lunes, 6 de abril de 2026

Cánticos

Vivimos en un país laico, salvo cuando juega la selección española de fútbol con Egipto, y parte de la grada empieza a cantar “musulmán el que no bote”, insultando al equipo contrario, pero también a jugadores españoles como Lamine Yamal. Nadie parece laico en Semana Santa, donde la gente recupera el fervor durante unos días y apenas se puede pasear por las calles del centro de Granada, ocupadas por gradas y bancos alquilados por particulares, aunque se trate del dominio público. Equipados con planos, móviles y horarios, devotos y turistas han perseguido los pasos que ya se pierden en el calendario hasta el año que viene. Otros se han perdido en la playa o han buscado la santidad en la Alpujarra, rodeados de animales y naturaleza como san Francisco de Asís, y hace falta ser bastante santo en los tiempos que corren, donde la luna llena fue roja en la madrugada del jueves. También los candidatos a las elecciones andaluzas han perseguido esta semana las procesiones, pues al parecer tampoco puede entenderse la política sin la religión, los dos grandes temas que los mafiosos prohíben discutir en la mesa. Se consiguen más votos entonando una saeta que dando un mitin. Aunque hay costumbres que no cambian al ritmo de los tiempos. En la Cofradía de la Puríssima Sang del Nostre Senyor Jesucrist de Sagunto, por ejemplo, no se deja participar a mujeres, quizá porque fue fundada en el siglo XV y los estatutos, que se han intentado reformar tres veces, son de la época de la dictadura. ¿Dónde está la igualdad y la no discriminación por razón de sexo? En esto de imponer ritos y costumbres somos maestros en España, porque en la religión, como en la política, abundan quienes dicen una cosa y luego hacen la contraria. Lo mismo ocurre en el fútbol, que resultaría mucho más interesante con equipos mixtos, aunque no sé cómo terminarían los partidos, teniendo en cuenta cuánto cafre hay dentro y fuera del campo. “Somos un pueblo que camina, que marcha por el mundo buscando otra ciudad. Somos errantes peregrinos en busca de un destino…” Es un cántico de la Cuaresma, que me recuerda el “You’ll never walk alone”, himno del Liverpool y otros equipos de fútbol. “Camina con esperanza en tu corazón y nunca caminarás solo. Camina a través del viento, camina a través de la lluvia, aunque tus sueños se rompan en pedazos”. Para algunos, el deporte es religión. Ojalá las guerras religiosas se entablasen sólo en los campos de fútbol.

IDEAL (La Cerradura), 5/04/2026

lunes, 30 de marzo de 2026

Borriquillos

“A ver, ¿cuántas etnias hay en Irán? ¿Sabe situar este país en un mapa?” ¡Pasa palabra! “Sí, los misiles que lanza Irán llevan su cara impresa”. ¡Pasa palabra! “Usted es muy valiente con los huevos de los demás”. ¡Pasa palabra! No son frases del concurso de televisión ni de la película “Torrente presidente”, sino de Pedro Sánchez, Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal en el Congreso de los Diputados, tampoco en el patio de un colegio de primaria, donde es común escuchar los insultos de “matón” y “perdedor”. Santiago Segura se podría ahorrar muchos recursos si se va simplemente a filmar en las instituciones donde se desarrolla –es un decir- la política española. El problema será buscar un argumento, pues parece no haberlo, fuera de la descalificación personal. Lo mismo vuelven a aparecer las pistolas en el Parlamento, como en el 23-F, que es lo único que les falta esgrimir a algunos, a falta de educación, cultura e inteligencia. No sé si terminarán detenidos como ese vecino de Castell de Ferro que pateó a su pareja en la calle, o arrinconados por la policía montada que recorre las calles de Almanjáyar como si fuera el lejano Oeste. A eso aspiraban los golpistas. Pero sí, son maneras de salón y pistoleros a las que se han acostumbrado nuestros políticos, imitando a ese Donald Trump al que tanto dicen detestar, que ejerce el papel de sheriff de pacotilla. En ese contexto, destaca la actitud de Juanma Moreno, que acaba de convocar elecciones en Andalucía y pide al PP “humildad frente a quienes se sienten poderosos”. Nada más que por las formas se convierte en un modelo a seguir de puro contraste, lo que le haría imbatible si realmente fuera un buen gestor de lo público, algo que, lamentablemente, no ha demostrado con la sanidad andaluza. Esa es la batalla que le ha planteado la candidata socialista María Jesús Montero que, aun siendo médico y exministra de Hacienda, no puede dar tampoco lecciones de números, viendo cómo ha diseñado a la carta el sistema de financiación autonómica no por el interés común, sino de la gobernabilidad. No es de extrañar que los ciudadanos esperasen con alegría la llegada de este Domingo de Ramos y se dispongan a perseguir procesiones por si cae un milagro del cielo. Como que nuestros responsables públicos nos traigan la buena nueva a lomos de una borriquilla. Visto lo visto, es más fácil que se tiren las palmas a la cabeza o que salgan en procesión al grito de “¡borriquillos!”.

