Dicen los psicólogos que a los niños y adolescentes de hoy les cuesta
trabajo distinguir ente ficción y realidad, y que tienden a reproducir en sus
vidas lo que ven en las pantallas, lo que explicaría muchos episodios de
violencia que se repiten en los centros de enseñanza y en nuestras calles. Pero
que sean los adultos quienes lo hagan es lamentable, y que mientras sueltan
arengas pueriles en las redes sociales acaben de verdad con la vida de miles de
personas. Los tiranos de hoy parecen meras caricaturas de los del pasado, pero
resultan igual de mortíferos. Los aprendices de Hitler y Stalin, que gobiernan
en USA, Israel o Rusia, compiten en los juegos de guerra que, por desgracia, no
sólo existen en sus cabezas. Si hubiera dirigentes responsables en esos países,
los quitarían de en medio. No ordenando su asesinato, como harían ellos, sino
recluyéndolos en instituciones para enfermos mentales, donde podrían dar rienda
suelta a sus delirios de grandeza. Luego están los dictadores domésticos, que
sólo cortan las cabezas de manera simbólica, y configuran las listas de
candidatos del partido a las elecciones según su conveniencia. En los
videojuegos políticos se ejerce otro tipo de violencia más taimada, como ocurre
en muchas instituciones y empresas, donde siempre hay sabandijas que se dedican
a la calumnia y a clavar puñales por la espalda que quizá no acaben con la vida
del objetivo, pero sí le causen problemas profesionales o personales. Psicópatas
y malnacidos hay en todas partes, pero el problema es que la gente los vote
para dirigir un país o una institución pública. Y si uno atiende a las
declaraciones que hacen en los medios de comunicación, al tufo de corrupción
que sale de las alcantarillas de las organizaciones internacionales, del Estado
y los partidos, resulta que se ha hecho realidad el apocalipsis descrito en “El
planeta de los simios”, pues los seres humanos –inteligentes, conciliadores,
independientes y pacíficos- son perseguidos por una horda de primates que ya no
van armados con palos y piedras, sino que dirigen gobiernos, empresas
tecnológicas, envían cohetes a la luna o los disparan sobre otros países en vez
de metérselos donde les quepan. En esa película, uno de los personajes,
Cornelius, dice: “Tengan cuidado de la bestia humana, pues es el instrumento
del diablo. Sólo entre los primates de Dios mata por diversión, por codicia, o
por avaricia. Sí, asesinará a su hermano para poseer la tierra de su hermano”.
Pero, como nos recordarían los psicólogos, no se trata de una película.
IDEAL (La Cerradura), 12/04/2026