lunes, 7 de septiembre de 2026

Costumbres

El “respeto a nuestras costumbres” es un argumento manido que sirve tanto para cargar contra la migración como para defender las fiestas del pueblo, aunque estas supongan un nivel de ruido prohibido en cualquier país civilizado o el maltrato de animales en lo que algunos siguen llamando la fiesta nacional. Y eso es lo único que tienen en común quienes utilizan el argumento, pues cuando se miran al espejo ven a un personaje cuyos rasgos y medidas les sirven para juzgar a los demás. Pero es un argumento vacío. Las costumbres cambian como suelen cambiar las personas. Es verdad que algunas no cambian nunca y se quedaron ancladas en la adolescencia en una sociedad cada vez más infantilizada. Son las que ven a las administraciones públicas como meras proveedoras de pan y circo, y no como una garantía para prestar servicios públicos esenciales, poder ejercer los derechos fundamentales e implicarse en la sociedad. Es una perspectiva de la que suelen contagiarse las propias instituciones y sus dirigentes, más pendientes de las reacciones de las redes y de acaparar protagonismo que de realizar políticas efectivas. Eso explica que se pierdan las oportunidades que propiciaron los fondos europeos Next Generation a raíz de la pandemia o que no se sepa cuánto dinero se ha invertido realmente en la provincia de Granada, como informaba esta semana Rebeca Alcántara en IDEAL. No se conoce con exactitud en qué grado de ejecución están los proyectos ni los proyectos mismos. Sólo sabemos que actuamos de tragedia en tragedia, y que la llegada de un virus, inundaciones, crisis bélicas, climáticas o energéticas, terremotos o el asalto a la frontera de Ceuta llevarán aparejados el anuncio de ayudas millonarias que habrá que ver cómo se concretarán, pues cada administración territorial, según el color político, no colaborará necesariamente con las demás. ¿Se resolverá el problema? Ese es otro tema que depende de las costumbres políticas de cada tierra y del calendario electoral. Lo malo de algunas costumbres de partido es que se convierten en dejadez administrativa. Después de cuatro años sin presupuestos, difícilmente podemos conocer cuáles son los ingresos y los gastos del Estado. Mientras se aprueban o no, nos piden que recuperemos la fe en la política. Confundir la ideología con la religión es otra tradición en un país con muchos fanáticos de las tradiciones y costumbres. ¿Cambiaremos las elecciones por procesiones y por fiestas? Dice un viejo aforismo que la costumbre vence a la ley. ¡Qué miedo! Sólo las costumbres de los demás nos parecen ridículas.

IDEAL (La Cerradura), 6/09/2026

lunes, 31 de agosto de 2026

Grietas

Granada está cubierta de tiritas que nos recuerdan un mes de agosto tembloroso, que por fin se va, junto a la series sísmicas. En las casas han aparecido grietas en los sitios más insospechados, y quizá descubramos más cuando pase el tiempo donde no solemos mirar. Hasta la Virgen de las Angustias ha tenido que mudarse, pues cuatro siglos pesan en los muros de la basílica y más debe pesar la devoción de los granadinos, dice el malafollá. Pesado ha sido el mes de agosto, caluroso y traicionero. Otro motivo para huir a la playa. Salvo el centro, ocupado por turistas, las calles siguen vacías, pero esta semana se llenarán de gente que volverá a la rutina. Algo que no se recuperará tan fácilmente en otras ciudades como Ceuta, donde son visibles las grietas del Estado español. Los países y sus administraciones demuestran lo que valen en la manera que responden a sus crisis y, si hoy domingo, debido a la carga de trabajo, los peritos del Consorcio de Seguros siguen evaluando daños, es porque algunas cosas funcionan a pesar del Gobierno. Porque dos semanas después todavía no se aclara lo que ha ocurrido en Ceuta, y la única verdad que aflora es la insolidaridad de las comunidades autónomas y de los extremistas que se aprovechan del miedo. Sin embargo, la solidaridad la están demostrando muchos ceutíes de origen marroquí, españoles que saben mejor que nadie lo que es vivir en la frontera. Si todavía nos quedara un poco de decencia, nuestros responsables públicos deberían avergonzarse de que la gobernabilidad del Estado y de las comunidades autónomas dependa de socios como Vox o Junts, que se ha apresurado a decir que ellos no participan en el reparto de menores, pero que Cataluña demanda las competencias en inmigración, para crear otra frontera. La demagogia alimenta las teorías de la conspiración, las mismas que en la Alemania nazi llevaron al holocausto judío. Ahora son los migrantes los chivos expiatorios y son nuestros políticos los que se están practicando un harakiri democrático, alimentado por su dejadez e incongruencia. “No nos protegen”, dicen los extremistas. ¿Qué hay que proteger? Nuestras fronteras mentales y sociales son como esas grietas que han aparecido estos días en los edificios y también en nuestras instituciones. Sólo la solidaridad y la defensa de los valores democráticos podrán apuntalarlos y devolverles la firmeza. La tranquilidad de poder vivir y trabajar en sociedad, aunque ahora que llega septiembre nos preparemos para subir lo que nos parece una empinada cuesta.

