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lunes, 17 de julio de 2023

44 grados

Podría ser el título de la canción del verano, pero es la temperatura que hemos tenido esta semana en Granada, y a la que por lo visto habrá que habituarse. Porque los veranos van a ser más tórridos que nunca, pero también la estación va alargándose, y no sé si dentro de poco tendremos o no invierno. Yo recuerdo años con cuatro y cinco meses de frío, pero nuestro clima va siendo cada vez más tropical, con la diferencia de que buena parte de la superficie de la Península Ibérica es ya un desierto. Las dos semanas de lluvias torrenciales pasadas me hicieron pensar en la estación de lluvias del Ecuador, pero sólo fue un espejismo, provocado quizá por la insolación. Los expertos nos avisan de que debemos ir acostumbrándonos a estas rachas de calor severo, pero no sólo en España, también en zonas de Alemania, Bélgica o los Balcanes. ¿Dejaremos de tener en Europa un clima continental? ¿Cambiará la fisonomía del propio continente? Si los líderes mundiales pensaran fríamente (si todavía es posible) en el cambio climático y el futuro de la humanidad, no perderían el tiempo invadiendo países o declarando guerras frías (que son ya calientes), sino que llegarían a acuerdos para la prolongar el carpe diem de la humanidad, que ha sufrido la semana más calurosa de su historia. Plantar árboles y reducir la emisión de gases de efecto invernadero son medidas sensatas y sencillas, pero en las cumbres climáticas los grandes países son incapaces de llegar a acuerdos, pues creen que van a vivir eternamente. ¿En qué piensan los dirigentes de China o USA, que ya tienen cierta edad? ¿Quién les tirará de la orejas, aparte de Greta Thunberg? Los jóvenes de hoy se deprimen con sólo ver las noticias, y no entienden que les alerten sobre las tasas de suicidio individual cuando el suicidio es colectivo. ¿Cuánto tiempo nos queda? Menuda pregunta para hacerse en la playa, cuando lo que se está esperando es la hora de sentarse a la mesa en el chiringuito y engolfarse una paella, que si no sube la temperatura ambiental sí subirá la del aparato digestivo. Quizá también lo piensen los tiburones que cada vez se acercan más a la costa en busca de alimento. Pero, tranquis, que por los visto no les gusta la carne humana. Con 44 grados a la sombra, entre la ciudad y el desierto, en la cresta de una ola de calor marina, nadamos entre tiburones. Así empieza la canción del verano.

IDEAL (La Cerradura), 16/07/2023

lunes, 25 de julio de 2022

Aclimatados

El cambio climático es una realidad tan incómoda en las conversaciones como las sucesivas olas de calor que encierran a la gente en sus casas, temerosa de enchufar el aire acondicionado o el ventilador, vayamos a que la factura le estalle en el banco y una catástrofe planetaria cuando se atreva de nuevo a abrir la ventana. Resignada por la realidad bélica, la UE ha dado marcha atrás con las políticas que pretendían detener el efecto invernadero, y ante el chantaje energético de Putin vuelve a recomendar el consumo de combustibles fósiles. Queremos ser verdes, pero no podemos. Mientras el planeta va destruyéndose, los seres humanos andan más calientes que nunca, esperando la menor provocación para desatar una hecatombe. Ahítos de adrenalina, los países han vuelto a competir en la carrera militar para el jolgorio de las industrias bélicas, que parecen haber hecho un pacto con el diablo para acabar con el pacifismo. “¡Carpe diem!”, exclaman algunos. ¿Qué será lo próximo? Si la evolución de los virus y los desastres climáticos nos invitan a vivir al día, quizá no hagamos más que precipitar ese proceso que habíamos imaginado tantas veces viendo películas y series que nos hablaban de la extinción. No nos gusta la realidad y consumimos más ficción que nunca, no queremos saber nada de desastres y mutaciones reales y nos libramos del miedo proyectándolo en plataformas como Netflix o Amazon Prime, en una oferta de canales tan inabarcable que uno consume todo el tiempo libre en decidir qué va a ver sin terminar de ver nada. “¡No me da tiempo!”, grita el friki en su sofá, y no se da cuenta de que el mundo se acaba. Alinea ante sí los mandos del televisor, de la consola y del aire acondicionado, y no es capaz de decidirse. ¿Es preferible morir de pantalla o de calor? Y junto a los dilemas aparecen las oportunidades. España se ha ofrecido como plataforma para transportar el gas al resto de Europa a cambio de no recortar el consumo en un 15% entre agosto y marzo, como pide la Comisión Europa. Actualmente, el 20% del gas que entra en España va a otros países de la UE, pero este porcentaje se puede aumentar, según explican desde el ministerio para la Transición Ecológica. ¿Se puede ser más incongruente? ¿No deberíamos llamarlo ahora ministerio para la Explotación Energética? La Asociación Española del Gas también está en contra de restringir la demanda de los hogares y la industria. ¿Será por dinero? España arde entera.

IDEAL (La Cerradura), 24/07/2022