lunes, 26 de febrero de 2024

Discursos

La política debería ser una actividad ceñida a la realidad, pero los discursos suelen construirse de acuerdo con los deseos de quienes los pronuncian y no de los problemas de los ciudadanos. Deprime escuchar a los portavoces de los partidos analizar los resultados electorales, maquillándolos, no reconociendo la derrota, en el caso del PSOE, como si no fuera un partido de Galicia o de España, sino de otro planeta quizá. Nuestros políticos comienzan por no reconocer los errores y terminan enajenados, viviendo en otra realidad que al parecer es distinta a la de sus votantes. “Es que no entiendes la política”, te dicen. Pero con tantas contradicciones resulta imposible. Menos mal que para aclararlas está la ley, ese mínimo común que permite la convivencia. Y por eso en democracia existe la separación de poderes y la judicatura. Sin embargo, llegados al punto de interpretar la realidad según los propios deseos, nos estamos acostumbrando a negar los principios democráticos, y ya es demasiado común escuchar a políticos, contertulios y columnistas con poca formación la idea peregrina de que la soberanía popular está por encima de todo, incluyendo las leyes. Porque la soberanía popular es un poder constituido y las leyes se aprueban o se modifican en el Parlamento, y no es más democrático un país en el que se permite que quien las vulnere, sea Donald Trump o Carles Puigdemont, se presente a unas elecciones, como hemos escuchado últimamente. Eso no demuestra que exista una democracia más madura o más fuerte, sino sólo más anárquica y analfabeta. Quien no tiene respeto por el ordenamiento jurídico, difícilmente lo va a tener por los derechos y libertades de los ciudadanos. Las elecciones no lo solucionan todo, y las amnistías tampoco, por bien intencionadas que sean, cuando se confunden las iniciativas políticas con la prevaricación. Ninguna idea legitima la malversación de los recursos públicos, que pertenecen a todos los ciudadanos, los que están contigo y los que no. El fin no justifica los medios en un país democrático, pues el medio es la democracia misma, que en esencia es un procedimiento de actuación. Y el respeto de lo público debería estar por encima de otras consideraciones. Cuando nuestros políticos transmiten la idea de que la impunidad es legítima y todo vale, ¿por qué no van a hacer lo mismo el resto de los ciudadanos? ¿Porque no ostentan un cargo público? Del abuso del decreto-ley a la dictadura hay un pequeño paso. Sobre todo cuando no tenemos claro cuáles son los principios democráticos.

IDEAL (La Cerradura), 25/02/2024

lunes, 19 de febrero de 2024

Batallas

En un contexto mundial en el que se teme la vuelta de Donal Trump a la presidencia de Estados Unidos y Vladimir Putin no tiene reparos en declarar en busca y captura a la presidenta de Estonia, algunos analistas aconsejan a Europa y a países despistados como España prepararse para la guerra. Una guerra en la que ya estamos inmersos, pero que todavía se ve lejana en el sur de la Unión Europea. No tanto en Alemania, que va a destinar el 2% del PIB a Defensa, algo respaldado por la mayoría de la población. El canciller alemán, Olaf Scholz, habla de la necesaria colaboración entre los países europeos para aumentar la producción de armas y no depender de Estados Unidos y de la OTAN, de la que Trump puede prescindir. Porque bajo el paraguas americano, podíamos permitirnos ser pacifistas, pero al parecer esos tiempos se han acabado. En España, sin embargo, esto es una quimera, cuando ni siquiera podemos dotar de medios a la Guardia Civil, que se enfrenta en inferioridad de condiciones a los narcotraficantes, y donde apenas se ha prestado atención y respeto a los dos funcionarios asesinados en Barbate. ¿Podemos imaginar nuestro papel en una guerra convencional contra los rusos? Nuestros gobernantes se declaran contrarios a la guerra y no están dispuestos a aumentar el gasto militar, aunque entre bambalinas se comportan como el Padrino con sus adversarios políticos. Son capaces de aplastar a sus rivales sin ningún escrúpulo, pero no de saltarse las normas impuestas por lo políticamente correcto. Si no fuera porque pertenecemos a la Unión Europea y Josep Borrell es el responsable de Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, España sería un cero a la izquierda en la política internacional. Ya lo somos en muchos aspectos, porque aquí nos van más las batallas de mentiras y los estadistas brillan por su ausencia. Nuestras guerras son más modestas, y en Granada la batalla se sitúa en la Zona Norte, donde los trabajadores de la Rober han decidido suprimir el paso de las líneas 5, N5 y N6 en el tramo entre Joaquina Eguaras y Sánchez Cotán por el lanzamiento de piedras contra los autobuses. La alcaldesa ha pedido refuerzos para proteger a los conductores, mientras el PSOE, por boca de Paco Cuenca, señala que “hay que reducir a los agresores, que están muy identificados”. ¿No somos capaces de garantizar los servicios públicos? Según Ambrose Bierce, una batalla es el método de desatar con los dientes un nudo político que no se podía deshacer con la lengua.

