Mostrando entradas con la etiqueta UE. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta UE. Mostrar todas las entradas

lunes, 23 de febrero de 2026

Consultas

El ser humano suele vivir en el presente, olvida pronto lo malo y se aferra a lo bueno que tiene, qué remedio, pues la vida es demasiado corta. De las desgracias solemos pasar rápidamente la página, y por eso no aprendemos de nuestros errores. En ese sentido, la pandemia del Covid-19, que ya nos resulta tan lejana, marcó un punto de inflexión en la sociedad española, que lejos de ser más responsable parece haber tomado como lema la irresponsabilidad. Y lo peor es que lo hagan quienes están al frente de las Administraciones públicas que, pasada la emergencia, no han invertido más en sanidad, como prometieron, sino que incentivan a los ciudadanos para que acudan a las compañías privadas. No es una casualidad que esta semana los médicos se hayan declarado en huelga y algún despistado haya acudido a la consulta para encontrarse un cartelito escrito a mano explicando las circunstancias. Para qué van a avisar a los pacientes con esas flamantes aplicaciones que deben ser descargadas en los móviles para hacer realidad la administración electrónica, que al final sólo sirve para abaratar costes, entre otros de personal. Si el sufrido paciente obtuvo una cita para dos semanas después, ahora tendrá que esperar otras dos semanas, siempre que no se haya muerto antes. Lo peor es que la aplicación se llame Salud Responde, que es como tratar de mantener una conversación con Gila cuando telefoneaba al frente. “¿Está el enemigo? ¡Que se ponga!” La otra opción es dejar de ir al médico y de preocuparse por la salud, y parte de la población, desde que se quitó la mascarilla y ante el riesgo de que vuelvan a encerrarla en casa, ha entonado el “carpe diem”. En ciudades como Granada, donde ya solía haber una barra en cada esquina del barrio, se ha duplicado el número de bares y restaurantes, que no son suficientes para vecinos y turistas, que agotan las reservas y hacen cola en la calle antes de que abran. No tenemos tiempo para tanta parranda. Los ayuntamientos están convirtiendo las ciudades en parques temáticos, mientras el Gobierno central y las comunidades autónomas, paradójicamente, se dividen las competencias –cuando no pelean entre sí- y permiten el deterioro progresivo de la red ferroviaria, la educación y la sanidad, que en un sentido u otro son los pilares donde se asienta un país. ¿A qué están destinando los fondos de la Unión Europea? Los retrasos ferroviarios no son nada comparados con los retrasos sociales. Cuando despertemos, las consultas seguirán vacías.

IDEAL (La Cerradura), 22/02/2026

lunes, 12 de enero de 2026

Matones

Si pudiéramos rebobinar el reloj del tiempo, tendríamos que buscar el momento en que el mundo iba a convertirse en un patio de colegio privado malo, donde los matones se retan e imponen la fuerza bruta, porque carecen de cerebro. Y podría parecer una caricatura con Chucky, el muñeco diabólico, ejerciendo de presidente de USA, y con su amigo Freddy Krueger en el de Rusia. Y con ese no se mete, no, vayamos a que le suelte un buen sopapo, sino que le pega al gordito venezolano, que sólo acertaba a masacrar a los de su clase. Se ve que el patio americano ofrece recursos energéticos por el sur y minerales raros por el norte, por lo que siembra el terror entre los debiluchos que creen que hay que respetar las reglas. Y todo porque en realidad a quien teme es al gigante chino, que ha resultado ser mucho más simpático que él dentro del patio mundial, donde la mayoría de los parvularios lo que quieren es que les dejen trabajar y jugar tranquilos. Haría falta una buena profesora para poner orden entre tanto niñato americano y europeo que no se atreve a plantarle cara. Sólo Pedrito dice esta boca es mía, pero ya no se sabe si lo dice de verdad o no, que se ve que no atendió el día que contaron el cuento del pastor mentiroso. Quizá pudiera hacerlo la señora Úrsula von der Leyen, que preside el sector europeo y fue ministra de defensa de los alemanes. Es una lástima que el mundo no sea realmente un patio de colegio, pues los matones sólo entienden un lenguaje y la señora von der Leyen, que es médico, debería ponerles unas cuantas inyecciones en el culo. No podemos preguntarles a los rusos y a los chinos, que no viven en países democráticos, pero en USA, que lo era, y visto lo visto, ¿estarán contentos los ciudadanos que votaron al partido republicano? ¿Forman también parte de la pandilla callejera? Quizá la solución se encuentre en el propio patio norteamericano, donde no sería la primera vez que los oprimidos por los matones de turno se unen para arrinconar a los violentos y alcanzar la paz colectiva. Porque el asunto está en respetar o no la soberanía de cada parte del patio, y quienes aplauden al matón, como Santiaguito, Isabelita y compañía estarían dispuestos a entregársela sin pestañear. Quienes lo apoyan o no defienden a los débiles no son de fiar. Antes o después te traicionarán. Eso lo sabe cualquier niño del colegio.

