas constitucionales aprobadas por los parlamentos autonómicos y luego por el estatal y, si como dice Otegui, en la mesa de negociación que también reclama al Gobierno para el País Vasco “va a estar la plurinacionalidad y la autodeterminación y no va a haber Estatutos”, lo que no habrá será autonomía política, como ahora existe de manera plena a través del Estatuto y el Concierto vasco y los sucesivos pactos de investidura. ¿Por qué no se analizan las competencias de las comunidades autónomas, su poder tributario, su autonomía política, los mecanismos de solidaridad o las ayudas europeas? ¿Qué país federal de Europa puede acercarse tan sólo un poco al nivel de descentralización que hay en España? Pero nuestros políticos parecen más preocupados por volver a crear los Reinos de Taifas. ¿Repúblicas o minimonarquías parlamentarias? León quiere independizarse de Castilla y Granada de Sevilla. ¿No estábamos mejor con el Califato de Córdoba? Está claro que, según Ortega Smith, no, pues en la fiesta de la Toma afirmó que “la reconquista aún no ha terminado”. Todo sea para que, a pesar de la UE, la gente pueda hacer lo que le dé la gana. Eso sí, desde la más pura dependencia europea, que no autonómica ni plurinacional.
IDEAL (La Cerradura), 12/01/2020

lunes, 6 de enero de 2020

Parábola del pan y el oro


Esta es una historia que aconteció en el tiempo del maestro Pablo Iglesias, cuando meditaba en el monte junto a un discípulo. Sintieron hambre, y mandó Pablo Iglesias al discípulo a comprar pan, mientras él se retiraba a meditar. Volvió el discípulo con tres panes y, como no halló al maestro donde lo había dejado, se comió él uno. Después vino Pablo Iglesias y le preguntó: “¿Dónde está el tercer pan?” “Sólo he traído dos”, contestó el discípulo. Pablo Iglesias calló y siguieron adelante, hasta que encontraron un rebaño, y cogió el maestro un cordero, lo degolló y comieron de él. Luego juntó Pablo Iglesias los huesos y dijo: “Levántate con licencia de Pedro Sánchez, el resucitador de los muertos”. Y se levantó balando el cordero, y exclamó el discípulo: “Alabada sea la Constitución”. Pablo Iglesias le dijo: “Jura, por aquel que ha realizado este milagro, qué has hecho con el tercer pan”. “Sólo traje dos”, contestó el discípulo. Siguieron hasta que llegaron a un río, y tomó Pablo Iglesias de la mano al discípulo y lo cruzaron caminando sobre las aguas, por el poder de Pedro Sánchez. Y dijo Pablo Iglesias: “Jura, por aquel que ha realizado este milagro, qué has hecho con el tercer pan”. “Sólo traje dos”, contestó el discípulo. Prosiguieron el camino y llegaron a un lugar despoblado, donde vieron tres grandes lingotes de oro. Y dijo el discípulo: “Gran tesoro es éste”. Y contestó Pablo Iglesias: “Un lingote será para mí, otro para ti y otro para el que se comió el tercer pan”. “Por cierto, que yo me lo comí, aunque lo he negado”, dijo el discípulo. “Entonces que sea todo para ti”, contestó Pablo Iglesias, y se fue. El discípulo se quedó allí, esperando a que apareciera alguien por el camino que le ayudara a llevar aquel tesoro. Al poco, llegaron tres hombres que, al ver los lingotes, decidieron matar al discípulo para quedárselos. Después de matarlo, dos de los hombres mandaron al tercero a comprar provisiones al pueblo, pues tenían hambre, antes de trasladar el tesoro. Y cuando éste se fue, los otros dos acordaron matarlo cuando volviese, para quedarse con su parte. Mientras tanto, el hombre que fue a comprar decidió envenenar la comida para matar a sus compañeros. Así que, cuando volvió, sus compañeros lo mataron, y luego comieron la comida y murieron también envenenados. A los pocos días, pasó Pablo Iglesias y vio el tesoro y los cadáveres de los cuatro hombres muertos, y exclamó: “¡Ay, la independencia!”
IDEAL (La Cerradura), 5/01/2020