lunes, 2 de marzo de 2026

Papeles

Resulta irónico que el mismo día en que el Gobierno desclasificaba los documentos sobre el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 muriese el principal protagonista, el teniente coronel Antonio Tejero. “Ya podéis decir lo que queráis”, parece haber sido su epitafio. “Que yo me voy”. Los españoles recuerdan de aquella fecha los disparos de los guardias civiles en el Congreso y cómo los diputados, salvo Adolfo Suárez y Santiago Carrillo, que permanecieron en sus escaños, se escondían de las balas y de los gritos de Tejero. “¡Al suelo todo el mundo!” Un momento relatado por Javier Cercas en el libro “Anatomía de un instante”, convertido en serie televisiva. El interés que sigue despertando la Transición entre los ciudadanos sólo es comparable al olvido de nuestra clase política, pero está bien que el Gobierno publique toda la información de la que disponga sobre la historia de España, donde ha habido cincuenta golpes de Estado en los siglos XIX y XX, el último el de julio de 1936. A los golpistas del 23-F, con los generales Alfonso Armada y Jaime Milans del Bosch a la cabeza, tampoco les gustaba la Transición, y creían que había que reconducirla para que el rey Juan Carlos I cumpliera las instrucciones que había recibido como sucesor del dictador Francisco Franco. Por suerte, no lo hizo, como tampoco apoyó el golpe del 23-F, lo que evidencia la documentación que ahora sale a la luz. En una época en la que los bulos suelen sustituir a la información contrastada, toda transparencia es poca, y se trataba de un bulo propagado por los propios conspiradores y la extrema derecha que fuera Juan Carlos I quien alentara a los golpistas y luego los dejara en la estacada. Al rey emérito se le pueden pedir responsabilidades por algunas actuaciones reprochables, pero no por el golpe del 23-F, pues la realidad es que impidió un baño de sangre. Al césar lo que es del césar. Todo debería ser así en democracia. Que se dijera la verdad y se reconocieran los méritos y también los errores de cada cual. En un tiempo en que los ciudadanos recelan de todo, sería bueno que saliera a la luz la información clasificada desde la Guerra Civil y la dictadura franquista hasta la actualidad. Serviría para refutar las interpretaciones interesadas sobre el pasado y para fomentar el conocimiento y la tolerancia. Aunque suponga poner en entredicho las creencias de cada cual. Nada hay más sano para el crecimiento personal y de la propia democracia.

IDEAL (La Cerradura), 1/03/2026

lunes, 23 de febrero de 2026

Consultas

El ser humano suele vivir en el presente, olvida pronto lo malo y se aferra a lo bueno que tiene, qué remedio, pues la vida es demasiado corta. De las desgracias solemos pasar rápidamente la página, y por eso no aprendemos de nuestros errores. En ese sentido, la pandemia del Covid-19, que ya nos resulta tan lejana, marcó un punto de inflexión en la sociedad española, que lejos de ser más responsable parece haber tomado como lema la irresponsabilidad. Y lo peor es que lo hagan quienes están al frente de las Administraciones públicas que, pasada la emergencia, no han invertido más en sanidad, como prometieron, sino que incentivan a los ciudadanos para que acudan a las compañías privadas. No es una casualidad que esta semana los médicos se hayan declarado en huelga y algún despistado haya acudido a la consulta para encontrarse un cartelito escrito a mano explicando las circunstancias. Para qué van a avisar a los pacientes con esas flamantes aplicaciones que deben ser descargadas en los móviles para hacer realidad la administración electrónica, que al final sólo sirve para abaratar costes, entre otros de personal. Si el sufrido paciente obtuvo una cita para dos semanas después, ahora tendrá que esperar otras dos semanas, siempre que no se haya muerto antes. Lo peor es que la aplicación se llame Salud Responde, que es como tratar de mantener una conversación con Gila cuando telefoneaba al frente. “¿Está el enemigo? ¡Que se ponga!” La otra opción es dejar de ir al médico y de preocuparse por la salud, y parte de la población, desde que se quitó la mascarilla y ante el riesgo de que vuelvan a encerrarla en casa, ha entonado el “carpe diem”. En ciudades como Granada, donde ya solía haber una barra en cada esquina del barrio, se ha duplicado el número de bares y restaurantes, que no son suficientes para vecinos y turistas, que agotan las reservas y hacen cola en la calle antes de que abran. No tenemos tiempo para tanta parranda. Los ayuntamientos están convirtiendo las ciudades en parques temáticos, mientras el Gobierno central y las comunidades autónomas, paradójicamente, se dividen las competencias –cuando no pelean entre sí- y permiten el deterioro progresivo de la red ferroviaria, la educación y la sanidad, que en un sentido u otro son los pilares donde se asienta un país. ¿A qué están destinando los fondos de la Unión Europea? Los retrasos ferroviarios no son nada comparados con los retrasos sociales. Cuando despertemos, las consultas seguirán vacías.