IDEAL (La Cerradura), 11/01/2026

lunes, 14 de abril de 2025

Aranceles

Lo más admirable de la guerra de aranceles planetaria es que todo el mundo viva pendiente de las decisiones de Donald Trump, un “imbécil”, “necio” y “matón de patio de colegio”, en palabras de Felipe González. Nadie, al parecer, ha pensado en la posibilidad de meterlo en un hospital psiquiátrico (privado, claro), un asilo o quizá en la cárcel, si tuviera que cumplir pena por los delitos por los que ya fue condenado, aunque absuelto luego por el voto de millones de ciudadanos estadounidenses, muchos de los cuales ya se habrán arrepentido de su decisión. Empezando por Elon Musk, que ha visto cómo sus empresas se desplomaban en la bolsa. Y va a tener que pensar dónde coloca sus vehículos Tesla a partir de ahora, pues el 65% los vendía en Europa y China, donde no están dispuestos “a besarle el culo” a su jefe. Y también tendrán que pensar a qué van a dedicarse compañías como Apple, que fabrica sus iPhone en China, y que, por el incremento de costes, debería venderlos a 3.500 dólares por unidad si empieza a fabricarlos en USA. Lo mismo ocurre con las zapatillas Nike, que lleva puestas medio planeta. Tampoco les ha hecho mucha gracia la fiebre arancelaria a Jamie Dimon, presidente de JPMorgan, el mayor banco de Estados Unidos, ni a los mercados de deuda pública, que le han hecho recular –nunca mejor dicho- en sus medidas a Donald Trump. Un personaje que dice al mismo tiempo que “hay que ser flexible” y que “mis políticas nunca cambiarán”, y es tan voluble que parece no existir, sino ser un robot creado para destruir el sueño americano, o un avatar diseñado por IA con todas las características de los villanos más disparatados de las películas de serie B hollywoodienses. Lo peor es que hay quien le ríe la gracia en España, lo que nos da una idea de lo que ocurriría si los partidos radicales llegan al poder. Y, sin embargo, el personaje real supera a los imaginados por cualquier guionista dedicado a la ciencia ficción, al terror, al drama o a la parodia. Porque entre arancel y arancel, a Donald Trump se le ha ocurrido aprobar también un decreto para “mantener una presión de agua aceptable en las duchas”, un problema en USA. “Quiero cuidar mi precioso pelo”, ha afirmado. No nos da tiempo para tanto disparate. Quizá en la democracia más antigua del mundo quieran recuperar la pena de decalvación para el que espero sea pronto el expresidente Donald Trump.

IDEAL (La Cerradura), 13/04/2025

lunes, 31 de marzo de 2025

El kit

No sé si en el kit de supervivencia que la Unión Europea recomienda guardar en casa habrá algún remedio para los ilusos y los ilusionistas. Los primeros niegan la realidad y entonan un loable no a la guerra como si esa proclamación pudiera librarles de una catástrofe que no sólo priva del derecho a la vida, sino del derecho a no matar, como bien saben quienes obligatoriamente son llamados a filas en los países que no tienen más remedio que defender sus fronteras. Los segundos –con perdón para los ilusionistas de verdad, magos y otras artísticas especies- no la niegan, pero la falsean, diciendo que España cumplirá con el compromiso de rearme europeo sin recortar en gastos sociales. Pues habrá que recortar de algún sitio o subir los impuestos, aunque se nos niegue la posibilidad de saber de dónde provienen los ingresos y a qué se destina el gasto público, ya que no se aprueba en el Parlamento la ley de presupuestos. No me extraña que la población esté preocupada. Nuestros dirigentes, que parecen incapaces de llegar a ningún acuerdo en materias tan importantes como la seguridad nacional e incumplen sistemáticamente las normas del Estado democrático, son los que tienen que defendernos de dictadores como Vladímir Putin o Donald Trump, que precisamente desprecian a la Unión Europea por defender los derechos humanos y a las minorías, la cultura y el Estado social. Pero ser europeo requiere asumir los compromisos de la UE y no escurrir el bulto. Después de la pandemia, los fondos Next Generation llegaron como un maná y nos hemos acostumbrado a que Bruselas pague las facturas para continuar con el clientelismo político, que es el verdadero lastre de la economía española. Y sonroja oír que en España no hay una cultura bélica. Venimos de una guerra civil (que no fue la primera) cuyos ecos todavía resuenan en el Congreso de los Diputados gracias al postureo de los dos grandes partidos, PSOE y PP, que con sus actuales líderes no entienden de consensos. Y mientras nuestros políticos sigan derivando la responsabilidad, otros tomarán las decisiones. ¿Será a eso a lo que se refiere Pedro Sánchez, cuando habla de ceder soberanía? No nos imaginamos a los rusos cruzando los Pirineos, pero no tienen que molestarse si pueden lanzar un ataque híbrido o un misil que quizá acertemos a derribar con unas cuantas pancartas y un paraguas. Y siempre podremos recurrir al kit, donde no será necesario incluir una radio analógica con la que seguir oyendo tanta patochada.

