lunes, 9 de diciembre de 2019

Constitución


El miedo que existe hoy a la reforma de la Constitución de 1978 tiene más que ver con el miedo a Vox y a los partidos nacionalistas en un parlamento fragmentado que a una reflexión serena sobre las reformas políticas y económicas que requiere la sociedad española. Porque la propia Constitución prevé los mecanismos de reforma, y no es un artefacto jurídico hermético ni hierático presto a estallar si se pulsa la clave errónea, como tampoco lo es la sociedad. Con 41 años recién cumplidos, la Constitución ya contempla la edad madura, e incluso tiene que lidiar con los nuevos partidos que reniegan de ella, como adolescentes descarriados que han olvidado demasiado pronto a quien les dio la vida. Afrontar la cuestión territorial se plantea como una tarea ineludible para afianzar el Estado autonómico frente a las corrientes recentralizadoras, y también blindar el Estado social, que en España pende de un hilo cuando se acerca una nueva crisis económica. En ese sentido, ante las alertas conservadoras sobre un gobierno del PSOE y Podemos, representaría una normalidad democrática tener a un vicepresidente o un ministro de Administraciones públicas catalán, y empezar a integrar de una vez desde la acción de gobierno las distintas visiones de España. Nada terrible en una democracia que recoge en la propia Constitución los hechos diferenciales –¿se acuerda alguien de que ya hay una relación de bilateralidad con País Vasco y Navarra, plasmada en materia tan sensible como la tributaria en el Concierto y el Convenio, respectivamente?-, y donde se puede hablar de responsabilidades compartidas, algo más importante que compartir la soberanía. Como comentaba Miguel Herrero de Miñón, uno de los siete “padres” de la Constitución y militante de partidos como UCD, AP y PP, “la plurinacionalidad no constituye amenaza alguna para la integridad de España, porque es parte esencial de su ser profundo. Pero sí es un grave riesgo para dicha integridad el desconocimiento de este rasgo constitutivo de su propia estructura”. Y es que, como también diría Herrero de Miñón, la realidad suele vengarse de quien la ignora, y los problemas no se solucionan ignorándolos, sino afrontándolos. Si se piensa un poco, Estado autonómico, federal o plurinacional no son más que conceptos, pues la realidad es que las comunidades autónomas constituyen ya la mayor de las Administraciones públicas españolas, y que tenemos dieciocho parlamentos donde se ejerce normalmente la autonomía política, que es esencialmente un “poder de autodeterminación”, tal como la definía Entrena Cuesta. Los que temen la diversidad política le hacen un flaco favor a la España constitucional.
IDEAL (La Cerradura), 8/12/2019

lunes, 2 de diciembre de 2019

La noria


Después de bolas y caballos, escaleras mecánicas, ascensores y teleféricos, Granada ha encontrado por fin su símbolo: una noria. Por cinco euros, puedes contemplar en su esplendor la Alhambra y Sierra Nevada, divagar, girar sobre ti mismo, marearte y bajarte en el paseo del Salón, plataforma de una ciudad turística, siempre en feria. ¿Servirá la subida del IBI para pagar ese chirimbolo o el globo luminoso bajo el que la gente pasea en Puerta Real? Casi 300 millones de deuda municipal no son nada si convertimos la ciudad en el destino preferido en las Navidades y los ciudadanos pueden soñar un poco entre el cielo y el suelo. “Es el vuelo el mal de Granada”, le decía Federico García Lorca a Manuel de Falla o Manuel de Falla a Federico García Lorca. Con la factura de luz y columpios se podrían pagar muchos menús navideños, servicios sociales, los recibos aplazados de los proveedores, las deudas financieras, incluso terminar con los apagones de los barrios de la zona Norte, demasiado alejados del parque temático navideño. Porque si no tuviéramos la sierra, quizá hubiéramos hecho que nevara artificialmente. “Que tiemblen Málaga, Vigo y Madrid porque Granada va a estar en el mapa de las ciudades más potentes en alumbrado de Navidad”, nos cuentan desde el Ayuntamiento; pero más temblarán los vecinos de Almanjáyar cuando en la oscuridad de sus casas no puedan verse las caras. Lo curioso es que los dos partidos del gobierno municipal van cada uno por su cuenta, gestionando cada área como les parece, sin ningún proyecto de ciudad, salvo luces y norias. Y lo peor es que la política estatal va por el mismo camino, aunque no sé si erigirán un artefacto semejante en el Palacio de la Moncloa para mayor gloria de su inquilino, al que le gusta volar. Porque se teme que haya también dos gobiernos en uno con Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, y que en el tira y afloja entre estos dos gallos políticos se fragmente la parte catalana de España, que tal vez se hunda en el mar de la independencia. De chico, me subí una vez en una noria. Me pareció admirable el paisaje que contemplé desde el punto más alto del recorrido, cuando el aparato se inmovilizó durante unos minutos. Me gustó esa nueva perspectiva del mundo, que no había cambiado sin embargo al bajar. La política también es una noria, aunque, lamentablemente, los que se suben en ella no suelen volver nunca a poner los pies en la tierra. Menudo imán.
IDEAL (La Cerradura), 2/12/2019

