lunes, 16 de marzo de 2026

Patriotas

En época de guerra reaparecen los patriotas de todo tipo, a la derecha y a la izquierda, los que recuperan la bandera y los que reivindican la política social, incluso hay patriotas que predican un nuevo nacionalismo. ¿Qué idea de España defienden? ¿La de Franco, la de la República, la de la distopía? Los discursos de los patriotas suelen ser erráticos, y lo mismo sirven para legitimar la dictadura del proletariado que la de los jerarcas de Silicon Valley, y ahí tenemos a los halcones de la Casa Blanca que, aunque parecen salidos de un mal episodio de Sin City, arrasan el mundo con su idiotez. Lo peor es comprobar cómo hay pocos líderes políticos que tomen ante ellos una postura concreta, lo que nos confirma lo que ya sospechábamos, que carecen de ideología y de una conciencia personal, y que dan sus opiniones según por dónde soplen los vientos mediáticos o los sondeos de la opinión pública que, por otra parte, suele ser la menos meditada de las opiniones. De ahí que cunda esa sensación de incertidumbre, y a falta de referencias políticas haya personas que prefieran las referencias comerciales, y siguiendo los consejos de la famosa marca sueca, opten por vivir en la república de su casa, donde, si el resto de la familia les deja, se creen capaces de aplicar sus propias reglas. Y no les hace falta construirse un búnker, que de poco les va a servir si realmente se produce el apocalipsis nuclear recreado ya en cientos de libros, series y películas, sino simplemente desconectar del mundo, empezando por la desorientada clase política. Así, esos nuevos patriotas no están en las filas de Vox, el PP o el PSOE, que también tira cuando le interesa de la bandera de España, sino en las de la abstención, que es en realidad la primera fuerza social y política –aunque sea por omisión- de España, pues representa casi el 35% del electorado con datos de las últimas elecciones, que llegó a ser del 50 % en las europeas. Gran parte de la población pasa ya olímpicamente de las declaraciones de unos y otros, lo que quizá debería darles que pensar a los mentores –si es que los hay- de los grandes partidos españoles, que teniendo en cuenta los votos que obtienen no representan ni siquiera sumados a la mayoría de los ciudadanos. Se asemejan más a sectas donde obedecer al amado líder. También parece ya un acto de fe seguir creyendo en la democracia. Eso sí que es ser patriota.

IDEAL (La Cerradura), 15/03/2026

lunes, 9 de marzo de 2026

Derechos humanos

Pues resulta que el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, es el único dirigente europeo capaz de plantar cara a Donald Trump entonando el “no a la guerra”, eslogan en el que hay quien sólo ve cálculos electorales, pero que es también una muestra de dignidad personal. Porque la única manera de combatir el extremismo y el fascismo es defender los derechos humanos y el derecho internacional, como ha recordado Baltasar Garzón esta semana en una conferencia en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Granada. Si todos los países tuvieran claras estas premisas, quizá viéramos al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ante la Corte Penal Internacional, pues él sí ha demostrado que no le importa cargar con el peso de miles de cadáveres por meros cálculos electorales. Pero claro, en un mundo como el que vivimos, hasta tener principios cuesta dinero, y hay 1.600 empresas en Granada que ven peligrar sus exportaciones. “Vamos a cortar las relaciones comerciales con España”, ha amenazado Trump, que quizá no sepa que somos un país de la Unión Europea. La gente se preocupa por las cuentas del día a día, y esta semana hemos visto largas colas en las gasolineras para llenar el depósito del coche antes de que suba más el precio del combustible y a camiones cisterna aprovisionándose en el puerto de Motril, por lo que pueda pasar. Menudo dilema, mantener o no la dignidad. El respeto a los derechos humanos puede ser una máxima personal o política, y también debería tenerse en cuenta al realizar pactos de gobierno a nivel estatal y autonómico, lo que excluiría a formaciones políticas como Vox y Bildu. Hay que ser consecuente y enfrentarse a todos los dictadores, dentro y fuera de tu país. Pero algunos políticos muestran dos caras según por dónde los mires, como las esculturas del dios Jano, una hacia el pasado y otra hacia el futuro, una hacia el bien y otra hacia el mal, si no son cuatro o cinco caras, como les ocurre a muchas personas en cualquier ámbito institucional. Luego están los que muestran siempre la misma máscara enloquecida, como Donald Trump, y lo peor es que haya falsos patriotas que lo aplaudan desde España. El Gobierno y la oposición deberían tener una misma postura en política exterior, y el presidente explicar sus decisiones en el Congreso de los Diputados. Quizá, como Mafalda, muchos ciudadanos gritarían: “¡Paren el mundo, que me quiero bajar!” A pesar de todo, sí creemos en los derechos humanos.