IDEAL (La Cerradura), 30/08/2026

lunes, 10 de agosto de 2026

Fronteras

La metedura de pata del Gobierno español ante la crisis migratoria de Ceuta es de las que marcan época y traen consecuencias. Primero por negar la evidencia al principio –74.000 personas entraron por la frontera-, y segundo por la debilidad mostrada ante el tirano marroquí, los socios europeos y la propia población española, que se siente desprotegida e indefensa gracias a la desinformación y el alarmismo extendido por la extrema derecha. El cinismo de Marruecos no tiene nombre, y la afirmación de que “seguirá siendo un socio fiable y responsable” significa que lo ocurrido esta semana se puede repetir en cualquier momento, como sabe perfectamente el ministro del Interior. El derecho internacional que tanto defiende el Gobierno debe aplicarse en todos los países y territorios, incluidos el Sáhara y Marruecos. Ceuta y Melilla no forman parte del espacio Schengen –que implica la libre circulación de personas, bienes y servicios-, por lo que no es posible que miles de migrantes pasen a la Península y a otros países europeos, como han denunciado Italia o Dinamarca, pero sí son fronteras europeas, y los ciudadanos de otros países de la UE no van a contentarse con las medias verdades del Gobierno. Los ceutíes y melillenses saben bien lo que es vivir en una situación de incertidumbre y provisionalidad, pero no los peninsulares y mucho menos los centroeuropeos, entre los que resucitan los fantasmas del fascismo. La solidaridad y la buena vecindad son excelentes propósitos, pero para eso tienes que tener un buen vecino, que no es el caso de Marruecos, deseoso de ocupar las ciudades autónomas y el lugar de España como socio preferente de Estados Unidos en el Mediterráneo, si no lo ha hecho ya. Lo peor es que a nadie parezca importarle la muerte de decenas de seres humanos. Ninguna campaña de VOX o Alternativa para Alemania hubiera sido tan efectiva, por lamentables que resulten las llamadas a los ciudadanos a defenderse con sus propios medios. Si la gente veía con recelo a los migrantes ahora lo hará más, y puede dejarse llevar por la indignación ante las noticias de la ocupación de casas, como ocurre en algunos pueblos de la Alpujarra. Las administraciones hacen cuentas sobre el reparto de los dos mil menores que entraron en Ceuta mostrando poca solidaridad, sobre todo donde Vox gobierna. Lo mejor que podrían hacer las ciudades de Ceuta y Melilla es convertirse en verdaderas comunidades autónomas y promover su entrada en el espacio Schengen. Así conseguirían mayor estabilidad institucional y la protección real de sus fronteras.

