lunes, 25 de octubre de 2021

Enmascarados

Al parecer, la mascarilla se ha convertido en un símbolo, y el Gobierno quiere que la sigamos llevando (como hace el presidente Pedro Sánchez para aprobar los presupuestos, dirán algunos, para pactar con Otegui, por ejemplo, que siempre se ha escondido tras la misma máscara siniestra), aunque la realidad es que ya podemos quitárnosla en bares y discotecas. La ministra de Sanidad ha dicho que la mascarilla ha llegado para quedarse, y que nos la continuaremos poniendo mientras sigan presentes “los virus de la gripe y otros”, es decir, los que han existido siempre, más los nuevos que vayan naciendo y los que se van metamorfoseando, con ayuda humana o no. La ministra quiere que nos volvamos japoneses, algo que a mí, personalmente, no me importaría, aunque no sé lo que pensará al respecto Santiago Abascal, de cuya voluntad, según dicen los sondeos, dependerá el color del próximo gobierno. ¿Adelantará las elecciones Pedro Sánchez como le aconseja su ex Iván Redondo? ¿Aprovechará que aún llevamos la mascarilla? Por lo que observo, mucha gente pasa ya de la careta olímpicamente, porque resulta absurdo que puedan quitársela para comer con diez personas en un local cerrado (todos los restaurantes están llenos, la nueva normalidad es una fiesta permanente) y luego tengan que ponérsela para salir a fumar, aunque cada vez se pueda fumar menos. Canarias ha prohibido que se fume en terrazas o cuando se va andando por la calle si no se cumple la distancia de seguridad, pues ya deben tener bastante humo con el volcán. Si aplicáramos los mismos criterios en Granada no podría fumar nadie, pues con los niveles de contaminación existentes varias generaciones tienen asegurado el cáncer de pulmón. Pero no por eso prescindimos del coche. Los atascos en la circunvalación son dignos de estudio. Una ciudad pequeña que vive con un nivel de estrés comparable al de cualquier capital con varios millones de habitantes, hablando sólo de la población, claro, no de nuestros políticos, cuya única preocupación es el juego de las sillas musicales (el reguetón ha llegado también a los congresos de los partidos). Para la contaminación y la política sí hace falta llevar una mascarilla, incluso para la contaminación política. Pero no para la covid-19, si tenemos puesta la vacuna. ¿O es que no sirve siempre la vacuna? ¿Nos hace falta una tercera dosis? ¿Tendremos que vacunarnos todos los años? Con esto de los virus, siempre hay una incertidumbre en el ambiente. Vivimos sobre fallas sísmicas y sobre fallas víricas. Y el miedo es un ser enmascarado.

IDEAL (La Cerradura), 24/10/2021

lunes, 18 de octubre de 2021

Diversidad

En un contexto europeo, en el que uno de los lemas de la UE es la unidad desde la diversidad, el tratamiento de los problemas nacionales como el de la financiación autonómica debería afrontarse desde una óptica diferente a la que nos tienen acostumbrados los barones y baronesas autonómicos. Primero, por los condicionantes de la propia política presupuestaria europea derivados del pacto de estabilidad; segundo, porque no pasa nada por reconocer las diferencias geográficas, sociales y políticas de las distintas regiones españolas. Pues no es lo mismo vivir en Castilla la Mancha que en Canarias, en Madrid que en Cataluña, en Andalucía que en Melilla. La dispersión territorial y la insularidad, la renta per cápita y la coexistencia de las lenguas oficiales, la población o la presión migratoria, por ejemplo, todos son criterios válidos dentro del sistema de financiación autonómica. A los ciudadanos, independientemente de dónde vivan, les preocupa lo mismo: que los servicios públicos esenciales, sanidad, educación y servicios sociales sean iguales en cualquier parte del territorio español. A partir de ahí, pueden reconocerse los hechos diferenciales, como ya preveía la Constitución, que distingue entre comunidades de régimen común, y las singularidades de los territorios forales, País Vasco y Navarra (donde podría incluirse a Cataluña), de las Islas Canarias y las Baleares y de las tan olvidadas ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, y a las que pueden sumarse el resto de las comunidades autónomas españolas, que aspiran legítimamente a recibir un tratamiento singular pero igualitario. Algo posible si hubiera más pedagogía y menos demagogia, que es precisamente lo que ocurre en el ámbito de la Unión Europea, a cuyas instituciones nuestros políticos suelen acudir sin embargo más tranquilos y civilizados, más solidarios e incluso más políticos, si es que puede decirse esto, por las cuentas que les trae. Porque se trata de eso, de hacer cuentas, de repartir los recursos europeos y nacionales de la manera más eficiente y atendiendo a las necesidades de los ciudadanos, no de las baronías de determinados partidos, acostumbrados a jugar al Monopoly español, también llamado Reinos de Taifas. Si cuando se habla de Europa, nadie duda de las ventajas de una integración económica, fiscal, presupuestaria, jurídica, civil, ciudadana y democrática, que es lo que convierte a la UE en una potencia mundial y en un oasis social, resulta ridículo que ese mismo planteamiento no sea también la directriz de España. Un país autonómico, federal o plurinacional en sentido material, porque la denominación es lo menos importante. Lo importante es adónde va.

IDEAL (La Cerradura), 17/10/2021

lunes, 11 de octubre de 2021

400 euros

Mi hijo se ha llevado un chasco al saber que el Gobierno no le va a dar a él 400 euros cuando cumpla 18 años. “Es una medida que va en la ley de presupuestos de 2022”, le digo con el tono grave de la cruda realidad, “por lo que se los darán a los que los cumplan el año que viene. Pero lo mismo sí te puedes beneficiar de la ayuda de 250 de alquiler para los que quieren independizarse”, le dejo caer. “Ja, ja”, se ríe irónicamente, por lo que deduzco que a él le hacía ilusión tener pasta para libros y pelis, pero no tanto irse de casa. Está bien que, a falta de tradición cultural y democrática, Pedro Sánchez quiera volvernos europeos a golpe de talón. O quizá vikingos, pues en los países nórdicos te dan ayudas y un piso cuando alcanzas la mayoría de edad. ¡E incluso te dan trabajo!, que es un detalle importante para poder ganarse la vida. Porque entre la renta básica y ayudas varias, hay quien cree que ya no va a tener que dar nunca un palo al agua. ¡Qué suerte tienen los que cumplan 18 años en el 2022! De la generación Ni-ni (ni estudia ni trabaja) vamos a pasar a la generación Pa-pa (paga papá Estado). Todo lo que sea ayudar a los jóvenes es positivo, pero quizá también habría que preocuparse por desarrollar proyectos a largo plazo, como transformar un mercado que ahora sólo les ofrece trabajos eventuales, sueldos irrisorios y muy pocas perspectivas en un país que sigue sin invertir lo suficiente en ciencia y conocimiento, desarrollo industrial y tecnológico, y cuyo mayor incentivo para el capital extranjero siguen siendo la especulación inmobiliaria y el turismo. De los 458.970 millones de euros de gasto público presupuestados para el año 2022, el 53% irá para las pensiones, las prestaciones por desempleo, el sueldo de los funcionarios y los pagos en intereses de la deuda. ¿Y el futuro? Políticos y partidos deberían trabajar por un modelo de país, independientemente de quién gane las elecciones. En cuestiones básicas como sanidad, educación y derechos sociales, y también sobre la organización territorial y economía, debería haber un pacto de Estado. No es ninguna quimera, pues este país ya hizo ese pacto en la transición democrática, que hay que renovar. Lamentablemente, en España no solemos poner en valor lo que hacemos bien, algo de lo que sí están deseosos esos jóvenes. Mientras no se haga, esos 400 euros serán como los 400 golpes.

IDEAL (La Cerradura), 10/10/2021

lunes, 4 de octubre de 2021

Carne

La preocupación por la salud y el cambio climático genera debates dialécticos. “Bicicleta, esto es una acera”, leo en el camino de las Vacas. “Vete a la carretera”, concluye el mensaje, escrito en el suelo con pintura negra. “¿Esto no es un carril bici?”, ha escrito otro justo después con pintura roja, a quien imagino pedaleando furiosamente. Al menos se resisten al chuletón al punto. No como el presidente Sánchez que, para mediar entre el ministro de Consumo, Alberto Garzón, y el de Agricultura, Luis Planas, no se ha decantado por uno ni otro, sino por la carne. Es comprensible, aunque Garzón haya pedido reducir su consumo para frenar el cambio climático. ¿No habría que reducir también la producción masiva de corporaciones y países, las emisiones de dióxido de carbono, los mensajes tóxicos que emiten algunos políticos como si fueran volcanes? La lava del de la Palma va a ampliar el territorio español, que seguramente esté presto a defender Santiago Abascal, quien tiene pinta de comer muchas proteínas. Y es que en esto no se ponen de acuerdo científicos y médicos. Los huevos son excelentes. O no. Una copa de vino al día es muy buena para la salud. O no. Las grasas son malas para el organismo. O no. Porque la mayor parte del cerebro humano está formado por materia grasa, por lo que habría que comer jamón con su tocino. ¿Quién puede renunciar en España al jamón serrano? Este podría ser un buen lema para unir a los partidos. Incluso a las comunidades autónomas, si lo comemos con “pan tumaca” y un poco de butifarra, como hacía Jordi Pujol. También el deporte puede ser bueno o malo para la salud según como se practique, y fuera de las guerras entre ciclistas y andarines en la Vega de Granada hay un espacio personal que se encuentra entre el placer y el esfuerzo, aunque haya quien altere el orden y corre diez kilómetros para luego tomarse unas cervezas con sus tapas variadas sin cargo de conciencia. La carne y el ejercicio siempre han formado un círculo vicioso. Cuanto más ejercicio, más hambre y, dependiendo del ejercicio, más bocas que alimentar. Yo no lo tengo claro, salvo porque cada uno es hijo de su tiempo y es muy difícil cambiar los hábitos con los que te has educado. Pero, para cambios, los climáticos. Dicen que los volcanes acabaron con los dinosaurios, para los que los seres humanos no seríamos más que un aperitivo. ¿Nuestro mundo se acaba? Carpe diem.

