Si pasados cuatro días del año 2026 no hemos sido capaces de cumplir
los nuevos propósitos, habrá que reconocer que no los teníamos, y que quizá nos
habíamos dejado llevar por esa moda de hacer listas sobre el pasado y el
futuro. De pronto, la vida se detiene y se acabó cualquier plan, por lo que la
mejor opción sería vivir cada instante como si fuera el último. Y si uno es
consciente del tiempo que pasa resultará una buena estrategia, aunque vivimos
en una sociedad que nos invita a evadirnos de nosotros mismos. Se puede vivir
inteligentemente o como un vegetal, en la realidad o en esas dimensiones
paralelas que hoy abundan en los argumentos de series y películas, una especie
de cliché para los malos guionistas que no logran encontrar un buen final para la
trama, como a los seres humanos nos suele ocurrir con nuestra vida. No hay un
buen final porque no se piensa en el argumento completo, sino que se hace un
episodio piloto para ver cómo va, y después una temporada, y si tiene éxito
hacemos la siguiente, pero los personajes van perdiendo intensidad, los
capítulos parecen una serie de improvisaciones y las temporadas van
acumulándose desordenadamente, como los años de una vida incompleta. ¿Qué sucederá
ahora? La sensación de paso del tiempo puede ser insoportable, y es terrible
perder a alguien querido en estas fechas que nos marcan el cambio de ciclo. Entonces
el invierno se vuelve más frío y no celebramos la llegada de la nieve. Pero hay
quien sabe encontrar el calor en cualquier circunstancia, y en las campanadas
de fin de año de Canal Sur un cámara captó la imagen de una pedida de mano en
Pradollano, que se transmitió en directo para toda Andalucía. A más de uno se
le saltaron las lágrimas, como probablemente también a la pareja, a quienes se
les congelarían del frío, pero seguro que ni se dieron cuenta. Las personas que
hicieron guardia en hospitales o comisarías no tendrían tiempo de hacer
propósitos para una nueva vida, sino que la vieron tal vez en forma de recién
nacido, como Naima, una niña que llegó al mundo a los 40 minutos del nuevo año
en Granada. Ya sólo quedan 361 días de alegrías, tristezas, decepciones y
euforias. Qué bueno sería poder hacer un propósito adecuado al final que se nos
destina. Pero ya se sabe que el destino sólo sirve para disculpar nuestros
errores. El 2026 todavía es un niño que vive a conciencia.
IDEAL (La Cerradura), 4/01/2026
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