lunes, 5 de octubre de 2026

Necesidades

Se ve que nuestros políticos descubren los problemas sociales y tratan de solucionarlos cuando la noticia salta a las cabeceras de la prensa y las redes sociales. Así, ha hecho falta que desahucien a la anciana Maricarmen Abascal y que los jóvenes vuelvan a acampar en la Puerta del Sol para que el Gobierno decida aprobar deprisa y corriendo dos decretos-leyes poco meditados y peor redactados para solucionar de golpe el problema de la vivienda y que después de estar vigentes durante dos días –con los problemas legales que acarreará esta transitoriedad- se los tumben en el Congreso de los Diputados. Una serie de catastróficas desdichas que resume bien la deriva populista y desnortada del PSOE y de su líder, Pedro Sánchez. Si la gente sale a la calle legislamos a través de normas previstas para casos de extraordinaria y urgente necesidad. Los ciudadanos deberían tomar nota, pues el mayor temor de un político es la movilización popular. Algo bueno puede traer la demagogia y el oportunismo. “Los grupos tendrán que elegir a quién protegen, a quienes viven en las casas o a quienes hacen una fortuna con ellas, a los pequeños propietarios o a los fondos buitres”, dijo Pedro Sánchez. Pero las cosas no son tan sencillas. Las leyes no se redactan de un día para otro, ni se aprueban poniendo a los grupos políticos entre la espada y la pared. Ni vulnerando probablemente otros principios constitucionales como la seguridad jurídica, el derecho de propiedad o la libertad de empresa, que habrá que tener en cuenta para proteger el derecho a la vivienda. El abuso de gobernar a golpe de decreto-ley se le ha ido de las manos al Gobierno, que no cuenta ya con una mayoría parlamentaria para abordar reformas legislativas de calado y que afectan a otras normas como la Ley de Arrendamientos Urbanos y que necesitan de una reflexión jurídica que valore los efectos de su aplicación. Por ejemplo, ¿es bueno introducir una prórroga forzosa de los contratos de alquiler? Pues depende del inquilino, pues hay quien tiene por norma –no sé si un decreto-ley- no pagar el alquiler. Dentro de las 40.000 personas que se calcula que se beneficiarían de esta medida en Granada habrá de todo, incluso algún malafollá. El parque de viviendas se ha convertido en un parque de atracciones y el ciclo político y parlamentario en un tiovivo. Si es verdad que nos interesa lo que opinan los ciudadanos habría que convocar elecciones generales. Eso sí que parece ya un caso de extraordinaria y urgente necesidad.

IDEAL (La Cerradura), 4/10/2026

lunes, 28 de septiembre de 2026

Pistachos

Me llama la atención que el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, defienda ante la Unión Europea la singularidad de las comunidades autónomas cuando en el ámbito nacional, a propósito de la financiación autonómica, por ejemplo, defiende lo contrario. Ante el Comité Europeo de las Regiones pide una financiación adaptada a las singularidades de cada territorio, pero si esto se plantea como criterio en el sistema de financiación autonómica clamamos al cielo constitucional. Se ve que a nivel europeo podemos ser singulares, pero a nivel nacional no, sobre todo si se trata de gestionar los fondos de la UE, como los que tendrá que devolver el Ayuntamiento de Granada. Al presidente andaluz no le gusta que sea el Gobierno el que centralice y gestione las ayudas europeas, tal vez porque no es de su mismo color político, y quiere que las regiones tengan mayor protagonismo. Eso sería llevar a gala uno de los lemas de la UE, la unidad en la diversidad, y tendría sentido si los ciudadanos votaran para elegir al presidente de una federación europea, que sería un camino a seguir. Pero mientras los estados soberanos que forman la UE no deleguen esas funciones, el Gobierno y las comunidades autónomas deberán gobernar en España según sus competencias, y fijar los criterios y garantizar la unidad del orden económico nacional le corresponde al estado. ¿Queremos un país centralizado o descentralizado? Pues se ve que en España esto depende también de las necesidades políticas del partido de turno en cada administración territorial, pues no hay una idea de estado ni una planificación de las políticas a largo plazo que beneficien al conjunto de la nación, ni los mismos partidos las defienden del mismo modo en cada comunidad autónoma o ayuntamiento en los que gobiernan. Para lo que me conviene soy centralizado; para lo que no me conviene, no. Menos mal que las cosas del comer suelen depender del sentido común de los ciudadanos, en este caso de los agricultores granadinos, que han encontrado en la producción de pistachos el nuevo oro verde, según informaba esta semana Mercedes Navarrete en IDEAL. Las comarcas de Baza, Huéscar, Iznalloz y Alhama producen el 40% del pistacho andaluz, que se ha convertido en el fruto seco indispensable de cualquier receta. Verde, que te quiero verde. Singulares son los empresarios que se arriesgan a desarrollar nuevos cultivos en los tiempos que corren. Quizá ellos deberían ser los destinatarios y gestionar directamente las ayudas europeas. No malgastarían pistachos ni desperdiciarían un solo euro.

