lunes, 19 de enero de 2026

Efímeros

En un mundo donde impera la inmediatez, las cosas suceden sin que de tiempo a meditarlas o a comprenderlas, ofrecen un titular y luego desaparecen. Si fueron buenas o malas, causaron beneficios o estragos, no importa. Antes de que la acción se agote, otro suceso aparece en el horizonte, conexo o inconexo, lo importante es aturdir al auditorio, que está saturado, empachado de catástrofes, pero necesitado de otra inyección informativa antes de que le entre el mono. Es la técnica que utilizan los populistas como Donald Trump, que no para de bombardear disparates a un público idiotizado antes de lanzar bombas de verdad. Pero ocurre en cualquier ámbito, en las empresas, donde se esperan beneficios inmediatos, en el entretenimiento, por supuesto, donde las series y películas tienen tantos puntos de tensión o de clímax que no se entiende el argumento, si lo hay, o en el fútbol, donde los entrenadores duran tanto como el número de victorias o los caprichos del presidente, y digamos que hablo del Real Madrid y del despido de Xabi Alonso. Pero también en la política pretendidamente seria, donde algo tan importante como el sistema de financiación autonómica no se diseña pensando en las necesidades de todos los ciudadanos españoles, sino en los del partido de una sola comunidad autónoma, cuando no en los del partido que gobierna el Estado o de una única persona que quiere seguir a toda costa ostentando la presidencia del Gobierno. Algo, por cierto, que no sólo es predicable de Pedro Sánchez, sino también de José María Aznar en 2001 o de José Luis Rodríguez Zapatero en 2009. Si hay que hablar catalán en la intimidad se habla, porque lo que importa es el presente, su presente, no el futuro de los ciudadanos. Y cuando sólo se piensa en cuotas de poder, en la parcelación del poder político y en las próximas elecciones, no es posible que haya un proyecto para el país, la región o la ciudad, que ponen su empeño en eventos efímeros que den para un titular antes de que sea devorado por la vorágine informativa. Eso explica que en Granada las infraestructuras sigan siendo deficitarias después de casi cincuenta años de democracia, que en Andalucía la sanidad pública ya no sea la joya de la corona y que en el conjunto del Estado el sistema autonómico se haya convertido en una batalla entre reyezuelos que se creen dueños de los recursos públicos. Los caudillos tienen prisa. La democracia pide calma y sensatez. Pero hay que creérsela.

IDEAL (La Cerradura), 18/01/2026

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