lunes, 7 de junio de 2021

Consumo

Publicidad y demagogias aparte, incluso dejando de lado la geografía política (el populismo rampante de derecha e izquierda), para comprobar de manera objetiva la ideología de un gobierno, sólo hay que fijarse en su política tributaria, y concretamente en los impuestos que gravan el consumo, considerados regresivos porque se pagan independientemente de la capacidad económica del contribuyente. Si en el IRPF, por ejemplo, se tienen en cuenta el nivel de renta y las circunstancias personales del sujeto pasivo, no ocurre lo mismo en el IVA, que en España tiene uno de los tipos impositivos más altos de la Unión Europea, y que lo pagan igual los ricos y los pobres, aunque graven servicios esenciales como el consumo de energía. Si al agua se le aplica un tipo reducido del 10%, lo mismo debería ocurrir con la luz, aunque en mi opinión debería aplicársele el tipo súper reducido del 4%, como a los alimentos básicos, o incluso estar exentos del pago de este impuesto. El consumo de energía está sobre gravado en España, claramente hay doble e incluso triple imposición económica, algo que debería ser ilegal, y probablemente sea inconstitucional. Así que la idea peregrina del Gobierno de modificar las tarifas de la luz para encarecer exponencialmente las facturas de las familias no sólo revela poca sensibilidad con las economías domésticas, sino incluso mala fe, cuando nos encontramos en una de las peores crisis económicas que se recuerdan. ¿Para quién, exactamente, gobiernan? ¿Para las compañías eléctricas y las entidades financieras? Pedir a los ciudadanos que desplacen el consumo eléctrico a la madrugada, no sólo es denigrante, como ha denunciado FACUA, sino que sólo se le puede ocurrir a un inconsciente. ¿Las nuevas tarifas incluyen también una nueva regulación del mercado laboral y de los horarios profesionales para trabajar de madrugada? ¿Vamos a dormir durante el día a partir de ahora? ¿El coronavirus nos ha transformado en una nueva especie de vampiros como novelaba Richard Matheson en “Soy leyenda”? Sin duda, lo peor de este Gobierno es el cinismo con el que se defienden medidas que atentan contra el mero sentido común, como hemos visto también desgraciadamente en la gestión de esta pandemia. Quizá puedan permitirse el cinismo con el problema catalán, o con la entrada-salida esperpéntica de Brahim Gali de España, despreciando al vecino marroquí, pero no se puede admitir cuando hablamos de la salud o de las necesidades básicas de los ciudadanos. Este no es un gobierno progresista, sino regresivo. ¿Un gobierno Frankenstein? No hay energía suficiente para resucitar a este monstruo.

IDEAL (La Cerradura), 6/06/2021