lunes, 23 de febrero de 2026

Consultas

El ser humano suele vivir en el presente, olvida pronto lo malo y se aferra a lo bueno que tiene, qué remedio, pues la vida es demasiado corta. De las desgracias solemos pasar rápidamente la página, y por eso no aprendemos de nuestros errores. En ese sentido, la pandemia del Covid-19, que ya nos resulta tan lejana, marcó un punto de inflexión en la sociedad española, que lejos de ser más responsable parece haber tomado como lema la irresponsabilidad. Y lo peor es que lo hagan quienes están al frente de las Administraciones públicas que, pasada la emergencia, no han invertido más en sanidad, como prometieron, sino que incentivan a los ciudadanos para que acudan a las compañías privadas. No es una casualidad que esta semana los médicos se hayan declarado en huelga y algún despistado haya acudido a la consulta para encontrarse un cartelito escrito a mano explicando las circunstancias. Para qué van a avisar a los pacientes con esas flamantes aplicaciones que deben ser descargadas en los móviles para hacer realidad la administración electrónica, que al final sólo sirve para abaratar costes, entre otros de personal. Si el sufrido paciente obtuvo una cita para dos semanas después, ahora tendrá que esperar otras dos semanas, siempre que no se haya muerto antes. Lo peor es que la aplicación se llame Salud Responde, que es como tratar de mantener una conversación con Gila cuando telefoneaba al frente. “¿Está el enemigo? ¡Que se ponga!” La otra opción es dejar de ir al médico y de preocuparse por la salud, y parte de la población, desde que se quitó la mascarilla y ante el riesgo de que vuelvan a encerrarla en casa, ha entonado el “carpe diem”. En ciudades como Granada, donde ya solía haber una barra en cada esquina del barrio, se ha duplicado el número de bares y restaurantes, que no son suficientes para vecinos y turistas, que agotan las reservas y hacen cola en la calle antes de que abran. No tenemos tiempo para tanta parranda. Los ayuntamientos están convirtiendo las ciudades en parques temáticos, mientras el Gobierno central y las comunidades autónomas, paradójicamente, se dividen las competencias –cuando no pelean entre sí- y permiten el deterioro progresivo de la red ferroviaria, la educación y la sanidad, que en un sentido u otro son los pilares donde se asienta un país. ¿A qué están destinando los fondos de la Unión Europea? Los retrasos ferroviarios no son nada comparados con los retrasos sociales. Cuando despertemos, las consultas seguirán vacías.

IDEAL (La Cerradura), 22/02/2026

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