IDEAL (La Cerradura), 4/10/2021

lunes, 27 de septiembre de 2021

Pajaritos

La fiesta empezó a las cinco de la tarde, aunque la policía no llegó hasta las cinco de la mañana. Mientras tanto habíamos tocado la batería, bailado reguetón y cantado por las ventanas, aunque el momento álgido fue cuando Manolo se enfrentó con un vecino y, al inclinarse sobre la barandilla para gritarle a gusto, se cayó por el balcón, menos mal que vivimos en un segundo. Esto tiene otras ventajas, pues cuando se nos acaba la bebida no tenemos que acudir a “Glovo” si no queremos salir de casa, sino que nos basta con echarle una cuerda y un cubo al chino de la tienda de abajo. Total, si era jueves y al día siguiente no teníamos clase en la universidad. Que nosotros trabajamos mucho a pesar de lo que dicen, pero no durante los fines de semana, aunque es verdad que en esta época son cada vez más largos, pues las fiestas en el piso duran ya la mitad de la semana. ¿Se acortarán cuando se acerquen los exámenes? Depende. Mario está dispuesto a dejarse unas cuantas asignaturas, pues no quiere terminar la carrera. “¿Qué voy a hacer cuando no sea estudiante?”, suele decir. “Si no hay trabajo. Prefiero seguir estudiando hasta que mejoren las cosas”. Y Natalia ha decidido tomarse directamente un año sabático, y eso que tampoco ha terminado Psicología, que ya lleva matriculada cinco años. Cómo le gusta psicoanalizarnos cuando se lía esos petardos que parecen puros. “Esta hierba tiene usos terapéuticos”, dice convencida. Y qué bien se entendió con la policía, menudo palique, aunque quizá ellos no entendieran nada, porque cuando Natalia fuma emite una especie de balbuceo que sube y baja. Yo, por mi parte, soy mucho más metódico, y sólo estudio una semana en los períodos de exámenes, en enero y febrero, junio y julio, entre los que me reparto aritméticamente las asignaturas obligatorias y optativas; es decir, un mes entre los dos semestres, lo que puede no parecer mucho, pero exige concentración entre tanta fiesta. Lo peor ha sido la denuncia y quizá la multa que nos pongan, aunque si la pagamos a pachas tampoco será para tanto. Hoy es domingo. Manolo tiene el pie escayolado y no se puede mover del sofá. Natalia no se ha levantado de la cama y Mario lleva cuarenta y ocho horas desaparecido. Yo, no sé, creo que voy a poner un poco de música y a echarle el cubo al chino. Y mañana ya veremos. Qué alegría nos da que las clases vuelvan a ser presenciales.

IDEAL (La Cerradura), 26/09/2021

Megavatios

La realidad es cambiante y extraña. Si pudiéramos verla con cristales de aumento, descubriríamos que todas las cosas no son más que fuentes de energía, protones y electrones oponiéndose entre sí. Incluso su jefe, ese ser del que parece depender su vida y, sobre todo, su cuenta corriente, no es más que una bombilla andante, que fluctúa como la factura de la luz, que también no debe de ser más que energía, aunque mensualmente mentemos a su madre, es decir, a las compañías eléctricas y los mercados que las parió. ¿Hay una pandemia? ¿La hubo? ¿Estuvo usted encerrado sin poder salir de casa? Si atendemos a las diferentes administraciones públicas, deseosas de planificar y celebrar sus diferentes fiestas, podríamos pensar que no. A la gente le falta ahora tiempo para casarse, salir de viaje, quedar con la familia y los amigos y llenar los locales de hostelería que abren las puertas como brazos abiertos para reencontrarse con la clientela. Menos mal que tenemos al Tribunal Constitucional para recordarnos que, entre tanto megavatio, las leyes siguen aplicándose, empezando por la Constitución. Porque sí, ya sabíamos que la declaración del estado de alarma era inconstitucional y que el parlamento había hecho dejadez de sus funciones, aunque sus señorías hayan seguido cobrando sin salir de casa. Pero se ve que en España nos gusta llevar las cosas al límite, ya se trate de combatir una pandemia o de elegir a los miembros del Consejo del Poder Judicial. Cuestionamos la separación de poderes, suspendemos los derechos y libertades fundamentales de los ciudadanos, hipotecamos el futuro del país con la emisión desaforada de deuda pública, lo que haga falta. Políticos y ciudadanos parecen vivir en el presente, y si uno atiende a la actualidad informativa razones no les faltan. No hay pasado y no hay mañana. En 2025 el planeta empezará la cuesta abajo inevitable debido al cambio climático y en 2050 quien todavía viva lo hará bajo las aguas, kilovatios de energía que nadarán entre delfines y sirenas. No está mal. Podría ser peor, si creemos a Pedro Sánchez. Si no fuera por él, este país se hubiera ido al garete. Nos ha salvado ya cientos de veces. Del coronavirus, del paro, del IVA, de nosotros mismos. Cada anuncio mesiánico nos ha supuesto una liberación y una verdadera explosión de energía. Y así estamos, con la factura de la luz por las nubes. Pero ¡calma! Si siente que se enerva, haga como el Tribunal Constitucional. Frente al exceso de iluminación, sólo hay que apagar los interruptores.

IDEAL (La Cerradura), 19/09/2021

lunes, 13 de septiembre de 2021

Reguetón

Hay una canción que me persigue desde hace semanas, un reguetón con poca letra que repite machaconamente los mismos ritmos y que se oye en los pisos de estudiantes (¡han vuelto!), en las fiestas de pueblo (hemos tenido que huir) y en las terrazas de los pubs (vade retro). Las canciones o maldiciones del verano se ponen todavía en los chiringuitos y, según las crónicas periodísticas, podríamos oírlas también en el Ayuntamiento de Granada, pues según denuncian el PP y Ciudadanos al exalcalde Luis Salvador le han montado uno con el nombre de “Estrategia 2031, Anillo verde, Internacionalización de la marca Granada y GRX cardiosaludable”. ¿Logrará que nos expulsen de España? ¿Nos dará un infarto colectivo? Deprime ver lo que tienen que hacer alcaldes y exalcaldes para asegurarse el futuro político, aunque sea a costa de traicionar la confianza de los ciudadanos o del partido. Así que la gente prefiere bailar el reguetón, ya convertido en un discurso político: “No me importa lo que de mí se diga. Viva usted su vida, que yo vivo la mía. Que solo es una, disfruta el momento. Que el tiempo se acaba y pa' atrás no vira”. Y el coro de estudiantes, desde las ventanas: “Bebiendo, fumando y jodiendo. Sigo vacilando, de party to' los días. Síguelo (¡Farru!). Síguelo (la rola y pepa)”. Y en el pub: “Pepa y agua pa' la seca. To' el mundo en pastilla en la discoteca (desacata'o). Pepa y agua pa' la seca. To' el mundo en pastilla en la discoteca (empastilla'o)”. Y en la plaza del pueblo o en la plaza del Carmen: “¿Y qué me van a hacer?, Uah. Toy borracho de poder, uah. Dicen: ¿Quién este se cree?”. Y es que algunos reguetones son galimatías indescifrables, como este de un tal Farruco. “Pepas”, creo que se llama. Menos mal que no son “Pepes”. Pero quién sabe, salvo el cambiante Salvador, lo que nos deparará el futuro. Veo, veo, de aquí a diez años que… Si no hemos cambiado mucho en cinco siglos, no creo que lo vayamos a hacer ahora. A algunos granadinos, como a algunos políticos, no los sacas del sillón y de sus costumbres ni con agua caliente. Hipnotizados seguimos contemplando la Alhambra y Sierra Nevada, pero el futuro quizá pase por un sintetizador y una caja de ritmos. Me lo imagino perfectamente. En bañador y con un micrófono en la mano, cantando: “El chiringuito, el chiringuito…” Y es que el rey del verano (a pesar del emérito) siempre ha sido Georgie Dann.

IDEAL (La Cerradura), 12/09/2021

lunes, 6 de septiembre de 2021

Vuelta al cole

A principios del mes de septiembre, seguimos haciéndonos las mismas preguntas que en junio: si abrirá el ocio nocturno, si alcanzaremos la inmunidad de rebaño, si las autoridades levantarán las restricciones de una población que parece más cansada ahora que en el inicio de las vacaciones. “¡Cero absoluto!”, exclamaría un profesor de cuyo nombre no quiero acordarme. No le bastaba al hombre el cero, como había alumnos a los que no les bastaba un suspenso y volvían a catear en septiembre. Benditos tiempos. Ahora no se suspende, sino que se va aprobando a golpe de estadística, y por eso te encuentras en las aulas universitarias a alumnos que no saben leer ni escribir correctamente. Aunque siguen abundando los ninis, esos chavales que ni estudian ni trabajan. Se quedan en casa jugando a la consola ante el pasotismo del padre o de la madre, hartos de discusiones con un engendro convertido en una especie de mueble con manos que teclean frenéticamente mandos a distancia, pantallas de móviles, tabletas, teclados y ratones, demostrando más energía que todo el Gobierno de Pedro Sánchez. ¿A nadie se le ha ocurrido cómo almacenar tamaño dispendio eléctrico? Con el esfuerzo que despliega cualquiera de nuestros ninis en alcanzar la última fase del Armagedón virtual podrían iluminarse varias ciudades. Pero se nos escapa el ímpetu antes de que comience el curso, en el que las mascarillas seguirán cubriendo los rostros fantasmales. Se llama protección, como un cuento de Primo Levi. Y hay quien no quiere quitarse la mascarilla, como esta chica. “Me siento protegida como en una fortaleza y por las noches, cuando me acuesto, me la quito de mala gana”. “¿Protegida contra qué?” “No sé, contra todo. Contra los hombres, el viento, el sol y la lluvia. Contra la polución, el aire contaminado y las escorias radiactivas. Contra el destino y contra todas las cosas que no se ven ni se prevén. Contra los malos pensamientos, contra las enfermedades, contra el porvenir y contra mí misma”. “Impresionante. ¿Y contra el suspenso que te van a poner?” “Contra eso no, ¿ves? Es que no he estudiado mucho”. Pues así hemos llegado a septiembre, con un verano que ha pasado como un espejismo y esa protección en la que nos refugiamos. Su uso y la estrategia de vacunación es “una lección del mejor de los patriotismos”, según Pedro Sánchez, que suele sacar sobresaliente en optimismo. “Volveremos a disfrutar de una vida sin mascarilla”, anunció en el mes de junio. Y seguimos tan felices, con la mascarilla puesta.

