lunes, 17 de mayo de 2021

La T.I.A.

Nadie lo hubiera podido imaginar, pero resulta que Pablo Iglesias, después de dejar la política, se ha cortado la coleta, como los toreros, para darse un pelado de niño pijo del que todo el mundo habla. Si va a resultar que todo este proceso no era para transformar España, sino para transformase él mismo en todo lo que había querido ser (o no). Quién te ha visto y quién te ve. No lo veremos en el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), pues el Tribunal Constitucional ha anulado el decreto ley que lo incluía en la comisión delegada de asuntos de inteligencia junto a Iván Redondo, deseoso también de conocer y utilizar los secretos del poder. “¡Oh, Pedro! ¡Danos conocimiento para cumplir tus designios! ¡Líbranos de la curiosidad!” El alto tribunal no cree que sea un caso de extraordinaria y urgente necesidad, al menos para la seguridad del Estado. La historieta se parece más bien a las de la T.I.A. (Técnicos de Investigación Aeroterráquea), la desastrosa agencia secreta de información creada por el maestro Ibáñez. Mortadelo y Filemón son los reyes del disfraz y el camuflaje, capaces de adoptar cualquier papel que requiera el Superintendente Vicente o los supuestos votantes, aunque se hayan dibujado con las encuestas de Tezanos (¡tabernarios!) y las visiones de Iván Redondo, Rasputín de la posverdad. “¡Madrileños (que no espartanos), preparad el desayuno y alimentaos bien, porque esta noche cenaremos en el infierno! ¡Esto es Madrid!”, gritaban antes de arrojar imaginariamente al foso a sus rivales electorales en la derecha y en la izquierda. Esa fijación guerrera que tienen los íberos y que abarca desde el deporte a la política o al control de una pandemia, aunque sólo ellos sean capaces de ver al enemigo, el desfiladero e incluso la batalla. A mí me gustaba el profesor Bacterio y sus inventos extraordinarios, que nunca salían como se esperaba. Primero hay que armar una revolución. Después, traicionar las ideas que la inspiraron para lograr lo que querías (o no). Alcanzar la responsabilidad de gobernar para tener por fin el poder de cambiar las cosas, pero renunciar a cambiar nada, porque quizá ejercerlo tiene más que ver con la responsabilidad que con la vanidad. Acabar bebiéndote la fórmula del profesor para convertirte en el superhéroe que salve a tu partido y de paso la capital del país de los bárbaros para transformarte finalmente en contertulio televisivo, que se ve que es lo que realmente le hace falta a España. Y en esto se parecen el mundo del TBO y la política.

IDEAL (La Cerradura), 16/05/2021

lunes, 10 de mayo de 2021

Descontrol

El caos administrativo provocado por el fin del estado de alarma sólo es comparable al caos creado por esa medida inconstitucional que llevará ahora a muchos ciudadanos a recurrir las restricciones que sin soporte normativo adopten las comunidades autónomas. Porque las libertades de circulación y de reunión sólo pueden suspenderse en circunstancias extraordinarias, y fuera del estado de excepción (que no de alarma) los ciudadanos pueden ir a donde les parezca. Lo entendió perfectamente Isabel Díaz Ayuso, que por eso ha arrasado en las elecciones de la comunidad de Madrid. La gente está harta de que le digan lo que tiene que hacer, y más cuando ven que los políticos que restringen sus libertades hacen lo que les da la gana. Por eso ya llenan bares y playas, y los hosteleros esperan la llegada de los turistas como los indios las manadas de búfalos, que convertirán España en lo que ha sido siempre, desde que Fraga acuñase la frase “Spain is different”. Un lema muy bueno para atraer a los europeos, y para que los españoles aceptasen la rareza de un país que salía de una dictadura. ¿Cuánto hemos cambiado? El Gobierno también espera que con la llegada de las ayudas europeas y la recuperación económica los votantes se olviden del calvario pasado, no vaya a ser que le ocurra lo que en Madrid. ¡Tabernarios!, podría ser el grito de guerra de las próximas elecciones, donde efectivamente el PSOE pagará tantas arbitrariedades, aunque ahora prefiera fomentar la barra libre. ¿Tendrá que huir Pedro Sánchez como Pablo Iglesias? El “ordeno y mando” se ha convertido en una costumbre para demasiados políticos, a los que les va a costar tener que volver a convencer de sus decisiones a los ciudadanos. Curiosamente, la gestión desordenada y regional de la pandemia está cambiando la política española. Al dejar en manos de los presidentes de las comunidades autónomas las decisiones más problemáticas, Pedro Sánchez ha logrado que emerjan personajes como Isabel Díaz Ayuso, que le discuten el poder. Por no asumir su responsabilidad, va a ser borrado del mapa. Porque esto no ha hecho más que empezar. Con la peste moderna, se ha desbordado el populismo, y mensajes tan simplones como “socialismo o libertad” serán repetidos una y otra vez en una campaña permanente. En plena pandemia, hubiera sido más fácil que nuestros responsables públicos trabajaran en la misma dirección, olvidándose de los intereses electorales. Cuántos recursos desperdiciados. Pero nos gusta hablar de ex, de cañas y berberechos. Mejor que estar en la inopia.

