Granada está cubierta de tiritas que nos recuerdan un mes de agosto tembloroso, que por fin se va, junto a la series sísmicas. En las casas han aparecido grietas en los sitios más insospechados, y quizá descubramos más cuando pase el tiempo donde no solemos mirar. Hasta la Virgen de las Angustias ha tenido que mudarse, pues cuatro siglos pesan en los muros de la basílica y más debe pesar la devoción de los granadinos, dice el malafollá. Pesado ha sido el mes de agosto, caluroso y traicionero. Otro motivo para huir a la playa. Salvo el centro, ocupado por turistas, las calles siguen vacías, pero esta semana se llenarán de gente que volverá a la rutina. Algo que no se recuperará tan fácilmente en otras ciudades como Ceuta, donde son visibles las grietas del Estado español. Los países y sus administraciones demuestran lo que valen en la manera que responden a sus crisis y, si hoy domingo, debido a la carga de trabajo, los peritos del Consorcio de Seguros siguen evaluando daños, es porque algunas cosas funcionan a pesar del Gobierno. Porque dos semanas después todavía no se aclara lo que ha ocurrido en Ceuta, y la única verdad que aflora es la insolidaridad de las comunidades autónomas y de los extremistas que se aprovechan del miedo. Sin embargo, la solidaridad la están demostrando muchos ceutíes de origen marroquí, españoles que saben mejor que nadie lo que es vivir en la frontera. Si todavía nos quedara un poco de decencia, nuestros responsables públicos deberían avergonzarse de que la gobernabilidad del Estado y de las comunidades autónomas dependa de socios como Vox o Junts, que se ha apresurado a decir que ellos no participan en el reparto de menores, pero que Cataluña demanda las competencias en inmigración, para crear otra frontera. La demagogia alimenta las teorías de la conspiración, las mismas que en la Alemania nazi llevaron al holocausto judío. Ahora son los migrantes los chivos expiatorios y son nuestros políticos los que se están practicando un harakiri democrático, alimentado por su dejadez e incongruencia. “No nos protegen”, dicen los extremistas. ¿Qué hay que proteger? Nuestras fronteras mentales y sociales son como esas grietas que han aparecido estos días en los edificios y también en nuestras instituciones. Sólo la solidaridad y la defensa de los valores democráticos podrán apuntalarlos y devolverles la firmeza. La tranquilidad de poder vivir y trabajar en sociedad, aunque ahora que llega septiembre nos preparemos para subir lo que nos parece una empinada cuesta.
IDEAL (La Cerradura), 30/08/2026
No hay comentarios:
Publicar un comentario