IDEAL (La Cerradura), 8/03/2026

lunes, 2 de marzo de 2026

Papeles

Resulta irónico que el mismo día en que el Gobierno desclasificaba los documentos sobre el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 muriese el principal protagonista, el teniente coronel Antonio Tejero. “Ya podéis decir lo que queráis”, parece haber sido su epitafio. “Que yo me voy”. Los españoles recuerdan de aquella fecha los disparos de los guardias civiles en el Congreso y cómo los diputados, salvo Adolfo Suárez y Santiago Carrillo, que permanecieron en sus escaños, se escondían de las balas y de los gritos de Tejero. “¡Al suelo todo el mundo!” Un momento relatado por Javier Cercas en el libro “Anatomía de un instante”, convertido en serie televisiva. El interés que sigue despertando la Transición entre los ciudadanos sólo es comparable al olvido de nuestra clase política, pero está bien que el Gobierno publique toda la información de la que disponga sobre la historia de España, donde ha habido cincuenta golpes de Estado en los siglos XIX y XX, el último el de julio de 1936. A los golpistas del 23-F, con los generales Alfonso Armada y Jaime Milans del Bosch a la cabeza, tampoco les gustaba la Transición, y creían que había que reconducirla para que el rey Juan Carlos I cumpliera las instrucciones que había recibido como sucesor del dictador Francisco Franco. Por suerte, no lo hizo, como tampoco apoyó el golpe del 23-F, lo que evidencia la documentación que ahora sale a la luz. En una época en la que los bulos suelen sustituir a la información contrastada, toda transparencia es poca, y se trataba de un bulo propagado por los propios conspiradores y la extrema derecha que fuera Juan Carlos I quien alentara a los golpistas y luego los dejara en la estacada. Al rey emérito se le pueden pedir responsabilidades por algunas actuaciones reprochables, pero no por el golpe del 23-F, pues la realidad es que impidió un baño de sangre. Al césar lo que es del césar. Todo debería ser así en democracia. Que se dijera la verdad y se reconocieran los méritos y también los errores de cada cual. En un tiempo en que los ciudadanos recelan de todo, sería bueno que saliera a la luz la información clasificada desde la Guerra Civil y la dictadura franquista hasta la actualidad. Serviría para refutar las interpretaciones interesadas sobre el pasado y para fomentar el conocimiento y la tolerancia. Aunque suponga poner en entredicho las creencias de cada cual. Nada hay más sano para el crecimiento personal y de la propia democracia.

IDEAL (La Cerradura), 1/03/2026

lunes, 23 de febrero de 2026

Consultas

El ser humano suele vivir en el presente, olvida pronto lo malo y se aferra a lo bueno que tiene, qué remedio, pues la vida es demasiado corta. De las desgracias solemos pasar rápidamente la página, y por eso no aprendemos de nuestros errores. En ese sentido, la pandemia del Covid-19, que ya nos resulta tan lejana, marcó un punto de inflexión en la sociedad española, que lejos de ser más responsable parece haber tomado como lema la irresponsabilidad. Y lo peor es que lo hagan quienes están al frente de las Administraciones públicas que, pasada la emergencia, no han invertido más en sanidad, como prometieron, sino que incentivan a los ciudadanos para que acudan a las compañías privadas. No es una casualidad que esta semana los médicos se hayan declarado en huelga y algún despistado haya acudido a la consulta para encontrarse un cartelito escrito a mano explicando las circunstancias. Para qué van a avisar a los pacientes con esas flamantes aplicaciones que deben ser descargadas en los móviles para hacer realidad la administración electrónica, que al final sólo sirve para abaratar costes, entre otros de personal. Si el sufrido paciente obtuvo una cita para dos semanas después, ahora tendrá que esperar otras dos semanas, siempre que no se haya muerto antes. Lo peor es que la aplicación se llame Salud Responde, que es como tratar de mantener una conversación con Gila cuando telefoneaba al frente. “¿Está el enemigo? ¡Que se ponga!” La otra opción es dejar de ir al médico y de preocuparse por la salud, y parte de la población, desde que se quitó la mascarilla y ante el riesgo de que vuelvan a encerrarla en casa, ha entonado el “carpe diem”. En ciudades como Granada, donde ya solía haber una barra en cada esquina del barrio, se ha duplicado el número de bares y restaurantes, que no son suficientes para vecinos y turistas, que agotan las reservas y hacen cola en la calle antes de que abran. No tenemos tiempo para tanta parranda. Los ayuntamientos están convirtiendo las ciudades en parques temáticos, mientras el Gobierno central y las comunidades autónomas, paradójicamente, se dividen las competencias –cuando no pelean entre sí- y permiten el deterioro progresivo de la red ferroviaria, la educación y la sanidad, que en un sentido u otro son los pilares donde se asienta un país. ¿A qué están destinando los fondos de la Unión Europea? Los retrasos ferroviarios no son nada comparados con los retrasos sociales. Cuando despertemos, las consultas seguirán vacías.