IDEAL (La Cerradura), 9/05/2021

lunes, 3 de mayo de 2021

Teatro de alarma

En una época en que los escritores y la creación en general están condicionados por cánones diversos, comerciales, editoriales o académicos, consuela leer a escritores como Antonio César Morón, y más aún poder asistir al estreno de una de sus obras, “Hojas negras: bosque rojo”, en el Teatro Isabel la Católica. Antonio César es un escritor valiente y comprometido, que trabaja con naturalidad el teatro, la poesía, la novela o el ensayo sin más pleitesías que su inquietud y su exigencia personal. Y así, en las cinco piezas que componen “Teatro de alarma” (Editorial Nazarí, 2021), aborda con libertad temas políticos tan polémicos como la gestión de la pandemia de la Covid-19, la gestación subrogada, la memoria democrática, el tratamiento del feminismo por los medios o los partidos políticos, la inmigración o la tragedia de Chernóbil, con retratos incisivos y críticos de los personajes públicos implicados en algunos de los episodios más bochornosos de la historia de España, sin excluir además una coda ejemplar sobre la relación de Leonard Cohen y Federico García Lorca. Estructurada en dos partes complementarias, “De política” y “De memoria”, “Teatro de alarma” es una de las crónicas más lúcidas que he leído sobre la evolución y las consecuencias políticas y sociales de la pandemia en España. Antonio César Morón observa la realidad y la disecciona con personajes de carne y hueso, cuyos diálogos tienen una fuerza inusitada y se convierten en el motor de la acción. Y la acción de estas obras es tan trepidante como la de un buen thriller, sólo que estamos hablando de piezas teatrales que tienen además una gran profundidad psicológica e intelectual. Con recursos propios del microteatro, el teatro experimental o el teatro clásico, pero también de otros géneros como la poesía, la narrativa y el ensayo, en estas obras eclécticas asistimos a saltos temporales, vivimos realidades paralelas y nos desdoblamos con personajes múltiples que nos ayudan a comprender la sociedad actual desde las generaciones que nos precedieron hasta un futuro distópico. Antonio César Morón nos ofrece en este libro una mirada personal y única del mundo, lo que debemos pedirle a un escritor y a una excelente obra literaria. Una gran oportunidad para despojarnos del miedo y volver al teatro, o de disfrutarlo también sin salir de casa, con una lectura reposada –pero no por ello menos trepidante- de salón. Frente a una de las mayores crisis sociales de nuestra historia, merece la pena protegerse o tomar las riendas de nuestra vida con este “Teatro de alarma”.

IDEAL (La Cerradura), 2/05/2021

lunes, 26 de abril de 2021

Espectáculos

Nuestra pobreza cultural se muestra en las simplezas del debate político: mayor polaridad y extremismo, ausencia de debates con propuestas e ideas concretas. En España, la situación de Cataluña y Madrid se revela paradigmática. Los otrora motores económicos y culturales del país viven, con elecciones o sin ellas, en una campaña permanente de descrédito del adversario y una confrontación que poco tienen que ver con los intereses de los ciudadanos. En Cataluña, el independentismo pretende la exclusión de quienes no comparten su ideario, ya se trate de los agentes de los cuerpos de seguridad el Estado, a los que no se quiere vacunar, o de los propios ciudadanos, en una especie de nuevo apartheid de los que llaman españoles, como si ellos no lo fueran, aunque se trate de personas que contribuyen al desarrollo de la sociedad catalana, como Javier Cercas, condenado públicamente por el aparato secesionista por el mero hecho de decir lo que piensa, primer requisito del Estado democrático. Y en Madrid, la campaña electoral ha mostrado ya demasiados esperpentos, como el de Rocío Monasterio haciendo de banderillera bajo la mirada aprobadora del hombre-puro (es lo que fumaba) Santiago Abascal; o el de Isabel Díaz Ayuso, permanente tonadillera; con Ángel Gabilondo liándose con la concentración y dispersión del centro izquierda y Pablo Iglesias confundiendo los intereses de la izquierda con los de su propio partido. Y Pedro Sánchez, claro, interviniendo en la campaña como si fuera el candidato del PSOE a la comunidad en vez del presidente del Gobierno de España. Lo de Vox y el cartel sobre los Menas es un tema aparte. Un partido que utiliza una campaña electoral para incitar al odio debería ser ilegal, como lo es la exaltación del nazismo en Alemania. Los derechos humanos obligan a los países a la protección de los menores, independientemente de su procedencia o nacionalidad. Y los partidos políticos que ignoran los derechos humanos no deberían existir, simplemente, porque son los derechos y libertades fundamentales de las personas los que legitiman la existencia de esos partidos y de las democracias. Mientras tanto, la gente se muere por la Covid-19 o por las consecuencias económicas de la gestión de la pandemia. Pero los principales medios de comunicación dedican sus editoriales a la Superliga, que es lo que parece inquietar más en un país donde la gente prefiere obviamente las contiendas futbolísticas a las políticas. Se ve que podemos prescindir de los cargos políticos, pero no de las estrellas del balón. Cerrada la cultura, estos son nuestros espectáculos públicos.

IDEAL (La Cerradura), 25/04/2021

lunes, 19 de abril de 2021

Vacunas

La información sobre las vacunas tiene a la gente en ascuas. ¿Cuándo me tocará? Y si me toca, ¿me vacunaré? ¿Me dará un trombo? ¿Tiene carga transgénica? ¿Terminaré convirtiéndome en un murciélago? ¿En Batman? Hay quien piensa que su ADN cambiará, y quien prefiere no pensar nada. Pero el caso es que hay una carrera para vacunar a la población y darle un pasaporte para que circule libremente, para que viaje y gaste si puede y se recupere la maltrecha economía de los países europeos, poco espabilados para conseguir el maná antivírico, que puede ser inglés o ruso. No se entiende que se vacune a los profesores de primaria y bachillerato y a los universitarios no, o que cada comunidad autónoma tome medidas por su cuenta, pero si atendemos a Pedro Sánchez dentro de poco viviremos en el país de las maravillas. Lloverán las vacunas y las inversiones, y España volverá a ser un imperio donde nunca se pone el sol. No terminamos de creérnoslo, no, sobre todo viendo el nivel de la contienda política. Los partidos luchan por los reinos de taifas, y si han convertido Madrid en un campo de batalla, lo de Granada se parece más bien a una olimpiada matemática. ¿Dos más dos son cuatro? Pues según quién haga las cuentas. Ante la Covid-19, como ante nuestra clase política, la población se mueve entre el pasotismo y el pánico. Hay quien sufre cuando tiene que ir a trabajar y quien está deseando salir de casa. Pero el recuento de contagiados y las medidas administrativas nos confunden. ¿Está usted abierto o cerrado? ¿Consigue conciliar el sueño perimetral? Los encierros conllevan estrés y aburrimiento, y hay gente que se está volviendo adicta al miedo. ¿Qué nos anunciarán esta semana? La vacuna es una armadura necesaria en tiempos pandémicos, y quizá terminemos riéndonos de nuestros temores cuando tengamos que ponérnosla todos los años. Varicela, sarampión, gripe… ¿Covid-19? Se ve que vamos perdiendo la gracia del lenguaje, o quizá es que nos gustan más los tecnicismos. El bicho, dicen, el p… virus, la peste negra, la muerte roja. En las fiestas de los pisos hay siempre ahora un invitado no deseado, que no es la policía. Por eso, la Organización Mundial de la Salud advierte de que la humanidad está en el punto más alto de contagios, pero el CEO de Pfizer asegura que todo habrá acabado este otoño. ¿Está usted preocupado? ¡No pasa nada! Hay que vacunarse e inmunizarse. Por suerte, la Covid-19 tiene cura. La negligencia política parece que no.