IDEAL (La Cerradura), 22/02/2026

lunes, 9 de febrero de 2026

Ríos

Pues se ve que un río atmosférico causado por el calentamiento del Ártico ha traído a Andalucía las lluvias del centro y el norte de Europa, donde estos días hace un sol de primavera. En la tierra granadina los ríos Genil, Darro o Dílar bajan crecidos de agua, y la gente, si es que se sale a la calle, se frota los ojos y grita: “¡Milagro!” Es lo mismo que exclaman los estudiantes universitarios, que han visto cómo la UGR retrasaba los exámenes de la convocatoria extraordinaria y les daban dos semanas más para estudiar. Pero ¿serán suficientes? ¿Aprobarán si se encierran a estudiar o saldrán a celebrarlo? Las autoridades no han dudado en declarar el estado de emergencia y los servicios de protección civil no dan abasto. Los milagros se salen del orden de la naturaleza y estos días se discute mucho sobre el cambio climático. A algunos, las lluvias torrenciales les dan la razón que a otros les quitan. “A ver, ¿dónde está ahora la sequía?”, dicen los escépticos.  “¿Y esto te parece normal?”, replican los otros, que aseguran que ni el clima ni las estaciones volverán a ser nunca los mismos. Puestos a elegir, ¿nos quedamos con un verano o con un invierno perpetuos? Seis meses de lluvias y seis de sol serían un buen punto medio. Aunque yo preferiría una primavera fresquita o un otoño con lluvias por la noche y sol durante el día. Eso suena casi perfecto. Y los ríos, siempre con agua, claro, aunque esté turbia, para poder filosofar con Heráclito. “Los cerdos prefieren el cieno al agua clara”. ¿Hablaba de los debates políticos en España? “Siéntate pacientemente junto al río y verás pasar el cadáver de tu enemigo”, dice también un proverbio chino, como si filosofase sobre el duelo entre Pedro Sánchez y Elon Musk. Las cosas que se le ocurren a uno viendo cómo crece el Genil, que está a punto de desbordarse y llevarse al mar todos los sueños calenturientos. Pero es que los seres humanos son como los ríos, pensaba Tolstoi. El agua es igual por doquier, pero cada río tiene sus peculiaridades. Y hay quien ve ahogados en la superficie a todos los fantasmas del pasado. A mí me gustan los versos de Borges: “Mirar el río hecho de tiempo y agua/ y recordar que el tiempo es otro río,/ saber que nos perdemos como el río/ y que los rostros pasan como el agua”. Abran un libro. Lean sus páginas. Que no nos lleve la corriente.