IDEAL (La Cerradura), 30/03/2025

lunes, 24 de junio de 2024

Singularidades

Reconocer la singularidad de Cataluña en la financiación autonómica y encarar el problema regional español, como lo llamaba Ortega y Gasset, no tendría que ser un problema político, pero lo es cuando no se siguen los cauces legales para abordarlo. Si se quiere reformar el sistema de financiación autonómica, deberá convocarse el Consejo de Política Fiscal y Financiera para que estén presentes todas las comunidades autónomas, incluyendo a País Vasco y Navarra que, como Cataluña, deben participar en los mecanismos de solidaridad. El problema se plantea cuando se ponen parches y se hacen reformas parciales del sistema en función de las necesidades de gobernabilidad del Estado, sin abordar la cuestión en profundidad, sino por las urgencias del partido que quiere mantenerse en el Gobierno o que quiere ostentar el de la comunidad autónoma correspondiente. Pero España no se rompe por reconocer la singularidad de Cataluña, que es una realidad histórica, como las de País Vasco y Navarra. Otra cosa es que se quiera que en todas las comunidades autónomas se presten los mismos servicios públicos esenciales, independientemente de los sueños identitarios y del nivel de riqueza, algo que habrá que explicar a los ciudadanos sin recurrir a la demagogia. Crean más desigualdades los líderes obtusos que los que promueven la república de su casa. Reconocer la complejidad territorial de España es compatible con defender la unidad, siempre que se reconozca la singularidad territorial e individual. Porque quienes no reconocen las diferencias institucionales difícilmente respetarán los derechos y libertades fundamentales de los ciudadanos, ya sean de credo o de género. Unidad en la diversidad y un derecho que acoja a todos son la base de la UE y de cualquier Estado democrático. Los que defienden con tanto ahínco la Transición y la Constitución española deberían recordar que fue el fruto del acuerdo entre contrarios y que, en su texto, recoge las singularidades territoriales e institucionales de una manera específica: País Vasco y Navarra, sí, pero también Canarias y Baleares, por no hablar de Ceuta y Melilla. Podrían ser asimismo Barbate o Granada, ciudad singular entre las singulares y que, siendo de las más turísticas, es de las peor comunicadas.  A ciudadanos y políticos se nos llena la boca con la palabra solidaridad, pero la realidad es que no somos solidarios, incluso con los bienes más básicos, como el agua. Baste de ejemplo las reacciones a la decisión de ceder el excedente de agua de riego del pantano del Negratín a la provincia de Almería. ¿Singulares? Parecemos más bien egoístas y simplones.

IDEAL (La Cerradura), 23/06/2024

lunes, 17 de junio de 2024

Alternativas

Después de las elecciones europeas nuestros políticos han vuelto a ponerse sus gafas de realidad alternativa y repiten los mismos discursos, como si nada hubiera ocurrido. Da igual si hace una semana decían que iban a ganar las elecciones y las han perdido, caso de Pedro Sánchez; o de si asumen la derrota electoral para dimitir y continuar actuando como si no hubieran dimitido, caso de Yolanda Díaz; o de si ganan pero no por tanta distancia como habían previsto, caso de Alberto Núñez Feijóo, al que le crecen los enanos por la extrema derecha. Habrá que pensar en algo diferente para que cientos de miles de votos no vayan a los que parecen hermanos gemelos de “Chucky, el muñeco diabólico”. Los estrategas del PP, a los que parecen gustarles las películas de terror, utilizaron la película “Poltergeist” en 2018 para avisar de los peligros que podría traer Pedro Sánchez, como la niña de la película, señalando la pantalla del televisor: “Ya están aquí”. Pero ahí sigue, y asegura que continuará hasta 2027, aunque me imagino que ya estará pensando en un giro de guion con alguna puesta en escena melodramática para movilizar a los sufridos votantes del PSOE en unas próximas elecciones generales. ¿Se les podría ocurrir alguna propuesta sensata, para variar, que no pase por vender a saldo el Estado o sus instituciones? Los bárbaros hace tiempo que llegaron a Europa, pero no vemos el peligro, porque la idea de gobierno que tienen nuestros dirigentes no pasa por un proyecto español o europeo. Seguimos haciendo la vida de siempre, y a lo sumo exclamamos también un “ya están aquí” cuando vemos las hordas de turistas que nos impiden andar por el casco histórico. Porque subir las cuestas del Albaicín es como subir el Tourmalet, sólo que al final el premio es una cerveza cobrada a 8 euros con, eso sí, vistas a la Alhambra. ¿Nos habremos mudado, sin saberlo, a Nueva York? ¿Viviremos en un universo alternativo? En Granada, como hace 40 años, se sigue hablando de las conexiones ferroviarias. Quizá por eso “Se acabó la fiesta” ha sido el cuarto partido más votado en la provincia, como en el resto de España. “Tu voto es la respuesta”, era el eslogan del PP; “más Europa”, el del PSOE; “nos van a oír”, el de Vox; “así es la vida”, el de Podemos, como si hubieran previsto los resultados. Sin embargo, el porcentaje de participación en España no ha llegado ni al 50%. Sin alternativas reales y democráticas, la fiesta continúa.