IDEAL (La Cerradura), 18/04/2021

lunes, 12 de abril de 2021

Desnudos

El ser granadino se ha transmutado esta semana entre el reino nazarí y Mánchester. No porque los granadinos hayan viajado a la pérfida Albión, sino porque el Granada CF ha puesto la ciudad en el mapa futbolístico, que actualmente parece ser el más importante. “Hablan de nosotros los tabloides británicos!”, exclamaban los que todavía van al bar. “¡Que por fin me han puesto la vacuna!” (aunque sea inglesa), decían otros. La gracia estriba en poder ser internacional sin moverte de casa, y sentado ante el televisor dar una patada a un balón capaz de recorrer miles de kilómetros en la imaginación de los aficionados. El resultado es lo de menos. Si ya habíamos saboreado la victoria cientos de veces antes de que el árbitro pitara el comienzo del partido. Pero el caso es que el partido empieza. Y en el minuto 10 de la ensoñación aparece un tipo que, en pelotas (este de verdad), se revuelca por el campo. “Con lo frío que tiene que estar el césped”, piensa uno. “Y con lo que tiene que picar en ciertas partes íntimas”, dice otro. “Qué asco. Se está embadurnando con los gapos que escupen los jugadores”, señala un tercero. “¿Quién habrá dejado entrar en el estadio a este tío?” Nadie, ésa es la realidad, que siempre suele colarse por algún sitio, concretamente una lona donde el exhibicionista estuvo escondido catorce horas para lograr un minuto de gloria. ¿Quién tiene más pelotas? El Granada, desde luego, que con todo su presupuesto no podría pagar el sueldo de tres jugadores del Mánchester, ciudad industrial, rica y fea en comparación. Pero habrá que viajar allí y ganarles, aunque sea con un tipo desnudo escondido en la maleta. Porque la desnudez, como el fútbol, suspende durante el lapso que el balón circula por el césped la realidad, y hay quien aprende geometría y estrategia en la disposición de los jugadores y los cuerpos en el campo. Los filósofos griegos tenían fijación por la desnudez y las figuras geométricas. ¿Qué es más importante, lo que se ve o lo que no se ve? La metafísica del fútbol estaba en la cara de sufrimiento de Bruno Fernandes cuando se disponía a tirar el penalti sobre la portería de su compatriota Rui Silva. “Este me lo para”, pensó el jugador del Mánchester. Casi. El balón se le escurrió entre los dedos al cancerbero antes de entrar en la portería. Pero los símbolos emergen entre lo que la luz oculta y lo que deja ver. Veremos la victoria del Granada CF.

IDEAL (La Cerradura), 11/04/2021

lunes, 5 de abril de 2021

Turismo cultural

Como extranjeros, hacemos turismo en nuestra propia tierra. Nada hay mejor que ponerte el disfraz del viajero y pasear de incógnito, como si nunca hubieras recorrido los bosques de la Alhambra, ni entrado en ese bar, donde el vecino de toda la vida no sabe a ciencia cierta si eres tú, pues llevas una mascarilla. No podemos ver a los familiares que viven en otra comunidad, pero sí pueden visitarnos nuestros amigos franceses para irse de juerga, e incluso puedes reencontrarte contigo mismo en un chiringuito en la playa si logras superar la larga caravana. No podemos ir a ningún lado, así que todos vamos a los mismos sitios, y no nos importa hacer cola para que nos den una mesa y encontrarnos a quienes no veíamos hace siglos. También hay colas en Leroy Merlín, porque en Semana Santa nos ha dado por construir castillos interiores, y aunque no tengamos ni un duro ponemos nuevas estanterías y compramos taladros mágicos, qué importa una deuda más si el mundo parece estar acabándose. Las crisis nos dan la posibilidad de reinventarnos, y si lo hacemos con nosotros mismos y con nuestras casas también podríamos hacerlo con nuestra ciudad, redescubrir esa Granada que tiene una potencia patrimonial, cultural y universitaria que ya quisiera Málaga, aunque tengamos unos gobernantes tan torpes que han logrado que sólo se la conozca como el paraíso del botellón y de la tapa. ¿Somos capaces de vernos con los ojos de un extraño? ¿Señalar, objetivamente, qué es lo mejor y lo peor que tenemos? Como me dijo hace años mi colega Jorge Fernández Bustos, Granada exporta escritores como Cuba músicos, y quizá haya llegado el momento de ofrecer esa cara más amable de una ciudad inmejorable para vivir y crear y que sin embargo carece de una verdadera industria cultural. Resulta chocante que no haya una agenda cultural única, sino que uno tenga que bucear en las actividades de la Diputación, el Ayuntamiento, la Junta o la UGR, en la feria del libro, por ejemplo, a pesar de los esfuerzos de Nani Castañeda. O de Jesús Ortega en el Centro Lorca. O de Remedios Sánchez con el FIP. O de Álvaro Salvador y el Ateneo. O de Jesús Lens y Gustavo Gómez con Granada Noir y otras tantas iniciativas. O Mariana Lozano y Esdrújula. O Alfonso Salazar y tantos otros, acostumbrados siempre a volar sin red. Granada Cultura podría ser una marca y un ente que uniera y llevara en una misma dirección iniciativas públicas y privadas.