IDEAL (La Cerradura), 27/09/2026

lunes, 21 de septiembre de 2026

Luchadores

Las noticias sobre peleas callejeras en el barrio de Almanjáyar me recuerdan a la película “El luchador”, donde Charles Bronson apuesta por sí mismo en combates de boxeo, como al parecer ocurre también en Granada. “¡Apuesto por el negro! ¡Apuesto por el moro!”, gritan en las calles del Distrito Norte, donde se ve que no les preocupa el lenguaje inclusivo, sino encajar bien los golpes. A falta de un circo romano, los clanes de la droga organizan peleas a muerte a las que acuden como público menores de edad. Entre riñas, carreras de coches y pedradas a los autobuses, los chavales están bastante entretenidos y alejados de las pantallas. Seguro que no salen en el informe PISA. Los combatientes son toxicómanos o indigentes, que están dispuestos a matarse por veinte euros. “¡Lucha la pelea!”, les gritan. Uno de ellos, de hecho, ha muerto, y su agresor llevado a prisión, según informaba Laura Velasco esta semana en IDEAL. Los vecinos pacíficos piden más vigilancia, pero la Policía Nacional puede hacer poco frente a los clanes que gobiernan Almanjáyar como si se tratase de otro mundo que linda con Pulianas, Jun y Alfacar. En una época en la que se habla tanto de distopías, los problemas sociales en los barrios marginales siguen siendo los mismos, no sólo en Granada. Las Palmeras, en Córdoba, El Puche en Almería, Palma Palmilla, en Málaga o Las 3.000 viviendas, en Sevilla, son otros ejemplos. Tienen en común la inseguridad, el tráfico de drogas y el desempleo, sin que las administraciones les pongan remedio. Como en Almanjáyar, los vecinos sufren la violencia, los cortes de electricidad, que sólo parece haber para los cultivos ilegales de marihuana. ¿Quién manda, los clanes o la policía? El fracaso escolar, la pobreza, la violencia y la exclusión social son la realidad del barrio, donde hay muchos trabajadores que son los verdaderos luchadores y que sólo tratan de mantener a sus familias. “Estos hechos no representan al Distrito Norte ni a la inmensa mayoría de las personas que vivimos aquí. No podemos permitir que una tragedia vuelva a alimentar los estereotipos negativos que durante tantos años han acompañado injustamente a nuestros barrios”, ha recordado Ángel Rubio, presidente de la Asociación de vecinos Las cruces de Almanjáyar. Pero llevamos décadas sin atender a las reclamaciones de los vecinos. No sé si será suficiente con aumentar el número de “zetas”. Independientemente de la nacionalidad, sigue habiendo ciudadanos de primera y de segunda. Una vieja herida en una ciudad que presume de capital de la cultura.

