Como
el filósofo, nuestros gobernantes piensan que la mejor virtud es la ignorancia.
“Sólo sé que no sé nada”. No saben lo que pasa ni en el Gobierno ni en el
partido, ni con los amigos ni con la familia, ni siquiera en casa. Son los
últimos en enterarse de todo, aunque la UDEF los acuse de utilizar su
influencia para conseguir un contrato o una comisión para el mentor o el amigo
que en cuanto salte la noticia se convertirá en desconocido. No sé dónde está
mi hermano, se excusó Caín después de matar a Abel. “No lo sé, no me consta, no
hay prueba alguna, no sé quién es”, repiten como un mantra. Y la audiencia se
pregunta qué hace entonces esa persona ocupando un cargo público, si por lo
visto no se entera de nada. “¿Es así de “***” o se lo hace?”, dicen en las
barras de los bares. Pero no estás en un bar, sino a la puerta del Congreso de
los Diputados, donde reside la soberanía popular. Y el pueblo, que además de
soberano es sabio, dictamina: “se lo hace”. Y se lo hace también, en otro
sentido, con quien puede. Porque es miembro de esa tribu que se cree legitimada
para dictar los límites de lo que se puede hacer y decir, y que la política es
una situación imaginaria en la que lo que cuenta es la imagen y no el cerebro,
el mérito lo determina la suerte y el castigo la voluntad, por lo que, parafraseando
de nuevo al filósofo, terminan rotando entre los cargos y las cárceles. Así, el
derecho a ser elegido se convierte en la posibilidad de ser condenado, algo que
jamás aceptará el ignorante, que desconoce lo que es de dominio público, pero sabe
cosas de las que los demás no tienen la menor idea. Un galimatías, en el que
convierte las comparecencias públicas. La presunción del ignorante suele
ampararse en la presunción de inocencia, pero toma por inocentes a los demás, que
abundan en las propias filas, donde proclaman la adhesión a la ignorancia como
un acto de fe. Porque prefieren ser ignorantes que admitir los errores, con lo
que muestran que tampoco son dignos de confianza. Sólo la de otros ignorantes.
Porque con la obligación de elegir un bando desprecian la verdad. ¿No sería
mejor ponerle otras siglas al partido? Somos del PDIC, que admiten varias
interpretaciones, aunque la más común es la de los ignorantes convencidos. ¿De
verdad que no lo sabes?
IDEAL (La Cerradura), 24/05/2026
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