IDEAL (La Cerradura), 22/02/2026

lunes, 9 de febrero de 2026

Ríos

Pues se ve que un río atmosférico causado por el calentamiento del Ártico ha traído a Andalucía las lluvias del centro y el norte de Europa, donde estos días hace un sol de primavera. En la tierra granadina los ríos Genil, Darro o Dílar bajan crecidos de agua, y la gente, si es que se sale a la calle, se frota los ojos y grita: “¡Milagro!” Es lo mismo que exclaman los estudiantes universitarios, que han visto cómo la UGR retrasaba los exámenes de la convocatoria extraordinaria y les daban dos semanas más para estudiar. Pero ¿serán suficientes? ¿Aprobarán si se encierran a estudiar o saldrán a celebrarlo? Las autoridades no han dudado en declarar el estado de emergencia y los servicios de protección civil no dan abasto. Los milagros se salen del orden de la naturaleza y estos días se discute mucho sobre el cambio climático. A algunos, las lluvias torrenciales les dan la razón que a otros les quitan. “A ver, ¿dónde está ahora la sequía?”, dicen los escépticos.  “¿Y esto te parece normal?”, replican los otros, que aseguran que ni el clima ni las estaciones volverán a ser nunca los mismos. Puestos a elegir, ¿nos quedamos con un verano o con un invierno perpetuos? Seis meses de lluvias y seis de sol serían un buen punto medio. Aunque yo preferiría una primavera fresquita o un otoño con lluvias por la noche y sol durante el día. Eso suena casi perfecto. Y los ríos, siempre con agua, claro, aunque esté turbia, para poder filosofar con Heráclito. “Los cerdos prefieren el cieno al agua clara”. ¿Hablaba de los debates políticos en España? “Siéntate pacientemente junto al río y verás pasar el cadáver de tu enemigo”, dice también un proverbio chino, como si filosofase sobre el duelo entre Pedro Sánchez y Elon Musk. Las cosas que se le ocurren a uno viendo cómo crece el Genil, que está a punto de desbordarse y llevarse al mar todos los sueños calenturientos. Pero es que los seres humanos son como los ríos, pensaba Tolstoi. El agua es igual por doquier, pero cada río tiene sus peculiaridades. Y hay quien ve ahogados en la superficie a todos los fantasmas del pasado. A mí me gustan los versos de Borges: “Mirar el río hecho de tiempo y agua/ y recordar que el tiempo es otro río,/ saber que nos perdemos como el río/ y que los rostros pasan como el agua”. Abran un libro. Lean sus páginas. Que no nos lleve la corriente.