IDEAL (La Cerradura), 9/08/2026

lunes, 3 de agosto de 2026

El quejica

En la comunidad de vecinos todos miraban hacia el sur, como la ciudad, al piso del primero derecha. El propietario, que tenía fama de rentista, no pagaba las cuotas ni participaba en las inversiones de los elementos comunes, pero no hacía nada más que quejarse a la presidenta, que vivía hecha un manojo de nervios por sus continuas llamadas, mensajes de WhatsApp y encuentros fortuitos en la escalera. Porque “el quejica”, como se le conocía en el edificio, se había negado a pagar la derrama para poner un ascensor, así que todos los vecinos tenían que pasar por delante de su puerta. Y parecía que él estaba todo el día asomado a la mirilla, por si veía bajar a la presidenta o al administrador. Que si había un problema de humedades en su cocina. Que si la del segundo estaba aprendiendo a bailar sevillanas o andaba con tacones por el pasillo. Que si había un pestazo a tabaco en el portal. Que si había que prohibir alquilar los locales a negocios tan ruidosos. En fin. Una lista interminable. Pero, como él no pagaba las cuotas de la comunidad, tampoco tenía derecho de voto en las reuniones, y todas las decisiones se tomaban sin consultarle. El administrador, con su malafollá característica, decía que el del primero derecha era como la ciudad. “¡Que no se puede pedir tanto sin hacer nada, hombre! ¡Que tenías que ser alcalde o diputado provincial!” Esas cosas decía el administrador, que por su parte adjudicaba los contratos de obras y los cargos de la junta directiva a quien le daba la gana. Otra posibilidad era hacer al vecino presidente y ver si arreglaba todos los problemas de los que tanto se quejaba, como pensaba la presidenta. Pero el vecino del primero derecha hablaba mucho y hacía poco. Sólo alquilar los otros dos pisos que tenía en el edificio a los turistas. De eso no se quejaba, no, ni de las fiestas que hacían de madrugada. La presidenta no podía ni verlo. Siguiendo el ejemplo del administrador, decía que lo del ascensor era como lo de los trenes y los aviones, cosa que nadie entendía. “Sí, claro, él no paga el ascensor, pero como siguen viniendo a alquilarle los pisos, no le importa”. Pero espera, que el vecino acaba de abrir la puerta cuando bajábamos por las escaleras. “¡A ver si en vez de tanto hablar de mí, arreglamos las goteras!”, nos grita. Qué hombre más quejica. Ni que le hubieran negado poner en su casa la sede de tres o cuatro agencias.

IDEAL (La Cerradura), 2/08/2026

lunes, 27 de julio de 2026

Equipos

Es una lástima que la unión nacional sólo nos dure lo que un campeonato de fútbol. El juego de la selección ha sido toda una lección política: ningún jugador destacaba más que otro, el equipo estaba coordinado con un objetivo común. ¿Sería posible que actuaran así todas las administraciones públicas? Pongamos que tuvieran un Rodri en el medio campo llevando la batuta y a un Luis de la Fuente marcando las directrices desde el banquillo. Imaginemos, por un momento, que el banquillo está situado en el Congreso de los Diputados, que para la ocasión está tapizado de verde. Nadie discute ni suelta una patada injustificada, están concentrados en ejecutar la gran obra de nuestro tiempo. Sus señorías aún prolongan la hipnosis colectiva propiciada por la euforia futbolística, en la que el bien del buen juego vence al mal de los chanchullos del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y Donal Trump, que ha descubierto que hay otras pelotas interesantes aparte de la suyas. Tampoco a los granadinos les importaría tener más motivos para bañarse en la Fuente de las Batallas. Las únicas batallas que nos importan son las futbolísticas, y ojalá pudiéramos resolver en un campo todos los conflictos políticos. También son importantes los estilismos, como el vestido rojo de la reina Leticia cuando fue a darle un achuchón a Lamine Yamal, lo que ha levantado más polémicas que el VAR. Las mentes calenturientas no necesitan mucho estímulo, pero la temperatura ha subido hasta los cuarentaitrés grados. Esto sí que es un calentón mundial. ¿Qué se dirían Pedro y Donald durante el partido? Algunos nunca bajan de las estrellas, y ya tenemos dos. Si la política fuera igual que el fútbol, todo sería más sencillo. Habría que exigir que los congresistas de cada partido llevaran la misma camiseta, que sólo podrían quitarse en caso de celebrar una moción de censura, por ejemplo, y no sería válido intercambiarlas en mitad de la legislatura. Pero como siempre hay algún verso suelto, sí se permitiría marcar un gol en propia meta en forma de voto, todo sea por mantener la libertad de expresión, que también se valora mucho en el fútbol, y si no que les pregunten a los jugadores españoles cuántas veces les mentaron durante la final “la concha de tu madre”. En fin, para que luego hablen del opio del pueblo. Si los oligarcas del mundo fueran tan listos como dicen, invertirían más en la liga española de fútbol y menos en IA. Seguro que ganamos el próximo mundial.

