A
falta de otros referentes intelectuales, la gente ha acogido la visita del papa
León XIV a España como un auto de fe, una mezcla de ritual religioso y político
en el que a más de uno sólo le ha faltado abjurar de sus pecados antes de ser
quemado en la hoguera. El papa ha pedido en el Congreso de los Diputados “una
renovación moral” y ha invitado a sus señorías a tener “altura de miras”, lo
que puede propiciar algún milagro, pues la mayoría parlamentaria suele mirarse el
ombligo. No les avergüenza volverse de pronto católicos y practicantes, pues para
aparentar lo mismo sirve una iglesia que un parlamento. No se trata de
creencias, sino de modas, y ahora vuelven a llevarse los crucifijos en la
política, la música o el cine. Cuando parte de la humanidad se preocupa por la
IA, la otra añora una vuelta a la Edad Media. Y hoy abundan los señores
feudales en las empresas tecnológicas, al frente de los estados y de los
partidos. Han cambiado las armaduras por smartphones, pero siguen embistiendo
igual contra el contrario, al menos cuando el papa no está delante. Porque esta
semana nuestros políticos han descansado de la trifulca. “En cuanto se vaya la
vuelvo a armar”, ha venido a decir la presidenta de la Comunidad de Madrid,
Isabel Díaz Ayuso. E incluso el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha ido
la Sagrada Familia, en Barcelona, y aprovechado para escaparse al Primavera
Sound. Que se puede ser cristiano y bailongo. Lo que me sorprende es que en un
país laico los que escaseen sean los ateos. Se ve que, en tiempos de
incertidumbre, nos pesa más la conciencia personal. Si van a acabar con el
planeta Tierra, necesitaremos ayuda celestial, y no podemos esperar a que Elon
Musk nos lleve a Marte. Queremos ir al Cielo, pero todavía no. En los actos del
papa León XIV había muchos jóvenes, que valoran sobre todo a las personas
consecuentes, con las que pueden estar de acuerdo o no, pero que son lo
contrario a los veletas. Todo sea por escapar del infierno en que se han
convertido las clases, con más de treinta grados a la sombra. No hay dinero
para climatizar los colegios públicos. ¿En qué se lo gastarán? Lo único que no
les ha gustado a algunos es que el papa haya confesado que es hincha del Real
Madrid, ese club universal. Menos mal que esta semana ha empezado también el Mundial y podremos ser abducidos por el fútbol.
IDEAL (La Cerradura), 14/06/2026
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