IDEAL (La Cerradura), 29/03/2026

lunes, 23 de marzo de 2026

Los malos

Estaría bien que los ciudadanos llamáramos a las cosas por su nombre, desechando cualquier tipo de eufemismo, lo que quizá nos ayude a tener una mirada más clara sobre el mundo. Y podríamos empezar por la maldad, que campa a sus anchas porque hay gente que la ejerce sin complejos y otros que los apoyan. Que Donald Trump parezca la personificación del Anticristo en la película “La profecía” ya no resulta una novedad, pero sí oír a sus acólitos, en USA o en España. “Hace falta dinero para matar a los malos”, ha dicho el secretario de Defensa de Estados Unidos, Peter Hegseth. Gente que cree que se puede justificar la masacre de países y seres humanos por meros impulsos personales, o llevar el terror a las ciudades o al propio barrio promoviendo la caza de inmigrantes. “Tenemos que echar a unos 600.000 inmigrantes al año”, dice Santiago Abascal. Quizá pensarían de otra manera si fuera a ellos a los que metieran en una cárcel, si mataran a su mujer o a sus hijos, si les disparasen en cualquier calle de Gaza. Gracias a Trump, USA se ha convertido en el país más desagradable para vivir o visitar, pues en nombre de la ley y el orden se imponen los deseos de un ególatra. De paso ha incendiado el planeta, pero parece dispuesto a continuar haciéndolo. Si en una película escucháramos decir a un presidente que va “a seguir bombardeando Irán por diversión” o “puedo hacer con Cuba lo que quiera”, lo situaríamos en un psiquiátrico o en cualquier bodrio de la serie Z. Las personas que lo apoyan en España también nos dan una medida exacta de su falta de humanidad. Desde quienes lo hacen abiertamente hasta quienes toman posturas más “pragmáticas” o ambiguas de “apoyo a los aliados”, como hace parte de la derecha española. De tanto abusar de las redes sociales y los algoritmos, hemos logrado crear un mundo maniqueo y dividido simplemente entre buenos y malos. Y los malos son los que promueven la guerra y la destrucción y quienes callan ante la injusticia o la toleran. No hace falta acudir a la religión o a la moral para trazar una línea roja. Está ya marcada por las declaraciones internacionales o en el Título I de la Constitución española. Esa es la bondad de las instituciones, creadas para protegernos de la maldad de las personas. Parafraseando a Bertolt Brecht, cómo serán estos tiempos que vivimos en los que hay que defender lo más obvio.

