En los partidos políticos españoles suele practicarse el enchufismo con mayor maestría que cualquier electricista, y a falta de intelectuales abundan también los fontaneros que tratan de arreglar las cloacas del Estado, según relatan las crónicas periodísticas. Uno ya no puede encontrar técnicos de electricidad o fontanería para las averías domésticas, pero podríamos pedirlos prestados al Gobierno de la nación o de algunas comunidades autónomas, que al parecer destinan muchas energías a colocar a los afines en las instituciones del Estado o a criticarlas según sople el viento judicial. Puede ser el novio de Isabel Díaz Ayuso o el hermano de Pedro Sánchez, pero cuando la UCO da por probada una actividad delictiva o un tribunal dicta una condena por prevaricación no se puede hablar de una campaña de acoso y derribo. “Sin familia me iría mejor”, deben pensar, y acudirán nerviosos a los encuentros fraternales, pues no saben nada de otorgar contratos, cargos o cátedras prescindiendo del principio de igualdad, los méritos y otras menudencias que deben regir los concursos públicos, y no los lazos familiares e ideológicos. Las imputaciones y las condenas se suceden en el círculo de Pedro Sánchez, y no debería bastar con echar balones fuera. No como la selección española de fútbol, que sí está de verdad enchufada en el Mundial, y que acapara el foco mediático. Es la excusa perfecta para no hablar de lo que se tiene que hablar, y también para hablar de más, como le ha ocurrido al expresidente Mariano Rajoy, que además de comentarista de fútbol debe de ser experto en árboles genealógicos, pues duda de la pureza de la sangre de los jugadores franceses. Es lo que pasa con la política y el fútbol, que vuelven a la gente daltónica. ¿Se habrá dado cuenta Rajoy de que la estrella de la selección española, Lamine Yamal, es de ascendencia marroquí? ¿O creerá que el rubio de su pelo es natural? Vaya, hombre, ya estamos aguando la fiesta. Que no, que no. Si el partido de esta noche está chupado. Si a enchufar la pelota, al hermano, la mujer, el novio o la novia, el cuñado, el sobrino o el amigo, no nos gana nadie. Uno coge el esférico en la portería patria y empieza a regatear argentinos hasta llegar a la portería contraria, dribla en último lugar al portero y marca a puerta vacía. Eso es colocar a alguien en un destino. Y si lo hace Lamine Yamal, incluso Mariano Rajoy alabará a sus padres. Todo sea por conseguir el éxito. A eso se llama enchufar.
IDEAL (La Cerradura), 19/07/2026