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lunes, 8 de febrero de 2021

La realidad

A las seis de la tarde, parte de la vida se detiene. La gente apura sus compras y la policía aparece en sus coches, pendiente de que el segundero llegue a las doce para realizar los primeros controles. La rutina se ha vuelto molesta para clientes y comerciantes, que deben cronometrarse. Es normal que la gente se desanime, sobre todo nuestros mayores, que leen que ya no ingresan en la UCI a los mayores de 80 años, según ha denunciado el presidente del Sindicato Médico de Granada, Francisco Cantalejo, y que probablemente se irá bajando esa franja de edad según las circunstancias sanitarias y la situación de los hospitales. No sólo es espantoso, sino inmoral. Como lo es tener que seguir escuchando a los responsables públicos que han negado reiteradamente la gravedad de la pandemia y que han ido cambiando su discurso en función de las circunstancias, desde Fernando Simón a Pedro Sánchez, sobre el uso de la mascarilla, la incidencia de las nuevas cepas o la llegada de las vacunas. Ya no se trata del cuento del pastor mentiroso, sino de una mentira continuada de aquellos que tienen la obligación de explicar la realidad, por muy dolorosa que esta sea. Presuponemos que no hay mala fe en la gestión pública y únicamente impotencia, pero es evidente que las personas que están al frente de la gestión de la pandemia en España no están capacitadas para ello. Hablan de más. Acuñan eufemismos para negar la realidad y lo que es peor, poner en riesgo la vida de los ciudadanos que ven cómo son borrados del mapa. Mientras, hay quien se lía una manta a la cabeza, sigue ignorando las medidas de higiene básicas, especula sobre conspiraciones que justifiquen su egoísmo, propaga bulos en las redes sociales, pone en riesgo a los que le rodean. Vivimos en una sociedad en que la estupidez campa a sus anchas. Y parte de la responsabilidad es de quienes no tienen ningún respeto a la verdad, no ya en una campaña política, sino en una emergencia sanitaria. Personas que deben de haber olvidado que tuvieron padres y abuelos, y que incluso ellos mismos, a pesar de su irresponsabilidad, también son seres humanos, sujetos de derechos y libertades. Necesitamos gestores que sepan diferenciar la verdad de la mentira, y llamar a la realidad por su nombre. ¿Se utilizan todos los recursos públicos? ¿Cuánto puede durar la paciencia de los ciudadanos? ¿No se les quiere inquietar más? A falta de unas elecciones, la esperanza depende de la estación.

IDEAL (La Cerradura), 7/02/2021

lunes, 7 de diciembre de 2020

Augures

Como en la antigua Roma, actualmente existen cargos oficiales dedicados al vaticinio. Ya no lucen túnicas ni velos, sino jerséis de lana y rizos blancos, pero pronostican el futuro gracias a la ciencia y a los algoritmos matemáticos, aunque aciertan tan poco como las aplicaciones de los móviles sobre el tiempo atmosférico. Las que mira ese locutor de radio para darte los buenos días: “Hoy el cielo amanece despejado en Granada”, aunque esté lloviendo a cántaros. O como las personas que esperan el horóscopo para saber cómo comportarse durante la próxima semana. ¡Dichoso aquel que pueda ver con los ojos de Fernando Simón! Así sabrá con cuántas personas se reunirá estas Navidades, a qué hora volverá a casa, si se tomará las uvas para celebrar el nuevo año. Hemos derivado la responsabilidad del día a día y esperamos ansiosos a que nos digan lo que tenemos que hacer. A que políticos fantasmas se reúnan con expertos fantasmales que nos hablarán del presente y del futuro, pues ya nos habíamos acostumbrado a que reinterpretaran el pasado. Esta semana, en la que por fin he podido tomarme una caña en una terraza, he visto un augurio prodigioso: una pareja se levantó de la mesa dejándose la tapa intacta, sobre la que se abalanzó una decena de palomas. No les importó que fuera de carne en salsa. Las ratas voladoras hicieron saltar por los aires las patatas fritas y se embadurnaron de tomate, como si dieran cuenta de un cadáver. No sé por qué pensé en ese momento en Pedro Sánchez y Pablo Iglesias y en los Presupuestos Generales del Estado, pero lo mejor fue la reacción del camarero: esperó pacientemente a que las palomas finalizaran el banquete antes de limpiar la mesa. ¿Querría adivinar su suerte en el comportamiento de las aves? ¿Descifró jeroglíficos en sus saltos sobre el plato? Quizá entendió en ese momento que habría que esperar al menos tres años para un cambio de Gobierno. Porca miseria. A falta de cabalgatas y otros entretenimientos, los alcaldes y concejales se gastan el presupuesto municipal en alumbrar las calles vacías de gente tras los toques de queda y los comercios cerrados. ¿Verán los ediles el derroche en las entrañas de los votos sacrificados, en las urnas vacías? Lástima que hayamos cambiado los sueños de las brujas por los acuerdos sanitarios de los consejos interterritoriales. Mientras llegan las dosis de las vacunas contra el virus, los ciudadanos fían su futuro a los augures. Y a que la rueda de la fortuna dé otra vuelta.