IDEAL (La Cerradura), 5/09/2021

martes, 27 de julio de 2021

Libertad o supervivencia

Mientras las comunidades autónomas vuelven a imponer restricciones por el aumento de contagios por covid, los inmigrantes asaltan de nuevo la valla de Melilla en busca de una libertad más imaginada que real. Enarbolan palos y piedras para enfrentarse a la policía, y los que logren pasar se arrastrarán hasta el CETI, donde permanecerán al menos dos semanas en cuarentena. Un encierro soñado que contrasta con el temor de los ciudadanos españoles al confinamiento, a que sea tan solo un espejismo la recobrada libertad. De hecho, si uno pasea por la calle, se dará cuenta de que la mayoría de la gente sigue llevando la mascarilla, aunque ya no sea obligatorio al aire libre. Los que caminan con la cara descubierta parecen revolucionarios, habitantes de un planeta extraño, donde no existe el miedo. ¿No está más del cincuenta por ciento de la población vacunada? Este verano sólo viajarán los intrépidos, mientras muchos, si es que pueden, se tomarán vacaciones sin salir de casa. Porque tememos que las restricciones nos pillen fuera de nuestro refugio. Los europeos asisten con incredulidad a las medidas contradictorias que sus países adoptan contra la pandemia. Italia exige el certificado de vacunación o una PCR para entrar en los locales de hostelería, mientras que Boris Johnson ha proclamado la normalidad, pese a las críticas de la comunidad científica. Los ciudadanos se mueven entre las fronteras como si se encontrasen en una ratonera, porque los gobiernos quieren fomentar el turismo para recuperar la economía y al mismo tiempo frenar los efectos de las nuevas variantes del coronavirus. Viajen y disfruten, nos dicen, la vida es bella, pero también que será necesaria una tercera dosis de la vacuna para seguir generando anticuerpos. Utilizamos ya el lenguaje de la ciencia ficción, y mientras Jeff Bezos malgasta recursos para darse un garbeo por el espacio, los inmigrantes asaltan con garfios las murallas españolas, como en la Edad Media. Por eso el Gobierno estudia si incluir a Ceuta y Melilla en la Unión Aduanera, para que sea Frontex, la policía europea, la que se haga cargo del problema. ¿No sería mejor integrar a Marruecos en la UE, como el reino alauita pidió en 1987? Llevar las fronteras hasta los confines del Sáhara alejaría aún más el problema. Las riberas del Mediterráneo comparten una tradición común que hermana los continentes. Pero en democracia lo importante es poder ejercer los derechos. ¿Viajo o no viajo? Quizá lleguemos a aprender como tantos subsaharianos que esta no es una cuestión de libertad, sino de supervivencia.

IDEAL (La Cerradura), 25/07/2021

martes, 20 de julio de 2021

Intimidad

La sentencia del Tribunal Constitucional sobre el estado de alarma es sólo un toque de atención sobre la realidad social. La intimidad ya no existe, y tanto han cambiado las cosas en tan pocos años que hay quien se escandaliza porque el tribunal garantice la protección de los derechos y libertades fundamentales, esos que regalamos alegremente a golpe de clic y que tanto echan de menos en dictaduras como las de Cuba y Venezuela (ignorantes o peor, cínicos, quienes niegan que lo sean). Aun con una votación tan reñida, me alegro de que al menos el Tribunal Constitucional se aferre al sentido de las normas, porque cuando no exista la independencia judicial tampoco existirá la democracia. Ni sin leyes, aunque podamos cambiarlas. Pero, en Matrix, todo se confunde, y hoy no sabemos hasta dónde llega la acción política y la comercial, la gestión empresarial o la administrativa. Nuestros datos circulan entre compañías telefónicas y energéticas, entre la AEAT y el resto de administraciones, pero también entre empresas y hackers sin escrúpulos que cualquier día te saludan desde la pantalla de tu ordenador o te suplantan en las entidades financieras. Las redes sociales y las plataformas digitales saben más de nosotros mismos que el espejo del baño, y hay quien ya ha renunciado a tomar decisiones sobre gustos o aficiones, cuando la programación te la hacen Netflix o Amazon, que ya anticipan lo que tienes que ver o comprar para seguir siendo de este mundo. Los datos personales se compran y se venden, aunque sean poco más que un número, un apunte contable o administrativo en las cuentas de Hacienda o de la compañía X, que podrá acosarte con llamadas telefónicas programadas, correos electrónicos, mensajes realizados por un software que no entiende de negativas o estados de ánimo, mucho menos de la hora de la siesta. ¿Quién se atreve hoy a apagar el móvil o el ordenador? Como algunos ministros sin cartera, vivimos en un estrés permanente, esperando esas noticias que nunca se producirán. Pero sí, hay otra vida posible, que no pasa por elegir entre la píldora roja o la azul. Mientras espero en el aeropuerto la salida de un avión que me llevará a cualquier parte, veo a una señora de unos sesenta años que viste un top como una de quince. Luce con elegancia arrugas y michelines, y la parte de su cuerpo que lleva más tapada es la cara, por el uso obligatorio de la mascarilla. La miro y pienso que viva el Tribunal Constitucional.

IDEAL (La Cerradura), 18/07/2021

lunes, 12 de julio de 2021

Normalidad

Nos tranquiliza oír al exministro José Luis Ábalos hablar de normalidad sobre el vodevil al que hemos asistido esta semana en el Ayuntamiento de Granada. La democracia es una partida de “Risk”, aunque la vida municipal no llega ni al “Stratego”. Sirve para que haya quien cobre un sueldo sin que sepamos muy bien por qué, bueno sí, por tratar de llevar a la realidad el guion de un capítulo de la serie “Falcon Crest”. El de los cuernos y los divorcios, claro. ¿Quién será Ángela Channing? Sí sabemos quién se cree que es Lorenzo Lamas, del que pocos recuerdan que hizo un corto papel en “Grease”, antes de dedicarse a ejercer de pecho lobo. En fin, qué tiempos en que estos juegos de vanidad nos entretenían. A mí me recuerdan más bien a una historia granadina de 1930 que leí en la hemeroteca. Un niño y una niña desaparecieron cuando jugaban en la puerta de su casa. La policía no los encontró, y los padres sospecharon que habían sido robados. Años después de la desaparición, una banda de buhoneros acampó cerca de la ciudad. Dos niños, niño y niña, fueron a pedir limosna por uno de los barrios, adonde casualmente habían trasladado su domicilio los padres de los niños desaparecidos. La madre reconoció al instante a sus hijos, y no los dejó marchar. El jefe de los buhoneros, al darse cuenta de que no habían vuelto con la recaudación de limosnas, buscó a los niños y dio con la casa de sus padres. Convenció a la madre de que había estado cuidando de ellos, pero cuando la madre, confiada, se despistó un momento, cogió a uno de los niños y volvió a llevárselo, pero ya nunca lo encontraron. ¡Ay, cantaría Lucía Garrido! ¿Quiénes serán los niños, la madre y el buhonero en esta lacrimógena historia del Ayuntamiento de Granada? Yo tengo claro quién es el buhonero y uno de los niños, y quizá la madre, pensando simbólicamente en la ciudad. Pero dejémonos de historias, ha dicho Paco Cuenca, vamos a gobernar, aunque lo haga gracias al buhonero del cuento granadino, al que quizá incluso integre en el equipo de gobierno municipal. Pues no sé si entenderíamos la moraleja, a pesar del entusiasmo socarrón del exministro de Transportes. Hombre, normal, normal… Cinco alcaldes en seis años resulta bastante esperpéntico, incluso cuando se crean Lorenzo Lamas. El problema se hubiera solucionado mucho antes si no se hubiesen antepuesto los intereses personales al interés público. Acaso la normalidad sea el principio de un proyecto municipal.

IDEAL (La Cerradura), 11/07/2021

martes, 6 de julio de 2021

Autodeterminación

Tal como va el mundo, vale más la autodeterminación individual que la nacional, lo que abarca desde la sexualidad a la conciencia. La integración desde la heterogeneidad es necesaria para las sociedades y los países, y el reconocimiento de los derechos y libertades no es una cuestión de minorías o mayorías, sino la razón por la que existe la democracia. Así, esta no funciona realmente en países como Hungría, que pretende negar la existencia de sus ciudadanos homosexuales, aunque sea un país miembro de la Unión Europea, una entidad supranacional que más allá de la identidad nacional de sus miembros debe justificar su existencia por la protección de los derechos y libertades fundamentales de los europeos, por lo que debería expulsar a aquellos países que no los respetan. En ese sentido, España vuelve a ser pionera tanto en el progreso como en el disparate, y si puede valorarse positivamente el esfuerzo por aprobar una “ley trans”, no tanto que toda una ministra hable de “todes, amigues o niñes”, porque el derecho empieza en el lenguaje, en el sentido propio de las palabras. Tampoco puede obviarse la opinión médica y de los tutores cuando, según el Código Civil, los menores, hasta los dieciocho años, carecen de capacidad de obrar, la aptitud para ser titular de derechos subjetivos y de deberes jurídicos. Hay que ser consecuente en el fondo y en la forma, y en Derecho, forma y fondo equivalen a una normativa clara y concisa, acorde con el resto del ordenamiento jurídico. La autodeterminación puede ser un derecho vacío si no se ejerce en el marco constitucional, y esto vale para una persona y para una comunidad autónoma. Lo demás es ruptura, trauma y caos. Que el Derecho empiece en el sentido propio de las palabras es un principio de interpretación no sólo aplicable a las normas, sino también a la política, donde se abusa de los eufemismos y la desinformación. Qué bueno sería que nuestros responsables públicos fueran también claros y concisos, didácticos, y que le dijeran a la población lo que realmente creen. Incluso podrían hacerlo en el Congreso de los Diputados, para convertir la cámara en un organismo útil para los ciudadanos. “Demasiado ruido, demasiada agitación”, cantaba “La casa azul”. “Entre sueño y sueño escucharé sin descansar todos mis discos al revés hasta olvidar mi identidad”. Y es que, fuera de la ley, la identidad puede ser tan sólo una de las posesiones más valiosas de la imaginación. Pero hay quien prefiere vivir en un mundo imaginario construido con fragmentos de realidad.

IDEAL (La Cerradura), 4/07/2021

lunes, 28 de junio de 2021

Notas

Si los estudiantes que se han examinado de selectividad estos días se asoman a la actualidad política, comprobarán que nuestros responsables públicos se mueven entre el apego al sillón y la impunidad, por no hablar del falseamiento de currículos o el plagio de trabajos académicos, cuestiones por las que a ellos les expulsarían fulminantemente del sistema educativo. Todo parece valer para nuestra clase política, pero el acceso a la universidad de nuestros jóvenes depende de unas notas de corte que determinan sus decisiones y su vida como una espada de Damocles. Leen reportajes y estadísticas sobre las carreras más demandadas (del ámbito de la salud y las tecnologías), pero se quedan de piedra al comprobar que el currículum de su alcalde, concejal, presidente del Gobierno o de partido, jefe de la oposición o aspirante a serlo no les daría para trabajar en una pequeña empresa con un contrato de aprendizaje, una beca o unas prácticas no remuneradas. Por no hablar de su gestión, por la que serían despedidos si pudieran antes de cuatro años –¡ay, el sistema representativo!- por los propios ciudadanos. Se ve que, en España, los partidos políticos pueden funcionar como oficinas de empleo institucionalizadas para colocar a personas sin formación en el poder. Y las honrosas excepciones suelen ser apartadas o recluidas en puestos irrelevantes, porque el talento y el esfuerzo no se valoran en estas organizaciones otrora políticas, sino la capacidad de engañar al contrincante, de repetir eslóganes simplones y de decir lo contrario de lo que se piensa, si es que se piensa. Una práctica también común en algunas instituciones académicas y culturales, contaminadas por la misma política de partidos, cuando no por el amiguismo y la corrupción. La Audiencia Provincial de Madrid dio por probado que en la Universidad Rey Juan Carlos (benditas y exiliadas casualidades) se falsificó un acta para conceder el título de máster a la entonces presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, esos títulos que les exigen a nuestros jóvenes y que a la postre no les suelen servir para mucho, a no ser que te lo regalen y seas Pablo Casado. ¿Aspirarán a ser políticos para vivir de la sopa boba? ¿Para cobrar un sueldo público y dedicarse a las artes escénicas como hacen ostentosamente en el pleno los concejales del Ayuntamiento de Granada? Acostumbrados a ser culpabilizados por contagios varios, no creo que esos jóvenes pierdan el tiempo en avergonzarse de sus mayores. Pero qué bueno sería que por una vez ellos pudieran poner las notas.

