Mostrando entradas con la etiqueta Pablo Iglesias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pablo Iglesias. Mostrar todas las entradas

lunes, 15 de enero de 2024

Cenizas

Me imagino al fantasma de la mujer cuyas cenizas se han encontrado en una urna funeraria en la calle, cerca del Hospital de la Inmaculada, quejándose. “¡Es que os olvidáis hasta de enterrarme!” Parece un capítulo de la serie “A dos metros bajo tierra”, en la que una familia regenta una funeraria y todos los días se enfrenta a las vicisitudes de la muerte. Si los cementerios se encontrasen en el centro de las ciudades quizá recordaríamos que tenemos un tiempo limitado y lo perderíamos menos. Ojalá se lo recordaran a nuestros políticos antes de hablar en el parlamento. “¡Memento mori!”, les susurraban a los emperadores romanos. “Recuerda que morirás”. “Los muertos viajan deprisa”, decían en una película fantástica. Pero no lo harán en Granada, que según Paco Puentedura va a ser la segunda ciudad con el autobús más caro, sólo superada por Barcelona, al menos mientras siga en España. Son dos ciudades que tienen más en común de lo que parece: la contaminación, la sequía, el transporte público, el turismo y ediles irreconciliables. ¡Cómo me gustaría que hubiera un proyecto de ciudad en el que participaran todos los grupos políticos! Y eso que en Granada no ha aparecido aún ningún partido independentista, aunque sí hay quien defiende la existencia del reino nazarí y la independencia de Andalucía oriental. Lo que nos faltaba. Ya nos veo encabezando la liga independentista e invitando a Carles Puigdemont a vivir en la Alhambra. Si los muros del castillo rojo hablaran contarían historias de fantasmas y fantasmones, que se confunden con facilidad en nuestra vida política. No sé si lo del olvido de las cenizas de la pobre mujer tendrá que ver con la subida de las tarifas del cementerio de San José en 2024. Menudo compromiso es morirse, y encima resulta caro. Menos mal que muerto ya no te enteras de nada. ¿O acaso sí? Las colas de reclamaciones suelen estar llenas de zombis, mareados por la administración, y no digamos los congresos de los partidos, donde los líderes pretenden pastorear la voluntad de los afiliados y a través de ellos la de los ciudadanos, a los que nos llaman pueblo o gente o incluso hermanos sólo cuando les conviene. Que se lo digan a Pablo Iglesias, capaz de cargarse la izquierda española porque Yolanda Díaz le lleva la contraria. O a Pedro Sánchez, especie de ave fénix según sus libros, un superviviente de su propio partido. Ojalá seamos capaces de resurgir de tantas cenizas políticas. Como videntes, vemos fantasmas y cenizos.

IDEAL (La Cerradura), 14/01/2024

jueves, 28 de diciembre de 2023

Fantasmas

El señor Sánchez esperaba sentado en el sillón del Gobierno a que terminasen los preparativos de la cena de Nochebuena. Se sentía un poco melancólico, como solía ocurrirle en estas fechas. Su exsocio, Pablo Iglesias, que estaba muerto políticamente –el propio Sánchez había firmado su acta de defunción- se materializó ante él. “¡Feliz Navidad!”, le dijo jovialmente. “Bah”, contestó Sánchez. “¡Paparruchas!” “¿Las Navidades paparruchas?”, exclamó Iglesias. “No habrás querido decir eso, ¿no?” “Sí he querido decirlo”, respondió Sánchez. “¡Feliz Navidad! ¿Qué motivos tienes para ser feliz? Eres bastante pobre”. “Vaya, vaya”, replicó alegremente Iglesias. “¿Y qué motivos tienes para estar triste? Eres bastante rico”. “¡Bah!”, dijo Sánchez, “¿qué es para ti la Navidad sino la época de pagar facturas y no tener dinero, la época en que uno se encuentra un año más viejo y ni una hora más rico, la época de hacer balance y descubrir que doce meses de trabajo han resultado estériles y que el país está prácticamente en quiebra?” “Aún tienes tiempo de enmendarte”, le advirtió Iglesias. “¡Hoy te visitarán tres fantasmas!” “¿Además de ti?”, contestó Sánchez irónicamente. “¡Paparruchas!” Pero no había terminado de hablar cuando un fantasma cachas y barbudo hizo desaparecer a Pablo Iglesias y dijo: “Soy el fantasma de las Navidades pasadas. ¿Quieres guerra?” Fue cosa de treinta segundos, pues ante el estupor de Sánchez otro fantasma con gafas y el pelo peinado hacia delante, con aire de cura, le dio una colleja al fantasma del pasado gritando “competencias”, y aún más alto, “Cataluña”, y haciendo temblar las paredes del Palacio de la Moncloa, añadió: “¡Independencia!” Pero el señor Sánchez no perdía la sonrisa condescendiente. “¿Habré bebido demasiado ponche?”, pensó. Y esta vez la aparición se transformó en el fantasma de una mujer con cara de Blancanieves y ojos de bruja, que dijo: “Soy el fantasma de las Navidades futuras. Vete despidiendo de la presidencia del Gobierno”. “¡Coño!”, exclamó el señor Sánchez, “si eres clavada a Isabel Díaz Ayuso”. “Te has cavado tu tumba política”, dijo el fantasma que en verdad tenía toda la cara de la presidenta de la Comunidad de Madrid. Y en ese momento se derrumbaron las paredes del palacio, se abrió el suelo y el señor Sánchez se vio cayendo hacia un agujero en cuyo fondo había un ataúd –esto sí le dio miedo- que tenía la forma de un mapa de España. “¡No, no, de España, no!”, gritaba. Se pegó un buen porrazo y la tapa se cerró sobre su cabeza. Fue entonces cuando se despertó. Feliz Navidad.