IDEAL (La Cerradura), 6/12/2020

lunes, 5 de octubre de 2020

Cabezudos

Si cada uno de nuestros representantes públicos tuviera que asumir su responsabilidad por las contradicciones, vacilaciones y errores manifestados en la gestión de esta crisis sanitaria, no quedaría títere con cabeza ni en el gobierno de la nación ni en los gobiernos autonómicos ni en muchas corporaciones locales, terminando en el Ayuntamiento de Granada, a cuyo alcalde le deseamos un rápido restablecimiento. De todos modos, mientras tanto tenemos a los concejales para las mismas ocurrencias, como denunciar a los dueños de los pisos donde los estudiantes celebran botellones a la AEAT para que compruebe si declaran correctamente sus rendimientos del capital inmobiliario. ¿Y qué tienen que ver las declaraciones de la renta de estos señores con las molestias causadas por los inquilinos de sus bienes inmuebles? Se ve que mucho, pues en el Ayuntamiento creen que el temor a una multa de Hacienda es mayor que al de una multa municipal por incumplir la ordenanza de la convivencia, por lo que los dueños educarán a los estudiantes. ¡Ja, ja, ja! Un ejemplo de pensamiento político retorcido, con delaciones y venganzas incluidas, típicas de las series que hoy suele ver la clase media para su evasión mental. Quizá acabarían antes si denunciaran a los propios estudiantes a la Universidad de Granada para que les suspendan las matrículas o las asignaturas directamente, cosa que tampoco tiene nada que ver con hacer botellones, pero que podría resultar efectiva. El caso es que esta procesión del disparate nacional continúa encabezada por Pedro Sánchez, seguido de Isabel Díaz Ayuso, Salvador Illa, Fernando Simón y decenas de consejeros autonómicos y alcaldes y concejales que van sacándoles la lengua y pegándoles con vejigas hinchadas a los ciudadanos que les preguntan si van a poder ir a trabajar o a tener que quedarse en sus casas confinados para ver por televisión el espectáculo. Y para sufragar esta enajenación institucional, gobierno y socios parlamentarios acabarán aprobando unos presupuestos donde habrá una subida de impuestos, empezando por el IVA, que es el tributo regresivo por excelencia y lo pagarán todos los ciudadanos independientemente de su riqueza, y no esos políticos con sus cabezas. Porque no tenemos cabezas pensantes, no, sino cabezones de cartón-piedra que participan en la procesión pública, como las máscaras que antes no debíamos ponernos y que ahora no podemos quitarnos. También debe de ser una broma aplicar el estado de alarma o suspender la autonomía de Cataluña o de Madrid, que tiene pocos deseos de independencia, aunque la presidenta Ayuso vaya a su aire. Menuda Tarasca.

