lunes, 28 de septiembre de 2026

Pistachos

Me llama la atención que el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, defienda ante la Unión Europea la singularidad de las comunidades autónomas cuando en el ámbito nacional, a propósito de la financiación autonómica, por ejemplo, defiende lo contrario. Ante el Comité Europeo de las Regiones pide una financiación adaptada a las singularidades de cada territorio, pero si esto se plantea como criterio en el sistema de financiación autonómica clamamos al cielo constitucional. Se ve que a nivel europeo podemos ser singulares, pero a nivel nacional no, sobre todo si se trata de gestionar los fondos de la UE, como los que tendrá que devolver el Ayuntamiento de Granada. Al presidente andaluz no le gusta que sea el Gobierno el que centralice y gestione las ayudas europeas, tal vez porque no es de su mismo color político, y quiere que las regiones tengan mayor protagonismo. Eso sería llevar a gala uno de los lemas de la UE, la unidad en la diversidad, y tendría sentido si los ciudadanos votaran para elegir al presidente de una federación europea, que sería un camino a seguir. Pero mientras los estados soberanos que forman la UE no deleguen esas funciones, el Gobierno y las comunidades autónomas deberán gobernar en España según sus competencias, y fijar los criterios y garantizar la unidad del orden económico nacional le corresponde al estado. ¿Queremos un país centralizado o descentralizado? Pues se ve que en España esto depende también de las necesidades políticas del partido de turno en cada administración territorial, pues no hay una idea de estado ni una planificación de las políticas a largo plazo que beneficien al conjunto de la nación, ni los mismos partidos las defienden del mismo modo en cada comunidad autónoma o ayuntamiento en los que gobiernan. Para lo que me conviene soy centralizado; para lo que no me conviene, no. Menos mal que las cosas del comer suelen depender del sentido común de los ciudadanos, en este caso de los agricultores granadinos, que han encontrado en la producción de pistachos el nuevo oro verde, según informaba esta semana Mercedes Navarrete en IDEAL. Las comarcas de Baza, Huéscar, Iznalloz y Alhama producen el 40% del pistacho andaluz, que se ha convertido en el fruto seco indispensable de cualquier receta. Verde, que te quiero verde. Singulares son los empresarios que se arriesgan a desarrollar nuevos cultivos en los tiempos que corren. Quizá ellos deberían ser los destinatarios y gestionar directamente las ayudas europeas. No malgastarían pistachos ni desperdiciarían un solo euro.

IDEAL (La Cerradura), 27/09/2026

lunes, 21 de septiembre de 2026

Luchadores

Las noticias sobre peleas callejeras en el barrio de Almanjáyar me recuerdan a la película “El luchador”, donde Charles Bronson apuesta por sí mismo en combates de boxeo, como al parecer ocurre también en Granada. “¡Apuesto por el negro! ¡Apuesto por el moro!”, gritan en las calles del Distrito Norte, donde se ve que no les preocupa el lenguaje inclusivo, sino encajar bien los golpes. A falta de un circo romano, los clanes de la droga organizan peleas a muerte a las que acuden como público menores de edad. Entre riñas, carreras de coches y pedradas a los autobuses, los chavales están bastante entretenidos y alejados de las pantallas. Seguro que no salen en el informe PISA. Los combatientes son toxicómanos o indigentes, que están dispuestos a matarse por veinte euros. “¡Lucha la pelea!”, les gritan. Uno de ellos, de hecho, ha muerto, y su agresor llevado a prisión, según informaba Laura Velasco esta semana en IDEAL. Los vecinos pacíficos piden más vigilancia, pero la Policía Nacional puede hacer poco frente a los clanes que gobiernan Almanjáyar como si se tratase de otro mundo que linda con Pulianas, Jun y Alfacar. En una época en la que se habla tanto de distopías, los problemas sociales en los barrios marginales siguen siendo los mismos, no sólo en Granada. Las Palmeras, en Córdoba, El Puche en Almería, Palma Palmilla, en Málaga o Las 3.000 viviendas, en Sevilla, son otros ejemplos. Tienen en común la inseguridad, el tráfico de drogas y el desempleo, sin que las administraciones les pongan remedio. Como en Almanjáyar, los vecinos sufren la violencia, los cortes de electricidad, que sólo parece haber para los cultivos ilegales de marihuana. ¿Quién manda, los clanes o la policía? El fracaso escolar, la pobreza, la violencia y la exclusión social son la realidad del barrio, donde hay muchos trabajadores que son los verdaderos luchadores y que sólo tratan de mantener a sus familias. “Estos hechos no representan al Distrito Norte ni a la inmensa mayoría de las personas que vivimos aquí. No podemos permitir que una tragedia vuelva a alimentar los estereotipos negativos que durante tantos años han acompañado injustamente a nuestros barrios”, ha recordado Ángel Rubio, presidente de la Asociación de vecinos Las cruces de Almanjáyar. Pero llevamos décadas sin atender a las reclamaciones de los vecinos. No sé si será suficiente con aumentar el número de “zetas”. Independientemente de la nacionalidad, sigue habiendo ciudadanos de primera y de segunda. Una vieja herida en una ciudad que presume de capital de la cultura.