IDEAL (La Cerradura), 24/12/2023

lunes, 31 de enero de 2022

Bélicos

Resulta lamentable que la posibilidad de una guerra en Europa sólo sirva en España para que se produzca una ridícula “batalla entre partidos”, como titulaba algún periódico esta semana, o que haya escaramuzas dentro del propio Gobierno. De pronto utilizamos un lenguaje bélico y elucubramos sobre cómo comienzan las guerras, como si esto no fuera un preocupante conflicto internacional, sino una nueva moda informativa. Pero los partidos españoles parecen en guerra, Vox contra el PP, Podemos contra el PSOE y todos contra todos, que si tú tienes vínculos con Rusia o con el partido comunista chino o con la extrema derecha. El caso es enarbolar la paloma de la paz cuando lo que se pretende es derrotar al contrario, que hay elecciones en Castilla y León y quizá también pronto en Andalucía. Viendo las cosas con perspectiva, uno entiende la fascinación que la guerra civil ha despertado siempre entre los historiadores extranjeros, porque nadie puede explicarse el enconamiento y la cabezonería de buena parte de la clase política española, incapaz de llegar a acuerdos sobre políticas nacionales a largo plazo y desarrollar un proyecto de país. Y si es incapaz de desarrollarlas a nivel interno, no podemos esperar que las desarrollen a nivel internacional, aunque tengamos a políticos valiosos como Josep Borrell –qué lástima que no llegara a ser candidato del PSOE y presidente del Gobierno- al frente de la diplomacia europea o Javier Solana, y eurodiputados brillantes como Juan Fernando López Aguilar, que ha sido sensible en su trabajo científico a los hechos diferenciales recogidos en la Constitución y que como buen europeísta defiende la unidad desde la heterogeneidad. Sin salir de Granada, otro buen ejemplo es José Antonio Montilla, y no es casualidad que todos provengan de la universidad. Como excepción para que se cumpla la regla, tenemos al mayor bluf de la política española de los últimos años, Pablo Iglesias, que proclama que, ahora que no es político, “puede decir la verdad”. Se ve que no aprendió nada en sus años universitarios, pues la veracidad debe presidir el trabajo científico y el informativo, su otra vocación frustrada. Y esas expectativas de verdad referencial deberían presidir también el discurso político, si se aspira a recuperar la credibilidad ante los ciudadanos. Porque, de este modo, es difícil prever lo que ocurrirá en esta nueva crisis europea, pero sí sabemos lo que sucederá en España. Como decía el coronel alemán interpretado por Max von Sydow en “Evasión o victoria”, los conflictos internacionales deberían resolverse en un campo de fútbol.

IDEAL (La Cerradura), 30/01/2022

lunes, 24 de enero de 2022

Cerdos

Del cerdo ya sabíamos que se aprovechaba todo (¡ay, benditos callos!), pero nadie sospechaba que, a pesar del ministro de Consumo (que no comerá tampoco la olla de San Antón), no lo criaríamos para comérnoslo, sino para realizar trasplantes de corazón. Lo que el cerdo te quita en forma de colesterol te lo compensa con una nueva vida saludable, por lo que podemos exclamar como Homer Simpson: “la causa de, y la solución a, todos los problemas de la vida!” El primer trasplante de corazón de un cerdo a un ser humano se ha realizado en Baltimore (Estados Unidos), y llama la atención la poca repercusión que ha tenido la noticia. Será porque implica reconocer que, biológicamente, nos parecemos mucho a esos animales que nos sirven tanto para comer como para insultarnos, y hay a quien le cuesta aceptar que pertenece a este reino más doméstico que salvaje. Sin tener que recurrir a nuestros semejantes porcinos, España es líder mundial en donantes y trasplantes de órganos, como informaba Laura Velasco en IDEAL esta semana. En 2021 se han realizado 143 trasplantes de personas que habían superado la covid-19, lo que da una medida de la solidaridad de la gente, incluso en los peores momentos. Son buenas noticias dentro de una actualidad inquietante, con Vladimir Putin dispuesto a iniciar la tercera guerra mundial, como si no hubiéramos aprendido de las anteriores. ¡Menudo cerdo!, con perdón de nuestros queridos gorrinos. Pero le ha faltado tiempo a Pablo Iglesias y la parte morada del Gobierno (la otra parte es la ruborizada) para alertarnos de nuestro espíritu belicista contra los buenos de los rusos, a los que acaso habría que mandarles para que se calmen un ejército de juguetes. Si no se declaran en huelga, claro, que también sabemos gracias al ministro Garzón que estos tienen “su corazoncito”. Imagínenselos negociando las condiciones de la paz con el camarada Putin, que tiene una idea de la humanidad parecida a la que fabularon las hermanas Wachowski. Una cadena trófica formada en el primer escalón por cerdos criados en granjas; el segundo, por seres humanos que se benefician de todos los recursos de estos animales; y el tercero, por un ejército de robots rusos que crían en granjas a los seres humanos para producir energía como si fueran pilas, aunque les hacen creer gracias a Matrix que están criando cerdos o defendiendo su causa. No sé, quizá me haya ido por las patas del jamón de Jabugo. Pero entre humanos y cerdos, uno nunca sabe quiénes son más animales.

IDEAL (La Cerradura), 23/01/2022

lunes, 17 de mayo de 2021

La T.I.A.

Nadie lo hubiera podido imaginar, pero resulta que Pablo Iglesias, después de dejar la política, se ha cortado la coleta, como los toreros, para darse un pelado de niño pijo del que todo el mundo habla. Si va a resultar que todo este proceso no era para transformar España, sino para transformase él mismo en todo lo que había querido ser (o no). Quién te ha visto y quién te ve. No lo veremos en el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), pues el Tribunal Constitucional ha anulado el decreto ley que lo incluía en la comisión delegada de asuntos de inteligencia junto a Iván Redondo, deseoso también de conocer y utilizar los secretos del poder. “¡Oh, Pedro! ¡Danos conocimiento para cumplir tus designios! ¡Líbranos de la curiosidad!” El alto tribunal no cree que sea un caso de extraordinaria y urgente necesidad, al menos para la seguridad del Estado. La historieta se parece más bien a las de la T.I.A. (Técnicos de Investigación Aeroterráquea), la desastrosa agencia secreta de información creada por el maestro Ibáñez. Mortadelo y Filemón son los reyes del disfraz y el camuflaje, capaces de adoptar cualquier papel que requiera el Superintendente Vicente o los supuestos votantes, aunque se hayan dibujado con las encuestas de Tezanos (¡tabernarios!) y las visiones de Iván Redondo, Rasputín de la posverdad. “¡Madrileños (que no espartanos), preparad el desayuno y alimentaos bien, porque esta noche cenaremos en el infierno! ¡Esto es Madrid!”, gritaban antes de arrojar imaginariamente al foso a sus rivales electorales en la derecha y en la izquierda. Esa fijación guerrera que tienen los íberos y que abarca desde el deporte a la política o al control de una pandemia, aunque sólo ellos sean capaces de ver al enemigo, el desfiladero e incluso la batalla. A mí me gustaba el profesor Bacterio y sus inventos extraordinarios, que nunca salían como se esperaba. Primero hay que armar una revolución. Después, traicionar las ideas que la inspiraron para lograr lo que querías (o no). Alcanzar la responsabilidad de gobernar para tener por fin el poder de cambiar las cosas, pero renunciar a cambiar nada, porque quizá ejercerlo tiene más que ver con la responsabilidad que con la vanidad. Acabar bebiéndote la fórmula del profesor para convertirte en el superhéroe que salve a tu partido y de paso la capital del país de los bárbaros para transformarte finalmente en contertulio televisivo, que se ve que es lo que realmente le hace falta a España. Y en esto se parecen el mundo del TBO y la política.