IDEAL (La Cerradura), 27/06/2021

miércoles, 23 de junio de 2021

Caras

Nuestros políticos están empeñados en que nos quitemos ya la mascarilla para recuperar la normalidad, aunque no lo tengan tan claro los científicos. ¿Qué hubiera pasado si la pandemia se hubiese gestionado con criterios exclusivamente médicos y no políticos? Con la llegada del verano quieren que recuperemos la alegría, nos veamos las caras, nos volvamos a saludar. Adiós a los complejos de agente secreto, a la malafollá tapada, al chascarrillo silencioso. Nuestros políticos, sin embargo, no se quitarán la máscara, y seguirán jugando a estar y no estar con el rostro pálido descubierto. La vacuna nos da la confianza que teníamos antes del desastre, y cada vez se ve a más gente que parece haberse olvidado de utilizar el gel hidroalcohólico, de mantener la distancia de seguridad, de taparse la nariz y la boca. Sin embargo, estas prevenciones no nos librarán de la politicomanía, una obsesión tóxica que lo mismo ataca al Gobierno de la nación, a una autonomía que a un ayuntamiento. Y el caso es que quienes la profesan no suelen hablar de amor al cargo, sino de amor a España, al país o la ciudad, aunque cuando entren en el edificio público correspondiente sólo vean una efigie de sí mismos; sin mascarilla, claro está. Los zombis políticos son una injuria a los muertos del coronavirus, que siguen contabilizándose en nuestro país, aunque prefiramos mirar ya para otra parte. Es comprensible. De hecho, la pandemia ha causado en España la mayor crisis demográfica desde la Guerra Civil, otro tema con el que los políticos no se quitan la máscara, sino que parecen querer revivir de la manera más demagógica. Nunca han muerto tantas personas en un solo año desde que existen registros del Instituto Nacional de Estadística (INE), según informaba esta semana el periodista Emilio Sánchez Hidalgo en El País; y tampoco han nacido menos niños: hubo 153.167 más fallecidos que alumbramientos. Pero los supervivientes estamos más sanos y vivos que nunca, pues nos corren por las venas nuevas moléculas inteligentes que reprogramarán nuestro ADN y nos convertirán en microchips andantes. Eso dicen al menos algunos antivacunas, que quizá prefieran engrosar siniestras estadísticas. ¿Un chip andante? Desde hace tiempo tenemos entre nosotros robots políticos que repiten las mismas frases una y otra vez. La que más cansa oír es la simplona “partido a partido”, de Diego Simeone, entrenador del Atlético de Madrid, que este año ha ganado la liga de puro aburrimiento. Pero en la política no son estos partidos ni estos autómatas los que nos interesan.

IDEAL (La Cerradura), 20/06/2021

lunes, 14 de junio de 2021

Sesos fritos

Lo del alcalde de Granada causa más vergüenza ajena que preocupación. ¡A lo que le lleva a uno su gran cabeza! No hay comisiones municipales suficientes para tanto afán de protagonismo. Total, solo o acompañado ya ha conseguido ser el peor alcalde de esta ciudad, y mira que se lo habían puesto difícil comparativamente hablando, empezando por Torres Hurtado, del que debió aprender mucho en aquella famosa comida, pierna de cordero y pescado para celebrar la alegría de la política personal. Así, es comprensible que le de igual gobernar con dos concejales contándose a sí mismo que con once. Se trata de aparentar, confundir la política con las redes sociales, pasear por la ciudad con el Rey, aunque éste, acostumbrado al papel de pasmarote, te mire como si fueras un marciano. ¿Habrán tomado nota los ciudadanos de las personas y los partidos a los que han votado? Porque, ¿qué hacen ahora el resto de los concejales, los 25 que permiten que continúe el esperpento? ¿No van a ser capaces de llegar a un acuerdo para gobernar? Si uno atiende a las crónicas políticas, esto es imposible, pues se ve que la ciudad y el país está dividido en zonas que tienen más que ver con el color político que con la geografía o los proyectos reales. Los íberos somos de bandos, como ya mostramos en la guerra civil, en la dictadura y seguimos empeñados en demostrar en la democracia. No se libra ni la selección de fútbol, a la que hay quien no quiere que se vacune, aunque represente a España. La polarización de la política en cada ayuntamiento, comunidad autónoma y en el Estado central es el símbolo de un suicidio colectivo. Un país así no va a ningún sitio, sino que periódicamente irá repitiendo los mismos disparates. Da pereza tener que escribir de esto, casi tanto como dimitir le da a la gran cabeza municipal. Me recuerda al Mago de Oz, en la película clásica, hablando desde el interior de una careta gigante con un micrófono. Será el calor, bastante para derretir los sesos, si alguien los tuviera, como clamaba Don Quijote. Pero nos esperan cien días de bochorno, según alertan los meteorólogos. Escribía John Steinbeck que una ciudad se parece mucho a un animal. Tiene un sistema nervioso, una cabeza, unos hombros y unos pies. Está separada de las otras ciudades, de tal modo que no existen dos idénticas. Y es además un todo emocional. Pero en Granada nos sobran cabezudos y nos faltan cabezas.

IDEAL (La Cerradura), 13/06/2021

lunes, 7 de junio de 2021

Consumo

Publicidad y demagogias aparte, incluso dejando de lado la geografía política (el populismo rampante de derecha e izquierda), para comprobar de manera objetiva la ideología de un gobierno, sólo hay que fijarse en su política tributaria, y concretamente en los impuestos que gravan el consumo, considerados regresivos porque se pagan independientemente de la capacidad económica del contribuyente. Si en el IRPF, por ejemplo, se tienen en cuenta el nivel de renta y las circunstancias personales del sujeto pasivo, no ocurre lo mismo en el IVA, que en España tiene uno de los tipos impositivos más altos de la Unión Europea, y que lo pagan igual los ricos y los pobres, aunque graven servicios esenciales como el consumo de energía. Si al agua se le aplica un tipo reducido del 10%, lo mismo debería ocurrir con la luz, aunque en mi opinión debería aplicársele el tipo súper reducido del 4%, como a los alimentos básicos, o incluso estar exentos del pago de este impuesto. El consumo de energía está sobre gravado en España, claramente hay doble e incluso triple imposición económica, algo que debería ser ilegal, y probablemente sea inconstitucional. Así que la idea peregrina del Gobierno de modificar las tarifas de la luz para encarecer exponencialmente las facturas de las familias no sólo revela poca sensibilidad con las economías domésticas, sino incluso mala fe, cuando nos encontramos en una de las peores crisis económicas que se recuerdan. ¿Para quién, exactamente, gobiernan? ¿Para las compañías eléctricas y las entidades financieras? Pedir a los ciudadanos que desplacen el consumo eléctrico a la madrugada, no sólo es denigrante, como ha denunciado FACUA, sino que sólo se le puede ocurrir a un inconsciente. ¿Las nuevas tarifas incluyen también una nueva regulación del mercado laboral y de los horarios profesionales para trabajar de madrugada? ¿Vamos a dormir durante el día a partir de ahora? ¿El coronavirus nos ha transformado en una nueva especie de vampiros como novelaba Richard Matheson en “Soy leyenda”? Sin duda, lo peor de este Gobierno es el cinismo con el que se defienden medidas que atentan contra el mero sentido común, como hemos visto también desgraciadamente en la gestión de esta pandemia. Quizá puedan permitirse el cinismo con el problema catalán, o con la entrada-salida esperpéntica de Brahim Gali de España, despreciando al vecino marroquí, pero no se puede admitir cuando hablamos de la salud o de las necesidades básicas de los ciudadanos. Este no es un gobierno progresista, sino regresivo. ¿Un gobierno Frankenstein? No hay energía suficiente para resucitar a este monstruo.

IDEAL (La Cerradura), 6/06/2021

lunes, 31 de mayo de 2021

Barrancos

Vivimos en una época en la que el primer gesto cotidiano que hace la mayoría de las personas es asomarse a una pantalla, por lo que es normal que la realidad y la ficción lleguen a confundirse, y más en el caso de una generación política que parece encontrar sus modelos de actuación en series como “Juego de Tronos” o “El ala oeste de la Casa Blanca”. Y no es que no podamos confiar en la calidad de los guionistas de estas producciones televisivas, pero quizá habría que tener en cuenta que lo que les mueve es captar la atención de los espectadores casi a cualquier precio, y no las ideologías o la protección de los derechos y libertades que deberían guiar la acción política, aunque ya parecen cosas del pasado, cuando los principios que priman en la política española son los del marketing. “Un asesor se tira a un barranco por su presidente”, ha afirmado el secretario de Estado Iván Redondo, parafraseando un diálogo de la serie americana. No, hombre, no hace falta. Tranquilícese. Dé de baja la suscripción de Netflix, cambie a Maquiavelo por Marco Aurelio, cuando se levante a las 5 y media de la mañana no encienda el móvil, sino váyase a correr. Y luego transmítale el método al presidente Pedro Sánchez. Lo mismo podemos solucionar el problema catalán con una simple sesión de meditación zen. Y un mantra: “Lealtad y concordia”. Así no harían falta amnistías ni indultos ni tachar de venganzas y revanchas las decisiones judiciales, ni de paso deslegitimar al poder judicial y a la propia democracia. Podría aprovechar su capacidad de trabajo para elaborar una guía de uso, un nuevo protocolo espiritual dirigido a la clase política y a la gestión de todas las administraciones públicas, incluso el Ayuntamiento de Granada, para el que quizá habría que elaborar unos cuantos mandamientos específicos o acudir a la medicina tradicional para que recete tranquilizantes a algunos concejales. Porque hay quien tiene visiones, y quien sufre alucinaciones, y quien está ungido en iluminaciones. Nada que no hubiéramos apreciado en la campaña electoral, pero que se ha trasladado a las instituciones por el truco de un prestidigitador, ayudado por las direcciones de dos partidos, Ciudadanos y PP, preocupados únicamente por mantener sus cuotas de poder. Lo mismo le hacen caso a Iván Redondo y se tiran por el barranco municipal. Pero pongan antes un colchón en el fondo que no signifique tomarle el pelo a los ciudadanos. Un colchón-gobierno de leyes, y no de nombres.

