domingo, 20 de abril de 2014

En avión o en camello



El Rey y su avión se han escacharrado mucho últimamente, lo que no sé yo si será una metáfora real de este país, asolado por políticos y elefantes. Porque el país se arruina y se recupera alternativamente, según quién sea el médico que le hace el diagnóstico. Yo le pondría unas muletas, porque aquí la peña no tiene ni idea de lo que es un Estado federal, esa fórmula mágica que tanto se parece al Estado autonómico. No lo sabe Artur Mas, que debe de haber sacado a sus asesores del Politburó, aunque hablan con acento de Lepe, ese pueblo donde, según los chistes, lo que se habla es un lenguaje independiente. Pero creo que todo es una cuestión de educación. Porque en Lepe y en Barcelona, como en otros lugares de España, se solía decir a los infantes: “Usted tendrá un sólido futuro”. Y de ahí los tantos por ciento y la especulación inmobiliaria. En Granada, sin ir más lejos, se lo decían a los parados y trabajadores que acudían a hacer “cursos de formación”, unas clases que, efectivamente, suenan a hambre y a escuela nacionalcatólica, sólo que impartidas con “una clara vocación social”. De hecho, de estos cursos vivían demasiadas academias, inviables sin una Junta subvención. ¿Cuántos viven de la teta de Andalucía? Más bien parecen ubres de cabra. Ésa que los nostálgicos quieren llevar al frente de la legión a Cataluña, aplicando, según dicen, “lo que dice la Constitución”. Pero si a los ciudadanos nos dieran un euro por cada político que se la ha leído, seríamos aún más pobres. Y sé que esto parece una serie de viñetas sacadas de un tebeo, pero ésta es la realidad de España. Así, cuando uno trata de descansar y preocuparse únicamente de leer información más concreta y práctica, descubre que Tráfico nos insta a volver a Granada por Málaga, que es lo que suelen decirles a nuestros políticos cuando revindican infraestructuras, o a nuestros turistas cuando piden visitar la Alhambra. No han terminado aún las obras de la autovía en la presa de Rules, por lo que hasta resulta barato conducir doscientos kilómetros más, aunque sea desde Salobreña o Almuñécar. Pero total, así se libra uno del atasco. Y es que en esta parte del mundo tenemos un atasco mental que no se soluciona ni trapicheando con los fondos de la Unión Europea. Así, ¿quién necesita un avión para viajar? Yo creo que todo nos iría mejor si la política la hiciéramos en camello.
IDEAL (La Cerradura), 20/04/2014

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