domingo, 27 de agosto de 2017

Virales

En las redes sociales no pueden ponerse bolardos, y suelen estar tomadas por una horda de bárbaros que dicen no ser fascistas ni racistas, pero que muestran valores semejantes a los de los asesinos a quienes condenan. No existen filtros, y por eso pueden enviar las fotografías de los cadáveres en las Ramblas y después la del terrorista abatido Younes Abouyaaqoub, con la cara ensangrentada, como si se tratase de un trofeo de caza. Y como virus se comportan algunas personas, que alertan de ataques terroristas en calles céntricas o supermercados, atribuyendo la información a la Guardia Civil. Es gente que se alegra de la muerte del enemigo y que, de hecho, no puede vivir sin enemigos, pues su mundo es tan pobre como maniqueo. Pero si nos dejamos llevar por el miedo, las ciudades dejarán de ser un espacio de convivencia, y como las redes sociales, que son su reflejo, a los coches de policía atravesados en la calle Ganivet o a los maceteros de los paseos marítimos de Salobreña o Almuñécar, sumaremos la violencia de algunos ciudadanos. Y quizá debería preocuparnos también cómo se convierte en un asesino alguien a quien sus vecinos describían como un muchacho agradable. Porque hablamos de terroristas que han nacido y se han educado en España, como el niñato de Pedro Abad, el Cordobés, que amenaza con reconquistar Al-Ándalus, aunque no sepa lo que es. ¿Habremos hecho algo mal? En un país aconfesional como España, muchos se rasgan las vestiduras porque haya quien solicite estudiar en los colegios públicos la religión islámica, del mismo modo que puede estudiarse la religión católica. ¿Y no es preferible que existan estudios reglados de teología islámica para los imanes y un registro de las 1.500 mezquitas que hay en España para controlar las actividades religiosas? La Comisión Islámica debería tener la misma financiación pública que la Iglesia católica, pues el mismo daño puede hacer un imán fanático en Gerona que un cura en Madrid pidiendo la muerte para los de Podemos. La educación es competencia del Estado y de las Comunidades Autónomas, que deben asegurarse de que en los contenidos figure el conocimiento y respeto del ordenamiento jurídico y de los derechos y deberes constitucionales. Actualmente, es Arabia Saudí la que financia la construcción de mezquitas en España y coloca a imanes afines a su interpretación radical del islam, y esto tiene que cambiar. La libertad de culto es un derecho fundamental, pero debe ejercerse con responsabilidad. Aunque también podríamos sacar por fin la religión de las escuelas públicas, claro.

IDEAL (La Cerradura), 27/08/2017