domingo, 4 de febrero de 2018

Distopía

Dos de los símbolos de la Granada económica, social y cultural, el Cubo y el Centro García Lorca, van a llevar las marcas comerciales de dos entidades financieras, Bankia y la Caixa. ¿Cómo hemos llegado a esto? Es relativamente sencillo. Aunque a buena parte de nuestros políticos se les llene la boca con lo granadino, en realidad no sienten ningún respeto por la cultura y la historia de la ciudad, y no les importaría desmontar la Alhambra piedra a piedra si con ello satisfacen un interés personal o de su partido. Y qué decir de los trabajadores de la extinguida Caja y de la propia Bankia, zarandeados y utilizados como moneda de cambio, meros números de otra siniestra estadística. Queda la Fundación Caja Granada, llamada a sostener la obra social, y el Centro García Lorca, que quizá logre sobreponerse a la nefasta gestión de la Fundación que lleva su nombre y a un gigantesco ridículo, sólo matizado por el esfuerzo encomiable de las personas que trabajan para que el Centro tenga una programación cultural digna, como Jesús Ortega. Lo que seguro que quedarán son los logos de Bankia y la Caixa, que planearán sobre los actos sociales, culturales y políticos de la ciudad (más políticos que culturales), como si nos recordaran quiénes mandan en la realidad, convertida en unas grandes cuentas anuales. ¿Dónde está el dinero de Caja Granada? ¿Dónde fue a parar el dinero malgastado en la Fundación García Lorca, embargada porque no puede o no quiere pagar los salarios atrasados a tres extrabajadoras? Granada, esa ciudad súpercomunicada entre sus barrios pero aislada por tren de otras ciudades de España, está perdiendo hasta el nombre de sus instituciones, por lo que dentro de poco no quedará ni ese orgullo obstinado por el pasado que la caracteriza y regado con generosos tragos de malafollá. ¿Habrá que ponerle también un patrocinador al Ayuntamiento en quiebra? ¿Querrán privatizar todos los servicios que presta nuestra empresa más rentable, que es la Universidad? El empeño por desmontar el patrimonio histórico, social, cultural y económico de Granada parece una maldición bíblica, plagas que azotan las instituciones en forma de gestores egoístas e incapaces, que sin embargo pretenden que sea la capital cultural de Europa en 2031. Y quizá, cuando ya sólo quede un páramo de lo que era una ciudad milenaria construida sobre siete colinas y en la confluencia de tres ríos, lo único que se verá en un cielo vacío serán los logotipos de Bankia y la Caixa, como hologramas fantasmagóricos de esta terrible distopía.

IDEAL (La Cerradura), 4/02/2018