IDEAL (La Cerradura), 18/02/2024

lunes, 12 de febrero de 2024

Solidaridad

Puede que lo que no ha unido la política logre hacerlo la naturaleza. Ya se sabe que a la fuerza ahorcan, y quizá la sequía fomente la necesaria solidaridad entre las comunidades autónomas, e incluso una idea de país, hasta ahora fragmentada o inexistente. Los presidentes de Andalucía y Cataluña hablan ya abiertamente de trasvases de agua, aunque sorprende que haya que llegar a una emergencia para que se tomen decisiones. Hace veinte años la comunidad catalana se opuso a compartir el agua del Ebro con Aragón, lo que hoy reclama con urgencia. Quizá durante este tiempo los dirigentes catalanes, como tantos de otras partes, se hayan preocupado de otras cosas. Y resulta lamentable oír cómo muchos se escudan ahora en el cambio climático (negado hasta que se ha convertido en un hecho irreversible, aunque algunos sigan hablando de “dogmatismo ambiental”) cuando han estado ocupados en promover políticas identitarias y no en resolver problemas prácticos, que es lo que deberían hacer los responsables institucionales: gestionar bien los recursos públicos. ¿Cómo no hay una coordinación entre todas las administraciones territoriales en un tema tan sensible para los ciudadanos? ¿Cómo no hay un nuevo plan hidrológico a nivel nacional? ¿Hay que salir a la calle y cortar las carreteras, como han hecho esta semana los trabajadores del campo en Granada? Los fenómenos climáticos extremos, la sequía y la subida de precios están arruinando al sector. Y, sin embargo, a pesar de las molestias causadas, hay mucha gente que ha mostrado comprensión por las protestas de los agricultores, que a fin de cuentas son quienes más conectados están con la tierra, y prestan un servicio público esencial. La mayoría son trabajadores autónomos, que hacen lo que pueden para que sus explotaciones sean eficientes desde el punto de vista medioambiental y económico, pero no pueden competir con los grandes grupos empresariales ni con la importación de productos de otros países que no cumplen con las exigencias normativas de la Unión Europea. Sin embargo, el miedo de nuestra clase política es que la extrema derecha capitalice el malestar popular y obtenga buenos resultados en las próximas elecciones. ¿No sería mejor trabajar para cambiar un modelo productivo obsoleto y hacer políticas ecológicas a largo plazo? La Unión Europea, que subvenciona el sector, no es el enemigo, sino un interlocutor necesario. La llamada agenda verde es ya una prioridad, pero debe suponer algo más que ayudas o restricciones al sector agrario. La solidaridad empieza por una política nacional y europea para una gestión óptima de la tierra y el agua.

 IDEAL (La Cerradura), 11/02/2024

lunes, 5 de febrero de 2024

Politosfera

Nuestros políticos parecen convencidos de que hay que dividir a la población en dos bandos, y utilizan un lenguaje populista, términos como fachosfera o sanchosfera, de los que se hacen eco los medios de comunicación. No son insultos, nos dicen, sino una descripción de la realidad. La realidad es que en 2023 ha subido un 7,3% el precio de los alimentos y que ha bajado el poder adquisitivo de las familias españolas. La realidad es que Black Rock, el mayor fondo financiero del mundo, ha adquirido el 20% de Naturgy, y es el primer accionista de Repsol y Enagás, del Banco Santander y BBVA, y el segundo de Iberdrola y Redeia, antigua Red eléctrica, entidades que han ganado un 23% más en 2023, y que son los que mandan. La realidad es que nuestra clase política vive en la superficie del lenguaje y en una campaña electoral permanente, y que sus expectativas no pasan de las elecciones gallegas y europeas. Unos y otros hablan de destruir el Estado, pero no nos ofrecen un proyecto común donde todos puedan sumarse, incluso los partidos nacionalistas e independentistas a los que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, les ha perdonado esta semana sus pecados. Porque lo del Congreso de los Diputados parece, sí, una historia bíblica. Siete votos que son como treinta monedas de plata. Los que exigen la ley de amnistía han votado en su contra, aunque el presidente les absuelva de palabra. ¿Dónde queda la separación de poderes? Las teorías de las confabulaciones judiciales nos llevan a calcar los discursos de Trump, Putin (ay, Carles Puigdemont) o Netanyahu. Del Gobierno se valora más que baje el IVA para los alimentos básicos y la luz y el gas, que bonifique el transporte público, se revaloricen las pensiones o se aumenten las ayudas al desempleo. Es un lenguaje más sensato, y que entienden mucho mejor los ciudadanos. Como entenderían también un pacto político por el agua. No tenemos que hacer un referéndum para saber que lo que más le importa a la gente ahora mismo en Cataluña es la declaración de emergencia por sequía en Barcelona y Gerona. Lo mismo puede ocurrir en breve en Andalucía y en Granada, donde los embalses están a un 23,5% de su capacidad. Los ciudadanos viven en la realidad, aunque miren al cielo. Nuestros representantes no parecen de este mundo y sólo miran la politosfera, esa capa externa y frágil que recubre el Estado social y democrático de Derecho y que algunos están empeñados en quebrar.