IDEAL (La Cerradura), 16/06/2024

lunes, 10 de junio de 2024

Resultados

En el mes de junio vivimos pendientes de los resultados, sobre todo nuestros jóvenes. Exámenes finales, la PEvAU y las elecciones europeas, que quizá determinen el futuro de varias generaciones. En apenas cinco años, la UE ha dejado de ser un remanso de paz, y puede dejar de ser también un bastión de los derechos y libertades en el mundo si permitimos que la extrema derecha vuelva a tomar decisiones sobre nuestras vidas. Si España ha mejorado desde 1986 a 2024, buena parte del mérito se lo debe a la UE, más allá de nuestros dirigentes. Las políticas de desarrollo regional han transformado lo que era un país agotado por la dictadura y en vías de desarrollo, y resulta desalentador la poca perspectiva que tenemos de nuestra historia, que nuestros políticos actuales se empeñan en revivir. Ya nadie se acuerda de las hambrunas de la posguerra, pero ahora lo que tenemos es hambruna intelectual, y sólo hay que oír a nuestros portavoces en el Congreso, si es que alguien los escucha ya. Lo mismo que en España, en Europa falla la solidaridad. El miedo por la inmigración y la situación económica, jaleado por la extrema derecha y los partidos populistas, pueden provocar un cambio político hacia el individualismo y lo fragmentario, que es lo que desean quienes aspiran a su destrucción. Una Europa fuerte en los valores democráticos es la mejor defensa ante la Rusia de Putin o unos Estados Unidos de Donald Trump, y si no es así nos veremos abocados a un suicidio colectivo. El miedo al otro hace que Europa se tambalee, cuando sólo debe tener miedo de sí misma. Dos guerras mundiales y una guerra civil no han sido suficientes al parecer para que aprendamos. Como los estudiantes que se examinan estos días, tememos caer enfermos, no dormir bien, que se nos olvide la respuesta a la última pregunta, la que va a resultar decisiva. Podría ser la respuesta de hoy, cuando introduzcamos nuestro voto en la urna. Si les preguntasen sobre ello a los ciudadanos tal vez contestasen que confían más en las instituciones europeas que en las de su propio país. Sobre todo esos jóvenes que se examinan estos días y que han recorrido el continente gracias al programa Erasmus. Por mucho que nos empeñemos, estas elecciones no son sobre el Gobierno de España. Puestos a votar y visto lo visto, quizá una mayoría del electorado estaría dispuesta a entregar la soberanía a instituciones más altas. Si hay que celebrar los resultados, brindemos por Europa.

IDEAL (La Cerradura), 9/06/2024

lunes, 17 de abril de 2023

Renta

En el plazo de hacer la declaración de la renta, es también el momento de quejarnos sobre los impuestos que pagamos, sobre todo si el resultado es a ingresar y no a devolver. Entonces nos acordamos del Gobierno y de su familia, y echamos cuentas sobre lo que se ha gastado en cargos de libre designación, aunque de reojo miremos en nuestra cuenta corriente para ver los movimientos sobre restauración (que no de obras de arte) y en compras varias, que quizá coincidan con el Black Friday o los días de oro o con casi todos los días, según el nuevo calendario andaluz de los centros comerciales, que si no abren los domingos en tu propia casa debe ser por puro milagro. No es tiempo de acordarse de la sanidad, por supuesto, ni de otros servicios públicos esenciales, que deben financiarse quizá con el amor al arte, aunque éste sea un mercado en el que también abunde el fraude y la especulación. El mensaje sobre las señoras (y los señores, claro) que pagan demasiados impuestos es el de los economistas que no creen en los servicios públicos, y por economistas me refiero a los que piensan solamente en su propio bolsillo, lo que no tiene nada que ver con la capacidad económica de los ciudadanos. ¿Por qué ha cambiado su sede social Ferrovial a Países Bajos? Pues porque va a pagar menos impuestos, y da igual que esto lo decida Agamenón o su porquero. Hasta que la Unión Europea no establezca la misma imposición para las sociedades, las empresas correrán de un país a otro para tributar menos, diga lo que diga el presidente del Gobierno o el del consejo de administración de turno, incluidos todos los accionistas, que por cierto seguirán tributando en España por sus dividendos si son personas físicas, independientemente de dónde tenga la sede la empresa en cuestión, sea en los Países Bajos o en cualquier otro. Y quizá habría que explicar estas cuestiones a nivel político en vez de insistir en la demagogia. Contarles a los ciudadanos adónde van destinados los ingresos de sus tributos, pues si se trata de la sanidad, la educación y otros servicios esenciales, pondrán hasta mejor cara cuando se retraten al hacer su declaración del IRPF. ¡Qué alegría contribuir al sostenimiento de los gastos públicos si tenemos buenos gobernantes que además son buenos gestores! La política y la ideología se simplifican si nos fijamos a qué se destinan los ingresos tributarios. Otro criterio para decidir a quién votar en las próximas elecciones.