IDEAL (La Cerradura), 4/04/2021

lunes, 29 de marzo de 2021

Servicios esenciales

En las circunstancias actuales debería ser un delito penal que las compañías y las administraciones que prestan o deberían prestar servicios esenciales dejen de hacerlo: sanitarios, suministros de luz, agua, teléfono e internet, pero también servicios financieros y de seguros que deben garantizar que los ciudadanos cubran con trabajo sus necesidades básicas. Sin embargo, como ocurrió en la última crisis económica, las ayudas públicas que la UE y el gobierno español han anunciado a bombo y platillo no van a llegar al bolsillo de quienes las necesitan, sino a aliviar las cuentas de pérdidas y ganancias de las grandes empresas que hoy día son las que sostienen el poder político. Esas operaciones que el expresidente del Gobierno Mariano Rajoy define como “metafísicamente imposibles” (no estudió filosofía este hombre, ni tampoco sus herederos políticos, que han eliminado las humanidades de los planes de estudios para crear analfabetos a su imagen y semejanza). Esas cosas que, según el ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, José Luis Ábalos, tampoco ocurren, aunque sirvan para rescatar a dudosas compañías aéreas que pocos servicios prestan a los españoles, por no hablar del extravío asombroso de maletas e incluso del personal diplomático (es un decir) de otros países. (¿Habrá logrado salir Delcy Rodríguez por fin del aeropuerto de Barajas o pasará allí la Semana Santa?) Si se hace en el propio interés político, nada bueno hay en la creación de empresas públicas, y más en un tiempo en que nada parece sostener ese supuesto interés más allá de los egos personales, que hace tiempo olvidaron su ideología. Hasta un catedrático de Filosofía como Ángel Gabilondo se presenta efectivamente serio, soso y formal, sobre todo porque no tiene más remedio que seguir el juego de una persona que desconoce el sentido de la verdad, como Pedro Sánchez, aupado al poder por Pablo Iglesias, ese alter ego con el que nunca iba a pactar, como tampoco lo hará Gabilondo, según cuenta. Qué lástima ver en qué términos se fragua la campaña electoral de Madrid, nuevamente objeto de los frentes guerracivilistas. Pero es que ni siquiera debería haber elecciones, por mucho que las quieran Díaz Ayuso o Pablo Iglesias. Todo lo que no sea dedicar hoy la totalidad de los recursos públicos a vacunar a la población es una infamia. Y más lo es aprovecharse de esta situación dramática para enriquecerse, ya se trate de partidos políticos, farmacéuticas o entidades bancarias. Nos sobran los facinerosos públicos y privados, y también tantas encuestas. No hay política sin ciudadanos.

IDEAL (La Cerradura), 28/03/2021

lunes, 22 de marzo de 2021

Colores

Con las desgracias crecen la frustración y la irritabilidad, pero uno se sorprende cuando las ve explotar en plena calle, y más cuando se trata de una señora de unos sesenta años, bien vestida y maquillada, que insulta sin venir a cuento a tres chavales negros con los que se acaba de cruzar. Y luego exclama: “¿Tenéis que venir a aprovecharos de los españoles?” Como si no hubiera españoles negros o amarillos, incluso rojos, azules y verdes, si uno atiende a la actualidad política. Quizá era la mujer la que andaba negra, quién sabe por qué, pero miraba a su alrededor después como buscando el aplauso de la concurrencia. Lo que no sé es cómo iban a aprovecharse de los españoles. ¿Se disponían quizá los tres chavales a raptar a Pedro Sánchez? ¿Se querrían llevar al alcalde de Granada a Senegal? Los colores los fomentan los equipos de fútbol y los partidos políticos, y como los candidatos se dedican ahora a enarbolar lemas de la guerra civil (lo de comunismo o libertad da más pena que risa) la gente prefiere celebrar los triunfos del Granada o del Real Madrid. Así es como los españoles asaltan Europa. Porque el país se parece ahora a un sótano cubierto de carteles con imágenes de puños y rostros, pistolas y banderas alzadas, estandartes con consignas pintados en colores primarios. Con zombis y momias que repiten sin comprender lo que decían sus abuelos y bisabuelos, y que sin embargo gobiernan o aspiran a gobernar la capital de España. En la película distópica que vivimos se ha mezclado el contagio del virus con la regresión política e incluso con el cambio climático, y la información más importante tiene que ver con toques de queda, limitaciones de movilidad y horarios comerciales. ¿Volveremos a clamar contra los demonios extranjeros y la maldición de la guerra? Desde luego, algunos se empeñan nuevamente en que muera la inteligencia, y si eso termina por ocurrir viviremos tiempos aún peores. Si no fuera por las consecuencias, la actualidad parecería una caricatura de nuestra propia historia, concentrada en la agenda de unos políticos incapaces, que al parecer no se dan cuenta de que, más allá de los colores, la gente se está ahogando de verdad. Un día un insulto; otro, un zarpazo, y quién sabe qué más. La estupidez es otra tiranía. Hay quien está convencido de que lo negro es blanco, y lo blanco negro. Qué bueno sería poder mezclar todos los colores en la paleta para volver a pintar.