IDEAL (La Cerradura), 5/10/2020

martes, 5 de mayo de 2020

Como el santo Job


“Tienes más paciencia que el santo Job”, oía yo de pequeño; y me imaginaba al pobre hombre sufriendo por la sarna, atacado por los caldeos, perdiendo la cosecha y a sus hijos, y siendo además repudiado por su mujer, que probablemente estaba ya de él hasta el gorro, pero que necesitó la ayuda de Satanás para abandonarlo. No había visto nada el hombre, que sin embargo fue santo. Si lo hubieran encerrado más de cuarenta días en un apartamento con la familia al completo e incluyendo a su suegra, lo mismo la cosa no hubiera acabado tan bien. Pero Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, que tienen su punto evangelista hablando, van a convertirnos a todos en santos. ¿Nos desahogaremos saliendo a correr? Parte del cabreo general tiene que ver con los eufemismos, desde la desescalada a la nueva normalidad, usados en un tono entre apocalíptico e infantiloide, como si en vez de políticos tuviéramos profetas, ni siquiera iluminados como Fernando Simón, que después de informar de la epidemia durante tantos días ha adquirido un aspecto de apóstol capaz de pasar en un instante del cielo al infierno. El desplome del PIB es el de nuestro ánimo, pero no sé qué esperaban después de paralizar la actividad económica. ¿Un milagro? Hay quien pierde la cabeza y lo paga con el alcalde, al que quiere abofetear. Al que detienen trece veces porque no entiende de confinamientos. Quien se lía una manta en la cabeza y mete a la familia en el coche camino de la playa y tiene que darse la vuelta en Otura, con otra multa que pagar. Quien ha estampado el móvil contra la pared, harto de tanto vídeo ñoño o idiota, de las llamadas de los que no tienen otra cosa que hacer o de los que confunden la solidaridad con el afán de protagonismo. Pero hay quien hace la vida de siempre, sin armar jaleo. El vecino que sale a dar su paseo diario sin mascarilla ni guantes, armado tan sólo con una bolsa de la compra, con la tranquilidad que le dan sus setenta y tantos años, esperando el día en el que vuelvan a abrir el bar, para tomar el aperitivo antes de llegar a casa. Me lo imagino pensando como el Guzmán de Alfarache: “Paciencia y sufrimiento quieren las cosas, para que pacíficamente se alcance el fin de ellas”. Quién lo oyera. También se ha dicho en España antes que la paciencia de los pueblos tiene su límite en la degradación.
IDEAL (La Cerradura), 3/05/2020

martes, 10 de marzo de 2020

Alucinaciones

Las contradicciones en la sobreinformación del coronavirus preocupan a la población, que ya se ve encerrada en su casa, aislada y en cuarentena, con la cara tapada con una mascarilla. Quizá tenga algo que ver el cómputo exacto y en tiempo real del número de contagiados, fallecidos y recuperados. ¿Sensacionalismo? ¿Morbo? ¿Información de interés público? La única persona sensata en España en estos momentos parece Fernando Simón, de quien resultan admirables la inteligencia, la responsabilidad y la calma con las que informa diariamente de la evolución de la epidemia en España y de las medidas que están tomando las autoridades sanitarias. Es la prueba de que en la Administración hay técnicos excelentes que mantienen el funcionamiento de las instituciones a pesar del Gobierno y de los partidos. Ojalá estuvieran al frente del poder ejecutivo. Porque las iniciativas que toman los políticos son siempre discutibles. En Italia han cerrado universidades y centros educativos, pero esos mismos niños juegan y quizá se contagien en los parques infantiles, adonde los llevan los padres a falta de patios de colegio. La diferencia entre percepciones erróneas, alucinaciones y pesadillas no siempre está clara, y teniendo en cuenta que probablemente gran parte de la población acabe contagiada, no sé hasta qué punto serán eficaces las prevenciones excesivas. La gente compra mascarillas para no caer enfermos, cuando son los enfermos quienes tendrían que ponérselas; deja de estrecharse las manos y lleva en el bolsillo un bote de alcohol desinfectante como Sheldon Lee Cooper, el joven científico que nos hacía reír con sus manías y paranoias en The Big Bang Theory. Lo que hace ver el telediario. No hay otra noticia para abrir los informativos. Pero dentro de poco será sustituida por un símbolo hipnótico que haga desaparecer la conciencia colectiva. ¿Se piensa en otra cosa? Las personas pasamos la mayor parte del tiempo analizando peligros reales e imaginarios mientras se nos escapa nuestra vida. Y quizá no seamos más que un punto de vista, una mirada individual sobre el mundo en un momento concreto. Antes, habría que apartar todos los resplandores que nos ciegan. Políticos, médicos y periodistas parecen estos días los administradores del Más Allá, convirtiendo casas, oficinas y hospitales en puertas giratorias. ¿Hacia dónde se decantará la moneda? El Granada CF estuvo durante muchos minutos el pasado jueves clasificado para la final de la Copa del Rey, que disputarán el Athletic de Bilbao y la Real Sociedad. ¡Otra vez será! Como escribía Julio Ramón Ribeyro, todo tiene importancia, nada tiene importancia, aquí, ahora.
IDEAL (La Cerradura), 8/03/2020