lunes, 12 de agosto de 2019

Tenis, tetas y política


La política es como el tenis: lo importante es devolver siempre la bola, y esperar a que el otro falle. Es lo que piensa quizá Pedro Sánchez, que va derivando la responsabilidad en unos y en otros. Lástima que no sea Rafael Nadal. A Nadal lo votaría sin muchos remilgos el ochenta por ciento de los españoles. Con que se rodeara de tan buenos ministros como ha tenido de entrenadores, lo haría muy bien. El talento le viene de familia, y se ve que él valora mejor que otros el ejemplo de los mayores. Pero lo importante es la mentalidad, lograr que mente, cuerpo y raqueta sean uno, visualizar para colocar luego la pelota en el lugar exacto. Pedro Sánchez se ha ido a hablar con el Rey esta semana, y por lo visto no le ha dicho nada bueno. El hombre no confía en Pablo Iglesias, pero tampoco en Albert Rivera ni en Pablo Casado, por lo que sintiéndolo mucho –les dijo primero al Rey y luego a los periodistas- lo mismo tenemos que convocar unas nuevas elecciones. Lo malo es que quizá para entonces buena parte de los españoles haya dejado de confiar en Pedro Sánchez, al que puede habérsele acabado la teta del Estado, que es como parecen ver demasiados políticos las instituciones: como una gran ubre a la que hay que ordeñar, aunque se llene con la leche que producen los españoles. La imagen no es muy edificante, lo sé, pero ya la utilizó Woody Allen en una película para ilustrar sus obsesiones con el sexo: un seno gigante perseguía a un hombre por el parque, disparándole leche. Pero es que algunos también confunden el sexo con la política. Y ahí tenemos a Donald Trump, un engendro lácteo capaz de acabar con el mundo. Y es que, si como cuenta Jaime Peñafiel, todavía fuera una costumbre buscar un ama de cría en la plaza de las Pasiegas, quizá se solucionasen la mitad de los problemas de España. Los candidatos podrían ser hermanos de leche, por lo que no tendrían dificultades para alcanzar pactos. Mucho mejor que mamar de las tetas del Estado. Porque la gran teta de la Seguridad Social está ya seca, y la teta de Hacienda no se va a volver a llenar ni con otra subida de impuestos. Total, los presupuestos vigentes los diseñó Mariano Rajoy, que ya anda destetado. Y esta es la compleja relación entre tenis, tetas y política. Espero que Pedro y Pablo se dignen a volver a entrar en la pista.
IDEAL (La Cerradura),11/08/2019

domingo, 28 de julio de 2019

Actores


En la fallida sesión de investidura, el Oscar al mejor actor se lo llevó Gabriel Rufián, que casi pareció sensato y les hizo saltar las lágrimas a los votantes de izquierda. Sobre todo, cuando contó cómo le explicaba las constelaciones al hijo de Oriol Junqueras, que está en la cárcel, pero que ha escrito un libro de cuentos para niños –“los que no puede leerles a sus hijos”-. Rufián les ha regalado el libro a Pedro Sánchez y a Pablo Iglesias, que si lo leen tendrán pesadillas sobre ogros constitucionalistas y sueños felices de independencia. Eso sí, en su despedida del Congreso todos utilizaron un tono sosegado, tirando a displicente, el tono que usan algunos padres cuando hablan a sus hijos, como si fueran imbéciles. Es el tono habitual de Pedro Sánchez, que lo exagera incluso cuando habla en televisión, como hizo el pasado jueves en el informativo de Pedro Piqueras nada más salir del Congreso, por lo que el público pensó lo mismo que esos niños piensan de sus padres cuando los tratan como imbéciles. Y qué decir de Pablo Iglesias, en su papel de tipo hipersensible e hipersensato. O de Adriana Lastra, que cerró el debate en plan Padrino, aunque las amenazas de muerte las transmitiera con todo el cariño. Quizá por eso Albert Rivera sólo sabe hablar de “la banda”, que es lo que parece ahora su partido, unos pandilleros que se dedican a perseguir fantasmas. Los que miraba Pablo Casado en el Congreso: ¿los Reyes Católicos? Por favor. Ese gesto le gustaría a Santiago Abascal, que se apropió de Miguel de Unamuno, al que se nota que no ha leído. Pues esto es lo que tenemos, actores alentados por sus partidos, donde hay guionistas que escriben argumentos que poco tienen que ver con los intereses de los españoles. Interesa más el clímax, la puesta en escena, aunque como en Juego de Tronos –esa referencia de Pablo Iglesias y tal vez de toda la clase política y de la propia sociedad- los personajes sean planos y carezcan de profundidad. Están construidos con tópicos, y dejan al ser humano anclado en la Edad Media. La diferencia es que en el Congreso aún no hay sexo ni violencia explícitos, que es lo que atrae a la audiencia. Sí hay, sin embargo, traiciones y vilezas. Y lo que parece una estupidez congénita. Mientras hablaban los portavoces, los diputados comentaban la jugada en grupos de WhatsApp. La llevamos clara. Porque el público va a pasar olímpicamente de la próxima ceremonia.
IDEAL (La Cerradura), 28/07/2019