IDEAL (La Cerradura), 4/02/2024

lunes, 29 de enero de 2024

Deseducar

No sé si serán efectivas las medidas que anuncia el Gobierno para potenciar la comprensión lectora y las habilidades matemáticas de nuestros escolares, pero me da la impresión de que la distancia que empieza a haber entre profesores y alumnos es casi tan grande como la que existe entre políticos y ciudadanos. Y aunque a diferencia de parte de nuestra clase política los docentes se esfuerzan en tender puentes con su auditorio, a veces parecen hablar lenguajes diferentes, más allá de que unos puedan ser nativos digitales y otros analógicos, esas clasificaciones que gustan tanto pero que suenan a distopía. Alberto Núñez Feijóo ha anunciado una selectividad única para las once comunidades que gobierna el PP, pero lo raro es que no lo sea para todas las comunidades autónomas, que tienen competencia para fijar un 40% de los contenidos de los libros de texto. ¿Por qué no estudian lo mismo los adolescentes de Andalucía, Madrid, Cataluña o País Vasco? Y no sé qué pudiera ser mejor (o peor), que se atienda a las inquietudes culturales de cada territorio o al discurso único que se nos pueda pretender imponer desde el Gobierno o desde un partido, pues aquí en España hemos confundido la tarea de gobernar con los intereses de las formaciones políticas. A la gente le suena bien que los ciudadanos tengan los mismos derechos y libertades independientemente de dónde vivan, pero aún les sonaría mejor que existiera un pacto de Estado para prestar en las mismas condiciones los servicios públicos esenciales, no sólo la educación, sino también la sanidad y los servicios sociales, que están cedidos a las comunidades autónomas. No se trata de que todas las autonomías los presten de la misma forma si están gobernadas por un mismo partido, sino que la calidad del servicio y el nivel de acceso de los ciudadanos sean razonablemente parecidos con independencia del color del gobierno y de la renta de la comunidad donde vivan. Algo que resulta improbable si uno atiende a los discursos de algunos dirigentes autonómicos, cargados de odio no sólo para el inmigrante extranjero, sino también hacia el nacional, aunque hubiera podido ser su abuelo. La educación, siendo un derecho de todos, actualmente está sólo al alcance de algunos. De los que, a pesar de la miopía política y la sobreabundancia de información sin filtros en medios y redes sociales, son capaces de labrarse un criterio propio. Increíblemente, en el año 2024, entre la inteligencia artificial y tanto dirigente “fake”, hablar del desarrollo de la personalidad humana parece una quimera.