IDEAL (La Cerradura), 21/03/2021

lunes, 15 de marzo de 2021

Malas cabezas

Como no teníamos bastante con la hecatombe sanitaria y económica del coronavirus, los partidos políticos se han apresurado esta semana a echar más leña al fuego, demostrando no sólo que les importa poco el bienestar de los ciudadanos, sino la existencia de ese país que se llamaba España. Si ya habíamos asistido a las luchas autonómicas en la gestión de la pandemia, ahora vemos que están dispuestos a que ardan Cataluña, Madrid, Castilla y León o Murcia para seguir en el poder. ¿Andalucía será la siguiente? ¿Dos más dos nunca serán cuatro, como ocurre en el Ayuntamiento de la Gran Granada? Si esto fuera un manga, veríamos un mapa fragmentado, con llamas y explosiones por doquier, con presidentes y presidentas y vicepresidentas y vicepresidentes con la cara llena de moratones, los dientes rotos y gruesos lagrimones cayendo por sus mejillas cuando se dirigen a los ciudadanos después de una sesión parlamentaria. Pero no es así. Más bien parecen partirse de risa, mientras los lagrimones les caen de verdad a esos ciudadanos cuando hacen las colas del paro, de los comedores sociales, de la atención médica. Parte de la clase política española, independientemente de las siglas, sólo porta infecciones ideológicas, y la población no está vacunada contra ellas. Aunque la abstención aumente en cada convocatoria electoral, no se dan por aludidos. La irresponsabilidad de algunos está hundiendo la credibilidad de todos, y los que llegaron a la política por vocación asisten impotentes al espectáculo de quienes con el mínimo esfuerzo aspiran al máximo beneficio personal. ¿Quién contrataría a estos destructores del interés público? Los partidos parecen estar capitaneados por navajeros, por lo que habría cierta lógica en que terminaran descabezados por sus propias hojas. La política española se ha convertido en una provocación social, y este Juego de Tronos estatal y autonómico a derecha e izquierda del tablero sólo nos muestra una vez más que quienes dirigen partidos y demasiados gobiernos no sólo carecen de principios políticos, sino también de cualquier ética pública y social. No son dignos de confianza. Porque no se trata de una ficción, sino de la realidad, y de la perversión de la propia democracia. ¿Extremismo? ¿Populismo? A nadie podrá extrañar que parte de la población ya grite, como el rapero Hasel o la Reina de Corazones: “¡Que les corten la cabeza!” Pero nada de violencia. Mientras la población se inmola, los que tienen responsabilidades públicas seguirán discutiendo en los pasillos del Congreso el argumento de series como “El ala oeste de la Casa Blanca”. Netflixpolítica.

IDEAL (La Cerradura), 14/03/2021

lunes, 8 de marzo de 2021

Tabernas

Hay un método infalible para acertar con un bar o una terraza, como es el caso: que las mesas estén ocupadas por personas de más de sesenta años. Eso suele significar un trato amable y profesional de los camareros, buenas tapas y un precio razonable. Y lo más importante: tranquilidad. Suelen ser bares de barrio, cerca de tiendas y colegios, lugares para ver pasar la gente y la vida. En una época como ésta, poco más se puede pedir. El temor al contagio y el encierro voluntario nos privan de lo más básico: la relación con otras personas, esas miradas de reconocimiento que nos explican la realidad. Algo tan cotidiano se ha convertido en un privilegio, y el mero hecho de respirar al aire libre parece un milagro. La gente camina, tú la observas y tienes conciencia del mundo. Lo demás da más o menos igual, te basta con saborear ese instante. El caso es que la ciudad está más vacía, más silenciosa, y la gente con la que te encuentras tiene menos cosas que hacer o nada que hacer, lo cual se convierte en algo esencial, pues equivale a tener que darle sentido a todo lo que te sucede, aunque no se trate de nada más que lo de costumbre. Cada día anuncian el cierre de un bar al que los vecinos iban a encontrarse, y la ciudad se va volviendo más inhóspita, menos familiar. La memoria es selectiva y caprichosa, y en el renovado trayecto vamos dejando por el camino conversaciones, sabores, anécdotas, momentos felices en los que no hay preocupaciones ni obsesiones, sólo una cucharada de arroz, un sorbo de vino, el oído cocina que se transforma en un chascarrillo, en una promesa de algo caliente. Ir a una buena taberna es como ir al teatro o al cine, una especie de catarsis, como explicaba el filósofo griego, porque nos centramos únicamente en la experiencia, que nos evade de nosotros mismos, siendo más nosotros que nunca, más livianos y atentos. En las bodegas Castañeda, por ejemplo, donde ya no te puedes apoyar en la barra, pero te sientas en una mesa para tomar el vermú y la tapa de asadura, los más intrépidos un trozo de tocino. Los pecados y las penitencias son personales, y hay quien anda diez kilómetros todos los días para poder justificar ese momento único. Un poco de pan, aceite y cecinas, que no hay colesterol que valga. Es lo que aseguran el camarero y el agradecido parroquiano. Y uno sale vacunado contra la rutina.

IDEAL (La Cerradura), 7/03/2021

martes, 2 de marzo de 2021

Democracia

Los disturbios en las calles por el encarcelamiento del rapero Pablo Hasél revelan el gran problema que tiene España con la educación, y quizá sea un aviso de la realidad social que nos espera por la hecatombe económica creada por la pandemia y su desastrosa gestión política. Porque la libertad de expresión no ampara ni debe amparar la apología del terrorismo, como tampoco la quema de contenedores y el destrozo del mobiliario público. Una persona que enaltece o pide en sus canciones que organizaciones terroristas como ETA o los Grapo vuelvan a matar no ejerce ningún derecho, sino que vulnera los de otros, y si está cometiendo un delito penal merecerá la pena correspondiente, como también la niña joseantoniana que culpaba en un mitin reciente a los judíos de los males del mundo y negaba el holocausto, lo que muestra una incultura lamentable, además de inhumanidad. Los gritos de Auschwitz aún deberían resonar en nuestras conciencias, y ahí tenemos el ejemplo de Alemania, que después de sufrir a Hitler y el nacismo los ha condenado públicamente, y no tiene problemas en procesar a quien hace apología del fascismo y de la muerte. Quizá porque en este país no se han condenado todavía unánime y públicamente la dictadura franquista y sus crímenes, no existe una cultura de reconocimiento de los errores, empezando por la clase política. Lo que también explica la cárcel mental en la que viven el rapero Hasél y la niña fascista, que carecen de conciencia ética y moral. En una democracia las leyes se cambian por el procedimiento establecido, pero aquí la costumbre es saltárselas. Estos hechos deberían darnos la medida del momento social en el que vivimos, y desde luego nos lo dan de nuestra clase política, que los utiliza para polarizar más a la ciudadanía, fomentando el extremismo. No se trata ya de que parte del Gobierno coquetee con la violencia callejera, sino de que, con una población al límite de su aguante, haya personas que se sientan agredidas personalmente por esas políticas y salgan a las calles para enfrentarse con las fuerzas del orden en Andalucía o en Cataluña. Así, mientras dentro del propio Gobierno, y entre éste y la oposición, aflora la violencia dialéctica, la violencia física toma las calles. Quién diría que esta semana hemos celebrado la victoria de la democracia sobre un golpe de Estado. Desde entonces, hemos olvidado tanto o destruido nuestra memoria con tanta convicción que lo que hoy pende de un hilo es la democracia en España.

