lunes, 27 de abril de 2026

Abuela presidenta

Quizá haya una corriente electoral subterránea que haga saltar por los aires sondeos, encuestas y tantos análisis políticos que ocupan estos días las cabeceras de los medios de comunicación. En un mundo imprevisible donde el Joker parece disfrutar tirando los dados, podría ocurrir que las elecciones a la Junta de Andalucía no las ganaran los candidatos de los partidos tradicionales, sino una persona del pueblo, dispuesta a tomar las decisiones que le dicten el sentido común y el interés público y no el aparato del partido, asentado en las élites sociales. En alguno de los futuros posibles, la presidenta andaluza será María Luz Gómez Martín, granadina de 90 años y candidata malagueña de Por un Mundo Más Justo. Seguro que los políticos profesionales no se la tomarán en serio y le achacarán su falta de experiencia política, pero es todo lo contrario, pues nació en 1935, durante la II República, y ha vivido la Guerra Civil, la dictadura franquista y la Transición democrática en primera persona. Nadie le va a contar milongas sobre la memoria española. El resto de los candidatos, sin embargo, tocan de oído y, salvo excepciones, no suelen tenerlo muy fino. Y María Luz demuestra mucha sensatez cuando resume su ideario político: “Tener una organización, una administración y un orden de prioridades en la vida. Teniendo esas tres cosas unidas a un respeto y a una educación, se puede hablar y dialogar con todo el mundo”. Y “quiero que mi voz sea tan fuerte para poder abrir el pestillo de una puerta y salir andando por un mundo más justo y mejor para todos, mayores y jóvenes, todos incluidos”. No está mal. Y tampoco el programa electoral que defiende, que pasa por la inclusión, la inversión en servicios públicos y el crecimiento sostenible. Quizá pudiera ocurrir que, en uno de esos futuros posibles, los últimos sean los primeros, los “de fuera” también “de los nuestros”, que las instituciones sumen para mejorar, la economía sea plenamente humana y se cuide la “casa común”, que es el planeta Tierra. Y, por supuesto, que todas las edades se sientan reconocidas e integradas. De hecho, María Luz dice que la edad es un número y que hay que desear verdaderamente llegar a ser mayor. “Porque si no, ¡estás muerto, chiquillo!” Sin duda, el mundo iría mucho mejor si estuviera gobernado por personas sin más ambición personal que el bien de la familia, que es el bien colectivo. Así que, como dirían los nietos de María Luz, yo suscribo lo de: “¡presidenta, abuela!”

IDEAL (La Cerradura), 26/04/2026

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