IDEAL (La Cerradura), 30/05/2021

lunes, 24 de mayo de 2021

Fronteras

Un escritor a quien casi nadie recuerda, Gonzalo de Reparaz, hablaba de una gran nación hispanomauritana que abarcaba desde los Pirineos hasta el Atlas, en el África Mediterránea, con el Estrecho de Gibraltar como centro y Córdoba como capital ideal. Caminando por la frontera de Melilla con Nador por la mañana temprano, nadie pensaría que ese autor existió alguna vez, ni que alguien pudiera imaginar algo semejante. Aunque algunos políticos y medios de comunicación hablasen esta semana de “invasión” de Ceuta y Melilla, este amanecer no es distinto a otros, salvo por la mayor presencia de la Guardia Civil, de la Policía, del Ejército. Hace unos años, esto no era necesario, y la gente pasaba con tranquilidad a un lado y otro de la frontera, ya fuera a trabajar o para cambiar de playa y darse un baño. La mezquindad de la clase política marroquí, que desprecia la vida de sus ciudadanos y utiliza su pobreza como arma arrojadiza, cuando no sus propios cuerpos, sólo es comparable a la poca sensibilidad que se muestra por el vecino desde España, al que habitualmente se le desprecia y desconoce. Históricamente, Marruecos ha sido para los españoles una tierra de vergüenza y dolor, cuyo mayor símbolo puede haber sido el desastre de Annual, cuyo aniversario se recordaba recientemente. Una guerra provocada por generales fanáticos deseosos de alcanzar méritos, como Francisco Franco, que luego llevaría esa locura a la península. Una guerra, la de Marruecos, que también fue de hermanos, pues cualquiera que se haya molestado un poco en conocer a los marroquíes se habrá dado cuenta de que no nos diferenciamos tanto. De hecho, al contrario de lo que piensa Mohamed VI, es probable que los ciudadanos marroquíes prefieran españolizar (o europeizar) todo Marruecos que ocupar Ceuta y Melilla. Pero aquí tampoco se hacen las cosas mucho mejor, y a la vez que se condena “diplomáticamente” a este monarca medieval, se le paga para que controle la migración en sus fronteras, ese asunto tan desagradable. Porque no se ve tan mal que sea el ejército marroquí el que reprima y gasee a sus ciudadanos. Los pocos que escapen y logren saltar la vaya o cruzar a nado los espigones, podrán ser rescatados del agua por nuestros legionarios, que son fuerzas de paz. Quizá, lo que habría que hacer es derribar las fronteras de estas dos ciudades, para que la gente entre y salga libremente. Al menos los jóvenes marroquíes sabrían que en los estadios de Ceuta y Melilla no suele jugar al fútbol Cristiano Ronaldo.

IDEAL (La Cerradura), 23/05/2021

lunes, 17 de mayo de 2021

La T.I.A.

Nadie lo hubiera podido imaginar, pero resulta que Pablo Iglesias, después de dejar la política, se ha cortado la coleta, como los toreros, para darse un pelado de niño pijo del que todo el mundo habla. Si va a resultar que todo este proceso no era para transformar España, sino para transformase él mismo en todo lo que había querido ser (o no). Quién te ha visto y quién te ve. No lo veremos en el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), pues el Tribunal Constitucional ha anulado el decreto ley que lo incluía en la comisión delegada de asuntos de inteligencia junto a Iván Redondo, deseoso también de conocer y utilizar los secretos del poder. “¡Oh, Pedro! ¡Danos conocimiento para cumplir tus designios! ¡Líbranos de la curiosidad!” El alto tribunal no cree que sea un caso de extraordinaria y urgente necesidad, al menos para la seguridad del Estado. La historieta se parece más bien a las de la T.I.A. (Técnicos de Investigación Aeroterráquea), la desastrosa agencia secreta de información creada por el maestro Ibáñez. Mortadelo y Filemón son los reyes del disfraz y el camuflaje, capaces de adoptar cualquier papel que requiera el Superintendente Vicente o los supuestos votantes, aunque se hayan dibujado con las encuestas de Tezanos (¡tabernarios!) y las visiones de Iván Redondo, Rasputín de la posverdad. “¡Madrileños (que no espartanos), preparad el desayuno y alimentaos bien, porque esta noche cenaremos en el infierno! ¡Esto es Madrid!”, gritaban antes de arrojar imaginariamente al foso a sus rivales electorales en la derecha y en la izquierda. Esa fijación guerrera que tienen los íberos y que abarca desde el deporte a la política o al control de una pandemia, aunque sólo ellos sean capaces de ver al enemigo, el desfiladero e incluso la batalla. A mí me gustaba el profesor Bacterio y sus inventos extraordinarios, que nunca salían como se esperaba. Primero hay que armar una revolución. Después, traicionar las ideas que la inspiraron para lograr lo que querías (o no). Alcanzar la responsabilidad de gobernar para tener por fin el poder de cambiar las cosas, pero renunciar a cambiar nada, porque quizá ejercerlo tiene más que ver con la responsabilidad que con la vanidad. Acabar bebiéndote la fórmula del profesor para convertirte en el superhéroe que salve a tu partido y de paso la capital del país de los bárbaros para transformarte finalmente en contertulio televisivo, que se ve que es lo que realmente le hace falta a España. Y en esto se parecen el mundo del TBO y la política.

IDEAL (La Cerradura), 16/05/2021

lunes, 10 de mayo de 2021

Descontrol

El caos administrativo provocado por el fin del estado de alarma sólo es comparable al caos creado por esa medida inconstitucional que llevará ahora a muchos ciudadanos a recurrir las restricciones que sin soporte normativo adopten las comunidades autónomas. Porque las libertades de circulación y de reunión sólo pueden suspenderse en circunstancias extraordinarias, y fuera del estado de excepción (que no de alarma) los ciudadanos pueden ir a donde les parezca. Lo entendió perfectamente Isabel Díaz Ayuso, que por eso ha arrasado en las elecciones de la comunidad de Madrid. La gente está harta de que le digan lo que tiene que hacer, y más cuando ven que los políticos que restringen sus libertades hacen lo que les da la gana. Por eso ya llenan bares y playas, y los hosteleros esperan la llegada de los turistas como los indios las manadas de búfalos, que convertirán España en lo que ha sido siempre, desde que Fraga acuñase la frase “Spain is different”. Un lema muy bueno para atraer a los europeos, y para que los españoles aceptasen la rareza de un país que salía de una dictadura. ¿Cuánto hemos cambiado? El Gobierno también espera que con la llegada de las ayudas europeas y la recuperación económica los votantes se olviden del calvario pasado, no vaya a ser que le ocurra lo que en Madrid. ¡Tabernarios!, podría ser el grito de guerra de las próximas elecciones, donde efectivamente el PSOE pagará tantas arbitrariedades, aunque ahora prefiera fomentar la barra libre. ¿Tendrá que huir Pedro Sánchez como Pablo Iglesias? El “ordeno y mando” se ha convertido en una costumbre para demasiados políticos, a los que les va a costar tener que volver a convencer de sus decisiones a los ciudadanos. Curiosamente, la gestión desordenada y regional de la pandemia está cambiando la política española. Al dejar en manos de los presidentes de las comunidades autónomas las decisiones más problemáticas, Pedro Sánchez ha logrado que emerjan personajes como Isabel Díaz Ayuso, que le discuten el poder. Por no asumir su responsabilidad, va a ser borrado del mapa. Porque esto no ha hecho más que empezar. Con la peste moderna, se ha desbordado el populismo, y mensajes tan simplones como “socialismo o libertad” serán repetidos una y otra vez en una campaña permanente. En plena pandemia, hubiera sido más fácil que nuestros responsables públicos trabajaran en la misma dirección, olvidándose de los intereses electorales. Cuántos recursos desperdiciados. Pero nos gusta hablar de ex, de cañas y berberechos. Mejor que estar en la inopia.

IDEAL (La Cerradura), 9/05/2021

lunes, 3 de mayo de 2021

Teatro de alarma

En una época en que los escritores y la creación en general están condicionados por cánones diversos, comerciales, editoriales o académicos, consuela leer a escritores como Antonio César Morón, y más aún poder asistir al estreno de una de sus obras, “Hojas negras: bosque rojo”, en el Teatro Isabel la Católica. Antonio César es un escritor valiente y comprometido, que trabaja con naturalidad el teatro, la poesía, la novela o el ensayo sin más pleitesías que su inquietud y su exigencia personal. Y así, en las cinco piezas que componen “Teatro de alarma” (Editorial Nazarí, 2021), aborda con libertad temas políticos tan polémicos como la gestión de la pandemia de la Covid-19, la gestación subrogada, la memoria democrática, el tratamiento del feminismo por los medios o los partidos políticos, la inmigración o la tragedia de Chernóbil, con retratos incisivos y críticos de los personajes públicos implicados en algunos de los episodios más bochornosos de la historia de España, sin excluir además una coda ejemplar sobre la relación de Leonard Cohen y Federico García Lorca. Estructurada en dos partes complementarias, “De política” y “De memoria”, “Teatro de alarma” es una de las crónicas más lúcidas que he leído sobre la evolución y las consecuencias políticas y sociales de la pandemia en España. Antonio César Morón observa la realidad y la disecciona con personajes de carne y hueso, cuyos diálogos tienen una fuerza inusitada y se convierten en el motor de la acción. Y la acción de estas obras es tan trepidante como la de un buen thriller, sólo que estamos hablando de piezas teatrales que tienen además una gran profundidad psicológica e intelectual. Con recursos propios del microteatro, el teatro experimental o el teatro clásico, pero también de otros géneros como la poesía, la narrativa y el ensayo, en estas obras eclécticas asistimos a saltos temporales, vivimos realidades paralelas y nos desdoblamos con personajes múltiples que nos ayudan a comprender la sociedad actual desde las generaciones que nos precedieron hasta un futuro distópico. Antonio César Morón nos ofrece en este libro una mirada personal y única del mundo, lo que debemos pedirle a un escritor y a una excelente obra literaria. Una gran oportunidad para despojarnos del miedo y volver al teatro, o de disfrutarlo también sin salir de casa, con una lectura reposada –pero no por ello menos trepidante- de salón. Frente a una de las mayores crisis sociales de nuestra historia, merece la pena protegerse o tomar las riendas de nuestra vida con este “Teatro de alarma”.