IDEAL (La Cerradura), 28/02/2021

Tourcatastrófico

En un año distópico el turismo es ciencia ficción: playas y calles están vacías, y si uno camina por los paseos de Salobreña o Nerja se admirará de los milagros de la naturaleza, de cómo el mar ha vuelto a recuperar su espacio, como si la humanidad no existiera. Pero no es cierto: hay algunos cuerpos tostándose en la playa, orondos y felices, admirados de la plácida soledad, turistas anclados de invierno. No sólo los extranjeros han desaparecido. También los vecinos parecen preferir la seguridad de las casas, a salvo del bullicio inexistente. “Ay, España”, se dirán encogidos en el sillón, ese paraíso desaparecido de la Europa rica. Porque siguen existiendo el norte y el sur, y la burguesía de Francia para arriba se ha olvidado de las playas españolas. Es un problema económico y sanitario. Ya no viaja el que puede, sino que nadie puede viajar. Tanto mentar la Transición y resulta que no se nos ha ocurrido nada nuevo desde que Fraga decidió que, a falta de otras posibilidades, España podría ser un buen destino turístico. Ahora España puede seguir siendo nuestro destino, pero habrá que cambiar el adjetivo. ¿Alguien ha pensado en una industria alternativa? Decenas de agencias de viajes han cerrado en Granada, y son miles las persianas que se bajan definitivamente de empresas relacionadas con la hostelería, no sólo bares y restaurantes. Menuda traición por parte de las administraciones: incentivar la que iba a ser la más importante industria nacional y ahora dejarla a su suerte. Y eso no lo ha hecho un ministro franquista, sino los sucesivos gobiernos democráticos que en las distintas administraciones han alimentado el fantasma actual, del que lamentablemente dependen muchas familias de carne y hueso. ¿Se puede cambiar a estas alturas el modelo productivo? Probablemente se podría, pero no hay que dejar a esas familias en la estacada. Las ayudas directas y las exenciones fiscales serían una solución, sin descuidar la inspección laboral y tributaria. Porque también hay quien se aprovecha de las ayudas públicas para vivir todos los lunes al sol. El modelo económico europeo nos ha condenado a ser un país dependiente. ¿Dónde estáis, hermanos turistas? Como hay quien cambia de lugar de vacaciones, quizá deberíamos cambiar de políticas. Ahora, éste es un juego de sillas y habitaciones de hoteles vacías. Cómeme y bébeme, Europa.

IDEAL (La Cerradura), 21/02/2021

lunes, 15 de febrero de 2021

Política seca

Incapaces de rebelarse quizá contra la educación nacional católica heredada, algunos políticos españoles parecen dictadores en potencia (aunque se quejen alegremente de la calidad democrática), capaces de ponerse la ley por montera en cuanto les dejan, lo que lamentablemente ha propiciado la declaración inconstitucional del estado de alarma. Así, mientras el presidente del Gobierno se vale de la emergencia sanitaria para eliminar el Estado de Derecho al tiempo que su vicepresidente Pablo Iglesias no deja de criticar esa democracia que le ha permitido convertirse en casta, el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno, prohíbe la venta de alcohol a partir de las seis de la tarde en cualquier comercio, aprovechando que el río analcohólico pasa por Pisuerga. Porque, contrariamente a lo que se piensa, la “ley seca” no se refiere a los combates contra los abusos del alcohol (ya nos han enseñado que, sin embargo, los estancos prestan servicios esenciales, aunque no sabemos por cuánto tiempo), sino al poco seso de aquellos tratan de justificar las prohibiciones arbitrarias. Porque la cuestión no es lo que se prohíba, sino el mero hecho de prohibir, lo que demuestra un nulo respeto por el ejercicio de los derechos y libertades fundamentales y un desprecio absoluto a la madurez de los ciudadanos. Teniendo en cuenta el nivel de nuestra clase política, lo raro es que la gente no beba o se suicide moderadamente como se le antoje. ¿Hasta dónde va a consentir la ciudadanía? Esa es la pregunta que parecen hacerse parte de nuestros responsables públicos, que ya se ríen del Gran Hermano de 1984. Desde que empezó la pandemia, la confusión parece ser la tónica general y, a falta de recursos y de medidas eficaces, la política se ha reducido al ejercicio de la autoridad, que abre o cierra la mano para pegarle collejas a la población, tratada como párvulos. ¡Líbrennos del miedo! Así, puedes caminar a esta hora, correr a esta otra, ver a tus amigos en una mesa de no más de cuatro personas, pero no en tu casa, aunque seáis tres, no va a haber actos culturales ni deportivos, por peligro de contagio, pero sí políticos, que ya estamos a fin de cuentas contagiados, en un galimatías territorial y administrativo en el que lo que resulta inaudito es que todavía no hayamos saltado por los aires. “La mayor virtud es la paciencia”, nos dicen los filósofos. Y es que quizá llegue el día, en que, en pleno delirio político, los malos gobernantes decidan prohibirse a sí mismos. Amén.