domingo, 24 de noviembre de 2019

Consumidores


El ciudadano se ha convertido en un consumidor que no ejerce sus derechos, sino que emite señales electrónicas a través del móvil que luego son analizadas por el Instituto Nacional de Estadística (INE). También son vendidas, no por el INE (no es la función del Gran Hermano todavía), sino por las empresas a las que les facilitamos nuestros datos personales y todo tipo de información sobre nuestros gustos, costumbres e ideas políticas. ¿Pensamos o dirigen nuestras inquietudes? ¿Elegimos lo que consumimos, incluso lo que votamos? Los programas electorales se elaboran ya como folletos publicitarios, y por eso no nos extraña que los políticos cambien tanto de opinión, como si se tratase de nuestros gustos, si es que son nuestros gustos. Esto podría explicar que las grandes novedades políticas en los últimos años hayan sido en España Podemos, Ciudadanos y Vox, formaciones que, a priori, representan opciones muy distintas entre sí. Pero ¿cuántos de los primeros votantes de Podemos habrán votado a Vox en las últimas elecciones? ¿Cuántos habrán votado alguna vez a Ciudadanos? ¿Qué talla tienen los candidatos? Sí, probablemente sus asesores piensen más en la ropa que otra cosa, si la compran en Inditex o en Carrefour, que para el caso no son más que marcas comerciales, como parecen actualmente los propios partidos políticos. Porque también la política ha sido absorbida por el marketing, que niega hasta el tiempo, convirtiendo el Black Friday en una semana y las Navidades en todo el invierno, por lo que el consumidor, si quiere estar a la altura de la oferta publicitaria, deberá endeudarse e hipotecar su tranquilidad futura. El futuro no existe sino como miedo y esperanza presentes, el pasado meramente como recuerdo, pero lo cierto es que los intereses crecerán y alguien tendrá que pagarlos, aunque el mismo mundo parezca creado hace tan sólo un rato por una campaña publicitaria o una política ilusoria. España no termina de salir del bucle electoral, y si el ciudadano ya estaba aturdido por tantos anuncios y proclamas, ahora lo estará un poco más, pues las ciudades han empezado a iluminar las calles con las luces de otra carrera que quizá termine en el día de Reyes. ¿Tendremos un gobierno para entonces? Quizá nuestro tiempo de ciudadanos haya transcurrido ya y sólo nos quede el tiempo de ser consumidores con empresas en vez de gobiernos; sin política, pero con ofertas y demandas. Aunque claro, vivimos en España y contamos con Cataluña. Para que haya gobierno, Pedro Sánchez tendrá que tragarse una gran oferta publicitaria.
IDEAL (La Cerradura), 24/11/2019