IDEAL (La Cerradura), 16/05/2021

lunes, 10 de mayo de 2021

Descontrol

El caos administrativo provocado por el fin del estado de alarma sólo es comparable al caos creado por esa medida inconstitucional que llevará ahora a muchos ciudadanos a recurrir las restricciones que sin soporte normativo adopten las comunidades autónomas. Porque las libertades de circulación y de reunión sólo pueden suspenderse en circunstancias extraordinarias, y fuera del estado de excepción (que no de alarma) los ciudadanos pueden ir a donde les parezca. Lo entendió perfectamente Isabel Díaz Ayuso, que por eso ha arrasado en las elecciones de la comunidad de Madrid. La gente está harta de que le digan lo que tiene que hacer, y más cuando ven que los políticos que restringen sus libertades hacen lo que les da la gana. Por eso ya llenan bares y playas, y los hosteleros esperan la llegada de los turistas como los indios las manadas de búfalos, que convertirán España en lo que ha sido siempre, desde que Fraga acuñase la frase “Spain is different”. Un lema muy bueno para atraer a los europeos, y para que los españoles aceptasen la rareza de un país que salía de una dictadura. ¿Cuánto hemos cambiado? El Gobierno también espera que con la llegada de las ayudas europeas y la recuperación económica los votantes se olviden del calvario pasado, no vaya a ser que le ocurra lo que en Madrid. ¡Tabernarios!, podría ser el grito de guerra de las próximas elecciones, donde efectivamente el PSOE pagará tantas arbitrariedades, aunque ahora prefiera fomentar la barra libre. ¿Tendrá que huir Pedro Sánchez como Pablo Iglesias? El “ordeno y mando” se ha convertido en una costumbre para demasiados políticos, a los que les va a costar tener que volver a convencer de sus decisiones a los ciudadanos. Curiosamente, la gestión desordenada y regional de la pandemia está cambiando la política española. Al dejar en manos de los presidentes de las comunidades autónomas las decisiones más problemáticas, Pedro Sánchez ha logrado que emerjan personajes como Isabel Díaz Ayuso, que le discuten el poder. Por no asumir su responsabilidad, va a ser borrado del mapa. Porque esto no ha hecho más que empezar. Con la peste moderna, se ha desbordado el populismo, y mensajes tan simplones como “socialismo o libertad” serán repetidos una y otra vez en una campaña permanente. En plena pandemia, hubiera sido más fácil que nuestros responsables públicos trabajaran en la misma dirección, olvidándose de los intereses electorales. Cuántos recursos desperdiciados. Pero nos gusta hablar de ex, de cañas y berberechos. Mejor que estar en la inopia.

IDEAL (La Cerradura), 9/05/2021

lunes, 26 de abril de 2021

Espectáculos

Nuestra pobreza cultural se muestra en las simplezas del debate político: mayor polaridad y extremismo, ausencia de debates con propuestas e ideas concretas. En España, la situación de Cataluña y Madrid se revela paradigmática. Los otrora motores económicos y culturales del país viven, con elecciones o sin ellas, en una campaña permanente de descrédito del adversario y una confrontación que poco tienen que ver con los intereses de los ciudadanos. En Cataluña, el independentismo pretende la exclusión de quienes no comparten su ideario, ya se trate de los agentes de los cuerpos de seguridad el Estado, a los que no se quiere vacunar, o de los propios ciudadanos, en una especie de nuevo apartheid de los que llaman españoles, como si ellos no lo fueran, aunque se trate de personas que contribuyen al desarrollo de la sociedad catalana, como Javier Cercas, condenado públicamente por el aparato secesionista por el mero hecho de decir lo que piensa, primer requisito del Estado democrático. Y en Madrid, la campaña electoral ha mostrado ya demasiados esperpentos, como el de Rocío Monasterio haciendo de banderillera bajo la mirada aprobadora del hombre-puro (es lo que fumaba) Santiago Abascal; o el de Isabel Díaz Ayuso, permanente tonadillera; con Ángel Gabilondo liándose con la concentración y dispersión del centro izquierda y Pablo Iglesias confundiendo los intereses de la izquierda con los de su propio partido. Y Pedro Sánchez, claro, interviniendo en la campaña como si fuera el candidato del PSOE a la comunidad en vez del presidente del Gobierno de España. Lo de Vox y el cartel sobre los Menas es un tema aparte. Un partido que utiliza una campaña electoral para incitar al odio debería ser ilegal, como lo es la exaltación del nazismo en Alemania. Los derechos humanos obligan a los países a la protección de los menores, independientemente de su procedencia o nacionalidad. Y los partidos políticos que ignoran los derechos humanos no deberían existir, simplemente, porque son los derechos y libertades fundamentales de las personas los que legitiman la existencia de esos partidos y de las democracias. Mientras tanto, la gente se muere por la Covid-19 o por las consecuencias económicas de la gestión de la pandemia. Pero los principales medios de comunicación dedican sus editoriales a la Superliga, que es lo que parece inquietar más en un país donde la gente prefiere obviamente las contiendas futbolísticas a las políticas. Se ve que podemos prescindir de los cargos políticos, pero no de las estrellas del balón. Cerrada la cultura, estos son nuestros espectáculos públicos.

