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lunes, 20 de julio de 2026

Enchufes

En los partidos políticos españoles suele practicarse el enchufismo con mayor maestría que cualquier electricista, y a falta de intelectuales abundan también los fontaneros que tratan de arreglar las cloacas del Estado, según relatan las crónicas periodísticas. Uno ya no puede encontrar técnicos de electricidad o fontanería para las averías domésticas, pero podríamos pedirlos prestados al Gobierno de la nación o de algunas comunidades autónomas, que al parecer destinan muchas energías a colocar a los afines en las instituciones del Estado o a criticarlas según sople el viento judicial. Puede ser el novio de Isabel Díaz Ayuso o el hermano de Pedro Sánchez, pero cuando la UCO da por probada una actividad delictiva o un tribunal dicta una condena por prevaricación no se puede hablar de una campaña de acoso y derribo. “Sin familia me iría mejor”, deben pensar, y acudirán nerviosos a los encuentros fraternales, pues no saben nada de otorgar contratos, cargos o cátedras prescindiendo del principio de igualdad, los méritos y otras menudencias que deben regir los concursos públicos, y no los lazos familiares e ideológicos. Las imputaciones y las condenas se suceden en el círculo de Pedro Sánchez, y no debería bastar con echar balones fuera. No como la selección española de fútbol, que sí está de verdad enchufada en el Mundial, y que acapara el foco mediático. Es la excusa perfecta para no hablar de lo que se tiene que hablar, y también para hablar de más, como le ha ocurrido al expresidente Mariano Rajoy, que además de comentarista de fútbol debe de ser experto en árboles genealógicos, pues duda de la pureza de la sangre de los jugadores franceses. Es lo que pasa con la política y el fútbol, que vuelven a la gente daltónica. ¿Se habrá dado cuenta Rajoy de que la estrella de la selección española, Lamine Yamal, es de ascendencia marroquí? ¿O creerá que el rubio de su pelo es natural? Vaya, hombre, ya estamos aguando la fiesta. Que no, que no. Si el partido de esta noche está chupado. Si a enchufar la pelota, al hermano, la mujer, el novio o la novia, el cuñado, el sobrino o el amigo, no nos gana nadie. Uno coge el esférico en la portería patria y empieza a regatear argentinos hasta llegar a la portería contraria, dribla en último lugar al portero y marca a puerta vacía. Eso es colocar a alguien en un destino. Y si lo hace Lamine Yamal, incluso Mariano Rajoy alabará a sus padres. Todo sea por conseguir el éxito. A eso se llama enchufar.

IDEAL (La Cerradura), 19/07/2026

domingo, 17 de junio de 2018

Orgullo


Por los bemoles de Luis Rubiales que España no va a ganar el mundial. O sí. Porque este tipo es granadino, y ya se sabe que tiene un orgullo al que no alcanza ni el Ave. Como a él no le habían dicho nada sobre el fichaje de Lopetegui por el Real Madrid, pues liamos la Spanish Civil War, como ha titulado el lío de la Selección Española de Fútbol la prensa inglesa. Total, si se trata de un hombre que ha sobrevivido a los moros y a los Reyes Católicos y hasta al nacionalismo motrileño. ¡Florentinos a mí! Que yo destituyo al seleccionador para que los españoles se dediquen a otra cosa. A escribir, como el exministro de Cultura, Maxim Huerta, que al menos se ha librado de la fiebre futbolística. Y todo porque ha sido condenado por utilizar una sociedad para no tributar por el IRPF a Hacienda. A eso se le llamaba fraude fiscal antes y después de Cristóbal Montoro, aunque es verdad que es una práctica habitual entre los escritores y periodistas españoles que facturan lo suficiente para preferir pagar un tipo fijo y proporcional en el Impuesto sobre Sociedades en vez de una escala progresiva en el IRPF. Por eso de la solidaridad y tal. Porque, además de progresistas, son capitalistas orgullosos, que son los que montan una sociedad con un administrador único. Como Luis Rubiales, que no tendrá que pagar de su bolsillo los dos millones de euros que ha dejado de cobrar la Federación Española de Fútbol del Real Madrid ni tampoco el finiquito de Lopetegui. ¡Son los principios! Y los tienen en común mucha gente de la cultura y del deporte. Se ve que en España son la misma cosa, y por eso requieren un mismo ministerio, que al menos, a partir de ahora, será dirigido por un gestor cultural de prestigio como José Guirao, granadino de adopción, y que quizá apadrine la llegada del legado Lorca a Granada, mientras la Junta se pone de nuevo a buscar los restos del poeta. ¡Que le den el premio Nobel!, claman otros. Aquí cada uno va a lo suyo, como ocurre en algunos países y en algunos equipos de fútbol. Para el caso, este mundial se celebra para mayor orgullo de Putin, al que le da lo mismo invadir la península de Crimea o que su equipo le meta cinco cero a Arabia Saudí, otro país ejemplar al que Occidente hace la vista gorda. Y esa es la cuestión. Con un par de balones de fútbol.
IDEAL (La Cerradura), 17/06/2018