IDEAL (La Cerradura), 16/04/2023

lunes, 3 de octubre de 2022

Austeridad

En tiempos de crisis económica quizá no sea una buena idea subir los tipos de interés y predicar la contención del gasto público con una población tan desencantada que está dispuesta a votar a la extrema derecha, como ha ocurrido en Italia. Formaciones que pretenden proteger “lo nuestro” frente a amenazas reales o imaginarias, cuando la situación requiere que prime la solidaridad. Si la pandemia del covid-19 hizo que la UE congelase los criterios de convergencia y el principio de estabilidad presupuestaria para poner en marcha el programa de inversiones más importante de su historia, vivir una tercera guerra mundial, como es el caso, aunque no se diga abiertamente, debería quitarle de la cabeza a las autoridades monetarias la directriz de que los ciudadanos se aprieten más el cinturón. La UE y los estados miembros deben seguir invirtiendo en programas sociales si quieren sobrevivir a los embates populistas que llegan de dentro o de fuera de nuestras fronteras. No se trata de vivir como si no hubiera un mañana, pero es que ahora mismo el mañana no se ve. El cóctel guerra, precio de la energía y cambio climático no es que sea explosivo, es que ya hace tiempo que nos explotó en las manos gracias a Vladimir Putin, como los gaseoductos “Nord Stream”. Vivimos en un gran mercado mundial en el que obedecemos las normas del amigo americano, que lo fía casi todo al consumo interno y no cree en las políticas de austeridad. ¿Seguimos el ejemplo del socio americano o del alemán? Las decisiones económicas son siempre difíciles, y más cuando hay que poner de acuerdo entre sí a todos los socios comunitarios. Para complicarlo todo un poco más, en países como España tampoco se ponen de acuerdo el gobierno central y las comunidades autónomas ni éstas entre sí sobre cuál es la política fiscal adecuada. ¿Aumentamos los impuestos? ¿Los quitamos? ¿Gravamos las grandes fortunas? ¿Nos encomendamos a la diosa Fortuna?  Frente a la suerte y la demagogia, los Fondos “Next Generation” han sido la mejor noticia que han recibido gobiernos y ciudadanos europeos en mucho tiempo. Los servicios públicos hay que financiarlos, y una combinación de un sistema tributario justo con políticas sociales es lo que debe caracterizar a los países democráticos. Eso pasa por contribuir según la capacidad económica, ya sea en el IRPF o en el Impuesto sobre el Patrimonio. Lo demás es charlatanería, como Giorgia Meloni pidiendo el voto con dos melones en las manos. Vivimos entre la risa y el miedo.