IDEAL (La Cerradura), 25/04/2021

lunes, 15 de febrero de 2021

Política seca

Incapaces de rebelarse quizá contra la educación nacional católica heredada, algunos políticos españoles parecen dictadores en potencia (aunque se quejen alegremente de la calidad democrática), capaces de ponerse la ley por montera en cuanto les dejan, lo que lamentablemente ha propiciado la declaración inconstitucional del estado de alarma. Así, mientras el presidente del Gobierno se vale de la emergencia sanitaria para eliminar el Estado de Derecho al tiempo que su vicepresidente Pablo Iglesias no deja de criticar esa democracia que le ha permitido convertirse en casta, el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno, prohíbe la venta de alcohol a partir de las seis de la tarde en cualquier comercio, aprovechando que el río analcohólico pasa por Pisuerga. Porque, contrariamente a lo que se piensa, la “ley seca” no se refiere a los combates contra los abusos del alcohol (ya nos han enseñado que, sin embargo, los estancos prestan servicios esenciales, aunque no sabemos por cuánto tiempo), sino al poco seso de aquellos tratan de justificar las prohibiciones arbitrarias. Porque la cuestión no es lo que se prohíba, sino el mero hecho de prohibir, lo que demuestra un nulo respeto por el ejercicio de los derechos y libertades fundamentales y un desprecio absoluto a la madurez de los ciudadanos. Teniendo en cuenta el nivel de nuestra clase política, lo raro es que la gente no beba o se suicide moderadamente como se le antoje. ¿Hasta dónde va a consentir la ciudadanía? Esa es la pregunta que parecen hacerse parte de nuestros responsables públicos, que ya se ríen del Gran Hermano de 1984. Desde que empezó la pandemia, la confusión parece ser la tónica general y, a falta de recursos y de medidas eficaces, la política se ha reducido al ejercicio de la autoridad, que abre o cierra la mano para pegarle collejas a la población, tratada como párvulos. ¡Líbrennos del miedo! Así, puedes caminar a esta hora, correr a esta otra, ver a tus amigos en una mesa de no más de cuatro personas, pero no en tu casa, aunque seáis tres, no va a haber actos culturales ni deportivos, por peligro de contagio, pero sí políticos, que ya estamos a fin de cuentas contagiados, en un galimatías territorial y administrativo en el que lo que resulta inaudito es que todavía no hayamos saltado por los aires. “La mayor virtud es la paciencia”, nos dicen los filósofos. Y es que quizá llegue el día, en que, en pleno delirio político, los malos gobernantes decidan prohibirse a sí mismos. Amén.

IDEAL (La Cerradura), 14/02/2021

lunes, 28 de diciembre de 2020

Villancicos

El discurso del Rey fue como el villancico de Pablo Iglesias: “San José es republicano y la Virgen socialista, y el niño que está en la cuna es marxista-leninista, ande, ande, ande…” La corona y la política nos entretienen, aunque prefiero a Tirso de Molina: “¡Válgate Dios por chicote,/ por pesebre y por portal!/ ¿Vistes tal zagal?/ Lindo es, ¡voto a mi capote!” En estas fiestas de luces tristes y calles vacías, hay quien vive ajeno a las restricciones sanitarias y se empeña en no modificar sus costumbres y celebrar con los amigos el año funesto que se va. Grupos de jóvenes ocupan las terrazas de bares y pubs mientras los médicos siguen luchando por salvar vidas y circulan rumores sobre las urgencias desbordadas, notificaciones a las residencias de ancianos para que no los lleven a los hospitales o decisiones de no atender en la UCI a los mayores de setenta años. Pero cantamos villancicos, como en el siglo XV: “Venida es, venida/ al mundo la vida./ Venida es al suelo/ la gracia del cielo/ a darnos consuelo/ y gloria cumplida”, escribió Juan Álvarez Gato. La Navidad es una época en la que nos empeñamos en que no pase el tiempo, aunque celebremos la Nochevieja y la llegada del nuevo año, que será el de las vacunas. Queremos seguir siendo un niño que no tenga que enfrentarse al trabajo y la enfermedad, y decir con Luis Cernuda: “No es menor maravilla; si yo vivo,/ bien puede un Dios vivir sobre nosotros./ Mas nunca nos consuela un pensamiento,/sino la gracia muda de las cosas”. El vientre es el encargado de cumplir con las grandes solemnidades, escribía Larra, pues el ser humano tiene que recurrir a la materia para pagar las deudas del espíritu. ¡Argumento terrible en favor del alma! Y así, el misterio de la Navidad es esa mezcla de alegría y melancolía que los días traen consigo, de celebración cristiana, pero también pagana: “Te soñé como un ángel/ que blandiera la espada/ y tiñera de sangre/ la tierra pálida”, escribió José Hierro. “¿Han de alimentar el alma/ Vengador, tus roncos sones,/tus negras alas, tu paso/ helado? ¿Negros crespones/ adornan la dolorida/ soledad del hombre?” Por las redes sociales circulan felicitaciones mientras la gente recorre los centros comerciales como almas en pena, rascándose el bolsillo. Es lo que cantan los camioneros de Murcia: “Este año a Pedro Sánchez le ha subido la bilirrubina y dentro de seis meses estaremos en la ruina”. Como diría Pablo Casado: “¿Tanto les cuesta celebrar la Navidad?” Bueno, feliz Covidad.

IDEAL (La Cerradura), 27/12/2020

lunes, 7 de diciembre de 2020

Augures

Como en la antigua Roma, actualmente existen cargos oficiales dedicados al vaticinio. Ya no lucen túnicas ni velos, sino jerséis de lana y rizos blancos, pero pronostican el futuro gracias a la ciencia y a los algoritmos matemáticos, aunque aciertan tan poco como las aplicaciones de los móviles sobre el tiempo atmosférico. Las que mira ese locutor de radio para darte los buenos días: “Hoy el cielo amanece despejado en Granada”, aunque esté lloviendo a cántaros. O como las personas que esperan el horóscopo para saber cómo comportarse durante la próxima semana. ¡Dichoso aquel que pueda ver con los ojos de Fernando Simón! Así sabrá con cuántas personas se reunirá estas Navidades, a qué hora volverá a casa, si se tomará las uvas para celebrar el nuevo año. Hemos derivado la responsabilidad del día a día y esperamos ansiosos a que nos digan lo que tenemos que hacer. A que políticos fantasmas se reúnan con expertos fantasmales que nos hablarán del presente y del futuro, pues ya nos habíamos acostumbrado a que reinterpretaran el pasado. Esta semana, en la que por fin he podido tomarme una caña en una terraza, he visto un augurio prodigioso: una pareja se levantó de la mesa dejándose la tapa intacta, sobre la que se abalanzó una decena de palomas. No les importó que fuera de carne en salsa. Las ratas voladoras hicieron saltar por los aires las patatas fritas y se embadurnaron de tomate, como si dieran cuenta de un cadáver. No sé por qué pensé en ese momento en Pedro Sánchez y Pablo Iglesias y en los Presupuestos Generales del Estado, pero lo mejor fue la reacción del camarero: esperó pacientemente a que las palomas finalizaran el banquete antes de limpiar la mesa. ¿Querría adivinar su suerte en el comportamiento de las aves? ¿Descifró jeroglíficos en sus saltos sobre el plato? Quizá entendió en ese momento que habría que esperar al menos tres años para un cambio de Gobierno. Porca miseria. A falta de cabalgatas y otros entretenimientos, los alcaldes y concejales se gastan el presupuesto municipal en alumbrar las calles vacías de gente tras los toques de queda y los comercios cerrados. ¿Verán los ediles el derroche en las entrañas de los votos sacrificados, en las urnas vacías? Lástima que hayamos cambiado los sueños de las brujas por los acuerdos sanitarios de los consejos interterritoriales. Mientras llegan las dosis de las vacunas contra el virus, los ciudadanos fían su futuro a los augures. Y a que la rueda de la fortuna dé otra vuelta.