IDEAL (La Cerradura), 2/05/2021

lunes, 26 de abril de 2021

Espectáculos

Nuestra pobreza cultural se muestra en las simplezas del debate político: mayor polaridad y extremismo, ausencia de debates con propuestas e ideas concretas. En España, la situación de Cataluña y Madrid se revela paradigmática. Los otrora motores económicos y culturales del país viven, con elecciones o sin ellas, en una campaña permanente de descrédito del adversario y una confrontación que poco tienen que ver con los intereses de los ciudadanos. En Cataluña, el independentismo pretende la exclusión de quienes no comparten su ideario, ya se trate de los agentes de los cuerpos de seguridad el Estado, a los que no se quiere vacunar, o de los propios ciudadanos, en una especie de nuevo apartheid de los que llaman españoles, como si ellos no lo fueran, aunque se trate de personas que contribuyen al desarrollo de la sociedad catalana, como Javier Cercas, condenado públicamente por el aparato secesionista por el mero hecho de decir lo que piensa, primer requisito del Estado democrático. Y en Madrid, la campaña electoral ha mostrado ya demasiados esperpentos, como el de Rocío Monasterio haciendo de banderillera bajo la mirada aprobadora del hombre-puro (es lo que fumaba) Santiago Abascal; o el de Isabel Díaz Ayuso, permanente tonadillera; con Ángel Gabilondo liándose con la concentración y dispersión del centro izquierda y Pablo Iglesias confundiendo los intereses de la izquierda con los de su propio partido. Y Pedro Sánchez, claro, interviniendo en la campaña como si fuera el candidato del PSOE a la comunidad en vez del presidente del Gobierno de España. Lo de Vox y el cartel sobre los Menas es un tema aparte. Un partido que utiliza una campaña electoral para incitar al odio debería ser ilegal, como lo es la exaltación del nazismo en Alemania. Los derechos humanos obligan a los países a la protección de los menores, independientemente de su procedencia o nacionalidad. Y los partidos políticos que ignoran los derechos humanos no deberían existir, simplemente, porque son los derechos y libertades fundamentales de las personas los que legitiman la existencia de esos partidos y de las democracias. Mientras tanto, la gente se muere por la Covid-19 o por las consecuencias económicas de la gestión de la pandemia. Pero los principales medios de comunicación dedican sus editoriales a la Superliga, que es lo que parece inquietar más en un país donde la gente prefiere obviamente las contiendas futbolísticas a las políticas. Se ve que podemos prescindir de los cargos políticos, pero no de las estrellas del balón. Cerrada la cultura, estos son nuestros espectáculos públicos.

IDEAL (La Cerradura), 25/04/2021

lunes, 19 de abril de 2021

Vacunas

La información sobre las vacunas tiene a la gente en ascuas. ¿Cuándo me tocará? Y si me toca, ¿me vacunaré? ¿Me dará un trombo? ¿Tiene carga transgénica? ¿Terminaré convirtiéndome en un murciélago? ¿En Batman? Hay quien piensa que su ADN cambiará, y quien prefiere no pensar nada. Pero el caso es que hay una carrera para vacunar a la población y darle un pasaporte para que circule libremente, para que viaje y gaste si puede y se recupere la maltrecha economía de los países europeos, poco espabilados para conseguir el maná antivírico, que puede ser inglés o ruso. No se entiende que se vacune a los profesores de primaria y bachillerato y a los universitarios no, o que cada comunidad autónoma tome medidas por su cuenta, pero si atendemos a Pedro Sánchez dentro de poco viviremos en el país de las maravillas. Lloverán las vacunas y las inversiones, y España volverá a ser un imperio donde nunca se pone el sol. No terminamos de creérnoslo, no, sobre todo viendo el nivel de la contienda política. Los partidos luchan por los reinos de taifas, y si han convertido Madrid en un campo de batalla, lo de Granada se parece más bien a una olimpiada matemática. ¿Dos más dos son cuatro? Pues según quién haga las cuentas. Ante la Covid-19, como ante nuestra clase política, la población se mueve entre el pasotismo y el pánico. Hay quien sufre cuando tiene que ir a trabajar y quien está deseando salir de casa. Pero el recuento de contagiados y las medidas administrativas nos confunden. ¿Está usted abierto o cerrado? ¿Consigue conciliar el sueño perimetral? Los encierros conllevan estrés y aburrimiento, y hay gente que se está volviendo adicta al miedo. ¿Qué nos anunciarán esta semana? La vacuna es una armadura necesaria en tiempos pandémicos, y quizá terminemos riéndonos de nuestros temores cuando tengamos que ponérnosla todos los años. Varicela, sarampión, gripe… ¿Covid-19? Se ve que vamos perdiendo la gracia del lenguaje, o quizá es que nos gustan más los tecnicismos. El bicho, dicen, el p… virus, la peste negra, la muerte roja. En las fiestas de los pisos hay siempre ahora un invitado no deseado, que no es la policía. Por eso, la Organización Mundial de la Salud advierte de que la humanidad está en el punto más alto de contagios, pero el CEO de Pfizer asegura que todo habrá acabado este otoño. ¿Está usted preocupado? ¡No pasa nada! Hay que vacunarse e inmunizarse. Por suerte, la Covid-19 tiene cura. La negligencia política parece que no.

IDEAL (La Cerradura), 18/04/2021

lunes, 12 de abril de 2021

Desnudos

El ser granadino se ha transmutado esta semana entre el reino nazarí y Mánchester. No porque los granadinos hayan viajado a la pérfida Albión, sino porque el Granada CF ha puesto la ciudad en el mapa futbolístico, que actualmente parece ser el más importante. “Hablan de nosotros los tabloides británicos!”, exclamaban los que todavía van al bar. “¡Que por fin me han puesto la vacuna!” (aunque sea inglesa), decían otros. La gracia estriba en poder ser internacional sin moverte de casa, y sentado ante el televisor dar una patada a un balón capaz de recorrer miles de kilómetros en la imaginación de los aficionados. El resultado es lo de menos. Si ya habíamos saboreado la victoria cientos de veces antes de que el árbitro pitara el comienzo del partido. Pero el caso es que el partido empieza. Y en el minuto 10 de la ensoñación aparece un tipo que, en pelotas (este de verdad), se revuelca por el campo. “Con lo frío que tiene que estar el césped”, piensa uno. “Y con lo que tiene que picar en ciertas partes íntimas”, dice otro. “Qué asco. Se está embadurnando con los gapos que escupen los jugadores”, señala un tercero. “¿Quién habrá dejado entrar en el estadio a este tío?” Nadie, ésa es la realidad, que siempre suele colarse por algún sitio, concretamente una lona donde el exhibicionista estuvo escondido catorce horas para lograr un minuto de gloria. ¿Quién tiene más pelotas? El Granada, desde luego, que con todo su presupuesto no podría pagar el sueldo de tres jugadores del Mánchester, ciudad industrial, rica y fea en comparación. Pero habrá que viajar allí y ganarles, aunque sea con un tipo desnudo escondido en la maleta. Porque la desnudez, como el fútbol, suspende durante el lapso que el balón circula por el césped la realidad, y hay quien aprende geometría y estrategia en la disposición de los jugadores y los cuerpos en el campo. Los filósofos griegos tenían fijación por la desnudez y las figuras geométricas. ¿Qué es más importante, lo que se ve o lo que no se ve? La metafísica del fútbol estaba en la cara de sufrimiento de Bruno Fernandes cuando se disponía a tirar el penalti sobre la portería de su compatriota Rui Silva. “Este me lo para”, pensó el jugador del Mánchester. Casi. El balón se le escurrió entre los dedos al cancerbero antes de entrar en la portería. Pero los símbolos emergen entre lo que la luz oculta y lo que deja ver. Veremos la victoria del Granada CF.

IDEAL (La Cerradura), 11/04/2021

lunes, 5 de abril de 2021

Turismo cultural

Como extranjeros, hacemos turismo en nuestra propia tierra. Nada hay mejor que ponerte el disfraz del viajero y pasear de incógnito, como si nunca hubieras recorrido los bosques de la Alhambra, ni entrado en ese bar, donde el vecino de toda la vida no sabe a ciencia cierta si eres tú, pues llevas una mascarilla. No podemos ver a los familiares que viven en otra comunidad, pero sí pueden visitarnos nuestros amigos franceses para irse de juerga, e incluso puedes reencontrarte contigo mismo en un chiringuito en la playa si logras superar la larga caravana. No podemos ir a ningún lado, así que todos vamos a los mismos sitios, y no nos importa hacer cola para que nos den una mesa y encontrarnos a quienes no veíamos hace siglos. También hay colas en Leroy Merlín, porque en Semana Santa nos ha dado por construir castillos interiores, y aunque no tengamos ni un duro ponemos nuevas estanterías y compramos taladros mágicos, qué importa una deuda más si el mundo parece estar acabándose. Las crisis nos dan la posibilidad de reinventarnos, y si lo hacemos con nosotros mismos y con nuestras casas también podríamos hacerlo con nuestra ciudad, redescubrir esa Granada que tiene una potencia patrimonial, cultural y universitaria que ya quisiera Málaga, aunque tengamos unos gobernantes tan torpes que han logrado que sólo se la conozca como el paraíso del botellón y de la tapa. ¿Somos capaces de vernos con los ojos de un extraño? ¿Señalar, objetivamente, qué es lo mejor y lo peor que tenemos? Como me dijo hace años mi colega Jorge Fernández Bustos, Granada exporta escritores como Cuba músicos, y quizá haya llegado el momento de ofrecer esa cara más amable de una ciudad inmejorable para vivir y crear y que sin embargo carece de una verdadera industria cultural. Resulta chocante que no haya una agenda cultural única, sino que uno tenga que bucear en las actividades de la Diputación, el Ayuntamiento, la Junta o la UGR, en la feria del libro, por ejemplo, a pesar de los esfuerzos de Nani Castañeda. O de Jesús Ortega en el Centro Lorca. O de Remedios Sánchez con el FIP. O de Álvaro Salvador y el Ateneo. O de Jesús Lens y Gustavo Gómez con Granada Noir y otras tantas iniciativas. O Mariana Lozano y Esdrújula. O Alfonso Salazar y tantos otros, acostumbrados siempre a volar sin red. Granada Cultura podría ser una marca y un ente que uniera y llevara en una misma dirección iniciativas públicas y privadas.

