domingo, 17 de junio de 2018

Orgullo


Por los bemoles de Luis Rubiales que España no va a ganar el mundial. O sí. Porque este tipo es granadino, y ya se sabe que tiene un orgullo al que no alcanza ni el Ave. Como a él no le habían dicho nada sobre el fichaje de Lopetegui por el Real Madrid, pues liamos la Spanish Civil War, como ha titulado el lío de la Selección Española de Fútbol la prensa inglesa. Total, si se trata de un hombre que ha sobrevivido a los moros y a los Reyes Católicos y hasta al nacionalismo motrileño. ¡Florentinos a mí! Que yo destituyo al seleccionador para que los españoles se dediquen a otra cosa. A escribir, como el exministro de Cultura, Maxim Huerta, que al menos se ha librado de la fiebre futbolística. Y todo porque ha sido condenado por utilizar una sociedad para no tributar por el IRPF a Hacienda. A eso se le llamaba fraude fiscal antes y después de Cristóbal Montoro, aunque es verdad que es una práctica habitual entre los escritores y periodistas españoles que facturan lo suficiente para preferir pagar un tipo fijo y proporcional en el Impuesto sobre Sociedades en vez de una escala progresiva en el IRPF. Por eso de la solidaridad y tal. Porque, además de progresistas, son capitalistas orgullosos, que son los que montan una sociedad con un administrador único. Como Luis Rubiales, que no tendrá que pagar de su bolsillo los dos millones de euros que ha dejado de cobrar la Federación Española de Fútbol del Real Madrid ni tampoco el finiquito de Lopetegui. ¡Son los principios! Y los tienen en común mucha gente de la cultura y del deporte. Se ve que en España son la misma cosa, y por eso requieren un mismo ministerio, que al menos, a partir de ahora, será dirigido por un gestor cultural de prestigio como José Guirao, granadino de adopción, y que quizá apadrine la llegada del legado Lorca a Granada, mientras la Junta se pone de nuevo a buscar los restos del poeta. ¡Que le den el premio Nobel!, claman otros. Aquí cada uno va a lo suyo, como ocurre en algunos países y en algunos equipos de fútbol. Para el caso, este mundial se celebra para mayor orgullo de Putin, al que le da lo mismo invadir la península de Crimea o que su equipo le meta cinco cero a Arabia Saudí, otro país ejemplar al que Occidente hace la vista gorda. Y esa es la cuestión. Con un par de balones de fútbol.
IDEAL (La Cerradura), 17/06/2018