lunes, 10 de junio de 2024

Resultados

En el mes de junio vivimos pendientes de los resultados, sobre todo nuestros jóvenes. Exámenes finales, la PEvAU y las elecciones europeas, que quizá determinen el futuro de varias generaciones. En apenas cinco años, la UE ha dejado de ser un remanso de paz, y puede dejar de ser también un bastión de los derechos y libertades en el mundo si permitimos que la extrema derecha vuelva a tomar decisiones sobre nuestras vidas. Si España ha mejorado desde 1986 a 2024, buena parte del mérito se lo debe a la UE, más allá de nuestros dirigentes. Las políticas de desarrollo regional han transformado lo que era un país agotado por la dictadura y en vías de desarrollo, y resulta desalentador la poca perspectiva que tenemos de nuestra historia, que nuestros políticos actuales se empeñan en revivir. Ya nadie se acuerda de las hambrunas de la posguerra, pero ahora lo que tenemos es hambruna intelectual, y sólo hay que oír a nuestros portavoces en el Congreso, si es que alguien los escucha ya. Lo mismo que en España, en Europa falla la solidaridad. El miedo por la inmigración y la situación económica, jaleado por la extrema derecha y los partidos populistas, pueden provocar un cambio político hacia el individualismo y lo fragmentario, que es lo que desean quienes aspiran a su destrucción. Una Europa fuerte en los valores democráticos es la mejor defensa ante la Rusia de Putin o unos Estados Unidos de Donald Trump, y si no es así nos veremos abocados a un suicidio colectivo. El miedo al otro hace que Europa se tambalee, cuando sólo debe tener miedo de sí misma. Dos guerras mundiales y una guerra civil no han sido suficientes al parecer para que aprendamos. Como los estudiantes que se examinan estos días, tememos caer enfermos, no dormir bien, que se nos olvide la respuesta a la última pregunta, la que va a resultar decisiva. Podría ser la respuesta de hoy, cuando introduzcamos nuestro voto en la urna. Si les preguntasen sobre ello a los ciudadanos tal vez contestasen que confían más en las instituciones europeas que en las de su propio país. Sobre todo esos jóvenes que se examinan estos días y que han recorrido el continente gracias al programa Erasmus. Por mucho que nos empeñemos, estas elecciones no son sobre el Gobierno de España. Puestos a votar y visto lo visto, quizá una mayoría del electorado estaría dispuesta a entregar la soberanía a instituciones más altas. Si hay que celebrar los resultados, brindemos por Europa.

IDEAL (La Cerradura), 9/06/2024

lunes, 3 de junio de 2024

Concordia

No sé cuántos de nuestros jóvenes acudirán a los periódicos o a los programas de televisión para informarse, me imagino que pocos, pues si hablamos de medios de comunicación las brechas generacionales son cada vez más grandes. En un contexto bélico, Rusia basa buena parte de su estrategia en la desinformación, y el resurgir de Donald Trump en USA a pesar de sus condenas judiciales demuestra lo permeable que es una parte de la población a los bulos que corren por las redes sociales. Entre la desigualdad económica y la falta de coherencia de nuestros líderes políticos, algunos ciudadanos sienten hostilidad hacia el sistema vigente, y es ahí donde encuentran los votos personajes como Javier Milei en Argentina o Santiago Abascal en España, a los que en realidad les importan poco las instituciones democráticas, por lo que no dudarían en asaltar el Congreso como Trump el Capitolio. Es el harakiri que se está haciendo el partido republicano en aquel país, aun a riesgo de transformar en una pesadilla el sueño americano. Si atacas a las instituciones está claro que no tienes la capacidad para gobernarlas. Aunque hay quien piensa lo mismo de Pedro Sánchez o Alberto Núñez Feijóo, gracias al discurso plano que ambos mantienen sobre los buenos y los malos, incapaces de encontrar un espacio político para el acuerdo, aunque esto sea lo que demandan los ciudadanos. “¡A la mierda!”, ha exclamado en el Congreso Yolanda Díaz, refiriéndose quizá al fango del que tanto habla el presidente del Gobierno, salpicando y salpicándose el vestido. Porque quizá lo de Yolanda Díaz sea un pensamiento general, compartido por muchos ciudadanos que exclamarían lo mismo si les preguntaran por los poderes del Estado que nuestras señorías representan. No debe de ser agradable vivir en esa tensión permanente, peleado con el contrario y con uno mismo. ¿O es sólo teatro? Hasta hace poco hubiera sido inadmisible utilizar un término como el de Yolanda Díaz en el Parlamento o en los medios de comunicación, pero confundidos estos con las redes sociales los filtros desaparecen. Ejercer la política o el periodismo supone precisamente aplicar un filtro profesional, que no tiene que estar necesariamente sesgado por las propias opiniones o las directrices del partido. Esta semana se ha aprobado la Ley de Amnistía en el Congreso de los Diputados. Qué bueno sería que no se aplicase sólo a una parte de nuestra clase política y volviéramos a la concordia. Ni el pasado está muerto ni está el mañana escrito. Así recordaba Adolfo Suárez a Antonio Machado en la Transición.

IDEAL (La Cerradura), 2/06/2024