lunes, 27 de julio de 2026

Equipos

Es una lástima que la unión nacional sólo nos dure lo que un campeonato de fútbol. El juego de la selección ha sido toda una lección política: ningún jugador destacaba más que otro, el equipo estaba coordinado con un objetivo común. ¿Sería posible que actuaran así todas las administraciones públicas? Pongamos que tuvieran un Rodri en el medio campo llevando la batuta y a un Luis de la Fuente marcando las directrices desde el banquillo. Imaginemos, por un momento, que el banquillo está situado en el Congreso de los Diputados, que para la ocasión está tapizado de verde. Nadie discute ni suelta una patada injustificada, están concentrados en ejecutar la gran obra de nuestro tiempo. Sus señorías aún prolongan la hipnosis colectiva propiciada por la euforia futbolística, en la que el bien del buen juego vence al mal de los chanchullos del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y Donal Trump, que ha descubierto que hay otras pelotas interesantes aparte de la suyas. Tampoco a los granadinos les importaría tener más motivos para bañarse en la Fuente de las Batallas. Las únicas batallas que nos importan son las futbolísticas, y ojalá pudiéramos resolver en un campo todos los conflictos políticos. También son importantes los estilismos, como el vestido rojo de la reina Leticia cuando fue a darle un achuchón a Lamine Yamal, lo que ha levantado más polémicas que el VAR. Las mentes calenturientas no necesitan mucho estímulo, pero la temperatura ha subido hasta los cuarentaitrés grados. Esto sí que es un calentón mundial. ¿Qué se dirían Pedro y Donald durante el partido? Algunos nunca bajan de las estrellas, y ya tenemos dos. Si la política fuera igual que el fútbol, todo sería más sencillo. Habría que exigir que los congresistas de cada partido llevaran la misma camiseta, que sólo podrían quitarse en caso de celebrar una moción de censura, por ejemplo, y no sería válido intercambiarlas en mitad de la legislatura. Pero como siempre hay algún verso suelto, sí se permitiría marcar un gol en propia meta en forma de voto, todo sea por mantener la libertad de expresión, que también se valora mucho en el fútbol, y si no que les pregunten a los jugadores españoles cuántas veces les mentaron durante la final “la concha de tu madre”. En fin, para que luego hablen del opio del pueblo. Si los oligarcas del mundo fueran tan listos como dicen, invertirían más en la liga española de fútbol y menos en IA. Seguro que ganamos el próximo mundial.

IDEAL (La Cerradura), 26/07/2026

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