IDEAL (La Cerradura), 4/04/2021

lunes, 29 de marzo de 2021

Servicios esenciales

En las circunstancias actuales debería ser un delito penal que las compañías y las administraciones que prestan o deberían prestar servicios esenciales dejen de hacerlo: sanitarios, suministros de luz, agua, teléfono e internet, pero también servicios financieros y de seguros que deben garantizar que los ciudadanos cubran con trabajo sus necesidades básicas. Sin embargo, como ocurrió en la última crisis económica, las ayudas públicas que la UE y el gobierno español han anunciado a bombo y platillo no van a llegar al bolsillo de quienes las necesitan, sino a aliviar las cuentas de pérdidas y ganancias de las grandes empresas que hoy día son las que sostienen el poder político. Esas operaciones que el expresidente del Gobierno Mariano Rajoy define como “metafísicamente imposibles” (no estudió filosofía este hombre, ni tampoco sus herederos políticos, que han eliminado las humanidades de los planes de estudios para crear analfabetos a su imagen y semejanza). Esas cosas que, según el ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, José Luis Ábalos, tampoco ocurren, aunque sirvan para rescatar a dudosas compañías aéreas que pocos servicios prestan a los españoles, por no hablar del extravío asombroso de maletas e incluso del personal diplomático (es un decir) de otros países. (¿Habrá logrado salir Delcy Rodríguez por fin del aeropuerto de Barajas o pasará allí la Semana Santa?) Si se hace en el propio interés político, nada bueno hay en la creación de empresas públicas, y más en un tiempo en que nada parece sostener ese supuesto interés más allá de los egos personales, que hace tiempo olvidaron su ideología. Hasta un catedrático de Filosofía como Ángel Gabilondo se presenta efectivamente serio, soso y formal, sobre todo porque no tiene más remedio que seguir el juego de una persona que desconoce el sentido de la verdad, como Pedro Sánchez, aupado al poder por Pablo Iglesias, ese alter ego con el que nunca iba a pactar, como tampoco lo hará Gabilondo, según cuenta. Qué lástima ver en qué términos se fragua la campaña electoral de Madrid, nuevamente objeto de los frentes guerracivilistas. Pero es que ni siquiera debería haber elecciones, por mucho que las quieran Díaz Ayuso o Pablo Iglesias. Todo lo que no sea dedicar hoy la totalidad de los recursos públicos a vacunar a la población es una infamia. Y más lo es aprovecharse de esta situación dramática para enriquecerse, ya se trate de partidos políticos, farmacéuticas o entidades bancarias. Nos sobran los facinerosos públicos y privados, y también tantas encuestas. No hay política sin ciudadanos.

IDEAL (La Cerradura), 28/03/2021

lunes, 22 de marzo de 2021

Colores

Con las desgracias crecen la frustración y la irritabilidad, pero uno se sorprende cuando las ve explotar en plena calle, y más cuando se trata de una señora de unos sesenta años, bien vestida y maquillada, que insulta sin venir a cuento a tres chavales negros con los que se acaba de cruzar. Y luego exclama: “¿Tenéis que venir a aprovecharos de los españoles?” Como si no hubiera españoles negros o amarillos, incluso rojos, azules y verdes, si uno atiende a la actualidad política. Quizá era la mujer la que andaba negra, quién sabe por qué, pero miraba a su alrededor después como buscando el aplauso de la concurrencia. Lo que no sé es cómo iban a aprovecharse de los españoles. ¿Se disponían quizá los tres chavales a raptar a Pedro Sánchez? ¿Se querrían llevar al alcalde de Granada a Senegal? Los colores los fomentan los equipos de fútbol y los partidos políticos, y como los candidatos se dedican ahora a enarbolar lemas de la guerra civil (lo de comunismo o libertad da más pena que risa) la gente prefiere celebrar los triunfos del Granada o del Real Madrid. Así es como los españoles asaltan Europa. Porque el país se parece ahora a un sótano cubierto de carteles con imágenes de puños y rostros, pistolas y banderas alzadas, estandartes con consignas pintados en colores primarios. Con zombis y momias que repiten sin comprender lo que decían sus abuelos y bisabuelos, y que sin embargo gobiernan o aspiran a gobernar la capital de España. En la película distópica que vivimos se ha mezclado el contagio del virus con la regresión política e incluso con el cambio climático, y la información más importante tiene que ver con toques de queda, limitaciones de movilidad y horarios comerciales. ¿Volveremos a clamar contra los demonios extranjeros y la maldición de la guerra? Desde luego, algunos se empeñan nuevamente en que muera la inteligencia, y si eso termina por ocurrir viviremos tiempos aún peores. Si no fuera por las consecuencias, la actualidad parecería una caricatura de nuestra propia historia, concentrada en la agenda de unos políticos incapaces, que al parecer no se dan cuenta de que, más allá de los colores, la gente se está ahogando de verdad. Un día un insulto; otro, un zarpazo, y quién sabe qué más. La estupidez es otra tiranía. Hay quien está convencido de que lo negro es blanco, y lo blanco negro. Qué bueno sería poder mezclar todos los colores en la paleta para volver a pintar.

IDEAL (La Cerradura), 21/03/2021

lunes, 15 de marzo de 2021

Malas cabezas

Como no teníamos bastante con la hecatombe sanitaria y económica del coronavirus, los partidos políticos se han apresurado esta semana a echar más leña al fuego, demostrando no sólo que les importa poco el bienestar de los ciudadanos, sino la existencia de ese país que se llamaba España. Si ya habíamos asistido a las luchas autonómicas en la gestión de la pandemia, ahora vemos que están dispuestos a que ardan Cataluña, Madrid, Castilla y León o Murcia para seguir en el poder. ¿Andalucía será la siguiente? ¿Dos más dos nunca serán cuatro, como ocurre en el Ayuntamiento de la Gran Granada? Si esto fuera un manga, veríamos un mapa fragmentado, con llamas y explosiones por doquier, con presidentes y presidentas y vicepresidentas y vicepresidentes con la cara llena de moratones, los dientes rotos y gruesos lagrimones cayendo por sus mejillas cuando se dirigen a los ciudadanos después de una sesión parlamentaria. Pero no es así. Más bien parecen partirse de risa, mientras los lagrimones les caen de verdad a esos ciudadanos cuando hacen las colas del paro, de los comedores sociales, de la atención médica. Parte de la clase política española, independientemente de las siglas, sólo porta infecciones ideológicas, y la población no está vacunada contra ellas. Aunque la abstención aumente en cada convocatoria electoral, no se dan por aludidos. La irresponsabilidad de algunos está hundiendo la credibilidad de todos, y los que llegaron a la política por vocación asisten impotentes al espectáculo de quienes con el mínimo esfuerzo aspiran al máximo beneficio personal. ¿Quién contrataría a estos destructores del interés público? Los partidos parecen estar capitaneados por navajeros, por lo que habría cierta lógica en que terminaran descabezados por sus propias hojas. La política española se ha convertido en una provocación social, y este Juego de Tronos estatal y autonómico a derecha e izquierda del tablero sólo nos muestra una vez más que quienes dirigen partidos y demasiados gobiernos no sólo carecen de principios políticos, sino también de cualquier ética pública y social. No son dignos de confianza. Porque no se trata de una ficción, sino de la realidad, y de la perversión de la propia democracia. ¿Extremismo? ¿Populismo? A nadie podrá extrañar que parte de la población ya grite, como el rapero Hasel o la Reina de Corazones: “¡Que les corten la cabeza!” Pero nada de violencia. Mientras la población se inmola, los que tienen responsabilidades públicas seguirán discutiendo en los pasillos del Congreso el argumento de series como “El ala oeste de la Casa Blanca”. Netflixpolítica.

IDEAL (La Cerradura), 14/03/2021

lunes, 8 de marzo de 2021

Tabernas

Hay un método infalible para acertar con un bar o una terraza, como es el caso: que las mesas estén ocupadas por personas de más de sesenta años. Eso suele significar un trato amable y profesional de los camareros, buenas tapas y un precio razonable. Y lo más importante: tranquilidad. Suelen ser bares de barrio, cerca de tiendas y colegios, lugares para ver pasar la gente y la vida. En una época como ésta, poco más se puede pedir. El temor al contagio y el encierro voluntario nos privan de lo más básico: la relación con otras personas, esas miradas de reconocimiento que nos explican la realidad. Algo tan cotidiano se ha convertido en un privilegio, y el mero hecho de respirar al aire libre parece un milagro. La gente camina, tú la observas y tienes conciencia del mundo. Lo demás da más o menos igual, te basta con saborear ese instante. El caso es que la ciudad está más vacía, más silenciosa, y la gente con la que te encuentras tiene menos cosas que hacer o nada que hacer, lo cual se convierte en algo esencial, pues equivale a tener que darle sentido a todo lo que te sucede, aunque no se trate de nada más que lo de costumbre. Cada día anuncian el cierre de un bar al que los vecinos iban a encontrarse, y la ciudad se va volviendo más inhóspita, menos familiar. La memoria es selectiva y caprichosa, y en el renovado trayecto vamos dejando por el camino conversaciones, sabores, anécdotas, momentos felices en los que no hay preocupaciones ni obsesiones, sólo una cucharada de arroz, un sorbo de vino, el oído cocina que se transforma en un chascarrillo, en una promesa de algo caliente. Ir a una buena taberna es como ir al teatro o al cine, una especie de catarsis, como explicaba el filósofo griego, porque nos centramos únicamente en la experiencia, que nos evade de nosotros mismos, siendo más nosotros que nunca, más livianos y atentos. En las bodegas Castañeda, por ejemplo, donde ya no te puedes apoyar en la barra, pero te sientas en una mesa para tomar el vermú y la tapa de asadura, los más intrépidos un trozo de tocino. Los pecados y las penitencias son personales, y hay quien anda diez kilómetros todos los días para poder justificar ese momento único. Un poco de pan, aceite y cecinas, que no hay colesterol que valga. Es lo que aseguran el camarero y el agradecido parroquiano. Y uno sale vacunado contra la rutina.

IDEAL (La Cerradura), 7/03/2021

martes, 2 de marzo de 2021

Democracia

Los disturbios en las calles por el encarcelamiento del rapero Pablo Hasél revelan el gran problema que tiene España con la educación, y quizá sea un aviso de la realidad social que nos espera por la hecatombe económica creada por la pandemia y su desastrosa gestión política. Porque la libertad de expresión no ampara ni debe amparar la apología del terrorismo, como tampoco la quema de contenedores y el destrozo del mobiliario público. Una persona que enaltece o pide en sus canciones que organizaciones terroristas como ETA o los Grapo vuelvan a matar no ejerce ningún derecho, sino que vulnera los de otros, y si está cometiendo un delito penal merecerá la pena correspondiente, como también la niña joseantoniana que culpaba en un mitin reciente a los judíos de los males del mundo y negaba el holocausto, lo que muestra una incultura lamentable, además de inhumanidad. Los gritos de Auschwitz aún deberían resonar en nuestras conciencias, y ahí tenemos el ejemplo de Alemania, que después de sufrir a Hitler y el nacismo los ha condenado públicamente, y no tiene problemas en procesar a quien hace apología del fascismo y de la muerte. Quizá porque en este país no se han condenado todavía unánime y públicamente la dictadura franquista y sus crímenes, no existe una cultura de reconocimiento de los errores, empezando por la clase política. Lo que también explica la cárcel mental en la que viven el rapero Hasél y la niña fascista, que carecen de conciencia ética y moral. En una democracia las leyes se cambian por el procedimiento establecido, pero aquí la costumbre es saltárselas. Estos hechos deberían darnos la medida del momento social en el que vivimos, y desde luego nos lo dan de nuestra clase política, que los utiliza para polarizar más a la ciudadanía, fomentando el extremismo. No se trata ya de que parte del Gobierno coquetee con la violencia callejera, sino de que, con una población al límite de su aguante, haya personas que se sientan agredidas personalmente por esas políticas y salgan a las calles para enfrentarse con las fuerzas del orden en Andalucía o en Cataluña. Así, mientras dentro del propio Gobierno, y entre éste y la oposición, aflora la violencia dialéctica, la violencia física toma las calles. Quién diría que esta semana hemos celebrado la victoria de la democracia sobre un golpe de Estado. Desde entonces, hemos olvidado tanto o destruido nuestra memoria con tanta convicción que lo que hoy pende de un hilo es la democracia en España.

