lunes, 16 de mayo de 2022

Teléfonos

Perdí el móvil y la identidad durante unas horas. No tenía contactos, no podía hablar con nadie, sentí pánico. Pero solo al principio. Después, me di cuenta de que era libre de Pegasus y el CNI. Sin nadie que nos llame o nos escriba no sabemos quiénes somos. ¿Cómo podíamos vivir sin teléfono? Sin teléfonos no habría espías, ni CNI, ni quizá Gobierno. ERC no apoya ya a Pedro Sánchez, ni tampoco Podemos, aunque también gobierne. Pero cuentan que el Gobierno podría caer por las escuchas ilegales, aunque al parecer también han espiado al presidente. ¿Qué sabe Marruecos? Me imagino a Mohamed partiéndose de risa al cotillear los WhatsApp de Sánchez. Fíjate lo que dice, ji, ji, ji. Los teléfonos nos dan libertad, pero también nos la quitan, y es como si llevásemos un espía en el bolsillo. Sabe adónde vamos, con quién nos reunimos, cuántos pasos damos durante el día. La gente mira la realidad a través del móvil, y el gesto más cotidiano tiene forma de pantalla. ¿Quién eres? La destitución de la directora del CNI es una chapuza, aunque la ministra de Defensa, Margarita Robles, le quite hierro. ¿No es obligación de los espías saber lo que se cuece en Cataluña? ¿No había autorización judicial? En la Comisión de Secretos Oficiales debe hablarse claro, aunque ERC y Bildu no crean en el Estado español. Con esos amigos quién necesita enemigos. Quizá por eso, el Gobierno va a reforzar las capacidades del CNI “para evitar las brechas de seguridad que hemos conocido en los últimos días”, según ha explicado el ministro de Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática, Félix Bolaños. En la prensa se ha recordado mucho a Mortadelo y Filemón y a la TIA, que es la versión española de la CIA, pero los espías de hoy no se disfrazan, sino que utilizan también el móvil, donde repasan las llamadas y los mensajes de políticos y empresarios, que no deben ser muy distintos a los del ciudadano medio. Pero hay que tener vocación para ser cotilla. Guardar y contar los secretos de los demás debe de ser divertido. Uno sabe cómo empieza, pero no cómo acaba. Yo, mientras escribo, tengo la impresión de que es otra persona la que va escribiendo mis palabras, y que sabe mucho más que yo de mí. ¿Será del CNI? ¿Seremos todos del CNI? Como diría Miguel Iceta, gánales, Pedro. O mejor, llámales. El futuro de España depende de una llamada telefónica. No sé a quién, pero llama, Pedro. Llama.

IDEAL (La Cerradura), 15/05/2022

lunes, 9 de mayo de 2022

Constipados

No sé cuántas veces he tenido el coronavirus, dos o tres por lo menos, o quizá se trate de una infección permanente, con altibajos, una sucesión de infecciones que van del alfa a la omega. La enfermedad puede convertirse en una nueva personalidad que te haga dependiente de médicos y tratamientos, y hay quien ha descubierto un nuevo yo con forma de pastilla. “Estoy malo, estoy malo”, dicen. “No, tú eres malo, eres malo”, le responden como si fuera Putin, al que cuentan que van a operar de cáncer, aunque lamentablemente no de la cabeza. Uno empieza por tomar paracetamol y sigue medicándose para controlar el colesterol o el tamaño de la próstata o el nivel de estrógenos, la tensión y el azúcar, y termina haciéndose análisis periódicos que se convierten en una obsesión vampírica, en boca de Renfield: “La sangre es la vida”. Lo malo es que las frutas y verduras están por las nubes, y con todo el mundo a régimen al final va a resultar que el solomillo de ternera es una comida de pobres. “Vade retro, Satanás”, diría el ministro Alberto Garzón, que está librando una batalla silenciosa (por decir algo) contra las actividades contaminantes, que son las que lleva haciendo la humanidad desde que empezó a caminar sobre el planeta, y que, para salvarlo, sólo come insectos, leche vegetal y hongos. Una vez quitadas las mascarillas, los virus van contagiando a sus anchas, y en las aulas y los bares, en los centros de trabajo y el transporte público se van mezclando las alergias con los resfriados en una alegre algarabía. La gente ya no da un repullo cuando alguien tose o estornuda a su lado, sino que abre sus pulmones para que le penetre la buena nueva de la libertad primaveral. “En casa estamos todos con covid”, susurran los mensajes de WhatsApp. “¿Hay una nueva ola?” No, ya todo son olas para surfear como Pegasus por los teléfonos privados y oficiales, desde los del presidente de la Generalitat a los del presidente del Gobierno, con sus miles de colaboradores. Quizá por eso todavía hay muchas personas que se resisten a dejar de protegerse contra la polución, los microorganismos y el destino, y con la mascarilla puesta nos recuerdan que estamos rodeados de amenazas invisibles. Pero incluso esas personas, a veces, cuando se encuentran a un ser querido, son capaces de descubrirse la cara para dar dos besos o estrechar la mano desnuda. Entonces sienten un placer intenso y breve que los ayuda a vivir durante unos días.

