domingo, 15 de julio de 2018

El último prófugo


La noticia más comentada esta semana ha sido el fichaje de CR7 por la Juventus de Turín, aunque casi nadie cuenta que el futbolista ha huido de España después de no declarar a Hacienda más de treinta millones de euros. Total, si eso es lo que va a cobrar por temporada en Italia, país que ha reformado su legislación fiscal para atraer a grandes fortunas –que tributarán por una cuota de fija de 100.000 euros independientemente de los rendimientos que obtengan en el extranjero-, y donde sólo los trabajadores de la FIAT han mostrado algo de dignidad, declarándose en huelga. Porque la familia Agnelli tiene el 29% de las acciones de la FIAT y el 63% de la Juventus, pero mientras ficha al futbolista portugués obliga a los trabajadores de la fábrica de coches a que se aprieten el cinturón. “¿Es normal que una persona gane millones mientras que miles de familias no llegan a fin de mes?”, se preguntan. “La empresa debería invertir en modelos de automóviles y no en futbolistas”. No sé. Para el caso, hablamos de un futbolista con un motor de 34 años, y que ha corrido revolucionado los últimos nueve en el Real Madrid, que lo ha amortizado mejor que a un automóvil de alta gama. ¿No deberían fabricar los trabajadores de la FIAT a un nuevo Cristiano Ronaldo? Un replicante modelo CR7 que marque goles y grite: “¡Sííí!” No debe de ser tan difícil. Aunque más complicado fue el entramado societario que montó el futbolista de carne y hueso para no tributar por el IRPF. Concretamente, las cuotas que, según la fiscalía, dejó de ingresar el jugador portugués por este impuesto (las cantidades no declaradas eran mucho mayores) fueron de 1.393.906 euros en 2011, de 1.665.304 en 2012, 3.201.266 en 2013 y de 8.508.419 en 2014. Así, CR7 habría cometido un delito fiscal en 2011 y otros tres delitos fiscales agravados en 2012, 2013 y 2014 al superar las cuotas dejadas de ingresar los 600.000 euros. Y es que, jugando al fútbol, se puede aprender Derecho Financiero y Tributario. Pero también Derecho Penal, porque cada delito lleva aparejado una pena de uno a dos años de prisión, lo que sumarían unos siete años, por lo que el futbolista ha propuesto aceptar una pena de dos años y pagar una multa de casi veinte millones de euros, en vez de los treinta que reclamaba la abogacía del Estado. ¡Peccata minuta! Lo mismo tendría que jugarse en el patio de la cárcel la próxima final de la Champions.
IDEAL (La Cerradura), 15/07/2018