IDEAL (La Cerradura), 14/02/2021

lunes, 8 de febrero de 2021

La realidad

A las seis de la tarde, parte de la vida se detiene. La gente apura sus compras y la policía aparece en sus coches, pendiente de que el segundero llegue a las doce para realizar los primeros controles. La rutina se ha vuelto molesta para clientes y comerciantes, que deben cronometrarse. Es normal que la gente se desanime, sobre todo nuestros mayores, que leen que ya no ingresan en la UCI a los mayores de 80 años, según ha denunciado el presidente del Sindicato Médico de Granada, Francisco Cantalejo, y que probablemente se irá bajando esa franja de edad según las circunstancias sanitarias y la situación de los hospitales. No sólo es espantoso, sino inmoral. Como lo es tener que seguir escuchando a los responsables públicos que han negado reiteradamente la gravedad de la pandemia y que han ido cambiando su discurso en función de las circunstancias, desde Fernando Simón a Pedro Sánchez, sobre el uso de la mascarilla, la incidencia de las nuevas cepas o la llegada de las vacunas. Ya no se trata del cuento del pastor mentiroso, sino de una mentira continuada de aquellos que tienen la obligación de explicar la realidad, por muy dolorosa que esta sea. Presuponemos que no hay mala fe en la gestión pública y únicamente impotencia, pero es evidente que las personas que están al frente de la gestión de la pandemia en España no están capacitadas para ello. Hablan de más. Acuñan eufemismos para negar la realidad y lo que es peor, poner en riesgo la vida de los ciudadanos que ven cómo son borrados del mapa. Mientras, hay quien se lía una manta a la cabeza, sigue ignorando las medidas de higiene básicas, especula sobre conspiraciones que justifiquen su egoísmo, propaga bulos en las redes sociales, pone en riesgo a los que le rodean. Vivimos en una sociedad en que la estupidez campa a sus anchas. Y parte de la responsabilidad es de quienes no tienen ningún respeto a la verdad, no ya en una campaña política, sino en una emergencia sanitaria. Personas que deben de haber olvidado que tuvieron padres y abuelos, y que incluso ellos mismos, a pesar de su irresponsabilidad, también son seres humanos, sujetos de derechos y libertades. Necesitamos gestores que sepan diferenciar la verdad de la mentira, y llamar a la realidad por su nombre. ¿Se utilizan todos los recursos públicos? ¿Cuánto puede durar la paciencia de los ciudadanos? ¿No se les quiere inquietar más? A falta de unas elecciones, la esperanza depende de la estación.

IDEAL (La Cerradura), 7/02/2021

lunes, 1 de febrero de 2021

Temblores

En un planeta que vaga por el universo, lo raro sería que no hubiera epidemias y terremotos. Como le diría una capa tectónica a otra: “Hay que liberar tensiones”. Descansamos un poco del virus y nos dedicamos a contar movimientos sísmicos con la nueva App que hemos descargado en el móvil. Ya colocamos los libros y barrimos los restos de la vajilla en las noches de insomnio. ¡Hay que romper la rutina! Al menos hemos salido a la calle, a pesar de las prohibiciones. Y qué bien sienta redescubrir lo agradable que es el aire de la noche, aunque haya quien prefiera dormir en el coche al ver cómo bailan las gárgolas de la catedral de Granada. Ante cómo van desarrollándose los acontecimientos, dan risa las expresiones acuñadas por los estrategas políticos y los comunicadores sensacionalistas, empezando por la “nueva normalidad”, con la que el presidente del Gobierno anunciaba una de sus sucesivas victorias pírricas contra el coronavirus. “Los granadinos están siendo puestos a prueba”, nos dice Pedro Sánchez. Y claro, nos echamos a temblar, como se dice popularmente. En una película de los años 90, “Temblores”, unas criaturas que salían de la tierra para zamparse a los incautos provocaban los terremotos; pero aquí tenemos a esas criaturas danzando tranquilamente por la superficie, y no todas son microscópicas. Dan miedo, teniendo en cuenta las circunstancias sanitarias y políticas. Aunque los expertos nos tranquilizan: “Se trata de una serie sísmica”. ¿Aliviarán tensiones las elecciones en Cataluña? Lo que ocurra en esa comunidad puede darnos una idea del futuro de España, y por eso se ha ido para allá el exministro de Sanidad, Salvador Illa, mientras que Miquel Iceta se ha mudado a Madrid con Pedro Sánchez para convertirse en ministro de Política Territorial. Mamma mía, como le dé por bailar. “¡Pedro, líbranos del mal!”, exclamará mientras salta por los aires el Estado autonómico. Y claro, nos echaremos a temblar nuevamente, como ha temblado mi habitación mientras escribía este artículo. Eso me pasa por invocar los fantasmas electorales. Es mejor acudir a las opiniones científicas, que señalan que es el peso de la cuenca de Granada lo que provoca los movimientos en las fallas. “La cuenca se está deprimiendo por su propio peso y, al hundirse, se producen estos terremotos”, nos dicen desde el Instituto Andaluz de Geofísica y Prevención. Así que tendremos que preguntarnos con Milan Kundera, ¿qué será más importante, el peso o la levedad? Lo meditaremos mientras convergen las placas africana y euroasiática y temblamos un poquito más.

IDEAL (La Cerradura), 31/01/2021

lunes, 25 de enero de 2021

Excepciones

En la que es probablemente la época de mayor libertad que ha conocido la humanidad, necesitamos autorización para salir del país, de la provincia, del municipio, de la ciudad, de nuestra casa. Vivimos como los “hikikomoris”, esos adolescentes hiperconectados que, sin embargo, no quieren dejar su habitación. Las calles se van vaciando, pero hay quien se resiste a dejar de transitarlas, aunque necesite salvoconducto. Un documento que haga referencia al hogar familiar, al trabajo, a la necesidad de acudir a algún sitio. La gente se siente observada, busca con recelo las miradas del vecino, que tal vez le reproche el olvido de la mascarilla, la presencia policial, tan querida u odiada según sean las circunstancias. El Estado orwelliano era una pesadilla recurrente, un miedo alentado por los medios y los partidos en los últimos años de “fake news”, pero se ha convertido en realidad gracias a una molécula microscópica que no tiene otra conciencia que la contaminación y la reproductividad. Y ya no queremos ser iguales. Queremos que nos vacunen antes que a nadie para poder volver a la normalidad, aunque ya no exista. Y lo peor es que hay quien se aprovecha de su cargo, algún alcalde o consejero que asegura que sólo utiliza las vacunas sobrantes. Quien se vacuna se convierte en un ser excepcional: una persona sin miedo. ¿Volveremos a pasear sin máscaras? Nos podríamos acostumbrar a mirarnos a los ojos, a reírnos de las confusiones, a tratar de adivinar qué nos han dicho esas linternas que pasaron a nuestro lado. La gente, de incógnito, ve más que nunca, y está más atenta al mundo en que vive, aunque esa atención se concentre en el trayecto al trabajo o a comprar lo imprescindible. Prestar atención al mundo es la cualidad del artista, y nos hemos convertido en creadores de nosotros mismos, del nuevo yo recluido, pero atento. Aunque hay quien no ve tan claro, como la diputada de Vox por Granada, Macarena Olona, que ha pedido el premio Nobel de la Paz para ¡Donald Trump! “Qué bonica que eres”, le dirán al pasar. ¿Seremos mejores o sólo distintos? Los nuevos hábitos logran cambios más revolucionarios que la política o la filosofía. Y quizá llegue un tiempo en que echemos de menos el misterio que hay actualmente en las calles, la posibilidad de que un encuentro o una mirada casual cambien para siempre nuestra vida. Nada cambia. Todo cambia. De alguna manera, en algún lugar, en algún momento, como canta Nena. Y todo vuelve a empezar.