IDEAL (La Cerradura), 20/09/2026

lunes, 14 de septiembre de 2026

Inteligentes

Esta semana se suceden las noticias sobre los resultados desastrosos de España en el informe PISA y las alertas por el uso de la inteligencia artificial. Y quizá no sea una casualidad que los estudiantes españoles sean los que más usan la IA dentro de los países de la OCDE, a diferencia de los que obtienen mejores resultados, como Japón, Canadá, Finlandia, Irlanda o Reino Unido. Al tiempo que nuestros jóvenes acuden a ChatGPT para resolver cualquier consulta, pierden la capacidad de analizar textos y resolver problemas matemáticos complejos, según los expertos. Se sabe que la lectura de libros físicos mejora las conexiones neuronales mientras que la IA se propaga como un virus provocando una erosión cognitiva. De hecho, su uso solo ha tardado tres años y diez meses en generalizarse, y millones de personas delegan su capacidad intelectual en programas creados por oligarcas de los que desconocemos sus propósitos. Pero la IA también se programa por sí misma, y esta semana ha dimitido un investigador de Anthropic y extrabajador de Open AI, Jacob Coxon, por los peligros que entraña la carrera desatada para mejorar estos sistemas. “Quienes están construyendo la IA creen sinceramente que podría matarnos a todos antes de que acabe la década”, ha denunciado en X. ¿Quién asume la responsabilidad de crear una legislación internacional sobre el uso de la IA? ¿Y en el ámbito doméstico? Nuestros jóvenes se hacen dependientes de estos sistemas de información y la única vacuna efectiva sería el fomento de la lectura de esos libros impresos que la IA devora en cantidades pantagruélicas para desarrollar sus bases de datos. Una tarea imposible si los padres son los primeros que solo leen mensajes cortos como los de WhatsApp, titulares de las noticias de Google, los pies de foto de Instagram o con suerte escuchan un podcast educativo o ven vídeos de TikTok, el otro aliciente de la pereza mental de nuestros jóvenes. ¿Serían más creíbles nuestros profesores si grabaran previamente las clases? ¿Daremos las clases únicamente on-line? Es otra forma de empobrecimiento cognitivo, por el que sin embargo se decantan cada vez más nuestras universidades. Se ve que nos repugna el contacto físico, la interacción personal, que es lo que propicia el conocimiento. Paradójicamente, es lo que fomenta la lectura, la más perfecta conexión neurológica entre dos seres humanos que comparten su inteligencia en una conversación íntima, aunque no se vean ni se toquen. Quizá necesitemos menos robots y más bibliotecas. La lectura de un buen libro siempre ha sido la vacuna más efectiva contra la estupidez.

IDEAL (La Cerradura), 13/09/2026

lunes, 7 de septiembre de 2026

Costumbres

El “respeto a nuestras costumbres” es un argumento manido que sirve tanto para cargar contra la migración como para defender las fiestas del pueblo, aunque estas supongan un nivel de ruido prohibido en cualquier país civilizado o el maltrato de animales en lo que algunos siguen llamando la fiesta nacional. Y eso es lo único que tienen en común quienes utilizan el argumento, pues cuando se miran al espejo ven a un personaje cuyos rasgos y medidas les sirven para juzgar a los demás. Pero es un argumento vacío. Las costumbres cambian como suelen cambiar las personas. Es verdad que algunas no cambian nunca y se quedaron ancladas en la adolescencia en una sociedad cada vez más infantilizada. Son las que ven a las administraciones públicas como meras proveedoras de pan y circo, y no como una garantía para prestar servicios públicos esenciales, poder ejercer los derechos fundamentales e implicarse en la sociedad. Es una perspectiva de la que suelen contagiarse las propias instituciones y sus dirigentes, más pendientes de las reacciones de las redes y de acaparar protagonismo que de realizar políticas efectivas. Eso explica que se pierdan las oportunidades que propiciaron los fondos europeos Next Generation a raíz de la pandemia o que no se sepa cuánto dinero se ha invertido realmente en la provincia de Granada, como informaba esta semana Rebeca Alcántara en IDEAL. No se conoce con exactitud en qué grado de ejecución están los proyectos ni los proyectos mismos. Sólo sabemos que actuamos de tragedia en tragedia, y que la llegada de un virus, inundaciones, crisis bélicas, climáticas o energéticas, terremotos o el asalto a la frontera de Ceuta llevarán aparejados el anuncio de ayudas millonarias que habrá que ver cómo se concretarán, pues cada administración territorial, según el color político, no colaborará necesariamente con las demás. ¿Se resolverá el problema? Ese es otro tema que depende de las costumbres políticas de cada tierra y del calendario electoral. Lo malo de algunas costumbres de partido es que se convierten en dejadez administrativa. Después de cuatro años sin presupuestos, difícilmente podemos conocer cuáles son los ingresos y los gastos del Estado. Mientras se aprueban o no, nos piden que recuperemos la fe en la política. Confundir la ideología con la religión es otra tradición en un país con muchos fanáticos de las tradiciones y costumbres. ¿Cambiaremos las elecciones por procesiones y por fiestas? Dice un viejo aforismo que la costumbre vence a la ley. ¡Qué miedo! Sólo las costumbres de los demás nos parecen ridículas.

