“A
ver, ¿cuántas etnias hay en Irán? ¿Sabe situar este país en un mapa?” ¡Pasa palabra!
“Sí, los misiles que lanza Irán llevan su cara impresa”. ¡Pasa palabra! “Usted
es muy valiente con los huevos de los demás”. ¡Pasa palabra! No son frases del
concurso de televisión ni de la película “Torrente presidente”, sino de Pedro
Sánchez, Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal en el Congreso de los
Diputados, tampoco en el patio de un colegio de primaria, donde es común
escuchar los insultos de “matón” y “perdedor”. Santiago Segura se podría
ahorrar muchos recursos si se va simplemente a filmar en las instituciones donde
se desarrolla –es un decir- la política española. El problema será buscar un
argumento, pues parece no haberlo, fuera de la descalificación personal. Lo
mismo vuelven a aparecer las pistolas en el Parlamento, como en el 23-F, que es
lo único que les falta esgrimir a algunos, a falta de educación, cultura e
inteligencia. No sé si terminarán detenidos como ese vecino de Castell de Ferro
que pateó a su pareja en la calle, o arrinconados por la policía montada que
recorre las calles de Almanjáyar como si fuera el lejano Oeste. A eso aspiraban
los golpistas. Pero sí, son maneras de salón y pistoleros a las que se han
acostumbrado nuestros políticos, imitando a ese Donald Trump al que tanto dicen
detestar, que ejerce el papel de sheriff de pacotilla. En ese contexto, destaca
la actitud de Juanma Moreno, que acaba de convocar elecciones en Andalucía y
pide al PP “humildad frente a quienes se sienten poderosos”. Nada más que por
las formas se convierte en un modelo a seguir de puro contraste, lo que le
haría imbatible si realmente fuera un buen gestor de lo público, algo que,
lamentablemente, no ha demostrado con la sanidad andaluza. Esa es la batalla
que le ha planteado la candidata socialista María Jesús Montero que, aun siendo
médico y exministra de Hacienda, no puede dar tampoco lecciones de números,
viendo cómo ha diseñado a la carta el sistema de financiación autonómica no por
el interés común, sino de la gobernabilidad. No es de extrañar que los
ciudadanos esperasen con alegría la llegada de este Domingo de Ramos y se
dispongan a perseguir procesiones por si cae un milagro del cielo. Como que
nuestros responsables públicos nos traigan la buena nueva a lomos de una
borriquilla. Visto lo visto, es más fácil que se tiren las palmas a la cabeza o
que salgan en procesión al grito de “¡borriquillos!”.
IDEAL (La Cerradura), 29/03/2026
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