domingo, 29 de julio de 2018

Legión


Vivimos en una sociedad en la que, más que la calidad de los servicios públicos, importa a quiénes se les preste. Todas las semanas leemos sobre los problemas de acogimiento de los migrantes que llegan a nuestras costas, pero también sobre los protocolos y las medidas legislativas que deben tomar las Administraciones públicas para proteger al personal sanitario, que sufre agresiones verbales y físicas, algo que, lamentablemente, se ha vuelto habitual en consultas y hospitales. Agresiones de personas que, lejos de agradecer estos servicios, los exigen, aunque luego no utilicen la misma energía para pagar los impuestos con que costearlos. Como esa chica que acude con su padre a hacerse un análisis de sangre y no respeta la cola. Que se queja a gritos de que no ha desayunado, y que cuando una mujer de sesenta años le contesta que en la misma situación se encuentran los demás, le espeta que a ella no le supondrá ningún problema con lo gorda que está. El padre, lejos de reprender a su hija, le ríe la gracia, y en estos momentos el consultorio se convierte en un campo de batalla verbal. Los conserjes y las enfermeras tratan de calmar al padre y a la hija, y para mi sorpresa sólo lo consiguen permitiendo que se cuelen. Todo para no oírlos. Gente descerebrada que, sin embargo, presume de educación, y que suele ser la misma que se indigna por la llegada de migrantes, temerosos de que les quiten ese nivel de vida que en el fondo desprecian. La UE ha ofrecido a los países dispuestos a acogerlos un tanto de 3.000 euros por migrante, que salen a una media de 35 euros por kilo de carne fresca. Países que, como España, tendrán que construir más centros de acogida, que se alternarán con las urbanizaciones de veraneantes en nuestras playas. Menuda distopía. Algunos periódicos nos alertan de que hay unos 40.000 subsaharianos esperando en Marruecos para asaltar nuestras fronteras, y ante el ataque violento de 600 jóvenes africanos a la valla de Ceuta hay columnistas que acusan al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de provocar un efecto llamada. ¿Cómo contener la ola migratoria? Veinte policías sufrieron heridas por el uso de lanzallamas caseros, cal viva y cócteles molotov. ¿No debería expulsarse a quienes utilizan la violencia? “Bienvenidos a vuestra casa”, les dijo el presidente a los inmigrantes del buque Aquarius. Pero, si después de Benicasim, se da una vuelta por Ceuta y Melilla, lo mismo terminamos viendo a Pedro Sánchez vestido de legionario.
IDEAL (La Cerradura), 29/07/2018