IDEAL (La Cerradura), 8/02/2026

lunes, 2 de febrero de 2026

Verdades

Acostumbrados a opinar lo que queramos, resulta normal que no valoremos el privilegio que supone poder expresarnos libremente. Es lo que más molesta de la Unión Europea en países como China, Rusia o Estados Unidos, donde ya sólo pueden hacerlo el presidente y quienes le acompañan sumisamente en el ejercicio del poder. Pero también en España empiezan a molestar quienes no siguen el discurso dominante o quienes no se alinean políticamente con el Gobierno o el partido de turno, porque a nuestros aprendices de brujo les gusta más un régimen de lo que están dispuestos a confesar. Han perdido no sólo la capacidad de razonar objetivamente, sino que, una vez que se han aprendido el discurso, lo repiten como un mantra, aunque la realidad les contradiga una y otra vez. Y resulta ya inadmisible que el ministro de Transportes, Óscar Puente, siga hablando del correcto mantenimiento de la red ferroviaria cuando los informes técnicos señalan que ha sido una rotura por el mal ensamblaje de las vías lo que causó el descarrilamiento y la muerte de 45 personas. Cuando la gente no distingue entre realidad e irrealidad, les parece que el fin justifica los medios. Pero no es así. La regularización de medio millón de inmigrantes era un buen fin, pero que sea haga por decreto ley evitando el debate parlamentario no es justificable, entre otras cosas porque estigmatiza a los propios inmigrantes. También era necesaria la subida de las pensiones, que habría sido apoyada por la mayoría de los grupos políticos en el Parlamento, pero se ve que, en este caso, no era la intención del Gobierno que se hiciera efectiva, sino poner en evidencia al PP, Vox, Junts y UPN, que votaron en contra de la convalidación de otro decreto ley que metía en el mismo saco otras cuestiones que no tenían nada que ver con el nivel de vida de los pensionistas españoles. Esos pensionistas que, como todos los ciudadanos, necesitan que se hable de cosas reales y poder creer a los representantes políticos. La objetividad de que, sin ir más lejos, funcionen correctamente los servicios públicos. La calidad de la democracia, como la calidad de vida, radica en cosas concretas. Que tengamos los papeles en regla, que podamos pagar las facturas, que disfrutemos de un poco de tranquilidad en nuestro día a día. Y los procedimientos de aplicación de las normas deben ser transparentes. Esa es la fuerza de la democracia, frente a la demagogia del poder. Los demagogos, por bien intencionados que sean, se igualan en el recurso a la mentira. 

IDEAL (La Cerradura), 1/02/2026

lunes, 26 de enero de 2026

Trenes

Los trenes de la política van demasiado rápido, no se hacen planes a largo plazo, como mucho a una legislatura, dos los más optimistas, pues los objetivos los marca el calendario electoral. Pero en las cuestiones básicas, como el modelo de Estado, las infraestructuras y el funcionamiento de los servicios públicos siempre debería haber acuerdo entre los grandes partidos, y que no nos resulte sorprendente que exista una actuación coordinada entre el gobierno central y la Junta de Andalucía y ver en una misma foto al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, al presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, y al ministro de Transportes, Óscar Puente. No tendría que hacer falta una tragedia ferroviaria como la de Adamuz para que esto ocurra, y a los ciudadanos les gustaría que esta fuera la tónica habitual en la política española en vez de la crispación. Pero se agradece la actuación de los servicios de emergencias y que los responsables públicos estuvieran en la zona cero del accidente. Luego vendrá el análisis del estado de las vías y que se asuma la responsabilidad, pues la red de ferrocarril debería estar en perfectas condiciones y no es el caso, como han denunciado los maquinistas en una semana en la que también ha habido accidentes en Cataluña y Asturias. ¿Una coincidencia? Por ahora no hay demasiados reproches públicos. ¿Seguirá la tregua entre las administraciones? Ante la incertidumbre y vulnerabilidad que despiertan las tragedias entre la población, se necesita que las autoridades transmitan seguridad y tranquilidad. La solidaridad entre los líderes políticos y las administraciones territoriales podría ser la norma, en vez de la excepción. Viajar en tren ofrece la posibilidad de contemplar el paisaje en el sentido de la marcha u observar cómo se aleja, dependiendo del asiento que elijamos, como si reflexionáramos sobre el futuro y el pasado al mismo tiempo. Vamos mirando el paisaje por la ventanilla y vemos el reflejo de nuestra cara, como si estuviéramos fuera y dentro, como si pudiéramos vernos desde el exterior y analizar nuestro papel de viajero. Lamentablemente, la vida también puede depender de esa elección, de subirnos al tren o no, de dejar que pase y esperar al siguiente, de que haya algún retraso, y puede haber luz u oscuridad al final del túnel. Pero la gestión política no es una cuestión de azar. Si en el tren del Estado no se suben las principales instituciones llegará a una vía muerta. Dejen los intereses privados en el andén. En ese tren sólo cabe el interés público.

