lunes, 7 de diciembre de 2020

Augures

Como en la antigua Roma, actualmente existen cargos oficiales dedicados al vaticinio. Ya no lucen túnicas ni velos, sino jerséis de lana y rizos blancos, pero pronostican el futuro gracias a la ciencia y a los algoritmos matemáticos, aunque aciertan tan poco como las aplicaciones de los móviles sobre el tiempo atmosférico. Las que mira ese locutor de radio para darte los buenos días: “Hoy el cielo amanece despejado en Granada”, aunque esté lloviendo a cántaros. O como las personas que esperan el horóscopo para saber cómo comportarse durante la próxima semana. ¡Dichoso aquel que pueda ver con los ojos de Fernando Simón! Así sabrá con cuántas personas se reunirá estas Navidades, a qué hora volverá a casa, si se tomará las uvas para celebrar el nuevo año. Hemos derivado la responsabilidad del día a día y esperamos ansiosos a que nos digan lo que tenemos que hacer. A que políticos fantasmas se reúnan con expertos fantasmales que nos hablarán del presente y del futuro, pues ya nos habíamos acostumbrado a que reinterpretaran el pasado. Esta semana, en la que por fin he podido tomarme una caña en una terraza, he visto un augurio prodigioso: una pareja se levantó de la mesa dejándose la tapa intacta, sobre la que se abalanzó una decena de palomas. No les importó que fuera de carne en salsa. Las ratas voladoras hicieron saltar por los aires las patatas fritas y se embadurnaron de tomate, como si dieran cuenta de un cadáver. No sé por qué pensé en ese momento en Pedro Sánchez y Pablo Iglesias y en los Presupuestos Generales del Estado, pero lo mejor fue la reacción del camarero: esperó pacientemente a que las palomas finalizaran el banquete antes de limpiar la mesa. ¿Querría adivinar su suerte en el comportamiento de las aves? ¿Descifró jeroglíficos en sus saltos sobre el plato? Quizá entendió en ese momento que habría que esperar al menos tres años para un cambio de Gobierno. Porca miseria. A falta de cabalgatas y otros entretenimientos, los alcaldes y concejales se gastan el presupuesto municipal en alumbrar las calles vacías de gente tras los toques de queda y los comercios cerrados. ¿Verán los ediles el derroche en las entrañas de los votos sacrificados, en las urnas vacías? Lástima que hayamos cambiado los sueños de las brujas por los acuerdos sanitarios de los consejos interterritoriales. Mientras llegan las dosis de las vacunas contra el virus, los ciudadanos fían su futuro a los augures. Y a que la rueda de la fortuna dé otra vuelta.

IDEAL (La Cerradura), 6/12/2020

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