IDEAL (La Cerradura), 26/07/2026

lunes, 20 de julio de 2026

Enchufes

En los partidos políticos españoles suele practicarse el enchufismo con mayor maestría que cualquier electricista, y a falta de intelectuales abundan también los fontaneros que tratan de arreglar las cloacas del Estado, según relatan las crónicas periodísticas. Uno ya no puede encontrar técnicos de electricidad o fontanería para las averías domésticas, pero podríamos pedirlos prestados al Gobierno de la nación o de algunas comunidades autónomas, que al parecer destinan muchas energías a colocar a los afines en las instituciones del Estado o a criticarlas según sople el viento judicial. Puede ser el novio de Isabel Díaz Ayuso o el hermano de Pedro Sánchez, pero cuando la UCO da por probada una actividad delictiva o un tribunal dicta una condena por prevaricación no se puede hablar de una campaña de acoso y derribo. “Sin familia me iría mejor”, deben pensar, y acudirán nerviosos a los encuentros fraternales, pues no saben nada de otorgar contratos, cargos o cátedras prescindiendo del principio de igualdad, los méritos y otras menudencias que deben regir los concursos públicos, y no los lazos familiares e ideológicos. Las imputaciones y las condenas se suceden en el círculo de Pedro Sánchez, y no debería bastar con echar balones fuera. No como la selección española de fútbol, que sí está de verdad enchufada en el Mundial, y que acapara el foco mediático. Es la excusa perfecta para no hablar de lo que se tiene que hablar, y también para hablar de más, como le ha ocurrido al expresidente Mariano Rajoy, que además de comentarista de fútbol debe de ser experto en árboles genealógicos, pues duda de la pureza de la sangre de los jugadores franceses. Es lo que pasa con la política y el fútbol, que vuelven a la gente daltónica. ¿Se habrá dado cuenta Rajoy de que la estrella de la selección española, Lamine Yamal, es de ascendencia marroquí? ¿O creerá que el rubio de su pelo es natural? Vaya, hombre, ya estamos aguando la fiesta. Que no, que no. Si el partido de esta noche está chupado. Si a enchufar la pelota, al hermano, la mujer, el novio o la novia, el cuñado, el sobrino o el amigo, no nos gana nadie. Uno coge el esférico en la portería patria y empieza a regatear argentinos hasta llegar a la portería contraria, dribla en último lugar al portero y marca a puerta vacía. Eso es colocar a alguien en un destino. Y si lo hace Lamine Yamal, incluso Mariano Rajoy alabará a sus padres. Todo sea por conseguir el éxito. A eso se llama enchufar.

IDEAL (La Cerradura), 19/07/2026

lunes, 13 de julio de 2026

Democracia

A falta de presupuestos, el Gobierno ha puesto en marcha una campaña de comunicación titulada “Dmocracia”, en la que con una marca de ropa ficticia se pretende difundir los valores democráticos entre los jóvenes. No ha costado 14 millones de euros, como se ha dicho, sino 386.000, pero podrían habérselos ahorrado predicando con el ejemplo. Porque lo que chirría a la gente es ver la política convertida en propiedad industrial. Lo mismo ocurre con los partidos, incómodos con la actuación de los jueces, y por eso pretenden reescribir las reglas de la democracia a su conveniencia, si no pueden controlar la Fiscalía General del Estado, el Consejo General del Poder Judicial o el Tribunal Constitucional. Desacreditar a la justicia es lo más fácil cuando han imputado a la directora general de la Guardia Civil, al jefe militar del cuerpo, a la presidenta de la SEPI y probablemente se impute al PSOE por irregularidades contables. ¿Hay jueces haciendo política o algunos políticos quieren convertirse en jueces? No sé si de verdad conocen los valores democráticos. España arde, y Donald Trump, que acostumbra a hacer negocios aprovechándose de su cargo e institucionalizando la corrupción, nos ha hecho una declaración de amor después de que Pedro Sánchez le prometa subir el gasto en defensa. Hay besos que son como una bomba atómica. Quizá por eso el presidente del Gobierno no ha querido saber nada del revólver serigrafiado con su nombre y seis balas que le ha regalado el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, anfitrión de la cumbre de la OTAN que se ha celebrado en Ankara, como al resto de los líderes que acudieron. Por lo visto, el revólver se encuentra custodiado en el Ministerio de Interior, que será el encargado de inutilizarlo para a continuación ser inventariado y almacenado. Cuánto remilgo. Vayamos a que le den a alguien tentaciones de utilizarlo. ¿Qué se regalarán en la constitución del Gobierno de la Junta de Andalucía el PP y Vox? ¿Puñales por la espalda? En Granada es toda una tradición utilizar a la Policía local como arma arrojadiza entre el gobierno municipal y la oposición. Dice Victoria Camps que la democracia necesita una virtud: la confianza; pues sin su construcción, no puede haber una auténtica democracia. Estaría bien explicárselo a los jóvenes, ahora que el Gobierno quiere celebrar que han pasado cincuenta años desde el fin de la dictadura de Franco. Y que se aplicaran el cuento. Porque se ve que les sobra confianza en sí mismos, pero tienen muy poca en los demás.

IDEAL (La Cerradura), 12/07/2026