Si pudiéramos rebobinar el reloj del tiempo, tendríamos que buscar el momento en que el mundo iba a convertirse en un patio de colegio privado malo, donde los matones se retan e imponen la fuerza bruta, porque carecen de cerebro. Y podría parecer una caricatura con Chucky, el muñeco diabólico, ejerciendo de presidente de USA, y con su amigo Freddy Krueger en el de Rusia. Y con ese no se mete, no, vayamos a que le suelte un buen sopapo, sino que le pega al gordito venezolano, que sólo acertaba a masacrar a los de su clase. Se ve que el patio americano ofrece recursos energéticos por el sur y minerales raros por el norte, por lo que siembra el terror entre los debiluchos que creen que hay que respetar las reglas. Y todo porque en realidad a quien teme es al gigante chino, que ha resultado ser mucho más simpático que él dentro del patio mundial, donde la mayoría de los parvularios lo que quieren es que les dejen trabajar y jugar tranquilos. Haría falta una buena profesora para poner orden entre tanto niñato americano y europeo que no se atreve a plantarle cara. Sólo Pedrito dice esta boca es mía, pero ya no se sabe si lo dice de verdad o no, que se ve que no atendió el día que contaron el cuento del pastor mentiroso. Quizá pudiera hacerlo la señora Úrsula von der Leyen, que preside el sector europeo y fue ministra de defensa de los alemanes. Es una lástima que el mundo no sea realmente un patio de colegio, pues los matones sólo entienden un lenguaje y la señora von der Leyen, que es médico, debería ponerles unas cuantas inyecciones en el culo. No podemos preguntarles a los rusos y a los chinos, que no viven en países democráticos, pero en USA, que lo era, y visto lo visto, ¿estarán contentos los ciudadanos que votaron al partido republicano? ¿Forman también parte de la pandilla callejera? Quizá la solución se encuentre en el propio patio norteamericano, donde no sería la primera vez que los oprimidos por los matones de turno se unen para arrinconar a los violentos y alcanzar la paz colectiva. Porque el asunto está en respetar o no la soberanía de cada parte del patio, y quienes aplauden al matón, como Santiaguito, Isabelita y compañía estarían dispuestos a entregársela sin pestañear. Quienes lo apoyan o no defienden a los débiles no son de fiar. Antes o después te traicionarán. Eso lo sabe cualquier niño del colegio.
IDEAL (La Cerradura), 11/01/2026
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