IDEAL (La Cerradura), 25/01/2026

lunes, 19 de enero de 2026

Efímeros

En un mundo donde impera la inmediatez, las cosas suceden sin que de tiempo a meditarlas o a comprenderlas, ofrecen un titular y luego desaparecen. Si fueron buenas o malas, causaron beneficios o estragos, no importa. Antes de que la acción se agote, otro suceso aparece en el horizonte, conexo o inconexo, lo importante es aturdir al auditorio, que está saturado, empachado de catástrofes, pero necesitado de otra inyección informativa antes de que le entre el mono. Es la técnica que utilizan los populistas como Donald Trump, que no para de bombardear disparates a un público idiotizado antes de lanzar bombas de verdad. Pero ocurre en cualquier ámbito, en las empresas, donde se esperan beneficios inmediatos, en el entretenimiento, por supuesto, donde las series y películas tienen tantos puntos de tensión o de clímax que no se entiende el argumento, si lo hay, o en el fútbol, donde los entrenadores duran tanto como el número de victorias o los caprichos del presidente, y digamos que hablo del Real Madrid y del despido de Xabi Alonso. Pero también en la política pretendidamente seria, donde algo tan importante como el sistema de financiación autonómica no se diseña pensando en las necesidades de todos los ciudadanos españoles, sino en los del partido de una sola comunidad autónoma, cuando no en los del partido que gobierna el Estado o de una única persona que quiere seguir a toda costa ostentando la presidencia del Gobierno. Algo, por cierto, que no sólo es predicable de Pedro Sánchez, sino también de José María Aznar en 2001 o de José Luis Rodríguez Zapatero en 2009. Si hay que hablar catalán en la intimidad se habla, porque lo que importa es el presente, su presente, no el futuro de los ciudadanos. Y cuando sólo se piensa en cuotas de poder, en la parcelación del poder político y en las próximas elecciones, no es posible que haya un proyecto para el país, la región o la ciudad, que ponen su empeño en eventos efímeros que den para un titular antes de que sea devorado por la vorágine informativa. Eso explica que en Granada las infraestructuras sigan siendo deficitarias después de casi cincuenta años de democracia, que en Andalucía la sanidad pública ya no sea la joya de la corona y que en el conjunto del Estado el sistema autonómico se haya convertido en una batalla entre reyezuelos que se creen dueños de los recursos públicos. Los caudillos tienen prisa. La democracia pide calma y sensatez. Pero hay que creérsela.

IDEAL (La Cerradura), 18/01/2026

lunes, 12 de enero de 2026

Matones

Si pudiéramos rebobinar el reloj del tiempo, tendríamos que buscar el momento en que el mundo iba a convertirse en un patio de colegio privado malo, donde los matones se retan e imponen la fuerza bruta, porque carecen de cerebro. Y podría parecer una caricatura con Chucky, el muñeco diabólico, ejerciendo de presidente de USA, y con su amigo Freddy Krueger en el de Rusia. Y con ese no se mete, no, vayamos a que le suelte un buen sopapo, sino que le pega al gordito venezolano, que sólo acertaba a masacrar a los de su clase. Se ve que el patio americano ofrece recursos energéticos por el sur y minerales raros por el norte, por lo que siembra el terror entre los debiluchos que creen que hay que respetar las reglas. Y todo porque en realidad a quien teme es al gigante chino, que ha resultado ser mucho más simpático que él dentro del patio mundial, donde la mayoría de los parvularios lo que quieren es que les dejen trabajar y jugar tranquilos. Haría falta una buena profesora para poner orden entre tanto niñato americano y europeo que no se atreve a plantarle cara. Sólo Pedrito dice esta boca es mía, pero ya no se sabe si lo dice de verdad o no, que se ve que no atendió el día que contaron el cuento del pastor mentiroso. Quizá pudiera hacerlo la señora Úrsula von der Leyen, que preside el sector europeo y fue ministra de defensa de los alemanes. Es una lástima que el mundo no sea realmente un patio de colegio, pues los matones sólo entienden un lenguaje y la señora von der Leyen, que es médico, debería ponerles unas cuantas inyecciones en el culo. No podemos preguntarles a los rusos y a los chinos, que no viven en países democráticos, pero en USA, que lo era, y visto lo visto, ¿estarán contentos los ciudadanos que votaron al partido republicano? ¿Forman también parte de la pandilla callejera? Quizá la solución se encuentre en el propio patio norteamericano, donde no sería la primera vez que los oprimidos por los matones de turno se unen para arrinconar a los violentos y alcanzar la paz colectiva. Porque el asunto está en respetar o no la soberanía de cada parte del patio, y quienes aplauden al matón, como Santiaguito, Isabelita y compañía estarían dispuestos a entregársela sin pestañear. Quienes lo apoyan o no defienden a los débiles no son de fiar. Antes o después te traicionarán. Eso lo sabe cualquier niño del colegio.

IDEAL (La Cerradura), 11/01/2026