IDEAL (La Cerradura), 28/01/2024

lunes, 22 de enero de 2024

Realidad distorsionada

El concepto de realidad de nuestros políticos es tan voluble que, de hacerles caso, andaríamos dando saltos, como Indiana Jones en la película “En busca del arca perdida”, esquivando flechas a medida que se nos van hundiendo los pies, perseguidos por una piedra gigante construida con globos sonda informativos. Si todos los recursos económicos gastados en organizar una cumbre como la de Davos se destinaran a reducir la tasa de pobreza infantil, por ejemplo (en España es del 27,8%, según Unicef), esta desaparecería. Pero cuando uno escucha a los líderes mundiales no tiene la sensación de que quieran solucionar nada, sino justificarse a sí mismos, ese papel que va cambiando según quién sea el interlocutor. La cara parece un holograma con otro peinado o abrigo, aunque lo que se ha transformado es la personalidad y el discurso, más cínico, lisonjero o empalagoso según los casos, el de un idealista o el de un dictador, el de un progresista o el de un retrógrado, incluso el de un adalid de la socialdemocracia europea, que se disuelve sin embargo si las instituciones o las normas contradicen sus intereses. Deben sentir confusión los letrados del Congreso y los jueces y magistrados cuando escuchan a algunos de nuestros políticos decir que sus dictámenes y sentencias son meras opiniones. Pero la diferencia entre la política y el derecho, entre la opinión y la información, entre la demagogia y la ciencia, es que los expertos aprenden precisamente a distinguirlos, y por eso se acude a ellos, para emitir informes técnicos o sentencias. Sin embargo, desde la política se hace lo posible por contaminar estos ámbitos y desprestigiarlos, empezando por el Tribunal Constitucional o el Consejo del Poder Judicial y los procedimientos legislativos en el Parlamento, lo que revela el poco respeto que tienen los partidos por las instituciones y la Constitución española, que unos y otros dicen defender, aunque luego prefieran gobernar a golpe de decretos-leyes. Se trata de hacer lo que uno quiere en cualquier circunstancia, por encima de todo y de todos. Y luego los escuchas afirmando que estamos poniendo en peligro la democracia. Se nos saltan las lágrimas de risa y las carcajadas se oyen hasta en Suiza, desde donde nos avisan del fin del mundo quienes no hacen más que teclear el botón de la estupidez masiva. Nuestros líderes suelen confundir la verdad y la realidad, la mentira y la irrealidad, no necesariamente en ese orden y con las mismas proporciones. Por eso existen las leyes. No se las salten.

IDEAL (La Cerradura), 21/01/2024

lunes, 15 de enero de 2024

Cenizas

Me imagino al fantasma de la mujer cuyas cenizas se han encontrado en una urna funeraria en la calle, cerca del Hospital de la Inmaculada, quejándose. “¡Es que os olvidáis hasta de enterrarme!” Parece un capítulo de la serie “A dos metros bajo tierra”, en la que una familia regenta una funeraria y todos los días se enfrenta a las vicisitudes de la muerte. Si los cementerios se encontrasen en el centro de las ciudades quizá recordaríamos que tenemos un tiempo limitado y lo perderíamos menos. Ojalá se lo recordaran a nuestros políticos antes de hablar en el parlamento. “¡Memento mori!”, les susurraban a los emperadores romanos. “Recuerda que morirás”. “Los muertos viajan deprisa”, decían en una película fantástica. Pero no lo harán en Granada, que según Paco Puentedura va a ser la segunda ciudad con el autobús más caro, sólo superada por Barcelona, al menos mientras siga en España. Son dos ciudades que tienen más en común de lo que parece: la contaminación, la sequía, el transporte público, el turismo y ediles irreconciliables. ¡Cómo me gustaría que hubiera un proyecto de ciudad en el que participaran todos los grupos políticos! Y eso que en Granada no ha aparecido aún ningún partido independentista, aunque sí hay quien defiende la existencia del reino nazarí y la independencia de Andalucía oriental. Lo que nos faltaba. Ya nos veo encabezando la liga independentista e invitando a Carles Puigdemont a vivir en la Alhambra. Si los muros del castillo rojo hablaran contarían historias de fantasmas y fantasmones, que se confunden con facilidad en nuestra vida política. No sé si lo del olvido de las cenizas de la pobre mujer tendrá que ver con la subida de las tarifas del cementerio de San José en 2024. Menudo compromiso es morirse, y encima resulta caro. Menos mal que muerto ya no te enteras de nada. ¿O acaso sí? Las colas de reclamaciones suelen estar llenas de zombis, mareados por la administración, y no digamos los congresos de los partidos, donde los líderes pretenden pastorear la voluntad de los afiliados y a través de ellos la de los ciudadanos, a los que nos llaman pueblo o gente o incluso hermanos sólo cuando les conviene. Que se lo digan a Pablo Iglesias, capaz de cargarse la izquierda española porque Yolanda Díaz le lleva la contraria. O a Pedro Sánchez, especie de ave fénix según sus libros, un superviviente de su propio partido. Ojalá seamos capaces de resurgir de tantas cenizas políticas. Como videntes, vemos fantasmas y cenizos.