domingo, 17 de noviembre de 2019

El abrazo


La percepción que tienen buena parte de los españoles de la actualidad política quedó perfectamente expresada por la exclamación de los periodistas que asistieron en el Palacio de la Moncloa al abrazo de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, una pareja de hecho que había pasado por un matrimonio interruptus y una separación con pesadillas incluidas, que al parecer son compartidas por algunos dirigentes socialistas, que ahora sí que es verdad que no podrán dormir por las noches, a pesar de su dorada jubilación, avalada por el IBEX 35, que esta semana ha caído en picado. “¡Oh!”, gritarán una y otra vez en la oscuridad, empapados en sudores fríos. Los que parecen recorrer la península desde la frontera de los Pirineos a Granada, donde aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid le han pedido a Luis Salvador que deje la alcaldía tanto el PSOE como ¡sus socios del PP! ¿O habrá sido únicamente Sebastián Pérez? Pero es que claro, la gente tiene que echar manos de la aritmética, porque lo que es principios, no tiene. 2+2… 120+35… Y el IBEX sigue cayendo, que para el caso lo que importa es en qué sillón se sientan algunos, ya sea en el pleno del Ayuntamiento o en el Congreso de los Diputados. Según un mensaje que circulaba esta semana por las redes sociales, el historiador Antony Beevor supuestamente alertaba de todos los males que asolan España: desenterrar a Franco, la fractura del Estado, el peligro de la inmigración... La realidad es que Beevor pensaba –como yo- que había que haber dejado el Valle de los Caídos como estaba para enseñar el horror de la arquitectura fascista, aunque no estaba tan seguro del traslado de los cuerpos, teniendo en cuenta el respeto a las víctimas del dictador. Pero lo que tiene claro es que no debe reescribirse la historia con los valores del presente. Sin embargo, en tiempos de incertidumbre, hay quien se aferra al pasado, y ahí tenemos a Vox, que es quien más se beneficia de –y distribuye- los miedos que implican estos mensajes apócrifos. Aparte de la tercera edad franquista, claro, aferrada firmemente a su sillón como nuestros políticos, aunque en este caso de lo que tiene miedo es de encontrarse a esos mismos políticos por la calle. Puestos a elegir, entre tantas barricadas, terrores y mensajes apocalípticos, más valen unos cuantos abrazos, incluso con Oriol Junqueras en la cárcel. Todo sea para construir, que no para destruir esto –nación, país, quimera, locura a veces- que llamamos España.
IDEAL (La Cerradura), 17/11/2019

lunes, 4 de noviembre de 2019

Truco o trato


España ya es materialmente un Estado federal, con dos grandes Administraciones públicas –Estado y Comunidades Autónomas- financiadas con un sistema en el que comparten las figuras tributarias que dan lugar a mayor recaudación y que suponen el grueso de los recursos públicos en España. Otra cosa es que desde el punto de vista social esta realidad no sea visible, entre otras cosas porque nuestros políticos no practican la pedagogía, sino la demagogia. De hecho, la relación de bilateralidad tan reclamada en Cataluña ya se mantiene normalmente con el País Vasco y Navarra a través del concierto y el convenio, dos “tratados” por los que se articula una financiación que va mucho más allá del régimen común, y no pasa absolutamente nada. Desde mi punto de vista estas comunidades también deberían participar en los mecanismos de solidaridad y de desarrollo regional –cosa que no ocurre ahora-, pero lo cierto es que los hechos diferenciales son una realidad desde que se aprobó la Constitución de 1978 en España. ¿Esto se sabe, se explica, se cuenta? No. Se ve que es mejor hablar de estado federal o plurinacional, cuando el Estado autonómico actual es básicamente lo mismo. ¿Truco o trato? Aquí preferimos el truco, y por eso tenemos a nuestros jóvenes desorientados, aborregados y maleables, quemando contenedores en Barcelona o tirando huevos y bombas de amoniaco en Granada a los autobuses y a los coches en la noche de Halloween, encapuchados o disfrazados de fantasmas. Aunque, claro, partiendo de la base de que buena parte de nuestros políticos también carecen de formación, poco puede esperarse. “Pedro, ¿tú sabes lo que es una nación?”, le preguntó Patxi López no hace tanto al presidente en funciones. “Un sentimiento”, le contestó Sánchez, que a veces se pone tan tierno que parece que lo han untado con mermelada. ¿Habrá estudiado algo desde entonces? Definir la identidad o la individualidad es algo difícil, y basta darse una vuelta por Granada para comprobar qué poco se parecen un vecino de la Chana y otro del Albaicín. Pero no creo que ellos tengan ningún problema para definirse, si es que es algo que les importa. Probablemente no, como a la mayoría de los españoles, que no tienen que disfrazarse para saber quiénes son. El autogobierno es simple: poder disponer de una casa, de un trabajo, pagar tributos y facturas, llegar a fin de mes. Y contar con alguien a tu lado, mirarlo a los ojos y recordar que, para vivir, no necesitas ni trucos ni tratos.
IDEAL (La Cerradura), 3/11/2019

