domingo, 24 de junio de 2018

36 razones


Sin duda hay otros mundos que están en éste. En una casa-cueva de Marchal (Granada), donde vive Juan Manuel Heredia “El Canuto” con sus tres mujeres y sus 36 hijos, de los que la Junta de Andalucía le ha quitado la custodia de 13, todos menores de edad. Juan Manuel ha tenido 6 hijos con Piedad, 16 con María Dolores y 14 con Soledad. Asegura que se gana “honradamente la vida”, pero presume de “no haber trabajado nunca”, algo demasiado común en esta España negra, empezando por la clase política. Esos cientos de presidentes de instituciones públicas que, entre chascarrillos y una sonrisa cómplice como la de “El Canuto”, confiesan que, en realidad, quien trabaja es el director general. Debe de ser grande la cueva de Juan Manuel Heredia, para que vivan al menos cuarenta personas en compañía. Pero también lo son las de Alí Babá, que aún existen en algunas Administraciones públicas, donde se dan asimismo problemas de higiene, aunque no de vestimenta y alimentación, que son las razones por las que le han quitado la tutela de los menores a su progenitor. “Bastante bien salen algunos hijos con los padres que tienen”, dice Emilio Calatayud. “¿Cobrarán estos padres ayudas por familia numerosa o subvenciones de otro tipo?” se pregunta. No lo sé, pero deberían cobrarlas, a pesar de que la Fiscalía de Menores hable de “riesgo de maltrato físico y emocional, exposición a situaciones de violencia de pareja y entre miembros de la unidad familiar, presunto abuso sexual hacia algunas de las hermanas y negligencias graves en el cuidado familiar”. Porque es lo que justifica la existencia de las Administraciones. ¿En qué se diferencia la moral privada de la moral pública? En la educación. Juan Manuel Heredia parece haber formado una sociedad aparte que vive con sus propias reglas, tomadas de la ley gitana y de aquí y allá. Como si fueran mormones, la civilización se ha detenido en la puerta de la cueva; o quizá es que no la han dejado entrar. ¿Se trata de un asunto privado o de un asunto público? Paradójicamente, en una sociedad en la que ya no existe la vida privada, se trata de un asunto público, pues la obligación de la Administración es tutelar a esos menores y evitar su desgracia, aunque tenga que atravesar para ello la puerta de su casa. Y es que a veces, como diría el filósofo, lo más extraño que puede encontrarse uno en una casa (o una cueva) es a un ser humano.
IDEAL (La Cerradura), 24/06/2018