Si tiene usted dudas sobre si ha pasado el coronavirus, hay un
método de diagnóstico barato y fiable: ¿Puede oler los pedos de la gente? No
los suyos, que hay hasta quien los aprecia, sino los de los pasajeros con los
que viaja, por ejemplo, en un coche. ¡Menudo cerdo! Sí, díganselo a mi cuñado,
autor de la nueva teoría científica, sobre la que me ilustró en la pasada cena
de Nochevieja. Y él no estaba pedo, no. La había corroborado con varios
colegas, todos profesores de secundaria. Por eso están dispuestos a retomar las
clases con alegría mañana lunes. ¡Son inmunes a todo! En fin, si para el caso,
la situación actual, si hablamos de iniciativa política, es una tomadura de
pelo, o tal vez de olfato. Con la sanidad saturada, los ciudadanos son sus
propios médicos, con o sin mascarilla. ¿Trabajo o no trabajo? ¿Viajo o no
viajo? ¿Veo o no veo a los amigos? ¿Salgo de mi cuarto? Las familias
hikikomoris (encerradas a cal y canto, tan sólo se comunican a través de las
pantallas) van sustituyendo sin que nos demos cuenta a las familias tradicionales,
contagiadas de espanto. Los que se mueven lo hacen sobre un mundo tan inestable
que ya no confían en su olfato. No sabemos cómo huelen las cosas, si han
madurado o se han podrido o es que nos vamos pudriendo nosotros sin darnos
cuenta, saturados de virus. ¿Olían así las manzanas o son las manzanas ya
digeridas y medio expulsadas en forma de ventosidades por tu cuñado? Sólo los
políticos están acostumbrados a vivir en estas arenas movedizas de
informaciones contradictorias, improperios y flatulencias. Sólo ellos tienen
razón con sus juicios inequívocos sobre los vivos y los muertos, como el acalde
Almeida. Hay personas con una cabeza tan cuadrada que juzgan a la gente por su
ideología, aunque ésta sea la cosa más cambiante, la piedra filosofal que aún
buscan asesores retirados y líderes proféticos que se han cortado la coleta. Porque
la cuestión del olor político es uno de los grandes misterios filosóficos.
Imagínense a Pedro Sánchez, Pablo Casado, Yolanda Díaz y Santiago Abascal en un
coche. Si en el Congreso, el presidente del Gobierno le preguntó al líder de
Vox si se había vacunado y éste le contestó que lo veía muy delgado, imagínense
lo que podría contestarle después de acusarle de tirarse un pedo. ¡Usted no se
ha contagiado! ¡Ni siquiera tiene ya olfato político! Hasta este nivel de
enfermedad infectocontagiosapolítica hemos llegado. Quizá tenga razón mi
cuñado.
IDEAL (La Cerradura), 9/01/2022