lunes, 28 de octubre de 2019

España zombi


El deseo de cambiar la historia resulta bastante ridículo –ya hemos exhumado y paseado a la momia, para enterrarla de nuevo y resucitar quizá en el futuro al fantasma de Franco en otra campaña electoral- y sería mucho más útil para la sociedad tratar de explicarla, sin ningún matiz político. Y esto es posible en países maduros democráticamente, cosa que no es el nuestro. Aquí se estila más la demagogia, los desfiles para el Hola de una familia que debería devolver al Estado los títulos y bienes que robó el dictador y los vítores de Antonio Tejero y otros muertos vivientes que todavía jalean sin pudor a un genocida. Por eso se explica también que en nuestro país haya partidos que, defendiendo una ideología zombi, obtengan hoy día representación parlamentaria. Pero es que los muertos vivientes abundan en la derecha y en la izquierda, todos los que votaron o se abstuvieron en la decisión de desenterrar al dictador, refrendada por los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, una extraña unanimidad. Con los zombis ya se sabe, recuerdan u olvidan según el menú del día, si encuentran o no por la calle carne fresca. Y menos mal que la carne puede ser simplemente un puñado de votos, porque si no el próximo Halloween podría convertirse en una bacanal. Hubiera sido un buen día para celebrar las elecciones, a las que hubiéramos acudido disfrazados con la máscara de los candidatos, o del fantasma de Queipo de Llano, al que también quieren desenterrar, vayamos a que no esté bien muerto el hombre, o de Boabdil, al que creo que quiere ir a exhumar a Fez una nutrida expedición de políticos y empresarios granadinos, que se pagan el viaje con no sé qué fondos europeos. Eso sí que tendría sentido, traerse al último rey moro de Granada para enterrarlo en la Alhambra y aprovechar la ceremonia solemne para declarar la independencia de Andalucía Oriental. Y no se trata de una broma, no, todo se andará, que la prensa española cada vez se parece más a un TBO. ¿Certificó la ministra de Justicia, como Notaria Mayor del Reino, que Franco estaba muerto? ¿Llegó a abrirse el féretro? Lo mismo estaba vacío, y hemos desenterrado y vuelto a enterrar al fantasma causante de nuestras más sangrientas pesadillas. Porque se ve que el dictador camina todavía por las calles de España, siendo, cuarenta y cinco años después de su muerte, el símbolo con el que unos y otros pretenden movilizar a los votantes. España está zombi.
IDEAL, 27/10/2019

domingo, 20 de octubre de 2019

Independencia


Mal van las cosas cuando el Gobierno en funciones tiene que emitir un vídeo en varios idiomas para explicar que España es un Estado democrático. El problema parece ser que en España y en Europa hay demasiada gente que no sabe que la democracia empieza por el cumplimiento de la ley –la Constitución- que la legitima. Y si no te gustan las leyes que hay, intenta cambiarlas. Pero no hace falta quemar contenedores para eso, ni agredir a la policía, ni insultar a nadie en las calles de Granada, donde no debe enseñarse bien la Geografía, pues hay gente que cree vivir en Cataluña. ¡Que vivís en España en el año 2019! Pero claro, en una sociedad donde impera el mito asambleario virtual –no hay mucha diferencia entre insultar en la calle o hacerlo en las redes sociales- esto es difícil de explicar. La peña confunde el derecho a decidir con decidir lo que le da la gana, interrumpir el tráfico, colapsar un aeropuerto, jorobar la vida de miles de personas. Los radicales condenan las sentencias de los mismos jueces que garantizan que ellos puedan manifestarse y convertir las calles en un campo de batalla. Los radicales son “las fuerzas de ocupación”, y la policía es la que tiene que aguantar pacientemente que le escupan, insulten y agredan. En Cataluña, una parte de la clase política está tan confundida que ha pasado de cobrarles un impuesto revolucionario del 3% a los empresarios a chantajear a la gran mayoría de la población, que está ahíta de independentismo. Lo curioso es que el clan Pujol y compañía no utilizaban esta recaudación ilegal para construir un nuevo país, sino para abrirse cuentas en Suiza o radicar la base operativa del catalanismo extorsionador en paraísos fiscales como la isla de San Cristóbal, que lo mismo sería también un buen lugar para radicar una Cataluña independiente, a unos cuantos miles de kilómetros de la península Ibérica. Eso sí que constituiría un Tsunami Democràtic en el mar Caribe. Pero se trata de una confusión contagiosa, como demostraban los manifestantes esta semana en plena Gran vía, con consignas como: “El pueblo trabajador andaluz por el derecho a decidir” o “Las calles siempre serán nuestras”. En vez de mandar a la policía, habría que haber enviado a la recaudación municipal para cobrarles una tasa por aprovechamiento particular del dominio público. Y acompañados por unos cuantos profesores de Geografía e Historia. La verdadera independencia empieza por la educación. Derecho y Constitución debería ser una asignatura obligatoria en las aulas de toda España.
IDEAL, 20/10/2019