IDEAL (La Cerradura), 24/01/2021

lunes, 11 de enero de 2021

El tercer asalto

Con las defensas un poco bajas debemos enfrentarnos al tercer embate de la pandemia. Después del sueño de la normalidad navideña la gente vuelve a hacer acopio de víveres por el runrún de un nuevo confinamiento. Nos hemos convertido en una especie de topos, dispuestos a refugiarnos en la guarida, a ser posible con jardín, que la piscina ya la trae puesta Filomena. La población se mueve entre el deseo de libertad y el miedo al contagio, y a falta de que alguien lo diga decide autoconfinarse, como han hecho en diez pueblos de la provincia de Granada. Es una prueba de que el sentido común es más fuerte que el sentido de Estado. Así, las poblaciones se cierran perimetralmente y se convierten en ciudades-estado como en la antigua Grecia, a la que quizá volvamos. Porque mientras guerreros con cuernos asaltan el Capitolio y Satanás rectifica después de convertir a sus seguidores en diablos, en España hay quien hace paralelismos y se pregunta por qué aquí nadie se rasga las vestiduras cuando se asalta la democracia. ¿El indulto es igual que el perdón? Quizá la diferencia estribe en que a nadie le gusta ver en la cárcel a quien lucha por sus ideas, aunque haya quien confunda la ideología con el poder, esa maldición que ha hecho del ser humano un aniquilador de los derechos y libertades y del propio planeta. Así que hay que levantar la guardia y tratar de esquivar los golpes del enemigo, aunque este sea tan minúsculo que logre colarse por nuestras defensas. Y no ayudan las administraciones públicas, que vacunan a paso de tortuga. El problema de España es que confundimos los servicios públicos con la política, y ahí tenemos al ministro de Sanidad, haciendo campaña para presidir Cataluña. ¿Tiene claras sus prioridades? Pues sí. Sus asesores le han dicho que debe mantenerse en el foco mediático cueste lo que cueste, aunque sea la salud pública. Porque al parecer son expertos en marketing los que gestionan la pandemia. A este país le faltan medios, pero también decencia. No obstante, seguiremos bailando sobre el ring, dando y esquivando golpes. Aquí va un “jab” con la izquierda y un “cross” con la derecha, que el “uppercut” va por el centro, de abajo arriba a la mandíbula de nuestro contrincante, manteniendo siempre la guardia. En la política española no se estilan los Muhammad Ali, aunque abundan los Mike Tyson, e incluso tenemos a un Rocky Marciano. No tiraremos la toalla en el tercer asalto.

IDEAL (La Cerradura), 10/01/2021

lunes, 4 de enero de 2021

Silencio

La imagen del 2020 ha sido una calle vacía, sin tráfico ni peatones, donde la luz roja de un semáforo fantasmal prohibía el paso. Ya en 2021, la luz es verde, y a medida que la población española se vacune volverá a las calles, que serán de nuevo bulliciosas. O quizá no. Una parte de la población seguirá con la clausura o el confinamiento, palabra horrorosa que ha sido elegida la palabra del año que se fue. Aunque se trata de una clausura a la que invita la prudencia, y que guarda también algo de miedo y dolor por quienes no están. Quizá por eso habría que guardar un poco de silencio, antes de que la prisa vuelva a apoderarse de nosotros. Los seres humanos olvidamos pronto las desgracias para poder sobrevivir, pero haríamos mal en fiarlo todo al futuro y hacer borrón y cuenta nueva. El presente es antiquísimo, porque todo cuanto ha existido ha sido presente, escribía Pessoa, y cada ser humano es una conciencia única donde se mezclan todos los sucesos del mundo. ¿Qué podemos esperar? Se cumplirán los buenos deseos que circularon por las redes sociales en la noche del día 31, y la realidad será un castillo de fuegos artificiales que iluminará los cielos cada noche. Se acabaron las distopías. La realidad es más interesante. Gran Bretaña se va de la Unión Europea, pero se derriban las fronteras con Gibraltar. ¿La libertad de circulación de los trabajadores equivale a la soberanía? Esa es otra cuenta que saldar. ¿Quién pagará las pensiones de los llanitos? El Gobierno, al parecer, lo tiene claro. Serán las generaciones futuras, pues parte de las pensiones actuales se pagarán con la emisión de deuda pública, según pronostican los Presupuestos Generales del Estado. ¿Trasladamos al futuro un problema presente, como es la reforma del sistema de pensiones? No me imagino las felicitaciones que cruzaron en fin de año el presidente y sus socios de gobierno, aunque quizá tenían que ver con la libertad de ciertos presos y las cuentas de la vieja, ésas que no salen en la letra impresa. ¿Cuánto valen la independencia política o la personal? De tanto desearlo, Pedro Sánchez se ha convertido en un genio de la política, capaz de absorber (en vez de ser absorbido) al partido morado. No se lo explica ni la oposición, reducida a la irrelevancia de la resaca. Después de echar cuentas por todo lo ocurrido en 2020, afrontamos esperanzados la cuesta de enero. Tomaremos de nuevo las calles. ¡Fiesta! Y lo demás es silencio.

IDEAL (La Cerradura), 3/01/2021