IDEAL (La Cerradura), 2/10/2022

lunes, 25 de julio de 2022

Aclimatados

El cambio climático es una realidad tan incómoda en las conversaciones como las sucesivas olas de calor que encierran a la gente en sus casas, temerosa de enchufar el aire acondicionado o el ventilador, vayamos a que la factura le estalle en el banco y una catástrofe planetaria cuando se atreva de nuevo a abrir la ventana. Resignada por la realidad bélica, la UE ha dado marcha atrás con las políticas que pretendían detener el efecto invernadero, y ante el chantaje energético de Putin vuelve a recomendar el consumo de combustibles fósiles. Queremos ser verdes, pero no podemos. Mientras el planeta va destruyéndose, los seres humanos andan más calientes que nunca, esperando la menor provocación para desatar una hecatombe. Ahítos de adrenalina, los países han vuelto a competir en la carrera militar para el jolgorio de las industrias bélicas, que parecen haber hecho un pacto con el diablo para acabar con el pacifismo. “¡Carpe diem!”, exclaman algunos. ¿Qué será lo próximo? Si la evolución de los virus y los desastres climáticos nos invitan a vivir al día, quizá no hagamos más que precipitar ese proceso que habíamos imaginado tantas veces viendo películas y series que nos hablaban de la extinción. No nos gusta la realidad y consumimos más ficción que nunca, no queremos saber nada de desastres y mutaciones reales y nos libramos del miedo proyectándolo en plataformas como Netflix o Amazon Prime, en una oferta de canales tan inabarcable que uno consume todo el tiempo libre en decidir qué va a ver sin terminar de ver nada. “¡No me da tiempo!”, grita el friki en su sofá, y no se da cuenta de que el mundo se acaba. Alinea ante sí los mandos del televisor, de la consola y del aire acondicionado, y no es capaz de decidirse. ¿Es preferible morir de pantalla o de calor? Y junto a los dilemas aparecen las oportunidades. España se ha ofrecido como plataforma para transportar el gas al resto de Europa a cambio de no recortar el consumo en un 15% entre agosto y marzo, como pide la Comisión Europa. Actualmente, el 20% del gas que entra en España va a otros países de la UE, pero este porcentaje se puede aumentar, según explican desde el ministerio para la Transición Ecológica. ¿Se puede ser más incongruente? ¿No deberíamos llamarlo ahora ministerio para la Explotación Energética? La Asociación Española del Gas también está en contra de restringir la demanda de los hogares y la industria. ¿Será por dinero? España arde entera.

IDEAL (La Cerradura), 24/07/2022

martes, 7 de diciembre de 2021

Mitos

En una época de incertidumbre como la que vivimos, corremos el riesgo de que todo se sobredimensione y, al mismo tiempo, no les demos importancia a otras cosas que resultan empequeñecidas por las cifras y las amenazas que hoy llevan el nombre de las letras del alfabeto griego: alfa, beta, gamma, delta, ómicron. Son las variantes más peligrosas, del SARS-CoV-2, nos dicen los científicos, pero hay otras: épsilon, zeta, eta, iota, kappa, lambda… Nos hemos convertido en Odiseo luchando contra las maldiciones de los dioses del Olimpo. O en el mito de una tragedia autodestructiva. Porque lo que tienen en común las últimas variantes de la Covid-19 es que surgieron en países con un alto número de contagios y una baja tasa de vacunación: India (la variante delta) y Suráfrica (ómicron); países que propusieron a la Organización Mundial del Comercio (OMC) la exención temporal de las patentes que protegen la propiedad intelectual e industrial de las vacunas para que éstas llegaran a todo el mundo. Una propuesta que contó con el apoyo de Estados Unidos, pero no de la Unión Europea, donde Alemania y otros países tienen intereses económicos en la comercialización de las vacunas, los mismos países que, curiosamente, se están viendo obligados a tomar medidas más restrictivas por la propagación de estas dos últimas variantes. A esto lleva la insolidaridad. Porque, para mutar, el virus sólo necesita un cuerpo humano con un sistema inmunitario débil, y le da igual si el ser humano en cuestión es rico o pobre. Los países ricos, que son los que tienen una mayor tasa de vacunación, apenas representan el 15% de la población mundial. ¿Pueden defenderse de todas las variantes del virus que penetrarán por sus fronteras? No deberían existir patentes sobre las vacunas, que aunque sean elaboradas por empresas privadas han sido subvencionadas con dinero público. Como mucho, podría compensarse económicamente a las compañías, poniéndole un precio al bien común. Pero las cuestiones de salud pública y derechos humanos no deberían estar en manos privadas. La humanidad debe encaminarse a un poder político mundial que no dependa de las decisiones de los grandes grupos empresariales, algo de lo que la UE se ha convertido en paradigma, a pesar de todas sus cosas buenas. El alfabeto griego y el mito de Europa deben servir para algo más que ponerle nombre a nuestros miedos. A ver si va a resultar que, después de todo, a la diosa no la rapte Zeus, sino un nuevo virus mutado por la avaricia del capital financiero.

