Es una lástima que la unión nacional sólo nos dure lo que un
campeonato de fútbol. El juego de la selección ha sido toda una lección
política: ningún jugador destacaba más que otro, el equipo estaba coordinado
con un objetivo común. ¿Sería posible que actuaran así todas las
administraciones públicas? Pongamos que tuvieran un Rodri en el medio campo
llevando la batuta y a un Luis de la Fuente marcando las directrices desde el
banquillo. Imaginemos, por un momento, que el banquillo está situado en el
Congreso de los Diputados, que para la ocasión está tapizado de verde. Nadie
discute ni suelta una patada injustificada, están concentrados en ejecutar la
gran obra de nuestro tiempo. Sus señorías aún prolongan la hipnosis colectiva
propiciada por la euforia futbolística, en la que el bien del buen juego vence
al mal de los chanchullos del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y Donal
Trump, que ha descubierto que hay otras pelotas interesantes aparte de la suyas.
Tampoco a los granadinos les importaría tener más motivos para bañarse en la Fuente
de las Batallas. Las únicas batallas que nos importan son las futbolísticas, y ojalá
pudiéramos resolver en un campo todos los conflictos políticos. También son
importantes los estilismos, como el vestido rojo de la reina Leticia cuando fue
a darle un achuchón a Lamine Yamal, lo que ha levantado más polémicas que el
VAR. Las mentes calenturientas no necesitan mucho estímulo, pero la temperatura
ha subido hasta los cuarentaitrés grados. Esto sí que es un calentón mundial. ¿Qué
se dirían Pedro y Donald durante el partido? Algunos nunca bajan de las
estrellas, y ya tenemos dos. Si la política fuera igual que el fútbol, todo
sería más sencillo. Habría que exigir que los congresistas de cada partido
llevaran la misma camiseta, que sólo podrían quitarse en caso de celebrar una
moción de censura, por ejemplo, y no sería válido intercambiarlas en mitad de
la legislatura. Pero como siempre hay algún verso suelto, sí se permitiría
marcar un gol en propia meta en forma de voto, todo sea por mantener la
libertad de expresión, que también se valora mucho en el fútbol, y si no que
les pregunten a los jugadores españoles cuántas veces les mentaron durante la
final “la concha de tu madre”. En fin, para que luego hablen del opio del
pueblo. Si los oligarcas del mundo fueran tan listos como dicen, invertirían
más en la liga española de fútbol y menos en IA. Seguro que ganamos el próximo
mundial.
IDEAL (La Cerradura), 26/07/2026
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