lunes, 4 de mayo de 2026

Noticias

Cuando el hombre encendió la radio, oyó en la sección nacional que dos fondos de inversión que habían comprado 2.490 pisos públicos en la época en la que gobernaban en Madrid Alberto Ruiz Gallardón y Ana Botella los habían revendido seis veces más caros. El precio de los alquileres ha subido más del 66% en los últimos años, pero los sueldos sólo han aumentado el 3,4%, y un centenar de vecinos de Vallecas podrían irse a la calle. Después escuchó las novedades del juicio de la operación Kitchen, vinculada a la posible financiación irregular del PP, y el juicio de las mascarillas al exministro de Transportes del PSOE José Luis Ábalos, Koldo y compañía. El hombre, de sesenta y cinco años, suspiró mientras realizaba los estiramientos que le había recomendado el médico. Le crujían el cuello, la columna y hasta el coxis, y pensó en la alegría con la que había vivido la aprobación de la Constitución española, que recoge, entre otras cosas, el derecho a la vivienda. “Menudos traidores”, se dijo, tratando de hacer una flexión en la colchoneta. Le dolían las palmas de las manos, los antebrazos, los brazos, los hombros, el pecho, la espalda, las piernas… “¡Hijos de puta!”, gritó, y la descarga de adrenalina le permitió flexionar y estirar los brazos completamente. Se habían cargado el Estado social. “¡Cabrones!” Dos, tres, cuatro… Había conseguido hacer cinco flexiones perfectas. El locutor pasó a la sección de internacional, y el hombre escuchó el relato sobre el intento de asesinato de Donald Trump. “El mundo está loco”, dijo el presidente estadounidense. “Me cago en…” resopló el hombre, que ya iba por la novena flexión. “¡Efectivamente, por gente como tú!”, exclamó, y con fuerzas renovadas llegó a la flexión número veinticinco. No podía creérselo. Estaba sudando, sí, le temblaba el cuerpo, pero había hecho veinticinco flexiones. “No sé lo que haré después”, dijo Trump, mal traducido por el locutor. “Canadá, Cuba, España, quién sabe. España no está haciendo las cosas bien”. “Grrr…” Rugió el hombre conforme agarraba las mancuernas de quince quilos y las levantaba sin ningún esfuerzo. “No son solidarios con sus aliados”, decía Trump, “tienen que aumentar el gasto militar”. El hombre vivía en un pequeño apartamento en la calle Faisán, en Granada, pero el grito llegó hasta el ayuntamiento, pasó por el palacio de la Moncloa y voló a la Casa Blanca, en Washington. Los servicios de seguridad todavía investigan cómo pudo atravesar el techo una pesa de quince quilos y caerle al presidente norteamericano en la cabeza.

IDEAL (La Cerradura), 3/05/2026

No hay comentarios:

Publicar un comentario