domingo, 21 de julio de 2019

Provisionalidad


Nuestra tranquilidad requiere un esfuerzo ímprobo. Para que uno pueda tomarse unas vacaciones hace falta que miles de personas sigan haciendo su trabajo sin quejarse, aunque haga un calor capaz de derretir cualquier determinación. Sin embargo, nuestros políticos se empeñan en que vivamos en la provisionalidad, con un gobierno en funciones, unos presupuestos prorrogados que deberán prorrogarse de nuevo y sin ninguna propuesta de reforma o de cambio, pues del bipartidismo hemos pasado a un parlamento fragmentado, donde la pluralidad se ha convertido en impotencia, con partidos enquistados en sus propios intereses, que nada tienen que ver con los de los ciudadanos. ¿Habrá unas nuevas elecciones? Si las hay, el porcentaje de abstención quizá bata una nueva plusmarca, la de una clase política cada vez más deslegitimada y capaz de socavar la propia democracia. Al respecto, la opinión de los ciudadanos es meridiana: “¿Para qué hemos ido a votar”? El juego de sillones aburre hasta a sus protagonistas, aunque sigamos gastando energía y palabras para tratar de explicarnos tanta estulticia. Eso sí, la primera decisión que toman diputados y concejales es subirse el sueldo. Por lo que pueda pasar. Aunque por currículo y capacidades no puedan trabajar en ninguna empresa. Si no hay gobierno en julio será en septiembre. Si no lo hay en septiembre, convocaremos elecciones en noviembre. Para el caso, los recursos son públicos, y siempre existirá la posibilidad de subir los impuestos. Día a día, nuestros políticos demuestran que son incapaces de hacer un plan a largo plazo, acometer reformas sociales, construir un futuro para las nuevas generaciones que los ven como si fueran extraterrestres que hablan un lenguaje incomprensible, desconectado de la realidad. La gente, a 21 de julio de 2019, está hasta los cojones, y quizá sea esta una fecha distópica, donde se inicie una revolución silenciosa. No se levantarán guillotinas ni barricadas, sino que empezará con un silencio sepulcral. A partir de hoy, nadie va a hablar de la clase política, que vaciará las redes sociales, portadas y telediarios. No se comentarán más las frases vacías, los acuerdos incumplidos, las promesas fantásticas. Los candidatos irán licuándose, y del cuerpo político sólo quedará una carcasa, una piel hinchada que terminará colgada en un armario del Congreso. Porque la vida sigue a pesar de la provisionalidad en la que pretenden instalarnos. Y quizá vivamos mejor sin gobierno, sin parlamento ni ayuntamiento, sin concejales, senadores ni diputados, en una sociedad administrada por funcionarios. Cuánta energía requiere también el silencio. Hay que tomarse vacaciones incluso de la provisionalidad.
IDEAL (La Cerradura), 21/07/2019

domingo, 14 de julio de 2019

El mono cibernético


A las puertas de la cuarta revolución industrial, el ser humano se ha convertido en un mono cibernético, plano como una pantalla e incapaz de realizar las tareas creativas de sus ancestros primates. Lo único que nos emparenta con nuestros primos es la postura, pues caminamos por la calle cabizbajos, absortos en el móvil. Hasta en la playa hemos cambiado nuestras costumbres: ya no nos bañamos, sino que navegamos por Internet, aunque sudemos a chorros. Como mucho hay quien se da un rápido chapuzón para poder continuar chateando con otros monos cibernéticos. ¿Cómo serán? Se observa un nuevo comportamiento: la agresividad digital. No somos capaces de mantener una conversación si no se ve refrendada por la tendencia mayoritaria en una red social. Algunas personas, cuando hablan, se presionan repetidamente en las sienes –derecha o izquierda, dependiendo de la etiqueta política-, pensando “me gusta, me gusta”, e imaginando la aprobación virtual, aunque perdiendo la atención del interlocutor físico. O bien dibujan una mueca en su cara, transformada de pronto en un emoticono reconocible por todos, aunque les duelan la boca y la mandíbula, las cuencas de los ojos desorbitados o cerrados fuertemente para que algunas lágrimas salgan despedidas de las comisuras. También hay a quien, sin contacto con el móvil, se le agarrotan los dedos y aprieta los dientes, preguntándose cuántos comentarios se habrá perdido, cuántas veces habrán pinchado en su última foto, recién salido de la peluquería animal. Pero mis preferidos son los que hablan solos. Bueno, hablan con alguien, aunque si tú los miras, hablan solos. No porque tú los mires, sino porque efectivamente no van con nadie mientras pasean, corren o hacen la compra. Eso sí, el mono cibernético lleva unos auriculares puestos que lo aíslan del mundo, aunque todo el mundo oiga que lleva sin mojar tres semanas, que su marido se pasea en verano por la casa en pelotas, que su hija ha perdido la cabeza por un imbécil, o que ese imbécil jamás aprobará las oposiciones y que de los nervios le ha salido un sarpullido dolorosísimo en la ingle. Al mono cibernético no le importa que le oigamos, porque está convencido de que en ese momento no existe nadie más que otro mono cibernético, aunque seamos unos cien homínidos los que hacemos cola en el supermercado. Y a esto le llaman la revolución digital. Ver sin ver, oír sin oír, tocar sin tocar. El mono cibernético sólo se despierta cuando le quitas su sitio en la playa. Entonces se cabrea como un ser humano.
IDEAL (La Cerradura), 14/07/2019