IDEAL (La Cerradura), 6/12/2020

lunes, 23 de noviembre de 2020

Monstruos

Con la excusa de la pandemia los gobiernos están limitando la libertad de expresión. Lo dice la ONU, que debe velar por la aplicación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que desarrollan y aplican en teoría las constituciones nacionales. De hecho, en un mundo ideal, estas no serían necesarias y nos valdría con la Carta de las Naciones Unidas. Pero parece que en los distintos países no se piensa lo mismo, y lo que abundan son los nacionalistas y los dictadores en potencia, que no creen en la integración y en un gobierno mundial, sino en la segregación y la defensa de lo local. La Covid-19 está revelando lo mejor y lo peor del ser humano, y en el ámbito político poco podemos esperar de una coordinación mundial de las medidas sanitarias y preventivas cuando en el interior de países como España somos incapaces de coordinar la actuación de las Comunidades Autónomas, donde hay responsables públicos que parecen más preocupados por diferenciarse del resto que de tomar decisiones efectivas para cuidar la salud de los ciudadanos. A estas alturas, no creo que nos preocupen mucho las celebraciones navideñas, pero nos repiten como un mantra que vigilarán las comidas de empresa, las reuniones y las cabalgatas. El control de la población es hoy la principal tarea de las administraciones, más que velar por una eficaz prestación de los servicios públicos. ¿Vivimos ya en un Estado sanitario-policial? Menos mal que tenemos a personajes como Pablo Iglesias o Gabriel Rufián para desmentirlo, pues ellos sólo aspiran a tener su propio Estado, es decir, a transformar el Estado de todos a su imagen y semejanza, para lo que cuentan con la ayuda inestimable de Pedro Sánchez, convertido en el doctor Frankenstein según algunos medios. Visto así, el panorama da miedo, y si es como en la película clásica el monstruo irá por ahí dando tumbos y gritando como el portavoz de Vox en el parlamento andaluz. ¡A tomar… el aire! Y eso es lo que nos falta, respirar un poco de aire puro. Encerrada en las casas, la gente echa de menos el campo, pelearse a codazos por encontrar un hueco en la barra de un bar, poder abrazar a alguien. “Yo era bueno y cariñoso; el sufrimiento me ha envilecido. Concededme la felicidad y volveré a ser virtuoso”, nos dice Frankenstein. Y también: “Ten cuidado; pues no conozco el miedo y soy, por tanto, poderoso”. Habrá que tener paciencia. Mejor es estar tranquilos que pensar que vivimos rodeados de monstruos.

IDEAL (La Cerradura), 22/11/2020

lunes, 9 de noviembre de 2020

Semáforos

Una de las consecuencias insospechadas de la pandemia es la reducción del tiempo de los semáforos. Para los peatones, claro, que si tienen cierta edad se las ven y se las desean para cruzar la calle antes de que se pongan en rojo. Algunos, si no se dan prisa, pueden morir atropellados por un coche en vez de por el coronavirus. Ése es el futuro: ciudades en las que sólo circularán los coches si sus conductores están debidamente autorizados o han sido sustituidos por robots, que va a ser la única solución para muchas empresas: sustituir a los trabajadores por máquinas inmunes a los patógenos. Lo malo es que, a este paso, habrá que sustituir también a los empresarios, por lo que acaso se cumpla por fin el sueño de Pedro Sánchez: teledirigir un país en vez de gobernarlo. ¿O era el sueño de Pablo Iglesias? España se parece cada vez más al mundo orwelliano de 1984, y a falta de un Ministerio de la Verdad, el Gobierno ha creado una Comisión Permanente para velar “por la pluralidad informativa”. ¿Desde cuándo hay que velar por el ejercicio del derecho a la información, más allá de los límites que impone el Código Penal? ¿Hay una carrera gubernamental para limitar derechos fundamentales? Suprimida la libertad de circulación del artículo 19 de la Constitución española con la declaración ilegal del estado de alarma, seguimos por el artículo 20, que según el Tribunal Constitucional es la base de la existencia de una opinión pública libre y del propio sistema democrático. Si valorásemos las últimas actuaciones del Gobierno según el semáforo creado por el Ministerio de Sanidad para evaluar los riesgos del coronavirus, el ejecutivo genera ya un peligro extremo para la democracia. Porque puestos a vulnerar preceptos constitucionales, tampoco presenta al parecer ningún problema el artículo 3, que señala que “el castellano es la lengua oficial del Estado”, que “todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho de usarla”, y que “las demás lenguas españolas serán también oficiales en sus respectivas Comunidades Autónomas”. ¿Cómo puede pactar entonces el Gobierno con ERC que deje de utilizarse el castellano en las escuelas de Cataluña? Si fuera por algunos nacionalistas, se distinguiría hasta entre aerosoles españoles y catalanes. Los presupuestos generales del Estado son otro semáforo de este país, pero para su aprobación el Gobierno se está saltando demasiadas señales en rojo. Y no tiene para ello la autorización de los ciudadanos. Las elecciones no otorgan en democracia una carta en blanco.

