En época de guerra reaparecen los patriotas de todo tipo, a la derecha y a la izquierda, los que recuperan la bandera y los que reivindican la política social, incluso hay patriotas que predican un nuevo nacionalismo. ¿Qué idea de España defienden? ¿La de Franco, la de la República, la de la distopía? Los discursos de los patriotas suelen ser erráticos, y lo mismo sirven para legitimar la dictadura del proletariado que la de los jerarcas de Silicon Valley, y ahí tenemos a los halcones de la Casa Blanca que, aunque parecen salidos de un mal episodio de Sin City, arrasan el mundo con su idiotez. Lo peor es comprobar cómo hay pocos líderes políticos que tomen ante ellos una postura concreta, lo que nos confirma lo que ya sospechábamos, que carecen de ideología y de una conciencia personal, y que dan sus opiniones según por dónde soplen los vientos mediáticos o los sondeos de la opinión pública que, por otra parte, suele ser la menos meditada de las opiniones. De ahí que cunda esa sensación de incertidumbre, y a falta de referencias políticas haya personas que prefieran las referencias comerciales, y siguiendo los consejos de la famosa marca sueca, opten por vivir en la república de su casa, donde, si el resto de la familia les deja, se creen capaces de aplicar sus propias reglas. Y no les hace falta construirse un búnker, que de poco les va a servir si realmente se produce el apocalipsis nuclear recreado ya en cientos de libros, series y películas, sino simplemente desconectar del mundo, empezando por la desorientada clase política. Así, esos nuevos patriotas no están en las filas de Vox, el PP o el PSOE, que también tira cuando le interesa de la bandera de España, sino en las de la abstención, que es en realidad la primera fuerza social y política –aunque sea por omisión- de España, pues representa casi el 35% del electorado con datos de las últimas elecciones, que llegó a ser del 50 % en las europeas. Gran parte de la población pasa ya olímpicamente de las declaraciones de unos y otros, lo que quizá debería darles que pensar a los mentores –si es que los hay- de los grandes partidos españoles, que teniendo en cuenta los votos que obtienen no representan ni siquiera sumados a la mayoría de los ciudadanos. Se asemejan más a sectas donde obedecer al amado líder. También parece ya un acto de fe seguir creyendo en la democracia. Eso sí que es ser patriota.
IDEAL (La Cerradura), 15/03/2026
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