domingo, 9 de noviembre de 2014

Ciegos



No es ninguna novedad que nuestros responsables públicos se nieguen a ver la realidad, pero causa estupor oír algunas de las reacciones a los resultados de la encuesta del CIS sobre la intención de voto en las próximas elecciones. Desde los que directamente niegan la realidad (“gaseosa”, ha sido el juicio de un portavoz del PP al que sin duda alguna nadie volverá a votar), a los que siguen pensando que hacen las cosas bien porque obtendrían una mayoría de votos, aunque según la encuesta vayan a perder más de la mitad de los votos que obtuvieron en las últimas elecciones (caso del presidente del Gobierno, que sufre un síndrome de iluminación permanente y congénita). ¿Qué podemos esperar entonces? Pues eso precisamente, y así se frota ya las manos Pablo Iglesias, aficionado al ajedrez y a la serie “Juego de tronos”, lo que debería darle que pensar a más de uno (en los mítines, Pablo Iglesias pone la misma cara que puso el alcalde de Granada en la inauguración del nuevo mercado de San Agustín cuando estaba a punto de comerse una ostra, una inquietante imagen captada por Alfredo Aguilar y que publicaba IDEAL esta semana, y que a mí, personalmente, me despertó el apetito). Porque el juego del poder es adictivo, y la gente que alcanza a ostentarlo suele perecer en él. Sólo hay que fijarse en la deriva personal de la mayoría de los expresidentes españoles después de ejercerlo. De hecho, entre consejos de administración y consejos de Estado, han consumido su ideología. Porque suelen cobrar por asistir a estos consejos y también por darlos, lo que ilustra que no sólo la clase política está en la inopia, sino también el poder económico, que, al decir de Pablo Iglesias, asimismo forma parte de la casta (suena a caspa). ¿Y qué decir de Artur Mas y sus consejeros, tan entretenidos como están hoy? Ni Gila podría haberse inventado unas llamadas telefónicas tan bochornosas. Pero qué vergüenza siente uno. ¿Realmente así es España? A los exilios políticos hemos sumados los exilios económicos de buena parte de nuestra juventud, que pronto optará por el exilio voluntario, dado que, en este país, no podrá disfrutar en el futuro de una jubilación anticipada ni de una jubilación a secas, como nos ha recordado Alfonso Guerra. Cincuenta años dedicados a la política. Ahí es nada. Pero es que hay políticos y políticos. Y en España, dentro de poco, los ciegos verán gobernar a los tuertos. ¡Milagro!
IDEAL (La Cerradura), 9/11/2014

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