domingo, 28 de octubre de 2018

El cadáver


La familia de José Ignacio Soto Roldán, un joven de la Malahá fallecido en Islandia, espera que los amigos puedan traer a España sus cenizas. Traer el cuerpo es demasiado caro, y esperan la autorización de las autoridades para poder incinerarlo. Somos poca cosa, y luego cabemos en una urna hermética que puede transportarse en cualquier mochila. José Ignacio había viajado hace unas semanas a ese país a buscar trabajo, y sufrió un infarto cuando se encontraba allí, curiosamente el país que vivió en el año 2008 la mayor crisis económica que se recuerda en el seno de la Unión Europea, con el colapso de sus tres principales bancos. José Ignacio debía de ser uno de esos jóvenes que se dedicaban a “la movilidad exterior”, como dijo una exministra de Trabajo de cuyo nombre no quiero acordarme. Pero la realidad es que él tuvo que viajar tres mil kilómetros para morir en una tierra prometida que no le dio la tranquilidad que esperaba. El periplo de su cadáver sería digno de una película de Frank Oz, salvo porque si no fuera por sus amigos, el ataúd de plástico todavía seguiría en el puerto de Reikiavik, entre cajas de verduras. Por suerte, José Ignacio no se ha enterado de nada. Quienes sufren son sus familiares y amigos, que no entienden tanto absurdo. Pero la odisea de su cadáver es una metáfora del mercado de trabajo español, aunque haya quien se niegue a aceptar las evidencias. Autónomos y trabajadores en precario ven cómo los partidos políticos disputan por los euros de sus cotizaciones a la Seguridad Social, una institución que podemos mantener a duras penas, y cuya caja se ha saqueado sistemáticamente en los últimos años para sufragar unas pensiones que cada vez son más ridículas. “Ahorre usted”, nos dicen, “hágase un plan de pensiones”. Pero ¿con qué? Si nos dijeran “hágase la luz”, tendría el mismo efecto, aunque para eso ya tenemos a Endesa y los impuestos sobre la energía, tributos indirectos que afectan por igual a ricos y a pobres, por eso de cumplir con los principios de justicia tributaria de la Constitución Española. Otro cadáver, que no tiene nada que ver con la desintegración territorial del Estado, sino con el reconocimiento de unos derechos sociales que no se garantizan por ley. Y son los partidos políticos que más dicen defender la Constitución los que han desmantelado el Estado Social y Democrático de Derecho. Los mismos que ahora se dedican a dar espectáculos lamentables en el Congreso. ¿Halloween?
IDEAL (La Cerradura),28/10/2018