IDEAL (La Cerradura), 28/02/2021

Tourcatastrófico

En un año distópico el turismo es ciencia ficción: playas y calles están vacías, y si uno camina por los paseos de Salobreña o Nerja se admirará de los milagros de la naturaleza, de cómo el mar ha vuelto a recuperar su espacio, como si la humanidad no existiera. Pero no es cierto: hay algunos cuerpos tostándose en la playa, orondos y felices, admirados de la plácida soledad, turistas anclados de invierno. No sólo los extranjeros han desaparecido. También los vecinos parecen preferir la seguridad de las casas, a salvo del bullicio inexistente. “Ay, España”, se dirán encogidos en el sillón, ese paraíso desaparecido de la Europa rica. Porque siguen existiendo el norte y el sur, y la burguesía de Francia para arriba se ha olvidado de las playas españolas. Es un problema económico y sanitario. Ya no viaja el que puede, sino que nadie puede viajar. Tanto mentar la Transición y resulta que no se nos ha ocurrido nada nuevo desde que Fraga decidió que, a falta de otras posibilidades, España podría ser un buen destino turístico. Ahora España puede seguir siendo nuestro destino, pero habrá que cambiar el adjetivo. ¿Alguien ha pensado en una industria alternativa? Decenas de agencias de viajes han cerrado en Granada, y son miles las persianas que se bajan definitivamente de empresas relacionadas con la hostelería, no sólo bares y restaurantes. Menuda traición por parte de las administraciones: incentivar la que iba a ser la más importante industria nacional y ahora dejarla a su suerte. Y eso no lo ha hecho un ministro franquista, sino los sucesivos gobiernos democráticos que en las distintas administraciones han alimentado el fantasma actual, del que lamentablemente dependen muchas familias de carne y hueso. ¿Se puede cambiar a estas alturas el modelo productivo? Probablemente se podría, pero no hay que dejar a esas familias en la estacada. Las ayudas directas y las exenciones fiscales serían una solución, sin descuidar la inspección laboral y tributaria. Porque también hay quien se aprovecha de las ayudas públicas para vivir todos los lunes al sol. El modelo económico europeo nos ha condenado a ser un país dependiente. ¿Dónde estáis, hermanos turistas? Como hay quien cambia de lugar de vacaciones, quizá deberíamos cambiar de políticas. Ahora, éste es un juego de sillas y habitaciones de hoteles vacías. Cómeme y bébeme, Europa.

IDEAL (La Cerradura), 21/02/2021

lunes, 15 de febrero de 2021

Política seca

Incapaces de rebelarse quizá contra la educación nacional católica heredada, algunos políticos españoles parecen dictadores en potencia (aunque se quejen alegremente de la calidad democrática), capaces de ponerse la ley por montera en cuanto les dejan, lo que lamentablemente ha propiciado la declaración inconstitucional del estado de alarma. Así, mientras el presidente del Gobierno se vale de la emergencia sanitaria para eliminar el Estado de Derecho al tiempo que su vicepresidente Pablo Iglesias no deja de criticar esa democracia que le ha permitido convertirse en casta, el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno, prohíbe la venta de alcohol a partir de las seis de la tarde en cualquier comercio, aprovechando que el río analcohólico pasa por Pisuerga. Porque, contrariamente a lo que se piensa, la “ley seca” no se refiere a los combates contra los abusos del alcohol (ya nos han enseñado que, sin embargo, los estancos prestan servicios esenciales, aunque no sabemos por cuánto tiempo), sino al poco seso de aquellos tratan de justificar las prohibiciones arbitrarias. Porque la cuestión no es lo que se prohíba, sino el mero hecho de prohibir, lo que demuestra un nulo respeto por el ejercicio de los derechos y libertades fundamentales y un desprecio absoluto a la madurez de los ciudadanos. Teniendo en cuenta el nivel de nuestra clase política, lo raro es que la gente no beba o se suicide moderadamente como se le antoje. ¿Hasta dónde va a consentir la ciudadanía? Esa es la pregunta que parecen hacerse parte de nuestros responsables públicos, que ya se ríen del Gran Hermano de 1984. Desde que empezó la pandemia, la confusión parece ser la tónica general y, a falta de recursos y de medidas eficaces, la política se ha reducido al ejercicio de la autoridad, que abre o cierra la mano para pegarle collejas a la población, tratada como párvulos. ¡Líbrennos del miedo! Así, puedes caminar a esta hora, correr a esta otra, ver a tus amigos en una mesa de no más de cuatro personas, pero no en tu casa, aunque seáis tres, no va a haber actos culturales ni deportivos, por peligro de contagio, pero sí políticos, que ya estamos a fin de cuentas contagiados, en un galimatías territorial y administrativo en el que lo que resulta inaudito es que todavía no hayamos saltado por los aires. “La mayor virtud es la paciencia”, nos dicen los filósofos. Y es que quizá llegue el día, en que, en pleno delirio político, los malos gobernantes decidan prohibirse a sí mismos. Amén.

IDEAL (La Cerradura), 14/02/2021

lunes, 8 de febrero de 2021

La realidad

A las seis de la tarde, parte de la vida se detiene. La gente apura sus compras y la policía aparece en sus coches, pendiente de que el segundero llegue a las doce para realizar los primeros controles. La rutina se ha vuelto molesta para clientes y comerciantes, que deben cronometrarse. Es normal que la gente se desanime, sobre todo nuestros mayores, que leen que ya no ingresan en la UCI a los mayores de 80 años, según ha denunciado el presidente del Sindicato Médico de Granada, Francisco Cantalejo, y que probablemente se irá bajando esa franja de edad según las circunstancias sanitarias y la situación de los hospitales. No sólo es espantoso, sino inmoral. Como lo es tener que seguir escuchando a los responsables públicos que han negado reiteradamente la gravedad de la pandemia y que han ido cambiando su discurso en función de las circunstancias, desde Fernando Simón a Pedro Sánchez, sobre el uso de la mascarilla, la incidencia de las nuevas cepas o la llegada de las vacunas. Ya no se trata del cuento del pastor mentiroso, sino de una mentira continuada de aquellos que tienen la obligación de explicar la realidad, por muy dolorosa que esta sea. Presuponemos que no hay mala fe en la gestión pública y únicamente impotencia, pero es evidente que las personas que están al frente de la gestión de la pandemia en España no están capacitadas para ello. Hablan de más. Acuñan eufemismos para negar la realidad y lo que es peor, poner en riesgo la vida de los ciudadanos que ven cómo son borrados del mapa. Mientras, hay quien se lía una manta a la cabeza, sigue ignorando las medidas de higiene básicas, especula sobre conspiraciones que justifiquen su egoísmo, propaga bulos en las redes sociales, pone en riesgo a los que le rodean. Vivimos en una sociedad en que la estupidez campa a sus anchas. Y parte de la responsabilidad es de quienes no tienen ningún respeto a la verdad, no ya en una campaña política, sino en una emergencia sanitaria. Personas que deben de haber olvidado que tuvieron padres y abuelos, y que incluso ellos mismos, a pesar de su irresponsabilidad, también son seres humanos, sujetos de derechos y libertades. Necesitamos gestores que sepan diferenciar la verdad de la mentira, y llamar a la realidad por su nombre. ¿Se utilizan todos los recursos públicos? ¿Cuánto puede durar la paciencia de los ciudadanos? ¿No se les quiere inquietar más? A falta de unas elecciones, la esperanza depende de la estación.

IDEAL (La Cerradura), 7/02/2021

lunes, 1 de febrero de 2021

Temblores

En un planeta que vaga por el universo, lo raro sería que no hubiera epidemias y terremotos. Como le diría una capa tectónica a otra: “Hay que liberar tensiones”. Descansamos un poco del virus y nos dedicamos a contar movimientos sísmicos con la nueva App que hemos descargado en el móvil. Ya colocamos los libros y barrimos los restos de la vajilla en las noches de insomnio. ¡Hay que romper la rutina! Al menos hemos salido a la calle, a pesar de las prohibiciones. Y qué bien sienta redescubrir lo agradable que es el aire de la noche, aunque haya quien prefiera dormir en el coche al ver cómo bailan las gárgolas de la catedral de Granada. Ante cómo van desarrollándose los acontecimientos, dan risa las expresiones acuñadas por los estrategas políticos y los comunicadores sensacionalistas, empezando por la “nueva normalidad”, con la que el presidente del Gobierno anunciaba una de sus sucesivas victorias pírricas contra el coronavirus. “Los granadinos están siendo puestos a prueba”, nos dice Pedro Sánchez. Y claro, nos echamos a temblar, como se dice popularmente. En una película de los años 90, “Temblores”, unas criaturas que salían de la tierra para zamparse a los incautos provocaban los terremotos; pero aquí tenemos a esas criaturas danzando tranquilamente por la superficie, y no todas son microscópicas. Dan miedo, teniendo en cuenta las circunstancias sanitarias y políticas. Aunque los expertos nos tranquilizan: “Se trata de una serie sísmica”. ¿Aliviarán tensiones las elecciones en Cataluña? Lo que ocurra en esa comunidad puede darnos una idea del futuro de España, y por eso se ha ido para allá el exministro de Sanidad, Salvador Illa, mientras que Miquel Iceta se ha mudado a Madrid con Pedro Sánchez para convertirse en ministro de Política Territorial. Mamma mía, como le dé por bailar. “¡Pedro, líbranos del mal!”, exclamará mientras salta por los aires el Estado autonómico. Y claro, nos echaremos a temblar nuevamente, como ha temblado mi habitación mientras escribía este artículo. Eso me pasa por invocar los fantasmas electorales. Es mejor acudir a las opiniones científicas, que señalan que es el peso de la cuenca de Granada lo que provoca los movimientos en las fallas. “La cuenca se está deprimiendo por su propio peso y, al hundirse, se producen estos terremotos”, nos dicen desde el Instituto Andaluz de Geofísica y Prevención. Así que tendremos que preguntarnos con Milan Kundera, ¿qué será más importante, el peso o la levedad? Lo meditaremos mientras convergen las placas africana y euroasiática y temblamos un poquito más.

IDEAL (La Cerradura), 31/01/2021