IDEAL (La Cerradura), 8/05/2022

lunes, 2 de mayo de 2022

El “caló”

Quizá habría que empezar a preocuparse cuando lo anormal se convierte en normal, aunque, según la perspectiva, podría ser todo lo contrario. Así, que el llamado decreto anticrisis del Gobierno se haya aprobado gracias al apoyo de Bildu podría ser una buena noticia, prueba de que los herederos de ETA se han integrado en el sistema democrático y han condenado formalmente el terrorismo (algo que no ha ocurrido hasta el momento), pero también puede ser malo, pues significa que el Gobierno apenas cuenta en estos momentos con el apoyo de un partido que guarda muchos fantasmas –por no decir cadáveres- en el armario. Lo mismo podría decirse de Vox, cuyos fantasmas quizá sean más antiguos, pero que parece una formación dispuesta a convertir España en un estado zombi, aunque ya cogobierne en algunas comunidades autónomas que, paradójicamente, pretende eliminar. ¿No sería más coherente no participar en la gobernabilidad de esas administraciones que considera innecesarias? Pues no. Porque se trata de transformarlas o destruirlas desde dentro. “Andalucía, soy tuya”, ha declarado la portavoz de Vox en el Congreso de los Diputados, Macarena Olona, y candidata de esta formación por Granada a la Junta de Andalucía. “Hoy comienza la Toma”. ¿La reconquista? ¿La tala de las instituciones democráticas? ¿La expulsión de los menores acogidos que tiran piedras de destrucción masiva? También podría ser bueno o malo que ERC no haya apoyado al Gobierno, pero que entre junto a Bildu, Junts y la CUP en la comisión de secretos oficiales, para acallar el escándalo por el presunto espionaje a líderes independentistas, como le ha reprochado la propia Olona, que ha acusado además a la presidenta de las Cortes, la socialista Meritxell Batet, de “no perder la ocasión de prostituir la Cámara”, “rendirla por completo” y “aniquilar la separación de poderes”. Para terminar gritando: “La señora Batet pasará a la historia como la catedrática de Derecho Constitucional que vulneró todos nuestros derechos”. “Oh là là”, exclamaría hasta Marine Le Pen. Las elecciones pueden ser un momento de renovación, y quizá por eso Juanma Moreno haya decidido que sean el día 19 de junio, en pleno Corpus, para estupor del alcalde de Granada, Paco Cuenca. Tal vez no quiera ver a Macarena Olona vestida de gitana, si es que se rebaja a eso, aunque Santiago Abascal ya la vea con cara de presidenta, que espero no sea la cara con la que la propia Olona ve a la presidenta del Congreso. Como cantaba la mítica Peña Wagneriana en sus “Hirnos de Andalucía”, “Ojú qué caló”.

IDEAL (La Cerradura), 1/05/2022