domingo, 7 de enero de 2018

Aporofobia

Cincuenta y siete mil niños granadinos no se levantaron ayer con regalos de Reyes, según informaba Ángeles Peñalver en IDEAL esta semana, quien ponía el ejemplo de Khadija, vecina de La Chana con un sueldo de 400 euros y dos hijos de siete y diez años. Pero lo que más me ha llamado la atención son los comentarios de algunos lectores en la web del periódico. A una chica le extraña lo de Khadija, “porque los musulmanes no celebran los Reyes”. Otro niega la mayor, pues afirma que en Granada “no hay tantos niños”. Hay quien se queja de que entidades españolas ayuden “a los árabes”, y quien asegura que la mujer “miente más que habla”. No caen en la cuenta de que Khadija es granadina a todos los efectos (lleva viviendo aquí diecisiete años), más allá de la religión que tenga, algo a lo que no se hacía referencia en el artículo, al margen de su origen marroquí. Pero en la imagen aparecía con velo, claro. Quizá les caiga mejor a los internautas el indigente sevillano al que la policía ha requisado 18.650 euros en la Glorieta de Arabial, la placeta donde solía pernoctar, según informaba Yenalia Huertas. Concretamente, 33 billetes de 500 euros, 42 de 50, 4 de 10 y 2 de 5, cuya procedencia no ha podido justificar el hombre de 32 años e iniciales J. J. B, quien por lo visto tiene antecedentes por delitos de robo con fuerza. ¿Será también una cuestión de religión o nacionalidad? Al miedo al pobre le ha puesto nombre la filósofa Adela Cortina, que publicó en 2017 un ensayo titulado “Aporofobia” (Paidós), la palabra del año según la Fundación del Español Vigente y acuñada a partir de los términos griegos “áporos” (sin recursos) y “fobia” (terror, pánico). Adela Cortina ha destacado que a los inmigrantes y refugiados no se les rechaza por ser extranjeros, sino por pobres, un miedo (a la pobreza) que ha calado entre la población en tiempos de crisis económica. Porque a nadie le molesta que los ricos se gasten su dinero en España, un país cuya mayor industria es el turismo, pero donde hay verdadero pavor a que los pobres del mundo vengan “a quitarnos” el pan de nuestra mesa. Una visión fomentada interesadamente desde posiciones políticas reaccionarias y que se propaga por el páramo cultural en que se ha convertido Internet. Esto también merece un nombre: “egofobia”. Porque, en el fondo, se trata de miedo a lo peor de nosotros mismos. Y de una gran pobreza cultural.  

IDEAL (La Cerradura), 7/01/2018