IDEAL (La Cerradura), 22/03/2026

lunes, 16 de marzo de 2026

Patriotas

En época de guerra reaparecen los patriotas de todo tipo, a la derecha y a la izquierda, los que recuperan la bandera y los que reivindican la política social, incluso hay patriotas que predican un nuevo nacionalismo. ¿Qué idea de España defienden? ¿La de Franco, la de la República, la de la distopía? Los discursos de los patriotas suelen ser erráticos, y lo mismo sirven para legitimar la dictadura del proletariado que la de los jerarcas de Silicon Valley, y ahí tenemos a los halcones de la Casa Blanca que, aunque parecen salidos de un mal episodio de Sin City, arrasan el mundo con su idiotez. Lo peor es comprobar cómo hay pocos líderes políticos que tomen ante ellos una postura concreta, lo que nos confirma lo que ya sospechábamos, que carecen de ideología y de una conciencia personal, y que dan sus opiniones según por dónde soplen los vientos mediáticos o los sondeos de la opinión pública que, por otra parte, suele ser la menos meditada de las opiniones. De ahí que cunda esa sensación de incertidumbre, y a falta de referencias políticas haya personas que prefieran las referencias comerciales, y siguiendo los consejos de la famosa marca sueca, opten por vivir en la república de su casa, donde, si el resto de la familia les deja, se creen capaces de aplicar sus propias reglas. Y no les hace falta construirse un búnker, que de poco les va a servir si realmente se produce el apocalipsis nuclear recreado ya en cientos de libros, series y películas, sino simplemente desconectar del mundo, empezando por la desorientada clase política. Así, esos nuevos patriotas no están en las filas de Vox, el PP o el PSOE, que también tira cuando le interesa de la bandera de España, sino en las de la abstención, que es en realidad la primera fuerza social y política –aunque sea por omisión- de España, pues representa casi el 35% del electorado con datos de las últimas elecciones, que llegó a ser del 50 % en las europeas. Gran parte de la población pasa ya olímpicamente de las declaraciones de unos y otros, lo que quizá debería darles que pensar a los mentores –si es que los hay- de los grandes partidos españoles, que teniendo en cuenta los votos que obtienen no representan ni siquiera sumados a la mayoría de los ciudadanos. Se asemejan más a sectas donde obedecer al amado líder. También parece ya un acto de fe seguir creyendo en la democracia. Eso sí que es ser patriota.

IDEAL (La Cerradura), 15/03/2026

lunes, 9 de marzo de 2026

Derechos humanos

Pues resulta que el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, es el único dirigente europeo capaz de plantar cara a Donald Trump entonando el “no a la guerra”, eslogan en el que hay quien sólo ve cálculos electorales, pero que es también una muestra de dignidad personal. Porque la única manera de combatir el extremismo y el fascismo es defender los derechos humanos y el derecho internacional, como ha recordado Baltasar Garzón esta semana en una conferencia en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Granada. Si todos los países tuvieran claras estas premisas, quizá viéramos al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ante la Corte Penal Internacional, pues él sí ha demostrado que no le importa cargar con el peso de miles de cadáveres por meros cálculos electorales. Pero claro, en un mundo como el que vivimos, hasta tener principios cuesta dinero, y hay 1.600 empresas en Granada que ven peligrar sus exportaciones. “Vamos a cortar las relaciones comerciales con España”, ha amenazado Trump, que quizá no sepa que somos un país de la Unión Europea. La gente se preocupa por las cuentas del día a día, y esta semana hemos visto largas colas en las gasolineras para llenar el depósito del coche antes de que suba más el precio del combustible y a camiones cisterna aprovisionándose en el puerto de Motril, por lo que pueda pasar. Menudo dilema, mantener o no la dignidad. El respeto a los derechos humanos puede ser una máxima personal o política, y también debería tenerse en cuenta al realizar pactos de gobierno a nivel estatal y autonómico, lo que excluiría a formaciones políticas como Vox y Bildu. Hay que ser consecuente y enfrentarse a todos los dictadores, dentro y fuera de tu país. Pero algunos políticos muestran dos caras según por dónde los mires, como las esculturas del dios Jano, una hacia el pasado y otra hacia el futuro, una hacia el bien y otra hacia el mal, si no son cuatro o cinco caras, como les ocurre a muchas personas en cualquier ámbito institucional. Luego están los que muestran siempre la misma máscara enloquecida, como Donald Trump, y lo peor es que haya falsos patriotas que lo aplaudan desde España. El Gobierno y la oposición deberían tener una misma postura en política exterior, y el presidente explicar sus decisiones en el Congreso de los Diputados. Quizá, como Mafalda, muchos ciudadanos gritarían: “¡Paren el mundo, que me quiero bajar!” A pesar de todo, sí creemos en los derechos humanos.