IDEAL (La Cerradura), 5/12/2021

lunes, 15 de noviembre de 2021

Guerras frías

Según Josep Borrell, los ciudadanos europeos no saben que están en peligro, aunque hayan recibido 750.000 millones de la UE para paliar los estragos de la covid-19. Bielorrusia amenaza a Polonia y a sus socios con cortar el suministro de gas, además de contar con la amistad del presidente ruso, Vladimir Putin, que a estas alturas parece sacado de una novela de John le Carré, “El espía que surgió del frío”. Porque claro, uno se acostumbra a cargarse a los enemigos, y después de la Perestroika da igual que se trate de un opositor político o de un país opositor. Aquí lo vemos a pequeña escala, en partidos como el PP, donde el alcalde de Madrid y la presidenta de la misma comunidad son enemigos íntimos. “Va”, pues le cortamos la cabeza para que no sea presidente/a. “Te lo juro por Aznar el resucitado y por Snoopy el olvidado”. No ganamos para disgustos, y después de afrontar la guerra vírica lo mismo tenemos que enfrentarnos a una guerra convencional, eso que pensábamos que era cosa de los abuelos fanáticos. Menos mal que ahí tenemos a Europa que, entre tanta incertidumbre, nos riega con maná. Al fondo “Next Generation UE” se han acogido todos los países europeos con los brazos abiertos. No es para menos, si hasta hemos congelado la estabilidad presupuestaria. Ni déficit ni reglas de gasto. Aquí estamos para pagar lo que haga falta. ¿Alguien se acuerda ya del debate que generó la reforma del artículo 135 de la Constitución Española? Entonces se dijo que la constitucionalización de la obligación de las Administraciones públicas de tener que dar prioridad absoluta en sus presupuestos al pago de los intereses y del capital de la deuda pública sobre otras inversiones sacrificaba derechos constitucionales como la protección social. Que se trataba de dotar de dinero al capital financiero y que implicaba que cualquier proyecto progresista alternativo al neoliberalismo quedaba fuera de la Constitución, etc. A veces la cruda realidad desmonta cualquier previsión, y eso ha ocurrido con el control del déficit y la deuda pública, que eran un modo de garantizar la sostenibilidad económica y social de los países europeos. ¿Nos habíamos equivocado antes o nos equivocamos ahora? ¿O sólo nos adaptamos a las circunstancias? De estas cosas debería hablarse más en el parlamento y trasladarlas al debate público, más allá de la reforma laboral, la aprobación de la ley de presupuestos o el cálculo de las pensiones. ¿Una guerra con Putin? Anda ya. Antes viene Santiago a cerrar España.

IDEAL (La Cerradura), 14/11/2021

martes, 27 de julio de 2021

Libertad o supervivencia

Mientras las comunidades autónomas vuelven a imponer restricciones por el aumento de contagios por covid, los inmigrantes asaltan de nuevo la valla de Melilla en busca de una libertad más imaginada que real. Enarbolan palos y piedras para enfrentarse a la policía, y los que logren pasar se arrastrarán hasta el CETI, donde permanecerán al menos dos semanas en cuarentena. Un encierro soñado que contrasta con el temor de los ciudadanos españoles al confinamiento, a que sea tan solo un espejismo la recobrada libertad. De hecho, si uno pasea por la calle, se dará cuenta de que la mayoría de la gente sigue llevando la mascarilla, aunque ya no sea obligatorio al aire libre. Los que caminan con la cara descubierta parecen revolucionarios, habitantes de un planeta extraño, donde no existe el miedo. ¿No está más del cincuenta por ciento de la población vacunada? Este verano sólo viajarán los intrépidos, mientras muchos, si es que pueden, se tomarán vacaciones sin salir de casa. Porque tememos que las restricciones nos pillen fuera de nuestro refugio. Los europeos asisten con incredulidad a las medidas contradictorias que sus países adoptan contra la pandemia. Italia exige el certificado de vacunación o una PCR para entrar en los locales de hostelería, mientras que Boris Johnson ha proclamado la normalidad, pese a las críticas de la comunidad científica. Los ciudadanos se mueven entre las fronteras como si se encontrasen en una ratonera, porque los gobiernos quieren fomentar el turismo para recuperar la economía y al mismo tiempo frenar los efectos de las nuevas variantes del coronavirus. Viajen y disfruten, nos dicen, la vida es bella, pero también que será necesaria una tercera dosis de la vacuna para seguir generando anticuerpos. Utilizamos ya el lenguaje de la ciencia ficción, y mientras Jeff Bezos malgasta recursos para darse un garbeo por el espacio, los inmigrantes asaltan con garfios las murallas españolas, como en la Edad Media. Por eso el Gobierno estudia si incluir a Ceuta y Melilla en la Unión Aduanera, para que sea Frontex, la policía europea, la que se haga cargo del problema. ¿No sería mejor integrar a Marruecos en la UE, como el reino alauita pidió en 1987? Llevar las fronteras hasta los confines del Sáhara alejaría aún más el problema. Las riberas del Mediterráneo comparten una tradición común que hermana los continentes. Pero en democracia lo importante es poder ejercer los derechos. ¿Viajo o no viajo? Quizá lleguemos a aprender como tantos subsaharianos que esta no es una cuestión de libertad, sino de supervivencia.

