lunes, 11 de octubre de 2021

400 euros

Mi hijo se ha llevado un chasco al saber que el Gobierno no le va a dar a él 400 euros cuando cumpla 18 años. “Es una medida que va en la ley de presupuestos de 2022”, le digo con el tono grave de la cruda realidad, “por lo que se los darán a los que los cumplan el año que viene. Pero lo mismo sí te puedes beneficiar de la ayuda de 250 de alquiler para los que quieren independizarse”, le dejo caer. “Ja, ja”, se ríe irónicamente, por lo que deduzco que a él le hacía ilusión tener pasta para libros y pelis, pero no tanto irse de casa. Está bien que, a falta de tradición cultural y democrática, Pedro Sánchez quiera volvernos europeos a golpe de talón. O quizá vikingos, pues en los países nórdicos te dan ayudas y un piso cuando alcanzas la mayoría de edad. ¡E incluso te dan trabajo!, que es un detalle importante para poder ganarse la vida. Porque entre la renta básica y ayudas varias, hay quien cree que ya no va a tener que dar nunca un palo al agua. ¡Qué suerte tienen los que cumplan 18 años en el 2022! De la generación Ni-ni (ni estudia ni trabaja) vamos a pasar a la generación Pa-pa (paga papá Estado). Todo lo que sea ayudar a los jóvenes es positivo, pero quizá también habría que preocuparse por desarrollar proyectos a largo plazo, como transformar un mercado que ahora sólo les ofrece trabajos eventuales, sueldos irrisorios y muy pocas perspectivas en un país que sigue sin invertir lo suficiente en ciencia y conocimiento, desarrollo industrial y tecnológico, y cuyo mayor incentivo para el capital extranjero siguen siendo la especulación inmobiliaria y el turismo. De los 458.970 millones de euros de gasto público presupuestados para el año 2022, el 53% irá para las pensiones, las prestaciones por desempleo, el sueldo de los funcionarios y los pagos en intereses de la deuda. ¿Y el futuro? Políticos y partidos deberían trabajar por un modelo de país, independientemente de quién gane las elecciones. En cuestiones básicas como sanidad, educación y derechos sociales, y también sobre la organización territorial y economía, debería haber un pacto de Estado. No es ninguna quimera, pues este país ya hizo ese pacto en la transición democrática, que hay que renovar. Lamentablemente, en España no solemos poner en valor lo que hacemos bien, algo de lo que sí están deseosos esos jóvenes. Mientras no se haga, esos 400 euros serán como los 400 golpes.

IDEAL (La Cerradura), 10/10/2021

lunes, 4 de octubre de 2021

Carne

La preocupación por la salud y el cambio climático genera debates dialécticos. “Bicicleta, esto es una acera”, leo en el camino de las Vacas. “Vete a la carretera”, concluye el mensaje, escrito en el suelo con pintura negra. “¿Esto no es un carril bici?”, ha escrito otro justo después con pintura roja, a quien imagino pedaleando furiosamente. Al menos se resisten al chuletón al punto. No como el presidente Sánchez que, para mediar entre el ministro de Consumo, Alberto Garzón, y el de Agricultura, Luis Planas, no se ha decantado por uno ni otro, sino por la carne. Es comprensible, aunque Garzón haya pedido reducir su consumo para frenar el cambio climático. ¿No habría que reducir también la producción masiva de corporaciones y países, las emisiones de dióxido de carbono, los mensajes tóxicos que emiten algunos políticos como si fueran volcanes? La lava del de la Palma va a ampliar el territorio español, que seguramente esté presto a defender Santiago Abascal, quien tiene pinta de comer muchas proteínas. Y es que en esto no se ponen de acuerdo científicos y médicos. Los huevos son excelentes. O no. Una copa de vino al día es muy buena para la salud. O no. Las grasas son malas para el organismo. O no. Porque la mayor parte del cerebro humano está formado por materia grasa, por lo que habría que comer jamón con su tocino. ¿Quién puede renunciar en España al jamón serrano? Este podría ser un buen lema para unir a los partidos. Incluso a las comunidades autónomas, si lo comemos con “pan tumaca” y un poco de butifarra, como hacía Jordi Pujol. También el deporte puede ser bueno o malo para la salud según como se practique, y fuera de las guerras entre ciclistas y andarines en la Vega de Granada hay un espacio personal que se encuentra entre el placer y el esfuerzo, aunque haya quien altere el orden y corre diez kilómetros para luego tomarse unas cervezas con sus tapas variadas sin cargo de conciencia. La carne y el ejercicio siempre han formado un círculo vicioso. Cuanto más ejercicio, más hambre y, dependiendo del ejercicio, más bocas que alimentar. Yo no lo tengo claro, salvo porque cada uno es hijo de su tiempo y es muy difícil cambiar los hábitos con los que te has educado. Pero, para cambios, los climáticos. Dicen que los volcanes acabaron con los dinosaurios, para los que los seres humanos no seríamos más que un aperitivo. ¿Nuestro mundo se acaba? Carpe diem.

IDEAL (La Cerradura), 4/10/2021