domingo, 7 de julio de 2019

Fichajes


Mientras los partidos políticos intercambian candidatos y sillones, los equipos de fútbol intercambian jugadores. ¿Tributarán del mismo modo a Hacienda? Teniendo en cuenta que en este país se equiparan las transmisiones patrimoniales a las ideológicas, deberían pagar lo mismo. Porque si nos inventásemos un impuesto cuyo hecho imponible fueran las mentiras de los candidatos, y pagadero solidariamente por los partidos a los que representan, tendríamos superávit en las arcas públicas. Sin embargo, el nivel de exigencia a políticos y jugadores no es el mismo, aunque tanto política como fútbol sean juegos de errores. A los primeros les pedimos que muestren su patrimonio y estén al día con Hacienda, pero ¿y a los futbolistas? No deberían jugar con la selección española los que tengan deudas tributarias. Porque los deportistas que representan al país en las competiciones internacionales también deben ser ejemplares, o al menos parecerlo, y más si reciben un salario público. Y esto vale para entrenadores, directivos y cualquier cargo institucional. Países como Italia han bonificado las rentas de los futbolistas extranjeros, y allá se ha ido corriendo Cristiano Ronaldo, cuyo mayor reto futbolístico es ganar más dinero. ¿Estarían dispuestos los deportistas de élite a pagar más impuestos? ¿Lo estarían las grandes fortunas españolas? A pesar de Trump, algunos multimillonarios norteamericanos como Liesel Pritzker Simmons, George Soros, Chris Hughes –cofundador de Facebook– y Abigail Disney, quieren pagar más impuestos. “Es tiempo de que nosotros, que hemos sido bendecidos con un inusual éxito financiero o simplemente hemos tenido suerte, contribuyamos a un bien común y un futuro común”, ha dicho Simmons. Eso es tener cultura democrática. Y pronunciamientos parecidos se han escuchado en países como Francia y Alemania. ¿Y en España? Aquí, por desconocimiento, se confunden los impuestos con el pago de una multa, y los mal llamados liberales suelen despotricar de las medidas económicas que supongan una mayor contribución de los ciudadanos al sostenimiento de los gastos públicos. Pero tiene toda la lógica si se aplica el principio de capacidad económica, recogido en la constitución, de la que nos sabemos al dedillo los derechos, pero no los deberes: quien más gana, que contribuya más. Sin embargo, la práctica habitual de los ricos españoles es sacar del país su patrimonio para llevárselo a Andorra o a Portugal. Menudos fichajes. A Cristiano Ronaldo se le atribuye esta frase: “¡Tu amor me hace fuerte, tu odio me hace imparable!” No sé si la dijo después de declararse culpable de cuatro delitos fiscales y pagar 19 millones de euros de multa a Hacienda.
IDEAL (La Cerradura, 7/07/2019)