IDEAL (La Cerradura), 14/01/2024

lunes, 8 de enero de 2024

Agua

En Andalucía no “hay riesgo de lluvias”, como suelen decir los meteorólogos, sino de sequías. Y pasado ya uno de los años más cálidos de la historia, no va a ser el cielo azul el símbolo de la alegría, sino el encapotado y, a ser posible, seguido de un chaparrón. Son las carencias colectivas las que nos recuerdan la necesidad de que exista solidaridad entre las comunidades autónomas, y recién estrenado el 2024 son Andalucía y Cataluña las que tienen que afrontar los problemas de la sequía. Nuevos cortes y buques cisterna son algunas de las soluciones que se oyen en Sevilla y en Barcelona. ¿Podrían recibir agua de otras comunidades autónomas? ¿De quiénes son los recursos naturales que hay en la península ibérica, de todos los españoles o de cada comunidad autónoma, con permiso de Portugal? Según el artículo 128 de la Constitución española, “toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general”; y el artículo 50 del Estatuto andaluz señala que le corresponde a la Junta la competencia exclusiva sobre los “recursos y aprovechamientos hidráulicos, canales y regadíos, cuando las aguas transcurran por Andalucía”, además de las aguas subterráneas. Pero, fuera de las leyes, quizá la respuesta no sea la misma en momentos de abundancia que en los de necesidad. Las urgencias políticas no suelen coincidir con las urgencias medioambientales, y hemos tenido que sufrir una pandemia para que haya existido una colaboración eficiente entre todas las administraciones territoriales españolas. Los embalses en peor situación son los de las cuencas del Guadalquivir (al 19,3% de su capacidad), Segura (18,9%), Cuencas Mediterráneas Andaluzas (18,8%), Cuencas Internas de Cataluña (16,8%) y Guadalete-Barbate (14,5%). En algunos municipios catalanes el consumo humano de agua está limitado a 210 litros por habitante y día, y se ha prohibido regar parques y jardines, lavar coches o llenar piscinas con agua potable. En Andalucía, en localidades como Vélez Málaga y Rincón de la Victoria se corta el agua entre las once de la noche y las siete de la mañana, y la Junta ya prevé utilizar buques cisterna para abastecer a la población de la Costa del Sol en Málaga o el Campo de Gibraltar en Cádiz. En Granada, se han celebrado las primeras nevadas en la sierra y no tanto la subida del recibo del agua. En 2024 ya no queremos buen tiempo, sino que las nubes empañen nuestro horizonte. “Amenaza” cielo azul, que no nublado. La lluvia será el símbolo de la alegría.

IDEAL (La Cerradura), 7/01/2024

lunes, 1 de enero de 2024

Resúmenes

Esta semana los medios de comunicación nos han ofrecido resúmenes de todo tipo, “lo mejor” del cine, de la música y la literatura, o han destacado los “hitos” de nuestra vida pública, que sigue digiriendo los resultados de las elecciones generales. Uno no comprende la historia hasta que echa la vista atrás, pero nos inquieta lo que ocurre en España y fuera de ella, pues los conflictos crecen en vez de desaparecer, en Europa y a nivel mundial, con una guerra fría entre Estados Unidos y China. De hecho, FundéuRAE ha elegido “polarización” como palabra del año, que aparte de ser una de las más feas del diccionario hace referencia al enfrentamiento civil en el escenario político, aunque la RAE la defina como “acción y efecto de polarizar o polarizarse”, que sería orientarse en dos direcciones contrapuestas y suena a congelarse o alienarse o idiotizarse. ¿Quién se atreve a hacer un buen pronóstico para 2024? Mientras brinde esta noche por el nuevo año, la gente tocará madera y se dirá aquello de “virgencita, que me quede como estoy”, o “más vale malo conocido que bueno por conocer”, que es como ser más Sancho Panza que Quijote. Pedro Sánchez habla de una “polarización asimétrica”, de la que culpa al PP y a Vox, pero es más bien un ejemplo de la acción de polarizar, pues para entenderse hay que empezar por no culpabilizar a nadie. ¡Cuánto ganaríamos como país y como personas si en vez de sumar palabras al diccionario restásemos algunas como pecado y culpa! Los traumas infantiles crean más dictadores que las malas políticas, aunque los malos políticos no suelen tener cargo de conciencia. En términos legales, sin embargo, no hay mejor resumen del año que los Presupuestos Generales del Estado. El Gobierno acaba de aprobar la prórroga para 2024 de los de 2023, ya que no ha tenido tiempo de elaborar las nuevas cuentas anuales. ¿No cambiamos de año entonces? En Granada, los nuevos presupuestos supondrán la subida del precio del autobús, del canon de agua, la tasa de basura o el IBI, lo que ha “polarizado” bastante al personal. ¿Apuntaremos entre nuestros buenos propósitos ir siempre andando? Granada es una ciudad pequeña, pero tiene un nivel muy alto de contaminación y los atascos en la circunvalación son permanentes. ¿Y si bonificáramos el transporte público? En el resumen de 2023 eliminaremos los fragmentos que van contra nuestras convicciones y lo achacaremos a la falta de tiempo. Ojalá ensanchemos nuestro pensamiento y nuestro espacio político en 2024.

IDEAL (La Cerradura), 31/12/2023