IDEAL (La Cerradura), 8/11/2020

lunes, 12 de octubre de 2020

Pesadillas

Mientras la mitad de la población tiene pesadillas con el confinamiento, el Gobierno ha cerrado Madrid, porque ya sabemos que una de las potestades ejecutivas del presidente Sánchez es convertirse en Freddy Krueger, aunque antes de sus intervenciones haya pianistas que toquen el Himno de la alegría. Hace dúo con su vicepresidente Pablo Iglesias, que últimamente lleva pinta de samurái, y despotrica del Poder Judicial, del Rey y de lo que haga falta, siempre que se trate de cuestiones que a él le afecten personalmente, protegido por el aforamiento que le otorga el Estado de Derecho, aunque él, representándolo, no lo respete. ¿Figuraba en el programa electoral de Podemos eliminar los aforamientos? Pero es que hay quien no distingue entre la vigilia y el sueño, y los idealismos suelen creérselos mientras sueñan, pero no cuando están en la realidad y hay que comprase una casa, por ejemplo, que es el momento de cambiar el apartamento por el mejor chalé de la urbanización, siempre que lo legitime la asamblea del partido –que nunca iba a ser un partido-. ¿Se puede hacer uno el harakiri con sus propias ideas? Se puede, aunque para maquillarlo utilicemos las mesnadas de acólitos en las redes sociales, que son los “walking dead” de la realidad, que si no muerden más es porque no les dejan, pero todo se andará. Uno empieza por despotricar de la justicia, luego trata de cambiar las leyes, y si no puede deslegitima el sistema para sustituirlo por otro diferente que se parezca a sus sueños y a las pesadillas de los ciudadanos, una nueva inversión de la realidad. “¡Ahora juego con el poder!”, dice Freddy Krueger mientras afila las cuchillas de sus guantes. Será que se acerca Halloween. Luego está la Covid-19, ese Krueger minúsculo, que hace las delicias de monstruos reales como Donald Trump, tan tonto como los tiempos que corren, un peligro para sí mismo, su país y toda la comunidad internacional, pero que volverá a ser votado por los “walking dead” que disfrutan de la hecatombe. Menudo panorama. Será porque no he dormido bien, y es difícil volverse inmune al bombardeo constante de malas noticias. Las pesadillas pueden ser de muchos tipos, políticas, económicas, nacionales, domésticas… “Seis horas de sueño bastan al joven y al anciano; siete le dejamos apenas al perezoso; a nadie concedemos ocho”. La cara de la persona dormida muestra muchas cosas que esconde cuando está despierta, así que quizá andemos dormidos. Cuando despertó, el homo sapiens seguía allí. Y llevaba mascarilla.

IDEAL (La Cerradura), 11/10/2020

miércoles, 16 de septiembre de 2020

La mano izquierda

Como Paco de Lucía, que confesó que él era de izquierdas “hasta que ganó dos millones de pesetas”, la izquierda española –con mucha menos sinceridad- se ha convertido en burguesa. Lo demuestra Pablo Iglesias, que se ha vuelto tan clasista que ni siquiera entiende el acento de Teodoro García Egea en el Congreso. A él se le entiende sin embargo muy bien, más de lo que le gustaría, aunque lo que le gustaría de verdad sería que Pedro Sánchez dejase de tomarle el pelo. Porque en esta batalla de titiriteros parece ganar el equilibrista, acostumbrado a caminar sobre el abismo. Así, para acallar las críticas sobre la gestión de la pandemia, el Gobierno había anunciado la llegada de la vacuna en diciembre, pero mira por dónde se han torcido los ensayos clínicos, que a diferencia de la política española no pueden dejar lugar a la improvisación. ¿Y ahora qué? Pues fusionamos Bankia y la Caixa para privatizar el rescate bancario del Estado, que es una cosa muy de izquierdas, como el despido de los trabajadores que sobrarán de las oficinas, total, ya vendrán los fondos europeos a rescatarnos el año que viene. Mientras, podemos congelar o bajar el sueldo de los funcionarios, las prestaciones de los ERTE, alargar la edad de jubilación, subir en el mínimo legal las pensiones. Construir un relato del sacrificio y del amor a España. Según Santiago Abascal, este es el peor gobierno en 80 años, pero hay cosas que no cambian. Es la confusión entre la política de los egos y la de los ciudadanos, que ven cómo son los directores y jefes de estudios de institutos y colegios los que tienen que preocuparse por la salud de sus hijos, que los médicos de atención primaria están desbordados, que cierran las tiendas y negocios del centro y del barrio, que los vecinos tienen que concentrarse en la localidad granadina de Escúzar para que no cierre la última sucursal bancaria, y que leen las noticias sobre la Covid-19 como si se tratara del horóscopo. ¿Tendremos un futuro negro, azul o rojo? También decía Paco de Lucía que la mano izquierda era la creativa, y que la mano derecha ejecutaba. Lo dijo en TVE, el nuevo NODO, según ha dicho también Santiago Abascal. La diferencia es que, al salir del plató, a Paco de Lucía le dieron una paliza. Pero ya no es tiempo de metáforas. Ahora, más que a crear, la mano izquierda se dedica en España a la ingeniería política y financiera.

IDEAL (La Cerradura), 13/09/2020

lunes, 10 de agosto de 2020

El exilio o la fuga

La categoría de un país se mide también por cómo trata a sus personajes públicos, y que el Rey emérito haya tenido que exiliarse demuestra muy poco respeto por el personaje (que tampoco se ha mostrado en los últimos años digno de respeto), pero asimismo por la historia de España. Total, Juan Carlos I no ha hecho algo muy diferente a lo que hacen habitualmente artistas y deportistas, y habría que ver cuántos miembros del Consejo de Ministros utilizan sociedades para tributar menos a Hacienda. El Rey emérito aceptó pagos de Arabia Saudí como el actual vicepresidente del Gobierno los aceptó de Irán y Venezuela, al menos eso es lo que cuenta la prensa, y para todos debería valer la presunción de inocencia. El que no la necesita es Pedro Sánchez, que se va a veranear tranquilamente al palacio de La Mareta, un regalo del rey Hussein de Jordania a Juan Carlos I y que éste cedió al Patrimonio Nacional, porque aquí se es republicano sólo cuando interesa, y lo que más abunda es la hipocresía y la desvergüenza. Es cierto que Juan Carlos I fue el sucesor nombrado por Franco, pero también la ley de Reforma Política fue la última ley franquista, y si no ha habido una verdadera ruptura jurídica con el régimen franquista sí la ha habido en la persona del propio Juan Carlos I, convertido en jefe del Estado y símbolo de la monarquía parlamentaria. Es decir que, si le hubiera dado la gana, no hubiera habido democracia en España, y eso es algo bien distinto a sentarse por la noche a ver Juego de Tronos. La diferencia entre la clase política de la Transición y la actual es que mientras aquélla creció sufriendo las secuelas de una guerra civil y una dictadura, ésta lo hizo viendo en el cine La Guerra de las Galaxias. Y se nota. ¿Cuántos de los actuales líderes políticos son capaces de hacer un sacrificio para pactar con el contrario? Ni siquiera con una pandemia que ha causado decenas de miles de muertos (todavía esperamos cifras oficiales verdaderas) hemos visto un gran pacto político nacional. No les interesa a nuestros políticos, que carecen de una idea o un proyecto de Estado, fuera del análisis de la intención de voto y los fundamentos de la comunicación política. ¿Una república? El presidente Sánchez ha volado en dos aviones Falcon de las Fuerzas Armadas al palacio de la Mareta, en Lanzarote. Otra película: Exilio y fuga. Mientras, la casa está vacía. Y sin barrer.