IDEAL (La Cerradura), 8/03/2026

lunes, 2 de marzo de 2026

Papeles

Resulta irónico que el mismo día en que el Gobierno desclasificaba los documentos sobre el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 muriese el principal protagonista, el teniente coronel Antonio Tejero. “Ya podéis decir lo que queráis”, parece haber sido su epitafio. “Que yo me voy”. Los españoles recuerdan de aquella fecha los disparos de los guardias civiles en el Congreso y cómo los diputados, salvo Adolfo Suárez y Santiago Carrillo, que permanecieron en sus escaños, se escondían de las balas y de los gritos de Tejero. “¡Al suelo todo el mundo!” Un momento relatado por Javier Cercas en el libro “Anatomía de un instante”, convertido en serie televisiva. El interés que sigue despertando la Transición entre los ciudadanos sólo es comparable al olvido de nuestra clase política, pero está bien que el Gobierno publique toda la información de la que disponga sobre la historia de España, donde ha habido cincuenta golpes de Estado en los siglos XIX y XX, el último el de julio de 1936. A los golpistas del 23-F, con los generales Alfonso Armada y Jaime Milans del Bosch a la cabeza, tampoco les gustaba la Transición, y creían que había que reconducirla para que el rey Juan Carlos I cumpliera las instrucciones que había recibido como sucesor del dictador Francisco Franco. Por suerte, no lo hizo, como tampoco apoyó el golpe del 23-F, lo que evidencia la documentación que ahora sale a la luz. En una época en la que los bulos suelen sustituir a la información contrastada, toda transparencia es poca, y se trataba de un bulo propagado por los propios conspiradores y la extrema derecha que fuera Juan Carlos I quien alentara a los golpistas y luego los dejara en la estacada. Al rey emérito se le pueden pedir responsabilidades por algunas actuaciones reprochables, pero no por el golpe del 23-F, pues la realidad es que impidió un baño de sangre. Al césar lo que es del césar. Todo debería ser así en democracia. Que se dijera la verdad y se reconocieran los méritos y también los errores de cada cual. En un tiempo en que los ciudadanos recelan de todo, sería bueno que saliera a la luz la información clasificada desde la Guerra Civil y la dictadura franquista hasta la actualidad. Serviría para refutar las interpretaciones interesadas sobre el pasado y para fomentar el conocimiento y la tolerancia. Aunque suponga poner en entredicho las creencias de cada cual. Nada hay más sano para el crecimiento personal y de la propia democracia.

IDEAL (La Cerradura), 1/03/2026

lunes, 23 de febrero de 2026

Consultas

El ser humano suele vivir en el presente, olvida pronto lo malo y se aferra a lo bueno que tiene, qué remedio, pues la vida es demasiado corta. De las desgracias solemos pasar rápidamente la página, y por eso no aprendemos de nuestros errores. En ese sentido, la pandemia del Covid-19, que ya nos resulta tan lejana, marcó un punto de inflexión en la sociedad española, que lejos de ser más responsable parece haber tomado como lema la irresponsabilidad. Y lo peor es que lo hagan quienes están al frente de las Administraciones públicas que, pasada la emergencia, no han invertido más en sanidad, como prometieron, sino que incentivan a los ciudadanos para que acudan a las compañías privadas. No es una casualidad que esta semana los médicos se hayan declarado en huelga y algún despistado haya acudido a la consulta para encontrarse un cartelito escrito a mano explicando las circunstancias. Para qué van a avisar a los pacientes con esas flamantes aplicaciones que deben ser descargadas en los móviles para hacer realidad la administración electrónica, que al final sólo sirve para abaratar costes, entre otros de personal. Si el sufrido paciente obtuvo una cita para dos semanas después, ahora tendrá que esperar otras dos semanas, siempre que no se haya muerto antes. Lo peor es que la aplicación se llame Salud Responde, que es como tratar de mantener una conversación con Gila cuando telefoneaba al frente. “¿Está el enemigo? ¡Que se ponga!” La otra opción es dejar de ir al médico y de preocuparse por la salud, y parte de la población, desde que se quitó la mascarilla y ante el riesgo de que vuelvan a encerrarla en casa, ha entonado el “carpe diem”. En ciudades como Granada, donde ya solía haber una barra en cada esquina del barrio, se ha duplicado el número de bares y restaurantes, que no son suficientes para vecinos y turistas, que agotan las reservas y hacen cola en la calle antes de que abran. No tenemos tiempo para tanta parranda. Los ayuntamientos están convirtiendo las ciudades en parques temáticos, mientras el Gobierno central y las comunidades autónomas, paradójicamente, se dividen las competencias –cuando no pelean entre sí- y permiten el deterioro progresivo de la red ferroviaria, la educación y la sanidad, que en un sentido u otro son los pilares donde se asienta un país. ¿A qué están destinando los fondos de la Unión Europea? Los retrasos ferroviarios no son nada comparados con los retrasos sociales. Cuando despertemos, las consultas seguirán vacías.

IDEAL (La Cerradura), 22/02/2026