IDEAL (La Cerradura), 8/02/2026

lunes, 2 de febrero de 2026

Verdades

Acostumbrados a opinar lo que queramos, resulta normal que no valoremos el privilegio que supone poder expresarnos libremente. Es lo que más molesta de la Unión Europea en países como China, Rusia o Estados Unidos, donde ya sólo pueden hacerlo el presidente y quienes le acompañan sumisamente en el ejercicio del poder. Pero también en España empiezan a molestar quienes no siguen el discurso dominante o quienes no se alinean políticamente con el Gobierno o el partido de turno, porque a nuestros aprendices de brujo les gusta más un régimen de lo que están dispuestos a confesar. Han perdido no sólo la capacidad de razonar objetivamente, sino que, una vez que se han aprendido el discurso, lo repiten como un mantra, aunque la realidad les contradiga una y otra vez. Y resulta ya inadmisible que el ministro de Transportes, Óscar Puente, siga hablando del correcto mantenimiento de la red ferroviaria cuando los informes técnicos señalan que ha sido una rotura por el mal ensamblaje de las vías lo que causó el descarrilamiento y la muerte de 45 personas. Cuando la gente no distingue entre realidad e irrealidad, les parece que el fin justifica los medios. Pero no es así. La regularización de medio millón de inmigrantes era un buen fin, pero que sea haga por decreto ley evitando el debate parlamentario no es justificable, entre otras cosas porque estigmatiza a los propios inmigrantes. También era necesaria la subida de las pensiones, que habría sido apoyada por la mayoría de los grupos políticos en el Parlamento, pero se ve que, en este caso, no era la intención del Gobierno que se hiciera efectiva, sino poner en evidencia al PP, Vox, Junts y UPN, que votaron en contra de la convalidación de otro decreto ley que metía en el mismo saco otras cuestiones que no tenían nada que ver con el nivel de vida de los pensionistas españoles. Esos pensionistas que, como todos los ciudadanos, necesitan que se hable de cosas reales y poder creer a los representantes políticos. La objetividad de que, sin ir más lejos, funcionen correctamente los servicios públicos. La calidad de la democracia, como la calidad de vida, radica en cosas concretas. Que tengamos los papeles en regla, que podamos pagar las facturas, que disfrutemos de un poco de tranquilidad en nuestro día a día. Y los procedimientos de aplicación de las normas deben ser transparentes. Esa es la fuerza de la democracia, frente a la demagogia del poder. Los demagogos, por bien intencionados que sean, se igualan en el recurso a la mentira. 

IDEAL (La Cerradura), 1/02/2026

lunes, 26 de enero de 2026

Trenes

Los trenes de la política van demasiado rápido, no se hacen planes a largo plazo, como mucho a una legislatura, dos los más optimistas, pues los objetivos los marca el calendario electoral. Pero en las cuestiones básicas, como el modelo de Estado, las infraestructuras y el funcionamiento de los servicios públicos siempre debería haber acuerdo entre los grandes partidos, y que no nos resulte sorprendente que exista una actuación coordinada entre el gobierno central y la Junta de Andalucía y ver en una misma foto al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, al presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, y al ministro de Transportes, Óscar Puente. No tendría que hacer falta una tragedia ferroviaria como la de Adamuz para que esto ocurra, y a los ciudadanos les gustaría que esta fuera la tónica habitual en la política española en vez de la crispación. Pero se agradece la actuación de los servicios de emergencias y que los responsables públicos estuvieran en la zona cero del accidente. Luego vendrá el análisis del estado de las vías y que se asuma la responsabilidad, pues la red de ferrocarril debería estar en perfectas condiciones y no es el caso, como han denunciado los maquinistas en una semana en la que también ha habido accidentes en Cataluña y Asturias. ¿Una coincidencia? Por ahora no hay demasiados reproches públicos. ¿Seguirá la tregua entre las administraciones? Ante la incertidumbre y vulnerabilidad que despiertan las tragedias entre la población, se necesita que las autoridades transmitan seguridad y tranquilidad. La solidaridad entre los líderes políticos y las administraciones territoriales podría ser la norma, en vez de la excepción. Viajar en tren ofrece la posibilidad de contemplar el paisaje en el sentido de la marcha u observar cómo se aleja, dependiendo del asiento que elijamos, como si reflexionáramos sobre el futuro y el pasado al mismo tiempo. Vamos mirando el paisaje por la ventanilla y vemos el reflejo de nuestra cara, como si estuviéramos fuera y dentro, como si pudiéramos vernos desde el exterior y analizar nuestro papel de viajero. Lamentablemente, la vida también puede depender de esa elección, de subirnos al tren o no, de dejar que pase y esperar al siguiente, de que haya algún retraso, y puede haber luz u oscuridad al final del túnel. Pero la gestión política no es una cuestión de azar. Si en el tren del Estado no se suben las principales instituciones llegará a una vía muerta. Dejen los intereses privados en el andén. En ese tren sólo cabe el interés público.

IDEAL (La Cerradura), 25/01/2026