IDEAL (La Cerradura), 6/09/2026

lunes, 31 de agosto de 2026

Grietas

Granada está cubierta de tiritas que nos recuerdan un mes de agosto tembloroso, que por fin se va, junto a la series sísmicas. En las casas han aparecido grietas en los sitios más insospechados, y quizá descubramos más cuando pase el tiempo donde no solemos mirar. Hasta la Virgen de las Angustias ha tenido que mudarse, pues cuatro siglos pesan en los muros de la basílica y más debe pesar la devoción de los granadinos, dice el malafollá. Pesado ha sido el mes de agosto, caluroso y traicionero. Otro motivo para huir a la playa. Salvo el centro, ocupado por turistas, las calles siguen vacías, pero esta semana se llenarán de gente que volverá a la rutina. Algo que no se recuperará tan fácilmente en otras ciudades como Ceuta, donde son visibles las grietas del Estado español. Los países y sus administraciones demuestran lo que valen en la manera que responden a sus crisis y, si hoy domingo, debido a la carga de trabajo, los peritos del Consorcio de Seguros siguen evaluando daños, es porque algunas cosas funcionan a pesar del Gobierno. Porque dos semanas después todavía no se aclara lo que ha ocurrido en Ceuta, y la única verdad que aflora es la insolidaridad de las comunidades autónomas y de los extremistas que se aprovechan del miedo. Sin embargo, la solidaridad la están demostrando muchos ceutíes de origen marroquí, españoles que saben mejor que nadie lo que es vivir en la frontera. Si todavía nos quedara un poco de decencia, nuestros responsables públicos deberían avergonzarse de que la gobernabilidad del Estado y de las comunidades autónomas dependa de socios como Vox o Junts, que se ha apresurado a decir que ellos no participan en el reparto de menores, pero que Cataluña demanda las competencias en inmigración, para crear otra frontera. La demagogia alimenta las teorías de la conspiración, las mismas que en la Alemania nazi llevaron al holocausto judío. Ahora son los migrantes los chivos expiatorios y son nuestros políticos los que se están practicando un harakiri democrático, alimentado por su dejadez e incongruencia. “No nos protegen”, dicen los extremistas. ¿Qué hay que proteger? Nuestras fronteras mentales y sociales son como esas grietas que han aparecido estos días en los edificios y también en nuestras instituciones. Sólo la solidaridad y la defensa de los valores democráticos podrán apuntalarlos y devolverles la firmeza. La tranquilidad de poder vivir y trabajar en sociedad, aunque ahora que llega septiembre nos preparemos para subir lo que nos parece una empinada cuesta.

IDEAL (La Cerradura), 30/08/2026

lunes, 10 de agosto de 2026

Fronteras

La metedura de pata del Gobierno español ante la crisis migratoria de Ceuta es de las que marcan época y traen consecuencias. Primero por negar la evidencia al principio –74.000 personas entraron por la frontera-, y segundo por la debilidad mostrada ante el tirano marroquí, los socios europeos y la propia población española, que se siente desprotegida e indefensa gracias a la desinformación y el alarmismo extendido por la extrema derecha. El cinismo de Marruecos no tiene nombre, y la afirmación de que “seguirá siendo un socio fiable y responsable” significa que lo ocurrido esta semana se puede repetir en cualquier momento, como sabe perfectamente el ministro del Interior. El derecho internacional que tanto defiende el Gobierno debe aplicarse en todos los países y territorios, incluidos el Sáhara y Marruecos. Ceuta y Melilla no forman parte del espacio Schengen –que implica la libre circulación de personas, bienes y servicios-, por lo que no es posible que miles de migrantes pasen a la Península y a otros países europeos, como han denunciado Italia o Dinamarca, pero sí son fronteras europeas, y los ciudadanos de otros países de la UE no van a contentarse con las medias verdades del Gobierno. Los ceutíes y melillenses saben bien lo que es vivir en una situación de incertidumbre y provisionalidad, pero no los peninsulares y mucho menos los centroeuropeos, entre los que resucitan los fantasmas del fascismo. La solidaridad y la buena vecindad son excelentes propósitos, pero para eso tienes que tener un buen vecino, que no es el caso de Marruecos, deseoso de ocupar las ciudades autónomas y el lugar de España como socio preferente de Estados Unidos en el Mediterráneo, si no lo ha hecho ya. Lo peor es que a nadie parezca importarle la muerte de decenas de seres humanos. Ninguna campaña de VOX o Alternativa para Alemania hubiera sido tan efectiva, por lamentables que resulten las llamadas a los ciudadanos a defenderse con sus propios medios. Si la gente veía con recelo a los migrantes ahora lo hará más, y puede dejarse llevar por la indignación ante las noticias de la ocupación de casas, como ocurre en algunos pueblos de la Alpujarra. Las administraciones hacen cuentas sobre el reparto de los dos mil menores que entraron en Ceuta mostrando poca solidaridad, sobre todo donde Vox gobierna. Lo mejor que podrían hacer las ciudades de Ceuta y Melilla es convertirse en verdaderas comunidades autónomas y promover su entrada en el espacio Schengen. Así conseguirían mayor estabilidad institucional y la protección real de sus fronteras.

IDEAL (La Cerradura), 9/08/2026