IDEAL (La Cerradura), 9/08/2020

domingo, 7 de junio de 2020

Pescados


España no es tan diferente a otros países europeos, pero nos empeñamos en parecerlo, como ese adolescente que no tiene muy clara su identidad, aunque algunos le atribuyan siglos de historia imperial. Pero no sólo nos empeñamos en diferenciarnos de otros países, sino que, dentro del propio Estado, las comunidades autónomas llevan años echando una carrera para diferenciarse entre sí, y también las ciudades, que buscan la piedra filosofal del turismo, e incluso pretenden diferenciarse los ciudadanos, educados con los chistes de Eugenio, aunque tengan las mismas necesidades básicas, garantizadas con el ingreso mínimo vital (algo bueno tenía que hacer el Gobierno). “¿Saben aquél que diu que van un catalán, un vasco y un andaluz metidos en un ascensor?” Otra cosa es el carácter, que no es tan bueno, a juzgar por lo que ocurre en el Congreso de los Diputados. Debían de estar en plan surrealista esta semana sus señorías, a pesar de la cara de circunstancias. “Si ningún miembro de este Gobierno somos pescados, ¿en qué andan ustedes, señor Casado?”, preguntó muy seriamente la vicepresidenta Carmen Calvo al jefe de la oposición. ¿Cómo? ¿Que no hay pescados en el Gobierno? Y no estaba utilizando un estilo metafórico-evangélico, del que tanto disfrutan Pablo Iglesias y Pedro Sánchez. Pablo Casado había amenazado a Pedro Sánchez: “A usted lo acabarán pescando”. Una afirmación categórica que requería otra contestación del mismo calibre: “En este Gobierno no hay pescados”. Puede que haya pecados y enchufados en alguna dirección general, pero pescados no. Sólo pescamos coronavirus y resfriados. Pero es que del lenguaje inclusivo hemos pasado al lenguaje infantil, como el que utiliza Irene Montero con los periodistas para explicar la manifestación del 8-M y la pandemia. “¿A qué crees que se debe la bajada de cifras?” “Pues tía, creo que al coronavirus, pero no lo voy a decir”. ¿Y la manifa? “Guay, con mucho empuje”. ¿Y el virus? “O sea, los gobiernos europeos están tomando medidas superdrásticas”. El caso es llevarse la contraria, aunque sea hablando como el Piraña en la serie Verano Azul, otra gran contribución a la educación española. Que le dice Pedro Sánchez a Santiago Abascal: “¡Barrilete!”; pues contesta el otro: “¡Telerriba!” Es decir, lo mismo, pero al revés. A esto deben referirse con lo de nueva normalidad. Y este es el nuevo idioma que van a utilizar. Es lo que suele pasar cuando uno se preocupa más de lo que dice que de lo que hace. ¿Y a quién le preocupa la salud del Estado? A saber lo que estarán pescando.
IDEAL (La Cerradura) 7/06/2020

martes, 5 de mayo de 2020

Como el santo Job


“Tienes más paciencia que el santo Job”, oía yo de pequeño; y me imaginaba al pobre hombre sufriendo por la sarna, atacado por los caldeos, perdiendo la cosecha y a sus hijos, y siendo además repudiado por su mujer, que probablemente estaba ya de él hasta el gorro, pero que necesitó la ayuda de Satanás para abandonarlo. No había visto nada el hombre, que sin embargo fue santo. Si lo hubieran encerrado más de cuarenta días en un apartamento con la familia al completo e incluyendo a su suegra, lo mismo la cosa no hubiera acabado tan bien. Pero Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, que tienen su punto evangelista hablando, van a convertirnos a todos en santos. ¿Nos desahogaremos saliendo a correr? Parte del cabreo general tiene que ver con los eufemismos, desde la desescalada a la nueva normalidad, usados en un tono entre apocalíptico e infantiloide, como si en vez de políticos tuviéramos profetas, ni siquiera iluminados como Fernando Simón, que después de informar de la epidemia durante tantos días ha adquirido un aspecto de apóstol capaz de pasar en un instante del cielo al infierno. El desplome del PIB es el de nuestro ánimo, pero no sé qué esperaban después de paralizar la actividad económica. ¿Un milagro? Hay quien pierde la cabeza y lo paga con el alcalde, al que quiere abofetear. Al que detienen trece veces porque no entiende de confinamientos. Quien se lía una manta en la cabeza y mete a la familia en el coche camino de la playa y tiene que darse la vuelta en Otura, con otra multa que pagar. Quien ha estampado el móvil contra la pared, harto de tanto vídeo ñoño o idiota, de las llamadas de los que no tienen otra cosa que hacer o de los que confunden la solidaridad con el afán de protagonismo. Pero hay quien hace la vida de siempre, sin armar jaleo. El vecino que sale a dar su paseo diario sin mascarilla ni guantes, armado tan sólo con una bolsa de la compra, con la tranquilidad que le dan sus setenta y tantos años, esperando el día en el que vuelvan a abrir el bar, para tomar el aperitivo antes de llegar a casa. Me lo imagino pensando como el Guzmán de Alfarache: “Paciencia y sufrimiento quieren las cosas, para que pacíficamente se alcance el fin de ellas”. Quién lo oyera. También se ha dicho en España antes que la paciencia de los pueblos tiene su límite en la degradación.
IDEAL (La Cerradura), 3/05/2020

lunes, 17 de febrero de 2020

Dobles y políticos


La política saca lo mejor y lo peor del ser humano. Vista desde fuera, parece un laboratorio en el que un demiurgo –las grandes corporaciones, un consejo de expresidentes mundiales, alguna inteligencia cósmica- moviese los hilos, porque en cuanto las personas se enredan en ella pierden la voluntad, olvidan su origen y la forma de pensar y la capacidad de tomar sus propias decisiones. Los matrimonios se deshacen, se alternan las parejas de hecho y las alianzas, pero hay algo que no cambia: la lógica del poder. Es la única regla válida para explicar lo que pasa. Que en Granada siga Luis Salvador como alcalde con el apoyo del PP, aunque su candidato a las últimas elecciones municipales, Sebastián Pérez, haya dejado la presidencia del partido y la aspiración a alternarse en la alcaldía, pero no su acta de concejal. O en el Gobierno de España, la deriva errática de Pedro Sánchez respecto a Podemos y al PP, a cuyo presidente, Pablo Casado, ha invitado al Palacio de la Moncloa, aunque hubiera dicho antes que con él no iba ni a tomar un café. Pero claro, lo mismo había dicho de Pablo Iglesias, y ahí lo tenemos como vicepresidente del Gobierno, estratega imprescindible para las negociaciones nacionales e internacionales, ya sea con los sindicatos, ERC o la dictadura de Nicolás Maduro en Venezuela. ¿Cómo dormirán las parejas de Pedro Sánchez o de cualquiera de estos políticos veletas? Me las imagino aterrorizadas por las mañanas, pensando: “¿Cómo se levantará hoy?”; o “¿quién será hoy?” Y es que ya escribió Stevenson que el ser humano no era uno ni dos –con Jekyll y Hyde todavía nos apañábamos-, sino una multiplicidad de seres heterogéneos, por lo que resulta admirable que nuestras sociedades existan, que los diputados y senadores sigan acudiendo al Parlamento, que nos levantemos todos los días para trabajar como si nada. ¿Dedicar todas las fuerzas a la causa propia es lo mismo que hacerlo para el progreso de la comunidad? Escribía Robert Musil que en una colectividad todo camino conduce a un buen fin, si no se reflexiona y titubea demasiado. La meta está puesta a breve distancia, pero asimismo la vida es breve y la felicidad no depende tanto de lo que se desea, sino de lo que se alcanza. También decía que de un conjunto de individuos limitados puede resultar una especie genial. Así que, a pesar de los trastornos multipolares, quizá podamos mantener la esperanza de que la mejor de las personalidades políticas se imponga a las demás.
IDEAL (La Cerradura), 16/02/2020