domingo, 30 de junio de 2019

El chiringuito


Entendida la política como un chiringuito, en el Ayuntamiento de Granada tendremos un alcalde, un vicealcalde y seis tenientes de alcalde de un total de once concejales que apuntalan el establecimiento. Pero, entre tantos jefes de cocina, ¿dónde están los cocineros y los camareros? ¿Quién hace los espetos de sardinas? Total, si sólo son unos cuantos miles de euros más en el presupuesto municipal por razón de cargos para que cada uno pueda estar a gusto consigo mismo. Y a esto hay quien lo llama regeneración política, que termina pareciéndose a la nueva cocina: menos comida y más superficialidad. Lo saben bien la mitad de los andaluces, que no podrán irse de veraneo. De hecho, en esta comunidad el 38,2% de la población se encuentra en riesgo de pobreza, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE); y en Granada, lo está el 40,2% de la población infantil. ¿Formarán parte de la “Gran Granada” y de la “Ciudad Elegida”? Me temo que no, ya que hay una gran diferencia entre el concepto de ciudad inteligente y cultural que tienen nuestros políticos y el que tienen los ciudadanos (que no el partido). Para los ciudadanos, empieza por la dignidad personal. Y respecto a nuestros políticos, la percepción más amable es de bochorno general. “A los políticos se les está yendo la pinza”, dice el juez Emilio Calatayud. “Abundan las reuniones secretas, los pactos secretos, los documentos secretos. ¿Qué fue de la luz y los taquígrafos? Vamos a ver, que ya no somos niños: la democracia no puede ser secreta”. Y añade: “Ahora que creíamos que teníamos una democracia adulta, resulta que está sufriendo una regresión a la adolescencia. Al final vamos a tener que juzgar a los políticos los jueces de Menores”. Todo se andará. ¿Será por dinero? Entre la cultura española no está la contribución al sostenimiento de los gastos públicos, sino gastar a costa del erario. Y ni siquiera la publicación de la lista de morosos por la Agencia Tributaria reduce el número de defraudadores a la Hacienda Pública. Total, acostumbrados a desnudarnos en las redes sociales, ¿quién siente vergüenza? Onofre Miralles, portavoz de Vox en el Ayuntamiento, ha definido el acuerdo entre Cs y PP como “el pacto de Cantarriján, donde tanto al PP como a Ciudadanos se les han visto las vergüenzas”. ¿Se habrá convertido también el consistorio en una playa nudista? Pues va a ser un poco incómodo trabajar en ese chiringuito, a pesar del nuevo acuerdo salarial. A ver si con una moción de censura nos refrescamos un poco.
IDEAL (La Cerradura), 30/06/2019

domingo, 23 de junio de 2019

Camaleones


Si la gestión del alcalde de Granada es tan opaca en los próximos cuatro años como las negociaciones que han llevado a su designación, más le valdría terminar su mandato (¿de quién?) antes de que alguien más salga perjudicado, además de los ciudadanos que no le votaron. Onofre Miralles no soporta a Sebastián Pérez; Sebastián Pérez no soporta a Luis Salvador; a Luis Salvador no lo soporta la mayoría de los votantes, que prefiere a Paco Cuenca; Antonio Cambril ve a medio alcalde, si es que alguna vez hemos tenido uno entero… La política de esta ciudad ha pasado de ser bochornosa a manifiestamente lesiva para el interés público. Y si tuviéramos una ley electoral menos permisiva, podríamos estar hablando de un delito de prevaricación, que castiga las resoluciones arbitrarias e injustas. ¿Qué interés público hay en las negociaciones entre los partidos que han perdido las elecciones? ¿Qué intereses de los granadinos representan los negociadores de estos partidos en Sevilla o en Madrid? Ni los propios candidatos locales lo saben, pues aquí se habla un dialecto que no se entiende fuera del reino nazarí, y sólo había que fijarse en las caras de póker que tenían los concejales electos en el pleno del Ayuntamiento. ¿Nos han ganado de farol?, se preguntaban. En el PP, de hecho, todavía no se han repuesto de la jugada, y va a resultar interesante (es un decir) cómo se fragua y luego evoluciona el nuevo equipo de gobierno. Teniendo en cuenta los eslóganes de la campaña del PP y Cs, la “Gran Granada”, y la “Granada elegida”, quizá la ciudad termine convirtiéndose en un holograma, tipo Matrix, con Morfeo y Trinity buscando a un elegido, especie de Neoalcalde en extinción. La cosa tendría su gracia si no fuera lamentable. Porque, ¿qué podemos esperar de unos ediles que sólo hacen lo que les mandan sus jefes de partido, independientemente de lo que sea bueno para Granada y los ciudadanos que representan? ¿Qué podemos hacer? Pues dejar que gobierne el candidato más insustancial y el partido más veleta que ha existido nunca en la historia de España, donde la misma falta de madurez política de Albert Rivera, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias quizá nos lleve a otras elecciones generales. Pero no creo siquiera que vivamos en España ni en Granada, sino en un extraño planeta cada vez más desértico y gobernado, como en la serie V, por reptiles disfrazados. Sí, han resultado ser camaleones. Y tal vez necesitemos verdaderamente acudir a estudios morfopsicológicos para convencernos de que son seres humanos.
IDEAL (La Cerradura), 23/06/2019