IDEAL (La Cerradura), 25/07/2021

domingo, 19 de marzo de 2017

Dignidad europea

La política convierte a veces la historia en una caricatura y, apropiándosela, cuenta una historia peor, tergiversada según la propia conveniencia y vaciándola de contenido. Lo hemos comprobado esta semana, en la que media Europa ha respirado aliviada por la derrota de la ultraderecha en las elecciones de Holanda. Hemos empobrecido tanto el discurso que la política se ha convertido en una mascarada de fantoches con un programa maniqueo sobre los buenos y los malos, que son todos aquellos que piensan de una manera diferente y personifican nuestros temores. Curiosamente, estos fantoches se tintan el pelo de rubio: Geert Wilders, Marin Le Pen o Donald Trump aparecen siempre oxigenados, como si fueran muñecos de la raza aria. Y quizá quiera tintárselo también Frauke Prety, de Alternativa para Alemania. No creo que lo haga Pablo Iglesias, pero se ha equivocado al defender el mismo discurso localista y antieuropeo en el parlamento español, pues la única manera de enfrentarse al fanatismo es trabajar por la integración de Europa y defender los valores democráticos. Sin las políticas y las ayudas de la UE, España seguiría siendo un país subdesarrollado, y negar los beneficios del proyecto europeo no es el camino para cambiar la políticas económicas y sociales que efectivamente lo están lastrando ahora. Ni es un camino de éxitos, como ha dicho Rajoy, porque ha empobrecido a miles de europeos, ni todo lo contrario. El problema es que el proyecto de la UE se identifica por buena parte de los ciudadanos con el capital financiero, y no con los derechos humanos. Pero bastaría, para cambiar esa percepción, que las instituciones europeas pusieran el mismo empeño en acabar con la tragedia de los refugiados que llegan a sus fronteras que el que ponen en que los países miembros cumplan los criterios de convergencia. En ese sentido, resulta aleccionador acudir a la exposición “La itinerancia de los refugiados a través de Europa”, organizada por la Alianza Francesa de Granada y la AFP (Agencia France Press), y que podemos ver hasta el día 7 de abril en la Fundación Euroárabe. Son fotografías que han salido en prensa, pero que quizá entonces nos pasaron desapercibidas. Porque, observándolas, uno comprende que es toda la humanidad la que es apaleada en las fronteras o encerrada en campos de concentración. Cualquiera de nosotros podría ser el hombre que se quema a lo bonzo, esa mujer que besa a otra a través de una verja o aquel niño que, a pesar, de todo, sonríe con optimismo. Si protegemos la dignidad de las personas, protegeremos Europa.

IDEAL (La Cerradura), 19/03/2017

domingo, 19 de junio de 2016

Partidos

La celebración de la Eurocopa de fútbol, además de goles y partidos de las grandes selecciones, nos está mostrando que el peligro al que se enfrenta Europa es la violencia, independientemente de dónde provenga. Aunque la amenaza yihadista sea un hecho, los ultras de países como Rusia, Eslovaquia, Gales o Inglaterra, nos recuerdan que la serpiente la tenemos dentro del continente, dispuesta a ocupar cada vez más espacio mediático y político, y que aprovecha para ese fin la celebración de este evento deportivo. Porque Europa se tambalea ahora mismo, y de eso son conscientes los extremistas. Sin más identidad que la que marca el capital financiero, la actuación de las autoridades de la UE ante la crisis de los refugiados y el pavor a la salida de Reino Unido, nos muestran a una diosa vacilante, a un delantero patoso como Julio Salinas, que aunque se hacía un lío con las piernas, a veces era capaz de meter un gol. No sé si esa es la Europa a la que se refiere el nuevo dueño del Granada Club de Fútbol, Jiang Lizhang, que augura al equipo un futuro de éxitos deportivos. Los hinchas lo ven como una especie de rey Midas, que traerá fichajes rutilantes para avanzar en las competiciones deportivas, pero él, como empresario, sólo ve una oportunidad de negocio, que es en lo que consiste actualmente el mundo del fútbol. La prensa rosa del balón se llena estos días de grandes cifras y grandes nombres, pero con lo que cuestan un par de fichajes de clubes como el Madrid o el Barcelona, se podrían costear muchos servicios públicos, y no digamos con el sueldo de algunas estrellas que, fuera de los campos de fútbol, revelan casi un encefalograma plano. “Mi papá, mi papá”, balbucean. Y el papá club les sube el sueldo y asume las obligaciones con Hacienda. Y todo para que durante noventa minutos nos podamos olvidar de nuestros problemas con el espectáculo de ver a esos tipos hechos y derechos corriendo en calzoncillos tras una pelota. Pero, en fin, peor es el espectáculo de la campaña electoral, que hay quien la plantea también como si fuera una estrella que se postula al mejor postor. Porque lo de Pablo Iglesias es como lo de Figo, que se fue del Barcelona al Real Madrid. Él es comunista, progresista, unionista, socialista o zapaterista, lo que haga falta, como una especie de Rasputín, dispuesto a hacer el gran truco de magia de la política española. Su más potente mensaje electoral es: ¡Abracadabra!

IDEAL (La Cerradura), 19/06/2016