IDEAL (La Cerradura), 20/09/2026

lunes, 14 de septiembre de 2026

Inteligentes

Esta semana se suceden las noticias sobre los resultados desastrosos de España en el informe PISA y las alertas por el uso de la inteligencia artificial. Y quizá no sea una casualidad que los estudiantes españoles sean los que más usan la IA dentro de los países de la OCDE, a diferencia de los que obtienen mejores resultados, como Japón, Canadá, Finlandia, Irlanda o Reino Unido. Al tiempo que nuestros jóvenes acuden a ChatGPT para resolver cualquier consulta, pierden la capacidad de analizar textos y resolver problemas matemáticos complejos, según los expertos. Se sabe que la lectura de libros físicos mejora las conexiones neuronales mientras que la IA se propaga como un virus provocando una erosión cognitiva. De hecho, su uso solo ha tardado tres años y diez meses en generalizarse, y millones de personas delegan su capacidad intelectual en programas creados por oligarcas de los que desconocemos sus propósitos. Pero la IA también se programa por sí misma, y esta semana ha dimitido un investigador de Anthropic y extrabajador de Open AI, Jacob Coxon, por los peligros que entraña la carrera desatada para mejorar estos sistemas. “Quienes están construyendo la IA creen sinceramente que podría matarnos a todos antes de que acabe la década”, ha denunciado en X. ¿Quién asume la responsabilidad de crear una legislación internacional sobre el uso de la IA? ¿Y en el ámbito doméstico? Nuestros jóvenes se hacen dependientes de estos sistemas de información y la única vacuna efectiva sería el fomento de la lectura de esos libros impresos que la IA devora en cantidades pantagruélicas para desarrollar sus bases de datos. Una tarea imposible si los padres son los primeros que solo leen mensajes cortos como los de WhatsApp, titulares de las noticias de Google, los pies de foto de Instagram o con suerte escuchan un podcast educativo o ven vídeos de TikTok, el otro aliciente de la pereza mental de nuestros jóvenes. ¿Serían más creíbles nuestros profesores si grabaran previamente las clases? ¿Daremos las clases únicamente on-line? Es otra forma de empobrecimiento cognitivo, por el que sin embargo se decantan cada vez más nuestras universidades. Se ve que nos repugna el contacto físico, la interacción personal, que es lo que propicia el conocimiento. Paradójicamente, es lo que fomenta la lectura, la más perfecta conexión neurológica entre dos seres humanos que comparten su inteligencia en una conversación íntima, aunque no se vean ni se toquen. Quizá necesitemos menos robots y más bibliotecas. La lectura de un buen libro siempre ha sido la vacuna más efectiva contra la estupidez.

IDEAL (La Cerradura), 13/09/2026

lunes, 7 de septiembre de 2026

Costumbres

El “respeto a nuestras costumbres” es un argumento manido que sirve tanto para cargar contra la migración como para defender las fiestas del pueblo, aunque estas supongan un nivel de ruido prohibido en cualquier país civilizado o el maltrato de animales en lo que algunos siguen llamando la fiesta nacional. Y eso es lo único que tienen en común quienes utilizan el argumento, pues cuando se miran al espejo ven a un personaje cuyos rasgos y medidas les sirven para juzgar a los demás. Pero es un argumento vacío. Las costumbres cambian como suelen cambiar las personas. Es verdad que algunas no cambian nunca y se quedaron ancladas en la adolescencia en una sociedad cada vez más infantilizada. Son las que ven a las administraciones públicas como meras proveedoras de pan y circo, y no como una garantía para prestar servicios públicos esenciales, poder ejercer los derechos fundamentales e implicarse en la sociedad. Es una perspectiva de la que suelen contagiarse las propias instituciones y sus dirigentes, más pendientes de las reacciones de las redes y de acaparar protagonismo que de realizar políticas efectivas. Eso explica que se pierdan las oportunidades que propiciaron los fondos europeos Next Generation a raíz de la pandemia o que no se sepa cuánto dinero se ha invertido realmente en la provincia de Granada, como informaba esta semana Rebeca Alcántara en IDEAL. No se conoce con exactitud en qué grado de ejecución están los proyectos ni los proyectos mismos. Sólo sabemos que actuamos de tragedia en tragedia, y que la llegada de un virus, inundaciones, crisis bélicas, climáticas o energéticas, terremotos o el asalto a la frontera de Ceuta llevarán aparejados el anuncio de ayudas millonarias que habrá que ver cómo se concretarán, pues cada administración territorial, según el color político, no colaborará necesariamente con las demás. ¿Se resolverá el problema? Ese es otro tema que depende de las costumbres políticas de cada tierra y del calendario electoral. Lo malo de algunas costumbres de partido es que se convierten en dejadez administrativa. Después de cuatro años sin presupuestos, difícilmente podemos conocer cuáles son los ingresos y los gastos del Estado. Mientras se aprueban o no, nos piden que recuperemos la fe en la política. Confundir la ideología con la religión es otra tradición en un país con muchos fanáticos de las tradiciones y costumbres. ¿Cambiaremos las elecciones por procesiones y por fiestas? Dice un viejo aforismo que la costumbre vence a la ley. ¡Qué miedo! Sólo las costumbres de los demás nos parecen ridículas.

IDEAL (La Cerradura), 6/09/2026