lunes, 20 de enero de 2020

Apocalipsis


No sé si tendrá que ver la designación por Pedro Sánchez de un gobierno con veintidós ministras y ministros con la aparición de pintadas bíblicas en las paredes del barrio del Albaicín, en la base aérea de Armilla o en la plaza de este ayuntamiento. Son citas de Timoteo 1:17, Salmos 20:7, Efesios 6:17 o Deuteronomio 20:4, según informaba en IDEAL Sergio González Hueso. “Estos confían en carros y estos en caballos”; “tomad el yelmo de la salvación y la espada del espíritu”; “para pelear vosotros contra vuestros enemigos”. Parecen frases de Santiago Abascal contra los demonios del sanchismo; o quizá del señor Lobo en “Pulp Fiction”, el título de la película de Quentin Tarantino que nos podría valer también ahora para la política española. Pero no, parece que el autor de las frases está mal de la cabeza, aunque mucha gente esté de acuerdo con él, lo que nos da una idea de la locura reinante. A mí lo que me preocupa es cómo van a sentarse tantas ministras y ministros juntos en el Congreso, o que las reuniones del Consejo de Ídem en la Moncloa parezcan el camarote de los Hermanos Marx. Porque Marx tiene por fin cabida en el Gobierno, y esta vez no es Groucho, sino Karl. Entonces, ¿ya no vamos a poder reírnos? Pues según. Si usted es el presidente de la Confederación Española de Empresarios, no, porque según él las medidas sociales anunciadas por Sánchez e Iglesias van a llevar a España al infierno económico (Pulp Fiction); pero si usted es representante de los sindicatos, estará dando saltos de alegría. Lo mismo que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, que ahora están felices por lo que antes estaban tristes; que ahora se relajan con lo que antes se estresaban; que ahora les parece natural lo que antes era intolerable para los españoles, como proponer a la exministra Dolores Delgado como Fiscal General, por eso del perfil profesional y la independencia política, aunque según Pablo Iglesias tenga amigos hasta en las cloacas del Estado (el infierno). Así que Groucho no se ha ido totalmente del Consejo de Ministros, porque aquí la gente se saca del bolsillo nuevos principios en cuanto se les echan a perder los otros. ¿Prometen por Snoopy o por la Constitución? Los padres del constitucionalismo económico consideraban a los políticos incapaces, tanto en términos cognitivos como informativos, de gestionar la economía en beneficio de todos. No sé yo. A ver si va a resultar que los jinetes del Apocalipsis eran veintidós.
IDEAL (La Cerradura), 19/01/2020

lunes, 6 de enero de 2020

Parábola del pan y el oro


Esta es una historia que aconteció en el tiempo del maestro Pablo Iglesias, cuando meditaba en el monte junto a un discípulo. Sintieron hambre, y mandó Pablo Iglesias al discípulo a comprar pan, mientras él se retiraba a meditar. Volvió el discípulo con tres panes y, como no halló al maestro donde lo había dejado, se comió él uno. Después vino Pablo Iglesias y le preguntó: “¿Dónde está el tercer pan?” “Sólo he traído dos”, contestó el discípulo. Pablo Iglesias calló y siguieron adelante, hasta que encontraron un rebaño, y cogió el maestro un cordero, lo degolló y comieron de él. Luego juntó Pablo Iglesias los huesos y dijo: “Levántate con licencia de Pedro Sánchez, el resucitador de los muertos”. Y se levantó balando el cordero, y exclamó el discípulo: “Alabada sea la Constitución”. Pablo Iglesias le dijo: “Jura, por aquel que ha realizado este milagro, qué has hecho con el tercer pan”. “Sólo traje dos”, contestó el discípulo. Siguieron hasta que llegaron a un río, y tomó Pablo Iglesias de la mano al discípulo y lo cruzaron caminando sobre las aguas, por el poder de Pedro Sánchez. Y dijo Pablo Iglesias: “Jura, por aquel que ha realizado este milagro, qué has hecho con el tercer pan”. “Sólo traje dos”, contestó el discípulo. Prosiguieron el camino y llegaron a un lugar despoblado, donde vieron tres grandes lingotes de oro. Y dijo el discípulo: “Gran tesoro es éste”. Y contestó Pablo Iglesias: “Un lingote será para mí, otro para ti y otro para el que se comió el tercer pan”. “Por cierto, que yo me lo comí, aunque lo he negado”, dijo el discípulo. “Entonces que sea todo para ti”, contestó Pablo Iglesias, y se fue. El discípulo se quedó allí, esperando a que apareciera alguien por el camino que le ayudara a llevar aquel tesoro. Al poco, llegaron tres hombres que, al ver los lingotes, decidieron matar al discípulo para quedárselos. Después de matarlo, dos de los hombres mandaron al tercero a comprar provisiones al pueblo, pues tenían hambre, antes de trasladar el tesoro. Y cuando éste se fue, los otros dos acordaron matarlo cuando volviese, para quedarse con su parte. Mientras tanto, el hombre que fue a comprar decidió envenenar la comida para matar a sus compañeros. Así que, cuando volvió, sus compañeros lo mataron, y luego comieron la comida y murieron también envenenados. A los pocos días, pasó Pablo Iglesias y vio el tesoro y los cadáveres de los cuatro hombres muertos, y exclamó: “¡Ay, la independencia!”
IDEAL (La Cerradura), 5/01/2020